Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.

"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse

CAPITULO SEIS: ESTILO CAVERNÍCOLA

Gerald no quería ser un novio celoso y posesivo, no quería decirle a Helga qué hacer… principalmente porque la creía capaz de hacer exactamente lo contrario, sólo por contradecirlo, y a pesar de saber que lo correcto por hacer era dejar ir al rubio para que se disculpara por sus palabras, no podía soltarlo, su corazón se oprimía sólo de pensar en que él pudiera estar a solas con la rubia, con su novia.

-Gerald, suéltame- reclamó muy molesto el rubio.

-Está en una práctica en el gimnasio. Con su equipo- fue lo único que se le ocurrió decir, Josh se acercó a él y puso su mano sobre su hombro para tranquilizar a su amigo.

-Oigan, evidentemente ustedes tienen temas sin resolver… Pero comienzo a sentir una vibra agresiva que es un poco incómoda para el resto. Necesitan tranquilizarse- el moreno se giró a mirarlo, su amigo tenía razón, deseaba golpear a Arnold desde que lo vio aparecer con esa estúpida sonrisa de siempre, como si el tiempo no hubiera transcurrido, pero se había contenido por miedo de que Helga se enfureciera si lo hacía, sobre todo porque si eso pasaba, se atormentaría por no saber la razón del enfado de la chica.

-Tienes razón, viejo, gracias- Gerald soltó a Arnold, el chico cabeza de balón frunció el ceño, no le agradaba en lo más mínimo ese chico entrometido y estaba seguro de que no formaba parte de la pandilla, no lo recordaba de nada.

-Quizás lo mejor sea que esperemos fuera del gimnasio a que la demostración de los clubes y equipos inicie- comentó Sid, intentando calmar los ánimos.

Mientras tanto, después de que Rhonda, Nadine y Miranda caminaran detrás de Helga en el pasillo hacia el gimnasio y entraran en los vestidores en completo silencio, la rubia se detuvo.

- ¿Estás bien Helga? - preguntó tímidamente Nadine, rompiendo el silencio que había durado hasta el momento en que llegaron al sitio donde se pondrían sus uniformes.

-Bien- la aludida apretó su bolso deportivo contra su cuerpo y sin decir una palabra más se dirigió a las regaderas, abriendo un cancel y metiéndose dentro. Ahí, en la soledad de ese pequeño cuadro, se permitió soltar el grito que tenía atravesado en la garganta y comenzó a patear las puertas de fibra de vidrio, asustando a las 3 chicas que seguían afuera, mirando en esa dirección con preocupación por el estado anímico de una de sus capitanas.

-Muy bien… Necesito tiempo… Nadine, Miranda- habló, un poco perturbada indicándoles a las chicas la salida a los vestidores que era también la única entrada.

-Nos encargaremos de que las chicas no entren- afirmó Nadine, captando al vuelo lo que su mejor amiga de toda la vida le había querido dar a entender.

- ¿Qué hay con miss drama? No podemos dejarla sola, evidentemente enloqueció- murmuraba Miranda mientras era arrastrada por Nadine hacia la puerta -Además, no soy la cadenera de Tonta Rhonda- comentaba intentando regresar a saber el chisme completo de lo que pasaba.

Helga soltó otro grito que creyó le terminó por desgarrar las cuerdas vocales, se colocó en cuclillas abrazando fuertemente sus piernas e intentando que las lágrimas que sentía arder en sus orbes azules no terminaran por desfilar libremente por su rostro.

Aquella situación la estaba desbordando, justo cuando había decidido que merecía ser feliz, que se armaba de valor y se daba una oportunidad con Gerald, después de casi seis años de cargar con el vacío en el corazón que le había dejado ese rubio dueño de sus letras más románticas y apasionadas, de laceraciones autoimpuestas y de creer que merecía esa pena y ese dolor por atreverse a siquiera soñar con ser la elegida por el chico de ojos azules que le arrebataba suspiros, en el momento en que había cambiado aquella nociva fantasía que le había corroído las entrañas largos e interminables años por una dulce realidad con su mejor amigo…

De la nada, literalmente como la generación espontánea de las teorías de biología, Arnold Shortman se había materializado frente a ella, más guapo que nunca, con la piel bellamente bronceada, el cabello algo más largo, la sonrisa más blanca, los dientes perfectos, el brillo de aventurero en los cristalinos ojos del color del cielo despejado de un día perfecto.

Al verlo había creído que se trataba de una aparición, porque los mortales no deberían poseer una belleza de esa magnitud, sin embargo, lo había escuchado hablar, lo había visto interactuar con el resto de la mesa, y entonces él había clavado su mirada en Gerald… En su novio, y el mundo se le vino encima ¿Cómo había sido capaz de tener esa clase de pensamientos dirigidos a un chico que no era su pareja? ¿Era eso desleal? ¿Por qué sintió celos y se encontró a sí misma deseando que Arnold la mirara a ella en vez de a Gerald? ¿Era eso egoísmo? La opresión en su pecho no se iba, sentía que había tragado un puñado de piedras grandes y pesadas, y que después, se había arrojado al mar y se ahogaba como peso muerto hasta el fondo, intentando nadar a la superficie para respirar.

…¿Por qué?

…¿Por qué?

…¿Por qué?

Que alguien le dijera por qué esas cosas le pasaban justamente a ella, ¿Por qué no merecía ser feliz sin más? Era una chica simple, no pedía mucho, sólo quería estar con sus amigos sin perturbaciones, era su último año con ellos antes de elegir una universidad, antes de verlos a todos marcharse y tenía que lidiar con los fantasmas de su pasado que se materializaban en forma de cabeza de balón para darle caza ¿La vida siempre sería una perra ensañada contra ella?

Entonces la puerta del cancel del baño se abrió…

- ¿Helga? - el tono dulce de Rhonda le hizo ver a la chica sentada en el suelo, la gravedad de la situación, su amiga jamás le había hablado así a nadie frente a ella, mucho menos a ella misma - ¿Quieres hablarlo? - su suave voz le dio escalofríos a Helga y la hizo reír mentalmente al encontrarse a sí misma pensando que la pelinegra debía actuar en películas de terror.

- ¿Cambiará algo por "hablarlo"? - respondió sarcástica, derramando una lágrima sin poder evitarlo.

-La verdad es que no- respondió Rhonda entrando en el espacio de la regadera y sentándose a su lado de manera tan elegante que le arrancó una sonrisa a la rubia al pensar en lo ridícula que era la situación.

-Cielos Princesa Lloyd, para ser cocapitana de las animadoras, eres pésima animando a los demás- le dijo burlona, sintiéndose miserable pero acompañada.

-Bueno… En las instrucciones que nos dio la entrenadora sobre ser capitana no venía nada sobre cómo animar a tu cocapitana cuando se haga realidad su peor pesadilla, así que discúlpame, pero me encuentro improvisando la mayoría- el tono superior de Rhonda le dio un respiro de normalidad a Helga, de pronto se sintió un poco más ligera, pero sólo un poco.

-Sólo quisiera saber por qué- murmuró la rubia, sintiéndose envuelta en una burbuja en la cual podría hablar de sentimientos con Rhonda Wellington Lloyd sin vomitar en el intento.

-Puedes preguntarle. Que él haya decidido volver no significa que tú tengas que decidir aceptarlo de vuelta. Helga, querida, la pandilla te adora y haremos lo que sea para evitarte un trago amargo, sobre todo como éste. Si tú no quieres que esté cerca, te aseguro que nos encargaremos de que ni siquiera recuerdes que está en el mismo país que tú- Rhonda la rodeó con un brazo y Helga se permitió reposar su cabeza en su hombro, cerró los ojos sintiendo el confort de su amiga.

-La verdad es… que no quiero ser esa persona- la pelinegra la miró confundida.

- ¿Cuál persona, Pataki? - preguntó Rhonda.

-La persona responsable de que Arnold Shortman no sea parte de sus vidas. Es decir, Eugene huyó, Harold se volvió violento, Sid se tatuó, Lila se pintaba el cabello cada semana porque no soportaba verse, Nadine no quería ir a fiestas, Brian tuvo ataques de asma, Gerald se volvió desconfiado y tú dejaste de tener una consciencia- la pelinegra replicó ante su afirmación pero la rubia no se detuvo -Directa o indirectamente ese comportamiento fue provocado por la ausencia de Arnold, nuestros amigos que se fueron después, las pérdidas que hemos tenido, las humillaciones, el dolor, de alguna forma siempre pensé que era porque el tonto cabeza de balón se había ido de Hillwood, sé lo importante que él era para la pandilla y no seré yo quien impida que sean felices- la rubia se hundió un poco entre sus hombros, ocultando parte de su rostro tras sus rodillas que abrazaba fuertemente.

Rhonda la miró un momento… vulnerable, frágil, solitaria… parecía una muñeca rota y definitivamente no era la imagen que ella relacionaría con Helga, su amiga era enérgica, entusiasta, llena de vida, y dentro de sí ardió con ahínco el deseo de contarle que lo peor aún no ocurría, pero la detuvo la incertidumbre de su reacción

¿Y si terminaba por desmoronarse? Rhonda no quería presenciar eso.

-No digas tonterías Pataki. Somos felices. Todos nosotros… y es en gran parte gracias a ti- la rubia se giró sorprendida- si no fuera por tu fortaleza y tu negativa a permitir que absolutamente nada te mantenga en el suelo por más de un par de horas seguidas, ninguno de nosotros habría pensado "Hey, si ella puede seguir adelante a pesar de todo, yo también" Y ha sido ese pensamiento el que nos ha obligado a salir del hoyo de miseria en el que nos queríamos enterrar todos- Rhonda rodeó los hombros de su cocapitana que no dejaba de observarla atentamente -No te habías dado cuenta, pero ya es hora de decírtelo… Te convertiste en algo más importante que la consciencia de la pandilla como has nombrado a Arnold… Te has vuelto nuestro corazón- Helga sintió como si finalmente alcanzara la superficie del agua y pudiera respirar con desesperación después de sentir que se ahogaba -Y si vuelves a mencionar algo de lo que te he dicho fingiré que nunca ocurrió- ambas se sonrieron con complicidad -y si estás de acuerdo, iré a decirle a Nadine que ya pueden pasar las chicas para iniciar el ensayo de la rutina- la pelinegra se levantó y, antes de poder avanzar un paso, algo la congeló en su sitio.

-Gracias Rhonda- la rubia se puso de pie- Gracias de verdad- y sin decir otra cosa salió del espacio reducido dejando a la primogénita del matrimonio Lloyd a sus espaldas. Agradecida de que Helga hubiera estado ocupada ocultando su rostro de la pelinegra para preocuparse por observar el rostro de Rhonda, un sonrojo la cubría, emocionada por las palabras de la rubia y una sonrisa naciente hacia presencia en su normalmente estoico rostro.

Algo muy extraño sucedió en esa práctica previa a la feria de clubes y equipos, las animadoras no sabrían cómo explicarlo, pero desde que ingresaron a los vestidores había un aire distinto, una sensación las abrazaba sin tocarlas y no alcanzaban a definir de qué se trataba.

En primer lugar, cuando todas se habían puesto su uniforme, Helga las había reunido frente a ella, con Rhonda pegada a su derecha, ambas con los rostros sonrosados y la mirada más determinada que ninguna les hubiese visto.

Su cocapitana rubia les había dedicado un discurso, empezó diciéndoles que ella no había pedido ser animadora, no lo había deseado ni buscado, pero de alguna forma así habían resultado las cosas y le gustaba, disfrutaba hacer equipo con ellas, disfrutaba verlas conseguir maravillas acrobáticas aparentemente imposibles, disfrutaba verlas coordinadas y, sobre todo, disfrutaba pasar tiempo con ellas.

"No importa cuántas veces nos llamen animadoras descerebradas", había continuado diciendo, las chicas se miraron confundidas, a ninguna la habían llamado así antes, "vamos a demostrarle a esos impertinentes y malnacidos que están muy equivocados, aquí lo que sobra es cerebro y necesito que lo dejemos muy claro hoy" todas asintieron sin terminar de entender las palabras de su cocapitana, pero al ver a Rhonda asentir a cada término de una oración, ellas hacían lo mismo, "este es nuestro momento chicas, nadie va a arrebatarnos el recuerdo de este día… Luzcámonos como sólo el equipo de animadoras de la Preparatoria 201 sabe hacerlo" y culminó con la porra de la escuela seguida al unísono por su equipo.

Fue una experiencia motivadora, pero aun así confusa, en el gimnasio las chicas terminaban la práctica y se abrían las puertas para el resto de los alumnos.

Helga hablaba con Chelsea sobre el giro triple del final, pidiéndole que estirara más su pierna derecha cuando sintió que alguien la tomaba en brazos y la cargaba al hombro, estuvo a punto de hacer el ridículo gritando asustada cuando parte del musculoso brazo de piel morena responsable de su nueva situación se filtró en su campo de visión, y entonces un velo rojo lo cubrió todo.

-¡GERALD MARTIN JOHANSSEN, BAJAME INMEDIATAMENTE ¿QUIEN TE HAS CREIDO QUE ERES PAPANATAS? BAJAME, TE LO ORDENO, LA GRAN HELGA GERALDINE PATAKI NO ES TU MALDITA MUÑECA NI EN TUS SUEÑOS ¿ME ESCUCHASTE? ¡BAJAME GERALD! ¡QUE ME BAJES JOHANSSEN!- Profería gritos rabiosa mientras la escuela ingresaba al gimnasio y tomaba sus lugares, el moreno llevó a su novia a cuestas a uno de los laterales apartados con la intención de tener privacidad, aunque todos los presentes sabían exactamente dónde estaban por los gritos de la rubia.

-Si no te callas no voy a bajarte Pataki- le contestó con un matiz serio en la voz que hizo guardar silencio a Helga, preguntándose qué le habría picado a su novio para dar semejante espectáculo -Así está mejor- suspiró el moreno bajando a la chica, que se quedó de pie frente a él, congelada por la expresión de solemnidad que tenía Gerald en esos momentos.

-¿Su…Sucedió algo?- preguntó completamente nerviosa y enrojeciendo al sorprenderse a sí misma pensando en lo atractivo que resultaban los rasgos de Gerald cuando se encontraba así de serio.

-Quiero hacerte una pregunta- Helga sintió que las manos le hormigueaban, suplicándole que se aferrara al chico y hundiera el rostro en su pecho para evitar aquella conversación que tan mala espina le estaba dando, pero armándose de valor asintió lentamente a la petición de su novio. Gerald al verla consentir responderle, soltó un suspiro y dio unos pasos más obligando a la rubia a retroceder, colocándose ambos debajo de las gradas, ocultos para cualquier par de ojos curiosos, Gerald alzó ambos brazos colocando sus palmas en la pared justo al lado de las pequeñas orejas de la rubia, que las sentía arder del sonrojo que experimentaba por la posición que había escogido el moreno para tener aquella conversación. -Helga… G…. Geraldine- al escucharlo nombrarla con esos matices guturales en la voz, su piel reaccionó como si él fuese un poderoso imán que la atraía, tragó saliva con dificultad.

-Gerald- susurró y no reconoció su propia voz, ¿era excitación lo que se percibía en esa palabra? -Gerald, la presentación ya casi va a…- no pudo terminar de hablar porque su novio se inclinó hacia ella y enterró su rostro en el espacio de su clavícula y cuello provocando que se estremeciera de pies a cabeza y profiriera un pequeño grito de sorpresa.

-G… ¿Qué piensas de mí? - y ahí estaba, no exactamente la pregunta que quería hacer, cobarde susurró una voz en su cabeza, habría querido decirle ¿Qué sientes por mí? Pero en aquella intimidad le pareció una pregunta demasiado acusadora, teniendo en cuenta la reciente aparición de Arnold.

-¿Qué…Qué pienso de ti cómo?- un suspiro ansioso se le escapó entre los labios y por primera vez Gerald fue físicamente consciente de su situación, había pegado su cuerpo al de Helga en su desesperación por sentirse más cerca de ella, sus labios estaban tocando la piel descubierta de su cuello gracias a la cola de caballo de la porrista, que vestía el diminuto uniforme del escuadrón... el olor del shampoo floral que usaba la rubia lo cubría todo, el cuerpo de Gerald ardía en llamas pidiéndole algo que el moreno no alcanzaba a comprender, ¿Qué quería?

-Sólo… dime… por favor- su voz era ronca, suplicaba algo más que sólo una respuesta, algo escondido entre líneas que no tenía idea de lo que era ¿Qué quería? Se volvió a preguntar a sí mismo, se pegó más al cuerpo de su novia, que al sentir la presión, soltó otro suspiro femenino que le calentó la sangre de una forma que nunca había experimentado.

-Pienso que eres malditamente caliente Johanssen- aquello debió quedar como un pensamiento, pero la rubia lo había dicho en voz alta, el moreno se alejó de su cuello por la sorpresa que le produjo escuchar aquello de los labios rosas de su novia.

Frente a frente, ambos se perdieron en los ojos del otro, ambos encontrando el reflejo de sus emociones, pasión, confusión, miedo, inseguridad y algo más a lo que no podían poner nombre.

Se acercaron uno al otro y cerraron los ojos al mismo tiempo, sus labios se rozaron tímidamente, al principio, hasta que Helga mordió el labio inferior del moreno de manera sugerente, provocando en él un sonido gutural que despertó y calentó cada fibra del cuerpo de la rubia a partes iguales.

Gerald profundizó el beso y retiró sus brazos de la pared para rodear de la cintura a su novia y pegarla posesivamente hacia sí mismo. No podía hilar un solo pensamiento coherente, cosas como "Mía, sólo mía", "Helga", "Suave", "Más", volaban por su cabeza caliente intermitentemente, sentía que si no se separaba de ella podrían terminar carbonizados pero tampoco le importaba, entonces la rubia acarició su abdomen por debajo de su playera, piel contra piel, provocando que Gerald se armara de valor y empezara a recorrerla, hacia abajo, más abajo, hasta casi llegar al final de su falda de animadora por los costados, rozando con la punta de sus dedos los muslos blancos de su novia… su novia…

Fue en ese justo instante en el que Gerald se detuvo abruptamente al escuchar a alguien carraspear.

La rubia emitió un sonido de protesta y abrió los ojos indignada, dispuesta a exigirle a su novio que continuara lo que habían iniciado, cuando se dio cuenta de las otras dos personas presentes en el lugar... y de pronto, como balde de agua fría, recordó dónde estaba y cómo se la había llevado Gerald a ese lugar.

-Vaya, y yo que creí que veníamos a rescatar a mi amigo de una furia rubia por haberla raptado estilo cavernícola- comentó burlón el rubio platino de ojos grises con una sonrisa aliviada, mientras que su novia no podía verlos a la cara, completamente roja por la situación que habían interrumpido.

-Pues la próxima vez, deja que le dé la lección que me plazca Roberts, si no puede conmigo solo, ese es problema de Johanssen- dicho eso, la rubia se arregló su uniforme altiva, retando con la mirada al intruso a que hiciera otro comentario jocoso y ya vería lo que el destino le depararía en ese contexto -Vamos Lila, como dicen en tu club, la función debe continuar- Helga tomó a su amiga de la mano y se la llevó a las gradas, con el resto de la pandilla.

-Cielos Gerald, si yo fuera tú, necesitaría un par de minutos para poder regresar con el resto- le dijo divertido recibiendo una mirada de odio, y se retiró para reunirse con su novia, sabiendo que tenía razón y su amigo moreno no le seguiría hasta que enfriara un poco su cabeza… "ambas cabezas" pensó burlón mientras reía para sí mismo.

-Ves, te dije que ella estaba bien- le dijo Sid aliviado a Arnold, mientras lo soltaba ya que el rubio al entrar al gimnasio y ver cómo Gerald se adelantaba hasta Helga y la alzaba sobre su hombro y escuchaba los gritos de la rubia mientras se la llevaba a un lugar apartado donde no pudo verla o escucharla más, había hecho el esfuerzo de ir tras ellos, obviamente siendo detenido por la pandilla, especialmente Sid, quien lo había aferrado del brazo.

-Sí, sí. Lo que sea- expresó muy molesto al ver aparecer a una sonrojada Helga con una enorme sonrisa en los labios, platicando con Lila como mejores amigas.

Luego el rubio salió del mismo punto, el rubio que no reconocía, ese rubio entrometido.

Y algunos largos segundos después, Gerald alcanzaba a los otros tres para intercambiar palabras y darle un delicado beso en la frente a su Helga… Arnold se obligó a frenar sus pensamientos ¿Su Helga? ¿Desde cuándo él era alguien posesivo? Pero ciertamente una de las razones que lo impulsó a volver a Hillwood era el de averiguar qué había ocurrido aquel verano para que Helga lo plantara, habían acordado una video llamada, ella había estado emocionada él lo notó durante aquella llamada telefónica y algo así no podía desaparecer de la noche a la mañana para que ella no lo hubiera contactado después.

¿Qué pasó?... ¿Gerald había tenido algo que ver?

Sacudió la cabeza para despejarse y se dirigió a las gradas, las porristas ya estaban por empezar y no quería perderse el espectáculo.

Se sentó junto a Eugene quien le sonrió brevemente para girarse a mirar al equipo de animadoras y grabar con su teléfono la rutina que estaba dando inicio.