Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.
"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse
CAPITULO OCHO: COMBO MEATLOVERS
Arnold no paró de correr hasta que se topó con la puerta de los baños… sin fijarse realmente, entró desesperado directo al lavamanos, abrió la llave y se echó agua en la cara para refrescarse.
-Ella estuvo a punto de no anunciar su noviazgo con Gerald por… mí- dijo al espejo pensando en voz alta, bastante impactado con esta conclusión que no sabía si era completamente exacta.
-Te escuchas sorprendido por ello, Arnold- de nuevo, una voz femenina lo sacaba de sus pensamientos, pero esta vez la voz le resultaba familiar. Una puerta de los cubículos se abrió, y de ella, salió una chica oriental con el cabello largo y oscuro, ojos negros y lentes estilizados. Llevaba un vestido ceñido a la cintura que acentuaba su pequeño busto y unos pequeños tacones que le ayudaban a disimular su baja estatura.
-¡Phoebe!- exclamó bastante alarmado el rubio al verla salir del baño –Este es el baño de hombres ¿Qué estás haciendo aquí?- le increpó incómodo por la situación.
-¿Este es el baño de hombres? ¿Seguro? Porque no veo ningún mingitorio- y fue entonces que Arnold miró en derredor dándose cuenta, no sólo de la ausencia que tan sagazmente la pelinegra puntuaba, sino de las paredes rosa pastel y el agradable olor floral.
-¡Este es el baño de mujeres! ¿Pero qué estoy haciendo aquí?- azorado el chico estuvo a punto de abandonar el lugar pero se congeló en su sitio y regresó sobre sus pasos -¿Phoebe?- volvió a preguntar confundido.
-Así es Arnold, soy yo. ¿Qué tal tu vuelo?- preguntó amable mientras se acercaba a otro lavamanos libre para asearse.
-¿Mi... mi vuelo?- Arnold era consciente de que distaba mucho de ser el hombre más brillante de la Tierra, pero tampoco se consideraba el más tonto y vaya que sostener esta conversación con la chica le estaba haciendo sentirse así.
-Sí Arnold. Te estoy preguntando si todo fue favorable, después de todo, mi familia es la patrocinadora de la exposición que hizo a tus padres tomar la decisión de volver a Hillwood- ante esta revelación, el rubio se encontró aún más perdido.
-Pero… ¿Qué interés podrían tener tus padres en el trabajo de los míos?- percibiendo que había gato encerrado, Arnold avanzó hasta encarar a la joven pelinegra.
-Ninguno ciertamente. Lo han hecho porque se los he pedido yo- y fue en ese momento que el rubio cayó en cuenta de por qué sentía ir 10 pasos detrás en esa extraña conversación… Era porque efectivamente, estaba 10 pasos detrás de su compañera de la infancia –Te necesitaba en Hillwood, Arnold- el rubio parpadeó confundido.
-¿A mí?- no entendía por qué Phoebe podría necesitarlo en Hillwood… en realidad ni siquiera entendía cómo había hecho para que sus padres aceptaran financiar una exposición que no les interesaba.
-Sí. A ti. Eres el único que puede hacer realidad mi objetivo Arnold- la joven oriental dio dos pasos en dirección al rubio que la miraba entre sorprendido y desconfiado –Quiero que me ayudes a destruir la relación que hay entre Helga y Gerald- al soltar esta información, Arnold pareció palidecer y sus ojos casi salían de sus cuencas.
-De-debes estar bromeando- exclamó sin poder creer lo que su antigua amiga le pedía.
-Para nada. Lo lograré con o sin ti. Sólo que sin ti, me tomará más tiempo- declaró la primogénita Heyerdahl, asombrándolo con su cambio de personalidad desde que era una niña y la determinación que había en sus palabras –la pregunta Arnold sigue siendo, ¿Será contigo o sin ti?- el rubio intentó tragar el nudo que se le formó en la garganta, pero le pareció imposible.
¿Acaso su amiga se había vuelto loca?
-¡Maldición Johanssen!- estaba seguro que su grito había atraído demasiado la atención, pero no pudo contenerse al ver a su capitán de baloncesto arrebatarle el brownie que hasta hace unos segundos se disponía a probar.
-Cálmate Josh, sabes que estos son para Helga- divertido con las muecas de su amigo rubio, el moreno se alejó de él riendo, siendo alcanzado prontamente por el chico al que le había arrebatado el brownie que él le arrebató primero.
-Vas a terminar arrepintiéndote de no dármelos a mí- exclamó con un puchero mientras se mantenía con rumbo al estacionamiento de la escuela junto al moreno –tu novia va a engordar- declaró cruzándose de brazos en una actitud infantil.
-Ese es mi problema Roberts- replicó divertido el moreno, ambos siendo alcanzados por un castaño que traía una enorme mochila que lo hacía parecer más delgado y bajo de lo que era.
-Aaah… chicos… aaah… ¿Discutiendo como siempre?- les preguntó Brian mientras intentaba acomodarse mejor la mochila.
-Es que el tipo de aquí- exclamó Josh señalando a su compañero con el pulgar –Insiste en ser un envidioso con sus dulces- lo acusó sin abandonar el puchero infantil que llevaba haciendo desde hace un rato ya, a lo que el moreno se echó a reír.
-Aaah… cielos Josh, si sigues comiendo dulces así… aaah… el que engorde serás tú- comentó sonriente el castaño, pagado de sí mismo por el juguetón comentario que acababa de hacer, palmeándose la espalda mentalmente en felicitación por su aportación a la conversación de sus amigos, la risa del segundo hijo del matrimonio Johanssen lo sacó de esas cavilaciones.
-Has mejorado bastante Brian, ¿Quién diría que podías ser un chico tan gracioso?- lo alabó Gerald mientras continuaba con su burlona sonrisa en dirección al rubio del grupo.
-Sí claro… muy gracioso- murmuró por lo bajo Roberts, enfurruñado con sus amigos por reírse a costa suya.
-¡Oigan nenitas! ¡No nos hagan esperar tanto!- los tres amigos alzaron los rostros para encontrarse con la bella hija menor de los Pataki agitando el brazo en el aire, con una sonrisa burlona y su cabello suelto al viento. Se había cambiado el uniforme de porrista y volvía a tener sus pantalones blancos que eran como una segunda piel y su suéter negro sin hombros que dejaba a la vista su clavícula… Gerald sintió su garganta secarse abruptamente, la chica bajo los rayos de sol, que intensificaban el dorado de sus cabellos rubios, se veía gloriosa.
-Aaah… no hagamos esperar más a Helga… aaah… ha tenido un día muy duro, debe querer descansar- ante el comentario del castaño, Gerald no pudo evitar sentir cómo su buen humor, provocado por la fascinación que profesaba a su novia, se desvanecía como humo en el aire y la bilis volvía a brotar como agua de manantial. Maldito seas Cabeza de Balón, pensó con rencor.
-¿Qué tal unas malteadas en Phil's? siempre vienen bien luego de un mal día- el rubio cenizo abrazó a sus camaradas por los hombros con una gigante sonrisa al imaginarse con la pandilla en su lugar favorito.
-Vaya, qué sorpresa Roberts, parece que sí eres capaz de tener buenas ideas- comentó el moreno con una sonrisa de lado que tuvo como respuesta las carcajadas de sus amigos. No necesitaba a Arnold devuelta en su vida, tenía a Brian… y a Josh… y a Harold… y a Sid… y a Eugene… y a veces cuando tenía la paciencia de tolerarlo, también estaba Jason. Tenía más que suficientes mejores amigos, y se sentía afortunado de ser merecedor de la amistad de todos ellos, contar incondicionalmente con un grupo de personas no se trata de algo ordinario.
-Aaah… digamos la idea al resto- propuso Brian y los tres terminaron de andar la brecha entre el resto de la pandilla que los esperaba en el estacionamiento para comentarles la idea de Josh.
-Me parece estupendo, tiene mucho que no pruebo una cherry bomb- alabó la propuesta Nadine bastante emocionada, a lo que Sid no tardó en declarar que él se apuntaba.
-En ese caso vamos todos y después, las chicas podemos ir a mi casa a cambiarnos para la fiesta- aportó Rhonda abrazada a Harold que la sostenía firmemente de la cintura y sonreía emocionado ante la idea de proporcionarle a su cuerpo algunos gramos de azúcar sin que tuviera que ocultarse de su hermosa novia.
-Pero Rhonda, no tenemos ropa en tu casa- comentó Lila mientras se recargaba en el convertible de su pelinegra amiga.
-Usarán algo de la mía, de todas formas, Mignonette, la modista de la familia, no ha tenido mucho trabajo últimamente. Pueden escoger lo que quieran y ella lo dejará perfecto para ustedes, como segunda piel, es extraordinaria en su trabajo y de todas formas con todo lo que compré en París, estaba pensando hacer espacio en mi armario- dijo con naturalidad la Wellington Lloyd, con ese tono de soberbia, que hace algunos años, fastidiaba tanto a sus amigos, y que ahora sólo los hacía reír.
-Lo que digas princesita, pero vámonos, ya no soporto estar un minuto más en la escuela- los apresuró Helga antes de ir y subirse a la camioneta de Gerald, quien no tardó en seguirla –Criminal, muero por un combo meatlovers ¿Qué dices? ¿Compartimos?- el moreno le sonrió encantado.
-Como desees Helga Linda. Ya sabes que me encantan las hamburguesas de Phil- y fue entonces que se dio cuenta de a dónde exactamente se dirigían y la rubia pareció notarlo también abriendo los ojos de más.
-¿Crees que… crees que el nieto de Phil…?- la rubia guardó silencio abruptamente sintiéndose incapaz de continuar. Gerald la observó detenidamente, su novia estaba pálida y visiblemente nerviosa, y el moreno supo que, presionarla para obtener respuestas que calmaran sus propios demonios, era demasiado egoísta.
-Bueno, si el nieto se aparece por allá, siempre puedo llevarte a Boggo's- Helga sonrió aliviada ante la reacción de su novio a su pregunta sin terminar, se había preocupado de que, haber abierto la boca de más, originara una pelea entre ellos.
Se sentía muy agotada para poder resistir algo así, justo ahora sólo quería un hombro en el cual apoyarse para no caer de nuevo a ese inmenso vacío que la consumió tantos años, luego de la partida de cierto personaje con cabeza de balón. Y Gerald una vez más le demostraba que él podía, perfectamente, ser quien evitara que se desmoronara.
-Me encanta Boggo's, su parrillada es la mejor… pero ¿no es un poco costoso?- respondió finalmente al ofrecimiento de su novio mientras se ponía el cinturón y el moreno echaba a andar el vehículo.
-Es por eso que sigue siendo la segunda opción, Mi Amor- comentó sin pensarlo mucho mientras ponía reversa y salía del estacionamiento de la escuela con dirección a la cafetería más popular de Hillwood, es por eso que no se percató de la reacción de Helga ante su manera de llamarla.
Nadine se acercó a Rhonda antes de que ambas subieran al coche de la chica y no pudieran conversar con Harold y Sid presentes.
-Rhonda- la detuvo por el brazo para llamar su atención-¿Qué pasará cuando sepan que Phoebe está en Hillwood?- preguntó angustiada la rubia, todavía estaba muy presente la escena de la crisis que una de sus mejores amigas había tenido en el vestidor de las animadoras, y la horrible sensación de serle inútil a alguien que, constantemente, la había regresado sobre sus dos pies cuando estaba por caer o se encontraba rendida en el suelo.
-Sinceramente Nadine… no lo sé- la pelinegra miró la camioneta de Gerald alejándose en dirección a la cafetería, y un mal presentimiento le dio escalofríos –Lo único que podemos hacer ahora es darles todo el tiempo juntos que podamos. Su relación es demasiado reciente y no sé si el lazo que han formado resista esta serie de infortunios- se lamentó la presidenta del consejo estudiantil.
-¿Por eso eras tan insistente con el tema de la fiesta?- preguntó aunque ya sabía la respuesta.
-Sí. Quiero que hagan muchos buenos recuerdos juntos. Muchos. Más de los que Gerald pueda tener con Phoebe o Helga con Arnold- Nadine suspiró enternecida.
-Y yo que pensé que nuestro último año sería el más tranquilo. Todo parecía estar en su lugar luego de que Gerald y Helga finalmente se volvieron novios- la pelinegra asintió de acuerdo con ella.
-¡Ya vámonos Rhonda, somos los últimos!- interrumpió la conversación el joven Berman, mientras hacía sonar la bocina del convertible de su novia.
-¡Harold Thonatteu Berman!- el aludido se encogió sobre sí mismo al escuchar la iracunda voz de Rhonda llamarlo por su nombre completo, usando en público su ridículo segundo nombre del que Sid no tardó en burlarse -Tocarle la bocina a tu novia mientras sostiene una conversación no es para nada elegante- le increpó exasperada la capitana de las animadoras mientras subía con Nadine al auto.
-Disculpa cariño… Sid me obligó- hizo su mejor cara de cachorro triste.
-¡Oye!- reclamó el chico de gorra verde dándole un manotazo en el pecho a su compañero que le dolió más a él que al receptor.
-Cállense y pónganse el cinturón- les apuró Rhonda, molesta de la actitud infantil del par, lo que le distrajo de notar que al salir del estacionamiento, un Beattle blanco los seguía.
-Phoebe… Lo que estás diciendo no suena correcto- la amonestó Arnold, sintiendo una punzada al saberse hipócrita por reclamarle algo que él mismo llevaba toda la tarde pensando.
-Tú no lo entiendes Arnold. Mi mejor amiga, qué digo mejor amiga- río irónica –Helga era como mi hermana y se robó a mi novio, al único amor que he tenido Arnold- el rencor se escuchaba tan claro en la voz de la joven oriental que hasta un sordo podría escuchar la inflexión en su voz.
-Lo que intento decir Phoebe, es que no creo que la manera de recuperar a Gerald sea castigando a Helga- de sólo pensar en lo que la rabia de su amiga podría provocar en Helga, su avasallante sentido de caballero en brillante armadura vibraba descontrolado.
-¿Entonces estás feliz con su noviazgo?- le espetó en respuesta la chica mientras seguía manejando, pegada a Rhonda para no perderlos. El silencio que siguió a su pregunta la hizo sonreír internamente, casi podía saborear su victoria sobre el moralista Arnold Shortman –En cuanto supe que ellos se fueron a París juntos todo el verano…- iba a clavar la última espinita en el corazón del rubio pero éste no la dejó terminar.
-Espera, espera… ¿Gerald y Helga? ¿Qué estás diciendo?- aquello era de las cosas más bizarras que había escuchado en su vida, y vaya que había tenido una vida bizarra, sobre todo ese primer día de escuela que estaba resultando similar a un episodio de Doctor Who… aquello tenía que ser sí o sí una realidad alterna, se sentía como un simple espectador, sin tener un verdadero papel en la secuencia de su propia vida, como si alguien lo hubiera sacado de la obra donde se suponía que él era el protagónico sin avisarle, y el día del estreno, él no podía ver la actuación con el público, sino aislado, en la cruel soledad que tan mala consejera era.
-Por Dios Arnold, ¿No lo sabías?- A lo largo de los pasillos, mientras intentaba pasar desapercibida para los miembros de la pandilla, Phoebe no había parado de escuchar los cuchicheos sobre las "fabulosas" vacaciones del grupo que aparentemente tenía a la escuela comiendo de las palmas de sus manos, por lo que pensó que a estas alturas Arnold lo había escuchado también.
-No- contestó secamente frunciendo el ceño. ¿Helga había pasado su verano en París, la ciudad del amor, uno de sus sueños de la infancia que en tan íntima confidencia le había compartido a Arnold? ¿Había estado en la capital francesa junto a…? el chico se sorprendió de no poder ni pensar el nombre de su mejor amigo… otrora mejor amigo… era como si su propia mente impidiera que completara ese pensamiento por su propia salud mental, pero Shortman no era ningún tonto y sabía que no cambiaría nada encerrar en una cajita en el fondo recóndito de su mente todo lo relacionado a su viejo mejor amigo, porque él seguiría siendo el novio de la chica, mientras que él estaba al margen de la vida de una de las personas más importantes para él.
-Bueno… ahora lo sabes… se quedaron todos juntos en el château de Rhonda… sin adultos… no puedo, ni quiero imaginarme lo que pudo haber pasado- sentía nauseas de sólo pensar en que Gerald tocara a su Helga, pensar en que llegasen hasta las últimas instancias que una pareja podía compartir en la intimidad, de verdad lo ponía enfermo.
-Está bien Phoebe, pero ¿Cómo evitaremos eso? No podemos vigilarlos las 24 horas de los 7 días de la semana- le recordó ahora un poco más inclinado por ayudar a la oriental, como la chica se lo había pedido.
-Oh no Arnold, eso no será necesario. Tú eres mi arma secreta, y tienes alcance global mi pequeña ojiva- una sonrisa malévola nació en el rostro de la conductora, poniendo incómodo a Arnold, quien guardaba con cariño el recuerdo de su inteligente compañera.
-Creo que me estás sobre valorando Phoebe- decidió que la ayudaría, pero para eso primero tenían que tener un plan real que pudiera llegar a funcionar en serio.
-Arnold, tú tienes mucho tiempo fuera, pero créeme soy especialista en Gerald y en Helga… estoy segura que con sólo saber de tu regreso esos dos ya tienen sus inseguridades a flor de piel, un empujoncito aquí y otro allá y te aseguro que estarán peleando como perros y gatos- le dijo muy pagada de sí misma.
-Como cuando estábamos en cuarto- completó el rubio.
-Oh… Aun peor mi pequeño saltamontes- le reviró la oriental.
-¿Entonces eso es todo lo que quieres hacer? ¿Esperar a que haberme visto provoque una batalla campal entre ellos?- había escepticismo en la voz del rubio.
-No… hoy iremos a una fiesta a la que no fuimos invitados y en la que no somos esperados- Patty había informado de la tradición de la pandilla a Phoebe y ella le estaba muy agradecida por haberlo hecho, ya que prefería que su reencuentro con Gerald no fuera en la escuela.
-¿Nos… colaremos?- Arnold abrió mucho sus ojos, nunca antes había hecho algo así –Eso es de mala educación Phoebe- le dijo consternado.
-Oh por favor Arnold, llevo dos años viviendo en Nueva York, fue lo primero que me enseñaron mis compañeras, colarse en fiestas es lo más natural del mundo, quien las organiza contempla en la planeación a la cantidad extra de personas para que no haga falta nada, aunque más gente decida aparecer- le aseguró para tranquilizar la consciencia del recién llegado de la jungla.
-Entonces, ¿justo ahora nos dirigimos a esa fiesta?- preguntó incrédulo el joven.
-No… aparentemente estamos llegando a la cafetería de tu abuelo, Arnold- la chica sonrió maquiavélica.
Dentro del establecimiento, la pandilla por fin estaba completa en la mesa, Rhonda, Harold, Nadine y Sid fueron los últimos y ya tomaban sus lugares.
-Pedimos lo de siempre para ustedes chicos, es que tardaron- Lila jugó nerviosa con un mechón de cabello mientras recibía a los recién llegados.
-Lo de siempre es perfecto, no te preocupes Lila- le aseguró Nadine con una enorme sonrisa.
-¿Qué los entretuvo tanto?- preguntó curioso Josh mientras abrazaba por los hombros a la pelirroja.
-Nadine y Rhonda, que se la pasan platicando- se quejó Harold, haciéndolo merecedor de un zape en la nuca, cortesía de la pelinegra.
-Te he dicho muchas veces que corrijas esos modales tuyos Harold- fue el turno de Rhonda de quejarse.
-Criminal Princesa Lloyd, tienes dominado a nuestro chico rosa- comentó burlona Helga lanzando una servilleta hecha bola a la cara del chico que solo la fulminó con la mirada al recibir el golpecito de forma directa.
-Por cierto Helga, ¿Cómo le ha ido al club de atletismo en la feria?- cambió el tema Sid, con la intención de zanjar el asunto antes de que se convirtiera en una batalla.
-Se han anotado varios aspirantes, pero prefiero calidad a cantidad, ya veremos en las prácticas si tienen madera de atletas- Gerald besó la sien de su novia.
-El equipo de baloncesto tiene un par de aspirantes del equipo de los Caballeros de la secundaria 99 del distrito sur, son tricampeones de las nacionales, parecen prometedores- la emoción de Gerald era contagiosa, lo que animó al grupo y empezaron a conversar sobre lo que esperaban de la última temporada deportiva que jugarían en preparatoria.
-Vaya. Vaya… pero si es mi grupo favorito de aventureros- la voz de Phil Shortman los hizo volverse para encontrarlo parado a lado de la mesa, justo detrás de Helga y Gerald, colocando una mano en el hombro de cada uno -¿Cómo les fue en su primer día de escuela?- la rubia y el moreno le devolvieron la cariñosa sonrisa del dueño con el mismo afecto que él emitía.
-Aaah… ha sido un día extraño… aaah- comentó Brian.
-¿Extraño?- Phil rio alegre ante eso- Pero muchachos, sus días siempre son extraños- les dijo de forma cálida.
-Bueno Phil, hoy se nos apareció tu nieto como si esperara que siguiéramos siendo los niños de 12 que dejó de ver hace casi seis años- respondió con el ceño fruncido Harold.
-¿Arnold?- Phil parecía confundido de que el nombre del rubio saliera en la conversación.
-¿Tienes otros nietos Phil?- preguntó sarcástica Helga, su humor completamente diferente de hace unos segundos, al escuchar que se hablaba de cierto rubio intolerable para ella.
-Pues no que yo sepa- respondió divertido el dueño de la cafetería.
-Arnold no nos dijo que regresaría de San Lorenzo, Phil. Decir que nos ha tomado por sorpresa es un eufemismo- explicó Gerald con voz irritada –No sabíamos absolutamente nada de él desde hace más de un año, y aún antes su comunicación con nosotros no era constante- el moreno se aferró a su novia, sintiendo la rabia brotar de nuevo, no podía contenerla y sabía que se notaba en su voz, pero si era sincero consigo mismo, esa rabia intentaba disfrazar otro sentimiento aún peor.
-¿Sabías que Arnold regresaría a Hillwood, Phil?- preguntó en su dulce voz sureña la pelirroja del grupo.
-Me enteré ayer, sí- exclamó Phil sin dejar de sonreír y alborotando el cabello de Gerald de forma paternal –Pero no se preocupen por eso, Arnold terminará por adaptarse a los cambios que ha habido en Hillwood, y ustedes podrán volver a ser amigos- les aseguró mirando a cada uno con cariño –Mientras tanto, disfruten de su orden de siempre-Phil se despidió para recibir a los clientes que acababan de llegar, llevándose la sorpresa de que se trataban de Phoebe y Arnold.
-Yo creí que este sería el mejor año en la preparatoria- se lamentó Nadine dejando caer su rostro sobre su palma abierta, el codo sobre la mesa.
-¿Por qué lo dices como si te hubieras equivocado?- la riñó Rhonda.
-Ay por favor Princesa Lloyd… ni siquiera la Señorita Perfección, siempre optimista, podría encontrar una sola razón para no creer que éste será el peor año- refunfuñó Helga.
-¿Bromeas verdad?- le dijo incrédulo Eugene -¿Soy el único que ve lo maravilloso que puede llegar a ser este año para la pandilla? Somos mayores de edad, podemos dar fiestas con alcohol y no sólo esperar a que alguien de último año lleve las bebidas. Tú y Rhonda son Cocapitanas del equipo de animadoras, Lila es la estrella del club de teatro, Gerald, Brian y Josh conseguirán de nuevo el campeonato de Baloncesto y Harold es el capitán del equipo de futbol americano… Sin olvidar claro la banda de Sid, las canciones que hoy puse de ellos en la radio escolar fueron un tremendo éxito- Harold abrazó por el cuello a Sid y frotó sus nudillos con la gorra del chico, provocando quejas de que arruinaba su imagen -… Y Nadine… por Dios, eres tan hermosa que verte hace que ardan mis pupilas, definitivamente podrías tener el mundo de rodillas si te lo propusieras, al menos a la mitad masculina del mundo- Eugene le lanzó una significativa mirada a su rubia compañera y luego a Sid que hizo al chico enrojecer y a Nadine extrañarse por el intercambio, aunque se ruborizó por el cumplido que estaba recibiendo –Es nuestro mejor año de seguro… Lila y Josh, Rhonda y Harold, y Gerald y Helga, los seis finalmente encontraron la forma de decirse cómo se sentía el uno por el otro y ahora son novios…
-Al grano zanahoria, tanta miel va a darme un coma diabético- refunfuñó Helga rodando los ojos pero sin quitar la sonrisa de lado en su rostro.
-Quiero decir que… sin importar quién haya llegado o quién se haya ido, nosotros aún estamos aquí… eso no va a cambiar hasta que la escuela termine y tengamos que decidir si iremos a la universidad y de ser así a cuál asistiremos… es muy probable que ninguno esté en la misma ciudad por los próximos cinco años. ¿Permitirán que nos arruinen algo así?- conforme hablaba el pelirrojo iba acalorándose más y más y en su última pregunta se puso en pie alzando los brazos para mayor énfasis chocando con la bandeja que traía el mesero con los pedidos de la pandilla, haciendo que volara por los aires y cayeran las malteadas, papas, hamburguesas y nachos sobre el pobre Eugene, los chicos soltaron un jadeo de sorpresa al ver el desastre, pero entonces Harold sumergió su dedo en el baño que caía desde la cabeza del pelirrojo y lo probó.
-No está nada mal- comentó recibiendo un golpe en la nuca, cortesía de su novia.
-Estoy bien- afirmó Eugene intentando retirarse el menjurje y Helga no soportó más y empezó a reír, siendo seguida por el pelirrojo y el resto de la pandilla después.
-Cielos, Eugene, ¿Quieres que te ayude a limpiarte?- habló entre dientes, intentando contener las risas, Lila.
-Por favor- forzó entre sus espasmos por la risa el pelirrojo.
-Vayan, nosotros pagamos, creo que no habrá malteadas de Phil's antes de la fiesta- dijo Josh y se acercó al mesero a disculparse y pedir la cuenta.
-Este día no puede empeorar ¿verdad?- preguntó Sid a nadie en particular.
-Para ti quizás, compañero- dijo divertida Helga a lo que Sid la miró con sospecha.
-No te olvides que la fiesta salvaje con alcohol… de inauguración de año escolar… con alcohol… será en tu casa… ¿Mencioné que será una fiesta salvaje?- comentó Gerald burlón, entre risas. Provocando que la reacción de Sid fuera de puro terror.
-Pero, ¿Se quedarán a ayudarme a limpiar, verdad?- esperanzado, el chico de la gorra verde miró alrededor de la mesa a sus compañeros que evitaban mirarlo a la cara –Con amigos como ustedes…- murmuró para sí mismo haciendo reír de nuevo a la pandilla.
-No te pongas así Sid- Harold dejó caer su brazo sobre los hombros de su amigo, haciéndolo hundirse en su asiento –Hoy podría ser tu noche de suerte y finalmente conozcas a una chica con la que quieras pasar más que sólo un fin de semana- ante lo dicho por su amigo, Sid miró de reojo a Nadine, la rubia tenía su atención en la pantalla de su teléfono celular, absorta de lo que la rodeaba, ya había perdido la cuenta de las veces que había contemplado absorto a su amiga de la infancia, y cansado de ser para ella un pie de página en la historia de su vida, sólo suspiro y se quitó el brazo de Harold.
-Como sea... esta noche será asombrosa porque mi banda tocará- desvió el tema de conversación, algo le atenazaba las entrañas cada que uno de los miembros de la pandilla sacaba a colación que el chico no había tenido una sola novia oficial.
-Aaah… eso es genial Sid… Aaah… ustedes son los mejores, casi tan buenos como Nirvana- le hizo el cumplido Brian con una enorme sonrisa en el rostro.
-De qué hablan- preguntó Josh volviendo a la mesa y la pandilla se sumergió en una discusión sobre si la banda de Sid podía o no compararse con Nirvana.
