Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.

Muchas gracias andreasgl713, tu apoyo es muy importante para mí. Si te ha gustado esta historia, la escribiré hasta el final. El sábado publico el primer capítulo bonus de Chronicles of Friendship, Love & Poetry.

Y MissHillwooD, ¿De pura casualidad el fanfic que mencionas no es MAS QUE AMIGOS de MaryMorante? Porque es uno de mis favoritos, aunque esté sin terminar, pero es de los pocos que hay de ésta pareja que tanto me gusta. Espero que disfrutes el capítulo, y seguir leyéndote por aquí.

"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse

CAPITULO NUEVE: LA MADUREZ DE TIMBERLY

Mientras tanto, en el sanitario de la cafetería, Lila ayudaba a Eugene a quitarse la mezcla pegajosa que había resultado de la combinación de sus bebidas y los condimentos de la comida.

De pronto, al girarse, el par que espiaba a su grupo de amigos en una esquina, cercana al servicio donde se limpiaba, entró en el campo de visión del pelirrojo.

-Oh por Dios, Lila, es Phoebe- exclamó perplejo Eugene. La pequeña sureña tardó en registrar lo que él había dicho, pero girar a observar el punto que señalaba fue una reacción más inmediata que la formulación de una respuesta.

-Cielos, tienes razón Eugene- no podía ser verdad, Arnold y Phoebe estaban en Phil's… la ex novia del novio de su mejor amiga platicaba campantemente a unos metros de ellos.

-¿Qué hacemos?- el pelirrojo estaba evidentemente indeciso de qué curso de acción tomar, ¿Sería mejor abordarlos? ¿Acercarse sólo a saludar a una vieja amiga? ¿O ir a darle una advertencia que dejara claro dónde estaban sus lealtades? ¿O sería mejor regresar a su mesa y alertar a Helga y Gerald? ¿O quizás… le harían un bien mayor a la pareja dejándolos más tiempo en el desconocimiento de la presencia de la unigénita Heyerdahl en Hillwood?

-Creo que…- Lila mordió su labio, definitivamente no se le ocurría ninguna salida de aquel embrollo, y mientras lo meditaba la voz de Nadine los interrumpió a ambos.

-Chicos, ya nos vamos, iremos a cambiarnos y por las cosas que faltan para vernos con Sid en su casa- la rubia los miró interrogante al darse cuenta que los dos pelirrojos se miraban entre ellos nerviosos y balbuceaban sus respuestas - ¿A ustedes qué les sucede? Parece que hubiesen visto un fantasma- la rubia puso sus brazos en la cintura y los censuró con la mirada.

-Nada más cercano a la realidad- murmuró por lo bajo Eugene y cuando la mirada de Nadine cambió a una interrogante, señaló en la dirección del par que no dejaba de observar la mesa de la pandilla y cuchicheaba entre sí.

- ¡Oh, rayos!- exclamó molesta la rubia de largas y bronceadas piernas –Esos dos me van a oír- estaba a punto de ir a la mesa de la esquina cuando Lila la detuvo por el brazo.

-Nadine, ¿Qué piensas hacer? - preguntó preocupada la dulce sureña.

- ¿De qué hablas? Pondré en su lugar a Phoebe. Una cosa es que haya vuelto de Nueva York, pero haber traído a Arnold y además espiarnos de esa forma, ¿Quién se cree que es? - bufó con molestia, hasta esa misma mañana, la rubia estaba convencida que el encuentro de Rhonda y ella con Phoebe, el día anterior en el centro comercial, había sido una gran coincidencia, pero que Arnold regresara a Hillwood al mismo tiempo, y que además estuvieran juntos y se toparan en la cafetería, era demasiado para seguir dándole el beneficio de la duda a su antigua compañera de colegio.

- ¿Por qué no pareces sorprendida de ver a Phoebe?- preguntó Eugene curioso al percatarse que efectivamente la reacción de Nadine indicaba enojo pero no sorpresa.

-Porque ya sabía que estaba en Hillwood, sólo que Rhonda y yo creímos que sería mejor no mencionarlo- confesó avergonzada la chica.

- ¿¡Acaso enloquecieron!?- exclamó el pelirrojo, expresando los pensamientos de su amiga pelirroja - ¿Qué creen que les hará Helga cuando se tope con Phoebe y ella le diga que ustedes sabían que estaba en Hillwood?- Nadine evidentemente no había pensado en ese detalle y comenzó a ponerse nerviosa.

-Bu-bueno… sólo queríamos que Gerald y Helga tuvieran un par de días de tranquilidad y de privacidad antes de que tuvieran que enterarse de una bomba como esta… su relación todavía es muy reciente… no sabíamos si podría soportar algo así- confesó apenada sus intenciones.

-Oh Nadine, nadie te está acusando de nada. Seguramente tenías las mejores intenciones, pero como el profesor Ituarte siempre nos dice, "el camino al infierno está repleto de buenas intenciones"-Nadine suspiró apesadumbrada.

-Tranquila amiga, encontraremos la mejor forma de lidiar con esto. Hablemos con Rhonda, pero salgamos de esta cafetería antes de que Geraldine los vea- y así el trío de amigos se encaminó a la mesa donde Harold y Sid tenían una acalorada discusión sobre quién era mejor en los concursos de Todo lo que Puedas Comer.

-Sentimos interrumpir, pero estamos listos para irnos. Quisiera asearme mejor que sólo pasarme unas toallitas húmedas- detuvo la discusión Eugene y la pandilla se dispersó de nuevo en los autos de los integrantes, dirigiéndose a distintos destinos.

- ¡Se van! ¡Los perderemos! - exclamó ofuscada Phoebe, pero al levantarse para seguir a sus ex compañeros, la figura de Phil, el abuelo de Arnold, le estorbó en el camino a la salida.

- ¿A dónde vas Arnold? Ni siquiera probaste tu hamburguesa- y con eso, el buen Phil había neutralizado a la nueva fuerza maligna que amenazaba con romper la tranquilidad del dúo dinámico recientemente convertido en pareja.

En casa de Rhonda, Helga no paraba de dar vueltas por toda la habitación de la pelinegra murmurando para sí misma.

-No puedo creer que de todos los días ¡ese zopenco del camarón con pelos haya decidido aparecer justo hoy! ¡Hoy! que tenía una presentación tan importante, trabajamos tanto en esa rutina, la ensayé cada que tenía oportunidad y no pude hacerlo a la perfección por culpa de sus ojos puestos en mí, de sólo saber que estaba sentado en las gradas…aargh… qué frustrante- se pasó las manos por el rostro- en verdad, ¿a qué volvió? Y qué son esas miraditas que me da, me ponen los pelos de punta, pero qué desubicado- arrojó sus brazos al aire mientras continuaba su andar- aunque debo admitir que el sol le ha sentado divinamente… se ve como un verdadero príncipe, oh Arnold, lo que daría por ser tu damisela en peligro esperando por ser rescatada por una de tus gallardas hazañas y retozar en tus brazos hermoso pedazo de cielo- suspiró cuando terminó, congelada en su lugar al escuchar la voz de Lila detrás.

- ¿En los brazos de quién quieres retozar Helga?- preguntó dudosa la pequeña pelirroja.

-Ah… de nadie- exclamó negando fervientemente con la cabeza y los brazos, agitándolos exageradamente- sólo recitaba uno de los diálogos de mi siguiente obra literaria- se escudó con habilidad- ya sabes… para saber si suena bien, no termina de convencerme- y empezó a reír como lunática, al borde de la histeria.

-Oh Cielos Helga, realmente eres muy talentosa- le hizo un dulce cumplido sonriendo.

-Sí bueno, en lugar de ocuparse en lanzarse halagos la una a la otra, vengan a ver lo que tengo para ustedes- las interrumpió Rhonda entrando a la habitación desde su armario (que en sí mismo era otra habitación) y dejando sobre la cama los vestidos que venía cargando, seguida en sus acciones por Nadine que suspiró al dejar la carga.

-Rhonda, tienes suficiente ropa como para vestir al continente entero- exclamó la rubia sorprendida.

-Sí, mientras estuvimos en Paris, mamá hizo una ampliación a mi armario y salió seguido de compras así que… tengo algunas opciones de las que puedo prescindir y que ustedes pueden usar. Mignonette las está esperando en el cuarto de corte y confección del fondo del pasillo, alé alé- las apresuró para que escogieran el vestido que les gustaría usar para la fiesta.

Lila fue la primera en apresurarse al armario de Rhonda. A su izquierda, había un juego de sala victoriano, en esos sillones se encontraban las prendas que Rhonda les había elegido y al ver el vestido largo verde, con coloridas flores bordadas en la parte superior y una atrevida abertura a lo largo de la falda, la pelirroja se sonrojó indecisa en ser la primera en escoger atuendo siendo que sus amigas ni siquiera habían tenido tiempo de ver lo que se encontraba en la sala, sin embargo su batalla interna se desvaneció cuando Rhonda se puso detrás del sillón y con una expresión altiva comenzó a hablarles a las tres chicas presentes.

-Me he tomado la libertad de preparar algunas prendas… y les armé algunas opciones…- la pelinegra tomó el vestido que a Lila tanto había fascinado y lo extendió frente a todas –Este es un Jay Godfrey, es perfecto para la ocasión, pero es de la temporada pasada y el verde nunca ha sido mi color… pensé que podría gustarte Nadine- justo antes de que la pelinegra dijera el nombre de la bronceada rubia, Lila se había movido al frente unos milímetros, imperceptibles para la mayoría de las personas, creyendo que Rhonda iba a mencionarla a ella, y decepcionada segundos después al ver a Nadine emocionada, yendo hacia su mejor amiga de la infancia y tomando el vestido que le ofrecía, para desaparecer en el probador agradeciendo a la heredera de los Lloyd, y fue entonces que el timbre de la puerta de la modesta mansión sonó por la habitación.

-Esa debe ser Alex, iré a la estancia a recibirla, ustedes pueden escoger lo que les agrade más y no tienen que limitarse a lo que está en la sala, puede ser cualquier prenda de la pared norte del armario- dicho eso, se fue del lugar dejando a Helga y Lila juntas.

La rubia miró en silencio a su amiga que se encontraba con la mirada fija en el suelo y los puños a los costados, empuñados con tanta fuerza, que seguramente se haría daño. Helga suspiró y se aventuró al cuarto de la ropa de Rhonda, a la pared que había señalado antes de partir y comenzó a tomar una serie de prendas, sin ser vista por la pelirroja que continuaba reprochándose por haber guardado silencio por algo tan simple como un vestido que Rhonda de todas formas había aclarado que no le importaba quién lo usara, tan metida en ese hilo de pensamientos que no sintió cuando la rubia pasó a su lado… aunque no era solo eso, durante la secundaria la pequeña Sawyer había tenido muchos momentos similares en los que algún comentario o acción del par de amigas, a las cuales se había sumado, la hacía sentir como intrusa en esa amistad… lo cual era tonto, porque Nadine y Rhonda eran las mejores amigas que Lila pudo haber soñado, pero la conexión entre ellas era algo a lo que la pelirroja no podía ni aspirar…

Un pequeño golpe en su frente la hizo recobrar la conciencia del lugar y el momento en el que estaba, regresando a la realidad. Parpadeó un par de veces hasta que por fin fue capaz de procesar lo que veía, Helga se encontraba con el ceño fruncido y un pequeño puchero frente a ella, claramente exasperada, lo cual no era nada fuera de lo normal, pero lo que sorprendió a Lila era verla con el vestido de Jay Godfrey en los brazos.

-Helga, ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes eso?- alcanzó a formular aunque su voz era tan débil que la rubia casi no escucha sus palabras.

-Criminal, Señorita Perfección, no sólo eres sorda y ciega, también te has vuelto boba… deja de juntarte con Roberts o terminarás por repetir el último año- exclamó rodando los ojos la rubia, que intentaba sonar ruda –Tengo "esto" porque es el vestido que tú quieres… y te lo estoy dando- aclaró al ver que la expresión de desconcierto de Lila no cambiaba.

-Pe-pero yo no he dicho que lo quiero- las explicaciones de su amiga sólo la habían confundido más.

-Criminal, estoy rodeada de zopencos- se lamentó Helga- no tienes que decírmelo, con solo ver tu cara cuando entraste aquí y lo viste era suficiente para saber que es el vestido que quieres usar hoy… y conociéndote no harías nada después de que Rhonda se lo ofreciese a Nadine para poder usarlo, así que lo recuperé por ti- terminó molesta y le lanzó el vestido al pecho, mientras con el pulgar señalaba algún punto tras ella –Ahora ve a probártelo- le remarcó, la molestia en su voz para nada sutil. Lila la miró con asombro, terminando de entender lo que la chica le decía, Helga se había dado cuenta de todo, había leído a través de su coraza de educada amabilidad y obtuvo para ella lo que Lila se reprochaba por no tener el valor de conseguir por sí misma.

-¡Oh, Gracias Helga!- se abalanzó a sus brazos y la apretó fuertemente, no cabía en sí de alegría, no importaba que no compartiera con Rhonda ni con Nadine una conexión como la que tenían entre ellas, porque tenía su propia conexión especial con Helga, una amiga incondicional, leal y cariñosa a su propia forma, ¿Qué más podría querer para ser feliz? Y entonces se soltó de la nada de la rubia, quien por fin a largas y profundas bocanadas recuperaba el aire en sus pulmones, pero Lila no la soltó por eso… la pelirroja se había dado cuenta de que estaba ocultando algo demasiado importante para su amiga, algo que podría provocarle mucho dolor si se lo escondía… pero también se lo provocaría si se lo contaba… y una vez más el mismo día, deseó poder regresar a alguien por donde había venido con tal de evitarle el sufrimiento a su rubia amiga.

-Helga… hay algo que necesito… es decir… hay algo… y tú tienes que… es que yo…- nerviosamente comenzó a jugarse uno de los mechones de su cabello, aún con el vestido sujetado contra su pecho.

-Aaah…¿Qué… aaah… qué quieres decirme Lila?- pudo preguntar Helga una vez se sintió menos ahogada por el efusivo arranque de su amiga pelirroja.

-Es que…- y antes de que la pelirroja pudiera terminar de hablar, Rhonda entró en la habitación seguida por una chica de cabello chino con una gran sonrisa.

-Alex está aquí chicas- anunció la pelinegra, mientras la mencionada iba hacia Helga para contarle que la entrenadora de atletismo las había designado a ellas como asistentes de Kana en las pruebas para ingreso de los nuevos aspirantes.

-Sé que el viernes tienes práctica programada y que es muy importante para las animadoras porque el miércoles son sus pruebas y ese viernes será el primero con tu nuevo equipo, pero ya conoces cómo es la entrenadora y dudo que Kana no le haya dicho que nos quiere ahí, de lo contrario no nos habría dicho nada- la castaña se veía tranquila a pesar de lo que expresaban sus palabras gracias a su perenne sonrisa, lo que le costaba que no muchos la tomaran en serio.

-Bueno, yo puedo liderar la práctica- se ofreció Rhonda a lo que Helga la miró contemplativa.

-¿De verdad harías eso, Rhonda? Sé que es mucho trabajo y tú ya tienes muchas otras cosas con la presidencia estudiantil y, bueno, Harold… prácticamente está perdido sin ti así que no quiero ser culpable de que coma algo que lo lleve al hospital… de nuevo- las chicas rieron y Lila suspiró dándose por vencida, ese no sería el momento en que hablara sobre Phoebe con su amiga rubia.

-Sí bueno… Harold tendrá que arreglárselas sin mí… además, necesitaré en algún momento que me regreses este favor, después de todo como acertadamente señalaste, soy presidenta- alzó la barbilla orgullosa.

-Y no lo olvidamos Princesa Lloyd- respondió rodando los ojos, pero con una sonrisa de lado, Helga. En ese momento, la puerta del vestidor se abrió y de él salió Nadine con unos tacones de listón al tobillo negros, pantalones de mezclilla corte capri, un top negro y completando el outfit, un vestido de malla fina negra (see through) con flores doradas bordadas.

-¡Nadine! Luces como salida de una pasarela- exclamó Rhonda sonriendo, seguida de comentarios de aprobación del resto, incluso Alex lanzó un chiflido de admiración mientras Nadine giraba encantada con los cumplidos -¿Dónde encontraste eso? Ni siquiera recuerdo haberlo visto nunca. Mucho menos haber juntado esas prendas para armar un outfit como ese, parece armado por una fashionista parisina- alabó la pelinegra mientras sujetaba de ambas manos a su amiga y la apreciaba de pies a cabeza.

-Helga escogió esto para mí- habló la rubia sonriendo, girando hacia la mencionada y guiñándole, Nadine había estado más que complacida con darle el vestido verde a Helga para Lila, pero al verse al espejo se dio cuenta que quien había ganado en ese trato era ella.

-¿En verdad?- preguntó incrédula Alex, lo que le hizo ganar un zape de parte de la joven rubia.

-¿Qué diablos? No suenes tan sorprendida- le recriminó huraña.

-Bueno Helga, es que debes admitir que sí sorprende tu habilidad de armar un look así- intervino la pequeña Sawyer que sólo quiso conciliar la situación entre la castaña y la rubia.

-¡Criminal, Señorita Perfección! Solamente pensé en qué escogería Rhonda- respondió a la defensiva y se cruzó de brazos desviando la mirada, intentando que no se notara lo que esos cumplidos la afectaban.

-Acepto el crédito entonces- dio por terminado el tema la pelinegra, siendo receptora de una mirada de agradecimiento de la rubia en discusión que fue respondida con un asentimiento de cabeza imperceptible –Bien Nadine, vamos con Mignonette para que suba tu bastilla y ajuste la cintura y el busto- la pelinegra tomó por la muñeca a su amiga de la infancia y empezó a guiarla fuera de la habitación –Más vale que cuando vuelva ustedes tengan sus elecciones puestas, listas para ir con la modista- les advirtió con voz de mando. Alex se encogió de hombros y revisó uno de los conjuntos armados por la pelinegra en el sillón, el más cercano a su estilo propio era un juego de pantalón y saco blancos casuales, que estaban debajo de un top colorido que se amarraba por el frente, bastante atrevido y en tendencia, la castaña lo tomó para meterse en el probador, preguntando antes si el par de amigas tenía algún inconveniente.

-Yo ya tengo mi vestido conmigo- le dijo la pelirroja.

-Y yo aún no veo nada que me agrade- le aseguró la rubia, tranquilizando a la chica de rizos que entró apresurada, intentando evitar que Rhonda volviera y la encontrara en los mismos pants y camiseta que tenía cuando abandonó la habitación –Por cierto Lila… ¿Querías decirme algo antes de que nos interrumpieran, verdad?- la pelirroja se puso blanca al oírla decir eso, haciendo que Helga se sintiera intrigada.

-Bueno… verás… es que quería… pedirte un consejo… ¡Sí, eso! Quiero un consejo en un predicamento con una amiga y pensé que tú podrías ayudarme- intentó desviar la atención de la rubia.

-¿Una amiga? ¿Cuál amiga?- Helga alzó una ceja, que ella supiera las amigas de Lila se limitaban a Rhonda, Nadine, Alex y ella misma… y a veces, muy a su pesar, Miranda y Chloe del equipo de porristas, y Lucy Bale del club de teatro, una mandona insoportable que ni Rhonda en sus peores momentos se le comparaba… aunque si era sincera, la chica tenía más talento en el dedo meñique que el club de teatro entero en todo su cuerpo…

-Es alguien que eeeh… aún no la presento con la pandilla- nerviosa de nuevo, Lila volvió a tomar un mechón de cabello entre sus dedos –En fin… ella acaba de iniciar una relación con un chico que… eeemm… bueno, tiene historia con otra chica- Helga la miró con una ceja arqueada –Y esta otra chica… no creo que tenga buenas intenciones con mi amiga… creo que quiere… algo… de nuevo… con el chico, eeemm con el novio de mi amiga- Lila estaba tan roja como su propio cabello bajo la intensa mirada que Helga le dedicaba.

-¿Y cuál es el consejo que buscas?- preguntó lentamente, intentando determinar qué era lo que se le hacía tan familiar de esa historia… quizás conocía a la chica de algún lado.

-Bueno, mi amiga no sabe que esta chica quiere volver con su novio… ¿Debería decirle?- la pelirroja a esas alturas era incapaz de mirar a los ojos a Helga y mantenía la cabeza gacha, entretenida con el mármol del suelo.

-Yo creo que no deberías meterte- finalmente respondió tras una larga pausa–Quiero decir, entiendo que quieras ayudar a tu amiga, estoy familiarizada con ese sentimiento, pero es como aquella vez con Brainny ¿Recuerdas? Quise ayudarlo a ser tu novio y lo único que conseguí fue que tú no nos hablaras a ninguno de los dos y casi pierdo su amistad… hay cosas de las que no podemos proteger a nuestros amigos, y si le dices a tu amiga algo como "Hey, tú… la ex de tu novio quiere quitártelo" sólo la harás insegura y podrías provocar más problemas entre ellos… ese tipo de cosas son de dos personas y si ese chico le conviene a tu amiga, aunque la chica quiera regresar, él no va a aceptarla- se encogió de hombros sorprendiendo a Lila con su lógica simple pero atinada -…aunque… en otro tiempo, probablemente te habría sugerido un plan para interceptar a la chica a espaldas de tu amiga y así evitar que se le acercara lo suficiente a su novio- al escuchar las últimas palabras de Helga, que le sonreía nostálgica, algo dentro de la mente de la pelirroja hizo un "clic"… la idea no le parecía para nada descabellada.

-Gracias Geraldine- la abrazó afectuosamente –Acabas de quitar un peso de mis hombros. Ven, vamos a elegirte algo espectacular- haló de la muñeca a la rubia sin darse cuenta que ésta murmuraba para sí algo como "para qué abrí mi bocota"…

Gerald terminaba de ducharse y al entrar a su habitación con sus pantalones de pijama se encontró con su hermana sentada en su cama, evidentemente esperando su regreso.

-¿Timberly, qué haces en mi cuarto? Creí que había sido claro la última vez- de sólo recordar la broma de la pequeña morena, el pobre Johanssen tenía escalofríos.

-Sí, sí. Tu cuarto es tu bunker… como sea… no estoy aquí para pelear o jugarte bromas- la pequeña de 12 años se puso de pie, y Gerald se dio cuenta de cuánto había crecido su hermana en el último par de años –Quiero que me digas la verdad- la seriedad en su tono no era para nada normal -¿Es cierto que Arnold Shortman volvió a Hillwood?- Gerald no se esperaba esa pregunta por lo que no pudo contestar inmediatamente.

-¿Cómo sabes eso?- formuló con trabajo, todavía sorprendido de que su hermanita tuviera esa información.

-Pues, Lola Bale, la hermana de Lucy Bale, me dijo que su hermana le había hablado de un chico nuevo en su clase de Biología, incluso le envió una foto y cuando me la mostró… no puede ser otra persona- lo último Timberly lo murmuró para sí misma, aunque Gerald fue capaz de oírlo.

-Es cierto- le respondió a su pregunta original.

-¡Cómo es eso posible!- el comportamiento de la menor tenía al moreno bastante confundido. Cuando Arnold se fue, había pasado a su casa a despedirse de la familia Johanssen y Timberly le había deseado la suerte del mundo y le había rogado porque volviera un día y obviamente que le trajera muchos obsequios cuando lo hiciera. Pero su reacción ante la posibilidad de que ese día había llegado era… ella parecía frustrada al respecto, se tomaba del cabello y caminaba en círculos hablando consigo misma, casi como una pequeña versión de Helga.

-Tim, hey, tranquila- la detuvo por los hombros y la obligó a mirarlo -¿Qué sucede? ¿Por qué pareces preocupada? Creí que te alegraría, Arnold era tu amigo ¿no?- la morena bufó ante las palabras de su hermano y rodó los ojos.

-Algunas veces me pregunto cómo es que lograste que alguien como Helga aceptara ser tu novia- ante esto el moreno protestó –Sí, sí. Escucha, claro que Arnold era mi amigo, después de todo era tu mejor amigo, y fue muy dulce conmigo cuando tuve un ligero enamoramiento con él- un sonrojo imperceptible que sólo enfureció a Gerald cuando lo notó, apareció en las mejillas de la niña –pero nada de eso es trascendente- casi gritó de lo nerviosa que se sentía al ver la molestia en el rostro de su hermano al mencionar su interés en el rubio -¿Cómo se supone que no me altere si tu mayor rival ahora está en la misma ciudad que tú?- Gerald alzó una ceja divertido.

-¿Mi mayor rival? Arnold ni siquiera juega baloncesto, estoy seguro que está más interesado en las chicas que en cualquier deporte- bromeó el moreno, riéndose solo de su pequeña broma.

-¡Tómate esto con seriedad!- le riñó su hermana.

-¿Cómo se supone que haga eso Tim? Todavía no entiendo por qué estamos teniendo esta conversación- le respondió confundido.

-¡Argh! No estoy hablando de los deportes… Arnold era la razón de que tardaras tanto en hacer un movimiento con Helga y es la razón de que Helga tardara tanto tiempo en darse cuenta de lo que sentía por ti- le increpó exasperada.

-Wow, Wow, Wow…. Pisa el freno un poco… Arnold no tiene nada que ver con mi relación con Helga- Timberly se soltó de su agarre y volvió a caminar en círculos y a hablar consigo misma después de escuchar la necedad de su hermano –Timberly, podrías dejar de hacer eso, me estás mareando- le pidió sintiéndose agotado, lo último que Gerald quería hacer en esos momentos era tener una conversación sobre su vida amorosa con su hermana menor, que aún era muy pequeña para entender lo que ser novios puede llegar a implicar… y lo complicado que resulta estar con la persona que te interesa…

-Escúchame bien bobo- definitivamente la influencia de Helga en su hermanita se había hecho más fuerte con los años –Si Arnold te roba a Helga porque bajaste la guardia y eres tan arrogante como para no preocuparte por lo que está pasando creyendo que no tendrá ningún efecto en tu relación… que por cierto es de un par de semanas… entonces eres más tonto de lo que pensé- la pequeña Johanssen le enseñó la lengua a su hermano y salió de la habitación dando un portazo.

Gerald se quedó estático, asimilando lo que su hermanita le había dicho. Timberly había comenzado primero de secundaria ese día, (séptimo grado), y Gerald no se había detenido a analizar lo que eso significaba, su hermana dejó de ser una niña, estaba entrando a la adolescencia, a su edad Gerald y Phoebe tenían un noviazgo de un año. Su hermana menor lo había sorprendido con su madurez emocional y todavía no sabía cómo reaccionar ante el inevitable crecimiento de su hermana… mucho menos tenía alguna idea de qué hacer con las palabras que le había dedicado.

Si lo pensaba objetivamente, su interés en Helga había iniciado cuando se enteró del enamoramiento que ella tenía por el chico cabeza de balón… enterarse en quinto grado que la Gran Helga G. Pataki en realidad había estado enamorada todos esos años, desde preescolar, de su mejor amigo Arnold Shortman había sido un shock bastante fuerte… recordaba haber escuchado en algún lado que si alguien te molesta es porque le gustas, pero Helga había llevado eso a un nuevo nivel durante su infancia… por lo que los meses en los que Arnold aún estaba en Hillwood arreglando todo para irse a San Lorenzo, Gerald espiaba con fascinación las interacciones entre los dos rubios, preguntándose cómo se le había escapado un hecho tan relevante a él.

El moreno siempre se había considerado como el más perspicaz de la pandilla, el que todo lo intuía y lo que no, lo averiguaba… y cuando los veía juntos, Helga gritándole a su amigo o empujándolo o haciéndole las mismas bromas de siempre, era demasiado obvio el cariño en la mirada de la rubia que lo hacía preguntarse si siempre había estado ahí pero él se lo había perdido por no prestarle atención.

Después Arnold partió, el día en que tomó su avión fue la primera vez que vio a Helga llorar. Toda la pandilla había ido al aeropuerto junto a muchas otras personas en Hillwood que echarían de menos al rubio, pero cuando hicieron la primera llamada de abordar se habían despedido del niño y abandonado el lugar, sólo Phoebe, Helga y él se quedaron… Phoebe y el moreno abrazaron a Arnold, su amigo le dio su balón de basquetbol y le dijo que esperaba que su amistad continuara siendo la misma, prometió que se mantendría en contacto y entonces se alejó hacia la pequeña niña rubia de dos coletas y una ceja que estaba apartada e intentaba ocultar su rostro.

Gerald no escuchó lo que su amigo de la infancia le dijo a Helga pero la vio romper en llanto y dar la media vuelta para salir del lugar…

Luego de eso, pasaron un par de meses antes de que las clases iniciaran de nuevo, y en unas cuantas ocasiones Phoebe había cancelado sus citas por hacerle compañía a Helga, "Ella me necesita más que tú Gerald", solía decirle la pequeña oriental cuando hablaban del tema, enervando al moreno y haciendo crecer su animosidad hacia la chica aún más, quizás por eso dijo la cosa más tonta que pudo haber salido de su boca "Sabes que no tienes que cancelar, podemos pasar el rato los tres juntos", supo que era un error incluso antes de que terminara de formular la oración, pero aquello había hecho tan feliz a su entonces novia que nunca se retractó.

Y así fue como de vez en cuando la rubia hacía acto de presencia en sus citas durante sexto grado… Si era sincero consigo mismo, todo ese año no sintió más que pena por Helga, sus ojos habían perdido el brillo que solían tener y se había vuelto aún más cerrada en sí misma y violenta con el resto, lo peor fue cuando le hicieron aquella ridícula broma en el patio de la primaria…

Quizás ése fue el día en el que Gerald se dio cuenta de que la Gran Helga G. Pataki era sólo una niña de doce años como él…

Cuando, durante secundaria, se enteró de la situación familiar de la rubia empezó a sentir empatía por la huraña chica, y empezó a preocuparse por su bienestar.

Comenzó a acompañar a Phoebe a la casa de la rubia, sólo para comprobar que estuviera bien, iba con su novia cuando le hacía algún favor no deseado a la rubia, y siempre llevaba extra de almuerzo para fingir que era mucha comida para él y poder compartirla con Helga, sin que el orgullo de la chica le impidiera aceptarla…

Entonces, en el último año de secundaria, Phoebe habló con él… se iría… igual que Arnold… y lo primero que pensó fue "Así es como debió sentirse ella"… la partida de su novia de cuatro años fue lo más doloroso que el segundo hijo de los Johanssen había vivido… pero aunque él mismo tenía roto el corazón, no pudo evitar percatarse que el día en que partió Phoebe, en el mismo aeropuerto, parecía llevarse consigo el corazón de Helga, o los pedazos que habían de él… parecía una carcasa vacía, un cuerpo sin alma… y entonces entendió que Phoebe era la única familia para Helga.

Él también perdió a su mejor amigo, perdió a su primer amor, pero cuando volviera a casa del aeropuerto aún estarían sus padres y sus hermanos, incondicionalmente a su lado, la pandilla siempre lo había respaldado… Helga jamás tendría eso en su casa y se había apartado con los años del grupo de amigos de la infancia… y, como una manera de sentirse cercano a Phoebe, se propuso tomar su lugar en la vida de su mejor amiga…

Se prometió a sí mismo, y se dijo que a Phoebe también, que no permitiría que Helga se hundiera de nuevo, como aquellos meses después de la partida de Arnold… Y se mantuvo constante en esa promesa…

Nunca esperó que el desenlace fuera un noviazgo con la Gran Helga G. Pataki…

Y si continuaba con ese repentino arranque de sinceridad, entre más crecía su amistad con la rubia, y más aprendía de ella, más coraje sentía hacia su viejo amigo Arnold.

"¿Cómo fue capaz de renunciar a alguien como ella?" Se encontraba preguntándose, "No puede haber alguien tan tonto" se decía otras veces. Pero él sabía, desde hace algunos años, que ya no sólo sentía empatía por la rubia, o sólo preocupación o solidaridad… mientras más tiempo pasaba a su lado, mientras más recuerdos creaban y más momentos compartían, menos podía negarse a sí mismo que no veía a la rubia como a una amiga… nunca vio a Helga como veía a Lila o a Nadine o a Rhonda… Helga era… Helga… y no podía saber en qué momento exacto pero de pronto la llamaba para sí, Su Helga…

Timberly tenía razón, quizás si Arnold no hubiese sido una sombra presente en su amistad, Gerald habría invitado a una cita a Helga desde primer año de preparatoria… o si él no hubiese sido novio de Phoebe, quizás en secundaria se habría planteado llevarla al cine.

Con el regreso del rubio las cosas cambiaban, es decir, si la que se hubiese aparecido en la escuela fuera Phoebe, no sabía cómo habría reaccionado o lo que hubiera sucedido. Era difícil ver a tu mejor amigo y decirle que tienes una relación con su ex novia, sin importar las circunstancias, era una conversación que cualquier chico querría evitar.

Suspirando, el moreno se apresuró a su armario para vestirse… de nuevo, Timberly tenía razón… no podía quedarse sin hacer nada ante el nuevo giro de los acontecimientos.