Hola, espero que hayan pasado un excelente día de San Valentín y que hayan disfrutado mi regalo para ustedes, me imagino que pensaron que hoy no iba a haber capítulo, pero siempre si jajaja Espero lo disfruten.

Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los tomé prestados un rato para una historia más de las muchas que hay en este mundo, pero pocas de mi amado Anthony, es una historia para mayores de edad y sin fines de lucro. Comenzamos.

CAPITULO VII

UN BAILE DE CUMPLEAÑOS

Elroy estaba buscando entre las niñas que había conocido en los diferentes bailes, quien era la indicada para cada uno de sus dos sobrinos que le faltaban, Allistear y Archivald Cornwell, ambos eran guapos y de buen corazón, lo malo que los dos estaban enamorados de la misma niña, solo que esa pequeña ya tenía a alguien en su corazón y ella sabía perfectamente que era imposible que sus sentimientos cambiaran.

Desde que había iniciado la búsqueda de pareja para cada uno de sus sobrinos ya tenía una idea de quien sería para cada uno, ella estaba ilusionada con la Señorita Britter que era de la misma edad de Candy y se veía que ella estaba enamorada del más pequeño de los Cornwell, aunque era un poco tímida, eso era algo que le gustaba ya que era un niña muy bien educada, era seria, culta y muy inteligente, tenía cabello negro y unos ojos azules hermosos que combinaban a la perfección con los ojos miel de su sobrino que también era muy guapo, definitivamente los hijos de ellos serían hermosos. Lo que Elroy no sabía que a Archie no le gustaba para nada que la pequeña estuviera siempre cerca de él acosándolo y atosigándolo, no era tan alegre como Candy, no era tan atrevida como su gatita y no tenía esa bondad en su corazón, la verdad era que Archie no conocía a la dulce Annie, solo era la impresión que tenía de ella, la verdad era que no tenía el propósito de conocerla.

Stear por el contrario, veía a todas las señoritas en los bailes y se divertía con ellas un poco, porque con solo una sonrisa las ponía de todos colores, se sonrojaban ante su presencia y más cuando les dedicaba esa sonrisa soñadora que tenía, las señoritas de su edad incluso las mayores y algunas menores suspiraban por el guapo inventor de ojos negros, tenía una mirada profunda y más cuando se inclinaba y las veía a los ojos mientras besaba su mano para saludarlas o simplemente como reverencia al pasar junto a ellas, como todo un caballero, como todo un galán romántico, así era él, así lo habían educado igual que a su primo y a su hermano, pero él si se dedicaba a sonreírles a todas las niñas, así que Allistear sería un poco más complicado encontrar una dama para él. Elroy había pensado en Eliza para su pareja ya que no era mucho mayor que ella, y aunque ella era más madura que él, ya era toda una señorita bien educada y de buena cuna, era un poco difícil pero era su sobrina tenía que buscarle un buen pretendiente.

-Anthony, hoy por la noche tú serás la pareja de Candy, te encargarás de estar con ella toda la noche y serás su acompañante, eso implica que bailarás con ella y la escoltarás mientras los demás la felicitan, no la dejes sola por ningún motivo. – Sabía que no tenía que decirlo, pero lo hacía frente a los demás para que no se atrevieran a invitar a bailar a Candy para nada, desde ahí ya comenzaba a marcar su compromiso con Candy. Los Cornwell no estaban muy de acuerdo, pero eran las órdenes de la tía abuela y tenían que seguirlas al pie de la letra. En Cambio Anthony y Candy estaban con una sonrisa amplia llena de felicidad, ambos compartían cómplices su encuentro de esa mañana y aún se sentían caminar entre nubes.

-Allistear, tú serás la pareja de Eliza, y harás lo mismo que Anthony, la acompañaras toda la noche y bailaras solo con ella. – Stear se sorprendió por la pareja que le habían escogido y pronto pegó el grito en el cielo.

-¡Pero tía abuela! De tantas señoritas que hay ¿Por qué tenía que ser con ella? –Preguntó molesto e indignado, ninguno de los tres la soportaban y veía como su hermano y su primo se aguantaban la risa a sus espaldas y eso lo indignaba más.

-Pero nada Allistear, Eliza es una buena señorita y serás bueno con ella. – Eliza aún no estaba avisada de ello, ese sería otro lío que tenía que enfrentar.

-Está bien tía abuela. –Dijo con la mandíbula apretada y los puños cerrados demostrando su inconformidad, él la acompañaría pero que no le pidiera bailar con ella, porque él no sabía bailar… bueno si sabía pero con Eliza olvidaría sus pasos de baile, sabía que el baile le encantaba así que sería una buena opción para que lo dejara en paz, prefería ir en busca de una señorita que fuera más dulce y decente que su prima.

-Archivald. –Dijo de pronto, y Archie se ponía tenso y atento a la vez esperando el balde con agua que le esperaba a él. – Tú serás la pareja de Annie Britter, y te digo lo mismo que tus primos, la tratarás con cortesía y no la dejarás sola por ningún momento. – Le decía advirtiéndole porque sabía perfectamente que ese muchacho celoso era capaz de dejar a Annie a solas para ir a importunar a Candy y Anthony. Archie la miro aburrido.

-¿Sólo seré su pareja de baile? – Preguntó cómo presintiendo que había trasfondo a todo esto.

-Solo eso. – Dijo Elroy, no pretendía aún revelar sus planes o los asustaría, así que prefirió dejarlo para después ya les avisaría que tendrían que formalizar los compromisos de ellos dos, Archie se sintió un poco aliviado si consideraba la pareja de su hermano él estaba en el paraíso, no porque le gustara mucho la idea pero lo prefería a tener a alguien como Eliza de acompañante.

-Tía abuela, ¿Y quién será la pareja de baile de Neal? –Preguntó Stear curioso, no porque le interesara, sino porqué quería saber porque no sería la pareja de su hermana como siempre había sido.

-Neal será la pareja de la señorita Patricia O'Brian. – Dijo tranquilamente.

-¡No es justo! Patricia es amiga mía tía abuela, yo pude haber sido su acompañante. –Dijo un quejumbroso Stear, y Elroy quedó pensativa, la verdad no había tenido esa idea, pero Eliza necesitaba un acompañante que no fuera su hermano, al igual que Neal, lo que hizo sospechar a Stear que no solo querían de "acompañante" y eso lo asustaba, no soportaba a Eliza y eso era un hecho que todos sabían. Patty no era su amiga, había dicho una pequeña mentira, es más esa niña ni siquiera le hablaba, cuando la saludaba se ponía tan colorada que estaba muy cerca a parecer un tomate, pero la timidez que demostraba al estar solo cerca de él era algo que le divertía y podría aprovechar el tiempo del baile para distraerse un poco, definitivamente la compañía de la señorita O'Brian sería mucho mejor que la de su odiosa prima.

-Pero ellos son hermanos y ya no están tan pequeños para seguir siendo compañeros de baile. – Esa respuesta hizo que los Cornwell tuvieran más el presentimiento de la doble intención de sus parejas. Stear tenía escalofríos solo de imaginar a Eliza de su prometida.

Eliza había hecho berrinche y había pataleado ante la decisión de la tía abuela por emparejarla con Allistear, ella quería ser pareja de Anthony y no estaba feliz con que esa pecosa se quedara con él, siempre estaban juntos y no era justo que siempre lo acaparara. La orden de la tía abuela había sido determinante y con molestia y todo tuvo que aguantarse y hacer de tripas corazón.

Candy no había podido utilizar el vestido que le había obsequiado Archie, su padre había mandado traer un vestido exclusivo para esa ocasión y sería un desaire para él si no lo hacía. Archie comprendió la situación y ella prometió que lo usaría en el siguiente baile.

Anthony se esmeró por cumplir al pie de la letra con lo ordenado por la señora Elroy, llegó puntualmente a la habitación de la rubia para bajar con ella al baile, ya todos la esperaban y él tenía que llegar y encontrarse con Albert en lo alto de las escaleras para bajar junto con él y su madre. Al ver a Candy Anthony como siempre quedó sin palabras, sabía que solo tenía 12 años pero con los arreglos que le había hecho Dorothy y el delicado maquillaje la hacía ver un poco mayor, su belleza estaba enmarcada con un peinado alto y un vestido verde esmeralda como el color de sus ojos, un color que le quitaba un poco lo aniñado y le hacía ver que sería un hermosa dama en un futuro no muy lejano. Por primera vez Anthony tuvo la imagen de esa rubia vestida de novia a su lado.

Anthony llegaba a las escaleras junto a Candy para dejarla del brazo de su padre y él se colocaba al lado de su madre para acompañarla hasta el pie de la escalera. Al bajar las escaleras los cuatro rubios llamaban mucho la atención, los Cornwell estaban igual que Anthony viendo a Candy más mujercita que nunca, ellos la amaban también y el verla vestida de esa forma los hacía latir su corazón con más fuerza, pero era otro el que la acompañaba. Albert inició el vals con su hija ante la mirada de todos, los jovencitos veían que la joven heredera estaba creciendo y se convertía en una linda jovencita, mientras que las viudas y las jóvenes solteras se deleitaban su pupila con el guapo viudo patriarca del Clan, aunque sabían que él no atendía a ninguna de las señoras que deseaban casarse con él, eso no les impedía deleitarse la vista un poco.

Después de bailar con su padre, Anthony se acercó haciendo una reverencia ante él para solicitar el permiso de bailar con su hija, concediéndole gustoso ese permiso. Albert estaba feliz de que su sobrino siempre estuviera al pendiente de su hija, estaba seguro que siempre estaría ahí para ella por lo menos hasta que se casara alguno de los dos.

-No había tenido tiempo de hablar contigo a solas hermosa. – Le dijo al oído cerrando sus ojos mientras bailaban disfrutando el contacto de sus cuerpos y acoplando el sonido de sus corazones, Candy se apegaba a su figura mientras bailaban perfectamente sincronizados, el baile para ellos era muy común, pero ellos se acoplaban naturalmente muy al contrario con sus otros primos que en una ocasión Archie se había quejado que a Anthony nunca lo había pisado y a él sí.

Candy se ruborizaba con las palabras de Anthony, lo escuchaba atentamente todos los elogios que le decía al oído haciéndola sentir bailar en las nubes, donde no existía nadie más solo ellos, todos pasaron a un segundo plano, sin percatarse que las parejas se iban acercando al salón de baile para iniciar la danza. Ambos rubios seguían en lo suyo.

-¿Te gusto mi regalo princesa? – Preguntó Anthony no atreviéndose a comentar lo del beso de esa mañana.

-Sí Anthony, ha sido el mejor regalo que me han dado. –Decía enamorada, recordando el beso y sonrojándose inmediatamente.

-Me alegra que te haya gustado, me inspiré en tu pureza y tus ojos. Me gusta ver tus ojos cuando se iluminan cada mañana, cuando brillan cada tarde y cuando en la oscuridad resplandecen, Candy yo te amo. – Le dijo por fin siguiendo la música por instinto.

-¡Anthony! – Dijo sorprendida, pero sin dejar de bailar perdiéndose en su dulce mirar, conectado esas miradas, mientras los demás los veían. Sin haber escuchado nadie su conversación todos comenzaban a imaginar que los dos rubios Andrew estaban enamorados. – Yo… yo también… te amo. – Dijo sonrojándose aún más dejando de bailar, lo bueno que la melodía había terminado y nadie notó eso. Candy quiso huir del rubio en ese momento pero él no se lo permitió, al contrario la tomó de la mano, sintiendo como siempre esa corriente que lejos de incomodarles les confortaba el alma.

-No te vayas princesa, por favor. – Dijo suplicándole con la mirada. Ella accedió a quedarse con él, pero su mano sudaba y temblaba de la emoción y el nerviosismo que le embargaba en ese momento, su corazón latía acelerado y sus piernas comenzaban a fallarle. Anthony reparó en ello e hizo una reverencia indicando que terminarían el baile por el momento, le ofreció su brazo para dirigirla a la terraza, donde la invitaría a sentarse un rato para que se recuperara un poco. –Vamos princesa. –Le dijo galantemente y ella se inclinó un poco para aceptar su petición, aferrándose a su brazo ilusionada y con una gran sonrisa.

Mientras ellos lucían felices, Archie los miraba a la distancia mientras bailaba con la muda de Annie Britter, quien no hablaba en lo más mínimo, solo contestaba con monosílabos a las preguntas que le hacía el gatito.

-¿Te gusta bailar?

-Sí. – contestaba la tímida muchacha, la verdad es que estaba tan emocionada de estar a su lado que las palabras no salían de su boca, quería hablar con él decirle tantas cosas y a la vez no tenía nada que decir, notaba que Archie se desesperaba pero el nerviosismo que la invadía le impedía hacer algo.

-¿Quieres tomar algo? – Le dijo con doble intención al ver que Anthony y Candy se retiraban a la terraza, para así poder seguirlos y por lo menos platicar un rato con ellos ya que la tímida muchacha nomas no platicaba.

-Bueno… - Dijo queriendo agregar algo más, pero Archie la jaló de la mano para llevarla a otro lugar e ir por la bebida que le había pedido, dándose cuenta que la tía abuela lo miraba retadoramente y que la pobre muchacha no había podido decirle que quería.

Stear no la pasaba mejor que su hermano menor, el pobre estaba escuchando mil y un quejas de la Leagan, quien le reprochaba el no saber bailar y de vez en cuando daba de pisotones en el piso haciendo el berrinche que estaba acostumbrada a hacer para salirse con la suya. No quedándole de otra más que bailar con su berrinchuda prima.

-No eres tan mal bailarín primo. –Le decía satisfecha, la verdad era que Stear era tan bueno bailando como Anthony, estaba acostumbrado a ello desde pequeño, pero no le gustaba la compañía que le había tocado. De pronto vio a lo lejos a una muchacha de lentes a que se encontraba sentada al final del salón que no le quitaba la vista de encima, aprovechó y saludó muy amablemente haciendo una reverencia con su cabeza, encontrado que la chica se sorprendía y se ponía de todos colores dedicándole una dulce sonrisa, que sin saber por qué se le hizo adorable.

Era la primera vez que le sonreía directamente a él y eso le había agradado, siempre que lo hacía ella se sonrojaba, bajaba la mirada, se ponía de mil colores y salía despavorida, tal vez era la distancia o tal vez no era para él esa sonrisa, lo que ocasionó que volteara tras de él para cerciorarse que era a él a quien fue dirigida esa hermosa sonrisa. La señorita O'Brian era verdaderamente muy bonita, no lo había notado, no sabía si era porque estaba arreglada para la ocasión, si era porque su acompañante no le agradaba o porque siempre había sido muy bonita y nunca le había puesto atención, pero esa noche Allistear Cornwell vio a Patricia O´Brian de una manera distinta. De pronto un brusco Neal llegó a su lado dándole de mala gana un vaso de alguna bebida que le había llevado, ella rápidamente quito su vista del inventor y bajo la cabeza incómoda por la presencia de su primo, dándole a entender que ella tampoco estaba de acuerdo con la compañía que le había tocado esa noche.

Stear se apresuró a pisar a Eliza intencionalmente para llevarla a sentar pidiéndole mil disculpas, se había asegurado que el pisotón había sido bastante fuerte, y así ella ya no podría bailar y él se libraría de ella.

-¡Eres un tonto! – Le decía con una cara desencajada por el coraje. –Le dije a la tía abuela que era un error que tú fueras mi acompañante.

- Lo siento Eliza. –Le decía aguantándose las ganas de reírse mientras la dirigía estratégicamente al sillón donde se encontraba la señorita O´Brian y su odioso primo Neal. – ¿Nos podemos sentar? – Le decía dirigiéndose a tan linda señorita.

-Por supuesto. – Contestaba Patty tímida y amablemente.

-¡Eliza! ¿Qué te pasó? – Preguntó Neal preocupado por su hermana.

-¡Este tonto me pisó! – Decía furiosa Eliza, pero no quería hacer un escándalo mayor, ¿Qué diría la gente? Su madre de seguro la retaría si la hacía quedar en ridículo.

-¡Si serás! – Le dijo Neal molesto a Stear, pero al ver la mirada de Stear rápidamente cambió el tono de su voz. El miedo no andaba en burro, andaba en Neal.

-Neal, llévame a una habitación por favor, necesito descansar mi pie. –Le dijo a su hermano y este la llevó inmediatamente al salón de té que era el más próximo. – Stear casi bailaba de júbilo por que se había librado por fin de su odiosa prima. Volteando a ver a la señorita O'Brian quien lo miraba curiosa.

-¿Sucede algo? –Le pregunto queriendo ponerla nerviosa.

-Gracias. – Le dijo simplemente.

-¿Gracias? - Preguntó curioso, aunque se imaginaba que era porque la había librado del tarado ese. – De nada. – Le dijo guiñándole un ojo y Patricia se sonrojaba pero no quitaba la vista del guapo muchacho, no sabía porque pero ahora lo veía de una manera diferente, tal vez era la seguridad de saber que se veía hermosa con ese atuendo, o era la manera en que ahora la veía Stear, ya no veía esa mirada vacía y fría que siempre le daba, al contrario era una mirada profunda y cálida que le dedicaba esta vez. – ¿Bailamos? - Le preguntó sin despegar su mirada de ella.

-Claro. – Dijo Patty feliz ya que el tonto de Neal se la había pasado hablando de él mismo y la había mareado con tanta palabrería y no la había invitado a bailar.

Ambos chicos de lentes se fueron a bailar sin importar las miradas de la tía Sara quien buscaba por todo el salón a sus vástagos sin encontrarlos por ningún lado. La tía abuela se había dado cuenta de la situación, y observaba hasta cierto punto divertida lo que había hecho Allistear para librarse de su sobrina, no le agradaba, pero lo que si le agradaba era el brillo que había descubierto en sus ojos al mirar a la señorita O´Brian. Definitivamente algo podría hacer por ellos, diciéndose a sí misma que ya había encontrado alguien para su inventor favorito.

Mientras tanto Archivald llegaba con un vaso de jugo de frutas para Annie, sin importarle si le gustaría o no, al no poner atención en ella, se dio cuenta ya que estaba frente a la mesa de bebidas que no le había preguntado que le apetecía.

-Disculpe señorita Britter, no me dijo que era lo que quería tomar. –Le decía a pesar de todo amablemente.

-No señor Cornwell. – Le dijo tranquilamente pensando que le iba a decir que no había ningún problema y tomaría el vaso de jugo sin ningún reparo, no en vano se había dado cuenta que le gustaba. – Usted no me dio la oportunidad de decirle lo que quería. – Le dijo esta vez un poco más indignada, pero tranquila como todo una dama, sorprendiendo a Archie porque era la primera vez que la escuchaba hablar tanto.

-Le pido nuevamente disculpas señorita Britter, no era mi intención ofenderla. – Le dijo ahora si sintiéndose culpable.

-No tiene que disculparse señor Cornwell, cuando uno no está a gusto en un lugar, es normal actuar como lo ha hecho usted esta noche. – Vaya con la tímida al parecer si hablaba y cuando lo hacía era certera.

-Yo no he dicho que no quiero estar aquí. – Le contestó secamente.

-No hace falta decirlo con palabras señor Cornwell, sus acciones lo delatan. – Decía usando el mismo tono que él, pero con una sonrisa para que no denotara la frustración que sentía de que ese joven que ella amaba la ignoraba por completo, ya que no era que estaba muda, sino que en todo el baile no le puso atención en lo más mínimo por estar observando a los rubios Andley bailar muy en su mundo y solo le hacía preguntas que no tenían nada que ver con la plática que ella se había esforzado en entablar con él. –Por si no se ha dado cuenta toda la noche ha estado usted observando a Candy y a su primo el joven Brower y mi plática simplemente no la ha escuchado.

-Eso no es verdad. – Decía Archie indignado, era verdad lo que decía esa engreída pero no iba a darle la razón.

-A ver dígame, ¿Qué es lo que estuve hablando antes de que me trajera el jugo de frutas, al que por cierto soy alérgica? – Le preguntó desafiante, viendo como Archie bajó su mirada avergonzado. Archie reparó que le había dicho joven a su primo y a él se refería como señor.

-¿Por qué me hablas a mí como señor Annie y a mi primo le has dicho joven?

-Usted fue el primero en llamarme señorita O´Brian yo solo hago lo que usted hace. – Dijo seria. – Ahora si me disculpa voy a la terraza, no me siento muy bien. – Annie se dirigió a la terraza contraria donde estaban Anthony y Candy, no quería importunar a esa pareja que a su parecer se veían muy bien juntos. Archie vio a lo lejos que la tía abuela lo veía con ojos asesinos y se apresuró a alcanzar al Annie quien caminaba muy deprisa y ya la había perdido de vista.

Annie había aprovechado la soledad de la terraza y derramó unas lágrimas que empañaban su visión convenciéndose que el guapo chico de ojos color miel del cual ella tenía tiempo enamorada, nunca se fijaría en ella.

Anthony y Candy seguían platicando muy enamorados en la terraza, platicando de miles de cosas como era su costumbre, pero sin tocar el tema del beso, a ambos les daba pena hablar de eso, más sin embargo no necesitaban hablar sobre ello o volver a decirse que se amaban, si en cada gesto, en cada mirada y en cada movimiento se lo decían a gritos.

-Candy, me haces muy feliz. – Le decía Anthony dulcemente.

-Tú también me haces muy feliz Anthony. – Le decía refugiándose en su pecho que ya comenzaba a fortalecerse como resultado de la equitación y la esgrima que practicaba diariamente.

-Amor – Le dijo para referirse a ella, viendo que Candy se alejaba un poco para verlo a los ojos sorprendida. – Voy a hablar con el tío Albert.

-¿Hablar sobre qué Anthony?

-Sobre nosotros. – Le dijo decidido. – Princesa, yo te amo y tú me amas ¿Verdad?

-Sí. – Dijo al mismo tiempo que asentía ilusionada.

-Voy a pedirle tu mano princesa.

-¡No Anthony! – Dijo asustada.

-¿No quieres? – Preguntó confundido. – Me dijiste que me amabas.

-Y te amo, solo que se muy pronto, aún somos muy jóvenes además por lo que siempre comenta la tía abuela, es un hecho que seremos comprometidos, para mí no hay nadie más que tú Anthony.

-Lo sé, pero quiero hablarlo con él de hombre a hombre. – Candy se ponía nerviosa, tenía mucho miedo a su padre aún y no sabía cómo iba a reaccionar, Anthony descubrió el motivo de la negativa de Candy y comprendió el miedo que tenía, no era por él sino por ella. – Esta bien princesa, aún no hablare con mi tío, pero solo por un tiempo. En tu cumpleaños número quince ese será el día en el que voy a solicitar tu mano, y no aceptaré negativas de nadie. – Le dijo acercándola su pecho haciéndole esa promesa que si bien faltaba aún tiempo en llegar a cumplirla iba a ser una gran aventura compartir con ella todo ese tiempo, la amaba y sabía bien que sus sentimientos no cambiarían, habían durado 12 años, desde que la vio por primera vez y sabía que era plenamente correspondido.

-Gracias Anthony, gracias por amarme tanto como yo te amo a ti. – dijo aferrándose a su pecho.

-¿Tenías alguna duda princesa? –Preguntó intrigado.

-La verdad creía que solo me veías como a tu pequeña prima. – Le dijo apenada.

-¿De verdad nunca te diste cuenta de mis sentimientos?

-Cada noche me dormía pensando en si me amabas o no, soñaba que era correspondida, pero al despertar la duda me asaltaba nuevamente.

-¿De verdad no eran obvios mis sentimientos por ti?

-Cuando creía que sí, llegaba Eliza a recordarme lo hermosa que es y que ella era la indicada para ti, y eso me hacía dudar al no ser tan hermosa como ella. – Decía apenada.

-¿Qué dices Candy? Tú eres mucho más hermosa que Eliza, no solo por fuera sino también por dentro. Aunque no niego que Eliza es bonita, no es el tipo de mujer que me gusta, me gustas tú pequeña.

-¿De verdad no piensas que soy…?

-¿Qué eres qué pequeña? – Anthony no comprendía a qué se refería Candy, para él ella era perfecta y hermosa, no había nadie más con quien deseaba estar toda la vida. Candy lo veía nerviosa con pena por haber iniciado esa conversación, ¿Cómo decirle que ella se consideraba aún muy pequeña en sus formas? Era algo que no se podía decir y mucho menos a su enamorado. Anthony comprendió de pronto al ver que ella bajaba su rostro observando su cuerpo. Lentamente le levantó el rostro y le dijo viéndola a los ojos. – Para mí eres la mujer perfecta, te amo porque eres tú Candy, porque eres mi princesa, porque eres hermosa, porque fuiste hecha para ser mi esposa, me gustas Candy, me gusta tus delicadas formas y tu esbelta figura, te amo desde que eras un bebé y te amaré hasta que seamos unos viejitos arrugados.- Le dijo esto último bromeando para arrancarle una risa, cosa que logro hacer.

-No te importa que Eliza se vea mejor que yo. – Volvió a decir.

-El cuerpo de una mujer es bello para quien lo ama, y yo amo el tuyo tal cual es pequeña. – Candy se emocionó con el comentario de Anthony y se abrazó a su cuello pegando un brinco para poder alcanzarlo, sintiéndose un poco más tranquila por lo expuesto por el rubio y agradeciendo no tener que explicar que se sentía acomplejada por no ser tan voluptuosa como Eliza.

Mientras Anthony y Candy regresaban al salón de baile, Annie lloraba en silencio del otro lado de la terraza, triste por lo que acababa de acontecer. Su madre le había dicho que sería comprometida con Archivald Cornwell y eso la había llenado de felicidad, era una niña de apenas 12 años pero desde los 8 años le habían dicho que tenía que ser una buena esposa para el marido que le eligieran, haciendo que ella siempre temiera por la persona con quien sería comprometida, sintiendo un gran alivio que la persona que sería su prometido era la misma persona que sin quererlo la había enamorado desde pequeña. Ahora que había estado más tiempo con él sabía que era un error ese compromiso, quería hablar con su madre para que por favor no la comprometiera con él, no deseaba sentirse rechazada por él y que con el paso de los años la odiara.

-Annie –Dijo una voz ya conocida para ella. – Le hablaba con temor, la había estado observando llorar desde hacía rato no atreviéndose a hablarle porque sabía que era el culpable de su llanto. -¿Te encuentras bien? – Preguntó sin saber que más decir.

-No se preocupe Sr. Cornwell, estoy bien. – Dijo apresurándose a limpiar sus bellos ojos azules, no sabía que ya había sido descubierta.

-Siento mucho no haber estado más atento. – Decía realmente arrepentido, sin saber por qué el ver a Annie con los ojos llorosos le había producido un malestar en su estómago, tal vez era la culpa que ya lo estaba comiendo. –¿Me disculpas? – Le decía haciendo una reverencia al mismo tiempo que la invitaba a bailar. Annie lo miraba con desconfianza, se había dado cuenta que estaba enamorado de Candy por la forma que la miraba y que en toda la noche no le había quitado la vista de encima, dudaba aceptar la propuesta, pero el amor que sentía por ese joven la convenció de aceptar bailar con él ya mañana sería otro día, ya mañana hablaría con su madre si se atrevía a hacerlo y disolvería el absurdo compromiso.

Continuará…

¿Cómo ven? Los Andrew están más que enfiestados y los únicos contentos son nuestra pareja principal Anthony y Candy, aunque nuestro amado inventor se la jugó con Eliza para librarse de ella y en vez de coquetear con la demás niñas como estaba acostumbrado la buena Patty le hizo ojitos y no le desagradó al bello Stear. El único que sigue terco con Candy es Archie quien no le importó ignorar a la pobre Annie toda la noche, pero ya con la advertencia en los ojos de la tía abuela se fue a buscarla encontrando que la había hecho llorar y eso le removió algo dentro… solo que no sabe que es… En fin, y ¿Dorothy? Nadie se ha preguntado por la sumisa Dorothy! Esperemos que esté mucho mejor del malestar que le aqueja… creo que no verdad... pobre muy pocos la quieren jejejeje.

Bueno niñas espero que les haya gustado el capítulo, espero sus comentarios!