Señoras y señoritas, sé muy bien que están molestas por el comportamiento de Albert, yo igual jejeje pero en este capítulo verán un poco más de este pobre hombre que solo se la ha pasado regándola en su vida, espero pronto recapacite y se porte a la altura como padre que debió ser desde un principio. Si habrá separación, como ya lo había mencionado en la introducción de la historia está mencionado y aunque estarán separados nadie cambiará los sentimientos que se tienen, así que no entren en pánico ya bastante tenemos con el coronavirus buaa! Cuídense mucho y sobre todo protéjanse. Espero disfruten mucho del siguiente capitulo. Recuerden no es apto para menores de edad, así que ¡COMENZAMOS!

CAPITULO XIV

COMPROMISO FORZADO

Albert veía a Anthony confundido y molesto, nunca imaginó que la persona en la que más confiaba lo hubiera traicionado, nunca se había dado cuenta que el interés que Anthony mostraba en su hija era no solo amor fraternal sino uno que iba más allá de eso.

Dio la media vuelta y dejó a ambos jóvenes confundidos y a Candy muy asustada.

-Anthony, creo que es mejor volver al baile.

-Tienes razón amor, mañana hablaré con tu padre para pedirle tu mano.

-Creo que a él no le agradó mucho nuestra relación.

-No me importa, yo te amo y nadie me va a separar de ti princesa, te lo prometo. – Decía Anthony seguro de sus palabras, ellos estaban enamorados y ya tenían autorización tanto de su madre como de la tía abuela, nadie podía separarlos.

Albert llegó a la mansión por la parte trasera, fue directo a hablar con la tía abuela quien estaba hablando con Rosemary en el salón, al verlo ambas mujeres se emocionaron pero vieron que se dirigía al despacho y siguieron tras él sin que nadie lo notara, algo les decía que no todo estaba bien.

Anthony entraba con Candy al salón y se mezclaban entre los invitados, Candy tenía un mal presentimiento en su corazón y un miedo la invadía, tenía miedo de la reacción de su padre, ya que en la situación que los había visto no era muy propia que digamos, por un lado estaba segura que Anthony respondería a su palabra, pero por otro sabía bien que su padre no era una persona fácil de tratar y mucho menos cuando de ella se trataba, era una persona fría y estricta.

-¡William, hijo! – Dijo Elroy feliz y emocionada de verlo, habían pasado tres largos años y no había tenido ninguna noticia más que las que le daba Louis Legan, pero solo eran los negocios a los que se refería.

-¿Cómo pudieron permitir que pasara esto? – Dijo golpeando el escritorio con furia, haciendo que ambas mujeres brincaran del susto al momento que emitió el golpe.

-¿Qué te sucede? –Preguntó Rosemary a la defensiva. - ¿Por qué nos hablas de esa forma? ¿A qué te refieres? -Decía Rosemary indignada ya que después de tanto tiempo él llegaba a hablarles de esa forma.

-Acabo de ver a Anthony faltando el respeto a Candy.

-¿A Anthony? ¡Eso es imposible! – Dijo Rosemary ofendida por lo que decía de su hijo.

-¡Tú no estabas ahí! ¡Él se estaba propasando con ella!

-¡Eso es mentira! – Dijo Elroy también defendiendo a su nieto. – Anthony ha demostrado que es un caballero, además ellos están comprometidos. – Dijo informando a su sobrino.

-¿Comprometidos? ¿Y se puede saber quién dio la autorización para hacerlo? – Pregunto con el mismo tono autoritario que siempre utilizaba.

-¡YO! – Dijo Elroy decidida.

-¡Usted no es su madre! – Dijo alzando más la voz.

-¡No te permito que me hables así William!

-¿Y usted si pudo tomarse libertades que no le corresponden?

-¡Claro que me corresponden! ¡Yo soy la matriarca del clan, no lo olvides! Además tú no estuviste presente estos tres años, solo Louis nos decía de las malas inversiones que estabas haciendo, más nunca te dignaste a venir. Anthony pidió la mano de Candy un día después de tu desaparición y desde entonces te estuvimos esperando para hablarlo contigo, el contrato ya está listo solo falta que lo firmes.

-No pienso hacerlo. – Dijo de nueva cuenta golpeando el escritorio.

-¿Por qué? – Preguntó esta vez Rosemary ofendida. - ¿Crees que mi hijo no es suficiente para Candy? ¡Es un Andrew! ¡Igual que Tú! ¡Igual que yo! ¡No puedes despreciarlo! Además es un hecho el compromiso, todo Lakewood y más de medio Chicago lo sabe.

-¡He dicho que no! – Volvió a insistir.

- Veo que tu carácter sigue siendo de un amargado. –Le dijo Rosemary molesta con su hermano. – Por eso alejas a las personas de ti, por eso nadie te soporta, ni siquiera tu hija, ella te tiene miedo.

-¡Ese es mi problema, Candy no se casará con Anthony! ¡No firmaré ese contrato! – Dijo de nueva cuenta.

-¿Por qué? ¿Qué te ha hecho mi hijo? Él es el que más se merece el amor de Candy y ella de él.

-¡Candy ya está comprometida!. – Dijo en un grito.

-¿Comprometida? ¿De qué estás hablando?

-Ya hice un compromiso matrimonial con el Duque de Grandchester. -Dijo ante la sorpresa de las damas, mentía no lo había firmado pero sabía que no le quedaba opción de rechazar el compromiso con su sobrino.

-¿El duque de Grandchester? -Preguntó Elroy confundida. - ¿Te has vuelto loco? - Preguntó con miedo en su voz.

-¿Con Richard? - Preguntó Rosemary- ¿Te has vuelto loco? Él solo busca venganza. - Decía angustiada ante lo que escuchaba de los labios de su hermano.

-Que tú lo hayas despreciado no significa que esté buscando venganza, además la mano de Candy es para su hijo Terrence Grandchester. – Dijo un poco más tranquilo, conocía la historia de su hermana con el duque de Grandchester, pero no tenía otra opción, él era el único que podía sacarlo de ese bache económico que había caído gracias a sus descuidos y no le quedaba de otra más que casar a su hija con el heredero al ducado.

-¡Eres un maldito William! –Le gritó Rosemary acercándose peligrosamente a él para abofetearlo. William no se defendió, por el contrario recibió la bofetada por parte de su hermana porque hasta cierto punto se sentía culpable de lo que había acontecido, había comprometido a su hija para salvar la fortuna de los Andrew. Pero pronto se recompuso y puso nuevamente su cara fría.

-Lo hecho, hecho está, Candy tendrá que casarse con Terrence dentro de dos años. – Dijo seguro.

-¡Tía usted no puede permitir eso!

-Hablaré con el duque de Grandchester. – Dijo con voz firme. –Él no puede permitir eso. – Dijo molesta, pero firme y decidida, valiente como la vida la había enseñado a ser.

-No te atrevas, ya está todo firmado, no hay nada que hacer. – Dijo William, Rosemary salió del despacho y se dirigió a su habitación, Anthony la vio salir del despacho muy apurada, y eso lo preocupó.

-¿Qué sucede amor? – Le preguntó Candy quien también había visto a su tía salir del despacho y un rato después salió la tía abuela con el semblante triste, pero tratando de recomponerse para poder despedir a los invitados.

-No lo sé mi vida, pero tengo que ir a averiguarlo.

Anthony se dirigió al cuarto de su madre, tocando la puerta delicadamente.

-Madre, ¿Te encuentras bien? –Preguntó adentrándose a la habitación al no obtener respuesta.

-Pasa hijo. – Dijo limpiándose las lágrimas. –Tu tío Albert ya ha llegado.

-Lo sé. – dijo serio. – Candy y yo lo vimos mientras estábamos en el jardín. – Dijo bajando la vista hacia la mirada de su madre.

- Anthony, dijo que tú le estabas faltando al respeto a Candy. - Dijo sin preguntar, sabía perfectamente que Anthony sería incapaz de faltar a su palabra y sobre todo faltar al respeto a Candy.

-¿Qué? ¡Eso no es verdad! – Dijo ofendido. – Madre, tú sabes que Candy y yo nos amamos y mi amor por ella es noble y puro, yo la he respetado en todos los sentidos, lo único que estábamos haciendo era besarnos. – Le dijo siendo honesto, nunca habían pasado más allá de unos besos apasionados, los cuales habían ido incrementando su pasión con el paso de los años, pero nunca habían llegado más lejos. – Además Candy es mi prometida, tú lo sabes madre.

-Tu tío no lo sabía, nunca tuvimos la oportunidad de decírselo. – Dijo triste mirando al piso, evitando la mirada de su hijo, sabía que lo que diría lo destrozaría.

-¿Qué sucede madre? Yo sabía que el tío aún no sabía nada, más sin embargo tanto tú como la tía abuela estaban de acuerdo con ello. – La veía confundido, con miedo, en su semblante vio algo que lo dejó intranquilo y le provocó un estremecimiento en todo su cuerpo.

-Anthony… tu tío Albert comprometió a Candy con el futuro Duque de Grandchester. – Dijo ahogando un sollozo que hizo que el rubio sintiera que su mundo se derrumbara de golpe, conteniendo su respiración.

-¡Eso no es posible! ¡Todo Lakewood sabe que ella es mi prometida! ¡No tiene ningún derecho a hacer algo así! - Dijo molesto, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.

-¡Anthony él es su padre! – Dijo Rosemary tratando de hacerlo entrar en razón, sabía que aquello que había hecho su hermano era imposible de revertir.

-¡Valiente padre! Uno que se va por tres años y no le interesa si su hija vive o no, no le interesa si está bien o está mal, si lo necesita o no, no le interesa saber de ella, lo único que le importa es él, su dolor y nadie más. ¡Eso no es un padre! ¡Candy tiene derecho a decidir! – Decía ofuscado saliendo de la habitación de su madre.

-¡Anthony! ¿A dónde vas? – Rosemary salió tras de él apresurada, no quería que hiciera un escándalo, y menos en la fiesta de compromiso de Archivald.

Los invitados comenzaban a retirarse y la mansión comenzaba a quedar vacía, Candy buscaba por todos lados a Anthony, más no lo encontraba, de pronto sus ojos se iluminaron cuando vio al rubio bajando las escaleras dirigiéndose a ella.

-Amor ¿Qué sucede? – Pregunto angustiada al ver esos ojos que siempre mostraban amor y dulzura, ahora irradiaban coraje y desesperación.

-Mi vida, tengo que hablar con tu padre. - Dijo tratando de aparentar que todo estaba bien.

-¿Sucede algo? - Preguntó angustiada, sintiendo la angustia en el lenguaje corporal de su amado príncipe.

-Candy ¿Tú me amas? – Preguntó conociendo la respuesta, ella se lo había demostrado más de una vez no solo con sus besos y caricias, pero quería corroborarlo para tener la fuerza de enfrentarse a su tío y afrontar lo que vendría.

-Te amo más que a mi vida mi príncipe. – Le dijo perdiéndose en sus ojos azules, que cambiaban de expresión simplemente con verla y escucharla decir eso, la llevo detrás de uno de los pilares, donde nadie podía verlos, ocultándose de las pocas personas que quedaban en el gran salón, pero que se dirigían a la salida.

Candy estaba sorprendida por lo que hacía su amado príncipe pero confiaba en él y solo por ser él le permitiría que la llevara a donde quisiera, sabía que era el único que la cuidaría y protegería mejor que su propio padre, él era el único en el que ella confiaba. La recargó en el pilar y la tomó dulcemente por su cuello acercándola a su cuerpo para poder besarla en los labios, el beso se profundizaba cada vez más, no quería perderla y eso hacía que actuara besándola como nunca se había atrevido a hacerlo, la besó como solo en sus sueños lo había hecho, quería marcarla y dejar huella de sus besos en su boca para que nunca lo olvidara.

Tenía miedo de perderla, miedo de que su tío hiciera lo imposible por apartarla de su lado y que ella terminara olvidándolo, no lo permitiría lucharía con todo y contra todos por tal de estar a su lado para siempre.

El beso terminó, pero no era suficiente para él, así que la tomó por la cintura y se aferró con la otra mano a su cuello besándola con desespero, Candy correspondía un poco tímida al apasionado beso que le daba su príncipe pero no le desagradaba al contario quería saber hacía donde la llevaría esa pasión que se estaba manifestando en su cuerpo, ella se aferró a su cuello presionando toda su anatomía a la de él, provocando que le cuerpo del rubio reaccionara, buscó con su lengua la de ella introduciéndola lentamente, buscando unirse más a ella, ella encontró la lengua de él con timidez, pero sintiendo millones de mariposas en su interior y un calor que se esparcía por todo su cuerpo, el beso se fue profundizando mientras sus lenguas se reconocían y se saboreaban, permitiendo que las respiraciones se agitaran y el latido de sus corazones se acelerara.

Se separaron por la falta de aire, pero ninguno de los dos cedía a la distancia, permanecían así, con sus frentes unidas y con la respiración agitada, mezclando sus alientos tibios que se encontraban al ser liberados y el calor que emanaba de sus cuerpos.

-No te detengas, por favor. – Dijo Candy en un suspiro. – No te alejes. – Le dijo suplicando. Anthony no pudo más y volvió a besar sus labios, acariciando su espalda con ambas manos, mientras las subía y bajaba sus labios se unían una vez más saboreándolos de nueva cuenta. Su cuerpo actuó por instinto y de pronto la tenía atrapada en el pilar presionando con su pelvis la de ella, ocasionando que Candy abriera su boca sorprendida por ese contacto.

-Perdón. – Le dijo con voz agitada, perdiéndose en sus pupilas. – Me vuelves loco. – Le dijo muy cerca de sus labios. – Candy le ofrecía de nueva cuenta su boca para que la siguiera explorando, Anthony no se negó y ahora fue ella la que buscó ese contacto que le había despertado en su vientre bajo un calor que le agradaba bastante. Anthony comprendió lo que buscaba e hizo lo mismo con ella friccionando su pelvis con la de ella mientras sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo, tocando con miedo y delicadamente sus formas de mujercita que ya se comenzaban a marcar más sobre el vestido. Besó su cuello y bajó hasta sus hombros mientras seguía ese movimiento que estaba volviendo loco a ambos chicos, todo terminó cuando una de sus manos se posó sobre uno de sus senos, el cual sintió tan suave y cálido entre sus manos a pesar de la tela. Candy dio un respingo con su cuerpo al sentir ese contacto, ya que al mismo tiempo le llegó una corriente eléctrica en su parte íntima y eso la sorprendió.

-Perdón. –Dijo Anthony de nuevo, pero esta vez ya Candy no le suplicó que no se detuviera, esta vez ella bajo la mirada avergonzada por lo que estaba pasando, habían cruzado una línea bastante delgada y delicada que cada vez la hacían más estrecha. – Candy, sabes que te amo ¿verdad? – Candy asintió sonrojada no solo por la maravillosa experiencia que habían compartido, sino por la vergüenza que sentía por haber llegado tan lejos con él. -¿Confías en mí? - Decía con su voz agitada aún tratando de controlarla mientras el latido de su corazón seguía acelerado.

-Siempre amor. – Dijo segura, viéndolo a los ojos, encontrando en ellos no solo la vista dilatada, encontró pasión, decisión y valentía. - ¿Qué sucede? -Preguntó con ansia.

-Voy a hablar con tu padre. – Candy se sorprendía por la forma en que Anthony llamaba a su padre, él siempre se había referido a él como su tío, y siempre había mostrado respeto por él. – Espérame aquí hermosa. – Le dijo dándole otro beso dulce y húmedo que la dejó ansiosa de más.

Archie y Stear llegaban después de haber acompañado a sus prometidas y se encontraban con los dos rubios.

-Anthony, Candy ¿Dónde estaban? – Preguntaron ambos con una sonrisa de felicidad en sus rostros.

-Muchachos, les encargo a Candy por favor. – La mirada que les dedicó no les gustó a ninguno de los dos chicos, sabían que algo le pasaba a su primo.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó Stear viéndolo seriamente.

-Voy a hablar con el padre de Candy.

-¿El tío Albert regresó? –Preguntó Archie confundido, Anthony asintió. – Ahora podrás hablar con él por tu compromiso con Candy.

-¿Pero no es un poco tarde Anthony? – Preguntó Stear. -¿Por qué no hablas con él mañana?

- Entre más pronto mejor. –Seguían ambos sin gustarle el semblante de su primo, pues con la pura vista les decía que algo andaba mal.

-Ve Anthony, nosotros cuidaremos de Candy. – Dijo Stear seguro y Archie asentía.

Anthony se dio la vuelta y se dirigió con un paso seguro hacia el despacho, sin tocar la puerta se encontró con su madre discutiendo con su tío Albert.

-¿Qué está sucediendo aquí? – Preguntó confundido al ver a su madre llorar desesperada ante el gran William Albert.

-¡Hijo! – Dijo Rosemary sorprendida. – Te estaba buscando. – Le dijo abrazándolo por los hombros y queriendo llevárselo de ahí.

-No madre, yo tengo que hablar con el Señor William. – Dijo mirando fijamente a su tío.

-¿Ahora ya no soy tu tío? -Le preguntó con ironía.

-Ahora usted es el padre de la mujer que amo y necesito hablar con usted. – Decía con la voz segura, decidido a hablar con aquel hombre que amenazaba con separarlo de la mujer de su vida.

-No tengo nada que hablar contigo. – Dijo despectivamente. – Mucho menos después de lo que vi en el jardín.

-¿Qué es lo que vio según usted en el jardín? – Preguntó decidido.

-Te estabas aprovechando de Candy.

-¿Aprovechando? ¿Es así como le llama al amor que Candy y yo nos tenemos? Le voy a aclarar señor que lo que usted vio fue la demostración más pura de amor que hay entre un hombre y una mujer.

-Eso no es lo que parecía.

-Si usted tiene otra idea del amor no es mi culpa, yo amo a Candy y siempre la he respetado, ella misma puede decirlo.

-¡Ella no sabe nada! ¡Cree estar enamorada de ti porque has sido el primero en endulzarle el oído! – Le dijo despectivamente.

-Mis palabras no son para endulzarle el oído, mis palabras son honestas, verdaderas, mi amor por ella es sincero y no le permito que usted dude de ella o de mí.

-De todas formas, Candy es una mujer comprometida con otro, tú no serás su prometido. – Dijo mirándolo fijamente.

-¡Eso no lo voy a permitir! – Dijo Anthony golpeando ahora él el escritorio con tanta fuerza que hasta su madre se sobresaltó.

-Hijo, no tiene caso. Este hombre no tiene corazón. – Dijo mirándolo con tristeza.

-¡No madre! ¡No voy a permitir que nos trate como si fuéramos unos muñecos sin sentimientos!

-Ya he dicho mi última palabra. – Dijo Albert decidido. -Es por el bien de ambos.

-¿Nuestro bien? ¿Acaso usted conoce lo que es el bien? Siempre se la ha pasado despreciando a Candy, humillándola, haciéndola sentir que es un estorbo, poniéndola siempre bajo el cuidado de mi madre, de la tía o el mío propio. ¿Cuál es según usted nuestro bien? ¿O es por su propio bien? - Decía desesperado tratando de llegar a la razón de aquel hombre duro y sombrío.

-Es algo que algún día entenderás. – Dijo dándole la espalda a ambos.

-¿Es su última palabra? – preguntó Anthony apuñando sus manos, mientras Albert asentía. – Bien- dijo dándose la media vuelta para dirigirse a la salida.

Rosemary iba detrás de su hijo nerviosa, tenía una inquietud que no podía mantener en su alma, al salir la tía Elroy y los tres chicos los observaban asustados, sus gritos habían llegado hasta el salón.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó nerviosa Candy, sabía que era algo referente a ella y lo que su padre había visto en el jardín. Anthony no podía responder a su pregunta, tenía tantas ganas de llorar por la impotencia que tenía, la rabia y desesperación que lo embargaban.

-¿Anthony que está pasando? – Preguntó Stear al ver que estaba a punto de llorar.

-Albert ha decidido casar a Candy con el hijo del Duque de Grandchester. – Dijo la tía abuela al ver que ni Rosemary ni Anthony podían decir lo que pasaba.

-¿QUE!? – Decían tanto Candy como los Cornwell, sorprendidos por la noticia que les acababan de dar.

-¡Eso no es posible! –Gritaba Candy asustada. - ¡Anthony no lo permitas por favor! – Le decía suplicándole y abrazándolo con fuerza.

-No te preocupes hermosa, haré todo por mantenerte a mi lado.

-No tengas miedo Candy, mañana volveré a hablar con William y lo haré recapacitar. – Decía Elroy intranquila, sabía que iba a ser difícil pero tenía que entender que lo que estaba haciendo no era lo correcto, si bien era el padre de Candy, debía reconocer que nunca había actuado como tal y que por el derecho que ella tenía al decidir los compromisos sobre su familia ella llevaba la ventaja, así se formara de nuevo otro escándalo por volver a romper un compromiso con los Grandchester.

Todos se retiraron a dormir, incluso los Cornwell. Rosemary también había decidido que también volvería a hablar con Albert aun así tuviera que revelar ese pasado tan vergonzoso que había pasado junto a Richard Grandchester, era algo que no le agradaba recordar pero por su hijo haría todo para que fuera feliz, no permitiría que se cometiera una injusticia o que Candy pagara una culpa que no tenía.

Candy estaba aferrada al cuerpo de Anthony, él la había acompañado a su habitación, seguía muy serio pensando qué era lo que iba a hacer para evitar que casaran a su pecosa con ese dichoso Grandchester.

-Anthony, tengo miedo, no quiero separarme de ti. – Decía sin soltarlo. Anthony seguía abrazándola mientras acariciaba su cabello.

-No te preocupes hermosa, no nos vamos a separar. ¿Confías en mí? – Candy asentía mientras las lágrimas rodaban por su rostro y Anthony se encargaba de limpiarlas. - ¿Huirías conmigo? – Preguntó mientras levantaba el rostro con sus manos sosteniéndola de la barbilla.

-¿Huir? – Preguntó sorprendida, ante la mirada decidida de Anthony asintiéndole seguro.

-Es la única forma para estar juntos, nos casaremos lo antes posible y cuando regresemos ya no podrán hacer nada. – Decía suplicante, esperaba una respuesta de su amada pero tenía miedo de ofenderla con su propuesta. – Te juro que voy a respetarte hasta que seas mi esposa ante Dios y ante la ley. – Le dijo seguro.

-Está bien. – Dijo Candy tímida, pues sabía que era la única forma de que su padre los dejara estar juntos. - ¿Cuándo nos iremos? – Preguntó decidida, ante la mirada de asombro de Anthony.

-Hoy mismo, saldremos muy temprano antes de que amanezca, cuando se den cuenta ya estaremos lejos. - Anthony sacó un anillo que portaba en su bolsillo desde el día que esperaba que brotara la primer dulce Candy, era su segunda opción de regalo por si la rosa no florecía, una vez que aceptó huir con él le colocó el anillo de compromiso en su anular izquierdo como promesa que la respetaría hasta que estuvieran casados. Besó su mano con mucha dulzura y Candy lo veía con los ojos húmedos, emocionados.

-Con este anillo no solo estoy haciendo real nuestro compromiso, sino que te prometo que te respetaré hasta que seas mi mujer ante Dios y la ley. - Candy asintió feliz con lo dicho por su príncipe, aferrándose a su cuerpo en un abrazo. - Muy bien entonces deja reunir unas cuantas cosas. - Le dijo para apresurar todo y partir lo más pronto posible.

-Muy bien yo haré lo mismo. Te veo en un rato más preciosa. – Le dijo robándole un beso, cuando se disponía a separarse de ella, Candy lo detuvo lo detuvo de su mano y lo beso nuevamente, volviendo a unir su lengua con la de él, quería fundirse en su cuerpo, lo besó tan apasionadamente como si fuera la última vez que lo haría aferrándose a su cuerpo ocasionando nuevamente que el calor de sus cuerpos se expandiera. Se separaron quedando sin aliento mientras sus frentes seguían unidas.

-Te amo. – Dijo Candy en un susurro. – Nunca lo olvides.

-También te amo princesa, tampoco lo olvides y nunca lo dudes. – Le dijo besándola nuevamente, pero esta vez el beso era tierno, húmedo, un beso inolvidable.

Ninguno de los dos se había dado cuenta que Albert había escuchado los planes que tenían, así que decidió tomar cartas en el asunto, no podía permitir que ambos huyeran, y menos después de que casi había firmado ese contrato matrimonial con el Duque de Grandchester, una vez ya había quedado mal su familia al haberlo despreciado Rosemary.

Al principio le extrañó que hubiera aceptado un nuevo compromiso con su familia, pero le había explicado que no le guardaba ningún rencor a su hermana, eso y el problema económico en el que se encontraba lo habían hecho aceptar tal acuerdo. Lo sentía por Anthony, él quería a su sobrino, pero si no casaba a Candy con el hijo del Duque irían definitivamente a la quiebra, y tanto él como la tía abuela y Rosemary terminarían en la ruina, aún no sabía bien como había llegado a ese punto, Louis no le había explicado muy bien que era lo que había sucedido y el accidente que George había tenido lo había alejado de los negocios por un buen tiempo, y en menos de un mes ya se había encontrado con que estaba a punto de perderlo todo, solo uniendo su fortuna con la del Duque salvarían todo y este le perdonaría la perdida que había tenido su fortuna, por un mal negocio según Louis hecho por George, por lo menos él no se daría cuenta que estaban en la ruina hasta que sus hijos estuvieran casados, eso era lo él creía.

-¿A dónde crees que vas? – Le dijo en un grito a Candy cuando entro a su habitación sin siquiera llamar.

-¡Padre! – Dijo Candy asustada al ver en la mirada de su padre tanto coraje.

-¿Qué es lo que pretendes? – Le dijo tomándola fuertemente del brazo. - ¿Vas a huir con Anthony? – Le dijo molesto.

-¡Sí! – Le dijo asustada. – Voy a irme con él, yo no quiero casarme con nadie más que no sea él. – Le dijo con miedo pero armándose de valor para defender al amor de su vida. Albert la vio con coraje y le dio un empujón que la hizo caer sobre la cama, con el rostro desfigurado por el golpe que se dio al caer sobre la cama y las lágrimas rodando por su rostro. - ¡Anthony! – Dijo en un susurro buscando la manera de que él llegara y la salvara de su verdugo.

-Anthony no está aquí, si te vas con él solo vas a empeorar las cosas. – Le dijo molesto. – Ve por tu abrigo.

-¿Para qué? – Pregunto asustada.

-Nos vamos a ir.

-¿A dónde? ¡Yo no quiero ir contigo a ningún lado padre!

-¡No te lo estoy preguntando, te lo estoy ordenando! – Le dijo jalándola para obligarla a ir con él.

-¡NO! – Le dijo gritando.

Albert la jaló del brazo y la obligó a bajar las escaleras sin dejarla agarrar nada de lo que estaba preparando para huir con su amado.

-¡No padre por favor! – Le decía sollozando, mientras era obligada por la fuerza a subirse al automóvil en el que él mismo acababa de llegar. -¡Anthony! – Gritó desesperada, con la esperanza de que su príncipe llegara por ella y la rescatara de esa pesadilla que estaba viviendo.

-¡Cállate! – Le dijo empujándola dentro del automóvil.

Albert arrancó el automóvil, sin importar el llanto que tenía Candy, soportando los empujones que le proporcionaba hasta que le levantó la mano en señal de golpearla. Candy abrió los ojos asustada y Albert se detuvo. A pesar de todo el trato duro e indiferente que le daba nunca se había atrevido a ponerle una mano encima, era algo que no soportaría mucho menos porque aunque no parecía le dolía ver sufrir a su hija.

-Tendrás que hacer lo que yo te digo, soy tu padre. – Le dijo firmemente.

-¿Por qué nunca me has querido? – Le preguntó Candy con miedo, pero decidida, algo había cambiado dentro de ella, ya no sentía el mismo miedo ni respeto hacia ese hombre que si bien la había engendrado nunca la había cuidado como se suponía que un padre cuidaría de su hija. – Yo no tengo la culpa de que mi madre haya muerto al nacer. – Le dijo viéndolo mientras él seguía enfocando la mirada al camino.

Albert no dijo nada, simplemente se enfocó en el camino, tenía que salir con ella de Lakewood y llevársela lejos de ahí, iría a Nueva York, ahí conocería a su prometido y estaba seguro que se enamoraría de él, ahí olvidaría por completo a Anthony y tanto él como su familia no caerían en la deshonra de la ruina, una ruina que había sido propiciada por él mismo y su mal manejo en los negocios.

Anthony terminaba de alistar su pequeña maleta y salía en dirección a la habitación de Candy, tocando la puerta suavemente para no ser escuchado. Al no obtener respuesta abrió la puerta con cuidado y se adentró en ella, la luz estaba encendida y sobre la cama estaba una pequeña maleta abierta con algunas pertenencias su amada. Un mal presentimiento le atravesó por el pecho.

-¿Candy? – preguntó con temor, asomándose al baño de la habitación, no encontrando a su amada.

Salió desesperado del cuarto dirigiéndose a la salida de la mansión, ahí afuera encontró unas huellas sobre el jardín, eran de los zapatos de Candy y se notaba que eran forzados a moverse dejando un camino marcado, y en el lugar donde había estado estacionado el auto de su tío encontró una cadena que le pertenecía a su amada, era la cadena que él le había regalado para su cumpleaños número quince.

-¡Candy! – Grito desesperado ante la posibilidad de que su tío se la haya llevado a la fuerza, se dirigió a las caballerizas por su caballo y comenzó su búsqueda por el camino, no encontrando nada más que las marcas de los neumáticos que se habían quedado en la vereda, pero la oscuridad de la madrugada era muy intensa y hacía imposible seguir bien el rastro. - ¡Candy! – Gritaba desesperado tratando de que ella lo escuchara.

Candy iba con su padre sin hablar, solo sollozando pidiendo a Dios o a quien la escuchara que Anthony llegara por ella y la rescatara de ese terrible destino que le había impuesto su padre. Aferraba su mano a su pecho aquella donde había puesto su príncipe aquel anillo como promesa eterna de su amor por ella.

-"Anthony, mi amor, por favor ven por mí. Te juro que te voy a esperar, no voy a permitir que nadie me toque, no voy a casarme con otro que no sea tú". – Decía mientras sus lágrimas borraban su visión y se perdían entre el camino.

Anthony de igual forma lloraba encima de su caballo mirando hacia el horizonte, buscando desde la colina más alta que había encontrado un rastro del automóvil que le había robado a su amada.

-"Candy, amor espérame, te juro que te voy a buscar por cielo y tierra para estar contigo, espérame pecosa, por favor, por favor no me olvides" – Decía entre lágrimas al igual que Candy.

-Te amo. - Decían ambos chicos uniéndose en un solo punto su amor, jurándose fidelidad y que se esperarían uno al otro, mientras Albert se sentía un canalla por hacer lo que estaba haciendo a su hija.

Continuará…

Por lo menos sabemos que Albert se siente un canalla, o sea que no es tan malo? vamos no me odien por favor! véanlo como una novela y Albert está interpretando un papel diferente jejeje se que no les gusta a muchas el papel que le di, pero como les he dicho una y varias veces así pensé la historia y seguiré el consejo de una de mis escritoras de fanfic favoritas la cual me dijo que siguiera la línea de lo que había pensado, porque después es muy difícil arreglar la historia. Hasta pensé en cambiarle el nombre a Dorothy, pero con el simple hecho de hacerlo, la historia para mí ya no era la misma y recordé que comencé a hacer mis propias historias porque no siempre estamos de acuerdo con lo que las demás escriben, por una o por otra razón, así que decidí centrarme en la pareja principal de las historias que leo Candy-Anthony y que las demás emparejaran con quien sea a los demás personajes, mientras ellos queden juntos que el mundo ruede jajajaja.

Espero hayan disfrutado al leer el capítulo y no se hayan estresado mucho, les mando un fuerte abrazo y mucha calma porque aún sigue mas... pero les prometo que serán muy felices los dos.

Saludos