Disclaimer: Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen, sólo la historia en la que los he involucrado en esta ocasión.
Gracias por los reviews.
Rotten-Spring: Me alegra que te hayas decidido a escribirme tu opinión de esta historia, entiendo que a veces como lectores necesitamos tiempo para digerir lo que leemos, espero que no sea la forma en la que escribo lo que te lo esté dificultando, de ser así puedes decírmelo, siempre busco mejorar. Me hiciste reír bastante y me alegra que compartamos headcannons de esta pareja, de verdad me molestaba que no hubiera muchas historias de ellos dos, espero que vuelvas a dejar tu review pronto. ¡Saludos!
MissHillwooD: Te aseguro que Harry tendrá su merecido. Tu enérgica reacción de indignación por lo que le sucedió a Lila es lo que buscaba, sinceramente también creo que no debería ocurrirle a ninguna chica, pero lamentablemente en el mundo actual sucede, que algunos chicos se sienten con el derecho de hacer algo como eso, ya sea porque tuviste una relación con ellos en el pasado o aunque nunca haya habido nada entre ustedes... y es horrible. Y coincido contigo en que Phoebe no es mala. Pero recuerda que hay un pasado que no hemos explorado. Aún estamos en el capítulo 11, tendrás las respuestas. Este capítulo y el siguiente los escribí con uno de tus reviews en mente, mencionabas que para comprender mejor lo que pasaba entre los personajes deberían tener un mejor contexto de lo que pasó para que terminaran en este punto, asi que espero que disfrutes de la lectura.
¡Hola Nora! Cielos, qué gusto verte por aquí también. Muchas gracias por todo el apoyo que me has dado para el fanfic de Chronicles of Love, Friendship & Poetry. Ésta es una historia sin ninguna relación, como dices, algo así como un mundo paralelo a lo que sucede en mi otro fanfic. Pero mientras hacia los capítulos sobre el pasado de los personajes en Chronicles, demasiados what if's surgieron y jugué un poco con eso... así surgió esta historia. Espero que continues leyéndola, saludos.
Disfruten de la lectura.
"Yo creo que se puede establecer una división entre la juventud y la madurez. La juventud acaba cuando termina el egoísmo; la madurez empieza cuando se vive para los demás." - Hermann Hesse
CAPITULO ONCE: NUESTRA VERSIÓN DE LAS 20 PREGUNTAS
Momentos antes, Rhonda se encontraba en la sala con Harold, Nadine, Alex y Kana, conversando sobre la excursión que habría con la clase de la Señora Sheppherd al planetario de Springfield, famoso por el nuevo domo que acababan de inaugurar.
Rhonda parecía especialmente emocionada, su primer viaje escolar fuera del estado siendo la novia de Harold la llenaba de mucha ilusión, y justo cuando Kana les hablaba de los lugares que había visitado con su padre en Springfield aquel verano, Lucy Bale, la compañera de escenario de Lila y una buena amiga de la pelirroja se unía a ellos en la sala.
-Adivinen qué se está diciendo por ahí- les habló muy emocionada, sentándose junto a Kana en el sillón doble, ganándose una mirada huraña de la morena que no tenía relación alguna con la efusiva castaña.
-¿Qué se está diciendo por ahí, Lucy?- preguntó Nadine, divertida con la reacción de Kana al encontrarse con su polo opuesto.
-Que Helga tiene algo con ese rubio con cabeza de balón- dijo en tono misterioso como si les contara un gran secreto.
-¡¿Qué?!- exclamó incrédula Rhonda, tanto tiempo intentando juntar a sus dos amigos para que un simple rumor amenazara la relación que compartían. Eso no lo podía permitir -Ya mismo vas a asegurarte de que ese chisme se desmienta, ese chico es un conocido de la infancia, pero Helga y Gerald están juntos y felices, y más te vale que corras la voz, ¿entendiste?- terminó apuntando con un dedo, sulfurada por el temor a arruinar la relación de sus amigos antes de que realmente empezara.
-Siempre has sido una mandona Rhonda- escucharon decir detrás de ellos y al girarse, el grupo de la pandilla se heló al ver a la Gran Patty a la entrada de la habitación -No has cambiado nada- espetó con asco.
-Bueno, yo definitivamente no necesito cambiar- respondió altiva la Wellington Lloyd.
-Yo sé que muchos de tus amigos no opinan igual, aunque ahora estén ocupados besando el suelo que pisas para decírtelo a la cara- la castaña se acercó a los chicos tambaleando, obviamente estaba tomada.
-Patty, no creo que debas hacer esto ahora, estamos pasándola bien- intentó intervenir Nadine, acercándose a la chica, quien la empujó tirándola al suelo de sentón, sorprendiéndola.
-¡Oye!- protestó Rhonda.
-Patty, será mejor que nos dejes tranquilos- habló el novio de la pelinegra, aunque ante el grito de Rhonda, los chicos más cercanos entraron en la sala para enterarse de qué estaba sucediendo, encontrándose con la escena de su capitán de fútbol haciendo de escudo humano entre una castaña desconocida y su presidenta estudiantil y cocapitana de las animadoras.
-Pfff… eso quisieras Harold- respondió burlona -Pero no pasará nunca… porque ella no nos dejó tranquilos a nosotros- los espectadores lanzaron una exclamación de incredulidad al oír aquello -¿Qué? sorprendidos de enterarse que su insignificante porrista es una arrastrada- reviró con malicia Patty, mirando ácidamente a su audiencia.
-Oye… quien seas… será mejor que le bajes a tu tono, Rhonda no está haciéndote nada- habló Kana, intolerante ante los abusivos del mundo.
-Oh, pero es que Rhonda ya me ha hecho demasiado… y no voy a permitir que le hagas lo mismo a Phoebe- la castaña se lanzó contra Rhonda, quitando a Harold del medio y la tomó del cabello sacándole unos gritos de dolor que fueron seguidos por los suyos propios, cuando la presidenta estudiantil dio dos vueltas a su cabello alrededor de su muñeca -Suéltame maldita, devuélveme a Harold- gritaba Patty mientras algunos espectadores coreaban la palabra "pelea", incitando la situación y atrayendo al lugar a Josh, Sid, Eugene y Brian.
-No voy a devolverte nada… suéltame tú… amargada- se defendía como podía cuando de pronto alguien la tomó de la oreja halándola hacia arriba para empujarla lejos de la castaña que la agredía. Al alzar el rostro para protestar, vio frente a ella, fungiendo como escudo humano, a su rubia amiga Pataki -¡Maldición Helga! ¿No puedes tratarme con delicadeza? Yo sí soy una dama- alegó molesta, indignada con la acción violenta de su amiga, pero enmudeció cuando vio que la rubia se acercaba a Patty y la miraba con determinación mientras a ella la ignoraba.
-Patty… Debes calmarte… agredir a Rhonda no va a cambiar nada para ti- habló con mucha seguridad Helga mientras la pandilla la miraba sorprendidos por la confianza que irradiaba de ella.
-Tú no entiendes Helga… -la castaña sintió cómo sus lágrimas se aglomeraban tras sus ojos, parpadeó rápidamente intentando ahuyentarlas pero fue en vano, una a una empezaron a caer -Creí que… Creí que Harold me amaba… Creí que era parte de la pandilla… Creí que tú eras mi amiga- la castaña se limpió furiosa el rostro -¡Pero ella me quitó todo! … Mi novio, mis amigos… a ti… cuando se fue Phoebe creí que entonces nosotras seríamos mejores amigas, pero desde que Harold me terminó no he sabido de ti más que por las publicaciones que hay en tus redes sociales- la rubia la miró con seriedad mientras Patty continuaba hablando -Ella los alejó de mí… no puedo creer que tú de todas las personas, después de todo lo que te ha hecho, la defiendas- terminó iracunda, mirando con odio a su interlocutora.
-Patty- habló lentamente y en tono conciliador, casi cariñoso -yo sé lo que Rhonda me hizo y lo que te ha hecho a ti… y puede ser una caprichosa egoísta princesita mimada- la pelinegra se quejó de la defensa de la rubia, quien sólo la ignoró y continuó -pero también es la misma persona que te organizó una fiesta sorpresa por tu cumpleaños y es la misma persona que cuando Harold estaba en el hospital lo visitó todos los días… y es la misma persona que fue tu hombro para llorar cuando te enteraste del divorcio de tus padres… no somos seres unidimensionales. La misma arrogante, caprichosa y egoísta que ves aquí- Rhonda rodó los ojos y murmuró un sarcástico gracias -puede ser gentil y compasiva como nadie más a quien he conocido… ¿Recuerdas cómo solían juzgarte en primaria? Te decían Fatty Patty y creían que sólo eras una abusiva más… pero eres sensible, generosa y talentosa con el chelo y no veían nada de eso cuando éramos infantes, porque en ese entonces éramos infantiles… pero ahora… estás actuando infantilmente como aquellos que se negaban a ver lo maravillosa que eres- Patty no lo soportó más y se lanzó a los brazos de Helga llorando.
-Por eso no lo entiendo. Sé que Rhonda puede ser una buena persona, por eso no entiendo por qué me quitó a Harold, ¿Por qué?- lloraba y gemía aferrada a la rubia, un llanto de un dolor guardado muy dentro por mucho tiempo esperando que desapareciera.
-Patty, Rhonda no tuvo nada que ver en eso… fue mi decisión y te expliqué mis razones, no entiendo por qué te niegas a creerme- Harold se acercó a las chicas, después de ayudar a Rhonda a ponerse de pie, y les dio un abrazo al que uno a uno se fue sumando la pandilla (Phoebe y Arnold sólo miraban desde la distancia, una muy molesta y el otro muy incómodo).
De pronto los reunidos ahí comenzaron a aplaudir haciendo reír a Patty entre lágrimas y a la pandilla a soltar carcajadas divertidas, habían olvidado por un segundo que estaban siendo observados.
-Muy bien gente, desalojen el edificio, se acabó la fiesta- exclamó Sid, provocando que los asistentes se quejaran un poco pero siguieran sus instrucciones, Lila y Helga acompañaron a Patty a subirse a su carro y se despidieron de ella prometiendo que cambiarían y serían más incluyentes con ella.
-Oye Señorita Perfección- le dijo la rubia una vez el auto de Patty estaba fuera de su campo de visión -¿Estás bien?- preocupada por su amiga, no pudo evitar la pregunta molesta de rigor luego de una situación traumática.
-¿Sinceramente?- la rubia asintió -Me siento tan estúpida, es decir, estuve tantos meses con Harry y jamás me percaté en qué momento cambió tanto… Supongo que me lo advertiste, es sólo que no quería escuchar razones, pensé que si ignoraba mi historia con él, él haría lo mismo- suspirando, la pelirroja aceptó el abrazo que le ofrecía su mejor amiga, acomodando en su cuello su cabeza.
-Tranquila… cosas así nunca deberían pasarle a una chica, pero ya sabíamos que la vida no es justa, sólo procura aprender de esta situación lo que puedas para prevenir que se repita en algún momento en el futuro- le decía mientras frotaba afectuosamente su espalda, intentando ayudarla a pasar el momento amargo.
-Hola Gerald- el moreno, que había estado hablando con Brian y Josh sobre lo que presenciaron en la sala, se giró sorprendido reconociendo la voz de inmediato.
-¡Phoebe! pensé que te habías ido- aseguró.
-Vaya… ¿Eso es lo que realmente quieres? ¿Qué me vaya?- preguntó dolida la oriental.
-Es que tenemos una tradición, nos quedamos la pandilla y encendemos una fogata y bueno... - se detuvo antes de decirle que ella no era de la pandilla.
-Phoebe, yo también creo que debemos irnos- Arnold se acercó y escuchó la conversación que sostenían.
-Sí, está bien. Pero aún tenemos cosas que decirnos Gerald, te veré mañana en la escuela- la oriental se puso de puntillas y le depositó un beso en la comisura de los labios que hizo enrojecer al chico. El par de recién llegados se retiró sin decir nada más, subieron al packard del abuelo de Arnold y Phoebe no pudo evitar hacer una declaración pagada de sí misma.
-¿Viste cómo lo tengo comiendo de la palma de mi mano? Esto será más sencillo de lo que pensamos- declaró la pequeña Heyerdahl -¿Cómo te fue a ti?- preguntó entonces girándose al conductor que congelado observaba a Helga y Lila abrazadas a unos metros de ellos, sin haber notado la presencia de alguno, y en el rostro de la rubia podía verse claramente el dolor que le causaba tener que consolar a la pelirroja.
-No quiero hablar de eso ahora- y el rubio se limitó a conducir de vuelta a Hillwood sin intercambiar otra palabra con su obsesiva compañera.
-Será mejor que entremos, está refrescando, ayudemos a encender la fogata- le dijo la menor de las Pataki a su amiga, esperando que se hubiera tranquilizado lo suficiente como para ver a Josh sin que se derrumbara en llanto de nuevo.
-Esa es una buena idea Helga- respondió suavemente, y ambas se dirigieron hacia la casa de Sid de nuevo.
Harold, Eugene, Gerald, Brian, Sid, Josh, Jason, Miranda, Chloe, Lucy, Alex, Rhonda y Nadine ya estaban preparando la leña en la playa para encender la fogata y los bocadillos que asarían al fuego cuando se les unieron el par de amigas.
-¿Todo bien amor?- preguntó Josh con una enorme sonrisa abrazando a Lila.
-Ahora sí- le respondió con una sonrisa en los labios.
-¿Quién era la chica que agredió a Rhonda?- preguntó Lucy, a su amiga pelirroja.
-Se llama Patty Smith. Está estudiando en la universidad comunitaria de Hillwood… por eso no la conoces, es un par de años mayor que nosotros- se tomó su tiempo para explicarle –Era novia de Harold. Estuvieron juntos tres años- la mayor de las Bale la miró incrédula.
-Cielos, ¿Por qué siempre los rodea tanto drama?- preguntó Miranda, interviniendo. Todos los presentes escuchaban la conversación.
-Quién sabe- murmuró Sid, encogiéndose de hombros.
-Yo tengo muchas preguntas sin respuesta que hacerles- habló Alex.
-Prácticamente tenemos toda la noche- le dijo Gerald -¿Por qué no preguntas?- Chloe interrumpió entonces.
-¡Oh, yo tengo una muy buena!- alzando la mano, pegó unos saltitos, sus compañeros iban sentándose en la arena, alrededor de la fogata -¿Cómo inició esta tradición?- Miranda casi se golpea la frente al escuchar a su amiga, ella habría preguntado tantas otras cosas.
-Les propongo algo- habló Jason –ya que, algunos de nosotros somos… podría decirse… nuevos miembros de la pandilla, ¿Qué tal si cada uno de nosotros les pregunta algo? Estilo el juego de las 20 preguntas, sólo que para hacerlo más entretenido, Miranda, Alex, Chloe, Josh, Lucy y yo tendremos una pregunta cada uno- Los amigos de la infancia se miraron entre ellos para encogerse de hombros y aceptar, en un movimiento que parecía ensayado por la sincronización que tuvieron.
-Entonces, Chloe ya hizo su pregunta- protestó Miranda.
-Claro, claro- dijo Rhonda –permítanme respondérsela… verán, todo inició el domingo previo al primer día de clases del primer semestre de preparatoria.
El primer día de la preparatoria nunca es sencillo.
Para muchos representa un nuevo inicio… el antes y el después en tu vida… otros ni siquiera son conscientes de la razón pero el peso está ahí, sobre sus hombros, y los acompaña en todo momento.
Muchos representan ese cambio a través de su apariencia, sobre todo el género femenino, no estoy hablando de un estereotipo de vanidad femenina, sino que las mujeres saben transmitir lo que sucede en su interior a través de la ropa que usan y el maquillaje que se colocan… es como disfrazarte, meterte en un personaje, crearte una armadura, es una forma de arte… y estos pensamientos eran los que invadían la mente de la joven Rhonda Wellington Lloyd mientras se encaminaba a su reunión usual con su grupo de amigas en el café Grumpy de la Calle 76.
La pelinegra había experimentado ese peso del cambio durante todo el verano previo a su ingreso en la nueva escuela, la preparatoria 201. Pero siendo éste el último fin de semana antes del inminente momento decisivo que tendría en su vida, ese peso había comenzado a ahogarla, haciéndole perder el sueño y verse obligada a recurrir al corrector para ocultar sus ojeras, lo que la tenía de un humor más negro que el café que había bebido antes de dirigirse a la cafetería, una prueba más de lo mal que la tenía esa expectativa del primer día de clases.
Al entrar en el establecimiento ubicó casi de inmediato a sus amigas, estaban en la mesa de siempre cerca del ventanal hacia la calle, Nadine y Lila ya tenían un par de capuchinos frente a ellas, y al ver que era la única que faltaba su humor sólo empeoró. Su madre le había enseñado a llegar elegantemente tarde a sus citas, decía que hacer esperar a un hombre era crearle expectación y ayudaba a mejorar la impresión al verte llegar; sin embargo le había recalcado que esos retrasos no aplicaban a citas con amigos o de trabajo, así que no le gustaba cuando era la última o la primera en llegar a esas reuniones.
Al acercarse, la rubia la saludó con la mano indicándole dónde se encontraban, a pesar que Rhonda ya las había visto. Llegando hasta ellas, jaló la silla que sobraba y se dejó caer en ella bufando… sus amigas la miraron preocupadas, Rhonda Wellington Lloyd jamás bufaba… ni se dejaba caer en la silla. La rubia y la pelirroja intercambiaron una mirada de inquietud, dispuestas a interrogar a la recién llegada por una explicación a su inusual comportamiento, cuando el mesero dejó frente a la pelinegra la carta y le preguntó lo que ordenaría.
-Considero que un segundo café negro no me haría mal. Que sea expreso y no lo endulce- Rhonda le devolvió desinteresadamente la carta al mesero y lo despidió con un movimiento de mano como espantando mosquitos. Nadine fue la primera en externar la preocupación de ambas.
-¿Segundo café? Pero Rhonda, tú no bebes café. Siempre ordenas té y por las mañanas sólo bebes jugo… y hace un momento ¡bufaste! ¿Qué pasa amiga?- la pelinegra observó a la rubia que había hecho la pregunta, y después a los enormes ojos de Lila que la hicieron sentir culpable por su comportamiento que obviamente había alertado a sus amigas de que algo estaba mal y las había preocupado innecesariamente.
-No pasa nada chicas- les respondió intentando sonreír para tranquilizarlas –Es sólo que en un par de días iniciamos la preparatoria y… no será lo mismo que en la secundaria, donde todos nos conocíamos y yo era la más popular y bella- termina con otro bufido que obliga a las chicas una vez más a mirarse entre ellas con inquietud.
-Rhonda, ¿Por qué habría de ser distinto?- la pelirroja tomó la mano que su amiga tenía sobre la mesa y le sonrió dulcemente.
-¡No comprendes Lila!- en su arrebato, la pelinegra retiró la mano de su amiga y se llevó el dorso de la mano a la frente con la palma abierta en un gesto dramático–Habrá todo tipo de chicas y nosotras seremos de primer año, ¿Por qué habría de ser igual?- le reviró la pregunta que Lila le había hecho segundos antes.
-Pero tú eres Rhonda Wellington Lloyd, si ellos aún no saben lo que significa, tú se los harás saber en cuanto inicien las clases- dijo Nadine como si fuese demasiado obvio y aún no comprendiera la angustia de su amiga de la infancia.
-Nadine tiene razón Rhonda, pero si hay algo que nosotras podamos hacer para que te sientas mejor al respecto, pues para eso somos amigas- la pelirroja se sumó una vez más a la conversación con su tono dulce y su sonrisa apacible que por fin logró calmar a Rhonda.
-En realidad, sí hay algo- les aseguró sonriendo y siendo ése el momento en el que el mesero le depositó su café en su lugar –Claro que lo hay- les afirmó mientras tomaba su café y le daba un sorbo, para después hacer un gesto con su rostro que delataba que se había quemado con él y que el amargo sabor no había sido de su completo agrado -¡Stephan!- le habló al mesero por su nombre –Llévate esto de aquí y tráeme un té de fresa con tres de azúcar- le dio la taza y sus amigas comenzaron a reír, contagiándola también a ella. Su humor había dejado de ser tan negro, era una chica con suerte de tener a sus dos mejores amigas con ella.
Al terminar sus bebidas, el grupo de amigas salió del lugar y se dirigió al boulevard principal, donde había la mayor concentración de comercios y boutiques de la ciudad. Rhonda vio pasar a un par de niñas corriendo a su derecha, una rubia con un moño rosa y una pequeña pelinegra con un moño rojo.
-¿Saben algo de Helga?- les preguntó rompiendo el silencio pacífico que las había envuelto desde que abandonaron la cafetería.
-La verdad es que no. Estoy muy preocupada por ella- le respondió Lila, con una mirada cargada de compasión. A veces la pelirroja le recordaba mucho a su otro amigo de la infancia, Arnold. Él solía tener esa misma mirada por todos los demás casi todo el tiempo.
-Yo he intentado llamarla, pero siempre me manda a buzón directo- les comentó la rubia, observando a las niñas jugar una calle adelante.
-Debe estar tan deprimida- la pelirroja junto ambas manos y las elevó a la altura de su pecho –Yo no sé lo que haría si alguna de ustedes se fuera o… ambas- el otro par asintió a sus palabras lentamente, escucharon la risa de las niñas, debían tener como ocho o nueve años.
-Todo era más sencillo cuando éramos niñas- se lamenta Rhonda y entonces una idea cruza por su mente –Hay que ir a visitar a Helga- la rubia y la pelirroja la miran sorprendidas.
-No somos amigas de Helga, Rhonda- la rubia siente la urgencia de recordarle ese hecho a la chica con la mirada determinada en el rostro que acaba de sugerir lo impensable.
-¿Y eso qué?- las mira con duda la unigénita de los Wellington Lloyd.
-Creo que Nadine teme que Helga no nos reciba o peor… se ponga furiosa por ir a su casa y nos odie- dice Lila colocando una mano en el hombro de Nadine, quien caminaba en medio del trío, aunque desde que comenzaron a hablar habían detenido su andar.
-O nos mate- completó la rubia, con la cara desfigurada por el miedo.
-Oh, vamos chicas. ¿Y su sentido de aventuras?- las retó la pelinegra mientras sonreía convencida de que su idea era brillante.
-Querrás decir nuestro sentido de solidaridad con una compañera nuestra desde la infancia- la intentó corregir Lila.
-Más bien sentido suicida- murmuró la rubia, para nada convencida de que la idea de Rhonda fuera inteligente.
-Como quieran verlo- la pelinegra volvió a hacer el movimiento de muñeca como ahuyentando mosquitos mientras que colocaba su otra mano en la cintura –Pero hay que ir a su casa, a ver qué pasa… Quizás acepte acompañarnos con el estilista y de paseo por las boutiques- hasta a Lila le pareció que Rhonda pecaba de optimista, ¿Helga G. Pataki yendo al estilista y de compras con ellas? Ni siquiera estaba segura de que ella hiciera eso con Phoebe ¿Por qué lo haría con ellas? Pero al ver la sonrisa en el rostro de su amiga, que las miraba con determinación se dio cuenta que era la primera vez en la semana que la veía tan animada.
-Creo que deberíamos ir… a ver qué pasa- murmuró la pelirroja a lo que la rubia se giró a verla como si le hubiese salido otra cabeza.
-Dios mío, son un par de locas- les dijo con cariño- será mejor que las acompañe para cuidarlas- sus amigas rieron y la sujetaron cada una de un brazo, emprendiendo camino en dirección a la casa Pataki, mientras se cruzaban por última vez con las niñas que jugaban en la calle, Nadine sonrió, definitivamente todo era más fácil cuando eran niñas y su única preocupación era el asco que Rhonda le tenía a sus insectos.
Acababa de despertar de otra pesadilla, ésta vez Arnold era quien le sacaba el corazón y Phoebe le clavaba la daga. A veces se turnaban, otras veces cambiaban de táctica para romperle el corazón, pero todas las veces el fin era el mismo… Ella, sola… se levantó de la cama no queriendo pensar en eso demasiado, su teléfono vibraba, lo alcanzaba a escuchar, probablemente era solo la alarma, pero el sonido la ponía de un peor humor. Jaló con fuerza su cama y escuchó más fuerte el sonido, al subirse y asomarse por el otro lado, vio la pantalla brillar intermitentemente… era una llamada.
Estaba decidida a no responder pero algo la impulsó a tomarlo y responder sin ver el nombre del contacto en la pantalla.
-¿G? ¿Estás ahí?- la persona sonaba sorprendida, y Helga reconoció la voz del moreno de inmediato.
-Claro que estoy aquí cabeza de cepillo, ¿No es eso lo normal cuando alguien responde el teléfono?- bufó molesta, de una manera para nada femenina, y pudo imaginarse a su interlocutor poniendo los ojos en blanco al otro lado de la línea.
-Una disculpa por mi estupidez Pataki- respondió entre dientes el chico, claramente molesto.
-Disculpa aceptada- respondió un poco más divertida la joven, sacarlo de sus casillas mejoraba siempre su humor – ¿Para qué me estás llamando?- acomodó mejor su celular entre su hombro y su oreja para ponerse de pie y acomodar su cama en su lugar original una vez más.
-Ignoraré el hecho de que no me hayas corregido diciendo que no soy estúpido para informarte que hoy hay una fogata en la playa, la está organizando Sid...- se hizo silencio de su lado de la línea y Helga creyó que había terminado.
-Muchas gracias por darme las noticias sociales del día Geraldo, pero no estoy interesada en ir sola a una fiesta con un grupo de zopencos- frunció el ceño confundida, después del viaje de quinto grado a la jungla, Arnold se había quedado en Centroamérica con sus padres, sólo había vuelto a Hillwood por sus cosas, dejando al moreno sin su cómplice de toda la vida, en secundaria se convirtió en el novio de su mejor amiga, por lo que habían tenido una especie de convivencia forzosa todos esos años, y habían llegado a conocerse mejor, o al menos eso era lo que Helga pensaba, porque si el joven Johanssen la conociera sabría que no le importaba en lo más mínimo celebrar en esos momentos.
-Si me dejaras terminar- murmuró por lo que la rubia casi no lo escuchó –No vas a ir sola… no te estoy dando noticias… te estoy invitando a ir, G… conmigo- le dijo con un tono molesto, aunque originalmente no había sido su intención invitarla sonando así.
-¿Contigo? Eso es peor que ir sola cabeza de espagueti- le respondió muy sorprendida, estaba poniéndose los calcetines dejando la tarea a medias cuando lo escuchó.
-¿Por qué es peor, escobeta?- exclamó el moreno ahora verdaderamente ofendido.
-¿No has escuchado el dicho? Mejor sola que mal acompañada- tomó mejor su celular, ya que estaba precariamente sostenido con su cuello y comenzaba a dolerle.
-¿Y tú no has escuchado el dicho que dice "A caballo regalado no se le ve el colmillo"?- le contestó el moreno, sonando todavía molesto.
-¿Ese qué tiene que ver?- había diversión en su voz y esperaba que el chico no lo notara, se puso su calzado, unos converse blancos y salió de su habitación para bajar a la cocina.
-Yo soy el caballo-le dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
-Ya sé que tienes cara de caballo, ¿Me hablaste tan temprano un sábado para decirme algo que ya sabía?- le respondió con tono aburrido aunque en realidad tenía una sonrisa en el rostro que se permitió porque el chico no podría verla, llegando a la planta baja se dio cuenta que sus padres no estaban por ningún lado, se alzó de hombros, probablemente Bob estaba trabajando y Miriam seguían dormida en su habitación.
-Estás haciendo que pierda la paciencia Pataki- el sonido de la advertencia del moreno recuperó la atención en la llamada de la rubia –En primera, no es para nada temprano, ya pasa de medio día. Y en segunda, me refiero a que no deberías rechazar mi invitación, porque si lo haces probablemente sea Brainy a quien tengas en tu puerta angustiado por tu estado de ánimo y más que listo para obligarte a tener una conversación de sentimientos y ver películas de adolescentes sobre amistad, romances y lecciones de vida- continuó la conversación más calmado, esperando que consiguiera algo de la rubia con el escenario que le planteaba.
-Sí, sí. Está bien. Entiendo tu punto- hablaba mientras abría las puertas de su alacena, las gavetas y el refrigerador buscando algún alimento que pudiera quitarle el dolor de estómago que comenzaba a sentir –Pasa por mí a las seis entonces, pero te advierto que si me aburro, te abandono y me largo del lugar- había cedido porque se había dado cuenta de pronto que no podía seguir evitando a la pandilla, por lo menos a lo que quedaba de ella, porque pronto sería el primer día de preparatoria y sin Phoebe ella odiaba admitir que ellos eran lo único que le quedaba para no iniciar esa nueva etapa completamente sola. Unos golpes en la puerta la hicieron salir de sus pensamientos.
-¿Están tocando a tu puerta?- dijo sorprendido el moreno que continuaba al teléfono.
-Johanssen voy a matarte si se trata de Brainy con películas y pañuelos- le aseguró amenazadora, alzando al aire a la vieja Betsy, a pesar de que el moreno no podía ver ese gesto, aunque no era necesario para entender que su vida en verdad podría correr peligro.
-Te juro que lo decía como hipótesis… si es él no tengo nada que ver- intentaba salvar su pellejo a toda costa. La puerta volvió a sonar con unos toques, más fuertes esta vez.
-Estás advertido Geraldo, si es él, olvídate de respirar- antes de cortar la llamada alcanzó a escuchar cómo él prometía que usaría ese poder para el bien. Le hizo un poco de gracia pero se abstuvo de sonreír, caminó a la puerta y al abrirla sintió que sus ojos casi se le salían de lo abiertos que los tenía por la sorpresa de encontrar a ese trío en su pórtico –Princesa Lloyd… Señorita Perfección… Na-Nadine- exclamó asombrada, jamás se habría imaginado que recibiría alguna vez la visita de esos personajes en su casa.
-¿Para mí no tienes un apodo Helga?- inquirió frunciendo el ceño la rubia.
-Eeeeh… ¿Golden Girl?- respondió dudosa la joven Pataki, todavía sorprendida, tanto que se olvidó de colocarse la máscara de hostilidad que usaba para alejar a los demás.
-Mmmm, pues ése me gusta- aseguró Nadine sonriendo. Llevaba más de treinta segundos en el pórtico de los Pataki, Helga les había abierto la puerta, no se veía nada furiosa, no les había gritado o amenazado o golpeado y las tres seguían vivas. Definitivamente esta visita iba mucho mejor de lo que nunca se imaginó.
-Hola Helga, buenos días. Estábamos por ir de paseo y nos preguntábamos si te gustaría unírtenos para pasar un día de amigas por la ciudad- la primera en hablar fue Lila, educada y correcta como siempre, sonriendo dulcemente a la rubia que aún estaba en pijamas, estática en el umbral de su puerta.
-Aunque claro, tendrás que cambiar tu atuendo- exclamó la pelinegra, tomando la pasividad de Helga como una señal divina de que su idea era en efecto brillante y que tenía que ejecutarla a como diera lugar, así que se abrió paso al interior de la casa y al notar que a la derecha estaba la cocina y de frente la sala, se encaminó hacia la izquierda por las escaleras, bajo la atenta mirada de la dueña de la casa que ahora tenía hasta la boca abierta de la incredulidad que experimentaba.
-¿Podemos pasar también?- preguntó Lila, mientras Nadine entraba para alcanzar a su amiga de la infancia y posiblemente evitarle un infarto a su compañera cuando viera su selección de vestuario para ese día. Helga cerró la boca reaccionando a las palabras de la pelirroja, primero frunciendo el ceño decidida a echarlas de ahí, pero luego suavizando el gesto dándose cuenta de que las otras dos en realidad ya habían pasado y era la Señorita Perfección la única que continuaba en su pórtico.
-Supongo que no le hace mal a nadie- murmuró a regañadientes, apartándose de la entrada en una invitación muda que fue suficiente para la educada sureña que ingresó a la casa con un efusivo agradecimiento que sólo hizo a Helga rodar los ojos.
-Vaya Helga, qué hermosa casa tienes- exclamó feliz la pelirroja que estaba un poco más que emocionada de encontrarse con la buena disposición de la chica, ya habían compartido momentos a lo largo del tiempo que llevaban de conocerse donde ella había podido ver a una Helga amable, compasiva y sensible que casi nunca se manifestaba, aunque claro había sido seguido de las advertencias de la rubia de jamás decírselo a nadie, por lo que no le sorprendía que no las hubiera matado pero tampoco le parecía normal que las hubiera recibido, sintiéndose un poco valiente por este hecho y por el optimismo que sentía al encontrarse ahí, se acercó a ella que seguía de espaldas a la puerta con su celular en la mano -¿Cómo estás Helga?- la rubia la miró, de pie frente a ella, con genuina preocupación en sus verdes ojos clavados en sus propios ojos azules… algo dentro de ella se agitó, un sentimiento cálido fue llenándola y por primera vez en todo el verano le permitió dejar ver cómo se encontraba detrás de todas sus barreras a alguien más.
-No es nada fácil- concedió con voz suave… miró su celular, el moreno la llamaba todos los días, aunque ella rara vez tomaba esas llamadas. Sabía que cometía un error al aislarse para sufrir en soledad, pero le daba miedo sentirse tan vulnerable, porque la abandonaron las únicas dos personas que genuinamente se habían preocupado por ella y a quienes permitió ser parte de su vida, la dejaron sola y ella no podía evitar sentir terror ante la idea de volver a pasar por lo mismo, de dejar a alguien más entrar tan profundo en su corazón para tener el poder de destrozarlo, aunque ya no había mucho que destrozar.
-Lo sé. Nunca lo he sentido pero sé que no es fácil- le aseguró la pelirroja tomando la mano de Helga que no sostenía el celular –Pero no tienes que pasar por todo esto sola- la rubia alzó su vista sorprendida, porque Lila sin saberlo había hablado de lo que pasaba por la mente de la joven, de su mayor temor –La compañía siempre es bienvenida ¿no?- le sonrió intentando contagiarle un poco del optimismo que ella misma sentía y por un instante creyó ver la sombra de una sonrisa en el rostro de la rubia, hasta que pasos se escucharon en la escalera y la voz de Rhonda se escuchó desde el segundo piso.
-¡Helga, sube a cambiarte! ¡Vamos a retrasarnos!- cuando la rubia pudo reaccionar, Lila la llevaba sin soltar su mano escaleras arriba hacia su habitación.
-Lamentamos entrar a tu cuarto así- le dijo Nadine en cuanto la vio –Pero tienes ropa muy hermosa aquí- completó impresionada por lo que habían hallado en el clóset de la dueña del cuarto.
-Han sido regalos de mi hermana- sintió la necesidad de justificar tantas prendas femeninas que contrastaban con su personalidad, o más bien con la fama que se había encargado de crearse a sí misma desde preescolar.
-Llámalos como te dé la gana, pero ponte este conjunto, no hay tiempo y aún debes ducharte- Rhonda le entregó un par de pantalones blancos y una blusa rosa pastel de corte asimétrico hecha con una tela vaporosa que la hacía de un estilo muy romántico para lo que acostumbraba usar la rubia, sin embargo la pelinegra no la dejó quejarse y la encerró en el baño. Helga suspiró sintiéndose transportada a otra dimensión donde nadie le temía ni la respetaba, al desdoblar la ropa se puso de mil colores… definitivamente estaba en una dimensión donde nadie la respetaba.
-¡No se te ocurra volver a tocar mi cajón de ropa interior Princesa Lloyd!- Gritó lo más fuerte que la vergüenza que sentía le permitió.
-¡Entendido Lady Pinky!- escuchó la respuesta a través de la puerta y aun así el tono de diversión y la risa contenida eran evidentes, estuvo a punto de salir para recordarles a la vieja Betsy y los 5 vengadores cuando su celular sonó de nuevo.
-¡¿Qué quieres?!- respondió siendo consciente de quién llamaba sin necesidad de revisar la pantalla.
-¿Debo asumir por el tono iracundo de tu voz que si me acerco hoy a las seis a tu casa, tendré que olvidarme de respirar?- no sonaba asustado, el ceño de la rubia se había fruncido, por qué no sonaba asustado.
-Si así fuera, ¿eso haría que olvides la estupidez de llevarme a la fiesta de Sid?- le preguntó todavía molesta.
-No- se lo podía imaginar encogiéndose de hombros- Sólo haría que llegue con el número de una ambulancia en marcación rápida- la sonrisa en su voz casi la vuelve loca, cómo era posible que hubiera perdido su toque para amenazar y aterrorizar a otros.
-Pues alguien debe quererte en el cielo. No era Brainy quien tocaba- algo dentro de ella volvió a llenarse de ese sentimiento cálido al recordar a las tres chicas que la esperaban en su habitación.
-¿Quién más te visitaría?- exclamó incrédulo y ella casi suelta una carcajada al pensar en su propia sorpresa al abrir la puerta y encontrarse al trío dorado.
-Son la princesa Lloyd y sus dos amigas- esas tres se habían vuelto inseparables en la secundaria, aunque Nadine y Rhonda siempre lo habían sido, Lila se les sumó cuando ingresaron a sexto grado y no volvió a restarse de la ecuación.
-¿Rhonda?- sonaba muy sorprendido, y la rubia no pudo evitar pensar para sí misma "bien, que se quede sin palabras por un rato" -¿Tú estás bien? ¿Necesitas que vaya?- pero a quien dejaron sin palabras un rato fue a la joven con la boca seca al otro lado de la línea -¿G? ¡Helga, responde! ¿Quieres que vaya?- volvió a preguntar haciendo reaccionar a la rubia.
-¿Por qué rayos te querría en mi casa pelos de borrego?- había escuchado el tono protector que había usado el moreno, demasiado alto y claro como para negárselo a sí misma. Al parecer su intento por aislarse del resto de la pandilla no había funcionado para nada si Gerald Martin Johanssen estaba angustiado por su bienestar… Angustiado era una palabra muy fuerte, sólo preocupado por ella, de esa forma la rubia no perdería la cordura.
-Porque Rhonda Wellington Lloyd está ahí. ¿Te está molestando?- y el tono protector seguía presente en sus palabras, poniendo muy nerviosa a la chica.
-¿Te golpeaste en la cabeza? Yo soy Helga G. Pataki y es el único nombre que interesa aquí, recuérdalo- le afirmó, algo mortificada por los acontecimientos de ese día, que sólo empeoró cuando lo escuchó suspirar de alivio.
-Tienes razón, G. Te veré a las seis entonces y por favor, sé buena con Rhonda, no quiero tener que ir por ti a la comisaría… de nuevo- le pidió más calmado y antes de que Helga pudiera reaccionar, terminó la llamada. Resignándose después de algunos minutos enloqueciendo con todo lo que pasaba y caminando de un lado al otro recitando un monólogo para sí misma sobre lo ridículo que actuaban todos a su alrededor, se metió a bañar y por fin salió de la habitación del baño vestida con lo que Rhonda le escogió y sus converse.
-¡Espera un segundo!- interrumpió Lucy Bale -¿Quieres que crea que Geraldine le hablaba así a Gerald?- exclamó escéptica, y por alguna razón, Sid, Eugene, Harold, Brian, Nadine, Rhonda, Lila y los mismos Helga y Gerald, estallaron en risas -¿Qué dije?- preguntó confundida.
-Gerald y yo, no siempre nos gustamos ¿sabes?- Lucy la miró como si hubiera dicho alguna imposibilidad.
-Ya tengo mi pregunta- murmuró para sí.
-¿Puedo continuar?- preguntó airada Rhonda, haciendo que los demás asintieran, con temor de molestar innecesariamente a la pelinegra –En fin, nos llevamos a Helga a nuestro día de chicas al salón y las tiendas… ya se imaginaran que hubo que convencerla hasta para que entrara… ¿Han visto esas películas cursis donde le hacen un cambio de look a la protagonista?- las chicas asintieron mientras los varones se miraron entre ellos confundidos –Eso fue lo que pasó esa tarde- completó Rhonda.
-En contra de mi voluntad- aportó la rubia, con el ceño fruncido, aún recordaba su primera depilación con dolor en su alma.
-Pecata minuta, querida- afirmó Rhonda –Cuando ya teníamos la ropa que usaríamos para la reunión en casa de Sid, recordamos que habría que conseguir los bocadillos como habíamos prometido- continuó narrando la chica.
-¿Por qué eres tan insistente con el tema? Estaba bien como estaba- afirmó la rubia, cargada con tres bolsas de compras, con su cabello estilizado, que ahora caía suave y manejable a su alrededor, y su piel cremosa sin un vello fuera de lugar…
-Porque, no estabas para nada bien como estabas- le respondió Rhonda. Cuando Helga salió del baño con el conjunto que le había escogido, el peso que llevaba en sus hombros por la inminente entrada a la preparatoria, de pronto había desaparecido… porque aunque la rubia se había esforzado en ocultarlo, el sonrojo que tenía en su rostro fue la primera reacción sincera que le había visto desde que volvieron del viaje a San Lorenzo. Ella y Helga nunca habían sido amigas, sin embargo era una constante en su vida, como lo eran todos los miembros de la pandilla, y se dio cuenta que la apreciaba. Rhonda quería que Helga volviera a ser esa persona tan intensa y llena de vida que siempre había sido, no sólo quería, lo necesitaba. Desde que en primer año de secundaria, la rubia la salvó de su entonces novio Edward Collin Roy, tres años mayor que ella, y que había intentado sobrepasarse en una sala de cine a mitad del ciclo escolar, por suerte la rubia había estado al otro lado de Edward y lo había puesto en su lugar, defendiendo su honor…
Recordaba que en ese momento pensó en Helga como en su caballero de brillante armadura, con rubios cabellos ondeando en el viento y fuerza gallarda. Sonrió con ese pensamiento infantil inundándola… aunque no fueran amigas, definitivamente eran "algo", no sabía cómo nombrarlo pero se conocían desde preescolar y no quería perder esa parte de su vida, se dio cuenta que entrar en la preparatoria le quitaría su niñez de cierta forma y tener a Helga cerca ayudaría a preservarla, aunque ni loca sería vista acompañada por alguien que se vistiera como la chica solía hacerlo en secundaria, con unos viejos jeans rotos y deslavados y una playera tres tallas más grandes.
Una llamada entrante en su teléfono le distrajo de sus recuerdos, y maniobrando con las bolsas de las tiendas que visitaron, sacó de su bolso el celular para contestar.
-¿Bueno?- Nadine, Lila y Helga se adelantaron, entrando en el supermercado mientras ella atendía.
-¿Rhonda? ¿Ya tienen todas las cosas? Porque no quiero que falte nada- era Sid del otro lado de la línea, haciendo que Rhonda rodara los ojos, le molestaba que alguien cuestionara su capacidad para encargarse de las cosas.
-Tranquilo, ustedes preocúpense por tener listo lo demás. Nosotras llevaremos las cosas para hacer los s'moores y las salchichas para azar… Sólo… intenta no quemarte al encender la fogata- se burló la pelinegra.
-Como sea… Gerald dijo que invitó a Helga a venir- intentó sondear el terreno. La rubia y la unigénita Lloyd no se llevaban precisamente bien después de la broma que orquestó Rhonda para ridiculizarla en sexto grado… no quería ese tipo de drama en su reunión.
-Qué gracioso… porque yo también la invité. De hecho, estoy de compras con ella- y pudo escuchar cómo a Sid se le caía el celular y maldecía por ello… Rhonda sonrió para sí, le gustaba crear controversia a donde fuera.
-Estás jugando conmigo- se escuchó del otro lado de la línea y Rhonda rodó los ojos.
-¿Cuándo aprenderás que yo no juego con niñitos, Sid?- un bufido creo interferencia por un momento en la llamada –Te estoy hablando muy en serio. Así que, espero que ustedes puedan comportarse y traten bien a mi invitada, porque ha pasado por mucho como para que encima tú y Harold se quieran burlar de ella- Sid estuvo a punto de responderle que la única que se burlaba de la rubia era precisamente ella, pero cortaron la llamada… El chico de gorra verde se quedó con la palabra en la boca como cada vez que hablaba con Rhonda. Suspiró, los chicos habían quedado de verse en casa de Harold para ir a comprar las cosas que ocuparían para la fogata y las bebidas, era triste ver cómo se había reducido la pandilla. Aparte de él, ahí sólo estaban Brainny, Eugene y Harold, estaban esperando por Gerald, pero eran los únicos que quedaban de lo que solía ser el grupo de amigos de cuarto grado.
Stinky había regresado al campo al terminar la primaria, su padre adquirió unas tierras a través de un programa del gobierno que promovía el trabajo agrícola, y necesitaba la ayuda de su hijo.
Curly había sido enviado por sus padres a una academia militar del otro lado del país cuando estaban en octavo grado, la conducta errática del chico y su cero tolerancia a la autoridad los había preocupado hasta ese extremo.
Lorenzo había tenido que mudarse, el verano pasado, al distrito norte del estado por el crecimiento de la compañía de su padre.
Los padres de Sheena la apoyaron cuando se volvió activista, y ahora era parte de una organización de voluntarios que viajaban por el país buscando rescatar animales, limpiar el país y los océanos y hacer protestas para salvar construcciones históricas o pedir apoyo para alguna especie en peligro o en contra de alguna corporación que estuviera afectando al medio ambiente.
La familia de Park se mudó a Nueva York.
Peapod asistió a una secundaria privada, y poco sabían de él desde entonces.
Iggy iría a una preparatoria diferente.
Robert consiguió una beca en Achben, Alemania.
Los padres de Gloria se divorciaron, y su madre se regresó a Georgia, su pueblo natal, y con ella, la rubia.
Arnold se había ido a mediados de sexto grado a vivir con sus padres en San Lorenzo.
Phoebe aceptó participar en el programa preuniversitario de la universidad de Columbia, y se mudó a Nueva York durante el verano.
El número de la pandilla se había reducido cuando estaban por empezar preparatoria, y resultaba dolorosa la ausencia de todos… Pesaba. Mirando la pantalla de su celular se preguntó por qué el segundo hijo de los Johanssen se tardaba tanto.
Manejando su camioneta, Gerald no podía encontrar una estación de radio decente para hacerle pasar un buen rato y terminó por perder la salida a casa de Harold que era a donde se dirigía en esos momentos. Su celular vibró en su bolsillo y no quiso tomar la llamada pensando en que era alguno de los chicos porque ya iba retrasado, al dar el retorno su teléfono comenzó a vibrar de nuevo y una idea pasó por su cabeza, qué tal si se trataba de Helga, usando su llamada en la comisaría para que fuera a recogerla. Deseando estar equivocado tomó el teléfono y respondió en altavoz.
-Te dije que te comportaras, ahora realmente llegaré tarde con los chicos- fue el saludo con el que inició la conversación al atender la llamada.
-¿Gerald?- la voz al otro lado era masculina, pero no de los chicos que lo esperaban en casa de Harold.
-¿Arnold?- quería asegurarse, aunque por un momento deseó que en vez de ser él fuera la rubia.
-Sí, soy yo… Hola- sonaba nervioso, aunque lo comprendía porque hacía seis meses que no sabía nada de él, ningún mensaje o carta o llamada.
-Hola viejo- respondió por inercia, enfocándose en no perder la salida esta vez.
-¿Estás ocupado Gerald?- no entendía por qué le estaba llamando justo ahora, justo hoy, aunque debía ser que era el último fin de semana antes de empezar clases en la preparatoria.
-Claro hermano, puedo hacerme el tiempo para hablar contigo, ¿Qué pasa?- se dio cuenta por primera vez lo grave que se había vuelto su voz estos años, no se había percatado hasta que escuchó también la voz de Arnold y todas las conversaciones que en su infancia habían tenido se hicieron presentes de nuevo.
-El lunes inician las clases- el moreno rodó los ojos y en su cabeza una voz muy parecida a la de Helga hizo eco con las palabras "Gracias por darme las noticias sociales, cabeza de balón"
-¡A ver, a ver! Tengo que interrumpirte aquí Rhonda- habló Jason, arrepintiéndose al convertirse en el objetivo de la molesta mirada de la chica –Digo, si me permites…- reiteró nervioso, recibiendo algunas risas de sus compañeros. Espero hasta que Rhonda le dijo que podía continuar, y suspirando aliviado, hizo la pregunta que quería hacer -¿Cómo sabes lo que pasaba en casa de Harold o en la camioneta de Gerald?- los otros chicos que escuchaban atentamente una historia de la que no habían formado parte, asentían efusivos a los comentarios del chico.
-Ya deberían saber a estas alturas, que soy omnipresente. Me entero de todo y lo que no sé lo indago- Chloe la miró con admiración, Jason suspicaz, Josh y Alex divertidos, y Miranda sólo bufó.
-¿Quieres continuar con tu historia? Ya quiero tener mi turno para preguntar- se quejó la morena, haciendo reír a la pandilla.
-No seas mandona- le reclamó Rhonda con el ceño fruncido, sus amigos compartieron una mirada cómplice y guardaron silencio.
-Así es- el chico aparcó el vehículo fuera de la casa de Harold y se giró para tomar su mochila del asiento del copiloto.
-¿Tú no estás nervioso?- el rubio definitivamente sonaba nervioso, pero Gerald pensó un momento en la pregunta.
-¿Por el lunes? No. No realmente, es sólo el primer año, creo que saldrá como tenga que salir- aunque no era sincero del todo, no estaba nervioso pero sí sentía algo de ansiedad, pasó sus últimos años de educación básica imaginándose entrar a la preparatoria del brazo de su hermosa novia Phoebe Heyerdahl, con toda la pandilla completa junto a ellos, pero esa ilusión ya no se cumpliría, cruzaría esas puertas solo y tendría que afrontar el primer día solo.
-Sí. Como tenga que salir. Sí- el moreno se preocupó entonces, normalmente su amigo no era inseguro, pero antes de que pudiera preguntarle, la voz del rubio volvió a escucharse –Es sólo que me imaginé que me sentiría emocionado y no…
-Enfermo del estómago- completó Gerald recordando una frase al respecto que había usado Harold.
-Sí. Eso. Sí- cielos, los nervios debían estarlo matando si había llamado a su amigo de la infancia por primera vez en seis largos meses.
-Hey viejo, tranquilo, estás en el lugar al que perteneces ¿no?- algo dentro de él lo hizo sentir el impulso de decirle que Arnold pertenecía a Hillwood y por eso se sentía así, pero se contuvo, durante sexto grado estuvo pidiéndole a su amigo múltiples veces que volviera a casa, y terminó por abrumarlo y provocar que rompiera el contacto por más de un año, no quería que eso volviera a pasar.
-Sí… Gracias Gerald- esta vez, Arnold sonaba mucho más calmado y eso alegró al moreno –Me tengo que ir pero prometo llamar pronto, lamento haber mantenido silencio de este lado del mundo camarada- Gerald iba a responderle que le dijera cuándo pero el sonido del término de la llamada lo hizo desistir. Se recostó un momento en su auto, recordó la última vez que había hablado con Arnold, se había estado quejando de Helga, de la broma que le hizo con el queso de nachos en el cine durante una salida con ella y Phoebe, le había dicho que la odiaba aunque no era verdad y su amigo le respondió que del odio al amor hay solo un paso. Luego de esa frase ambos callaron y Arnold se despidió un minuto después para no volver a hablarle todo ese tiempo. Lo pensó detenidamente, quizás el rubio se había sentido así por Helga, que la odiaba, y luego, la amó… o la seguía amando, él ya no podía saber.
De pronto, todos sus pensamientos fueron cortados por un golpe muy fuerte en el cristal que lo hizo saltar de su asiento y las risas de sus amigos le llegaron haciéndolo sonreír, bajó para no hacerlos esperar más, no por Arnold al menos, él se había ido, y todos los chicos ahí se quedaron no quería olvidar eso.
