Hola hermosas, muchas gracias por el recibimiento que ha tenido esta historia, ha tenido muchas visitas en estos días y quiero agradecer principalmente a arleniferreyrapacaya por ser la primera en comentar y a juditorres por agregarla a sus favoritos, fueron de la primeras en notar la historia y espero sigan al pendiente de los demás capítulos. Ojalá le den una oportunidad como a las otras dos, muchas gracias por leerla. Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo lo tomé un rato prestados para hacer más locuras de las que ha hecho esta pecosa, pero ahora al lado de su rubio perfecto mi bello Anthony, es una historia no apta para menores de edad (eso ya lo saben) y es sin fines de lucro, espero la disfruten y les deseo un excelente fin de semana.
Saludos!
CAPITULO II
EL DUELO
Los días continuaban su curso, Candy día a día estaba más grande y era ajena a la indiferencia de su padre, aún no conocía los brazos paternos ni tenía la más mínima idea de cuál era la voz de su progenitor, la cual ya había olvidado al haber sido escuchada desde el vientre de su madre.
Dorothy era la encargada de cuidar a la niña de todo a todo, día y noche como si fuera su propia madre. Ella había volcado todo ese amor que había quedado truncado en el fondo de su ser en la pequeña, pero aun así guardaba silencio, era testigo mudo de la indiferencia que su padre tenía en la pequeña pecosa, le dolía y la lastimaba pero estaba consciente que era solamente una empleada a pesar de ser hija de una familia importante en Chicago ya no portaba más ese cargo, así que solamente le quedaba callar y cuidar a la bebé. A pesar de que no le hacía caso alguno, tampoco era maltratada por él así que no tenía caso meterse en problemas, necesitaba su trabajo y sea como sea ahí tenía un techo y comida a la mano, y con esa pequeña en brazos, mitigaba un poco el dolor que llevaba clavado profundamente en su alma. No, definitivamente lo mejor era cuidar y amar en silencio a esa pequeña mientras fuera requerida en esa mansión ya que dentro de poco no necesitarían a una nodriza y ella tendría que buscar trabajo de otra cosa.
Albert cada día estaba más ausente de su hogar, llevándose todo el tiempo en viajes de negocios o encerrado en su despacho simulando tener mucho trabajo, su familia ya se había enterado del fallecimiento de su esposa, sin embargo él no quería tener contacto con ellos aún, no sentía ganas de que le dieran el pésame o sintieran lástima alguna por él o por su pequeña hija a la cual si bien no conocían no quería que la mimaran de más.
Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos una vez más, últimamente era la única manera de sacarlo de sus pensamientos.
-Adelante – Dijo después de varios intentos.
-Sr. Andrew, la Sra. Elroy Andrew ha llegado.
-Dile que pase Alfred. – Dijo molesto por la repentina visita de su tía abuela, no quería recibirla ni a ella ni a nadie, pero era consciente de que tenía que tratar asuntos relacionados con el consorcio al ser él el patriarca del Clan Andrew.
-William, buenos días. – Saludó la solemne dama con su ya habitual saludo frío y seco que le dedicaba a cada uno de sus sobrinos.
-Buenos días, tía Elroy ¿Qué es lo que la trae por aquí?
-Sabes bien por qué he venido William. – Albert asintió de mala manera, con su semblante frío y seco igual que el de ella.
-No era necesario que vinieras.
-Sabes bien que como la matriarca del Clan, es mi deber cuidar de todos ustedes a pesar de ser tú el patriarca del mismo.
-No necesito que me cuides, ya no soy un niño.
-No lo eres, pero sigues comportándote como tal.
-¿Qué es lo que quieres? – Preguntó con fastidio.
-Quiero saber de ti, de tu hijo, no recibimos noticias del fallecimiento de Candice y me parece que…
-¡No tenían por qué enterarse! ¡Fue mi decisión! ¿A caso no podían respetarla? – Interrumpió furioso a la anciana mujer.
-¡Eres mi sobrino! Te guste o no somos tu familia, Rosemary también está preocupada por ti por, por tu bebé y me parece egoísta de tu parte que no te dignaras siquiera a avisarnos de algo tan importante.
-Fue mi decisión, ella ya no está conmigo y es lo único que me importaba en esta vida.
-¿Y tu hijo?
-Es una niña…
-¿Una niña? – Preguntó Elroy algo desilusionada, como patriarca de la familia esperaba que tuviera un hijo para que así pudiera tomar su cargo más adelante. –Supongo que el hijo de Rosemary terminará tomando tu lugar… - Dijo despreocupada y para sí misma, hasta ella sabía que era impropio hacerlo en voz alta, sin embargo los oídos de Albert alcanzaron a escuchar su comentario.
-Es lo que menos me importa tía.
-¿Cómo le harás con tu hija? Aún es muy pequeña, necesita de cuidados especiales, no puedes dejarla abandonada a su suerte cada vez que tengas que salir de viaje.
-No te preocupes ella está bien. Tiene una nana que se encarga de ella día y noche.
-¿Puedo conocerla? – Albert no dijo nada, se dirigió a la puerta para llamar a Alfred, el cual llegó rápidamente.
-Alfred, lleva a la Sra. Elroy a la habitación de Candy.
-¿Candy?
-Ese fue el nombre que eligió Candice para ella.
-Entiendo, Candy Andrew.
-Candy White Andrew.
-¿Te has vuelto loco William? Su nombre sería Candy Andrew White, en todo caso.
-Así lo decidí yo, Candy White será su nombre. – La Sra. Elroy apretó los dientes con coraje porque no soportaba la forma de comportarse de su sobrino, él no era así nunca había sido tan frío y ella siempre lo había podido hacer como le daba su gana, inclusive hacía lo mismo con su hermana, con Rosemary Andrew, ambos habían quedado a merced de ella desde que eran muy jóvenes y aunque ella se había casado con un capitán muy rico siempre tenía la última palabra, además si no hubiera sido así no tendría a ese hermoso hijo que era su adoración, ese pequeño había llegado a su corazón en lo más profundo y era como su verdadero nieto.
Elroy caminaba detrás de Alfred y en cada paso que daba se alejaba más de la recámara de su sobrino y eso no lo comprendía. Iba pensando en eso cuando de pronto le indicaron que habían llegado. Entró decidida a la habitación que si bien era grande y hermosa estaba bastante alejada de la habitación que le correspondía al ser la primogénita de su sobrino.
-Buen día. – Dijo Elroy con su aire de insuficiencia y superioridad.
-Buen día Madame. – Respondió Dorothy que a pesar de ser una empleada tenía un aire distinguido en su trato y en su forma de vestir, no vestía como una simple nana.
-¿Cuál es tu nombre niña?
-Dorothy Simmons. Madame. – Dijo Dortohy adoptando de nuevo su nombre de soltera.
-¿Simmons? – Dorothy asintió, presintiendo que había reconocido su apellido.
-¿Tú eres Dorothy Simmons la hija de Harold Simmons?
-Así es, él es mi padre. –Contestó orgullosa.
-¿Tu padre sabe que estás aquí? ¿Y qué haces trabajando como una simple criada?
-Necesito el trabajo. –Contesto simplemente pero con la frente en alto, no le daba vergüenza lo que hacía, era un trabajo honrado.
-¿Tu padre sabe que estás trabajando con los Andrew?
-¡No! – Casi en un grito respondió Dorothy asustada. – Por favor no se lo diga. – Dijo suplicante… -Elroy asintió dudando de no hacerlo, ya después averiguaría la verdad sobre esa muchacha, era demasiado elegante para ser una simple empleada, pero a la vez le daría distinción a la familia.
-¿William sabe quién eres?
-No lo sé, el Sr. Andrew me contrató por medio de las hermanas de Orfanato, no creo que haya puesto atención a mi apellido.
-¿Por qué esta la recamara de la niña tan lejos de la recámara de William?
-No lo sé, es la recámara que dispuso el Sr. Andrew para ella.
-Entiendo. –Elroy estaba indignada por como William estaba tratando a su nieta, aún no veía a la pequeña pero sabía perfectamente que la querría casi tanto como a su pequeño Anthony.
Elroy tomó a la bebé en brazos y sintió una ternura en su corazón, era casi lo que sintió al cargar a Anthony la primera vez, era hermosa sus grandes ojos verdes y su rubio cabello, era muy parecida a Rosemary cuando estaba pequeña, salvo por las escasas pecas que se asomaban en su pequeña nariz y mejillas.
-Hola preciosa, ¿Cómo estás? – Preguntaba Elroy en un tono dulce y hasta podría decirse que materno, muy diferente al aire de superioridad que había mostrado anteriormente. Candy sonrió con dulzura respondiendo a la suave voz que le hablaba, tenía apenas dos meses y ya era bastante inquieta y sobre todo era una ternura, se robaba el corazón de cualquiera que la tuviera en brazos, de todos menos de su propio padre, el cual aún no la conocía.
-Dorothy, prepara tus cosas y las de la bebé, vendrán ambas conmigo a Lakewood.
-¿A Lakewood? – Preguntó Dorothy sorprendida. – ¿El Sr. Andrew estará de acuerdo?
-Yo hablaré con William, no te preocupes. ¿Tienes algún inconveniente en irte conmigo? – Dorothy negó con la cabeza. – Bien, entonces de ahora en adelante no serás una simple Nana para mi nieta, serás una dama de compañía y eso implica que tu vestimenta será diferente. – Dorothy era hija de un antiguo enamorado de Elroy, Harold Simmons y aunque las cosas no habían llegado lejos entre ellos más que un simple intercambio de miradas, ella aún guardaba en su corazón ese amor de juventud que no trascendió más allá de lo que ella había deseado.
Elroy bajaba las escaleras como si tuviera 20 años, era ya algo mayor pero la indignación que tenía con William por cómo estaba tratando a su nieta era muy grande, y eso que ella no sabía que Albert aún no conocía a la pequeña Candy.
-¡WILLIAM! – Dijo con su voz de trueno al irrumpir sin ser anunciada al despacho del patriarca.
-¿Qué le sucede tía abuela?
-¿Cómo es posible que hayas enviado a tu hija tan lejos de ti? – William apretó los puños furioso y los puso en el escritorio ejerciendo tanta fuerza que se pusieron blancos al mismo tiempo que apretaba su mandíbula.
-¡Eso es algo que a usted no le incumbe!
-¡Claro que mi incumbe! ¡Es mi nieta! – Respondió Elroy indignada. -¿Qué sucede contigo William? No puedes alejar a tu hija de ti de esa manera. ¡Ella te necesita! ¡Necesita a su padre! ¡Necesita tu calor, tu amor, aún es muy pequeña para comprenderlo, pero ella lo siente!
-Voy a educar a mi hija como yo lo crea conveniente…
-Te equivocas, me la voy a llevar ahora mismo, si tú no quieres tenerla cerca Rosemary y yo seremos las madres que necesita esa pequeña.
-¡NO!
-¡Tú no estás en condiciones de criarla solo!
-¡He dicho que no! –Dijo más fuerte Albert. –Ella está bien cuidada bajo el mando de Dorothy, ella perdió hace poco a su bebé y ha cuidado a Candy muy bien, ambas se necesitan, no puedes separarlas. – Era el pretexto que encontraba, pero en el fondo sabía muy bien que si amaba a su pequeña, solo que no estaba listo aún para verla, aún estaba reciente la muerte de su amada esposa y a pesar de ser hija de ambos no dejaba de culparla por la muerte de ella, era tonto lo sabía, pero no podía evitar tener ese sentimiento, no quería tener ese resentimiento con un ser tan pequeño e inocente y creía que teniéndola cerca pasaría más rápido, pero ya llevaba dos meses así y aún no se animaba siquiera a conocerle.
-No sabía lo de Dorothy, ¿William, tú sabes quién es Dorohty?
-¿A qué te refieres?
-¿Sabes cuál es su apellido? – Albert recordó el día que había conocido a Dorothy, era una mañana muy fría por la tormenta invernal que se había desatado, pero no recordaba nada más que su nombre, la verdad es que poco le interesaba en ese momento él estaba muy afectado todavía por la muerte de su esposa y tampoco le interesaba mucho que Dorothy estaba igual de destrozada que él.
-No lo recuerdo.
-¿Y aun así la contrataste?
-Como te dije, me la recomendaron las hermanas del Hogar de Ponny, ellas querían llevarse a Candy al Orfanato.
-¿Cómo? ¿Por qué?
-Porque al ser padre soltero querían saber si yo me haría cargo de ella. –Mintió, pero no quería explicar que no había ido por su hija recién nacida en los primeros diez días de vida.
-Eso no tiene sentido William.
-Aun así, no quiero que te lleves a mi hija.
-Piénsalo William, Dorothy vendría conmigo y ella cuidaría a tu hija en Lakewood, ahí crecería junto a Anthony, serían como hermanos también ellos y tal vez en un futuro…
-¿Que dices? Mi hija se quedará aquí conmigo.
Elroy se retiró derrotada por la negativa de Albert, habló con Dorothy para decirle que si necesitaba algo ella sabía dónde encontrarla, quería que supiera que Candy tenía más familia y que no estaba sola, al igual que ella tendría siempre un lugar a donde ir.
Los días pasaban rápidamente y se convertían en semanas, Albert seguía con sus "viajes" y Dorothy seguía a cargo de la pequeña Candy, siendo un mudo observador de todo lo que acontecía a su alrededor. Más de una vez encontró al joven Andrew borracho en su despacho o llegando a altas horas de la noche en estado poco conveniente, ella no aprobaba eso y estaba tentada a decirle algo, pero siempre se detenía porque no quería que la despidieran y la alejaran de esa pequeña, ya había perdido a su hijo y aunque Candy no era su hija, era lo más cercano a ello que tenía, su marido también había fallecido, pero después de como la había tratado era más que un alivio haberse quitado un peso de encima, lo único bueno que le había dado ese matrimonio era el hijo de ambos que había perdido gracias a las borracheras de su marido, le había dado un hijo, pero también se lo había quitado.
Una noche, Albert llego muy ebrio a la mansión, mientras Dorothy estaba muy preocupada por la salud de Candy la cual estaba con mucha fiebre, se alegró al ver llegar a Albert, pero al ver el estado en el que venía no le ayudaba mucho que digamos.
-Sr. Andrew, la bebé está ardiendo en fiebre. -Dijo con la angustia reflejada en su hermoso rostro.
-Llame a un doctor. – Dijo simplemente, sin detenerse siquiera a observar a la muchacha.
-El doctor ya vino, pero dice que no puede darle medicamento por ser muy pequeña. -Decía incrementando su angustia y más al ver que no obtenía la respuesta requerida.
-Entonces has lo que tengas que hacer. –Dijo totalmente borracho pero consciente de que no sabía qué hacer para el cuidado de su hija.
Dorothy se retiró triste y a toda prisa para seguir cuidando a la pequeña, poniéndoles compresas de agua fría en su frente y vientre, para aminorar la fiebre de su frágil cuerpo. Muy entrada la noche logró que la fiebre cediera por completo, no despegándose ni un minuto de ella manteniéndola apegada a su pecho desnudo para sentir su temperatura y así saber si regresaba o no. A la mañana siguiente ya estaba mucho mejor, pero no había sido gracias a los cuidados del médico, ni mucho menos a los de su padre.
-Buen día. – Dijo Albert al ingresar al cuarto de Candy sin siquiera tocar la puerta, encontrándose a Dorothy con el frágil cuerpo desnudo de su hija sobre su pecho, el cual también estaba descubierto para así saber rápidamente si regresaba la temperatura. Albert al ver solo una parte del pecho desnudo de Dorothy sintió un extraño sentimiento en su pecho, callando rápidamente ese sentimiento que no era correcto ya que él solo había sentido eso por su amada esposa, pero debía reconocer que era hombre y que tenía necesidades que había ignorado todos esos meses. Dorothy se cubrió rápidamente y agradeció que el cuerpo de la pequeña cubriera la mayor parte de su pecho no dejando ver más de la cuenta. Ambos se quedaron en silencio, sin atreverse a comentar lo sucedido, lo pasaron por alto para poder seguir conviviendo como siempre.
-Buen día Sr. Andrew. –Contestó molesta sin poder evitarlo, no por el bochornoso momento, sino por el poco cuidado que había tenido para con su hija la noche anterior.
-¿Cómo sigue Candy? – Preguntó siendo consciente del disgusto de Dorothy, sin embargo al creer que era por el incidente lo pasó por alto para no provocarle vergüenza alguna.
-La bebé amaneció mucho mejor. – Dijo con el mismo tono de voz. – Pero no gracias a usted. – Se animó a decir, no pudiendo callar más esa impotencia que sentía al ver cómo era ignorada la pequeña.
-¿Qué has dicho? – Preguntó Albert a la defensiva.
-Lo que ha escuchado Sr. Andrew ¿Cómo es posible que ni siquiera le importe la salud de su hija?
-Ni tienes ningún derecho a hablarme así…
-Tal vez, tal vez no es mi derecho, pero si el derecho de esta inocente criatura que no puede defenderse por sí misma, ella merece de su amor, de su protección, no de su indiferencia y hasta podría advertir que desprecio.
-¡Tú no sabes nada de mi vida!
-¡Tal vez no! Pero sé de la vida de su hija, y usted la puso completamente en mis manos. ¡Usted no es el único que sufre! –Le dijo de golpe, ocasionando que volteara a verla con furia, la cual fue poco a poco aminorando al ver en los ojos de ella el mismo dolor que él cargaba en su interior.
-Arregla tus cosas… – Dijo fríamente.
-¿Quién cuidara a la bebé? –Preguntó con miedo al creerse despedida, no debió haberle dicho nada al Sr. Andrew ahora estaba despedida y la pequeña no tendría quien la cuidara o viera por ella, aun necesitaba quien la alimentara y la cuidara sobre todo de la indiferencia de su padre. – No me despida por favor Sr. Andrew, le pido una disculpa le aseguro que no volverá a pasar, por favor no me aleje de su hija. – Dijo Dorothy humillándose ante el poderoso Sr. Andrew quien la veía confuso por lo que le decía.
-No estás despedida Dorothy, aunque no lo creas no le confiaría a nadie más el cuidado de mi hija que a ti, pero estuve pensando que no es bueno que ustedes estén solas aquí mientras yo estoy en… mis viajes, anoche comprendí que no es tan fácil cuidar a un bebé, si no hubiera sido por ti yo no hubiera sabido que hacer con ella. Arregla tus cosas y las de Candy, las llevaré a Lakewood junto a mi hermana y mi tía abuela.
-Está bien Sr. Andrew. – Dorothy respiró más tranquila, sabía que en Lakewood, Candy tendría más amor y cuidado, aunque eso significara que ella estaría más cerca de su padre y eso la ponía nerviosa, ella no quería que su padre se enterara dónde estaba, la última vez que lo había visto fue hace tres años, cuando la desheredó por haberse casado con ese hombre, quien a pesar de sus advertencias nolo escuchó y se casó de todas formas, cuánta razón había tenido su padre…
El viaje a Lakewood era en completo silencio, George los llevaba en el automóvil de los Andrew no tenían muchas cosas por llevar, solo la ropa de ella y la bebé y no ocupaban mucho espacio, Albert había dicho que en Lakewood había todo lo necesario para hacerse cargo de la pequeña. Al llegar una sorprendida Elroy los recibió, pero no por ello dejaba de estar feliz, sabía que tarde o temprano William entraría en razón.
Rosemary iba bajando las escaleras al encuentro de su hermano, sintiendo una felicidad enorme al verlo y una pena tan grande por el fallecimiento de su cuñada a quien ella quería como si fuera una hermana, ellas siempre habían hablado en lo mucho que les gustaría que si tuviera una niña se comprometiera con su hijo, en la época no era mal visto el matrimonio entre primos, mucho menos en la alta sociedad, era una forma de asegurar la riqueza de las familias y que la sangre permaneciera "pura" además Candice adoraba a Anthony y siempre lo vio como un posible candidato para su hija si es que alguna vez tenía una ya que no sabía en ese momento que iba a tener. Se abrazó a su hermano con mucho amor y dolor dejando caer sus lágrimas en su pecho al aferrarse a su cuello. Albert de inmediato se tensó ante el recibimiento ahogando su dolor y poniendo una coraza a sus sentimientos.
-¿Por qué no nos dijiste? – Preguntó entre sollozos.
-Esa fue mi decisión. – Dijo simplemente, Rosemary lo soltó lentamente al sentir que su abrazo no era del todo correspondido.
-¿Dónde está la bebé? – Preguntó sonriente, limpiándose las lágrimas, no animándose a preguntar por su nuera, como siempre había bromeado con su cuñada para no incomodar a su hermano, había notado que ya no era el mismo joven alegre y bromista de antes. Rosemary siempre le preguntaba a Candice al momento que la veía "¿Cómo está mi nuera? Y le tocaba suavemente su vientre, ella siempre había dicho que sería una niña su sobrina.
-Viene con Dorothy. – Al decir esto Dorothy iba entrando a la lujosa mansión con la pequeña bebé en brazos, la cual aunque estaba despierta estaba cubierta completamente. Había sido una orden de Albert que al estar él presente la niña estuviera cubierta por completo, no se sentía preparado para ver a su hija detalladamente, solo se había limitado a verla de lejos.
Elroy y Rosemary se acercaron a Dorothy para ver a la pequeña. Rosemary la tomo entre sus brazos y la destapó para conocerla suspirando emocionada al ver lo hermosa y risueña que era, ya que al momento que Candy fue destapada de su rostro y al ver la cara de su tía quien la miraba con amor, su carita se iluminó y emitió un pequeño grito de alegría que fue captado por todos con ternura, por todos excepto su padre.
Anthony al ver que su tío favorito había llegado y que traía a su prima con él venía bajando las largas escaleras agarrado del lujoso barandal de herrería artística cuidadosamente para no caerse, al ser tan pequeño no le era permitido bajar solo, pero no pudo esperar a que su mamá o su abuela fueran por él, estaba ansioso por conocer a la bebé y a días de sus dos años su madre ya le había dicho que él sería quien cuidaría a su primita de todos.
-¡Tío Albert! – Gritó el pequeño, que a su corta edad era un niño muy inteligente y su vocabulario era ya muy amplio.
-Hola Anthony. –Dijo Albert, con él era con el único que se había portado como siempre, era su sobrino y aún era muy pequeño para saber lo que sucedía. – Lo cargó en brazos al ver que venía bajando con dificultad las escaleras.
-¿Dónde está la bebé?
-Ven Anthony –Dijo su mamá. – Ven a conocer a la bebé de tu tío Albert.
Anthony se bajó emocionado de los brazos de su tío y se acercó corriendo para ver a su prima.
-¡Tío es hermosa! –Gritó emocionado.
-Así es amor – Dijo Rosemary, es igualita a su madre. En eso Albert abrió los ojos sorprendido por la comparación que había hecho su hermana y al ponerla frente a Anthony no pudo evitar mirar su rostro detalladamente por primera vez.
-¡Yo la voy a cuidar siempre mamá, ella será la princesa de esta casa y yo seré su príncipe y la defenderé de todos! – Decía Anthony emocionado quien en su pequeño corazón sentía una emoción enorme al ver a la bebé frente a él, no podía dejar de mirarla su corazón se había acelerado y un sentimiento nació en el fondo de su ser, era algo que no podía explicar por su corta edad. Por muy extraño que parezca la pequeña bebé al escuchar la voz del pequeño niño lo siguió con la mirada y mantuvo contacto con él, emitiendo otro gritito de emoción al tenerlo tan cerca de ella, eso hizo que Anthony sintiera mucha más ternura por la frágil bebé, haciéndose la promesa de cuidarla siempre y defenderla de todos fuera quien fuera.
Continuará...
Bueno hermosas hasta aquí el nuevo capítulo, espero lo hayan disfrutado, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes!
