Buen día señoras! aquí actualizando un capítulo más de esta historia, gracias por leer y sobre todo por comentar, como ya les he dicho esos comentarios son los que me animan a publicar el siguiente capítulo y a que continúe la historia. Bienvenidas todas y cada una de las lectoras, un abrazo.
Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen solo son la inspiración para hacer un intento de historia que las distraiga un poco de sus problemas, así como a mi me han servido para distraerme un poco de mis actividades cotidianas. La historia la hago sin fines de lucro y no es apta para menores de edad. Dicha esta advertencia, ¡Comenzamos!
CAPITULO XI
EL TIEMPO NO SE DETIENE
El tiempo seguía su curso, Candy y Anthony seguían felices juntos como siempre, ni los malos tratos de Eliza ni las malas jugadas de Neal lograban que tuvieran algún tipo de problema, Anthony tenía una infinita confianza en Candy y ella en él, ambos se entendían muy bien.
Albert no había regresado de su "corto" viaje y aún no tenían noticias de él, el señor Leagan seguía al frente de los negocios con ayuda de George y una que otra "consulta" de Sara Leagan. La tía abuela estaba preocupada por la desaparición de su sobrino porque al no saber de él para ella era una desaparición, quería decirle que gracias a Harold tenía noticias de Dorothy y sabía que ya había dado a luz hacía tiempo a un varoncito, pero aun así no sabía su paradero, no quería decirle a George porque no sabía si él estaba enterado de la situación y George solo le decía que Albert estaba bien y que se había comunicado con él, más los mensajes de que se reportara urgentemente con ella nunca eran respondidos.
Los muchachos habían sido invitados a celebrar el cumpleaños de Tom quien había organizado una fiesta en el río para celebrarlo y como ya estaban "grandes" la tía abuela los había autorizado a asistir siempre y cuando los acompañaran algunos mozos para que no hubiera ningún problema.
El joven Stevens cumpliría su dieciséis años, era solo un poco mayor que Anthony, ellos se llevaban muy bien al igual que con Stear y Archie, al que tampoco soportaba era a Neal, a pesar de que era su "cuñado" como él lo decía. Tom seguía derramando babas por Eliza, quien solo se dedicaba a coquetearle y aprovechaba sus bien formados atributos para hacerlo, ella estaba encantaba de que Tom si caía rendido a sus pies ya que Anthony ni siquiera la tomaba en cuenta, pero al ir al lago y usar su traje de baño no podría resistirse a sus encantos, eso pensaba ella, no sabía que Candy también había comenzado a aumentar un poco más su talla y no era tan desarrollada como ella, pero Anthony así la quería, para él el delicado cuerpo de Candy era perfecto y así la amaba, así lo traía de un ala, como le decían sus primos.
Los cuatro chicos estaban comentando emocionados lo de la fiesta de ese fin de semana, todos menos Archie comentaba animado.
-¿Qué te sucede Archie? – Preguntaba Tom.
-Nada. – Decía muy serio con la mirada perdida entre los arbustos del jardín. Tom veía a los demás Andrew y les preguntaba con la mirada.
-No te preocupes Tom, lo que sucede es que Archie no tiene con quien ir a tu fiesta y es por eso que no sabe si asistirá.
-¿Cómo que no lo sabes? – ¡Preguntó indignado! – Son vacaciones de verano, tal vez la chica tímida ahora sí venga a visitar a sus padres, ¿Si posponemos la fiesta unos días más? Tal vez ella llegue. ¡Pregúntale a tus suegros! – Decía animosamente Tom con su aire de chico campirano.
-No Tom, como crees has la fiesta este fin de semana, además no se bien que sucede con Annie, tiene dos años que se fue y aún no sé nada de ella.
-¿Cómo, que no le escribes? - Preguntó guapachoso el vaquero.
-Él si le escribe, pero ella solo le ha escrito unas dos veces desde que se fue. – Dijo Stear sintiendo pena por su hermano.
-No se preocupen por mí, iré a la fiesta. – Dijo Archie desanimado retirándose de entre los chicos.
-¿Qué le sucede? – Preguntó Tom.
-Sucede que está enamorado y lo descubrió demasiado tarde. – Dijo Anthony mirando con pesar el paso aburrido de su primo, quien desde que se enteró del viaje de Annie estaba que no lo calentaba ni el sol. Como había dicho Anthony, se había enamorado de Annie desde aquel simple beso que le había dado y necesitaba más de ella, más sin embargo a la siguiente tarde que fue a buscarla a su mansión, le habían dicho que había salido muy temprano esa mañana rumbo a Nueva York, y después zarparía rumbo a Londres para comenzar sus estudios de secundaria. Archie había quedado devastado, él quería hablar con ella para decirle que sus sentimientos comenzaban a cambiar, que ese beso pequeño había hecho la diferencia y que quería conocerla más, estaba seguro que llegaría a amarla de verdad. Ese beso había hecho que se enamorara de la tímida Annie y por fin había podido olvidar a Candy.
Los Britter le habían dado la dirección del Colegio para que mantuvieran contacto por carta, agradeció el gesto por parte de los señores, y se retiró triste a la mansión Andrew. El señor y la señora Britter habían visto la cara de decepción del joven Archivald y les causó buen augurio para el compromiso de su hija, no sabían que la pelinegra tenía sus propios planes, ella había decidido olvidar por completo a Archie y no abriría ninguna de sus cartas, solo contestaría de vez en cuando para que sus padres no la retaran, podía decir que el correo se extraviaba.
La esperada fiesta llegó y los chicos ya estaban en el lago, menos Patty y Candy quienes estaban muy apenadas por los trajes de baño que iban a usar, les dejaban los hombros y las rodillas al descubierto y eran muy ajustados a su cuerpo, dejando muy poco a la imaginación, pero eran los más decentes que habían encontrado. Las mucamas que las acompañaban llegaron junto a ellas ayudándolas a quitarse las batas que las cubrían, sintiendo que el color rojo se les subía a su rostro. Eliza estaba entre las demás chicas que se creían de "mundo" eran mayor que ella por unos años pero ella se creía de mentalidad superior a Candy y sus amigas. Eliza volteo a verlas que estaban avergonzadas y se rió de ellas, a su parecer se veían ridículas tratando de cubrir para ella, su patético cuerpo.
Eliza había tratado por todos los medios acercarse a Anthony, quien al estar con Tom, él se encargaba de quitársela de encima, acosándola para que dejara en paz al rubio y le pusiera más atención a él. Cuando Tom se acercó a Candy y a Patty para saludarlas, Anthony iba tras de él apenas vio a Candy, siendo detenido por el brazo por Eliza quien lo jalaba muy cerca de ella. Aunque el bañador de Anthony era cubriéndole desde la rodilla hasta su cuello, lo ajustado que le quedaba hacía que su bien trabajado torso y sus fuertes muslos se resaltaran sobre él, era un joven de casi dieciséis años pero su cuerpo ya estaba muy bien definido fruto de la equitación y el trabajo que él mismo desarrollaba para ayudar en la mansión.
Candy vio desde su lugar como Eliza jalaba a Anthony muy cerca de ella, viendo como le acercaba sus formas a su cuerpo descaradamente, sin importarle que estuvieran los demás tan cerca de ellos. Candy no pudo soportar esa escena y se dio la media vuelta, se adentró entre los árboles tratando de ocultarse de él lo más rápido posible. Anthony apenas llegó a tener contacto con el cuerpo de Eliza se separó rápidamente de ella alcanzando a ver que la pecosa salía corriendo despavorida. Patty estaba con Stear y ellos también vieron el espectáculo que había armado Eliza, mientras todos la veían con cara de desaprobación. Todos los invitados sabían que Candy y Anthony estaban comprometidos y al ver la acción de Eliza todos la miraban mal por su atrevimiento.
-¡Candy! – Gritó Anthony, mientras se adentraba entre los árboles para hablar con ella, Candy paso junto a la orilla del lago teniendo que atravesarlo para poder llegar más lejos, quería escapar de ese espectáculo que daba Eliza junto a su novio.
Las mucamas y mozos que los habían acompañado, ninguno se dio cuenta de lo acontecido ellos estaban platicando entre ellos a un lado de la arboleda junto al lago, dando privacidad a sus jóvenes patrones.
Anthony se metió al lago para poder alcanzar más rápido a Candy, él sabía que Candy corría muy rápido y tenía que ser más rápido que ella o si no podría perderse entre los árboles. Candy salió toda mojada del lago llegando al otro lado donde apenas toco tierra y siguió su carrera, no escuchando los gritos del rubio, por el coraje que sentía todo se le nublaba alrededor y no escuchaba nada. Corrió un poco más y cuando creyó que nadie la encontraría se quitó el gorro del bañador y lo tiró molesta al piso, cruzándose de brazos y recargándose en un árbol que según ella la protegía de la vista de los demás. Anthony había alcanzado a ver dónde se detenía su princesa y la vio arrojar el gorro con coraje, vaya que tenía su carácter la pecosa, pero no dudó en acercarse a ella lentamente. Sabía que solo era una chica de catorce años que actuaba por impulso y a pesar de que tenían dos años comprometidos aún le costaba trabajo confiar más en su belleza y bondad, cualidades con las cuales lo tenía prendado y atrapado eternamente. Llegó por su espalda tratando de ver como estaba el terreno que pisaba.
-Hola hermosa, ahora sí que me costó trabajo alcanzarte. – Le dijo amorosamente.
-No te pedí que me siguieras. – Dijo Candy molesta, no lloraba, sus lágrimas estaban contenidas en sus ojos y por ningún momento las dejaría salir.
-Lo sé, pero yo quise seguir a mi hermosa novia.
-Te vi muy entretenido no quise molestarte. – Dijo nuevamente con cabezonería, Anthony se reía internamente por los celos que mostraba su pecosa, nunca la había visto tan celosa y molesta, no cabía duda que era una jovencita de un carácter fuerte y decidido.
-Te estaba esperando. – Dijo tranquilamente. – Cuando te vi llegar con Patty me iba a cercar pero me detuvieron de pronto.
-Sí, ya vi lo que esa atrevida hizo. – Dijo apretando sus dientes, Anthony comprendió que no lo culpaba a él de lo sucedido y eso le dio ánimo para acercarse más a ella.
-No tienes porqué desconfiar de mi amor. – Le dijo acercándose cada vez más, quería ver hasta donde ella le permitiría acercarse y no llevarse una bofetada por atreverse a invadir su espacio mientras estaba ofendida, conocía su carácter y en ese momento le demostraba que era mucho más fuerte de lo que había pensado, sin duda estaba creciendo su amada, pero aun así tenía ciertos arranques de niña pequeña, eso no se lo diría o ahora si sería causa de que se enojara con él y Dios lo librara de ello. – Sabes que Eliza lo hace por molestarte.
-Y lo ha logrado. – Dijo aún molesta volteando su rostro al cual le corrían gruesas gotas de agua que le escurrían por su cabello. Anthony la veía más hermosa que nunca a pesar de su enojo.
Anthony terminó de acercarse a ella venciendo la duda que tenía de hacerlo o no, se acercó a su cintura y la atrajo hacia él mientras Candy seguía con sus manos pegadas al árbol sin corresponder al abrazo, más no por ello Anthony se dejaba vencer, acomodó su rostro en el cuello de su amada, aspirando el olor húmedo a rosas que se podía aspirar de ella, de pronto su olor lo hizo estremecer y la respiración de él en el cuello de Candy hizo que su piel se erizara por completo, sintiendo un agradable calor en todo su cuerpo a pesar de lo mojada que estaba. Anthony percibió ese estremecimiento en el delicado cuello de Candy y posó sus labios en el besándolo delicadamente, no sabía por qué se atrevía a tanto, solo sabía que ese olor que desprendía el húmedo cuerpo de Candy lo llamaba a hacerlo, sintió como Candy se estremeció entre sus brazos y muy al contrario de lo que él pensaba se abrazó a él por el cuello fuertemente.
-Te amo.- Le dijo en su oído en un susurro, sintiendo como Candy se removía ansiosa entre sus brazos, era una sensación que lo animaba a seguir su cometido, le agradaba sobre manera ver como reaccionaba ella a esas nuevas caricias que le proporcionaba. Anthony nunca había pasado de darle un beso corto y uno que otro húmedo pero muy leve, esos eran los más atrevidos que le había dado, pero estar en ese momento tan cerca los dos, solos y con sus cuerpos húmedos y tan expuestos, se habían dado cuenta que a pesar de estar mojados no tenían frío, sino que al estar tan juntos y rozando sus cuerpos su roce provocaba un delicioso calor que les quitaba el frío que iba apareciendo cuando soplaba el viento. Buscando ese calor para que su pecosa no se enfermara, el frotó sus brazos de ambos lados aumentando el ritmo al ver que su calor aumentaba, sus miradas se encontraban mientras Anthony seguía frotando sus brazos y sus húmedos cabellos seguían adheridos a sus frentes. Sus miradas eran diferentes, estaban dilatadas, ensombrecidas, Candy cerró los ojos rogando por ese nuevo contacto que habían tenido los labios de su amado en su cuello, había notado que eso le había quitado el frío instantáneamente.
-Yo también te amo, mi príncipe. – Le decía con una voz muy diferente a la habitual, tal vez era el nerviosismo, tal vez era el frío que aparecía de pronto, tal vez era la pasión que le había despertado de golpe en su cuerpo, tal vez era todo junto. – Tengo frío. – Le decía cerca de sus labios, entendiendo Anthony a lo que se refería. Él se acercó a sus labios y la besó, ahora de una manera diferente, ya no eran los dulces y cortos besos que le encantaba se dieran a escondidas en el jardín o al despedirse cada noche en su habitación cuando nadie los estaba viendo, ese beso era diferente era uno más maduro, más intenso, atrapó sus labios saboreándolos delicadamente, robándole un beso húmedo y tierno que le robaba el aliento a la pecosa, ella dio un suspiro aprovechando el joven para acercarse más a ella y sentir el contacto de sus cuerpos que por la escasa tela que ambos llevaban era casi como estar en contacto piel a piel, Anthony detuvo el frotar de sus brazos y llevó ambas manos a sus caderas, las cuales acercaba más a las de él, provocándole un sinfín de placenteras sensaciones que le llegaban a su parte baja, se detuvo en esa acción, sabía que era lo que su cuerpo experimentaba, ya se lo habían explicado en la clase de educación sexual, y no quiso ofender a su princesa, así que quito las manos de sus caderas y las llevó a su cintura donde la aferró más a su cuerpo, Candy sintió ese agarre tan agradable a su cuerpo y se aferró a su cuello, abriendo la boca un poco más permitiendo que el rubio tuviera acceso a su boca, deslizando su lengua delicadamente al saborear primero sus labios, Candy suspiraba y abría más los labios para darle más acceso, no le molestaba en lo absoluto su atrevimiento, al contrario le agradaba en demasía, ella aún era muy inocente más sin embargo sabía que su cuerpo le pedía ese tipo de sensaciones.
Anthony se permitió besarla una y otra vez sus labios, jugueteando con su lengua dentro de ella saboreando su sabor, era un beso muy apasionado y diferente de todos los que se habían dado, él acariciaba su espalda ladeando la cabeza para hacer más intenso el beso, dejándose llevar por lo que provocaba en su joven cuerpo, que recién despertaba a la pubertad. Cómo hombre que era, él era quien llevaba esa clase de educación sexual ya que él era el que debía llevar el ritmo en el matrimonio para así enseñar a su mujer a amar y ser amado, sabía que ese era el deseo que se estaba despertando en su cuerpo, pero como caballero que era no quería ofender o propasarse con su amada, no lo haría por lo menos no tan pronto, aún supiera que había muchos señores tan mayores como su abuelo que se desposaban con jóvenes incluso más jóvenes que Candy, él sería un caballero y esa tarde solo disfrutaría de los ardientes besos que habían descubierto y que difícilmente dejarían de continuar experimentando.
Dirigió sus manos hacía su nuca atrayéndola más hacia él si eso era posible, no quería seguir con sus fricciones en su cuerpo o el de él tendría otro tipo de reacciones, las cuales ya estaban despiertas, pero no quería que ella se diera cuenta, lo ajustado del bañador no le ayudaba mucho, pero le disimulaba un poco la erección que tenía, seguía besando a Candy, entre palabras bonitas de amor y besos húmedos, así lograba que poco a poco fuera controlando su deseo. La abrazó fuertemente sintiendo como la respiración de ella y la de él mismo estaban muy agitadas, tratando de controlar sus respiraciones abría su boca para dejar escapar esa sensación que se había instalado en su cuerpo sin alejarse del cuerpo de Candy, la mantenía aferrada a él abrazada por la espalda y ella sentía el latido de su corazón alborotado. Ambos estaban igual de agitados y sorprendidos de lo que habían experimentado, sabían que no debían ir más lejos de aquello y ambos trataban de controlarse. Sus húmedos cabellos comenzaban a secarse, sobre todo los de Anthony que eran más cortos, pero el sudor de su frente hacía que se mojaran de nuevo. Una vez tranquilizados ambos rubios se tomaron de la mano tímidamente, ninguno de los dos hablaba de lo sucedido, solo comenzaron a caminar emprendiendo su camino de regreso, más enamorados que nunca y habiendo acallado esos celos que brotaban sin control de la rubia cuando veía a su amado tan cerca de la descarada de Eliza.
Stear y Patty iban caminando de la mano en busca de los rubios ya que tenían rato que se habían ido y no regresaban, se estaban perdiendo de la fiesta que a pesar de que muchos de los jóvenes estaban en pareja, ellos estaban muy acompañados del más joven de los Cornwell, quien al estar comprometido con Annie, no se atrevía siquiera a coquetear con nadie más, a pesar que había más de una que le hacía ojitos para que volteara a verla. De pronto vieron que ambos rubios venían de la mano muy tranquilos y serios.
-Mira Stear. – Dijo Archie quien estaba más al pendiente del camino, mientras su hermano estaba distraído haciéndole ojitos a Patty. – Allá vienen Candy y Anthony.
-¡Anthony! ¡Candy! - Decían los tres chicos haciendo señas para que los vieran.
-¿Ya está todo bien? – Preguntó Archie, mirando curioso a la pareja que caminaba hacia ellos.
-Si Archie. - Decía Candy con una dulce sonrisa. – Todo está aclarado. – Candy se apegaba al cuerpo de Anthony quien la recibía con un abrazo sonrojándose por tener de nuevo el cuerpo de Candy tan cerca, acción que notó Stear, comprendiendo un poco a su primo, a él mismo le ocurría eso al tener el perfecto cuerpo de Patty tan cerca de el de él y más con ese bañador que no dejaba mucho a la imaginación y descubría sus formas perfectamente. Stear no sabía que Anthony no había solo admirado el cuerpo de su pecosa sobre el bañador, sino que lo había tocado y eso le provocaba esa reacción en su rostro.
-Así es muchachos, todo está aclarado. - Dijo con una gran sonrisa tratando de desvanecer la sensación que tenía en su cuerpo y los nervios que aún lo consumían por lo recientemente vivido.
-Que bárbaro, Eliza nunca está conforme si no hace enojar a Candy. – Dijo Patty molesta volteando hacia donde estaba esa descocada que iba de la mano ahora con Tom llevándolo entre las rocas. Ellos solo se hicieron los desentendidos, para ninguno era extraño que Eliza coqueteara con Tom y que lo dejara alborotado más de una vez, así lo mantenía desde que tenía tan solo doce años, ahora que tenía quince no sería la excepción.
Los Andrew junto con la señorita O'Brian se acercaban de nuevo a la fiesta, pero las miradas de Candy y Anthony ahora eran diferentes, había aparecido el deseo en ellas, pero sabrían controlarlo, era algo que él creía fielmente.
Mientras tanto Eliza guiaba a Tom entre las rocas, asegurándose de llegar a un lugar donde nadie los viera, no se dio cuenta que los Andrew se habían percatado de ello. Eliza se recargaba en una gran roca que estaba junto a unos arbustos y así quedaban ocultos de miradas indiscretas.
-¿Qué sucede Eliza? – Le preguntó Tom curioso.
-Te dije que te daría tu regalo de cumpleaños. – Decía coqueta.
-¿Aquí? – Decía Tom extrañado, cuando Eliza lo besaba, no se escondía tanto, siempre lo hacía cerciorándose que Anthony los viera para ponerlo celoso, eso lo sabía él, pero no le importaba mucho porque sabía que a Anthony no le importaba en lo absoluto, pero esta vez ella había optado por llevarlo más lejos de lo normal, para darle un corto beso, era mucho esconderse, pensaba Tom a quien solo le daban besos tipo de perico que aunque le fascinaban en ese momento no era algo como que lo emocionara mucho y menos de regalo de cumpleaños. Eliza lo jalo del bañador y lo acercó a su cuerpo que estaba húmedo porque se la habían pasado bañándose y correteándose en el agua, aprovechándose Tom como hombre que era a agarrar más de la cuenta de esa pequeña coqueta.
-Tengo frío. – Le dijo coqueta.
-Ven, vamos al sol para que te seques. – Le dijo tranquilo, él la quería y no quería ponerla en entre dicho de los demás.
-Vamos Tom, ¿No quieres tu regalo? – Pregunto curiosa.
-¿Dónde traes mi regalo? – Le preguntó curioso, observándola de arriba hacia abajo deleitándose con su figura.
Eliza lo acercó a ella y le plantó un beso directo en los labios aferrándose a su cuello, Tom se sorprendía pero se dejaba querer por esa pelirroja que lo traía loco, Eliza movía su boca atrevidamente intensificando el beso e introduciendo su lengua dentro de la boca del muchacho quien se sorprendió gratamente pero se aferró sus caderas apegándola a su cuerpo, sintiendo Eliza rápidamente la reacción del muchacho, quien no tuvo reparo en dejar que ella la sintiera repegándola más hacia él.
Eliza se sentía orgullosa de la reacción que había provocado en el guapo muchacho, quien conforme pasaba el tiempo se volvía mucho más atractivo y eso era un deleite que ella disfrutaría, lo besaba apasionadamente y con desenfreno buscando más de su boca y dejando que las manos del muchacho recorrieran su cuerpo descaradamente, dejándose tocar disfrutando también ella esa sensación, nunca habían llegado tan lejos, pero esa ocasión era especial, ella sentía un fuego dentro de ella que deseaba fuera consumido y Tom se dejaba querer, era la chica de sus sueños no podía rechazarla, además tal vez así ella tendría que aceptarlo. Eliza enredó una de sus piernas entre las piernas del vaquero ocasionando que Tom abriera la boca en un suspiro y sintiera las rodillas flaquear, teniendo que recostarse en ella quien seguía recargada en la piedra, la pasión de Tom comenzó a despertar con fuerza, con una furia nunca antes sentida, su deseo por Eliza era algo que lo estaba trastornando, comenzó a besarla con más fuerza, agarrándola del cuello y comenzando a besarla desesperado, mientras Eliza comenzaba a sentir miedo por lo que había provocado en el muchacho, Tom no podía detenerse ahora, ella lo había provocado y creía que ella quería llegar más lejos, no reparó en las lágrimas que comenzaban a salir de Eliza quien no reaccionaba asustada por lo que estaba sucediendo. De pronto ella le dijo en un susurro.
-No, por favor. – Con las lágrimas a punto de salir de su rostro. Tom reaccionó de golpe, al sentirla temblar indefensa, sintiéndose un estúpido por su atrevimiento.
-Eliza, lo siento. - Le dijo tomándole su rostro con ternura y respirando agitado tratando de controlar la reacción de deseo que había despertado.
-No, yo lo siento. – Le dijo apenada por primera vez, no había medido lo que había hecho y se había sobre pasado, comprendiendo por primera vez que no era un juego lo que hacía. – Quería darte tu regalo de cumpleaños, pero creo que me malinterpretaste. – Dijo apenada, si quería provocarlo, pero no creyó que lo iba a hacer perder el control.
-De todas formas, yo me descontrolé, no pude soportar tener tu cuerpo tan cerca del mío. – Le dijo apenado.- Discúlpame. – Le dijo nuevamente y se retiró del lugar, los chicos Andrew lo vieron meterse rápidamente al agua, y buscaban a Eliza con la mirada, tal vez no les caía bien, pero era su prima y no querían que le sucediera nada malo.
-No se preocupen, muchachos, yo voy a buscar a Eliza. – Dijo Archie para no causar más problemas entre los rubios y con su hermano y su novia, se levantó con poco ánimo, con el mismo que había llegado a la fiesta, que para él solo había resultado aburrida, siendo él el mal tercio y el mal quinteto con sus primos y hermano.
Archie llegó a donde estaba Eliza, encontrándola con los ojos hinchados por las lágrimas, le dio un poco de pesar verla así y pensaba en lo que le habría podido hacer Tom, él sabía que había algo entre ellos, pero también sabía que mientras para ella era un juego, para Tom todo era en serio, por eso él no había permitido que lo comprometieran con la joven Jones, él quería ser comprometido con Eliza, pero ella no lo había aceptado aún. Archie aún tenía miedo que la ausencia de Annie hiciera que la tía abuela le cumpliera su amenaza y comprometerlo con Eliza.
-Eliza ¿Te encuentras bien? – Preguntó Archie indeciso.
-¿Por qué lo preguntas? – Contestó arrogante.
-Por tus ojos, se nota que has llorado, ¿Tom te ha hecho algo? – Pregunto dudoso.
-¿Tom? No, él sería incapaz de hacer nada malo. –Dijo sincera. – Eh sido yo. – Dijo de pronto, confundiendo al pobre de Archie ya que ella siempre lo había despreciado y ahora se confesaba con él.
-¿Qué ha pasado? – Preguntó no por qué le interesara sino por cortesía. Neal estaba entre las señoritas mayores, viendo quien se dejaba convencer para ser la nueva conquista por el guapo moreno y no ponía atención a su gemela que estaba escondida entre las rocas.
-Yo me porte mal con Tom, y él me ha puesto en mi lugar. – Dijo sin querer descubrirse en que forma se había portado mal.
-Eliza, deja que te de un consejo. – Dijo sinceramente. – Tom te ama, siempre lo hemos sabido, él es un chico noble y bueno, no sería capaz de lastimarte y si lo ha hecho es porque está cansado de pretenderte y de que tú lo rechaces, solo lo provocas y con un hombre no debes hacer eso, menos como alguien como Tom. Él tiene muchas jóvenes que quieren realizar un compromiso con él, si no lo amas déjalo que se desilusione de ti y que busque a quien amar de verdad. Tú siempre has demostrado un interés en Anthony, pero yo sé que es solo un capricho, como el que yo tuve con Candy. No cometas el mismo error que yo, que cuando me di cuenta que estaba enamorado de Annie, ella decidió irse de aquí.
-¿Pero ustedes siguen comprometidos? - Dijo Eliza quien extrañamente había escuchado cada palabra de la conversación.
-Sí, seguimos comprometidos, ¿Pero que pasaría si ella me deja de amar? Ahora te puedo decir que yo no lo soportaría y eso me duele, porque no es lo mismo decirle tu amor por carta a decírselo en persona. Luisa Jones espera que los padres de Tom vayan a solicitarla en compromiso para su hijo.
-¡Luisa! – Dijo Eliza sorprendida quien no sabía por qué no quería que nadie se quedara con el guapo y rico vaquero.
-Así es Eliza, y si sigues jugando con sus sentimientos, creo que ya viste de lo que es capaz Tom. – Y vaya que si había visto de lo que era capaz, era un chico apasionado que ella había descubierto y a pesar de que la había asustado con su comportamiento, difícilmente lo iba a compartir con alguien que no fuera ella. Había perdido la batalla con Candy, Anthony no la quería, sin embargo ese guapo y apasionado chico estaba perdidamente enamorado de ella, tenía que recapacitar y tratar de amarlo o lo perdería para siempre.
-Gracias Archie. – Le dijo sinceramente, se levantó del lugar donde estaba y se dispuso a retirarse, pero se detuvo y se giró a ver de nuevo a Archie. – Esto nunca pasó. – Le dijo refiriéndose a la plática que habían tenido ambos, volviendo a ser la chica altanera y fría en su trato.
-No te preocupes Eliza, nunca pasó. – A él tampoco le convenía que supieran que habían tenido una plática sincera y civilizada, mucho menos su amigo Tom que de seguro se había dado cuenta que había ido con ella.
Archie regresó con sus primos y estos lo veían esperando que les diera una respuesta de lo sucedido, Eliza había regresado primero que él y el regresaba detrás de ella. Tom había visto de donde habían salido y en su corazón apareció una sensación de celos que nunca antes había experimentado, ahora sabía de lo que era capaz Eliza y era una jovencita llena de pasión y aunque él había perdido el control hacía unos minutos no permitiría que nadie se la quitara, tenía que disculparse con ella y no volver a ofenderla de esa manera. Volteo a ver a Archie quien lo miraba y lo saludaba con una sonrisa inocente mientras Tom lo veía como a un posible rival.
-¿Qué hacías con Eliza? –Le pregunto celoso. Archie era lo que menos quería en esos momentos, su ánimo no estaba muy bien después de reconocer que tenía muy altas posibilidades de perder a Annie sin siquiera haberle confesado por boca propia sus sentimientos.
-¿Yo? ¿Con Eliza? Nada, solo que fui con ella porque te vi regresar molesto después de "Hablar" con ella. – Le dijo Archie sorprendiendo a Tom, él creía que nadie lo había visto.
-¿Molesto? – Dijo Tom, él se había metido en el lago para calmar sus instintos básicos que habían salido a flote después de encuentro romántico con su Eliza. – No estaba molesto, solo estaba intranquilo. –Dijo ante la mirada interrogativa de los demás, las chicas no entendían mucho de que hablaban eran un poco más inocentes, pero los jóvenes sabían bien a que se refería Tom y comprendieron que lo que lo tenía intranquilo era precisamente el comportamiento de su prima y se imaginaban que era lo que había hecho.
-No te preocupes Tom. – Dijo Archie quien entendió que estaba celoso de él. – A mí no me interesa Eliza, sabes bien que a pesar de la distancia Annie es la que ocupa mi corazón. – Dijo suspirando y todos lo miraban comprensivos.
- Bueno muchachos yo creo que ya es hora de retirarnos. – Dijo Anthony, quien al ser el mayor de los Andrew era responsable de todos. Él ya no estaba muy agusto en ese lugar, se hacía tarde y ya habían convivido lo suficiente como para poder retirarse cada uno a su mansión.
Se retiraron del lago en compañía de los mozos y las mucamas que los habían acompañado llegando poco después a la mansión cansados de tantas emociones. Stear fue a acompañar a Patty hasta su casa y de paso se quedaba un poco aprovechando que aún no se metía el sol.
Los demás Andrew se adentraban a la mansión y se retiraban cada uno a sus habitaciones, Candy acompañada de Anthony y Archie entraba solitario a la suya, encontrando en la mesa de noche que estaba enseguida de su cama una carta que venía directamente de Londres.
Continuara…
Hola, espero que les haya gustado, y no se preocupen por lo que hizo Tom, no estuvo tan fuerte, solo que Eliza lo provocó de más y no se dio cuenta que despertó el deseo en ese chico alborotado y bronco, lo bueno que como él la quiere pudo detenerse a tiempo, pero tuvo que bajar la temperatura de su cuerpo tirándose un clavado del lago. Eliza tuvo un momento de sinceridad con Archie, pero eso no se lo digan a nadie… jajaja.
Como saben mis historias tienen ciertos relatos que no son aptos para menores de edad, y aunque estos chicos aún son muy pequeños ya empiezan a sentir la hormona alborotada. No se preocupen aún no van a descubrir sus cuerpos ante sus novios, pero poco a poco van aumentando lo que sienten uno por el otro.
Saludos!
