Capítulo 27

—Hermione, yo estoy comentando un amigo que en el mismo callejón Knockturn hay una tienda que vende antigüedades. Si te apetece, mañana podemos ir. Quizás en uno de esos puestos de objetos antiguos, encontremos algo que pueda servirte. —Olivia le regaló un guiño.

Hermione en un principio no sabía a lo que se refería su amiga, pero rápidamente la imagen de los libros de hechizos invadió su mente y esperanzada, aceptó encantada. Agotaría hasta la más mínima oportunidad para descubrir la forma de traducir esos libros.

Antonin Dolohov no paraba de mirar el anillo de oro y diamantes que había comprado para Sara. Deseaba que aquel día llegara pronto, las ganas de convertirla en su esposa y que por fin podrían ser solo, cada día aumentaban más. Daba igual si estaban cerca o lejos, su interés no desapareció.

—Mañana temprano regresaremos —informó Riddle entrando a la sala principal de la suite—, pero antes, pasaremos por el ministerio a visitar una persona el cual trabajaba Eris.

¿Séñor cree que es prudente, y si no está? ¿Qué harán?

—Seguiré buscándola hasta que dé con ella. Es la única persona que puede ayudarme y no me voy a rendir.

—Ojalá que encuentres a esa mujer, mi señor, tengo ganas de volver a ver a Sara. Ella me necesita más que nunca.

Tom lo miro con una ceja levantada.

—¿Cuándo se lo vas a dar? —Preguntó Riddle señalólando la joya que tenía Dolohov entre sus manos.

—Esperaré a que su padre dé su permiso para hacerla mi esposa.

—Confiaremos en que tengas más suerte con él —confirmó Riddle pensando en Hermione.

Tom se acercó al estante donde abundan las copas y licores y llenó dos de ellas con abundante coñac. Le pasó una a su mortifago y otra se la llevó a los labios, sentándose en el sillón que había enfrentado a Dolohov.

¿Estuvo decidido en casarse la señorita Hermione, señor?

—Por supuesto. Es otra de las cosas que haré nada más regresar. Si ella quiere, pediré la licencia especial y en unos días, convertiré en mi mujer. —Tomó un sorbo de su copa—. Además, casado con ella impide que regrese a su pasado. No quiero que se aleje de mí.

—¿Cómo va a regresar a su vida anterior? ¿Qué me está diciendo, señor? Una vez que su padre ha aceptado el cargo, no puede abandonarlo y no creo que permita que su hija vuelva a rodearse de pobreza mientras él tiene una gran fortuna.

Riddle fue consciente del comentario imprudente que había hecho y rápidamente rectificó.

—Es cierto Dolohov, no hagas caso de lo que he dicho. ¡Es una tontería! —Tom dejó su copa vacía sobre la mesa y se levantó para marcharse a su habitación—. Saldremos al alba.

Hermione llevaba tres días desaparecida y no habían vuelto a tener noticias de ella en la mansión de los Tarner. La tristeza y la desolación destacaban por su abundancia en el hogar de la familia.

Cansado de esperar, el señor Tarner decidió avisar a las autoridades para que buscaran a su hija inmediatamente. Los aurores del ministerio aseguraron que intentarían hacer todo lo que pudieran por encontrarla. Durante un rato, estuvo pidiéndole los datos físicos de Hermione a la vez que un buen dibujante, iba haciendo un retrato con la varita para que fuera más fácil su búsqueda.

—Haremos lo que esté en nuestras manos para encontrar a su hija. ¿Dónde cree que puede estar?

—El miserable del Sr Riddle se la ha llevado.

—¿Piensa que se trata de un secuestro?

—Estoy seguro de que él la ha convencido para que cometa esta locura. Él debe pagar por el delito que ha cometido.

—Le mantendremos informado —anunció uno de los aurores cuando terminó de anotar en una hoja toda la información.

Hermione savia de un sitio donde vendían objetos antiguos y alguno que otro peligroso. El callejón Knockturn, Olivia se percató de que Hermione había encontrado lo que buscaba y la siguió para interesarse por lo que la anciana vendedora le comentaba.

—Buenos días señora —saludó Hermione con una amplia sonrisa en el rostro.

—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarlas?

—Por casualidad, ¿tendría usted algún libro escrito en la lengua antigua? —preguntó Olivia directamente.

La mujer las miró con curiosidad, muy sorprendida por lo que le acababan de preguntar. Los nervios de Hermione se instalaron en su estómago al intuir que la respuesta sería negativa, otra vez más.

—Les ruego que me permitan hablar unos minutos con mi marido.

Hermione y Olivia asintieron y vieron como la anciana se alejaba de ellas para entrar a una pequeña habitación improvisada, que había sido elaborada con retales de tela de diferentes tonalidades.

—No debíamos haber venido Hermione —se sinceró Olivia entristecida.

—Tranquila, aún no hemos recibido una respuesta negativa por parte de la señora. Todavía hay esperanzas. – la tranquilizo Hermione.

La anciana volvió a salir y las invitó a pasar al interior de la peculiar habitación. Hermione y Olivia se miraron extrañadas y finalmente, la mujer tomó a su amiga de la mano y la animó a entrar.

La habitación estaba repleta de estantes con libros, algunos de ellos tan antiguos que incluso conservaban el polvo que se había adherido a ellos por el paso del tiempo. En el centro de la habitación había una mesa de madera maciza y sentado sobre una silla, se encontraba un joven y atractivo hombre y un anciano, que las inspeccionaba con detenimiento.

Él chico joven se levantó, hizo una reverencia ante cada una de ellas y las invitó a sentarse.

—Mi abuela me ha comentado el tipo de libro que buscan, ¿realmente pueden hacerse cargo del pago de un ejemplar escrito en la lengua antigua?

—¿Tan valiosos son? —preguntó Olivia con aparente tranquilidad.

—Hay muy pocos ejemplares por lo que su precio se eleva a una pequeña fortuna.

—¿Tiene alguno para mostrarnos? —intervino Hermione con la voz entrecortada.

—Depende —dudó con una pícara sonrisa en el rostro.

—¿Qué quiere a cambio de enseñarnos el libro un minuto?

—Debo asegurarme que ustedes no están interesadas en robármelo y que cuentan con la riqueza suficiente como para poder comprarlo.

—Te estas quedando con migó, guapo —gritó Hermione levantándose de la silla y dando un golpe en la mesa—, no nos faltes el respeto porque no somos unas ladronas.

—¿Cómo dice? —preguntó el muchacho sin entender aquella expresión que había utilizado la más joven de las mujeres.

—¡Cálmate Herm! —pidió con serenidad Olivia invitándola a sentarse nuevamente—. Nosotras en realidad no queremos comprar un libro, pero si esa fuera nuestra intención, podemos asegurarle que contamos con una fortuna lo suficientemente elevada como para adquirir varios de ellos.

—¿Entonces qué desean exactamente? —pregunto el vendedor totalmente confundido.

—Buscamos a alguien que sepa traducirnos unos libros que están escritos en la antigua lengua y a cambio, le daremos una buena fortuna a esa persona.

—¿De cuánto estaríamos hablando?

—De la cantidad suficiente como para poder vivir honradamente el resto de su vida —aseguró Olivia ante la atónita mirada de Hermione.

—Interesante —confesó el hombre pensativo.

—¿Es usted el hombre que puede ayudarnos a traducirlo?

—No, pero conozco a un sabio que estoy seguro que sabe todo lo que ustedes necesitan.

—¿Dónde podemos encontrarlo? —preguntó Hermione ansiosa.

—Debo pensarlo, quizás me ocasionen problemas si les doy esa información.

Olivia sacó de su bolso un pequeño saco de seda en el cual había algunas monedas, se lo pasó al vendedor y tras contarlo, le anotó la dirección y el nombre en un papel.

Hermione se sentía contrariada. Por un lado, estaba ilusionada por tener otra oportunidad para encontrar a la persona que le tradujera los malditos libros que le traían de cabeza, pero por otro, se sentía mal por Olivia. No quería que ella gastara más dinero en sus cosas. Ya había hecho suficiente acogiéndola en su casa, llevándola con ella a casa de su hermana y pagándole los vestidos, como para encima también hacerse cargo del resto de sus gastos. Hermione intentó convencerla para que aceptara uno de sus anillos de diamantes, pero Olivia, ofendida, se negó rotundamente.

—Cuando regresemos, ten por seguro que te haré un buen regalo por todo lo que has hecho por mí.

—Eso ya lo veremos.

Olivia enlazó su brazo al de Hermione y continuaron paseando el callejón, parándose en cada puesto que les llamaba la atención, relajadas y animadas, sin pensar en nada más.

Riddle pasó todo el camino de regreso absorto en sus pensamientos. Lo que más debería inquietarle era encontrar a Eris, pero la que en realidad ocupó su mente la mayor parte del viaje fue Hermione. Extrañaba tenerla cerca, deseaba volver a probar esos labios que tanto había comenzado a adorar y necesitaba convencerla para que se casara con él.

—Ya hemos llegado, mi señor—informó Dolohov

La casa del hombre estaba situada en uno de los barrios más populares de la ciudad. El carruaje se detuvo ante una impresionante casa de estilo renacentista y una mujer mayor, que distinguieron fácilmente, salió a recibirlos.

—Buenos días señora. —Riddle hizo una inclinación —. Estamos buscando al señor a su marido.

—El señor está muy ocupado y no creo que pueda recibirlo —informó la mujer educadamente.

—¿Vivía aquí de alquiler un muchacho llamaba Eris? —La mujer abrió mucho los ojos al escuchar aquel nombre.

—Enseguida le aviso de su llegada. ¿Cuál es su nombre? Para presentarlo ante él.

—Oh disculpe, Soy el Sr. Tom Riddle y mi acompañante es el Sr. Antonin Dolohov.

La mujer asintió y corrió hacia el interior de la casa para informarle a su señor de la visita de los dos condes. En un principio no pensaba dejarlos pasar, pero cuando preguntaron por chica que llevaba varios días desaparecida, intuyó que aquello era un asunto urgente.

El señor era un hombre de unos sesenta años de edad, de composición robusta y bastante alto. Tenía el pelo canoso y un largo bigote que recorría todo su labio superior y parte de sus mejillas.

—Me ha comentado mi mujer que han preguntado por una de mis inquilinas.

—Sí señor, me gustaría pedirle permiso para entrevistarme con ella. Si es tan amable —solicitó Riddle, de esa única manera que él savia de adular a las personas.

—Eso no va a ser posible, caballeros, pues Eris lleva varios días sin aparecer por aquí —anunció con gesto serio.

—¿Y puede decirme dónde encontrarla, señor? Realmente es muy importante para mí localizarla.

—Lo lamento Sr. Riddle pero nadie sabe dónde está. Hace varios días salió por la noche y desde entonces, no la hemos vuelto a ver.

—¿Es normal que se ausente sin avisar? —preguntó Dolohov atónito por la pasividad que mostraba el hombre. Su inquilina de alquiler había desaparecido y parecía no importarle.

—Es extraño, ninguno de mis inquilinos sale sin antes pagar el alquiler —advirtió elevando la voz—. Por mí esa desagradecida puede quedarse en el lugar donde esté, pues aquí ya no es bien recibida.

—¿Y no cree que algo le haya podido pasar? Usted mismo dice que no es normal.

—Realmente si algo le ha pasado, ella sola se lo ha buscado. Una mujer no debería salir a solas y menos aún de noche.

—Necesito encontrarla urgentemente, si usted pudiera ayudarme… —pidió Riddle manteniendo la paciencia.

—No sé cómo podría ayudarle yo —le interrumpió el hombre—. Ya le he dicho que no sé dónde está.

—¿Eris tiene algún conocido en la ciudad? ¿Alguien con quién pueda estar pasando unos días? —preguntó Dolohov intentando ayudar a su señor.

—A ver si se creen ustedes que yo no tengo nada más importante que hacer que ponerme a investigar la vida de cualquiera, tendría que darme las gracias por conseguirle una habitación —exclamó sarcástico—. No me interesa lo más mínimo sus vidas privadas. Y ahora, si son tan amables, les invito a que salgan de mi casa. Necesito seguir trabajando.

Riddle quiso reclamarle, pero fue consciente de que no merecía la pena seguir discutiendo con él. Se despidió lo más educadamente que pudo y salió de aquel lugar en el que predominaba el egocentrismo.

—¿Y ahora qué vas a hacer, mi señor? —preguntó Dolohov se alejaron del lugar.

—Ahora, no tengo la menor idea —anunció Riddle molesto. Su única oportunidad de desenmascarar a Malfoy, se acababa de esfumar.

Sara corría todo lo deprisa que podía, camuflándose en la oscuridad de la noche, para no ser descubierta por su padre. Aquella tarde había recibido una nota del dueño de su corazón y cuando supo que había regresado, su gozo no podía ser mayor. Por unos minutos se olvidó de la pesadilla que estaban viviendo por la desaparición de su amiga y se centró en la alegría que sentía por volver a encontrarse con su amado.

Cuando llegó al árbol más alto situado junto a las caballerizas, divisó a lo lejos a Antonin y con lágrimas en los ojos, siguió corriendo a su encuentro. Se abalanzó sobre él y refugiada entre sus brazos con un gran nudo de emociones en su estómago, lloró hasta que sus lágrimas se acabaron.

—¿Qué te ocurre preciosa? —Dolohov la inspeccionaba preocupado, aunque podía imaginarse el motivo de su desesperación.

—¡Oh! Te he necesitado tanto estos días. —Hipaba sin consuelo.

—No te preocupes por nada, mi amor, ya he regresado y esta vez no volveré a alejarme de ti.

—Hermione no ha aparecido —dijo entre sollozos—, lleva varios días desaparecida y yo creo que terminaré volviéndome loca si no regresa pronto sus padres están estéricos.

—Tu amiga está bien. No llores más —confesó Dolohov en un momento de debilidad.

Aunque le había dicho a su señor que intentaría guardarle el secreto, ver en aquel estado tan demacrado a la dueña de su corazón, le hizo darse cuenta que debía contarle lo que sabía.

—¡Que! ¿Sabes dónde está Hermione? —preguntó separándose unos centímetros del cuello de Antonin para mirarlo con ojos suplicantes. Dolohov dudó unos segundos—. ¿Ha viajado con vosotros? —El hombre movió la cabeza de un lado a otro—. ¿Está con el Sr. Riddle?

—No Sara. Tu amiga no se encuentra en la mansión Riddle. Por ahora.

—¿Y cómo sabes entonces que está bien? —Sara se separó del abrazo de su amado y retrocedió varios pasos—. ¿Quieres mentirme para intentar tranquilizarme?

—Nunca te mentiría, cariño. Si es cierto que tu amiga buscó a Riddle, pero no quiso viajar con nosotros y la Sra. Brow la ha acogido en su casa.

—Debo ir a verla en este mismo momento. Por favor, acompáñame —suplicó Sara desesperada.

—Primero tienes que prometerme que guardaras el secreto, si el Sr. Tarner o Malfoy descubren dónde están, tu amiga no nos lo perdonará.

—Te lo prometo —aseguró cogiendo las manos de Dolohov—, pero ahora, quiero verla.

—No va a ser posible, mi amor. Ellas han viajado a casa de la hermana de la Sra. Brow y no sabemos cuándo regresaran. —Un gruñido se le escapó de la garganta de Sara—. Ella la va a cuidar, ya conoces lo protectora que es esa mujer con sus amigos. No te preocupes por Hermione.—Le acarició la mejilla—. Sara, que no se te olvide que debes guardar silencio para protegerla.

—¡Nunca haría nada que perjudicara a mi amiga o a ti! ¿Por quién me has tomado?

—Ya lo sé preciosa. Discúlpame si te he ofendido. —Sara asintió secándose las lágrimas con su pañuelo.

—Prométeme que cuando regresen me llevaras a visitarla. Prométemelo, por favor.

—Si tú me prometes que no vas a volver a llorar nunca más. Odio verte triste.

Aquella revelación hizo que sus labios se curvaran levemente hacia arriba. Dolohov conseguí sacarle una sonrisa hasta en los momentos más difíciles. Por ese motivo lo adoraba con todo su corazón.

Dolohov cogió el rostro de Sara entre sus manos, retiró las lágrimas acariciando sus mejillas con sus pulgares y acercó su boca para besar los labios que tanto había extrañado los últimos días. Fue un beso tierno, lleno de cariño y amor, donde ambos se demostraron tantos sentimientos sin necesidad de decir nada más. Habían estado separados varios días, pero esa misma distancia fue la que les enseñó que ya no querían seguir viviendo sin su otra mitad y que necesitaban verso todos los días del resto de sus vidas.