Capitulo 25
El humor de todos iba de mal en peor. La Sra. Tarner se había encerrado en la habitación de Hermione y se negaba a salir de allí hasta que su hija apareció. No quería comer y se pasaba el día llorando, abrazada a los vestidos o algún otro objeto personal de su primogénita.
Sara también había caído en un estado crónico de apatía y solo le interesaban las noticias que tuviste que ver con su amiga. Ella estaba casi convencida de que Hermione iría a casa del Sr. Riddle, pero cuando Antonin le aseguró en su encuentro que no estaba con su amigo, se arrepintió de haberla apoyado en su decisión de escapar.
El Sr. Tarner se volvió un hombre de acero, sin sentimientos aparentes y con una frialdad demasiado evidente. Pero eso era la apariencia exterior porque por dentro, se veía abatido y cuando se veía a solas, no podía controlar que un par de lágrimas resbalaran por sus mejillas. Su hija y su mujer eran lo más importante de su vida y no quería que les pasara nada. Sin embargo, seguía pensando que debían acatar sus órdenes y mientras no lo hicieran, continuarían teniendo serios problemas.
Abril no se encontró mucho mejor que el resto de familiares. Ella le había ayudado a escapar y si algo le llegara a pasar, toda la culpa sería suya. Cuando consideró ayudarla no había pensado en las consecuencias y en aquel momento, sin recibir noticias de Hermione, Abril se arrepentía de haberle prestado asistencia.
Pero como bien dicen, la esperanza es lo último que se pierde y todos ellos creían que en cualquier momento Hermione rectificaría en su decisión y regresaría con ellos. Aunque las horas seguían pasando y no había ninguna noticia sobre la mujer desaparecida.
Olivia aprovechó que su hermana se había ido hacer unos recados, para pedirle a Hermione que cogiera los libros de hechizos y la acompañante una casa de un buen amigo que practicaba diferentes tipos de magia.
—¿Crees que él podrá ayudarme?
No sé qué querida, pero no perdemos nada por intentarlo.
—¿Confías en él?
—Por supuesto.
Cuando Hermione entró en casa del hechicero, un escalofrío recorrió todo su cuerpo. La decoración era oscura en tonos negros, grises y amarillos y en todas las mesas y muebles, había velas encendidas. La esposa del hechicero, una mujer bajita con el pelo enmarañado de color plata, las hizo pasar a la diminuta salita familiar, también repleta de velas, pero estas en color negro.
—Este lugar es muy terrorífico, me recuerda a una tienda que hay en el callejón Knockturn—dijo Hermione inquieta.
—No te preocupes, querida —susurró la mujer—, mi marido es muy enigmático, pero cuando lo conozcas, te caerá bien.
Una señora mayor salió de la habitación donde estaba el hechicero y su esposa les indicó que era el turno de ellas. Hermione se quedó sorprendida cuando entró y observó todo con detenimiento mientras Olivia saludaba amistosamente al hechicero.
—Ella es la señorita Hermione —comentó Olivia señalándola—, podríamos decir que es mi protegida.
—Bienvenida —dijo el señor centrando su atención en el amuleto que llevaba Hermione en el cuello—. Querida ese colgante no es una esmeralda común, me llegan sus vibraciones. Ese amuleto es poderoso y me atrevería a decir que demasiado.
—De eso queríamos hablarle…
Olivia invitó a Hermione a que le contara su historia con detalle para saber si el hombre podía ayudarla. El hechicero asentía cada vez que Hermione se detenía para tomar aire y asimilaba cada palabra que la mujer decía. Cuando finalizó, el hombre juntó sus manos y las pegó a su barbilla como si estuviera iniciando una plegaria.
—Entiendo. Lo que hizo esa hechicera es algo milagroso. He escuchado a hablar de ese conjuro y el poder de viajar en el tiempo. Podría engañarlas y darles algún remedio falso, pero la realidad es que no tengo ni idea de cómo hacerle regresar a su vida pasada. De todas formas, si me deja un par de días, intento investigar su caso. —Las dos mujeres asintieron con un ápice de ilusión.
—Hay otra cosa que queremos mostrarte —anunció Olivia invitando a Hermione a que sacara los libros que llevaba en la maleta.
El hechicero abrió el más grande de los tres y pasó varias hojas. Sus ojos se agrandaron tanto que parecían los de un búho en mitad de la noche. Estaba asombrado por lo que tenía entre sus manos.
—¡Esto es maravilloso! Estos libros valen una fortuna.
—¿Sabe lo que hay escrito en ellos? —preguntó inquieta Hermione.
—Lo siento. Nunca he tenido la suerte de tener un ejemplar de la lengua antigua entre mis manos y jamás imaginé que llegaría a ver alguno. Nadie me ha enseñado esta lengua y, por lo tanto, en esto no puedo ayudarlas
—respondió apenado.
—No se preocupe. Buscaremos otra opinión —respondió Olivia tocando la mano de Hermione para enfundarle ánimos, en su rostro se había dibujado la desilusión.
Hermione se había quedado afligida después de la visita al hechicero y durante el trayecto de regreso a casa se mantuvo en silencio. Cada día que pasaba tenía menos esperanzas de regresar, aunque en su cabeza y en su corazón había dos deseos claramente enfrentados. Por un lado, estaba la necesidad de volver a su vida anterior y recuperar a su familia tal y como siempre habían sido, aunque eso supusiera alejarse de las personas a las que había conocido en la nueva época, incluido a Riddle del que se había enamorado casi sin darse cuenta.
Y ese mismo sentimiento hacia Tom era lo que le hacía plantearse la posibilidad de quedarse para siempre en aquella nueva época.
—¿Está seguro, señor, que esta es la casa del hombre para el que trabaja la cuñada de Eris? —preguntó Dolohov, Tom asintió—. ¿Por quién va a preguntar? Por qué no sabe el nombre de la criada…
Riddle se enfureció al descubrir que no le había preguntado a la señora ese dato. Estaba tan satisfecho por haber recibido aquella información que se olvidó de ese pequeño gran detalle.
—Voy a encontrar a esa criada, aunque tenga que preguntarles, una a una, a todas ellas.
Sin embargo, el hombre no contaba con muchas criadas y cuando Riddle le contó el motivo de su visita, el dueño de la casa, muy servicial, mandó llamar a todas las mujeres que trabajaban para él. Cuando Tom mencionó el nombre de Eris, una de las doncellas echó un paso hacia delante y se presentó como la cuñada de la mencionada. El hombre le ofreció la biblioteca a Riddle para que pudiera entrevistarse, tranquilamente y sin interrupciones, con la criada. Mientras, Dolohov y él disfrutaron de un buen vino en la sala principal.
—Buenas días mí señor, ¿en qué puedo servirle? —preguntó preocupada la chica.
—Soy el Ser. Riddle, Eris trabajó varios años conmigo y estuvo mucho tiempo con el Sr. Malfoy.
Cuando la criada escuchó el apellido Malfoy, el pánico se adueñó de su rostro y retrocedió varios pasos asustada. Tom se percató del cambio y quiso tranquilizarla.
—Estoy buscando a Eris porque ella prometió ayudarme a desenmascarar. Él debe pagar por la traición. Necesito la ayuda de su cuñada.
—Dejen tranquila a Eris. Ella no quiere saber nada de lo que ocurrió aquella noche.
Riddle fruncií el ceño e intento controlar sus nervios.
—Yo necesito conocer los hechos, es muy importante para mí que ella me cuente todo lo que sabe —dijo—. Ese bastardo ya ha elegido a su próxima víctima.
—Mi cuñada puede meterse en graves problemas si decide hablar y quizás por salvarle la vida a otras mujeres, la suya puede estar corriendo peligro.
—¿NO SAVES CON QUIEN ESTAS HABLANDO, MUJER? — dijo Dolohov sacando la varita.
Riddle lo detuvo agarrándolo por la muñeca bruscamente. Y con un gesto de cabeza hizo que Dolohov se fuera de la habitación.
Cuando estuvieron solos Riddle continuo.
—Yo la protegeré. Le quiero ofrecer un trabajo y puedo asegurar que allí estará a salvo.
—¿Por qué viene a decirme todo esto a mí? Búsquela a ella. Eris es la que debe elegir si quiere trabajar con usted.
—Ese es el problema, querida —dijo Riddle con una media sonrisa—. Desde el día que prometió ayudarme no he vuelto a verla y no tengo ni idea de dónde encontrarla. Fui al piso donde ella se alojaba y la casera me dio esta dirección para que hablara con usted.
—Oh Dios mío, no permita que algo malo le pase a Eris —imploró la criada tapándose el rostro con sus manos.
Si ella hace lo que me prometió, estará a salvo. Si me dices dónde encontrarla, podremos ayudarnos mutuamente, ella confesando lo que sabe y la protegeré para que nada le suceda.
La criada paseó por la biblioteca angustiada, sopesando las posibilidades y decidiendo si decirle el lugar donde había comenzado a trabajar su cuñada hacía un par de meses. Finalmente le dio la información que pedía Riddle, haciéndole prometer que la cuidaría y protegería del Sr. Malfoy. Tom agradeció la ayuda prestada y se despidió de la criada.
—¿La ha encontrado, mi señor? —preguntó Dolohov cuando vio a su amo salir con un rayo de ilusión reflejado en el rostro.
—Tengo su dirección.
Abraxas estaba tan angustiado por la visita que había recibido de su fiel lacayo, que no podía aminorar el paso.
Quince minutos tardó en llegar a la vieja cabaña abandonada, donde un día estuvo la casa del guardia de la familia Malfoy, cuando su padre aún vivía. Una pequeña vivienda había acomodado un par de años antes para llevar a cabo sus actos más ocultos. Y el que tenía entre manos en aquel momento era uno de los más arriesgados.
Malfoy apareció en el lugar. Una mujer de construcción menuda, ataviada con un vestido de color gris y beige, se asomó con cuidado por una de las viejas ventanas de la casa. Al comprobar que era Malfoy, corrió a abrir la puerta. La mujer hizo una reverencia ante él, se apartó a un lado y dejó que éste entrara al interior.
Abraxas sabía perfectamente a qué parte de la casa acudir por lo que no hizo falta que la mujer lo guiara. Malfoy llegó a una pequeña habitación en la que predominaba la escasez de mobiliario. Apenas contaba con una mesita sobre la cual había un candil, una vieja cama de madera y una silla.
Los pies de Malfoy se clavaron en el suelo al ver el aspecto tan demacrado de la persona que yacía en la cama, impregnada en sudor y acompañada por unas violentas convulsiones. Si no hubiera sido porque la criada le informó que aún continuaba con vida y por los enérgicos movimientos involuntarios, hubiera pensado que tenía delante a una persona muerta.
—Hemos intentado bajarle la fiebre con diferentes métodos mi señor, pero ya no sabemos qué más hacer para conseguirlo —informó la mujer con pánico a la reacción de Malfoy, todos conocían su lado más violento cuando las cosas no salían como él deseaba.
En cambio, Abraxas no respondió a la mujer, tenía toda su atención puesta en la débil mujer que intentaba aferrarse a la vida, luchando contra todo el mal que le acechaba. Malfoy se acercó despacio a ella, con el gesto de su cara contraído por la preocupación, se arrodilló al lado de la cama y posó sus labios sobre la ardiente frente de la enferma.
La criada lo observaba atónita, nunca habría imaginado presenciar una escena como aquella. Malfoy era conocido por todos sus trabajadores como un hombre sin escrúpulos ni sentimientos y aquella demostración de afecto hacia la mujer, hizo que en el fondo de su corazón tuviera pena por el hombre.
—Perdóname, por favor. Tienes que seguir luchando por tu vida. No quiero ser el culpable de tu muerte —susurró Malfoy apretando la mano de aquella mujer entre sus manos.
Holaaa mis queridos lectores, aquí os dejo otra historia más. ¿Quien será la chica que tiene Malfoy retenida? ¿Tom encontrara a Eris? ¿Qué pasara con Hermione ..?
Espero con impaciencia vuestras opiniones. Saludos: P
