isclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.

La banda de Sid canta un cover de la canción Cheerleader que me imaginé de un video que encontré en youtube: watch?v=m7ETZjZSUuM

Lo dejo por si también quieren escucharla. En respuesta a tu review MissHillwooD, sí tengo pensado en contar todo en retrospectiva, sobre qué pasó en ausencia de estos dos. Pero me tomo mi tiempo, quizás a muchos no les guste y espero que me tengan paciencia, pero es la manera en la que escribo. Espero que te guste este capítulo, deja tu opinión cuando gustes, me ayuda a crecer.

Disfruten de la lectura.

"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse

CAPITULO DIEZ: LA CASA DE PLAYA DE SID

n la mansión de la familia Wellington Lloyd, un grupo de chicas entusiasmadas hacía un alboroto terminando de arreglarse para la fiesta de esa noche.

Rhonda se sentía especialmente orgullosa de su cocapitana, verla sonreír con las bromas que Alex hacía sobre Roberts y Lila, y reír a carcajadas al ver enrojecer a su pudorosa amiga sureña. Casi parecía suficiente para borrar la culpa que aún cargaba consigo por lo sucedido en sexto grado. Ahora que Phoebe estaba en Hillwood ese peso se había incrementado.

-Criminal Lila, has tenido más novios que todas aquí, no puedo creer que sigas siendo tan decorosa- exclamó riendo Helga sin percatarse que su amiga la observaba de cerca.

-Creo que es momento de irnos- aportó Nadine, quien se colocaba los últimos retoques en el cabello y las volteaba a ver, luciendo como una modelo de pasarela, como casi todos los días.

-Nadine tiene razón, si salimos ahora, llegaremos con un elegante retraso- se sumó Rhonda a la conversación, saliendo de sus propios y tumultuosos pensamientos.

-¿En qué auto nos iremos?- preguntó Alex emocionada, ya que ella sólo había visto la colección de Rhonda una vez pero nunca había viajado en ninguno de sus autos.

-Creo que es mejor si nos llevamos la Hummer, iremos más cómodas y hay menos posibilidad de despeinarnos que en el Lamborghini- dijo como si fuese lo más normal del mundo la heredera Lloyd, que esa noche se veía atrevida y de haute couture.

-Cielos, jamás imaginé escuchar una frase así en mi vida- exclamó divertida Alex.

-Espera que empiece a hablar de sus regalos de cumpleaños- respondió Helga, a lo que Rhonda se detuvo en seco y se giró a mirarla.

-Chicas, adelántense, Helga y yo las alcanzamos en un momento- la rubia se congeló en su sitio, no creía haber cruzado ninguna línea con su último comentario.

-Claro, te vemos en un rato Helga… o no… quién sabe cuál será el resultado de esta conversación- le dijo una alegre Nadine que le guiñó el ojo antes de salir de la habitación.

-Suerte- le murmuró al cruzarse con ella Lila, y Alex se rio hasta llegar a las escaleras al final del pasillo.

-Criminal Princesa Lloyd, estaba bromeando, sabes que no era en serio lo de los regalos, sólo…- pero antes de que Helga pudiera seguirse disculpando, Rhonda la interrumpió rodando los ojos.

-Por favor, Helga, estoy muy por encima de un comentario como ese… no es eso de lo que quiero hablar- la rubia suspiró aliviada –Quiero decirte algo, sobre lo que pasó hoy en el vestidor de las animadoras- la rubia se había relajado muy pronto, porque definitivamente el rumbo nuevo de la conversación era mucho más incómodo que la perspectiva del anterior.

-No pasó nada hoy en el vestidor de las animadoras Rhonda- puntuó la joven, aun contrariada, ya que ambas acordaron que no hablarían de eso.

-Tienes razón, no pasó nada- sintiendo el recuerdo fresco de lo acontecido en sexto grado entre ambas, la culpa que Rhonda sentía por su papel en esa broma le oprimió el pecho y no pudo evitar añadir –… aun así, quiero decirte que me alegra verte bromeando, creo que… eso me hace feliz a mí también- la rubia abrió los ojos sorprendida de esas palabras -eres una de mis mejores amigas y estoy aliviada de verte así, como hace mucho tiempo no te veía- "o mejor dicho como nunca antes te había visto" pensó para sí la pelinegra –y si esa felicidad es por Gerald, entonces deben estar juntos…- sobre todo porque Gerald no sabía la verdad sobre Phoebe y posiblemente aún la tenía en un pedestal.

-Estás diciendo palabrería sin sentido Rhonda- la rubia se ponía más y más incómoda, la pelinegra no solía tener estas conversaciones tan cursis, mucho menos iniciarlas.

-Sólo digo que sé que pasaste años malos… tuve gran parte de culpa en eso- cerró sus puños frustrada al decirlo, esas decisiones no la enorgullecían –pero me gusta pensar que Gerald te hace feliz y que también tuve gran parte de culpa en eso- al terminar de hablar sintió los brazos de la rubia rodearla, un gesto que definitivamente no se esperaba de su interlocutora, dejándola sin palabras por unos segundos.

-Vaya, si abrazarte no funcionaba para callarte iba a tener que besarte- dijo entre risas la menor de las Pataki mientras se separaba de su cocapitana que contenía las lágrimas de alivio para no arruinar su maquillaje, sacándole una carcajada a ella también.

-Eso le encantaría a Harold- confesó riendo.

-También a Gerald, aunque no sé si lo admitiría en voz alta- respondió la rubia, también riendo –Pero ya en serio Princesa, sólo diré esto una vez así que más te vale que no lo olvides porque la próxima vez que me pongas en esta situación, me iré de la habitación y te dejaré con tus absurdos sentimientos de culpa- colocando ambas manos en los hombros desnudos de su amiga pelinegra la miró directo a los ojos, asegurándose de que tenía toda su atención –Tú eres una de mis mejores amigas… y yo no te guardo ningún rencor por lo que hayas hecho o dejado de hacer en el pasado… porque ahora sé que sólo quieres verme feliz, igual que yo a ti… por eso cuando empezaste a salir con Harold, el chico rosa y yo tuvimos una conversación en la que la vieja Betsy y los cinco vengadores le dejaron en claro que si llega a hacer cualquier tontería que arruine lo que tienen, acabaran con su gordo trasero de capitán de fútbol- al decir todo de corrido, Helga se quedó sin aire y al intentar recuperarlo, Rhonda aprovechó para robarle un último abrazo rápido.

-Gracias- susurró la pelinegra antes de separarse –Gracias de verdad- le reiteró –Ahora que eso ya no se interpone entre nosotras… te sugiero que te asegures de tener la mejor noche de tu vida, porque este no puede ser un año ordinario, y mucho menos empezar como si fuera cualquier otro ¿Quedó claro? – "sí, mi capitán" fue la respuesta inmediata de la rubia que le dedicó un saludo militar y ambas se dirigieron al encuentro con sus amigas en el garaje de los Lloyd, que bien podría haber sido un campo de futbol por sus dimensiones.

Las chicas llegaron unos minutos después a la casa de Sid, un camino que habían recorrido muchas veces antes y que se les hizo corto mientras cantaban las canciones de la lista de reproducción de Nadine en modo aleatorio, aunque cuando la de Call Me Maybe empezó a escucharse, Helga fue la única en mirar a su compañera rubia con una clara expresión de "Carly Rae Jensen, ¿En serio?" a lo que Nadine se encogió de hombros y le dijo –Todos tienen un gusto culposo, el mío es Carly-.

Rhonda se estacionó cerca del porche, a juzgar por los autos afuera de la casa, el equipo de baloncesto y el de futbol ya habían llegado… y el auto de Miranda también estaba entre ellos. Habían algunos que no reconocieron pero asumían que Eugene había hecho buen trabajo corriendo la voz de la fiesta.

En cuanto subieron los escalones del porche, ni siquiera tuvieron que tocar a la puerta cuando el pelirrojo apareció abriéndola para ellas. -¡Por Dios, Chicas! Se ven impactantes, verdaderas showstoppers- Eugene las saludó a cada una y luego les indicó que pasaran –Ya está todo listo, la música, sacamos el mueble bar de los padres de Sid a la playa y tenemos todo tipo de botanas ofrecidas a lo largo de las mesas que rodean la pista de baile, nos encargamos de la presentación de la casa como pediste Rhonda, y les aseguro que hay mucho más alcohol que sólo cervezas- agregó guiñándole un ojo a Helga que sonriente lo abrazó por los hombros.

-¿Cómo lo conseguiste en unas cuantas horas?- le preguntó sorprendida Nadine, mientras salían de la casa, atravesando la sala a la parte trasera, donde adolescentes bailaban, o hablaban en grupos, o se dedicaban a arrojarse el balón de futbol, en la playa privada de la casa de Sid, quien se acercaba a recibirlas.

-¡Wow! Cada vez me impresionan más- las alabó al verlas. Y sin poder evitarlo, y casi como cada vez que sus caminos se cruzaban, sus ojos se clavaron en Nadine –Wow- volvió a repetir al fijarse cuidadosamente en ella, que sólo se sonrojó al sentir su mirada y le sonrió acercándose.

-Hola Sid, gracias por dar esta fiesta, realmente es lo que necesitábamos- el chico se perdió en los ojos verdes de Nadine y se quedó sin palabras alargando el silencio que puso nerviosa a la rubia -¿Eh?… y bueno… ¿Michael ya está aquí?- y aquella simple e inocente pregunta fue como un balde de agua fría para Sid, quien tardó un par de segundos en recuperarse de la decepción, segundos que fueron vistos por Helga, dejándola pensativa.

-¿Quién es Michael?- preguntó de mala gana el chico con gorra verde.

-Ya sabes Sid, el súper apuesto capitán de natación-contribuyó Rhonda.

-¿Súper apuesto? Espero que estés hablando de mí Rhonda- dijo molesto Harold, llegando al grupo de amigos.

-Hablaba del crush de Nadine- respondió la pelinegra rodando los ojos, pero con una sonrisa que sólo se hizo más amplia cuando Harold la tomó por la cintura y le susurró al oído lo hermosa que se veía.

-¡Rhonda!- le reclamó avergonzada de que su amiga ventilara ese tipo de información como si fuera de dominio público. Helga pudo ver el efecto de las palabras de Rhonda no sólo en Nadine, también en su amigo Sid.

-Michael está en el bar, quizás quieras alcanzarlo- le dijo Eugene alzando una ceja sugerente a Nadine.

-¡¿Qué?!... ¡No!... Chicos por favor, ya paren- suplicó la bronceada chica mientras se cubría el rostro enrojecido con las palmas de sus manos.

-No es para tanto Nadine, es normal que un chico tan atractivo te llame la atención- le dijo Alex intentando hacerla sentir mejor.

-¿Por qué siguen aquí?- preguntó Brian al llegar al grupo que se hacía cada vez más numeroso.

-Discutimos sobre el crush de Nadine con Michael el de natación- le respondió Harold divertido –ya sabes… Nadine y Michael sentados en un árbol, b-e-s-a-n-d-o-s-e – y para dejar en claro lo que había deletreado, Harold lanzó besos al aire e hizo sus ojos coquetos, batiendo sus pestañas, haciendo que Rhonda le diera un codazo en el estómago y rodara los ojos exasperada con su comportamiento –Auch… ¡Rhonda! Juntarte con Helga te ha hecho más violenta- le reclamó el capitán de futbol.

-Sí, pues espero que juntarnos le haya hecho a ella tanto bien como a mí- le respondió cruzándose de brazos.

-Cielos Helga…. Aaah… Luces preciosa hoy- el castaño le sonrió a la rubia que le devolvió la sonrisa de inmediato.

-Gracias chico listo, tú también estás muy precioso ¿Cierto Alex?- respondió la rubia y miró hacia la chica de cabello rizado invitándola a dar su opinión.

-Sí… eeeh… muy bonito- completamente roja, a Alex no se le ocurrió otra cosa qué decir.

-Gracias- le respondió Brian mientras intentaba tranquilizarla tomando su mano, lo que tuvo el efecto opuesto y puso a la castaña aún más roja y nerviosa –Aaah… Helga, Gerald está al final de la pista de baile… aaah… te tiene una sorpresa- le dijo sonriéndole a la rubia de nuevo.

-¿Una sorpresa?- toda la pandilla presente comenzó a hacerle sonidos de "wuuuuh" para molestarla, enrojeciendo un poco sus mejillas –Será mejor que vaya a ver al zopenco- despidiéndose de todos se dirigió a donde Brian le había señalado y su partida pareció la señal para que el grupo se dispersara quedando sólo Lila y Sid.

-Cielos Sid, ¿Por qué no le dijiste algún cumplido a Nadine?- y como ya se le había vuelto costumbre a la pelirroja desde que Sid le confesara sus sentimientos por la rubia, Lila lo increpaba por no hacer ningún movimiento para acercarse más a ella.

-Agradezco que quieras ayudarme Lila, pero…- el chico miró el rumbo que había tomado la rubia, estaba cerca de la pista de baile con Harold y Rhonda… y un castaño apuesto se acercaba al trío –creo que es momento de aceptar que ese tren nunca pasará por mi estación- completó, lamentándose.

-No puedes hablar en serio- le riñó su amiga, genuinamente preocupada por el derrotismo que emanaba del aura del chico de gorra verde.

-Claro que sí… Mírame, no soy el tipo de chico que se queda con una chica como Nadine- afirmó seguro, con el ceño fruncido, apartando la mirada de la rubia que reía con algo que el castaño le había dicho.

-¿De qué hablas Sid? Eres un buen chico- intentó animarlo Lila.

-¿Ah, sí?- empezó con tono molesto –Brian también es un buen chico, ¿No lo crees así, Lila?- antes de que la pelirroja pudiera responder, un poco nerviosa de que su amigo mencionara al chico de lentes, Sid continuó con su argumento –Porque toda la pandilla sabe muy bien lo buen chico que es Brian… lo mucho que se merece a una chica dulce y desinteresada… como tú- aquello enrojeció a la pelirroja –Pero ambos sabemos que eso no importa… que a ti no te importó eso… porque en estas cosas no se trata de lo que merezcamos, sino de compatibilidad o de interés o de química… y no sentías ninguna de esas cosas por Brian… y es evidente que Nadine no las siente por mí- concluyó apesadumbrado.

-Cielos Sid- empezó a decir Lila pero fue interrumpida por Josh que llegaba a abrazarla y mientras le decía lo hermosa que se veía, la chica sureña no pudo evitar darse cuenta de la mirada acusatoria de su amigo, retándola a contradecirlo cuando era obvio que no tenía argumentos para negar lo que Sid le había dicho.

-Los dejo solos- fue lo último que les dijo antes de girarse y buscar al resto de su banda, en un par de horas sería momento para que subieran al escenario.

La joven Sawyer se quedó con la mirada fija en la espalda de su amigo, quiso decirle que su historia con Brian no tenía por qué ser la de Nadine y él. Pero realmente, ¿Qué tanto bien le hacía seguir alimentando su esperanza si la rubia no parecía interesada románticamente en el joven?

-¿Vienes conmigo a la cocina por más cerezas?- le preguntó su sonriente novio, contagiándola un poco de su buen ánimo.

-Sí claro… me encantan las cerezas- tomó su mano sonrojada y se dijo a sí misma que igual que Brian había terminado por comprender y respetar sus sentimientos, si Nadine tenía una relación con el tal Michael, Sid también podría aceptarlo y sanar.

-A mí me encanta el pay de cerezas de la mamá de Gerald, ¿Lo has probado?- negando, la pelirroja prestó atención a su novio mientras le contaba la experiencia que había pasado en casa de los Johanssen la primera vez que fue invitado a una cena, y se permitió suspirar tranquila. Si Nadine y Sid estaban destinados como Harold y Rhonda o Gerald y Helga, entonces todas sus preocupaciones eran por nada, y si no lo estaban, entonces todas sus preocupaciones eran por nada… Sería mejor que de momento se enfocara en pasar todo el tiempo posible con Josh, no habían tocado el tema de las universidades, y quizás asistieran a una en diferentes ciudades, lo mejor era crear recuerdos juntos… ya cruzarían ese puente cuando llegaran a él.

La menor de las Pataki se había alejado un poco del bullicio de la fiesta, acercándose al punto en el que su apuesto novio se encontraba de pie, frente al romper de las olas en la arena, con los tenis colgando de un hombro y ambas manos en los bolsillos, la rubia sonrió malévola al pensar en jugarle alguna broma y con mucho cuidado empezó a acercarse al moreno, pero antes siquiera de llegar lo suficientemente cerca como para golpearle en la parte trasera de las rodillas para hacer que cayera a la arena, el chico se volteó en un fluido movimiento, la tomó de la cintura y se la echó al hombro que tenía libre, todo tan rápido que a Helga no le dio ni tiempo de decir nada.

-Ya llevaba un buen rato esperándote pelos de elote- le dijo burlón el moreno mientras la llevaba por la orilla del mar hacia una aglomeración rocosa.

-Maldición Gerald, ¿Esta va a ser tu nueva forma de saludarme?- le increpó molesta, pero sobre todo sonrojada al recordar lo que había ocurrido cuando el chico la llevó detrás de las gradas esa misma mañana.

-Podría acostumbrarme- respondió rápidamente, pero Helga fue capaz de percibir su sonrisa en su tono de voz, el maldito se burlaba de su situación.

-¡Óyeme! No soy ninguna muñeca para que me mangonees como a ti se te antoje- empezó a pegarle y a patalear, pero lo único que obtuvo fue una risa gutural del chico que le erizó la piel.

-Sólo quiero darte una sorpresa… era esto o vendarte los ojos, pero conociéndote, eso lo verías muy cursi y sinceramente disfruto más esto- le dijo pagado de sí mismo. En los segundos siguientes, la bajó y giró, dejándole ver una manta blanca sobre la arena, rodeada de velas encendidas enterradas en la playa y un cesto con una botella de vino a lado –Sorpresa- le susurró al oído, divertido de presenciar el shock que aquello había originado en su novia.

-¿Tú hiciste esto?- le preguntó sin verlo, absorta todavía en la escena frente a ella, las rocas les daban privacidad de la fiesta, pero no les obstruían la vista del mar o del cielo estrellado.

-Así es, mi bella Helga- le respondió sonriendo de lado, satisfecho consigo mismo por haber conseguido aquel tenue rojo en las mejillas de su novia y ese brillo febril que sólo la euforia puede pintar en los ojos de una persona.

-¿Lo hiciste para… mí?- preguntó dudosa, finalmente despegando sus ojos de lo que parecía un romántico picnic playero y dirigiendo su mirada a su novio.

-No- respondió muy seguro, provocando un ligero shock en la rubia y antes de que la chica pudiera reaccionar, y posiblemente acabar con él, añadió –Lo hice para nosotros- la abrazó con cuidado de no provocarla, no quería que la noche terminara en una visita al hospital por jugar demasiado con la paciencia de la Pataki.

-Maldición Geraldo, me haces muy difícil enojarme contigo- su voz amortiguada por el pecho de su novio, elevando lentamente sus propios brazos para devolverle el abrazo -¿Por qué hiciste algo tan…?- no encontró palabras que describieran lo que Gerald había hecho para ellos.

-… ¿Romántico?- ofreció el moreno, rogando porque esa palabra no le ganara un golpe de Betsy o de los 5 vengadores, pero en lugar de eso sólo sintió a su novia mover la cabeza de forma afirmativa mientras apretaba el abrazo que mantenían.

-Asegúrate que no se te suba a la cabeza- le advirtió burlona.

-Lo intentaré- respondió con una sonrisa de lado, y separándose para mirar el rostro de la rubia, agregó –Sólo quería demostrarte lo importante que eres para mí- con una ligera caricia colocó un mechón de cabello detrás del oído de la chica –Hoy no ha sido un día fácil… y yo sé lo que Arnold significa para ti- empezó a decir, pero la rubia lo interrumpió.

-Gerald… amor… no quiero hablar de él- le pidió dando un paso para atrás.

-G… yo entiendo… pero… pero esto te lo tengo que decir- dando un paso al frente, volvió a tomar a la rubia del rostro, obligándola a despegar la mirada de la arena y centrarla en sus propios ojos –Amor… yo sé lo que él significa para ti, pero no quiero que olvides que pase lo que pase, soy tu mejor amigo, y puedes confiar siempre en que sólo quiero tu felicidad, si es conmigo o con alguien más… claro que me encantaría que fuera conmigo- agregó al final provocando una ligera risa en la rubia -… pero no importa, mientras siempre tengas esa hermosa sonrisa, me doy por bien servido- Helga volvió a reír –sólo quiero que nos demos la oportunidad que merecemos de averiguar si…- la intensidad en su mirada atrapó toda la atención de la rubia en el momento -… tú…- se fue acercando al rostro de la chica - y yo- la cercanía del moreno le produjo escalofríos a Helga. Suspiró deleitándose en todas las sensaciones agradables que le producía sentir la respiración de su novio a milímetros de ella –somos la felicidad del otro- y entonces Gerald terminó por cerrar la distancia que los separaba y la besó con suavidad, hasta que Helga soltó un leve suspiro, entreabriendo los labios y provocando en Gerald un arranque de osadía que lo llevó a cambiar la naturaleza tierna del beso, por una más vehemente.

Helga sentía que se derretía entre los brazos del moreno. No podía pensar en otra cosa que en la suavidad y el calor de sus labios y manos acariciándola, se sentía envuelta en un torbellino, en su mente no había claridad porque la obnubilaba algo que estallaba en su pecho, y el extraño hormigueo que le recorría el cuerpo.

Al separarse para tomar aire, el moreno recargó su frente contra la de la rubia, ambos ardiendo por el momento que acababan de compartir, ambos sintiendo las piernas débiles, pero poderosos en el sentimiento febril con el que el beso los había llenado.

Gerald la miró sonriendo complacido, orgulloso de ser quien provocaba esas reacciones en el cuerpo de su novia, pero sobre todo, aquel delicado sonrojo en su rostro que sólo realzaba la belleza natural de la rubia, una belleza que siempre había estado presente, pero que al moreno le había costado algunos años ver, se sentía como alguien que descubre lo que eran los colores, aunque siempre los pudo ver no los disfrutó hasta que fue capaz de sentirlos…

-Gerald...-suspiró, sonriendo con ternura en su mirada –esa oportunidad que me pides es la que nos estamos dando, el regreso de…- la rubia se detuvo dándose cuenta que el nombre de su amor infantil se le atoraba en la garganta, asfixiándola, dándose cuenta que no podría pronunciarlo carraspeó y cambió lo que iba a decir –lo que pasó hoy… no cambia nada, te lo aseguro- volvió a besarlo, esta vez dulce y corto –Vamos a disfrutar lo que preparaste- le sonrió y recibió lo mismo en respuesta, el moreno tomó su mano y la haló a la manta blanca que había sobre la arena rodeada de velas.

-Está bien, pero te advierto que cuando veas lo que hay en el cesto vas a enloquecer- ambos se sentaron sonrientes, dispuestos a disfrutar de ese tiempo juntos.

Rhonda reía en la pista de baile, mientras Harold hacía sus pasos de baile estelares y luego la tomaba de la mano y le daba un par de vueltas… la fiesta estaba en su apogeo, había conseguido que Michael sacara a bailar a Nadine, ambos estaban a un par de metros y parecían divertirse casi tanto como ella, Lila y Josh estaban por el bar, seguramente descansando un poco después de andar de arriba para abajo bailando, al dar otra vuelta pudo ubicar a Brian, Eugene y Alex platicando en la mesa de alimentos…

Justo en ese momento alguien más se cruzó en su campo de visión, eran Miranda y Chloe platicando con los chicos del equipo de futbol, ambas parecían polos opuestos y Rhonda siempre se preguntó cómo habían hecho para hacerse amigas si no parecían tener nada en común, una morena y la otra rubia, una arisca y la otra amable hasta el cansancio, una coqueta y la otra penosa… parecían agua y aceite y aun así, las dos eran inseparables y parecían divertirse juntas.

-¿Qué miras Rhonda?- preguntó Harold mientras la tomaba y giraba al ritmo de la música. La pelinegra se abrazó a su novio y estuvo a punto de compartir con él la intriga que la amistad entre esas dos le provocaba, cuando alguien la tomó del hombro y la haló, haciéndola alejarse de su novio para encontrarse de cara a Patty que con sólo su mirada demandaba una explicación…

-¡Así los quería encontrar!- exclamó indignada la castaña, sacudiendo por el brazo a la pelinegra como si no pesara más que una muñeca de trapo.

-¡Patty, suéltala!- le exigió Harold a la nombrada, enfureciéndola aún más.

-¡No!... No puedo creer que defiendas a esta… esta…- mientras encontraba un insulto que satisficiera sus deseos de herir el ego de Rhonda, la cocapitana de las animadoras se soltó del agarre que mantenían sobre ella.

-¡Ya basta Patty!- la increpó la unigénita Lloyd con una mirada asesina clavada en su agresora –Estoy harta de tus desplantes… y mira que para que yo me haya fastidiado siendo la niña más mimada de Hillwood, ya es decir demasiado- la pelinegra se abrazó a un costado de su novio, plenamente consciente de que esa acción enloquecería a su interlocutora.

-¡Suéltalo!- la castaña se lanzó contra ella con toda la intención de agredirla escrita en su rostro, pero alguien la detuvo por detrás de la chica.

-Patty… calma… no vale la pena buscarnos un problema así- para ese momento, el elevado tono de la discusión había atraído miradas curiosas, Nadine había dejado de bailar con Michael para clavar su mirada en la escena. Alex, Eugene y Brian se habían acercado a la pista al notar la conmoción, para enterarse de lo que estaba sucediendo, seguidos de cerca por Lila y Josh que al toparse con la escena de Harold cubriendo con su cuerpo a Rhonda de forma protectora, Patty blandiendo sus puños amenazadoramente en el aire y Arnold Shortman aferrado a su cintura para detenerla de sus intenciones, ambos exclamaron con sorpresa simultáneamente los nombres de los hostigadores de sus amigos, atrayendo aún más la atención hacia la trifulca.

-Lila, dile a Arnold que me suelte- increpaba Patty, jaloneándose del agarre que mantenía el rubio para intentar liberarse.

-No lo haré hasta que te calmes- le aseguró a su amiga, que manoteaba intentando que la soltaran.

-Suficiente Patty- Exclamó una femenina voz de entre la multitud que apartándose le abrió camino a la imagen de Phoebe Heyerdahl, dejando al resto de la pandilla atónitos ante su presencia en casa de Sid.

-En serio que eres una mosca muerta- la recibió Rhonda quien fue la primera en reaccionar y salir de su estupor -¿En serio fuiste capaz de presentarte en casa de Sid sin invitación sólo para…- ante la mirada de advertencia que le dio la oriental, Rhonda se mordió la lengua y cambió el final de su pregunta -… para traer a Patty y molestarnos a Harold y a mí?- su novio la miró con una ceja alzada, algo le decía que esas no eran las palabras que estuvieron a punto de salir de los labios de su novia.

-Pues sí… Patty se merece tanto como Arnold y como yo asistir a una fiesta organizada por la pandilla… ¿O ya se te olvidó que todos somos amigos… Rhonda, querida?- el sarcasmo en la voz de la pequeña Heyerdahl fue tan notorio que hasta Eugene y Brian compartieron una mirada sorprendida de la actitud bélica de la joven.

-Claro que no se me olvidó… Aunque a ustedes tres…- Rhonda dejó el final de esa oración en el aire y Nadine aprovechó para intervenir antes de que los reclamos escalaran y la preparatoria entera se enterara del drama que acababa de llegar a la ciudad.

-…A ustedes tres no los hemos visto en mucho tiempo… no pueden culparnos por estar sorprendidos… pero venga, que aquí hay comida y bebida de sobra y la casa de Sid es enorme, por supuesto que hay espacio para ustedes también, ¿Cierto Harold?- la rubia se giró al novio de su mejor amiga buscando su apoyo, quien solo tragó grueso al ver la súplica en los ojos de Nadine, entendiendo que esa noche sería la pera de boxeo de su delicada y elegante novia.

-Claro Nadine, estás en lo correcto como siempre, amor, ¿Te gustaría ir por un par de cócteles? Vamos, luego daremos un paseo romántico por la playa- comenzó a decir mientras abrazándola de la cintura, Harold alejaba a Rhonda de la vista de Patty que les lanzaba dagas con los ojos a ambos mientras se alejaban.

-Por lo menos una de ustedes nos recibe decentemente- exclamó Patty, sin dejar de mirar el punto por el cual se retiró la pareja, y viendo que ahí ya no habría ninguna pelea entre la presidenta del consejo estudiantil y la chica anónima que nadie conocía en la preparatoria, los demás espectadores regresaron a su propio mundo, excepto claro, la pandilla.

-¡Phoebe! ¿Qué haces aquí?- exclamó sorprendido de verla Eugene.

-Quería pasarla bien antes de iniciar mi último año de preparatoria, es el más importante Eugene- le respondió con una dulce sonrisa la aludida.

-Aaaah… Creo que él se refiere… aaah… a qué haces en Hillwood- aclaró Brian, a quien Phoebe reconoció únicamente por su respiración graciosa.

-¡¿Brainy?!- ahora quien se encontraba sorprendida era al oriental que miraba al castaño como si fuera una criatura de otro mundo –Cielos, no te había reconocido… te has puesto bastante guapo- le pellizcó juguetonamente la mejilla al decirlo haciendo enrojecer al chico de lentes y enojando peligrosamente a la castaña a su lado.

-Sí, sí… muy guapo… ¿Tú quién eres?- le increpó Alex, adelantándose para interponerse entre Brian y Phoebe, quien la miró arqueando una ceja, examinándola de pies a cabeza.

-Yo debería hacerte la misma pregunta- respondió la oriental que aunque era varios centímetros más baja que la joven Parks, no se intimidó ante el arranque de celos de la chica.

-Ella es Alex Parks… una de las mejores amigas de Helga, muy buena amiga de todos nosotros en realidad- quien aclaró la duda había sido Nadine, con el ceño fruncido, esperando que al mencionar a la rubia obtuviera alguna reacción de la oriental, quien ni siquiera parpadeó.

-¿Debería estar impresionada?- respondió con sarcasmo.

-¿Phoebe, por qué actúas tan extraño?- intervino Lila, quien estaba confundida por la actitud de su amiga de la infancia.

-Espera… ¿Phoebe? ¿Cómo en Phoebe y Gerald?- preguntó Josh, bastante sorprendido de escuchar a su novia llamar a la chica frente a ellos con el mismo nombre de la novia de secundaria de su mejor amigo Johanssen.

-Phoebe, yo creo que es hora de ir por algo para refrescarnos, Patty sigue muy alterada- Arnold intervino al ver que el rubio, que tan mala espina le daba, sabía quién era su amiga.

-Tienes razón Arnold… nos veremos después- la joven se alejó de la pandilla hacia la mesa de bocadillos seguida de cerca por su par de cómplices, dejando atrás a un grupo bastante impactado: Brian, Eugene, Alex, Lila, Josh y Nadine.

-Oye Roberts- se giró la morena con una determinación en los ojos que apabullaría a cualquiera -¿Acaso dijiste Phoebe y Gerald?- con los brazos en su cintura y la mirada afilada, el rubio sólo pudo intentar pasar saliva mientras sentía que no podía respirar libremente.

-Bueno Alex… es que esa era la ex novia de Gerald- le aclaró Eugene intentando ahorrarle al chico el interrogatorio, que a leguas se veía alterado por la reacción de la morena.

-¡¿Qué, QUÉ?!- gritó Parks.

-Lo que oyes Alex, Phoebe y Gerald fueron novios durante 4 años antes de que entráramos a la preparatoria- complementó Nadine.

-Eso no puede ser cierto- murmuró para sí misma la morena, pensando en la reacción que tendría Helga en cuanto se enterase de quién se había presentado en la casa de Sid.

-Es que sí es cierto… y para colmo… ¿Vieron su actitud?... para mí que vino a buscar problemas- expresó en voz alta sus pensamientos el pelirrojo.

-Pero creí que Phoebe y Helga eran muy buenas amigas, quiero decir, las veía juntas en todos los partidos que jugué contra Johanssen en la secundaria- intervino el rubio, haciendo que su novia suspirara.

-Eso parece que fue en otra vida… han pasado tantas cosas desde que Phoebe se mudó a Nueva York- las miradas de los presentes se ensombrecieron ante los recuerdos que trajeron a ellos las palabras de la sureña.

-Aaaah… ¿Qué va a pasar con ese par?- todos giraron a ver a Brian que miraba un punto en la lejanía con una expresión seria en el rostro que preocupó a todos.

-De momento, no hay que permitir que esos tres se metan con nuestros amigos, ya mañana en la escuela veremos qué más hacer- sugirió Nadine –La de las buenas ideas es Rhonda- los demás asintieron, era cierto, las mejores labrando planes y conspirando del grupo eran Rhonda y precisamente Helga.

-Esperemos que haya algo que podamos hacer- dijo Josh pensativo... por lo que Lila le había alcanzado a explicar, ese rubio bronceado que se presentó en el almuerzo era una persona importante para Geraldine… importante, pero tabú por alguna razón… Lila le dijo también que había sido el mejor amigo de Gerald en la infancia, así que podía hacerse una buena idea de dónde venía tanta animosidad entre ellos, seguramente el rubio de cabeza rara al ver lo cambiada que estaba Helga, bueno, cualquiera con dos ojos podría decir lo hermosa que era Geraldine, incluso él que tenía a Lila a su lado y que respetaba inmensamente a su mejor amigo Johanssen, siempre pensó que Helga era muy bella.

-Tranquilo, lo habrá- exclamó con seriedad Brian.

Las risas cubrían la noche en aquel punto alejado de la fiesta, en la playa entre las rocas donde dos jóvenes se encontraban recostados uno sobre otro, mientras le hacía cosquillas en las costillas de su novia y le arrancaba ese melodioso sonido que tanta atracción le provocaba…

-¡Geraldo, para!- alcanzó a decir entre carcajadas la rubia que con sus cabellos regados alrededor de su rostro, sobre la manta en la arena, se veía como un halo que la rodeaba y le daba una apariencia encantadora.

-No lo haré, hasta que admitas que te encantó lo que te preparé- habían terminado de cenar la pasta que el moreno cocinó con ayuda de su mamá y compartieron un tiramisú en copa que se había tardado horas en perfeccionar, para que la orgullosa de su novia hubiese dicho que no había estado "tan mal".

-Sí, está bien… está bien- en ese momento Gerald detuvo su ataque de cosquillas, dejando casualmente sus manos sobre las costillas de la chica, aunque esa acción no tenía nada de casual y era un acto premeditado del moreno que se regocijaba en acariciar la piel que dejaba al descubierto la prenda que su novia lucía esa noche –estuvo delicioso y me encantó lo que preparaste para mí… zopenco- recuperando la respiración, la rubia le enseñó su lengua de forma juguetona después de añadir la última palabra, haciendo al moreno reír con ese tono grave y peligroso que aceleraba el pulso de la rubia a un ritmo que le quitaba la respiración.

-¿Siempre tienes que salirte con la tuya?- le preguntó, para enseguida depositar un casto beso en la punta de la nariz de la joven debajo de él, que con ese simple gesto se estremeció por completo, arrancando una sonrisa de triunfo del Johanssen para quien no había pasado desapercibido la reacción que había conseguido en ella con ese simple beso.

-¿Apenas te das cuenta?- le regresó la pregunta, elevando la barbilla en forma retadora, intentando disimular lo ansiosa que se sentía en su interior por tener hasta el más pequeño de los roces con la piel del moreno.

-Digamos que no soy el chico listo que esperabas… pero ya soy apuesto y no puedes tenerlo todo en este mundo- le respondió con una sonrisa ladeada haciendo reír de nuevo a la rubia, deleitándose de nuevo en ese sonido.

-¿No puedo tenerlo todo?- le preguntó con una ceja arqueada y una sonrisa temeraria.

-No- respondió escuetamente, sintiendo un calor como el infierno despertar en su interior ante la repentina cercanía que su novia había provocado entre ambos.

-¿Entonces por qué se siente así cuando te beso?- y sin permitir que el moreno procesara aquella pregunta, terminó por unir sus labios en un vaivén apasionado, en el que lo invitó a perderse, y él, gustoso aceptó, devolviendo aquel beso con ímpetu, intentando abarcar la mayor porción de su piel que pudiera, recorriendo sus costados hasta llegar a sus rodillas y volver a subir, llevándose esta vez consigo el final del vestido, que poco a poco perdía terreno y dejaba al descubierto la suave y tibia piel de la rubia que sólo podía retorcerse de placer ante las atenciones que le dedicaba su novio, con aquella misma pasión con la que ella besaba ahora su cuello.

-Helga…- exclamó con una voz que no reconocía como propia, haciendo que la rubia se arqueara y buscara en él algo más… algo que ninguno de los dos entendía qué era, pero que ambos se morían por obtener.

-Gerald… tengo mucho calor- susurró en su oído antes de morderlo con delicadeza, mandando una descarga por todo el cuerpo del moreno que despertaba y buscaba el cuerpo de la rubia para complementarse –Gerald- volvió a suspirar la rubia, haciendo que algo se desatara impetuosamente dentro del joven Johanssen, que tomó los labios de Helga una vez más, reclamándolos como suyos, conquistándolos, dándoles batalla, pero ganando la guerra por el corazón de su dueña… fue entonces que la rubia lo sintió y abrió los ojos como platos -¡Gerald!- exclamó terminando el beso y sentándose, obligando a hacer lo mismo al moreno.

-¿Qué… qué pasó?- desorientado por haber cortado abruptamente un momento tan íntimo, el moreno la miró parpadeando un par de veces, confundido.

-Bueno… es que… sentí…- al mirar a los ojos a su novio, enrojeció completamente, terminando de deducir qué era lo que había sentido. Ambos apartaron la mirada apenados por igual, el entendimiento llevándose consigo los rezagos de calor incandescente de su interior y enfriando sus cuerpos y mentes.

-Lo… lo siento, G. No era mi intención cuando te traje aquí que…- enrojeciendo aún más, el moreno espió un poco a su novia, que se cubría el rostro con sus manos –Por favor, no pienses que tenía segundas intenciones, sólo quería que supieras lo importante que eres para mí- lentamente, la rubia retiró sus manos de su rostro y se giró para enfrentar a su novio, que la miraba avergonzado.

-No… yo… yo sé que no es lo que… buscabas- Helga no podía hilar pensamientos coherentes en ese momento, por un lado quería cruzarle la cara al moreno por haber estado pensando en quién sabe qué cosas mientras se besaban para terminar como terminó… o no terminó… ante su propio pensamiento enrojeció nuevamente… pero por otro lado, se sentía la mujer más hermosa en el mundo, que alguien como Gerald Martin Johanssen reaccionara así por ella… la hacía sentirse halagada, pero no lo quería externar porque de seguro se le subiría a la cabeza a su novio.

-No. No lo buscaba… pero… la verdad- Gerald apartó la mirada intentando disimular su sonrojo –lo estaba disfrutando- con esa simple frase, algo dentro de Helga estalló en felicidad… era correspondida… ¿Así que así se sentía compartir ese tipo de sensaciones con tu novio? Que él esté en la misma página que tú, que él también disfrute y que él también lo busque…

-Gerald…- el moreno giró su rostro para verla y la chica lentamente estiró su brazo para posar tiernamente la palma de su mano izquierda en la mejilla del moreno - a mí también me gustó- una parte de ella le gritaba por zopenca, por estar diciendo cosas tan cheesy en ese momento tan tenso… pero no podía detenerse a sí misma y continuó hablando –y creo que sería muy feliz de continuar hasta que no hubiera retorno… pero- el brillo en los marrones ojos de Gerald, un brillo de cariño, deseo y algo más profundo que Helga no alcanzó a dilucidar, la obligó a continuar, quería ser sincera con él –no quiero que nuestro momento juntos… nuestra primera vez… sea…- temblando, sintió cómo Gerald recargaba su rostro en la palma que aún mantenía en su mejilla y le sonreía motivándola a seguir –no quiero que se vea opacada por nada… mucho menos por el regreso de…- las lágrimas se aglomeraron detrás de sus orbes muy a su pesar, haciendo esfuerzo por no dejarlas salir libres y que rodaran por sus mejillas, preocupada por eso no se percató que su novio las había visto y que era imposible ocultarlas.

-Helga- susurró Gerald mientras era ahora él quien posaba sus manos en las mejillas de su novia, y con el pulgar eliminaba aquella traicionera gota que se llegó a escapar de entre las largas pestañas rubias de la menor de las Pataki –no te preocupes por nada… yo no tengo prisa… me encanta estar contigo… no importa si es compartiendo una cena bajo las estrellas en una playa privada o en mi habitación discutiendo por quién se queda con la última rebanada de pizza mientras hacemos maratón de Nación Z- aquel comentario le arrancó una risa a la joven que se perdía en la ternura que exudaba por su mirada y por su voz el chico Johanssen –yo sólo quiero estar contigo- afirmó alzándose de hombros como si estuviera diciendo algo tan obvio como que el cielo era azul.

-A estas alturas pensé que ya te habrías aburrido de mí Johanssen- replicó burlona, sintiéndose más ligera al escucharle decir que no esperaba llevar su relación al siguiente paso en el plano físico.

-Y a estas alturas yo estaba seguro que me habrías dejado un par de ojos morados. Sobre todo por esta noche- guiñándole un ojo, se regocijó de nuevo en el sonrojo que sus palabras le provocaron a su novia.

-Eres la persona más arrogante que conozco- le dijo divertida -¿En verdad crees que ya te saliste con la tuya?- y antes de darle tiempo al moreno de revirar con una de sus famosas respuestas ingeniosas, Helga se puso de pie, halándolo con ella, y corrió hacia las olas, sin soltar la mano del moreno -Vamos a que el agua fría te baje un poco los humos de grandeza que tienes allá arriba- le dijo feliz llegando al punto donde el agua subía rápidamente por la arena cubriendo sus tobillos.

-¿Ah, sí? Pues ni creas que te quedaras seca- le replicó riendo mientras recibía las salpicadas que la rubia le mandaba con los pies, imitándola para después perseguirla a lo largo de la playa. Y al alcanzarla, la tomó en brazos y la llevó más profundo, hasta que el mar les rodeaba las rodillas. Helga reía animada, llevando alivio al corazón del moreno, que después de la conversación con Timberly se encontraba angustiado de que existiera la mínima posibilidad de perder a su rubia…

Después de un rato más jugando, la pareja regresó a la arena por sus cosas y decidieron reunirse con sus amigos, sobre todo al escuchar a lo lejos que la banda de Sid iniciaba su concierto. Corriendo, Gerald tras Helga, y envueltos en risas cómplices, los vio Brian, que sólo pudo sonreír… preocupado y aliviado a partes iguales, que sus mejores amigos estuvieran tan felices sólo podía significar que aún no se encontraban con el trío de inoportunos que merodeaban la fiesta de Sid… soltó un suspiro que no pudo contener, llamando la atención de Lila que estaba junto a él, la pandilla se había puesto en primera fila para escuchar a su amigo interpretar su cover de "Back in Black" de AC/DC

-¿Brian?- preguntó dulcemente la sureña, recordando de pronto el reclamo que Sid le había hecho respecto al castaño de anteojos.

-Aaah… Gerald y Helga ya vienen…- señaló en la dirección en la que la pareja llegaba, a unos metros de donde estaba el grupo de amigos, vio al moreno dejar un cesto de mimbre cerca de las bocinas y luego dirigir entre la multitud a la rubia, tomándola de la cintura y diciéndole algo al oído que la hizo reír, risueña.

-¿Estás preocupado por Arnold y Phoebe?- como respuesta el castaño la miró seriamente y asintió con la cabeza. Comprendió el suspiro que su amigo había dado segundos antes, sintió empatía por él… Helga era la mejor amiga de ambos, Brian llevaba adorándola prácticamente desde el jardín de niños, si ella estaba preocupada por la reacción de la rubia, era evidente que Brian iba a estarlo aún más.

-¡Qué hay viejo!- saludó al llegar Gerald, y el par que había estado intercambiando opiniones a través de sus miradas, fingió una enorme sonrisa para el moreno que se veía eufórico.

-¡Están tocando Highway to Hell!- justo cuando la rubia les dijo eso, escucharon el segundo acorde de la guitarra y la batería empezar a acompañarla, interpretando efectivamente otra canción de AC/DC que a Helga le gustaba, empezaron a saltar y cantar a todo pulmón, olvidando por unos momentos las preocupaciones que sentían por sus dos amigos.

Rhonda, Harold y Nadine pronto se acercaron a saludar al par y los abrazaron como si esa fuera la última vez que los verían, toda la pandilla comenzó a pasarla en grande con la tercera canción "Sweet Child of Mine" de Guns n' Roses y al terminarla, Sid, que era el vocalista y guitarrista principal se acercó al micrófono.

-¡Buenas noches HS 201!- en respuesta recibió el grito alocado de toda la población femenina presente, y los vítores masculinos de los chicos -a nombre de la banda "Los Frizzle Rocks", queremos agradecerles a todos por venir a escuchar nuestra música- la pandilla comenzó a aclamar a la banda a todo pulmón -Quiero invitar a unas chicas muy especiales para nosotros al escenario- aún más gritos histéricos se escucharon ante esto, mientras que los amigos de siempre de Sid se miraban entre ellos confundidos -después de todo, la siguiente canción, "cheerleader" se la dedicamos a ellas- Rhonda y Nadine saltaron emocionadas abrazándose y gritando cosas inteligibles a Helga que sólo les sonrió sin entender nada pero divertida por su reacción -Sin más preámbulos, Rhonda, Helga, Nadine, Lila, Miranda, Chloe, suban- terminó de decir Sid y no tuvo que añadir nada, ya que las aludidas se apresuraron a subir al escenario, completamente emocionadas, Helga le susurró algo a Rhonda y Lila que estaban a sus lados derecha e izquierda respectivamente, quienes a su vez le pasaron el mensaje a Nadine (junto a Rhonda) y a Miranda y Chloe (junto a Lila)

Cuando estaban en secundaria, Lila había sido animadora junto Rhonda y Nadine en el escuadrón de la PS 118, sólo que durante el primer año de preparatoria se dio cuenta que lo que realmente quería hacer era el teatro.

Así que, a Helga se le había ocurrido que podían hacer la rutina que Rhonda, Nadine y Lila presentaron en secundaria con la misma canción.

En cuanto inició el cover en versión punk de los Frizzle Rocks, las chicas iniciaron la rutina. Rhonda se la había enseñado al equipo actual.

Al terminar la canción, todos se habían vuelto locos, les pasaron unos tragos a la banda y a las chicas, Helga corrió hacia Gerald que le extendía un vaso lleno de vodka con jugo de arándanos que se tomó de un sorbo para no retrasarse que la siguiente canción comenzaba, los integrantes de la banda y Nadine tomaron un shot de Mezcal, Rhonda, Lila, Miranda y Chloe uno de Tequila, y al iniciar la siguiente canción, "Believer" de Imagine Dragons, las chicas comenzaron de nuevo a lucirse en el escenario, compartiendo reflectores con la talentosa banda.

Fue cerca del final de la tercera canción, después de otra ronda de los mismos tragos para los artistas, que Helga escuchó su nombre venir del público, en medio de su rutina de "Uptown Funk" de Bruno Mars, y entre la multitud de rostros, diferenció uno en primera fila que la heló en su posición, perdiendo la fluidez en los movimientos que sus amigas ejecutaban a la perfección.

-¿Arnold?- el rubio volvía a gritar su nombre y le hacía señas para que se acercara, y en el estupor que las bebidas le habían provocado a la rubia, no fue consciente completamente de lo que hacía al seguir las indicaciones del chico y acercarse al borde del escenario, sus amigas la miraron incrédulas, y Sid dejó de cantar al notar lo que pasaba, Arnold bajó del escenario a Helga cargada de la cintura y la posó con él en primera fila, desde la perspectiva de Sid, podía ver claramente cómo Gerald empujaba a los presentes para hacerse paso y llegar junto al par de rubios.

-¿Qué crees que haces ahí subida Helga?- el joven Shortman no daba crédito a lo que sus ojos presenciaron, una alcoholizada rubia bailando para entretenimiento del público con aquel sugerente y, gracias a las luces de la tarima, transparente vestido, subida en un escenario y haciendo piruetas que dejaban ver su ropa interior por momentos. Aquello lo enfermaba de celos.

-¿Arnold?- la mirada desenfocada de la rubia pareció retomar lucidez al intercambiar miradas con el susodicho, una sonrisa pequeña nació en su rostro, Arnold aún no la soltaba -¡Volviste de la jungla!- gritó divertida, rodeando el cuello del chico con sus brazos, sorprendiéndolo.

-Ya lo sabías Helga, nos vimos hace unas horas- le respondió extrañado, preocupándose cuando la escuchó reír perdida, aunque incapaz de hacer algo para que pudiera espabilarse, ya que se imaginaba que lo soltaría y probablemente le daría un buen recordatorio de aquellos días en primaria cuando era su atormentadora personal.

-¡Suéltala, viejo!- Llegó hasta ellos el moreno, la música en ese momento deteniéndose por completo y el silencio y expectación del público aumentando, la pareja del año estaba envuelta en una situación que prometía convertirse en la noticia del semestre.

-¡Geraldo!- exclamó con una voz risueña la rubia, soltando al chico cabeza de balón para abalanzarse sobre su novio y empezar a repartir besos por todo su rostro, haciéndolo reír un poco -¿Me viste bailar?- preguntó separando de él su rostro para mirarlo a los ojos, con los suyos bien abiertos y dilatados, asemejando un cachorro que pide algo.

-Creo que todos aquí te vieron… más de ti, de lo que a mi paz mental le gustaría- respondió el rubio, mirando furioso al moreno que los había interrumpido, y había provocado que Helga se alejara de él para recibir efusivamente a su novio… pensó con enojo la palabra.

-Con lo mucho que a Helga y a mí nos importa tu paz mental Shortman- le respondió el segundo hijo de los Johanssen, aferrando por la cintura a su novia, que recargaba su mejilla sobre su pecho, sintiéndose mareada por la discusión de la cual no entendía ni media palabra.

-No puedo creer que te hagas llamar su novio, ¿Ya la viste cómo está?- como si se hubieran puesto de acuerdo o lo hubieran ensayado algunas veces antes, en ese momento Helga soltó otra de sus risas ebrias aleatorias -Jamás estuvo así mientras yo estaba con ella- le reprochó mirándolo con lo que muchos dirían eran celos.

-Te fuiste a San Lorenzo cuando teníamos once años… ¿Esperabas que a esa edad ella consumiera vino o vodka en las fiestas?- le respondió Gerald alzando la voz, haciendo cosquillas a Helga con el movimiento que hacían sus costillas al hablar.

-Aunque quieras minimizar lo que yo era en la vida de Helga, ambos sabemos que soy capaz de cuidarla mucho mejor de lo que tú lo haces ahora- si no fuera porque Helga estaba completamente aferrada al cuello del moreno, en parte para poder estar en pie sin tambalearse porque todo seguía dándole vueltas… Gerald ya le habría soltado un gancho al maldito rubio que continuaba presionando en temas que, quisiera reconocerlo o no, a Gerald le dolían… por razones que el rubio ni alcanzaba a imaginarse -Para empezar yo no le permitiría que bebiera y se subiera a hacer el ridículo… ella no es así- le reclamó de nuevo, implacable, provocando una expresión de sorpresa en los espectadores, nadie le hablaba así al capitán del equipo de baloncesto… ¿Quién era ese chico?

-Yo no soy su dueño para prohibirle nada a Geraldine… ella es mayor de edad y una hermosa mujer independiente capaz de tomar sus propias decisiones- el moreno sentía hervir su sangre en sus venas, unos minutos más viendo la cara de su mejor amigo de la infancia y aquello terminaría en un baño sangriento.

-¡Deja de llamarla Geraldine!- gritó ofuscado Arnold.

-Geraldo- susurró la rubia, dándole a Gerald la distracción que necesitaba del rubio frente a él.

-¿Si, Amor?- dulcemente la tomó de las mejillas y la alejó un poco de su pecho, sin que ella llegara a soltarlo, para inspeccionar las condiciones en las que se encontraba su novia.

-Quiero ir al baño- lo dijo con una sonrisa, intentando borrar la preocupación que reinaba en el rostro de su novio, que la miraba como si fuera la única en aquella playa con él.

-Yo la acompaño- dijo Lila, adelantándose, Gerald ni siquiera había notado el momento en el que bajó del escenario, de hecho sobre la tarima sólo estaba el baterista de la banda de Sid, todos los demás se habían integrado a la multitud que los rodeaba presenciando la escena.

-Yo la puedo llevar- empezó a decir Gerald…

-Voy al baño solamente… no me tardo- lo cortó la rubia, sintiéndose de pronto muy consciente de su entorno y de su situación, prácticamente toda la escuela había presenciado a dos chicos pelearse por ella, uno de ellos su recién anunciado novio, enrojeció hasta las raíces de su cabello y apresurándose a donde se encontraba Lila, ambas se abrieron paso entre la multitud rumbo a la casa de Sid.

-¡Helga!- Arnold se apresuró a seguirla, deseoso de hablar con ella a solas, lejos de Gerald y antes de que el moreno pudiera impedírselo, alguien llamando el nombre del capitán de baloncesto lo detuvo congelado en su lugar, como estatua de mármol.

-¡Gerald!- aquella femenina y delicada voz el moreno la conocía perfectamente como para confundirla… al girarse y comprobar que la dueña estaba efectivamente en la misma playa que él, en lugar de en algún barrio de Nueva York estudiando, hizo que su corazón diera un vuelco y la incredulidad llenara todos sus sentidos… sobre todo que nublara su sentido común.

-¡Phoebe!- exclamó sorprendido, y mientras la Heyerdahl le sonreía dulcemente, la pandilla se miraba entre sí como si los jinetes del apocalipsis hubieran llegado a Hillwood… que el moreno respondiera a esa sonrisa y que emocionado se acercó a abrazar a la joven no ayudaba para nada a los pesimistas pensamientos de la pandilla sobre el futuro que les esperaba a Helga y Gerald...

Después de un rato en el baño, Helga por fin salía al descanso donde se encontraba el lavamanos y Lila, esperándola.

-Cielos Helga, ¿Todo bien?- preocupada la sureña le preguntó en cuanto la vio salir.

-Sí… Criminal Lila, sólo me maree por dar tantas volteretas y saltos durante las rutinas… sólo necesitaba calmarme y refrescarme- la rubia rodó sus ojos y se acercó a la llave de agua para abrirla y echar un poco en su cara.

-Bebe esto- Lila le pasó un vaso con agua helada, que ayudó a refrescarse a la rubia en cuanto se lo terminó -¿Mejor?- la pequeña Sawyer se sentía muy ofuscada de recordar la pelea que había tenido lugar en la playa.

-Sí Lila, gracias. No debí beber vodka si ya había estado bebiendo vino, estoy bien en serio… por favor ya no me preguntes, que recuerdo lo que pasó allá y siento que me vuelvo avestruz y sólo quiero enterrar mi cabeza hasta que sea fin de semana y no tenga que ver a todos los que presenciaron ese… ese... - al no encontrar una palabra para describir lo que sucedió, sólo soltó un gruñido molesto.

-Lo sé. Gerald no debió seguirle el juego a Arnold- Lila negó con la cabeza decepcionada.

-Bueno, pero ese camarón con pelos no debió haberle hablado así- la pelirroja asintió de acuerdo -¡Ash! Es que ese maldito cabeza de balón va a volverme loca, lleva en Hillwood menos de un día y ya tengo migraña por su culpa… ¿Qué no puede dejarme en paz? Primero me insulta por ser porrista y ahora se pone a discutir con mi novio como si fuera mi hermano mayor o mi papá- empezó a despotricar la rubia, sin darse cuenta que Arnold llegaba hasta donde ellas y lo escuchaba todo.

-Bueno Helga, tienes que admitir que Arnold sólo estaba preocupado por ti… Sé que su comportamiento no fue el de un caballero pero… - Lila se cortó a media oración al ver al rubio.

-¡Ah no! Eso sí que no Señorita Perfección, ¿Ahora me dirás que vas a defender a ese buscapleitos? ¿Qué eres? La abogada de las causas perdidas- antes de que la menor de las Pataki pudiera continuar, el chico la interrumpió, haciendo notar su presencia.

-¿Estás bien Helga?- preguntó, sintiéndose fuera de lugar. Escuchar cómo se sentía Helga respecto a su comportamiento lo había hecho avergonzarse de su conducta, era consciente que aquel no había sido su mejor momento, pero en su defensa lo habían cegado los celos al verla tan libre… y saber que él no era el único en presenciar ese fenómeno de la naturaleza.

-A-Arnold- sorprendida, la rubia enrojeció al verlo frente a ella… sin el estupor que la bebida y la euforia le habían provocado, ahora podía apreciarlo con mayor detenimiento… el joven de la mañana le había parecido un príncipe azul… ahora tenía el aspecto rebelde que lo volvía arrebatador para quien volteara a verlo y prestara atención.

-¿Crees que podamos hablar, Helga?- el chico intentó acercarse pero al percibir cómo su interlocutora retrocedía imperceptiblemente, se quedó en su lugar, con los puños apretados intentando contener su necesidad de tocarla… de abrazarla… de besarla…

-No creo que sea buen momento Arnold- comentó la pelirroja tímidamente… no quería ni imaginarse lo que su mejor amiga debía estar sintiendo en aquel momento, ni siquiera podría aunque lo intentara… a diferencia de la rubia, ella no contaba con esa fortaleza interna que hacía que la chica se pusiera de pie pese a todas las veces que la vida la había tirado y golpeado, sin importar lo duros y fuertes que esos golpes habían sido…

-Sólo quiero hablar… es todo- el rubio miró a la pelirroja con algo parecido a la súplica en su mirada, cosa que no pasó desapercibida por Helga… quien no pudo evitar que su coraza se derritiera ante la ternura que sintió de verlo tan angustiado por tener esa conversación con ella.

-Está bien Lila- respondió por fin, después de lo que le pareció una eternidad sin emitir palabra.

-¿Segura?- confirmó con ella Lila, y al recibir un asentimiento, la sureña decidió retirarse y darles su espacio, estaba segura que Rhonda y Nadine le gritarían por hacer eso… le parecía extraño que el rubio las hubiera seguido y Brian no… normalmente el chico no habría dejado a Helga sola en una situación así… de momento, no quería ver a la pandilla para que la interrogaran y luego simplemente le reprocharan su decisión de dejar a los rubios solos… ¿Gerald lo vería como una traición hacia él? Tomando un camino sin rumbo que la llevó a la terraza de la recámara principal, prefirió quedarse ahí a disfrutar su soledad un poco más, ya se imaginaba lo que le esperaba cuando les dijera que Arnold había obtenido lo que quería…

-Bueno… ya estamos solos como querías- le dijo con una sonrisa Gerald a Phoebe una vez se encontraban en la cocina, alejados de la algarabía que la discusión entre él y Arnold había causado para, como Phoebe había sugerido, ponerse al día.

-Sí… la nueva casa de Sid realmente es grande- apreció la oriental, mientras caminaba alrededor de la mesa de preparación al centro de la enorme cocina.

-Lo es- el moreno se encogió de hombros, llevaba dos años yendo a esa casa, a él ya no le parecía interesante.

-¿Sólo dirás eso?- preguntó burlona la pelinegra.

-¿Qué más quieres que diga? La casa es grande- respondió sonriendo de lado.

-Premio a la elocuencia de la generación 23 de la preparatoria 201, Gerald Martin Johanssen Señoras y Señores- se burló un poco más mientras se acercaba a él, tomando confianza al notar la atmósfera de familiaridad que los envolvía. La oriental cerró los ojos con deleite al escuchar la carcajada de Gerald, sintiendo de pronto que era remontada por los recuerdos de un pasado feliz a su lado.

-¿Me dirás qué haces aquí?- preguntó el joven, alejándose imperceptiblemente de ella y rompiendo la burbuja de ilusión en la que se había sumido. Al abrir los ojos, pudo ver que la mirada que le dedicaba Gerald, estaba llena de alegría… pero nada más… lo que en antaño habría sido un brillo de admiración y cariño inmensurables, hoy era sólo alegría sin más.

-Decidí estudiar mi último año de preparatoria en Hillwood- soltó la bomba, esperando que aquello le diera una reacción del moreno que avivara sus frágiles esperanzas, aferrada a aquel dicho que tantas veces escuchó, donde hubo fuego cenizas quedan.

-¿Y bien? Ya se fue Lila, no te quedes ahí congelado y mudo… das miedo- la rubia se cruzó de brazos mostrándose hosca, era su medida de defensa contra los sentimientos que la presencia del rubio le provocaba a flor de piel.

-Sí, sí… lo siento- Arnold parpadeó. A pesar de haber seguido a la rubia y de haberle insistido para conversar, después de escucharla hablar con Lila, una disculpa le parecía un gesto muy insignificante para compensar lo que había pasado, si lo veía objetivamente, había puesto en una incómoda situación a su amiga ante casi toda la preparatoria (al menos 2do y 3er año).

-Sí, Sí… lo siento- lo imitó Helga haciendo caras graciosas.

-No tienes que ser cruel- el rubio se estaba molestando de nuevo, a pesar de sentirse apenado por su comportamiento, Helga parecía decidida a mantenerlo del otro lado de los muros de su corazón, justo como cuando eran unos infantes y ni siquiera se hablaban… le costó tanto… tantos años para poder ganarse la confianza de la rubia y derrumbar esas barreras que ella se imponía para apartarse del resto, para ser parte de su vida, y ahora, como si todo lo que habían pasado juntos no tuviera ningún valor para ella, de nuevo estaba afuera, como un extraño, como si fuera cualquiera -Creí que habías madurado- le espetó, sintiendo la rabia subir por su garganta con un sabor amargo -Todos decían que ahora eras diferente- recordó el encuentro de esa tarde en la cafetería de la escuela, cómo ella no había sido capaz de decirle a la cara que ahora era la novia de Gerald -Pero sigues siendo la misma cobarde de siempre- al terminar la oración se dio cuenta que decir esas palabras en voz alta había sido un error, al alzar la mirada pudo ver claramente en Helga esa postura de apatía que tan bien había interpretado en sus años de primaria en su presencia y que lo había engañado tantos años, pero había una diferencia en sus ojos, los ojos azules de Helga, sin importar la postura que su dueña adoptara, siempre estaban llenos de vida, de sentimientos, de palabras contenidas, de poesía… y ahora… la vacuidad en ellos oscurecía el cristalino color dos tonos por lo menos.

-¿No dirás nada?- le preguntó Phoebe, mirándolo esperanzada, el chico llevaba unos segundos que le parecieron eternos en silencio, sólo mirándola… casi midiéndola.

-¿Tienes algo que ver con que Arnold esté en Hillwood?- preguntó directamente el moreno, frunciendo el ceño pensativo, la idea le había cruzado en el momento en que recibió la noticia y no había tenido tiempo de contemplarla antes de preguntar, sin embargo el Señor Harrington siempre decía que había que confiar en sus instintos.

-¿De...De qué hablas?- abatida por la repentina pregunta que ciertamente la tomó desprevenida, Phoebe retrocedió un par de pasos y dejó entrever por un par de segundos el temor que sintió de que Gerald adivinara sus verdaderas intenciones, aunque se recompuso lo más rápido que pudo -Yo no sabía de Arnold desde quinto grado. Tú lo sabes Gerald. Es sólo que en mi regreso intenté buscar a Helga en su casa pero no estaba y fui con mi única amiga además de ella, Patty- el moreno tuvo una reacción extraña al escuchar a la oriental relatar su coartada para despistarlo, una reacción que no pasó desapercibida para la pequeña Heyerdahl, un brillo en sus ojos como fuego líquido ante la mención del nombre de la menor de las Pataki -Fue Patty quien me dijo de esta fiesta y al llegar nos encontramos con Arnold en la entrada… Creí que te verías más feliz de tenerlo de regreso en Hillwood- Gerald apartó la mirada molesto, volviendo sus manos puños que colgaban lánguidos a sus costados un segundo, para mostrar una gran frustración al siguiente -De hecho, creí que te verías más feliz de tenerme de regreso en Hillwood- haciendo su mejor voz de damisela herida, Phoebe dejó escapar una lágrima que fue lo primero que vio el moreno al girarse a ella de nuevo…

-Estás siendo irracional Helga- se quejó Arnold, siguiéndola por el corredor que aparentemente llevaba a la terraza. Después de llamarla cobarde, le siguieron unos momentos de silencio, la rubia tan sólo lo había mirado con desdén y sin mediar palabra había pasado de él para encaminarse por aquel pasillo que parecía interminable.

-¡¿Yo estoy siendo irracional, Shortman?!- la rubia se detuvo abruptamente, haciendo que el chico se estrellara con ella -¡Tú eres el único maldito irracional aquí!- le espetó girándose y clavando su dedo índice derecho en el pecho de un sorprendido rubio. Apenas se daban cuenta que sin los zapatos de Helga, Arnold le sacaba unos cinco centímetros de altura -¿Quién te has creído para hablarme de esa forma?- continuó la chica sin poder frenarse, aunque su mente le aullara que parara y continuara su camino, ignorándolo -¿Quién te has creído para juzgarme de esa forma?- pero si era sincera consigo misma, ignorar a Arnold era algo que jamás podría hacer con éxito.

-Lo único que quería era hacerte entender…- intentó explicar el rubio, provocando la ira de la chica, que comenzó a golpearlo en el pecho y a empujarlo.

-¿Qué querías que entendiera? ¿Qué?... ¿Qué volviste?... ¿que eres el mismo, que esperas que yo sea la misma, que esperas que todos seamos los mismos?- drenada emocionalmente, la chica cesó sus ataques al joven y alzó su rostro para mirarlo directamente a los ojos -al ver tu actitud lo único que me hiciste entender es que tú no entiendes nada- intentó darse media vuelta y largarse del sitio antes de que estallaran las lágrimas que a duras penas contenía, cuando sintió un par de brazos envolverla y jalarla al pecho del rubio que hundió su rostro en su cabello.

-...hacerte entender que aún me importas- susurró desesperado… desesperado por alcanzarla, por llegar a ella antes de que se desvaneciera, antes de perderla una vez más… aunque a cada respiración entendía que eso ya había sucedido, y aferrado al cuerpo tembloroso de la rubia fue él quien terminó entendiendo que la razón de la reacción tan dolorosa de Helga era que él también seguía importándole a ella y eso debía estar matándola de culpa.

-Perdón Phoebe- él mismo no sabía de qué se disculpaba exactamente, ¿Era por no haber mostrado el entusiasmo que ella esperaba? ... ¿O era por haberla acusado de tener que ver con el regreso del rubio? ... ¿O era porque ya no estaba seguro de lo que sentía por la oriental? ... ¿O quizás porque Helga y él…?

-Está bien… sé que nuestra relación no terminó de la mejor manera y que no mantuve el contacto- la pelinegra secó la lágrima que había dejado escapar y miró dolida hacia la entrada de la cocina, rememorando la última conversación que tuvieron antes de su partida.

-Eso no fue tu culpa- Gerald se acercó a la chica y colocó una mano sobre su hombro, intentando reconfortarla.

-¿De quién fue entonces?- respondió ácidamente, sintiendo las lágrimas aglomerarse en sus pupilas, incapaz de mirar directamente al moreno sin soltarse a llorar.

-Fue mía, Phoebe. Sólo mía- sin poder contenerse al verla al borde del llanto, el moreno la tomó en brazos abrazándola fuertemente, deseando tener el poder de borrar todos esos amargos recuerdos que la oriental tenía de él. Había sido demasiado idiota.

-¡Suéltame idiota!- Helga se apartó del rubio, iracunda consigo misma por mostrar su debilidad ante él, por permitirle una vez más ver lo frágil que ella era. Su amistad con la pandilla la había ablandado, se dijo a sí misma.

-¡Por Dios Helga! Ayúdame a entender tu actitud. En un segundo eres delicada y sensible y al otro te vuelves agresiva y violenta. ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué todos te llaman Geraldine? ¿Cómo es que eres una porrista? ¿Cómo es que te subes a un escenario en una fiesta y bebes y bailas con tanta...?- Arnold se detuvo al ver la mirada de rabia que le dirigía la chica.

-No Shortman, tú ayúdame a entender tu actitud. Te vas a Guatemala, a la jungla, dejas de tener contacto con todos los que dejaste atrás por años y de pronto, con una llamada esperas que los días de aguantar y sufrir se borren y yo acepte una relación a larga distancia, y al no cumplir con un día y hora, vuelves a desaparecer, durante otro largo año- las lágrimas de Helga corrían libremente ahora, la rubia llena de tantas emociones que se sentía desbordada e incapaz de contenerse más -y como si nada, sin avisar a nadie, te apareces en la escuela, insultándome, y luego en esta fiesta y te peleas con…- la menor de las Pataki no pudo continuar, vencida por sus propios sentimientos que se contradecían y libraban su propia batalla en su interior, agotada por la situación que rodeaba su vida, su familia, amigos, Arnold, Gerald… se dejó caer sobre sus rodillas y con las manos cubriendo su rostro, dejó salir un grito de frustración. Arnold inmediatamente se agachó junto a ella, intentó consolarla, pero la rubia lo alejó, mirándolo como si lo culpara de todos los males del mundo.

-¿Seguro que no hay un baño en la planta baja?- volvía a preguntar Phoebe, mientras ambos subían las escaleras de la casa y Gerald la llevaba de la espalda baja a que se refrescara un poco e intentara borrar las señales de llanto en su rostro.

-Por quinta vez pollita, estoy seguro- respondió divertido, no tenía idea de qué razón podría tener Phoebe Heyerdahl para ponerse tan ansiosa de ir a la planta alta de la casa. Aunque le gustaba imaginar que eran nervios, porque ahí se encontraban las habitaciones. Entonces escucharon un grito ahogado, que hizo a Gerald apresurar el paso y a Phoebe seguirlo de cerca, llegaron a un pasillo donde cerca del final había dos figuras en el suelo que no podían identificar, y justo cuando caminaban hacia ellos, otro grito, esta vez uno fuerte y claro… asustado… sonó por toda la planta alta.

-¡Lila!- oyó gritar a una de las figuras en el pasillo y casi como si una fuerza externa se apoderara de él, Gerald emprendió la carrera hacia la terraza, de donde estaba seguro había venido el grito. Definitivamente había sido un grito de Lila, lo único que pasaba por su mente los segundos que tardó en llegar a la terraza principal, era el deseo de que se equivocara, pero entonces se encontró con una escena de terror, Lila estaba entre los brazos de un chico que no reconocía pero que estaba claro que no era Josh, éste era pelinegro y la sujetaba violentamente besándola evidentemente contra la voluntad de la pelirroja que lloraba y se agitaba, intentando liberarse. El corazón de Gerald se rompió ante la escena, su amiga estaba siendo mancillada, estaba viviendo algo que ninguna persona debía sufrir y reaccionando como si todo pasara en cámara lenta en su mente, sujetó un brazo de Lila y la arrancó del agarre que mantenía el sujeto en ella, lanzándole en el proceso, un puñetazo en la mejilla derecha al tipo, y tirándolo al suelo.

-¿Estás bien?- sabía que era una pregunta tonta, pero no pudo evitar hacerla al girarse a mirar a la sureña, que de tanto llorar tenía todo el rímel corrido, la pintura roja que hace unos momentos le había visto lucir en los labios, se encontraba esparcida hacia los lados, desfigurando su delicado rostro en un retrato de angustia y miedo, pero los ojos de la pelirroja fueron los que alimentaron las llamas de la furia que corrían por las venas del moreno… había terror y un profundo dolor en ellos, la chica no alcanzó a decir nada porque el sujeto al que Gerald había golpeado ya estaba de pie, y la pelirroja sólo pudo advertir con la mirada a su amigo antes que el tipo se le arrojara por la espalda.

A esa escena llegaron los rubios y Phoebe, Helga corriendo inmediatamente hacia Lila, llamándola y abrazándola en cuanto la pelirroja se giró hacia ella, aferrándose a su mejor amiga como si fuera su tabla salvavidas en medio de un embravecido mar que buscaba ahogarla, preocupando terriblemente a la rubia que sólo pudo sostenerla mientras ambas se encontraban de pronto sentadas en el suelo, y miraban con horror cómo el segundo hijo de los Johanssen se peleaba con quien identificó como Harry, el ex novio de Lila.

Después de golpearlo repetidas veces, Gerald sujetó, a quien ahora podía ver que era Harry, del pecho de su camisa y lo acercó amenazadoramente a su rostro para darle una advertencia.

-Será mejor que salgas de aquí, animal... antes de que le hable a Josh y le cuente lo que pasó, ¿entendiste?- le amenazó furibundo y lo arrojó en dirección a la salida lateral de la terraza, en dirección opuesta a donde llegó el pintoresco grupo. Gerald se dio media vuelta, dispuesto a ir a cerciorarse del estado en el que se encontraba Lila, cuando una siniestra risa tensó el aire que pesadamente respiraba.

-...No soy tan exigente- exclamó Harry, provocando que el moreno detuviera su camino -la próxima vez se me podría antojar algo diferente de una pelirroja- al alzar su mirada Gerald vio claramente el terror en el rostro de Helga que aferraba a la pequeña Sawyer protectoramente, y sintiendo el mismo miedo e ira recorrerlo cuando entendió la amenaza velada que el tipo se había atrevido a dirigir a su novia, el Johanssen se giró decidido a imposibilitarlo para que nunca pudiera cumplir con sus intimidaciones, sin embargo Harry ya no estaba en ningún lugar para ser visto.

-Gerald- exclamó débilmente la pelirroja, recuperando la atención del chico que a paso presuroso llegó hasta el par de amigas -No… No le cuentes nada a Josh- pidió tímidamente, mientras su rubia amiga la ayudaba a ponerse de pie.

-Roberts debe saber esto- murmuró insegura Helga, sintiendo el dolor que sentía Lila.

-Si eso es lo que quieres, así será Lila- respondió el moreno después de unos momentos envueltos en un incómodo silencio.

-Oh, Gracias Gerald- exclamó la joven llorosa, arrojándose al pecho del muchacho que regresó el abrazo y le dio unas palmadas en la espalda a manera de tranquilizarla.

-¿Estás bien Lila?- habló por fin la oriental, sintiéndose celosa y preocupada a partes iguales, parecía recuperar hasta entonces la voz que no encontraba desde que llegaron a la horrible escena en ese balcón.

-¿Phoebe?- exclamó confundida la pelirroja y casi inmediatamente giró a comprobar el estado de su amiga rubia, quien se encontraba son la expresión más ilegible que se pudiera imaginar, en la mirada de la chica una aglomeración de emociones que iban desde el terror hasta el enojo y, si su vista no la engañaba, algo de alegría, se podían ver en ellos. El corazón de Lila se comprimió dolorosamente, no le había podido evitar esa situación a Helga.

-Claro que sí, ¿Quién más iba a ser?- intentó bromear la oriental infructuosamente. El ambiente lúgubre y cargado en la terraza podría cortarse con un cuchillo.

-Creo que es mejor que Lila se recueste un rato- comentó Arnold interrumpiendo, Helga se encontraba de espaldas a él y Phoebe, impidiendo que vieran de primera mano la reacción de la chica ante la aparición de la pelinegra.

Aun así, el rubio podía decir sin temor a equivocarse que al segundo siguiente de que la pelirroja mencionara el nombre de la antigua mejor amiga de la rubia, Helga se había tensado por completo y algo dolorosamente parecido al remordimiento recorrió al recién llegado a Hillwood, al darse cuenta la situación en la que estaba la menor de las Pataki.

-Cierto Arnold, estudios demuestran que el descanso puede ayudar a regular el ritmo cardíaco luego de una situación traumática disminuyendo la inflamación de las terminaciones nerviosas y contribuyendo a la generación de dopamina- Gerald, Lila y Arnold miraron a Phoebe sin entender una palabra de lo que decía -... El chocolate también ayuda- ya acostumbrada a ese tipo de miradas, Phoebe ni se inmutó, clavándole la mirada a la espalda de Helga.

-¿Quieres que te traiga algo de chocolate?- preguntó dulcemente el moreno a la sureña, colocando una mano en la espalda descubierta de la pelirroja y provocando los celos atormentados en la pequeña oriental que no pudo detenerse a sí misma.

-Claro, ve por su chocolate… debes estarte muriendo por complacerla ¿no?- espetó resentida y llena de sarcasmo.

-Phoebe- exclamó en tono de advertencia el Johanssen, no era el momento de que la oriental adoptara esa actitud contra Lila, había vivido un momento desagradable y Phoebe no debía desquitarse con la pelirroja, si alguien era el culpable de su enojo era él y sólo él.

-Vamos Lila, te llevo por tu chocolate- casi murmuró Helga, llamando entonces la atención de Gerald, quien había olvidado que su novia se encontraba en la terraza con él.

-Yo las acompaño. Por cierto, un gusto, soy Phoebe Heyerdahl, la novia de Gerald- se presentó maliciosamente Phoebe mientras caminaba hacia el par de chicas, Helga le seguía dando la espalda.

-No es necesario Phoebe, vámonos- Lila se apresuró a tomar por el brazo a Helga y comenzar a jalarla a la salida de la terraza, en un intento por sacarla de la vista de la oriental.

Su amiga rubia había enfurecido al escuchar hablar a su antes mejor amiga, y había ocultado su rostro, entre su cabello para evitar que Gerald lo notara, pero al tener tan cerca a la sureña, Sawyer lo notó perfectamente.

-Oh, de acuerdo, supongo que mañana en la escuela ya habrá tiempo de conocernos- la rubia no sabía si habían sido las palabras de la pelinegra, o el tono en el que las había dicho, pero luego de esa frase no pudo pensar con claridad ni sentir nada más que ira contra la joven.

Pero antes de girarse a enfrentarla, la voz del rubio frente al que se había desmoronado minutos antes en el pasillo, la congeló en su sitio.

-Creo que es mejor irnos ya Phoebe. No quiero que se preocupen mis abuelos- conciliador como siempre, Arnold intentó evitar una discusión entre la rubia y la oriental.

-Escucha a Arnold, Phoebe- Gerald abrazó por la cintura a Helga y habló mirando hacia atrás mientras guiaba a Lila y a su novia de nuevo dentro de la casa, la unigénita de los Heyerdahl estuvo a punto de estallar, cuando gritos y algarabía de la planta baja los alcanzaron y el grupo se apresuró a las escaleras con Helga por delante y Phoebe cerrando la caravana.