Capitulo 15

Abraxas Malfoy caminaba pensativo de un lado a otro de su biblioteca, intentando encontrar la excusa perfecta para regresar a la mansión y poder acercarse un poco más a la señorita Hermione. El día siguiente al incidente entre Sr. Tom Riddle y el Sr. Tarner, mandó a uno de sus elfos a investigar a casa del conde del Sr. Tarner y éste le confirmó algo que le hizo inmensamente feliz: la relación entre su señor y el Sr. Tarner se había roto y el vínculo entre padre e hija se encontraba en su peor momento.

Abraxas sabía que estaba ante la oportunidad ideal para conseguir su propósito. Ahora el Sr. Tarner se había convertido en enemigo del Sr. Tarner y eso era beneficioso para él. Solo faltaba convencer al Sr. Tarner de que él era el hombre perfecto para convertirse en el esposo de su hija. Si eso llegaba a suceder, una vez más, habría ganado la batalla contra Riddle.

Debo actuar con prudencia. Un error y mi plan será un completo fracaso. Solo han pasado dos días desde que ocurrió la pelea y los acontecimientos están muy recientes, quizás sea mejor esperar un poco más para visitar la mansión. ¡Por supuesto que sí! Valdrá la pena esperar.

—Mi señor, le busca una señorita que dice llamarse Maríene Miller.

—¿Qué quiere ahora esta buscona? —preguntó con desprecio.

—No lo sé señor. Si desea puedo excusarlo con ella.

—¡Hágala pasar a la sala privada y que no nos moleste nadie! ¿Me escuchaste elfo estúpido? ¡Nadie! —gritó furioso.

Malfoy esperó varios minutos antes de dirigirse a la sala. No le apetecía encontrarse con nadie, pero la última vez que estuvo a solas con aquella hermosa mujer disfrutó mucho de su compañía. Maríene tenía una gran habilidad a la hora de seducir a un hombre y era única satisfaciendo todas sus necesidades. Eso era justo lo que Sr. Malfoy necesitaba en aquel momento. Sentirse pleno y satisfecho por una mujer.

—Buenos días señorita —susurró pegando sus labios al tentador cuello de Maríene, que estaba de espaldas a él—. ¿Me extrañaste?

Malfoy giró a la mujer con brusquedad y agarrándola de la cintura, se arrimó totalmente a ella. La mujer sonrío con picardía y Abraxas devoró sus labios con pasión sin poder resistirse a sus encantos. La respiración de la mujer era agitada y sus pechos amenazaban con salirse del corsé en cualquier momento. Sr. Malfoy se percató de este detalle y volviendo a girarla, empezó a desatar con desesperación las cintas de seda que ataban la apretada prenda de vestir.

—No sabes cuánto deseo volver a estar dentro de ti y realizar contigo todas y cada una de mis fantasías.

—Quizás después de lo que vengo a contarte se disipen tus ganas de acostarte conmigo —confesó con burla.

—Pues entonces primero te haré mía y después me dirás a qué has venido.

Abraxas se desprendió del bonito corsé y lo tiró al suelo con rapidez. Giró bruscamente a la mujer y pegó su entrepierna a la falda, debajo de la cual se escondían cinco enaguas que le daban el volumen adecuado. Maríene enredó sus dedos en el sedoso pelo de Malfoy y mordiéndose el labio, susurró con una sensualidad muy característica de ella:

—Querido, ¿son ciertos los rumores que dicen que eres un asesino? —preguntó directamente.

El rostro de Abraxas se contrajo y la rabia se instaló en su cuerpo. Agarró a la mujer por el cuello y la acorraló contra la pared, mirándola con los ojos desencajados e inyectados en sangre. La sonrisa que segundos antes había en el rostro de Maríene se borró de inmediato, dando lugar al pánico y el nerviosismo.

—¿De dónde demonios sacas semejante calumnia, maldita bastarda? —gritó endiablado.

—Er…Eris —habló con dificultad por la falta de aire.

Cuando escuchó aquel nombre, Malfoy soltó a la mujer y se alejó de ella, tocándose el cabello con desesperación. Era consciente de que debía serenarse, aquel tipo de reacciones solo harían que él mismo se delatara.

—¿Has conocido a Eris? —preguntó nervioso.

—Solo la he visto. —Malfoy se masajeaba el cuello mientras intentaba normalizar su respiración—. No he tenido oportunidad de conversar con ella. —Maríene ya más recuperada, volvió a dibujar su sonrisa perenne en el rostro.

—¿Y cómo demonios sabes…? Quiero decir, ¿quién te ha dicho semejante disparate? —rectificó rápidamente nervioso.

Maríene le contó a Malfoy el incómodo encuentro a su señor en la Feria el día anterior y le confesó que había decidido seguirlo sin que él la descubriera.

—Justo cuando se marchaba, vi cómo se quedaba fijamente mirando a una muchacha y ésta lo reconoció también. Riddle comenzó a correr y yo decidí seguirlos y esconderme cerca de ellos para escuchar la conversación.

Maríene había oído toda la charla con lujo de detalles y así había descubierto las sospechas que Riddle, que Malfoy quería traicionarlo.

—¡Maldita sea! —blasfemó nervioso de un lugar para otro de la habitación, sin saber qué hacer. Si Eris hablaba, todo se descubriría y él acabaría pagando.

—Han quedado en verse esta noche. —Maríene se acercó a Malfoy por detrás y lo abrazó, trazando círculos con sus dedos en el cuello del conde—. Y yo sé el lugar exacto del encuentro.

—Tenemos que impedir que Riddle… hable con Eris y tú me vas a ayudar —dijo rodeándose y agarrando a la mujer por la cintura.

—¿Qué pasa Sr. Malfoy, ya no es tu señor…? ¿Y por qué debería hacerlo? —preguntó Maríene mordiéndose los labios con encanto.

—Porque está perdiendo facultades y más ahora que está obsesionado con la señorita Tarner. A demás, si me acusan de los supuestos asesinatos, Riddle tendrá el camino libre para casarse con la señorita Hermione. —Malfoy agarró fuertemente del pelo de Maríene y tiró de él hacia atrás, dejando más a la vista el precioso cuello de la mujer—. ¿Eso es lo que quieres?

Malfoy paseó su habilidosa lengua por la barbilla de Maríene, haciendo que la excitación de la mujer se hiciera más notable.

—También está la posibilidad de que intentes delatarme y la maldición se cumpla contigo sin ni siquiera llegar a casarte conmigo. Solamente por habernos acostado, es más que suficiente para que la maldición recaiga también sobre ti. Me estas entendiendo, ¿verdad? —preguntó regalando pequeños mordiscos a la mujer en los hombros, mientras que sus manos se dirigían a sus tentadores pechos.

—Me encanta hacer tratos contigo. Dime que tengo que hacer —susurró excitada.

Maríene estaba totalmente enloquecida por lo que Malfoy le estaba haciendo y las palabras escaparon de su boca sin pensarlas. Abraxas había liberado uno de sus pechos y succionaba el pezón con verdadero énfasis, haciendo que relámpagos de placer se instalaran en el centro de su deseo.

—Primero déjame disfrutar de ti y después te diré lo que vamos a hacer.

A partir de ese momento, las palabras sobraron y los únicos ruidos que se escuchaban en aquella habitación eran los de dos cuerpos desnudos, entregados a la pasión y la lujuria.

Hermione llevaba dos días encerrada en su habitación, no le apetecía comer ni hablar con nadie. La tristeza se adueñó de su cuerpo y se pasaba las noches en vela y los días llorando, tirada sobre su cama o mirando por la ventana sin parar de repetir que aquella nunca sería la vida que ella quería. Sentía como su cuerpo se desvanecía y tenía la sensación de que se desmallaría de un momento a otro.

La Sr. Tarner había intentado ir a visitarla a su alcoba varias veces, a escondidas de su marido, pero Hermione no quería hablar con ella y con todo el dolor de su corazón, regresaba a sus labores de bordado, suplicando a Merlín que su hija recapacitara y volviera a ser la mujer obediente que siempre había sido. Sara también había intentado hablar con su amiga pero fue inútil.

—¡Dejadme sola, no quiero ver a nadie! —gritaba Hermione cada vez que alguien intentaba romper su intimidad.

La reacción de Hermione al escuchar los golpes nuevamente sobre su puerta fue la misma que las veces anteriores. En cambio, cuando escuchó la voz de Abril, abrió la puerta con la única condición de que entrara ella sola.

—Estamos muy preocupados por ti, Hermione —anunció Abril mientras volvía a cerrar la puerta con llave—. ¿Hay algo que pueda hacer para que te encuentres mejor?

—Nada me hará sentir mejor. ¡Quiero que dejen de controlarme, Abril! ¿Tan difícil es eso?

—Hermione, admiro tu valentía y tu fuerza de voluntad. Sin embargo, siempre he sabido que llevar una vida como hija o esposa de un hombre con cargo importantes, no es tan fácil como todos lo vemos desde fuera.

—Pero yo no he elegido esto. —Hermione lloraba desesperada—. Me he visto obligada a adaptarme a un lugar y una vida que no me corresponden. ¡Es imposible que alguna vez llegue a aceptar esta vida! —exclamó mientras comparaba mentalmente los acontecimientos llenos de represalias que estaba viviendo en aquella época, donde la libertad de elección primaba sobre lo demás.

—Es normal la reacción que estás teniendo. Antes vivías rodeada de humildad y aunque hay restricciones, no son tan radicales como las que tienes ahora. Acabarás acostumbrándote.

—¡No lo entiendes Abril! —gritó disgustada—. Tu abuela…

—¿Qué pasa con ella? —interrumpió la doncella intrigada.

—Abril, ¿alguna vez has visto este amuleto antes de que yo lo llevara puesto? ¿Lo reconoces?

Hermione estaba decidida a sincerarse con la muchacha. Se quitó el relicario de su cuello y se lo tendió a la mujer. Abril le dio varias vueltas entre sus manos observándolo con detenimiento, finalmente negó con la cabeza. Definitivamente ese amuleto solo lo había visto en el cuello de Hermione.

—Yo conocí a tu abuela incluso antes que a ti. Ella me lo regaló.

—Mi abuela siempre ha sido muy generosa —Abril se secó una lágrima al recordarla—. Era especialista en piedras. ¿Sabes? Algunos Muggle se los encargaban para curarse de enfermedades, otras para encontrar el amor o incluso había quién pretendía incrementar su fortuna con ellos. Su magia era tan milagrosa que gente de todas las clases sociales Muggles acudían a visitarla.

—Abril, el problema es que yo no se lo pedí. Ella fue a buscarme y me lo regaló. —Hermione eligió las palabras correctas para contarle a Abril como había llegado a parar ese colgante a sus manos—. Yo vengo de otro lugar. —La mujer se encogió de hombros sorprendida—. Esta piedra me ha transportado en el tiempo. —Abril abrió la boca tanto que creyó que se le desencajaría la mandíbula. Estaba atónita—. Me dijo que este colgante era el amuleto de mi destino.

Cuando Abril escuchó aquellas palabras, no podía creerlo y retrocedió varios pasos con lágrimas en los ojos. Su abuela, desde que ella era consciente, había estado estudiando el poder de las piedras y había elaborado varios hechizos para crear un amuleto que cambiaría el destino de quién lo poseyese. Pero siempre que lo ponía a prueba, el hechizo resultaba fallido.

—¡Es imposible esto que me cuentas! ¿Cómo lo ha conseguido? —anunció Abril en estado de shock.

—Es cierto, tus hermanas que han vivido con ella en los últimos años, me conto que lo había elaborado para traer a una persona que era la elegida para cambiar el futuro. Me pidió que cuidara de vosotros y que yo era su elegida. —Aquella revelación hizo que las lágrimas resbalaran por las mejillas de Abril—. Necesito que me cuentes todo lo que sepas de este hechizo, Abril. Tengo que volver a mi vida. No quiero estar aquí, yo no puedo ser esa persona que buscaba —suplicó Hermione agarrando las manos de la mujer.

—Lo siento mucho Hermione —hipó—, pero yo no sé nada de magia, soy una Squib. Pensaba que mi abuela se había rendido hace varios años y no había conseguido encontrar el hechizo que tanto había buscado.

—¿No conoces a alguien que pueda ayudarme? —Abril negó con tristeza.

—¿Por qué quieres regresar?

—No puedo hacerlo, no soy capaz... —Un sollozo escapó de su garganta—. Yo necesito actuar libremente, sin que nadie me controle o me obligue a hacer algo que no quiero.

—Pero esto es lo normal Hermione.

—Es habitual para ti que has nacido bajo estas normas. En la época de la que yo vengo, todo es totalmente diferente. Pero nunca aceptaría estas obsoletas normas de sociedad. ¡Imposible!

Hermione le contó algunas peculiaridades de tiempo. Le habló de su trabajo como Auror, de sus amigos, no todo por su puesto.

Abril estaba impresionada por todo lo que le estaba explicando Hermione, pero lo que más le alarmó fue conocer que las mujeres de su tiempo, podían llevar las piernas al descubierto sin ser criticadas ni mal vistas.

—¡Tiene que haber algo que me ayude a regresar a mi vida! ¡Por favor ayúdame Abril, te lo suplico!

—Lo único que puedo hacer es ir a la cabaña de mi abuela y traerte sus libros de magia. Quizás ahí, encuentres la respuesta que buscas.

Hermnione le dio permiso a su doncella para que fuera al día siguiente a por esos libros. Un atisbo de esperanza e ilusión apareció en el rostro de Hermione. Si había alguna posibilidad, por mínima que fuera, quería llevarla a cabo. De todas formas, la única ilusión que tenía en aquel lugar, se había esfumado un par de días antes.

Nunca podré hablar con Riddle, y terminar mi cometido. Mi padre no lo permitirá.

¡Hola mis queridos lectores! siento si este capítulo es más corto espero actualizar el siguiente tan pronto como pueda. Que lo disfrutéis,

Y pronto sabremos si Riddle habla con Eris. Y qué planes tiene Malfoy para derrotar a Riddle.