Capítulo 28
El insomnio se adueñó del cuerpo de Riddle la mayor parte de la noche. No paraba de dar vueltas por la biblioteca, intentando pensar en el lugar donde podría estar Eris. No conocía mucho la visa de esa mujer, desde muy joven se unió a sus filas des pues desapareció. Resignado, comprendió la idea de desenmascarar a Malfoy podría esperar.
Lo que no podría aguardar era su compromiso con Hermione. Los días que había pasado fuera, lejos de ella, le habían servido para convencerse de que era la mujer con la que habían querido unirse. Durante la conversación que tuvo con su mortifago, este le había hecho recapacitar. Nervioso, consideró en las palabras que le regalaría cuando por fin la volviera a tener enfrente, para convencerla de que se casara con él en el caso de que todavía tenga dudas.
Aquella mañana Riddle, a pesar de no haber dormido mucho durante la noche, se convirtió muy temprano, se aseó y salió hacia la casa de la hermana de la Sra. Olivia para averiguar si ya habían regresado las mujeres de su viaje.
—Lo siento señor —se disculpó un de los elfos—, la Sra. Brow y la señorita Tarner no han regresado aún.
¿Información sobre el día que volverían? —Preguntó Riddle impaciente.
Elfo negó rotundamente y Riddle decidió regresar a su hogar. Ya volvería en otro momento para llevar a Hermione nuevamente a la mansión Riddle.
—Les estoy diciendo que el señor no se encuentra aquí —insistía el elfo.
—Díganos dónde encontrarlo, entonces debemos proceder a cumplir con nuestro trabajo —decía uno de los hombres que han llegado a la mansión Riddle.
¿Qué ocurre? —Intervino Riddle a espaldas de ellos, apareciendo y sacudiéndose el abrigo.
¿Es usted el Sr. Tom Marvolo Riddle? —Preguntó el más alto de los hombres. —Riddle asintió frunciendo el ceño.
-. Soy del ministerio y vengo una invitación a que nos acompañe. Está acusado del secuestro de la señorita Tarner, hija del Sr. Tarner.
La noticia le cayó como un jarro de agua fría. No se esperaba que fueran a acusarle de algo así, pero rápidamente supo que el padre de Hermione estaba vengándose de él y seguramente, Malfoy también tenía algo que ver en aquello.
—No pienso ir con ustedes —anunció con aparente calma—. Yo no la he secuestrado.
—Tenemos varios testigos que nos informan que usted ha tenido algo que ver con la desaparición de la mujer.
Los dos hombres del ministerio insistieron, empezando a sacar sus baritas de los pliegues de sus túnicas. insistieron en que fuera con ellos y a Riddle no le quedó más remedio que aceptar.
—Eso no es cierto. ¿Qué clase de agentes del ministerio sois que creéis todo lo que le dicen sin comprobarlo? Están cometiendo una injusticia —decía intentando parecer sereno.
—Si usted no ha secuestrado a la mujer, díganos dónde está
Y como queréis que lo sepa, si es un dato que desconozco. —Riddle estaba dispuesto a protegerla, aunque tuviera que pagar por un delito que no había cometido.
—No me haga perder la poca paciencia que tengo —confesó el del ministerio —. No voy a permitir que se rían de mí.
Riddle fue guiado por los dos hombres hacia el carruaje, donde fue trasladado al ministerio, donde seria encerrado de momento en un pequeño calabozo. Si en unos días la mujer no aparecía y se demostraba que él era el único culpable, lo trasladarían a la prisión de Azkaban. Riddle no paraba de decir que era inocente pero el auror hacia caso omiso a sus palabras. Si no iba a colaborar con la justicia diciendo el paradero de la mujer, no tenía intención de escuchar nada más de boca de aquel hombre.
Riddle fue encerrado en una celda maloliente, llena de telarañas y ratas y con una minúscula tabla de madera en la pared que hacía la función de cama.
—Se van a arrepentir de lo que están haciendo contra mí. Cuando salga de aquí y demuestre que soy inocente, ustedes van a pagar por este grave error. —gritaba apoyado contra los barrotes—. ¡Lo juro!
El eco repitió las últimas palabras que había pronunciado como si quisiera aliarse con él para que la declaración fuese más convincente. Riddle no podía creer que estuviera encerrado en el calabozo.
"Por nada en el mundo voy a permitir que Hermione regrese junto a su familia para que la obliguen a casarse con el bastardo de Malfoy. Lo tenía decidido si tenía que matarlo lo mataría".
Desde que el estado de Eris empeoró, Malfoy no se separó de su lado. La cuidaba y protegía como si fuera lo más importante de su vida. En realidad, lo era, pues no tenía nadie más a quién entregarle su corazón. Avisó a todos sus elfos de que debía viajar durante unos días, para que lo excusaran si alguien preguntaba por él y se instaló en la pequeña cabaña del bosque.
El día que visitó a Eris, se quedó tan preocupado por ella que supo que debía salvarle la vida, aunque con ello se arriesgara a que lo condenaran por sus delitos. Se reunió con el doctor y tras ofrecerle una pequeña fortuna por guardar silencio y otra por socorrer a Eris, ambos hombres partieron hacia la cabaña. El diagnóstico del doctor no fue muy esperanzador. La herida tenía una preocupante infección y si no conseguían bajarle la fiebre en las próximas horas, podía morir aquella misma noche. Por primera vez en su vida, Malfoy experimentó un sentimiento aterrador, causado por el pánico que le provocaba la idea de volver a perderla. Pero esta vez, para siempre.
Milagrosamente y con varios remedios, la fiebre bajó un poco y Malfoy pudo respirar algo más aliviado.
— Debo regresar a mi casa pues tengo obligaciones. Volveré a venir más tarde, pero si Eris necesitase algo, no dudes en buscarme inmediatamente. ¿Entendiste?
El elfo asintió obediente y Malfoy, tras devolverle una rápida mirada a Eris que seguía dormida en la pequeña cama, salió de la cabaña. Por su mente pasó una vaga imagen de Hermione y supo que debía acudir a casa del Sr. Tarner para parecer interesado en la desaparición de su futura esposa.
Los ánimos en casa de la familia Tarner iban de mal en peor. La desesperación era tal que la madre de Hermione, cegada por la impotencia y a punto de enloquecer, había salido durante horas a buscar a su hija. Regresó empapada por la lluvia y totalmente desolada. El Sr. Tarner llevaba encerrado en la biblioteca desde que había desde que había ido a denunciar la desaparición de su hija el día anterior. Esperaba noticias urgentes que parecían no llegar.
El Sr. Tarner fue avisado de la visita del Sr. Malfoy y muy enfadado, salió a recibirlo.
—¿Y usted es el marido perfecto para mi hija? —preguntó con el rostro cargado de rabia—. Ella lleva días desaparecida y eso parece no importarle. Creo que no está tan interesado en ella como me confesó hace varios días.
—¿Por qué dice eso Sr. Tarner? —preguntó haciéndose el ofendido.
—Porque no sabemos dónde puede estar mí hija y usted se va de viajecitos, vaya usted a saber a qué lugar.
—Disculpe, una prima lejana ha fallecido y debía acudir a su entierro —mintió fingiendo pena.
—Le acompaño en el sentimiento —dijo Sr. Tarner creyéndose la mentira—. Aunque debía haber avisado.
—Lo siento, fue todo muy repentino…
—Está bien, perdone por haberlo juzgado, pero entienda mi posición.
—No se preocupe, comprendo la desesperación que debe sentir porque justo es la misma que yo siento. ¿Se sabe algo de mi prometida?
—Nada. Ayer denuncié su desaparición y culpé al Sr. Riddle.
—Ha hecho lo correcto Sr. Tarner. Él es el único culpable —Malfoy se sintió plenamente satisfecho, aunque tuvo que disimularlo expresando su mejor gesto de preocupación.
—Señor, ha llegado un señor del ministerio —informó el elfo—. ¿Le hago pasar a la sala?
—Mejor a la biblioteca, Sr. Malfoy y yo lo estamos esperando.
El auror saludó a los dos hombres y pasó a informarle de todos los acontecimientos de las últimas horas. Los dos hombres se sintieron muy satisfechos al saber que Riddle se encontraba en prisión, aunque el que se sentía más victorioso fue Mafoy por poder vengarse. En cambio, la tristeza del Sr. Tarner regresó a su interior cuando el auror le informó que seguían sin noticias de Hermione.
—¡Hagan que ese bastardo confiese! —ordenó el Sr. Tarner voz engrito.
—Lo hemos intentado, pero dice ser inocente. Creo que va a ser muy difícil sacarle esa información. El motivo de mi visita también es para hacerles unas preguntas. —El conde de Sr. Tarner asintió—. ¿Cuánto tiempo lleva desaparecida su hija?
—Hace tres días y quince horas que nosotros descubrimos que se había ido, pero ella debió salir de aquí algunas horas antes. No sé decirle la hora exacta.
—No se preocupe, con eso será suficiente. Y dígame, ¿quién fue la última persona que la vio?
—la criada Abril, le subió el té después de comer, pero asegura que mi hija no le dijo nada de su huida.
—Lo tendré en cuenta por si hiciera falta interrogarla. ¿Tenía su hija motivos para marcharse de casa? ¿Quizás alguna disputa familiar?
—Lo que ocurra en mi casa no es asunto suyo.
—Necesito saberlo para poder encontrar a su hija y puede estar…
—¡Se acabó el interrogatorio! —le interrumpió el Sr. Tarner—. En vez de perder el tiempo hablando conmigo, debería dedicarse a encontrar a mi hija.
—Créame que este proceso es necesario y…
—¿No ha escuchado al Sr. Tarner, caballero? Será mejor que se concentre en que el Sr. Riddle confiese su delito. Él es el único culpable de la desaparición de mi futura esposa.
—Yo no estoy tan convencido de que el Sr. Ridlle sea culpable y no podemos culparlo sin pruebas evidentes.
—Son ustedes unos incompetentes —gritó furioso—. Yo mismo iré mañana y lo interrogaré para que me diga donde tiene escondida a mi hija. Y me lo va a decir, ¡claro que sí! —aseguró el Sr. Tarner.
—No se atreva a cuestionar mi profesionalidad —dijo enfadado el euror—. Intente no cometer ninguna locura porque puede salir perjudicado.
—¡Váyase de mi casa! No voy a permitir que me amenace. Y no es necesario que continúe en el caso, ya buscaré a otro que sí sepa hacer bien su trabajo.
—Me iré con mucho gusto, pero si se retrasa la búsqueda de su hija, tenga por seguro que el único culpable será usted por no querer colaborar con nosotros.
El elfo del Sr. Tarner acompañó al auror hasta la puerta. En la biblioteca, del Sr. Tarner se sirvió una copa de licor y le ofreció otra a Malfoy.
—En este mismo momento voy a informar al mejor auror de Londres sobre la desaparición de mi hija y estoy seguro, que mañana mismo estará aquí.
Hermione y Olivia llegaron, la ciudad donde el vendedor de libros le había dicho que vivía el sabio que le ayudaría a traducir los viejos libros de hechizos. Hermione estaba muy nerviosa, incluso más que las veces anteriores. Las opciones se le estaban acabando y cada vez tenía más claro que aquel era su destino y contra eso, nadie podía luchar.
La casa del hombre, era bastante pequeña, pero tenía un encanto especial. No sabían si era por el color azul grisáceo de la fachada, por los hermosos arcos de la entrada o por los bonitos balcones adornados con flores de distintas tonalidades.
Olivia llamó con los nudillos a la puerta de madera pintada en blanca y una mujer joven, de cabellos oscuros y rizados, vestida de negro y con unas marcadas ojeras, abrió la puerta con gesto serio.
—Buenas tardes, ¿en qué puede ayudarlas?
—Venimos buscando al señor Bins. ¿Es esta su casa? —Hermione y Olivia se percataron del temblor en el rostro de la mujer.
—¿Qui… quienes son ustedes? —consiguió decir—Yo soy Hermione, hija del Sr. Tarner y ella es Olivia Brow. Necesitamos hablar con el señor Bins. Es muy importante para mí. —Hermione intentó convencerla.
—¿Qué desean de mi padre? —La voz de la mujer se rompió en un silencioso sollozo.
—Nos han dicho que es un sabio muy importante y que nadie en este país sabe más que él. Nos gustaría pedirle ayuda para que nos traduzca unos textos. —La voz de Hermione también era temblorosa por los nervios.
—Le pagaremos lo que sea necesario por su ayuda —añadió Olivia.
—Me temo que no va a ser posible que mi padre les ayude. Lo siento mucho.
—Si no se encuentra en su casa, podemos regresar en otro momento —insistió Olivia.
—Mi padre falleció hace una semana. Él estaba bien y al día siguiente…
La mujer no pudo guardar más la compostura y rompió a llorar. Hermione sintió una punzada de tristeza en el pecho e intentando controlar sus lágrimas, trató de animar a la mujer. Olivia hizo lo mismo. Tras despedirse de ella, ambas amigas desaparecieron con un amargo sabor de boca.
—No hay nada más que hacer Olivia, debo aceptar mi destino.
—Aún nos queda una última cosa. El hechicero, que visitamos el otro día, nos dijo que iba a intentar averiguar la forma de deshacer el hechizo. Quizás él haya encontrado la solución.
—Lo dudo mucho. —Suspiró Hermione intentando desenredar el nudo de tristeza que albergaba su corazón—. Yo no tengo esperanzas ya y si te soy sincera, no quiero escuchar otra negativa más. No la soportaría.
—Está bien Hermione. Iremos y entraré yo sola. Si el hombre ha encontrado el remedio te lo comunicaré y si no es así, regresaremos mañana mismo a mi hogar.
Hermione asintió como un autómata. No tenía fuerzas para seguir luchando por recuperar su antigua vida, estaba agotada por tantas trabas puestas en su camino.
El carruaje se detuvo en la puerta de casa del hombre y Olivia bajó decidida, mientras ella la esperaba allí. Durante varios minutos, Hermione intentó no volver a hacerse ilusiones pues ya se había hecho demasiadas anteriormente. "Todas y cada una de ellas han terminado rotas y tiradas en el cubo de la basura."
—¿Qué tienes que decirme? —preguntó Hermione cuando su amiga salía de la casa después de la visita.
—Mañana regresaremos de madrugada. —Olivia alargó la mano y tomó la de Hermione para darle ánimos.
No le hizo falta una respuesta negativa, lo había entendido perfectamente. Ahora solo quería volver al lado de Riddle para que éste le animara como solo él sabía hacer. Extrañaba su cercanía y necesitaba volver a sentirlo cerca. Todo lo demás, ya no importaba.
Sr. Tarner se levantó muy temprano aquella mañana y sin avisar a nadie, partió hacia el ministerio donde tenían arrestado al Sr. Riddle. Tras darle una buena propina al guardia, consiguió que éste le permitiera entrar unos minutos a la celda.
Riddle estaba sentado en el suelo, con la cabeza apoyada entre sus manos. Una voz ronca le hizo levantar la vista sobresaltado.
—Me alegra verle en ese estado. —Rió el Sr. Tarner al ver el mal aspecto que tenía el conde—. Es justo lo que se merece.
—Yo no me he llevado a su hija, Sr. Tarner —aseguró levantándose del suelo—. Usted es el único culpable de su desaparición.
—¡Cállese malnacido! —maldijo con desprecio—. ¿Dónde la tienes escondida?
—¡En ningún sitio! Debería pensar más en ella y no tanto en sus propios intereses. Su hija nunca será feliz con el Sr. MALFOY y usted está cometiendo un grave error al obligarla a casarse con él.
—¿Usted va a decirme cómo debo actuar con mi hija? despreciable —Rió sarcásticamente—. ¡Mírese! Cualquiera diría, usted que se creía con tal poder… no me extraña que seas un desgraciado, tu familia lo era y tú también lo eres y tus hijos, si es que los tienes lo serán.
—No sabe de qué habla Sr. Tarner, y más vale que no salga más de su boca se lo aseguro. Yo antes que hacerle daño a Hermione como está haciendo usted. Voy a protegerla, aunque tenga que pagar con mi propia vida por ello —anunció con rabia.
—¡Me emociona con sus palabras! —exclamó sarcástico—. Si realmente le importara mi hija, diría donde está.
—Siento algo por su hija, no lo negare. —Riddle se detuvo cuando fue consciente de lo que acababa de decir, las palabras prohibidas para él por fin habían salido de sus labios, pero no quería seguir negándoselo, amaba a Hermione y esa era su cruel realidad, su punto débil—. Mis sentimientos hacia ella son reales y mis intenciones con ella, sinceras. —Riddle intentó convencer a Sr. Tarner, serenando su tono de voz—. Si me permite casarme con ella, le juro a mi lado nada le faltará.
—¡Nunca!, jamás lo permitiré que un Marvolo toque a mi hija, nunca —gritó con rabia el Sr. Tarner agarrando con fuerza los barrotes que lo separaban de Riddle—. Usted la ha deshonrado.
—¿Ha escuchado hablar de la maldición del Sr. Malfoy, Sr. Tarner?
—¡Patrañas! Una sarta de invenciones para perjudicar el prestigio de los Sres. Malfoy —aseguró convencido.
—Por fin estamos de acuerdo en algo, es una mentira. La diferencia es que se ha inventado él mismo para librarse de pagar por sus delitos. ¿Quiere que su hija corra el mismo riesgo?
El conde se quedó pensativo durante unos segundos, intentando asimilar lo que Sr. Riddle le había confesado con tanta seguridad.
—¿Cree que el mejor marido para Hermione es un asesino? —Volvió a la carga Riddle.
—¡Voy a encontrar a mi hija al precio que sea! Y no voy a permitir que vuelva a acercarse a ella, ¡nunca más! - Sentencia alejándose de la celda.
" Se está equivocando Sr. Tarner. No cometa el grave error de casar a su hija con un asesino. Pensó furioso Riddle".
