Hola Señoras, señoritas, espero que todas estén muy bien de salud y estén haciendo lo posible por mantenerse sanas. Aquí el drama aun no se comienza a vivir, pero como decimos en México "el miedo no anda en burro" pero por lo pronto aquí seguimos ya saben que pasa si no publico la próxima semana (DNQ) Aquí les dejo otro capítulo para que se entretengan un poquito. Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, sin embargo los he tomado prestados para hacer otra historia más, no es con fines de lucro ni para personas menores de edad. ¡Comenzamos!
CAPITULO XV
REGRESANDO SUS PASOS
Dorothy se encontraba muy pensativa en la puerta del hogar de Ponny, mirando hacia la colina que se encontraba frente a ella, miraba como el viento mecía las ramas del viejo roble.
-¿En qué piensas Dorothy? ¿Estás pensando en la propuesta de tu padre? – Preguntaba la señorita Ponny, ya que la veía muy pensativa.
-He estado dando vueltas al asunto señorita Ponny, y aunque mi padre me ha ayudado todos estos años, aún no sé si irme con él. ¿Qué debo hacer? – Preguntaba confundida.
-Eso es algo que tú misma debes decidir. – Decía la buena mujer.
-Me cuesta regresar a ese lugar. – Decía melancólica. Su padre había dado con ella unos meses después de que se enterara de su desaparición de la casa Andrew, pero Dorothy le había pedido que no dijera nada, que no le dijera al señor Andrew en donde se encontraba y mucho menos le hablara de su embarazo. Su padre había aceptado con la condición de que se mudaría nuevamente a su lado. Ella había dicho que le diera tiempo para decidirse a hacerlo, aún no se sentía segura de regresar a esa ciudad donde había sido tan infeliz.
-Tu padre te ha demostrado que te ama, y también a tu hijo, ha sabido esperar tu respuesta. ¿No te parece que su arrepentimiento es verdadero? – Dorothy asentía, no era por el trato que su padre le había dado cuando ella decidió fugarse con aquel hombre, era la ciudad a la cual su padre quería llevársela de nueva cuenta. Nueva York era una ciudad que le traía muy infelices recuerdos, sobre todo por la pérdida de su bebé y los malos tratos que recibía de su entonces esposo al enterarse que estaba esperando un hijo y el saber que había sido desheredada por su padre.
-Tengo miedo de regresar a Nueva York. – Dijo siendo honesta en su sentir.
-¿Y si te regresas a Chicago?
-¡NO! – Dijo asustada. – Ahí está el señor Andrew, y no me gustaría que se enterara que tuve un hijo de él.
-Tarde o temprano lo sabrá.
-Espero que no. – Decía en un susurro. La señorita Ponny se adentró de nuevo al hogar, dejando a la muchacha con sus pensamientos. Dorothy extrañaba mucho a Candy y esos tres años sin verla la hacían extrañarla aún más, ella la había cuidado desde recién nacida y la amaba como a una hija, muchas veces la había protegido de su estricto padre y otras veces había sido su cómplice para que ella y el joven Anthony platicaran un momento a solas. "¿Cómo estarás muñequita hermosa? Ese era el mote que había elegido para Candy desde que la tuvo en sus brazos, y así la llamaba de cariño cuando estaban a solas.
El pequeño hijo que había tenido era un niño muy inquieto de rubios cabellos y ojos tan verdes como los de Candy, ella siempre pensó que los ojos de Candy habían sido heredados de la mamá de ella, más al recordar los ojos de la señora Rosemary, eran muy parecidos a los de su hijo. Alejandro era muy parecido a Candy desde que nació excepto que él no tenía pecas y su cabello era igual al de su padre, pero por todo lo demás era Candy en niño, al ser un niño era uno bastante intranquilo, le encantaba trepar ese viejo y enorme árbol que reposaba en la colina y más de una vez tuvo que subirse ella misma para bajarlo de ahí ya que por ser tan pequeño no sabía cómo hacerlo.
-¿Cómo estará señor Andrew? ¿Pensará en mí? – Eran las preguntas que se hacía diariamente la mujer, veía a lo lejos a su hijo jugar con los demás niños siendo el líder del grupo de niños, mientras las niñas se escondían de las travesuras que a veces lideraba.
-¡Mamá! – Gritaba entusiasmado agitando su manita, era un líder nato y aún no cumplía los tres años, más sin embargo era un torbellino que la traía de cabeza.
-Alejandro ¿Te gustaría irte a vivir con tu abuelito? – Le preguntó sabiendo cuál sería su respuesta.
-¡Sí! – Respondía el niño entusiasmado, el adoraba a su abuelo quien los visitaba seguido en ese humilde hogar para llevarle algún juguete o simplemente para verlo. Pronto cumpliría los tres años y ella sabía que no podía quedarse ahí para siempre.
Decidió mudarse hacia Nueva York, su padre se iría a vivir a esa ciudad para atender sus negocios desde allá, ella evitaría a toda costa Chicago, fue la condición que le había puesto a su padre. Harold había aceptado porque quería educar a su nieto desde pequeño para dirigir los negocios familiares él ya era un viejo y al no haber tenido hijos varones, su nieto era el indicado para tomar su lugar. Era una lástima que hubiera perdido a su primer nieto, en estos momentos ya tendría cerca de dieciséis años ya casi sería un hombre y hubiera sido todo un tiburón en los negocios. Dorothy aún lloraba la pérdida de su pequeño Arthur y le hablaba a Alejandro de él, aunque el pequeño aún no comprendía del todo porque su hermano no vivía con ellos.
El tren llegaba a Chicago y la nostalgia invadía su cuerpo y una necesidad de verlo la envolvía, sin embargo se abrazaba a su pequeño hijo que iba dormido en su regazo, él le daba fuerzas para seguir adelante, no le quedaba otra más que aguantar las ganas de ver a su otra hija y sobre todo de verlo a él. - -"Debe de seguir igual de duro" "Espero que estés muy bien mi niña, mi muñequita" – Decía pensando en Candy a quien extrañaba mucho, deseando todas las noches por su bienestar.
Por fin llegaba a la enorme ciudad, era una ciudad muy bella, no podía negarlo, pero los recuerdos agolpaban su memoria y daba paso a la tristeza en su corazón. Cargó a su hijo en brazos, mientras buscaba entre las personas a su padre, quien la esperaba ansioso.
-¡Abuelo! – Gritó el pequeño Alejandro bajándose de los brazos de su madre para encontrarse con el viejo Harold.
-¡Alejandro! – Decía Harold feliz de ver a su nieto, mientras se agachaba para abrazarlo. – Bienvenida hija. – Le decía a Dorothy dirigiéndole una sonrisa de agradecimiento por haber aceptado por fin su oferta.
El camino hacia la mansión Simmons era uno que Dorothy no conocía, ella había vivido para el lado de la gente de clase media baja y cuando estudió ahí el internado estaba muy lejos de donde había vivido, ahora se dirigían a una zona completamente diferente, comenzando a ver casas que en sus años vividos ahí no había conocido.
Llegaron a la elegante mansión, quedando Alejandro impresionado por el tamaño de la casa que ocuparían de ahora en adelante.
-¡Es muy grande mami! – Decía emocionado, el pequeño ni en sueños había vivido en un lugar así y mucho menos había pensado en tener su propia habitación ya que estaba acostumbrado a dormir con su mamá o con los demás niños que vivían en el hogar.
-¿Te gusta Alejandro? – Preguntó su abuelo.
-¡Sí! – Decía emocionado.
-Pues esta es tu casa. – Decía el señor Simmons contento de tener por fin a su hija y su nieto a su lado, había sido tan tonto antes al haber desheredado a su hija, pero él sabía que su esposo era un vividor que solo la había enamorado para ganarse una lugar entre la gente de su posición, y al saber que no obtendría ni un centavo de él se había dedicado a maltratarla aun cuando estaba ella embarazada. Si él lo hubiera sabido antes tal vez hubiera evitado esa tragedia donde había perdido la vida su primer nieto.
Mientras Dorothy y Alejandro se acostumbraban a su nueva vida, en Lakewood un rubio seguía buscando por todos lados a su amada Candy, llevaba días en su búsqueda, se había dirigido a Chicago con la esperanza de encontrarla en alguna de las propiedades de los Andrew, no teniendo suerte alguna.
-¿Has sabido algo de ella? –Le preguntaban sus primos.
-No. – Respondía con un nudo en la garganta aguantando sus infinitas ganas de llorar, sus ojos ya se habían secado de todas las lágrimas que había derramado por su princesa.
-No te preocupes Anthony, pronto la encontraremos. –Le decía Archie y Stear quienes también se habían dedicado a la búsqueda de su prima sin éxito alguno.
-¡Es que no puedo estar sin ella! – Decía con un grito de impotencia, los Cornwell lo veían afligidos entendiendo el sufrimiento del rubio, sobre todo Archie quien ya había padecido lo mismo hacía unos años atrás cuando su amada Annie estaba lejos de él. Que irónica era la vida, cuando él recuperaba a su prometida su primo perdía a la suya. – ¡No pueden casarla con otro! – Decía negándose a sí mismo que todo era real. -¡Ella me ama a mí!
-¡No te desesperes Anthony! Tú mismo has dicho que era hasta dentro de dos años el compromiso, en ese tiempo la encontraremos, no te desesperes. – Decía Stear tratando de animarlo.
-No Stear, hace tres años que desapareció Dorothy y no hemos sabido nada de ella a pesar de que Albert puso a varios hombres a buscarla. ¿Cómo la voy a encontrar yo solo? No sé si se la llevó a Inglaterra en donde vivía ese tal duque.
-¿Inglaterra? – Preguntaba Archie.
-¡Un Duque! – Captaba Stear, como si se le hubiera olvidado lo dicho por la tía abuela. Ninguno había reparado en ello hasta ese momento. – Archie, ¿Annie te dijo como se llamaba el duque del que ella según estaba enamorada?
-La verdad no ¿Estás pensando lo mismo que yo? – Stear asentía esperanzado.
-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony confundido al ver a sus primos que algo habían pensado.
-Lo que sucede Anthony que Annie me había dicho que el dichoso duque del cual ella decía estar enamorada era un duque de Inglaterra. – Anthony abrió los ojos con un brillo de esperanza nacer en ellos.
-¿Tú crees que sea el mismo?
-No lo sé Anthony, pero nada perdemos con averiguarlo.
-Vamos Archie. – Dijo Anthony obligando a Archie a dirigirse a la mansión Britter.
-¿Ahora? Anthony es muy noche, podemos esperar hasta mañana.
-Archie tiene razón Anthony, de todas formas a esta hora es poco lo que podemos hacer. – Decía Stear tratando de tranquilizarlo. – Además…
-¿Además qué? – Pregunto intranquilo por el tono de voz que había usado Stear.
-Anthony el tío Louis ha venido a hablar con la tía abuela y mi tía Rosemary.
-¿Qué ha pasado?
-No sabemos muy bien, pero al parecer algo no muy bueno. – Dijo Stear intranquilo por el semblante que tenían las dos mujeres.
-Iré a hablar con mi madre. – Dijo Anthony retirándose hacia la habitación de Rosemary, con su mirada triste y escasa de brillo, así estaba desde la mañana que había descubierto que su princesa fue llevada a la fuerza de su lado, aún no entendía el proceder de su tío, pero tal vez pronto entendería la razón para tal injusticia.
-¿Madre? ¿Qué sucede? – Preguntó entrando al ver que nadie respondía a su llamado. La vio ahí sentada en su silla mirando al jardín desde su ventana, siempre que la veía así era porque estaba pensando en su padre.
-Adelante hijo. – Dijo Rosemary con un nudo en su garganta, le costaba hablar, pero tenía que enterar a su hijo de lo que estaba pasando.
-¿Qué sucede madre? ¿Qué quería el tío Louis?
-Hace muchos años. – Comenzó a decir Rosemary como si hubiera ignorado la pregunta de su hijo. –Mi padre me había comprometido en matrimonio con un futuro Duque. – Dijo mientras Anthony tensaba la mandíbula al escuchar el título del noble aquel. – Richard Grandchester, era su nombre, un hombre joven y buen mozo, más sin embargo yo no sentía nada por él, se desvivía por mí y me llenaba de atenciones, yo no podía verlo de otra forma por más que mi padre me dijera que él iba a ser mi futuro marido, comenzó a frecuentarme y eso me incomodaba, yo no permitía que se me acercara porque yo no estaba interesada en él. Richard pensaba que con su dinero iba a conquistar mi corazón, pero nunca pudo hacerlo. – Anthony escuchaba las palabras de su madre atento, sabía que si se lo decía era por algo, sabía que era importante para ella.
-¿Por qué no pudiste corresponderle madre?
-Porque yo ya estaba enamorada de tu padre, Anthony. Yo conocí a Vincent una mañana mientras paseaba por la ciudad de Chicago, era un hombre muy guapo con el cabello castaño y los ojos tan azules como los tuyos, desde que lo vi me enamoré de él. Él no era un duque, sin embargo era un hombre muy rico, era capitán de un barco y era dueño de una flotilla de barcos muy importante, yo lo amaba y cuando me enteré que tu abuelo me había comprometido con el futuro duque de Grandchester sufrí mucho, intenté huir con tu padre, pero él no lo permitió, se armó de valor y enfrentó a tu abuelo, pidiendo mi mano. Tu abuelo se burló de él diciéndole que como iba a dejar que su hija perdiera el título de duquesa que portaría.
-Nunca me lo habías contado madre.
-No tenía caso que lo contara, a fin de cuentas yo me había casado por fin con el amor de mi vida y tenía un hijo de él, era completamente feliz.
-¿Cómo evitaste que te casaran con él?
-Un día, mi padre había salido de viaje y había dejado a William a cargo de todo, junto con tu tía Elroy, ambos sabían lo que sentía por Vincent y William no estaba de acuerdo en que me casaran a la fuerza por un tonto título nobiliario. Tu padre se presentó para verme, solicitando el permiso de tu tío. Él aceptó que viniera a verme y nos encontramos en el jardín de las rosas, nuestro amor era muy grande y teníamos días que no nos habíamos visto, así que nos fundimos en un beso apasionado, yo no me di cuenta que el duque había llegado también a visitar a su "prometida" y vio como tu padre y yo nos abrazábamos, se llenó de furia y se abalanzó sobre tu padre arrancándolo de mi lado, yo traté de detenerlo porque quería golpearlo por la espalda, pero él me aventó contra las rosas, perdí el equilibrio y caí sobre ellas, William asustado al ver la escena corrió para ayudarme, mientras tu padre y el duque se envolvían en una pelea.
-¿Cómo se atrevió a lastimarte?
-Un hombre herido en su orgullo no piensa en lo que hace Anthony. Tal vez no era su intención lastimarme, sin embargo después de que tu padre lo hubo vencido, juró que se iba a vengar de mí y de la familia, decía que nos íbamos a acordar de él, que nunca iba a olvidar la ofensa que le habíamos hecho.
-¿Qué hizo el abuelo?
-Tu abuelo estaba furioso por lo que había sucedido, pero tu tío William se encargó de arreglar las cosas y logró que tu padre pudiera frecuentarme y por fin pudiéramos casarnos, a los pocos meses de nuestra boda, nos enteramos que el duque de Grandchester se había casado con una actriz rubia de ojos azules que comenzaba a tener fama en el teatro, Eleanor Baker se llama, después de eso no volví a saber de él.
-¿Él es el duque con el que hizo trato Albert? – Preguntó Anthony molesto y más cuando su madre asintió. - ¿Pero qué le pasa a Albert? ¿No se ha dado cuenta de que puede ser por venganza?
-Es lo mismo que le dije yo, Richard no es un buen hombre, cuando me pretendía siempre hablaba de su superioridad y la inferioridad de las mujeres o de las personas que no eran de nuestra clase, o de "su" clase, siempre menospreciaba a los demás.
-Aun así se casó con una actriz. – Decía Anthony con ironía. En aquella época las actrices no eran bien vistas por las personas.
-Eso es lo que a todo mundo sorprendió, yo la verdad no quise saber más de él. Supe de él hasta ahora que Albert comprometió a Candy con su hijo.
-Madre ¡Tienes que ayudarme! – Decía intranquilo. – No permitas que se repita la historia y ahora con un final diferente. ¡Yo no quiero perder a Candy! ¡Madre yo la amo! ¡Ella es mi vida! ¡Por favor! – Decía angustiado.
-Anthony, yo lo sé amor, yo tampoco quiero que Candy se case con ese joven, aunque no lo conozco si fue educado por Richard no creo que sea muy diferente a él.
Rosemary no le había contado a Anthony que cuando Richard había ido a romper el compromiso con ella, la había insultado ofendiéndola diciéndole que era una mujer vulgar por haberse dejado mancillar por un hombre que no era su prometido, propinándole dos bofetadas, dejando su rostro marcado por semanas por los moretones que se le habían formado en sus pómulos, eso había hecho que su padre amenazara al famoso duque y lo desterrara de la ciudad de Chicago, aceptando un poco después a Vincent para que se casara con ella, el padre de Anthony nunca supo tampoco de los golpes que había recibido su entonces novia, de lo contrario hubiera sido capaz de retar al dichoso duque a un duelo.
-Madre ¿Por qué Albert hizo algo así? Él sabe que puede ser una venganza en contra de la familia.
-Anthony, tu tío Louis vino para decirnos que la fortuna de los Andrew está en peligro, al parecer la poca atención que William ha puesto en los negocios lo ha orillado a hacer negocios poco confiables, es por ello que quiere que Candy se case con el hijo del duque, así él aseguraría la fortuna de la familia.
-¡No es justo! ¡Candy no es culpable de la insensatez de Albert! Madre, yo también tengo dinero, con la fortuna que la tía Elroy ha protegido para nosotros y lo que mi padre nos dejó, podríamos salir adelante, yo puedo tomar un lugar en las empresas Andrew, soy bueno negociando, puedo buscar nuevos negocios e inversiones, así Candy no tendrá que sacrificarse.
-Hijo. – Habló Rosemary con un semblante acongojado rompiendo en llanto. -Louis dice que Albert dio la orden de utilizar nuestra fortuna en los negocios y al parecer lo perdió todo. – Dijo Rosemary llorando.
-¡Eso es imposible! Él no podía utilizar ese dinero.
-La tía Elroy dice lo mismo, así que también hablará con George, es imposible que haya podido usar ese dinero.
-De todas formas madre, la fortuna de mi padre es muy grande también.
-Lo sé hijo, pero no podemos tocar ese dinero aún hasta tu mayoría de edad.
-Madre ya falta poco para eso. – Decía esperanzado.
-Anthony hay algo más. – Decía Rosemary triste.
-¿Qué sucede madre? – Decía con angustia al ver el semblante de preocupación de su madre.
-William dio la orden de que tú y yo nos vayamos de Lakewood, quiere que renunciemos al apellido Andrew.
-¿Qué? ¡Eso no puede ser!
-Louis dice que William le dijo que la única condición para que permanezcamos aquí sería si tú aceptas un compromiso con Eliza.
-¿Qué? ¡Yo no soy ningún juguete de nadie! ¡No voy a prestarme a los juegos de ellos, dejándome utilizar como si yo fuera una marioneta! ¡Primero muerto que casarme con Eliza! ¡Yo prometí que iba a esperar a Candy y nadie me hará cambiar de opinión!
-Pero hijo tu tío se la llevó, no sabemos a dónde, él la casará con el hijo del duque.
-¡NO! Ella volverá conmigo madre, eso te lo puedo jurar.
-¿Pero dónde la vas a encontrar?
-No lo sé madre, pero la voy a encontrar, te lo prometo. –Decía apuñando decidido sus manos.
Anthony dejaba la habitación de su madre, no sabía qué es lo que iba a hacer, se sentía frustrado, sentía que todas las puertas se le estaban cerrando y veía cada vez más lejos la posibilidad de estar con su princesa, ¿Cómo era posible que cambiara la vida tan pronto? Apenas hace una semana era tan feliz al lado del amor de su vida y hoy su vida era todo un caos sin pies ni cabeza. El pecho le dolía por la angustia y desesperación que se le formaba impidiéndole respirar.
-¿Qué sucedió Anthony? – Pregunto Stear al verlo salir de la habitación de su madre, habían estado al pendiente de él, sabían que algo grave había pasado, lo habían visto en el rostro de su tío Louis al abandonar el despacho, su sonrisa no era nada agradable y al salir su tía abuela y su tía Rosemary un poco después sabían que algo muy grave había pasado.
-Albert nos ha desheredado a mi madre y a mí. – Dijo simplemente, con su mirada fija en la nada, sintiendo más impotencia en su alma a ver como aquel hombre que antes había querido y respetado como un padre ahora se revelaba ante él cerrándole todos los posibles caminos para salir adelante. – Y quiere que me comprometa con Eliza, si queremos seguir viviendo en Lakewood. – Dijo con una sonrisa sarcástica de lado.
-¿Qué? ¿Pero cómo se le ocurre eso al tío Albert? – Preguntó Archie molesto.
-No me quiere al lado de Candy.
-¿Qué vamos a hacer Anthony?
-Ustedes se quedarán a cuidar a la tía Elroy, al parecer no tomó muy bien la noticia y no se siente bien, mi madre y yo mañana mismo nos iremos a la casa de mi padre en Chicago.
-¡Anthony no te puedes ir! – Decía Stear desesperado.
-Si no quiero comprometerme con Eliza, tendré que hacerlo.
-Anthony ¿Qué van a hacer? Sin dinero.
-Tengo algo de dinero a mi nombre en el banco, George me ayudará a retirarlo, él es el único en quien confío. Con eso podremos vivir mientras recibo la herencia de mi padre. – Dijo decidido. – Pero no puedo irme hasta que me averigües lo que sospechamos Archie. – Dijo volteando a ver a su primo suplicante.
-No te preocupes Anthony, mañana temprano iré a ver a Annie.
Candy llegaba a Nueva York en compañía de su padre, la había obligado a viajar hasta allá sin nada de equipaje, solo le había comprado una pequeña maleta para colocar algunas cosas, sus ojos estaban hinchados por tanto llanto, todos los días lloraba y suplicaba a su padre que la dejara regresar al lado de Anthony, que si quería que ya no la volvería a ver, pero que la dejara ser feliz al lado del hombre que amaba. Albert tan solo la veía serio sintiendo un remordimiento en su conciencia al verla llorar de esa manera.
-Es por tu bien. – Le decía únicamente.
-¿Por mi bien o por el tuyo? – Preguntaba Candy ya sin temor de ese hombre, era su padre y siempre lo había respetado, pero después de enterarse de que la quería casar para salvar el dinero de la familia, había hecho que el respeto que le tenía fuera cayendo poco a poco.
Albert ya no le dijo nada, solamente la llevó a una mansión de la enorme ciudad y puso a unas personas a vigilarla, sabía bien que era capaz de huir y era algo que no podía permitirle, ya había dado su palabra al duque y no podía retractarse. "Si me hubieras dicho antes Anthony" Pensaba el rubio. Recordaba muy bien el drama que se había armado cuando su padre comprometió a Rosemary con el duque de Grandchester y también recordó como él mismo lo había convencido para que la dejara casarse con Vincent, ahora la historia se repetía, solo que esta vez su hija era la protagonista y Anthony ocupaba el lugar de Vincent, la diferencia es que ahora el duque de Grandchester sería el ganador en esa contienda. ¿Quién le iba a decir que de la noche a la mañana iba a perder todo? Dejándole como único camino el compromiso entre su hija y el futuro Duque, sino la ruina y la cárcel podrían esperarlo, no podía hacerle semejante daño a su familia.
Louis le había dicho que habían perdido una fuerte cantidad de dinero y que un buen porcentaje pertenecía al duque de Grandchester y la única manera de que éste no aplicara acción legal sobre los Andrew y llevarlos a la ruina o a la cárcel, era la boda de su hija con el vástago Grandchester.
Continuará…
Cada vez se complican más las cosas, pero también ya falta menos para que todo quede en su lugar, como debe de ser, o sea Candy con Anthony jejejeje les mando un abrazo a todas. Cuídense mucho y bendiciones para todas!
Saludos!
