Hola señoras y señoritas, aquí el siguiente capítulo para que se entretengan un poco el fin de semana, espero que lo disfruten. Los personajes de Candy no me pertenecen, sin embargo los tomé prestados un ratito para que se diviertan un poquito, no lo hago con fines de lucro y es exclusivo para mayores de edad, ¿Cierto? ¡Comenamos!
CAPITULO XVI
AMBICIÓN
Louis Leagan era un hombre ambicioso y sumamente envidioso, siempre había observado como los Andrew hacían fortuna a diestra y siniestra, mientras el luchaba por mantener su fortuna a flote ante los excesivos gastos que hacía su esposa Sara, veía como a Albert todo le salía bien a pesar de su mal manejo en los negocios, todo gracias a su mano derecha George. Cuando Albert enviudó vio la oportunidad perfecta para ayudarlo a "dirigir" sus negocios, sin embargo no fue hasta mucho tiempo después que por fin había logrado que Sara pidiera a Albert hacerse cargo de los negocios en su ausencia y así confiara en él, haciendo los primeros años excelentes negocios rescatándolo del bache económico en el cual estaba por caer, ganándose la confianza de él y del mismo George, tomándose su tiempo para irse enriqueciendo a costa de ellos.
Louis era el que había hecho un trato con el Duque de Grandchester diciendole que podía decir que su dinero había sido mal invertido y además le había dado la idea que para reparar el daño podía comprometer a su primogénito con la primogénita de los Andrew, sabiendo la historia que había tenido con los Andrew en el pasado. El duque había visto la posibilidad de vengarse por fin de Rosemary al enterarse de que su hijo estaba enamorado de la heredera de Albert, para él sería muy gratificante que la muchacha se casara con su hijo y abandonara al hijo de Rosemary, ella tenía que sufrir por la humillación que le había hecho pasar hacía tiempo atrás, no lo había olvidado y al darle Louis las armas para llevar a cabo esa venganza estaba de lo más emocionado.
Louis quería que Anthony se casara con su hija Eliza, ya tenía bastante dinero con todo lo que había robado a los Andrew y con haberles hecho creer a los Brower que Albert los había dejado en la calle y que la condición que había puesto era que se casara con su hija, iba tras el dinero de Vincent sabía de buena fuente que el abuelo de Anthony había hecho un buen trabajo invirtiendo ese dinero y ahora ese muchacho dentro de poco heredaría una verdadera fortuna, le faltaba poco para cumplir los 18 años y esa era la edad en la que sería dueño de esa maravillosa fortuna, así que si conseguía que Eliza se casara con él la fortuna de los Leagan sería mucho mayor incluso que la del mismo duque.
Los planes de Louis no habían salido como él mismo lo esperaba, Eliza no estaba tan entusiasmada con Anthony como sus padres esperaban, sino que el joven Thomas Stevens era el que había robado más de una vez sus suspiros, pero aún se sentía apenada por la situación que ambos habían enfrentado, hacía tiempo que había pasado, sin embargo la distancia que habían ambos impuesto había sido muy marcada. Anthony por otro lado no iba a permitir que nadie le dijera que hacer con su vida, si su tío había condicionado su estancia en Lakewood él le iba a demostrar que no era un inútil y que sabía muy bien salir adelante junto con su madre. Esa reacción no era esperada por Louis quien pensó que lo iba a acorralar y terminaría aceptando a su hija.
Anthony a sus diecisiete años ya no era un niño, era todo un hombre y así lo había demostrado desde muy corta edad.
-Pero Anthony, Rosemary, ¡No pueden irse! – Decía angustiada la tía abuela.
-No podemos quedarnos tía abuela. Louis dijo que esas eran las órdenes de William. – Dijo Rosemary seria, triste por la situación a la que los había orillado su hermano.
-¿¡Pero de qué van a vivir!? – Preguntaba insistente, no queriendo que su sobrina y su nieto se fueran de Lakewood.
-No se preocupe tía abuela, yo sabré hacerme cargo de mi madre.
-¿Por qué no consideras la posibilidad de casarte con Eliza? – Dijo buscando la manera de que se arreglaran las cosas, más tardó en hacer la pregunta que Anthony en responder.
-¡De ninguna manera, tía abuela! – Dijo furioso Anthony. - ¡Nunca me van a convencer de lo contrario! ¡Yo amo a Candy, y ella me ama a mí! ¡Y le guste o no a William ella y yo estaremos juntos! – decía con un nudo en la garganta que le impedía hablar por la impotencia que sentía en esos momentos.
-Yo lo sé hijo, pero es la única forma de que te quedes…
-Si esa es la condición de William, lo siento. ¿Madre te irás conmigo? – Preguntó sintiéndose culpable por arrastrar a su madre a la suerte que él mismo tendría que forjarse, no sabía lo que encontraría, solo sabía que iría a Chicago en busca de Candy, no descansaría hasta localizarla. Nadie absolutamente nadie lo separaría de ella.
-Yo siempre estaré a tu lado hijo. – Dijo Rosemary con una sonrisa en sus labios. – Tú no tienes por qué casarte con alguien que no amas, yo te ayudaré a buscar a Candy. – Le dijo con amor y Anthony la abrazó besando su frente tiernamente, esa mujer lo amaba y había hecho todo lo posible por defender el amor con su padre, revelándose al no contraer nupcias con el dichoso Duque de Grandchester, ella era su mayor ejemplo y lo iba a seguir, le pesara a quien le pesara.
Anthony ya tenía todo su equipaje listo, junto con el de su madre, Stear y Archie los llevarían a Chicago en el automóvil del guapo inventor, esperaba a su madre cuando en eso llegaron los hermanos algo nerviosos.
-¿Qué sucede? – Les preguntó Anthony, sabía que la forma en que lo veían significaba que querían decirle algo que posiblemente no le gustaría o que no era mucha información lo que habían conseguido. - ¿Averiguaste algo Archie? –Preguntó ansioso.
-Sí Anthony, al parecer el duquecito con el que Annie estaba entusiasmada es el mismo con el que comprometieron a Candy.
-¿Y dónde está? ¿Dónde puedo encontrarlo? – Preguntó angustiado.
-Esa es la parte mala…
-¿¡Qué pasa!?
-Annie dice que realmente ella no lo conocía muy bien, dice que era un tipo muy huraño y extraño, que todo mundo le tenía miedo, incluso la madre superiora, pero que por el dinero que daba su padre para el colegio le aguantaba todas sus tonterías.
-¿Entonces por qué te hizo creer que estaba interesado en ella? – Preguntó extrañado.
-Annie quería terminar el compromiso conmigo al creer que yo no la amaba, y no encontraba una razón válida. Dice que lo vio algunas veces en los alrededores del colegio, y para que la dejara en paz él le dio la idea de que lo hiciera pasar por su enamorado. – Dijo eso no muy feliz que digamos.
-Ya veo… ¿Pero dónde vive? ¿Sigue en Inglaterra?
-Annie no supo más de él, hasta que su padre envió al colegio para recoger sus pertenencias y escuchó comentarios entre los alumnos que Grandchester se había fugado del colegio porque ya no soportaba la tiranía de su padre y que había partido en barco pero no sabían el destino que había tomado.
-Entonces ya no está en Europa. – Dijo Anthony más para sí mismo.
-¡Pero Anthony! Hay muchos lugares a donde podría haber ido. – Decía Stear preocupado.
-Lo sé Stear, pero también puede que esté aquí en América.
-Podemos preguntar a George. – Dijo Archie seguro.
-Sigue incapacitado. – Dijo Stear. –Y aún no sabemos cuándo regresará, pero no te preocupes Anthony, nosotros estaremos al pendiente de ello. – Anthony asintió, aunque estaba desesperado por encontrar a Candy, no sabía por dónde comenzar, así que tendría que esperar un poco para saber por dónde continuar.
-¿En dónde vivirán Anthony? – Preguntó Stear, a quien le preocupaba la situación de su primo.
-No te preocupes Stear, en Chicago está la casa que era de mis padres cuando vivían ahí. – Dijo tranquilo.
-¿Estás listo hijo? – Preguntó Rosemary.
-Si madre, ya estamos listos.
Los tres chicos se subían al automóvil conducido por Stear y emprendían el viaje ante la mirada llorosa de Elroy, no podía creer que William los había corrido de su casa, su hermana y su sobrino, siempre habían sido muy unidos, no comprendía el por qué tanto coraje ante ellos, si bien no le habían informado del compromiso de Candy y Anthony, no era motivo suficiente para desheredarlos, ni mucho menos para correrlos de esa manera, definitivamente tendría que localizar a George y que le dijera la verdad de una vez por todas.
Louis se enteró de que Anthony había preferido irse de Lakewood a casarse con su hija, sintiendo un coraje por el desprecio hecho para su pequeña, tendría que buscar otra manera de hacerse de la fortuna del joven Brower.
Anthony y su madre llegaban a la mansión en la que él había nacido, su madre la veía con nostalgia, hacía tiempo que no iba a ese lugar y le traía grandes recuerdos. Una lágrima brotó de sus ojos deslizándose por su mejilla, suspirando al recordar el tiempo vivido con su amado capitán.
-Bienvenida señora Brower. – Dijo el viejo mayordomo que salía a recibirlos con una grata sonrisa.
-Muchas gracias Lionel.- Dijo Rosemary, recordando al buen hombre que siempre la trató como lo que era, la dueña de la casa.
-¿Usted es el señorito Anthony? –Preguntó asombrado al ver al joven alto que tenía frente a él. Anthony asintió con una cálida sonrisa, sintiendo confianza en ese buen hombre. – Pasen, es un verdadero honor tenerlos aquí. – Dijo el anciano ayudando a bajar el equipaje.
La casa era una mansión un poco más pequeña que la mansión de los Andrew, se veía que había estado muy bien cuidada, Rosemary estaba asombrada por el trato que había recibido su casa, y más por el hecho de que ella la había mantenido en el olvido todos estos años, ella no había querido volver después de la muerte de su esposo y sus suegros se habían ido de regreso a Escocia porque no soportaron tampoco el dolor de haber perdido a su único hijo.
-Lionel, veo que todo está muy bien cuidado. – Dijo Rosemary.
-Así es señora Rosemary, el padre del señor Brower dejó bien claro que usted vendría un día a ocupar su lugar, junto con el joven Brower, así que llevamos un tiempo esperando que eso sucediera. – Dijo el buen hombre, quien vivía ahí junto con su esposa, quien era el ama de llaves.
Anthony observaba la casa, no la recordaba en absoluto, pero sentía un cierto aire familiar que lo hacía sentir cómodo con ello.
Los Cornwell se despidieron de su primo y su tía con mucha nostalgia por dejarlos, ellos tampoco estaban de acuerdo con las órdenes de William, pero tampoco podían quedarse ahí con él, tenían que estar al pendiente de la tía abuela, la cual había quedado a cargo de la señora Leagan y no confiaban mucho en ella que digamos, mucho menos en el marido de esta.
-Archie, Stear, quiero pedirles que cuiden mucho a la tía abuela por favor.
-No te preocupes Anthony, nosotros la cuidaremos bien, lo mismo te digo de la tía Rosemary, cuídala mucho. –Anthony asintió abrazando a sus primos para despedirse por fin de ellos.
-Yo seguiré investigando del duquecito ese, tal vez Annie recuerde algo que nos pueda ayudar con el paradero de Candy. Y estaremos al pendiente de George.
-Se los agradezco mucho, muchachos. – Dijo Anthony agradecido por la ayuda que obtenía de sus primos.
Candy observaba la enorme mansión a la cual había sido llevada, era muy hermosa tenía que reconocerlo, pero el sentirse vigilada todo el tiempo la ponía inquieta. Candy buscaba la manera de escaparse de ahí, pero con tantos ojos puestos en ella no le daban una opción. Sabía que se encontraba muy lejos de Anthony y buscaba la manera de escribirle una carta para poder comunicarse con él y decirle por fin en donde se encontraba, primero tendría que conocer a las personas que trabajaban ahí y ver la posibilidad de confiar en alguien para enviar la carta.
-¿Qué haces aquí? -Preguntó Albert al ver a su hija sentada en las afueras del jardín.
-¿También vas a prohibirme salir al jardín? – Preguntó molesta, ya no era la misma niña asustadiza que era antes, la forma de actuar de su padre había hecho que Candy perdiera el miedo que había forjado hacia su padre en todos esos años.
-No es bueno que te pasees sola por aquí.
-No estoy sola. – Dijo de mala gana. - ¿No has visto a todas las personas que has puesto a vigilarme?
-Es por tu bien.
-Sí, de seguro es por mi bien. – Dijo sarcástica. Albert la tomó del brazo para obligarla a entrar a la enorme mansión. - ¿Qué te sucede? – Preguntó confundida al sentir la mano de su padre asirle el antebrazo y llevarla hacía la mansión.
-¡Te dije que no puedes estar aquí! – Volvió a repetir molesto, una vez dentro de la mansión.
-¡No puedes tenerme encerrada! ¡Ya me apartaste de Anthony! ¿Qué más quieres?
-No puedes estar sola en el jardín, se presta a malas interpretaciones, pronto vendrá tu prometido a conocerte y no es bueno que siempre estés fuera.
-¡El único prometido que tengo es Anthony!
-¡Él no es tu prometido!
-¡Es el hombre que amo!
-¿Amor? ¿Qué sabes tú del amor?
-¡Por lo visto sé más que tú! – Dijo defendiéndose. – Yo sí sé lo que es amar a alguien, yo sí sé lo que es que alguien te ame y dé todo por estar junto a ti.
-¿Cómo te atreves a hablarme de esa forma? – Preguntó indignado dirigiendo una bofetada a Candy quien perdió el equilibrio y cayó al piso estrepitosamente. Candy llevo su mano a la zona de impacto y volteo a ver a Albert con decepción.
-¡Con razón Dorothy se alejó de ti! ¡Lo único que haces con tu comportamiento es alejar a las personas! – Dijo alejándose a su habitación, subiendo las escaleras corriendo, llorando por la frustración que tenía por estar en esa extraña mansión, incomunicada y sobre todo vigilada día y noche, pero sobre todo por el vacío que había dejado la separación con su amado Anthony.
-"Anthony, mi príncipe ¿Cómo te digo que estoy en Nueva York? Necesito verte" - decía llorando recostada en su cama. La noche había llegado y Candy no había bajado a cenar, no quería ver a su padre, su rostro aún ardía por el golpe dado, pero le dolía más el que la estuviera forzando a casarse con un completo desconocido.
-¿No baja a cenar? – Preguntó Albert al ama de llaves.
-No señor Andrew, dice que no tiene hambre. – Contestó el ama de llaves, una señora fría y mal encarada que no sentía ni la más mínima compasión por aquella muchacha.
-Bien. – Dijo Albert. – Vamos a ver cuánto te dura tu berrinche. – Pensaba Albert molesto aún por las duras palabras que le había dirigido su hija, en el fondo sabía que eran verdad, él se había encargado de que las personas se alejaran de él, quedando solo muchas veces, pero ahora sabía que si no quería problemas con el Duque, tendría que casar a su hija para salvarse de la bancarrota y del desprestigio que podrían enfrentar los Andrew. Sin embargo el haber golpeado a su hija por primera vez lo hacía sentirse muy culpable.
Dorothy por su parte estaba adecuándose a su nueva vida, ella también vivía en una de las zonas más adineradas de Nueva York y sin saberlo vivía a unas cuantas casas de su amor William Albert. Alejandro era un niño muy inquieto, pero aún era pequeño y se la llevaba con su madre ya sea dentro de la casa o en el inmenso jardín, le gustaba jugar con su madre y aunque extrañaba mucho a sus amigos del hogar de Ponny, también estaba feliz de vivir con su abuelo en esa inmensa casona como decía él, sus hermosos ojos verdes se perdían en la cantidad de árboles que había en ese lugar, no sabía cuál trepar primero, aunque estaban muy altos a su corta edad ya era tan listo que buscaba la manera de subirse a ellos.
-¡Mamá! ¡Mira! – Decía con una enorme sonrisa al momento que alcanzaba la primera rama del árbol.
-¡Alejandro! – decía Dorothy asustada corriendo a bajarlo de la rama, recordando en que más de una ocasión era una niña rubia de coletas y ojos verdes a la cual tenía que bajar de las ramas del árbol, mientras un inquieto Anthony la ayudaba a subir más alto.
La vida de Dorothy en ese lugar no era muy alegre que digamos, extrañaba la sencillez del hogar y también la sonrisa de su otra hija, Alejandro era muy parecido a Candy y siempre que veía las ocurrencias que tenía, le recordaban a la pecosa.
-"Deben haber heredado la inquietud de su padre" - pensaba Dorothy, sin quererlo sus memorias la llevaban a recordar al padre de su hijo, un hombre que había llegado en lo más profundo de su ser y que aún le costaba creer que ella había preferido escapar con su ex marido antes de ser comprometida a la fuerza con un desconocido.
-Todo hubiera sido tan diferente – Pensaba triste. -¿Cómo estarás? ¿Te acordarás de mí? – rogaba porque sí, pero ¿De qué le servía? Si ella no podía estar cerca de él, él no la amaba y no quería que le quitara a su hijo, aunque ya no estaba sola su padre la protegería del señor Andrew, pero aun así sentía miedo de la reacción del rubio si se enteraba que tenía un hijo con ella.
-Él ya es un Simmons. Alejandro Simmons. – Pensaba la pelirroja.
Albert se acostumbraba a cenar solo, era la tercera noche que Candy se negaba a bajar a cenar y un sentimiento de culpabilidad aparecía en su cabeza.
-No puede seguir así, se va a enfermar. – Pensaba Albert. –Pronto llegará el Duque y la encontrará muy desmejorada. – Con paso calmo se dirigió a la habitación de Candy para ver si seguiría con esa actitud.
-¿Quién? –Preguntó Candy son el mismo tono de enfado de días atrás. – Sigue enojada. –Pensaba Albert también orgulloso. – Soy tu padre.
-No tengo ganas de cenar, ya avisé al ama de llaves. – Albert abrió la puerta sin más aviso y se puso delante de ella con una posa retadora. Candy lo observó sin bajar el rostro, tenía la mirada decidida, fija en él y Albert recordó de pronto a su Candice.
-Tienes que comer algo. – Dijo en tono firme, no queriendo flaquear al recordar al amor de su vida, la veía reflejada en esos ojos verdes, ella nunca le tuvo miedo, siempre le demostró tener un carácter fuerte y aunque Candy nunca lo había demostrado en ese momento le decía a gritos con la mirada que era el mismo carácter de su amada. De pronto su mirada se suavizó al recordarla y posó su vista en la mejilla de su hija, aún prevalecía el golpe que le había propinado días atrás reflejados en un morete azulado y verdoso que se observaba bastante bien en su rostro. – No quiero que te vayas a enfermar, pronto llegará tu prometido y…
-¡No me interesa! – Contestó firme. Albert apretó de nuevo sus puños en señal de volver a golpearla y Candy levantó su rostro sin inmutarse, desafiándolo con la mirada a recibir el golpe. -¿Vas a golpearme de nuevo? ¿Qué esperas? Si ya no voy a volver a ver a Anthony, nada tiene sentido para mí. – Dijo cerrando sus ojos no por miedo, sino de dolor al pronunciar esas palabras. Se recostó en la cama haciendo bolita su cuerpo para protegerse ella misma, ya no tenía quien la defendiera de su padre, ya no estaba Anthony, Dorothy, Rosemary o la tía abuela, quien en más de una ocasión la salvaron de la furia de su padre, ahora ella tenía que defenderse sola y afrontar a ese hombre que había temido.
-No digas tonterías, cuando conozcas al joven Duque, te olvidarás de Anthony y…
-¡Nunca! ¿Acaso tú has olvidado a mi madre?
-¡Eso es diferente!
-¿Diferente? ¿Por qué es diferente?
-Tu madre y yo nos amábamos y…
-¡Anthony y yo nos amamos!
-¡Son muy jóvenes para saber lo que es el amor!
-¡Tú no sabes nada! ¡Ni siquiera me conoces! ¡Desde que tengo uso de razón tú solo te has preocupado por ti y tu dolor y nos has olvidado a todos los que te queremos! ¡Nos alejas de tu lado para no sufrir, pero estás más solo que nunca! ¡Me abandonaste al cuidado de Dorothy, delegaste mi cuidado a mi tía Rosemary y Anthony! ¡Ahora quieres que yo corra tu misma suerte, quieres que esté sola sin amor, solo por el hecho de que no me quieres!
-¡No digas eso!
-¡Es la verdad! ¡Tú nunca me has querido! – Candy lo enfrentaba por primera vez y le decía todas las verdades que tenía en el fondo de su corazón, quería contestarle decirle que si la amaba, que ella era hija del amor de su vida y aunque se había enamorado de Dorothy una vez más, no era nada comparado con el amor que le había tenido a su madre. No podía hacerlo, algo le impedía que esas palabras salieran de su boca, no sabía qué era lo que se lo impedía, pero simplemente callaba una vez más su sentir.
-Si mañana no bajas a desayunar no ordenaré que te suban alimento. – Dijo simplemente retirándose de su presencia.
Candy comenzó a llorar una vez más, era lo único que hacía, lloraba no por el golpe propinado por su padre, sino por le tristeza que embargaba su alma al sentirse sola sin su amado Anthony. Pasó nuevamente la noche sin dormir, temía que si dormía las pesadillas de que perdía a su príncipe para siempre volverían a aparecer y era algo que no podía soportar. Bajó a la hora del desayuno, no podía seguir aguantando el hambre, había logrado soportar esos días gracias a una de las sirvientas quien a escondidas de la ama de llaves le llevaba un poco de alimento.
-Buenos días. – Dijo Albert, un poco más tranquilo de ver que bajaba a desayunar. Candy no respondió simplemente se sentó al otro extremo de la mesa en silencio observando su plato, sin levantar la vista, sin responder a su padre.
-Es tan parecida a su madre, incluso en la forma de enojarse conmigo. – Pensaba Albert, era como volverla a ver a ella, a su adorada Candice. -Si supieras como te pareces a tu madre.
Candy terminó de desayunar y se levantó de la mesa sin solicitar el permiso de su padre, se dirigió hacia su habitación y tanto a la hora de la comida como a la hora de la cena fue lo mismo, simplemente bajó, comió un poco y regresó a su habitación, esa fue su rutina desde ese día. El golpe en su mejilla había sanado, sin embargo el dolor que tenía en su corazón era muy intenso, su sonrisa se había apagado y su belleza se veía enmarcada por dos grandes ojeras producto de las noches de desvelo que tenía pensando solo en su príncipe.
Anthony por su lado no la pasaba mejor que ella, estaba desesperado buscando por todos lados una pista que lo llevara ante el gran William Andrew, escribía mil cartas dirigidas a sus diferentes mansiones en América, envió cartas a Chicago, a Boston, a Nueva York, e inclusive a Escocia e Inglaterra, a ver si alguien le contestaba o le daba noticias de su tío, ninguna de las cartas fue entregada a su destinatario, y menos porque ellos se encontraban en una casa que pertenecía al duque de Grandchester.
Los días iban pasando y se convertían en semanas, y nadie podía darle alguna noticia de su amada, Candy por su parte escribía cartas que no podía enviar ya que todos tenían prohibido aceptar alguna de la señorita Andrew y más cuando los criados eran del gran Duque, él era el que tenía vigilada a la señorita Andrew.
-¡Stear, Archie! ¿Alguna noticia de Candy?
-No Anthony, ninguna, el tío William ha desaparecido de nueva cuenta, ni siquiera George aparece no sabemos donde está, pero seguiremos buscándolo, es muy raro todo lo sucedido, tal vez obra del tío Louis.
-¿Alguna noticia del Duque?
-Annie dice que recordó que una de las veces que habló con él, le dijo que no estudiaba porque no le gustaba la escuela, que no la necesitaba, que él sería actor.
-¿Actor? ¡Igual que su madre! – Dijo Anthony.
-¿Igual que su madre? –Preguntaron extrañados.
-Sí, mi madre me dijo que su padre al no poder casarse con mi madre, se casó al poco tiempo con la actriz Eleanor Baker, me supongo que ella es la madre del duquecito. – Decía haciendo sus propias conclusiones.
-Puede ser, ¿Pero cómo que casarse con mi tía Rosemary? No entiendo. – Dijo Archie.
Anthony les platicó a ambos muchachos la historia que su madre le había relatado antes de salir de Lakewood.
-Todo tiene sentido, la tía Rosemary y la señora Baker tienen cierto parecido. – Dijo Archie. -Aunque la tía es más bella.
-Eso sin dudarlo. – Corroboró Stear.
-Bueno Anthony, sabemos que Eleanor Baker vive en Nueva York, que sigue su carrera de actriz, aunque no sabía que era casada. – Dijo Archie quien era un fiel fan de la actriz, aunque no soportaba la idea de que fuera madre del engreído en el que Annie había puesto alguna vez sus ojos.
-¿El duquecito abandonó el Colegio en Inglaterra para seguir su carrera de actor? – Anthony hacía conjeturas deseando que fueran ciertas.
-Eso sería muy probable, pero tendríamos que confirmarlo.
Rosemary venía bajando las escaleras ansiosa por ver a sus queridos sobrinos y saber de la salud de su tía abuela, más cuando iba llegando a las escaleras sintió que el aire le faltaba y un fuerte mareo la atrapaba impidiendo seguir avanzando. Anthony la vio desde el salón donde se encontraba con sus primos y corrió a auxiliarla al ver que se desvanecía de pronto.
-¡Madre! – Dijo corriendo hacia ella siendo seguido por sus primos muy de cerca.
Continuará…
Y continúa el drama, no se desesperen que ya falta menos para que se encuentren, sorry! se me alagaron los capítulos en la separación pero si lo hago más cercano quedará medio forzada la historia, de todas formas no se preocupen mucho. Espero que se hayan entretenido un poco con los capítulos y si puedo les adelanto otro en la semana para que no sientan tan larga la espera o.k.
Saludos y cuídense mucho!
