Capitulo 17

Eris había dudado hasta el último de asistir con su señor o no. Sabía que, si delataba a Malfoy, las consecuencias para ella podían ser fatales.

Finalmente, Eris se colocó un vestido oscuro y una capucha negra y rezó a Merlín la protegiera de todo peligro.

Veinte minutos después, llegó junto al lago situado a las afueras de Londres. Estaba cansada por el largo paseo y se sentó en una piedra a esperar a que al Riddle llegara. Cada minuto que pasaba su señor no llegaba, las dudas iban apareciendo en su mente y el pánico se iba adentrando en su interior. Estaba a punto de salir corriendo, cuando la presencia de un hombre en la lejanía la detuvo en seco.

Ya es demasiado tarde, Riddle se acerca y no me dejará ir sin haberle contado todo lo que se.

Eris esperó a que el hombre se aproximara a ella para poder distinguir su rostro en la oscuridad de la noche. El pánico le absorbió por completo. Sus piernas temblaban nerviosas, cada músculo de su cuerpo se tensó bajo su vestido, su respiración se volvió irregular y toda la sangre de su cuerpo se agolpó en su cabeza.

Ante ella tenía Abraxas Malfoy, el hombre al que ella había amado en silencio durante años incluso después de haberse casado con su esposo, hasta que descubrió su gran secreto y al terrible hombre en el que se había convertido, transformando su adoración por él en un odio descomunal.

Malfoy se quitó el sombrero intentando disimular su nerviosismo. Volvía a tener enfrente a Eris. La conocía desde pequeña, su madre había trabajado en casa de sus padres toda la vida y si no fuera por pertenecer a diferentes clases sociales, ellos dos se hubieran criado juntos. Cuando Eris comenzó a trabajar para su padre, Abraxas se fijó en ella como mujer por primera vez. Le encantaba su cuerpo lleno de curvas, sus ojos verdes, su preciosa melena cobriza y su sonrisa. Todo, adoraba cada detalle de aquella mujer. Él siempre había pensado que Eris era la pieza perfecta que faltaba en su vida, el ángel que necesitaba cualquier demonio y el sol que salía cada mañana después de una noche de tormenta. Eris había sido y siempre sería su amor verdadero y la única dueña de su corazón.

Durante años, la había cortejado y en alguna ocasión había llegado a besarla e incluso a declararle su interés. Sin embargo, entre ellos había un gran obstáculo. Él era el heredero de la familia Malfoy más importantes, y ella una simple criada, una bruja sin tituló. Él mismo decidió alejarse de Eris e intentó sacarla de sus pensamientos, pero estaba tan clavada en su corazón que no consiguió lograrlo. Un par de años más tarde, Eris comprendió que nunca tendría una relación plena con el futuro hijo de los Malfoy y decidió casarse con uno que trabajaba en el ministerio.

—¡Vaya, vaya! Volvemos a vernos querida —dijo colocándose a escasos metros de ella—. ¿No vas a saludarme?

La voz ronca de Malfoy hizo que la rigidez se instalara en el cuerpo de Eris y la mujer activó todas sus alertas. Sabía perfectamente que Malfoy no estaba allí por casualidad. Algo tenía entre manos y ella debería estar muy atenta a cada uno de sus movimientos para poder reaccionar a tiempo.

Abraxas, al ver la pasividad de Eris, empezó a girar en torno a ella, intimidándola y recorriendo las sinuosidades de la mujer con su penetrante mirada. El corazón de Malfoy latía con rapidez al sentir la cercanía de la criada, la excitación despertó en su entrepierna y el deseo se apoderó de su cuerpo. Sin embargo, él sabía perfectamente cómo controlar sus nervios y debía parecer una persona implacable. No podía mostrarse frágil ni ante ella ni ante nadie.

—¿Dónde has estado todo este tiempo? —La mujer se negó a responder—. Si no hubieras desaparecido podríamos haber vuelto a ser amantes. —Malfoy recorrió las yemas de sus dedos por el cuello de la doncella, haciendo que ésta se apartara rápidamente de su contacto— ¿Por qué te retiras? Antes te encantaba besarme —susurró colocándose detrás de ella—, adorabas mis caricias y deseabas que te hiciera mía. ¿No recuerdas como te hacía vibrar entre mis brazos?

La excitación también apareció en el cuerpo de Eris al recordar las noches de pasión que compartió con él en su pasado, cuando ya estaba casada con su difunto esposo. Se empeñaba en odiar a aquel hombre como a ningún otro, era consciente de que ella no era ninguna santa, pero en el fondo de su corazón sabía que aún seguía sintiendo amor por él.

La mujer se giró con una habilidad increíble y dirigió un rodillazo a la entrepierna del Malfoy. Éste gritó por el daño que le había ocasionado y se llevó las manos al interior de sus muslos para masajear la zona dolida. La mujer agarró su varita con fuerza y emprendió una carrera, intentando huir de aquel hombre que sería capaz de cualquier cosa por salvar su pellejo.

Eris corría lo más deprisa que podía, pero la falda larga le impedía la carrera. Escuchaba los gritos de Malfoy cada vez más cerca y era consciente de que éste estaba acercándose rápidamente a ella, tirándole hechizos. Su corazón latía con ímpetu y sus piernas intentaban no flaquear. En pocos minutos, el ritmo de carrera de Eris había disminuido y el de Malfoy había aumentado. Abraxas consiguió lanzarle un Impedimenta para impedirle que siguiera, agarró el brazo de la mujer con fuerza, tiró de ella y la acercó a él, inmovilizándola con su cuerpo.

—¿Dónde crees que vas maldita bastarda?

La mujer pataleaba como un caballo desbocado, intentando soltarse del abrazo de Malfoy, con la mala suerte se le cayó la varia. Gritaba con todas sus fuerzas deseando que alguien la escuchara y fuera a ayudarla, pero parecía que nadie pasaba por allí. Malfoy lanzo un hechizo para silenciarla.

—¿Sabes que esto es lo que más me ha gustado siempre de ti? La parte salvaje que te caracteriza y tu fuerte personalidad. ¡Me vuelve loco! —dijo Malfoy mientras acaricia el rostro de ella.

Eris mordió con fuerza uno de los dedos de la mano de Malfoy y un hilo de sangre empezó a gotear cuando éste la retiro. Totalmente encolerizado, giró a la mujer con brusquedad y le abofeteó la cara con la mano abierta. De la fuerza del golpe, Eris cayó al suelo y Malfoy no se lo pensó dos veces y se tiró sobre ella, agarrando sus manos por encima de la cabeza y sentándose sobre su vientre. La mujer volvió a intentar gritar y esta vez, Malfoy no se lo pensó dos veces y dirigió sus labios hacia la boca de Eris, devorándola con necesidad, con anhelo, con pasión. Ella hacia esfuerzos por mantener su boca cerrada pero el simple contacto de sus labios le repugnaba y al dar una arcada, Malfoy aprovechó para introducir su asquerosa lengua entre los labios de ella.

—No me lo pongas más difícil. Dime qué le ibas a contar a Riddle.

—Eso a ti no te importa, malnacido.

Malfoy soltó una de sus manos y con ella volvió a golpear a la mujer, para después volver a besarla con ardor. Cuando separó sus labios Eris escupió en su cara.

—Siempre te he amado —dijo limpiándose la saliva de la cara—, creo que desde que te vi por primera vez con cinco años, cuando entré a la cocina a por un vaso de agua y allí estabas tú, sentada en una silla sonriéndome con esa sonrisa que siempre me ha cautivado. Ahora, pasado todos estos años, sé que te sigo deseando con la misma intensidad de siempre.

—Yo te desprecio con todo mi ser. ¡Me das asco! —confesó Eris con desprecio.

—Todo hubiera sido muy fácil si tú no hubieras decidido meter tu preciosa nariz donde no debías —ignoró la soberbia con la que le había hablado Eris—. Ahora no me vas a dejar otra opción que matarte. No puedo arriesgarme a que me delates.

El pánico se apoderó del cuerpo de Eris cuando vio que Abraxas sacaba su varita de su bolsillo de la chaqueta y lo acercaba a su cuello de ella. Las lágrimas inundaron sus mejillas y su cuerpo comenzó a temblar bajo las piernas del hombre que más odiaba en su vida.

—¡Shhh! No llores, querida, esto será más rápido que irte a dormir.

—¡No lo hagas por favor! No diré nada. ¡Te lo juro!

—No confío en nadie y mucho menos en una mujer, como tú. Ya me traicionaste una vez al ser de otro hombre y casándote con él, no voy a permitir que vuelvas a hacerlo.

Malfoy sentía la tensión del cuerpo de la mujer bajo el suyo propio y un nudo de emociones se apoderó de su estómago al sentir la angustia de Eris. Desde luego él no quería hacerle daño, amaba a esa mujer como a ninguna otra, pero sino la mataba, el único perjudicado sería él. Malfoy se sentía bajo presión y dos posibilidades aparecían ante él: matarla, aunque eso significara asesinar a su corazón que moriría con ella, o dejarla viva y condenarse a sí mismo a un castigo legal que acabaría con todo lo que él había conseguido, gracias a la herencia de su padre y a su propio esfuerzo.

Tengo que hacerlo. Debo acabar con la vida de Eris aunque me duela en lo más profundo de mi corazón.

Levanto la varita con fuerza mientras la mujer lloraba y gritaba desesperada. Los sollozos de Eris no le dejaban pensar con claridad. Cerró con firmeza sus ojos y solo los abrió cuando la decisión estaba tomada.

—Perdóname mi amor. —Eris sintió una lágrima sobre su cuerpo, pero esta vez no era de ella, sino del hombre que agarraba la varita con fuerza entre sus manos—. Eres tú o yo y ya sabes a quién le toca perder en esta ocasión. Si no lo hago, el único perjudicado seré yo.

Malfoy no le dio oportunidad para que se defendiera ni dijera nada más. Hizo un movimiento de varita y de ella surgió un destello verde.

Eris clavó sus intensos ojos verdes en el rostro de Malfoy, demostrándole todo el odio que sentía hacía él.

Malfoy, abrazó a Eris y la besó con amor. Odiaba provocarle daño a la mujer que amaba, pero no le había quedado más remedio que hacerlo. Ella sola se lo había buscado.

La noche acababa de caer y Hermione decidió salir a pasear aprovechando que reinaba la tranquilidad en su casa. Estar encerrada entre aquellas cuatro paredes, sin otra cosa que hacer más que pensar en su desgracia, era lo más agobiante a lo que tenía que enfrentarse desde el día que peleo con su padre.

No quería admitirlo, pero echaba de menos a Riddle, deseaba besarlo, sentirse apoyada y querida por él. Tom le había prometido que volverían a verse, sin embargo, no había hecho nada por encontrarse con ella. En cierto modo lo entendía, pero ella ya estaba comenzando a desesperarse.

Cuando pasó por la biblioteca, escuchó unas voces que procedían del interior. Se pegó a la puerta y prestó atención a lo que estaban hablando allí.

—¿Te vas a volver tan rebelde como nuestras hijas? —preguntó enfadado el padre de Hermione—. ¡Oh por Merlín, dame paciencia!

—Solo te estoy pidiendo que reconsideres tu decisión. Cuando Hermione se entere de lo que piensas hacer con ella, te odiará toda la vida.

Aquellas palabras de su madre hicieron que Hermione se pusiera en alerta. Estaban hablando de ella y de algo muy grave para que ella pudiera llegar a odiar a su padre.

—Quizás ahora no lo entienda, pero cuando por fin madure y vuelva a ser la mujer responsable que siempre ha sido, comprenderá que habré tomado la mejor decisión de su vida.

—¿Y crees que él es la persona adecuada para convertirse en su esposo? —preguntó preocupada la Sra. Tarner—. Ya sabes lo que dicen sobre, nuestra clase de…

—¡Mi importa muy poco! Todo es una mentira inventada por cuatro ignorantes, que no tienen nada mejor que hacer que meterse en la vida de los demás —interrumpió a su esposo—. Es el hombre ideal y junto a él, a nuestra hija no le faltará de nada.

Hermione se quedó espantada ante lo que acababa de descubrir. El Sr. Tarner estaba planeando su boda sin que ella supiera nada, ni siquiera sabía quién era el hombre con el que pretendía casarla.

¡Por la virgen! ¿Qué locura es esta? Pensó horrorizada.

No quiso seguir escuchando la conversación de los y con el corazón roto en cien pedazos y su cabeza funcionando a mil por hora, salió al jardín para poder pensar con claridad.

La brisa primaveral movía con libertad su cabello castaño y las hojas de los árboles susurraban una melodía tranquilizadora. Hermione necesitaba encontrar una solución ante el problema que se le avecinaba y estaba tan perdida y bloqueada, que no se le ocurría respuesta alguna.

En esa ocasión las lágrimas no aparecieron, ya las había agotado todas durante los dos días que llevaba encerrada. Además, era consciente de que necesitaba ser fuerte y permanecer tranquila para actuar correctamente, pero, sobre todo, para impedir que el Sr. Tarner o cualquier otra persona, la obligara a actuar en contra de su voluntad.

Mientras daba vueltas a todas las posibilidades que tenía, escuchó murmullos cerca de la entrada principal. Acompañando al silencio de la noche, corrió para ver de quién eran aquellos susurros. Se escondió detrás de un gran pino que había cerca de la puerta y agudizó sus sentidos para descubrir quién era aquella pareja que se mimaban mutuamente y se besaban con ardor bajo la luz de la luna.

—Las cosas en mi casa están muy tensas. Esperemos un poco más de tiempo.

—Como tú ordenes mi amor —respondió el hombre—. Vayamos a un lugar más seguro.

Hermione reconoció la voz de su amiga Sara. Otra vez volvía a escaparse a escondidas de sus padres para verse con el Sr. Dolohov Cualquier día sus padres la descubrirían y su decepción sería enorme.

Claro, ¡eso es! Tengo que escaparme. Esa es mi solución.

Ver a su amiga acompañada del hombre con el que llevaba viéndose a escondidas varias semanas sin ser descubiertos, les había dado la respuesta a todos sus problemas. Le creaba tensión tener que empezar una nueva vida, y desde luego, quedarse en este sitio para que la obligaran a casarse en contra de su voluntad, no era su preferencia.

Mañana prepararé todo lo que necesito y por la noche, cuando todos duerman, me iré de aquí para siempre. ¡Está decidido!

Estaba amaneciendo cuando Tom Riddle abrió sus ojos. Le dolía la cabeza muchísimo y todo le daba vueltas. No se acordaba de lo que había pasado hasta que vio dos copas de vino sobre la mesa y todos los momentos de la noche anterior regresaron a su mente.

Maldijo al darse cuenta de la hora que era. Se había quedado dormido la noche anterior y no acudió a la cita con Eris. Aquello significaba que había perdido la única oportunidad de delatar a Malfoy. Riddle no tenía ningún dato sobre su fiel mortifaga. Aquello le enfureció muchísimo. Estrelló las dos copas que había en la mesa contra la pared y varios jarrones cayeron al suelo cuando golpeó el armario de la sala.

Riddle gritó desde la sala enfurecido y sus elfos, alertados, corrieron. Tras interrogarlos a todos y comprobar que ninguno podía responder a sus preguntas pues no sabían qué le había hecho dormir tantas horas sin percatarse de nada y eso lo enfureció muchísimo, les ordenó que lo dejaran a sola.

No entendía como había podido quedarse dormido, pero sí sabía quién iba a poder explicárselo. Mariene era la última persona que él recordaba haber visto la noche anterior y debía ir a buscarla para exigirle una explicación.

Al llegar a la casa de la familia Miller, uno de los elfos le explicó que los señores habían salido de viaje.

—La señora Maríene los ha acompañado también —informó la empleada.

—¿Y cuándo regresarán?

—Lo siento, los señores no suelen avisarnos del tiempo que estarán fuera. Si lo desea, cuando vuelvan de su viaje puedo darle algún recado.

—Diles que vino a verlos el Sr. Riddle

Mucho más furioso que cuando había salido de su casa, Riddle se dirigió al lugar donde había quedado con Eris la noche anterior. Era imposible que ella estuviera allí esperándolo, él era consciente de ello, pero no tenía ninguna información sobre la mujer y decidió avisar alguno de sus seguidores, a ver si alguno de ellos savia algo de Eris.

Cuando llegó al lugar, al comprobar lo que ya sabía incluso antes de acudir al lago, saco la varita y empezó a lanzar hechizos a uno de los árboles durante un buen rato. Necesitaba liberar toda la tensión que tenía acumulada en su cuerpo.

Cansado y exhausto, se apoyó en el tronco y se dejó caer sobre la fresca hierba, intentando pensar con serenidad dónde podría encontrar a la chica.

Algo cerca del lago llamó su atención. Se levantó de un salto y se fue acercando lo más deprisa que pudo. Una capa negra de mujer manchada de sangre descansaba sobre una gran piedra, Riddle miro al su alrededor.

Eris no puede estar muerta. De ser así, el único culpable seré yo. Debí haber llegado anoche. ¿Que rayo paso ayer noche?

Si sus sospechas se llegaban a confirmar, definitivamente nunca podría desenmascarar a su peor enemigo….