La cuestión de Jack se resolvería de inmediato cuando los yetis abrieron la puerta de par en par.
Todos vieron una figura delgada, esbelta y arropada. Esta camino al frente, siendo seguida por el desconocido viento gélido pero suave. Sus pasos eran lentos pero firmes. Marcaba con cada paso un aviso de, quien estuviese enfrente suyo, se apartase.
Todos siguieron en silencio. Solo se oyó la puerta cerrarse de nuevo, ya que los pasos de la figura desconocida eran mudos.
No solo sobresaltaba su primera impresión al entrar, sino también sus ropajes abrigados de pelo, y sobre todo su largo cabello blanco.
Esto llamó más la atención de Jack, que hasta no se atrevía a suspirar. Todo en aquella silueta desconocida, había muchas cosas en las que se parecía en el joven invernal: cabello blanco, ojos helados y claros, piel pálida como el marfil. Las únicas diferencias serían que la mirada del desconocido era firme y desconfiada, con dos pares de iris dorados fríos. En cambio, los de Jack eran alegres y grandes, viendo en cualquier cosa la diversión. Jack desprendía alegría y jovialidad. Aquella figura desprendía intimidad y seriedad.
Era un hombre. Joven, por su apariencia, aunque esa expresión seria y con la firmeza que andaba parecía tener más edad. Tal vez estaría en sus años veinte. Aquel joven hombre se detuvo a unos metros de distancia de los tres guardianes, quienes aún parecían no salir de su trance.
Norte sacudió su cabeza rápidamente, saliendo primero de su gran sorpresa.
— ¡Ah, aquí estás! D-Disculpa...estoy muy ocupado y no sabía que...vendrías —Norte rió con nervios, para después exclamar con una inquieta sonrisa— ¡Si lo hubiera sabido, te habría dado una gran bienvenida!
— Lo entiendo —habló serenamente el desconocido, sin mover nada más que sus ojos para mirar y su boca para articular— No hace falta que te disculpes, Nicolás. Pensé que Aster te diría de mi llegada, pero se ve que no fue así.
El joven hombre no miró al nombrado, pero no hizo falta ya que Bunny se llegó a encoger un poco igualmente ante la serena pero autoritaria voz del joven señor.
— Bueno, Mensajero ¿a que se debe tu inesperada visita? —Norte se inclino un poco, juntando sus manos y manteniendo la misma sonrisa nerviosa de antes.
Por el comportamiento de sus dos compañeros, el llamado Mensajero parecía ser alguien muy importante. Al menos así lo vio Jack, mientras sun miraba en silencio, manteniendo su cayado cerca suyo.
El Mensajero guardó silencio por unos instantes. Caminó de nuevo sin prisas, rodeando a los tres guardianes que se mantenían tan juntos como un rebaño— El Hombre de la Luna me habló y envió aquí —se detuvo para mirar el globo y todas las luces pequeñas pero brillantes que decoraban sin dejar sombras.
Cuando oyeron quien le envió, se quedaron aún más sorprendidos. Jack sintió aún más curiosidad pero esta nueva persona. Parecía tener contacto directo con Manny. No le extrañaba que le llamasen "El Mensajero". Siguió observándole detenidamente, apoyándose en su bastón, mientras que los otros dos se mantenían firmes en su sitio.
— ¿El Hombre de la Luna? —preguntó sorprendido Bunnymund. Pudo sentir como su pelo se erizaba levemente. No sabía si por el frío o por la autoridad que había enfrente suya— ¿Qué es lo que pide?
El Mensajero, de nuevo, guardó silencio por unos momentos como si pensara sus palabras antes de hablar. Se dio la vuelta con sus manos en su espalda, mirándoles con una expresión neutral y sería.
—Debo revisar las guaridas de los Guardianes. Ya revisé Punjam Hy Loo, el Palacio de Toothiana. También la Primavera Eterna, la Madriguera de Aster —empezó explicando el joven hombre, articulando perfectamente cada palabra. Sería imposible no entenderlo. Hablaba de manera paciente y tranquila, de tal manera que recordaba al invierno en parte por su calma—. Debo también revisar el Taller.
— ¿Por que revisar nuestras guaridas?¿sucede algo? —cuestionó Norte alzando las manos. El ruido en el Taller había empezado a volver, acostumbrándose de nuevo a la presencia del Mensajero. Aún así, no había el mismo ajetreo de antes. Era como si todo, incluso el aire, tratara de no molestar al inesperado invitado.
— Me temo que eso no puedo decirlo —negó el Mensajero—. Al menos no ahora.
— Claro, claro...—asintió Norte rápidamente, algo inquieto. A pesar de que ya había pasado la sorpresa inicial, aún seguía teniendo el mismo que respeto hacia el joven hombre— Perdonar si todo está descolocado, ya sabras que pronto es Navidad —se excusó Norte ahora. Le habría gustado poder poner todo en más orden. Si hubiera sabido de la visita del Mensajero, tal vez ese mismo día no estaría todo tan estruendoso.
Pero al igual para Norte, la visita del hombre fue inesperada. Sin avisar. La primera visita fue en el Palacio de Tooth. Simplemente apareció en una de las muchas torres de entre las montañas chinas. Para Tooth,obviamente, fue una enorme sorpresa. Si lo hubiese sabido hasta habría sacado brillo a sus plumas. Para Bunny igual. El Mensajero apareció como si nada en uno de los túneles principales de la Madriguera. No se habría dado cuenta que estaba ahí sino fuera por sus guardias de piedra, enormes golems viejos de piedra pero fuertes como el metal.
— Soy consciente —diría el Mensajero, asintiendo. No parecía mostrar importancia al desorden que traía el Taller en esos momentos, pero tampoco prestó atención a lo pulcras que se vieron las torres del Palacio Punjam Hy Loo o lo satisfactoriamente ordenado que se mostró todo en la Madriguera.
Sin nada más dicho, partió su camino a un pasillo. Caminó con calma y la cabeza alta, tomando su tiempo para observar todo con suma atención. Su tranquilidad parecía no perturbarse por el ruido que provocaban los yetis al moverse o los elfos tambalearse. Siguió su camino hasta que se perdió de la vista de los guardianes.
Norte se giró bruscamente hacia Bunnymund, que finalmente parecía haberse relajado. En cambio, Norte estaba ahora más ansioso que antes. No solo era ahora por la Navidad, sino también por la inesperada visita del Mensajero.
— ¡¿Por que no dijiste nada?! —alzó la voz Norte algo alterado por lo que estaba ocurriendo. No sabía si estar preocupado por las Navidades, la visita repentina, o la razón cualquiera del porqué estaban revisando su Taller en esos momentos.
— ¡Te lo he dicho, amigo!¡es lo que iba a decir! —exclamo ahora Bunny alzando sus brazos, siendo contagiado por la inquietud de Norte, frunciendo el ceño molesto— Pero como siempre, eres un bocazas ¡no escuchas!
— ¿Que no escucho?¡estaba con prisas!¡si hubieras ido directamente a...!
— Un momento —Bunny alzó su pata, callando enseguida a Norte al verla tan cerca de su rostro. Al principio vio a Bunny con sus cejas juntas por haberle cortado, pero en cuanto vio que miraba a su alrededor y con claro desconcierto en su rostro, ladeó la cabeza.—. No está.
Su voz sonó a sorpresa, y en parte algo de miedo. Norte miró a mismo lugar que miraba el pooka, confundido. Enseguida supo a que se refirió.
Jack Frost no estaba.
Mejor dicho, ¿desde hace cuanto que no está con ellos?
※
El Mensajero se paseaba por el Taller a paso lento. Al igual que hizo con las demás guaridas, se tomó su tiempo, todo del mundo, para mirar hasta los detalles más pequeños de manera detenida. Los yetis y elfos –que solían meterse mucho por el camino de otro– le abrían paso, sin atreverse siquiera a estar a un metro por delante de él. De su vista parecía que nada se le escapaba, porque hasta podía ver el mínimo temblor de las mesas y lámparas por lo estruendoso que estaba el Taller esos días.
Pero no solo de la vista, la cual era en lo que más destacaba, sino también en la demás sentidos. No es que estuviese el oído de un conejo o el olfato de un perro, pero seguían siendo superiores a los de un humano.
Todos sus sentidos estaban desarrollados para ser mejores que los de un humano normal y corriente, de tal manera que pudo darse cuenta que Jack Frost le estaba siguiendo a escondidas.
Desde hace rato.
Aun así, el Mensajero no le dio importancia al principio. Pensó que Jack se acabaría cansado y le dejaría ir tranquilamente. Pero había pasado más tiempo del que tenia previsto y Jack aun lo seguía, además a escondidas. Esto no servia para el joven hombre, pero no solo porque tenia los sentidos desarrollados, sino porque Jack le parecía ruidoso. A pesar del alboroto que pudiese haber en él Taller, él sobresalía.
Al final se acabó cansando de que Frost estuviese jugando a las escondidas, ademas de una manera "molesta".
— Jack Frost —empezó llamando el hombre sin darse la vuelta, deteniendo sus pasos.— Me has estado siguiendo desde hace un rato... ¿necesitas algo?
Al oír algo detrás suyo descolgarse de manera ligera y rápida, se dio la vuelta sin prisa de saber de qué se trataba. Aunque tampoco se esperaba otra cosa que el chico helado, quien ahora lo miraba colgando de una viga de madera, boca abajo. Le miraba con los ojos ampliamente abiertos de la curiosidad de un niño y fascinación.
— ¿Cómo lo supiste? —el hombre no pudo evitar fruncir una ceja al oír esa pregunta, proveniente de Jack. Le extrañaba que se mostrase tan sorprendido de que se hubiese dado cuenta.
Esto enseñaba que el joven Frost no era muy consciente de cómo hacia las cosas, la manera, como el intentar ir a escondidas y no ser descubierto. Seguramente Jack se creía como un fantasma, pero en verdad era casi imposible no notar su presencia por ciertas cosas que sucedían cuando él estaba cerca. Como el invierno. Sabes que esta cerca cuando un helado frio se encamina desde el norte y empieza a soplar con más frialdad que hacía el viento en otoño. Sabes que esta a tu lado cuando ves la escarcha crecer en los troncos de los arboles o bajo tus pies.
Era casi imposible. Casi, porque hubo un momento al principio que el Mensajero no se percató de Jack. Esto le llamó la atención.
— Jack Frost —empezó, diciendo el nombre del más joven–, haces mucho ruido cuando te mueves. la temperatura baja cuando se esta cerca tuyo. Todo a tu alrededor, se cubre de escarcha. Además, al igual que Hansel y Grettel, vas dejando un rastro...mayormente de resfriados —explicó, sin apartar la mirada de Jack y manteniendo constate una expresión neutral—. Eres notable.
— Oh... —expresó en un murmuro Jack. Pensaria después como corregir eso, aunque tal vez se le olvidaría igualmente—. Bueno, ya que has preguntado...—comenzó diciendo Jack, dejando caer de la viga, dando una voltereta para caer de pie. Se incorporó después, con su característica pose despreocupada, y miró a el Mensajero con una sonrisa de lado, curiosa y con una pizca de picardía— ¿Quién eres?¿Comó te llamas?
— ¿Por qué te interesa saberlo?
— Soy un guardián ahora, creo que debería saber sobre algunas cosas. Tengo el derecho y el deber...¿verdad? —parecía que Jack espero que el joven hombre hiciese esa pregunta, ya que su sonrisa picara se agrandó, encogiéndoselo de hombros.
El Mensajero le miró por unos segundos antes de contestar. Este nuevo y jovial guardián le estaba llamando la atención por alguna razón. Tal vez era por el hecho de que era el nuevo, o por su actitud despreocupada y desvergonzada. Ninguno de los guardianes se había atrevido a seguirle y hablarle de estas maneras. En cambio, solo les faltaba hacerle reverencias y ponerse sobre sus rodillas para hablarle.
Por su curioso interés por el joven, no lo ignoró y dejó su tarea de lado por un momento.
—Tienes razón, joven. Es cierto, tienes el derecho y el deber de saber ciertas cosas —empezó diciendo el hombre. Jack empezó a sonreír a su pequeña victoria, pero enseguida el Mensajero la acalló.—, pero no todas. Preguntar por mi nombre ya es mucho.
— ¡Pero el nombre es importante! —al ver que no conseguiría lo que pidió, inmediatamente protestó— Imagínate que otro se hiciese pasar por ti, otro "mensajero" a—Jack imito las comillas con sus dedos, encogiéndose de hombros– se debería saber el nombre del Mensajero para que no suplanten al original ¿no?
Debía admitir eso era un buen punto. Vio como Jack se hacia el inocente, como si no supiera nada y no tuviera intenciones de molestarle después, mientras lo miraba apoyándoselas en su cayado y pegando su sien a este. Sus intenciones eran claras, y aun así el Mensajero siguió "jugando" con él. Cada vez le interesaba más este muchacho.
— Los Mensajeros tenemos características que nos diferencias de otros seres y espíritus normales —el joven hombre preparó su contraataque— No haría falta saber el nombre porque se nos reconocería, tenemos ejemplos únicos. Por ejemplo, cabello blanco, piel pálida, ojos claros...
Habría seguido diciendo cosas, pero vio que Jack parecía contener la risa. El Mensajero lo miró confundido, hasta que se dio cuenta de una cosa muy clara. Jack tenia esas mismas características. Se quedó sin palabras. Cerró la boca de inmediata al darse cuenta.
— Ejemplos únicos, ¿eh? —dijo en una risa contenida Jack, tapándose un poco la boca con el dorso de su mano— ¿Entonces, quieres decir que yo también soy un Mensajero? —diría animadamente con un tono juguetón.— Ahora mismo ¿podría ir hacia alguien y si le dijera que soy un Mensajero de la luna, entonces me creería?¿solo por esas cosas?
El Mensajero siguió sin abrir la boca. Decidió esperar a tomar la palabra luego.
—Sinceramente, para hablarme a mi de ser organizado, todos vosotros sois muy desorganizados —rió Jack con una risa clara y alegre— Bueno, pues si no me dices tu nombre, entonces yo te pondré uno. Además —hizo girar su bastón y luego lo apoyo en su hombro, metiendo una mano en el bolsillo de su sudadera—, Mensajero es un poco largo ¿no? creo que te quedaría mejor algo corto...
El Mensajero siguió por unos segundos más sin decir nada. Bajó la mirada, en señal de que seguiría avanzando, y se dio media vuelta para seguir su camino por los pasillos del Taller. Jack no se quedó atrás y lo siguió dando brincos, esquivando a los yetis que se movían apresurados por los pasillos.
—Veamos ¿qué nombre se puede poner a un tipo serio, intimidante y autoritario? además de ir muy bien vestido...—en esas ultimas palabras miro de abajo arriba a quien caminaba a su lado, aun sin mirarle. Cuando llegó a mirarle el rostro, el Mensajero volteo su cabeza y le devolvió la mirada a Jack. No había cambiado mucho su expresión desde que entró, pero de alguna manera podía notarlo como si estuviese curioso. Se quedo mirándole pensativo mientras caminaban. El joven hombre igual le devolvía la mirada con sus dorados ojos, que parecían ser el hielo de un lago dorado.— Duque...Marqués...mi Lord...—empezó llamándole de varias maneras, de distintos rangos de la nobleza. Finalmente, el Mensajero frunció el ceño ladeando su cabeza. Al fin había cambiado algo su expresión. Los ojos de Jack se iluminaron cuando finalmente dio con la respuesta— ¡Ya se!¡Rey, así te llamare! Queda bien ¿eh?
El Mensajero relajó su expresión. La verdad, no le desagradó el apodo, además que iba con la descripción que tenía. Vio a Jack sonreír ampliamente, como si se tratase de un niño pequeño cumpliendo una gran hazaña. Detuvieron sus pasos para pararse uno enfrente del otro y mirarse. Uno con un rostro infantil y el otro con una expresión más adulta. Se podía notar la diferencia de altura aun más en ese momento. Jack era de estatura alta, cerca de los 1,76 metros, pero el Mensajero lo superaba por unos centímetros más. Ahora, que se miraban y estaban de frente se podía notar más. Puede que el mensajero estuviese cerca de los 1,80 metros.
—– ¿Y bien?¿qué te parece? —brincó Jack feliz. Sentía como si acabara de hacer a un nuevo amigo, a pesar de pensar que realmente no era así. Se sentía orgulloso en parte de haber tenido el valor de haber hablado de manera tan poco formal con el invitado, cosa que los demás guardianes no se atrevieron a hacer antes— ¿te gusta?
El Mensajero asintió de manera pausada.
— No esta mal —contestó Rey, con un leve brillo en sus ojos.
