Buen día hermosas, aquí estamos bien gracias a Dios, continuando con las actualizaciones, pero como me había ido de raya publicando no había pasado nada a limpio y pues me atrasé más, sobre todo porque lo hago a ratos, gracias por preguntar si estoy bien, hasta ahora todo bien bendito Dios.

Los personajes de Candy no me pertenecen, solo los utilizo un poco para hacer volar mi imaginación y proporcionarles una vida feliz sobre todo a mi Anthony que a mi punto de vista él y Stear eran los que más merecían vivir felices. Lo hago sin fines de lucro solo por diversión. Historia no apta para menores de edad, no leer ni por aburrimiento en cuarentena por favor. COMENZAMOS!

LAZOS DE AMOR

¿RIVALES?

CAPITULO XIX

Anthony continuaba con las visitas al teatro para ver si tenía noticias del joven Duque, pero cada día se desilusionaba pensando que tal vez ya no regresaría más, llevaba cerca de una semana buscándolo y los dos o tres días que le había dicho la señorita Marlowe que tardaría se habían alargado. Cada día que pasaba se quedaba un rato conversando con la muchacha para tratar de hacer amistad con ella y ver si tal vez ella lo ayudaba a conseguir la información que necesitaba en caso de que el famoso duque-actor no se la proporcionara.

-¿Para qué busca a Terry? – Preguntó curiosa al rubio que estaba sentada junto a ella en el parque que se encontraba frente al teatro.

-Es un asunto complicado. – Contestó mirando fijamente al teatro que tenía frente a él. – Como le dije señorita Marlowe, no conozco al joven Grandchester, sin embargo hay algo que tenemos en común. – Le dijo sin querer ahondar mucho en el tema.

-¿Una mujer? –Preguntó curiosa, sabía que no sería extraño que algo así sucediera. Anthony la miró un poco asombrado, pero delatándose a sí mismo que era cierto. – No se sorprenda joven Brower, por la insistencia de buscarlo sin conocerlo es de suponerse. – Anthony la veía detenidamente, era una chica bonita de grandes ojos azules y cabello largo y rubio, sin duda una mujer que robaba miradas masculinas, le hablaba desenvuelta como si tuviera conocimiento del mundo y era hasta cierto punto coqueta con él, una coquetería que había tolerado por el simple hecho de obtener información del futuro duque.

-Candy. – Dijo simplemente ante la mirada curiosa de Susana. – Se llama Candy. Ella es el amor de mi vida. – Dijo sincero, Susana bajó la mirada un poco incómoda ya que se había hecho la ilusión de que si Terry tenía que ser obligado a casarse con otra muchacha ella tenía que buscar otro caballero que le correspondiera y había pensado en el joven rubio que tenía a su lado. – Su padre se la llevó de mi lado para comprometerla a fuerza con…

-¡Con Terry! – Dijo Susana cayendo en cuenta a lo que había ido ese joven. - ¿Usted quiere retarlo a un duelo? – Preguntó asustada, aunque ya no era muy común enfrentarse a duelos había ocasiones que debido a la ofensa se dejaban efectuar. - ¡Puedo asegurarle que Terry también está siendo obligado a ese compromiso! – Dijo ofuscada por el miedo de que enfrentaran a su Terry a un duelo.

-¿Obligado? – Preguntó sorprendido. Susana asintió.

-Hace tiempo, vino el papá de Terry a verlo y aunque hablaron a solas en su camerino, los gritos que daba el duque permitió que todos los presentes en el teatro nos enteráramos de los planes de su padre. – Decía apenada por revelar algo tan privado de su amor.

-¿Qué planes? – Preguntó ansioso, era la primera vez en meses que obtenía información veraz de su amada y ni con el investigador había obtenido tanto. Susana agachó su rostro tímida por hablar de algo que ella no estaba autorizada a hacer.

-Disculpe joven Brower, eso es algo que a mí no me corresponde hablar. – Dijo tímida. Levantándose de su lugar para regresar a los ensayos.

-Por favor señorita Marlowe, ayúdeme, estoy desesperado por encontrar a mi prometida.

-¿Prometida? – Preguntó curiosa. Anthony asintió y al ver que ella regresaba a sentarse en su lugar le contó la historia de su tragedia amorosa. -¿Así que ella es su prometida? – Anthony asintió.

-Como le dije Candy es el amor de mi vida. – Decía con sus palabras demostrando una gran tristeza.

-Joven Brower, siento mucho la historia que me cuenta, pero le aseguro que Terry no es culpable de este hecho. Él llegó a América hace cerca de un año, llegó a Nueva York ahí nos conocimos, nos hicimos muy cercanos. – Esto último lo dijo dando a entender que eran más que amigos. – Sin embargo su padre siempre lo perseguía para que se hiciera responsable de sus negocios, pero él siempre se negaba. Entramos juntos a estudiar teatro, la madre de Terry nos ayudó para entrar a esta compañía y en cuanto la compañía viajó a Chicago nos venimos para acá. Él con la ilusión de esconderse de su padre y yo con la esperanza de poder estar juntos. Él es un hombre libre, no le gustan las ataduras, ni mucho menos las imposiciones. Un día su padre lo encontró y vino a hablar con él, ahí me enteré de su compromiso, su padre le decía que era su deber, que debía ayudarlo a defender su honor. – Anthony la veía sorprendido por sus palabras, por lo menos sabía que tampoco el duque tenía intenciones de casarse, pero sabía bien que si conocía a Candy era probable que se enamorara de ella y eso lo mantenía inquieto.

-¿Usted cree que el joven Grandchester se haya dirigido a conocer a Candy? – Preguntó ansioso.

-Es lo más probable. Escuchamos cuando su padre le exigía cumplir con su deber.

-¿Sabe usted hacia dónde fue? – Preguntó esperanzado, era una información muy importante para él y aunque sabía que con los estudios que tenía y la enfermedad de su madre le era casi imposible moverse de la ciudad, por Candy haría todo lo que fuese necesario para ir por ella, estuviese donde estuviese. Susana negó triste.

-Eso no lo sabemos, el duque le dijo que ya sabía dónde encontrarlo, pero ni siquiera a mí me dijo a donde iría, solo me dijo que no me preocupara, que arreglaría todo y que volvería pronto a mi lado. – Dijo ilusionada, pero a la vez con miedo en sus ojos.

-¿No confía en él? – Preguntó Anthony inquieto.

– Terry siempre ha sido asediado por las mujeres, y más desde su primer éxito en teatro, y es un tanto galán. – Dijo por no decir que era un mujeriego. – Y aunque no ha tenido muchas aventuras no le quita lo coqueto. – Decía triste.

-¿Usted lo ama? – Susana asintió, Anthony sintió alivio con la respuesta. - ¿Entonces, entenderá mi desesperación? – Ella lo volteó a ver con sus ojos llenos de lágrimas, triste porque sabía que el duque era de armas tomar y había amenazado a su hijo con destruir su carrera si no hacía lo que él quería, y Susana sabía que Terry amaba el teatro y haría lo imposible por mantenerse ahí. Susana se aferró al pecho de Anthony buscando aminorar sus sollozos y continuar con lo que había escuchado aquel día, de todas formas ya había hablado.

-¿Interrumpo? – Hablo un joven de melena larga y ojos azules que demostraban furia a los jóvenes que estaban sentados en aquella banca frente al teatro, había estado observándolos varios minutos para ver qué era lo que hacían tan juntos en aquel lugar. Susana se levantó como resorte del lugar soltando a Anthony de golpe, mientras este de levantaba para darle la cara al joven que se les plantaba desafiante.

-¡Terry! – Gritó Susana emocionada y a la vez temerosa al ver los ojos de su amado actor. Ella lo abrazó de pronto aferrándose a su pecho mientras él la abrazaba por la cintura reclamándola como suya, desafiando al joven rubio que estaba frente a él y que se había atrevido a abrazar a su mujer. -¿Hace mucho que llegaste? – Preguntó nerviosa, sabía lo impulsivo que era.

-Lo suficiente para ver como este "caballero" te abrazaba. – Dijo apretando los dientes por el coraje, viendo al joven rubio que era un poco más alto que él, fornido, de cuerpo atlético, no distaba mucho de su complexión. Lo miraba inspeccionando su aspecto para convencerse de que fácilmente le ganaría en un enfrentamiento a los puños por defender su honor, era un joven elegante no había duda de ello, tal vez algún admirador de su mujer el cual no sabía que ella le pertenecía.

-Muy buenas tardes señor Grandchester. – Le dijo Anthony firme correspondiendo a la inspección a la que era objeto, él también observaba al joven duque y veía que era solo un poco más bajo de estatura, pero su cuerpo era igual de atlético, se veía que era ligero en sus movimientos y sobre todo que por la elegancia que demostraba lo más seguro era que también manejara a la perfección las artes nobles de batalla. Terry lo miró asombrado, pero sin bajar la guardia al ver que lo conocía.

-¿Lo conozco? – Le preguntó viéndolo detenidamente, cayendo en cuenta que se parecía mucho al padre de su "prometida".

-No tenemos el gusto de conocernos señor Grandchester. – Dijo tranquilo, tratando de infundirle confianza para que no creyera que había estado tratando de conquistar a su dama, porque era obvio que era su dama por como la había acaparado, la reclamaba como suya, y para Anthony era un gran alivio que así fuera. – Mi nombre es Anthony Brower. – Dijo ante el asombro de Terry. – Por lo que veo ha escuchado hablar de mí. – Le dijo tranquilo y eso le generó un alivio en su corazón, eso quería decir que él sabía dónde estaba Candy y al parecer le había hablado de él.

-¿Y no le parece joven Brower, que no es de caballeros decirse enamorado de una chica y tratar de conquistar a otra, que además ya tiene dueño? – Dijo Terry poniendo a Susana detrás de él buscando corroborar que ella era de él, de su propiedad como si de un objeto se tratara. Anthony no quiso decir nada respecto a ello, ya que él también clamaba a Candy como suya, y no porque era un objeto, sino porque ambos se pertenecían uno al otro.

-Terry, las cosas no son lo que parecen. – Dijo Susana inquieta al ver a su amado actor defenderla con tantos celos, nunca había demostrado que le pertenecía, aun ya se hubieran demostrado su amor en la intimidad de su alcoba. Por primera vez en su vida, Terry sentía celos de alguien, tenía que reconocer que ese joven era bastante atractivo para ganarse el afecto de Susana y eso no lo permitiría él, no quería que nadie le quitara a esa joven que lo había cautivado desde que la conoció, y si bien era que él tenía muchas admiradoras y a veces parecería que no la tomaba en serio, la verdad era que al verla junto a ese joven había experimentado unos grandes celos. – Te lo puedo explicar. –Decía Susana temerosa.

-Estoy esperando. – Decía Terry sin quitar la vista de Anthony, al escuchar su nombre decidió esperar la explicación que ambos tendrían que darle. El nombre de él era lo que lo había detenido de irse a los golpes sobre él ya que según su "prometida" su amado Anthony Brower estaba perdidamente enamorado de ella y quería saber si era cierto o no.

-Yo le explicaré señorita Marlowe. – Le dijo tranquilo, sereno, sin dejar de ver a los ojos a ese joven que lo veía fijamente buscando la respuesta al porqué de sus actos. Terry hizo el ademán de que estaba esperando sus palabras, mientras Susana se aferraba a su brazo detrás de él, tratando de calmarlo. De pronto Susana se sintió mareada y comenzó a sentir que sus piernas flaqueaban, Anthony se dio cuenta de ello y le advirtió a Terry con un gritó. -¡Señorita Marlowe! – Dijo sorprendido al ver como ella se desvanecía junto a Terry.

-¡Susana! – Dijo Terry sorprendido agachándose a levantar a Susana y tomarla en sus brazos.

-¡De prisa, vamos al hospital! – Dijo Anthony tomando el control de la situación, mientras Terry como un autómata lo seguía con ella en brazos, lo bueno que el hospital estaba muy cerca del teatro y del parque.

Llegaron al hospital de inmediato y Anthony al ser uno de los estudiantes destacados ya era conocido por los médicos, rápidamente se dirigió a las enfermeras quienes obedecieron sus órdenes y buscaron al médico que estaba de guardia. Una vez que estaba dentro, ambos jóvenes esperaban en la sala de espera del hospital uno frente al otro, observándose en silencio, sin atreverse a romper ese mutismo que ambos habían adoptado, uno por la preocupación de su mujer y el otro por no parecer inoportuno, pero las ganas de saber de su pecosa eran mayores.

-Gracias. – Dijo Terry siendo sincero. - ¿Cómo pudiste arreglar todo tan rápido? – Preguntó.

-Soy estudiante de medicina en este hospital. – Dijo tranquilo.

-Entiendo. ¿Qué hacías con Susana? – Preguntó directo.

-Te estaba buscando. – Le contestó de igual manera.

-Ya veo, me imagino que por lo de la señorita Andrew. – Anthony asintió.

-Ella es mi prometida. – Le dijo seguro.

-Lo sé, ella me lo dijo.

-¿¡La viste!? ¿Dónde está? ¿¡Cómo esta!? – Preguntaba desesperado, ansioso, se le hacían eternos los minutos que tardaba en contestarle aquel joven.

-Tranquilízate, primero que nada si la vi, está bien dentro de lo que cabe y se encuentra en la mansión de mi padre en Nueva York. – Le dijo todo de golpe así como él le había preguntado.

-¡Nueva York! – Dijo Anthony entusiasmado, no estaba tan lejos y si no le querían decir en donde estaba la dichosa mansión, no sería difícil de averiguar. – Tengo que ir por ella. – Le dijo a Terry, quien lo veía desenfadado.

-No será tan sencillo, recuerda que ella es mi prometida. – Dijo con tono burlón, cosa que a Anthony no le causó mucha gracia.

-No te permito que la llames así, ella es mi prometida, el compromiso nuestro es mucho antes que el tuyo. – Dijo a la defensiva.

-Tranquilo, el compromiso aún no lo firma el padre de la señorita Andrew. – Anthony se sorprendió con lo dicho, su tío le había dicho que ya estaba firmado. – Veo que no lo sabías. – Le dijo tranquilo. Anthony negó. – El señor Andrew salió de Nueva York nuevamente, llegó el día que yo llegué, y salió de nueva cuenta unos días antes de que yo me regresara y mi padre me dijo que aún no lo hacía firmar, pero que pronto lo haría. – Anthony lo escuchaba y agradecía a su madre que hubiera encontrado ese pequeño volante en donde anunciaban la obra en donde se presentaba su "rival" de amores.

-¿Sabes a dónde fue?

-No, solo sé que Candy está bajo cuidado de mucha gente. – Dijo tranquilo.

-Me imaginé que no la dejarían salir. – Terry asintió. - Mi padre dio esa orden. Pero aún no me dices ¿Qué hacías abrazando a Susana? – Pregunto con el gesto más duro. Anthony volteó a verlo despreocupado.

-Te estaba buscando a ti, hace unos días vi el anuncio de la obra que están montando y vi tu nombre en ella, sabía por mi madre el apellido del supuesto prometido de Candy y me decidí a buscarte, desafortunadamente para mí, acababas de marcharte. La señorita Marlowe fue muy amable en informarme cuando regresarías, pero al parecer te quedaste más tiempo del que habías dicho.

-Así es, mi padre me obligó a convivir más con mi "prometida". – Dijo ante la molestia de Anthony. Terry lo veía divertido, ¿Qué haría él si estuviera tan celoso de cómo él había estado hacía unas horas? – Candy es una muchacha maravillosa, que dejaría a cualquiera enamorado inmediatamente, es delicada, femenina, tiene unos ojos tan hermosos y unas pecas que… - Decía tratando de molestar a ese joven, no sabía porque pero le divertía hacerlo enojar.

-¡Suficiente! ¡Es de mi prometida de la que estás hablando! – Le dijo levantando un poco la voz para aclararle que no iba a permitir que hablara de ella en esa forma tan poco caballerosa.

-¡Tú estabas abrazando a Susana! – Le dijo reclamándole.

-¡Ella me abrazó a mí! – Le dijo en respuesta, ante la mirada de interrogación de Terry. Sabía que Susana era coqueta, lo sabía bien porque más de una vez la había visto coquetear con el público, pero sabía que era por el papel desempeñado, más nunca la había visto coquetear con alguien que no fuera él. La verdad era que a Susana le había gustado el rubio y había pensado en enamorarlo porque tenía miedo de que Terry no pudiera disolver su compromiso y se decía a si misma que debía salir adelante y pasar página, aunque ninguno de los dos contaba con lo que se les venía encima. - ¡Además solo fue en un momento de desesperación! – Le dijo tratando de explicarse.

-¿Desesperación?

-La señorita Marlowe me estaba hablando del miedo que tenía de perderte a en ese viaje. – Ambos chicos ya se tuteaban de un momento a otro sin darse cuenta cuando había sucedido.

-¿Perderme? Yo le dije que no tuviera miedo.

-Al parecer tiene más miedo a tu padre, de lo que tú crees.

-¿Qué tiene que ver mi padre con todo esto?

-Escuchó de la amenaza que tu padre te hizo, si no te casabas con Candy. - Terry se sorprendió por lo dicho, no sabía que ella había escuchado la conversación con su padre, pero no culpaba a Susana por haber escuchado su conversación sabía que las paredes del teatro eran bastante delgadas y como había imaginado en ese momento todos habían escuchado, pero al no recibir comentario de Susana pensó que ella no sabía nada en absoluto.

- Mi padre me ha amenazado tantas veces que ya estoy acostumbrado. Quiere que yo herede el ducado de la familia, sin embargo a mí no me interesa, ese título puede ser de mi hermano. – Dijo sin darle importancia al título nobiliario del que era heredero directo.

-¿Tienes un hermano?

-Tengo dos medios hermanos, uno de 8 años y una niña de 6 años. – Sin saber porque comenzaban a tener confianza uno en el otro. - ¿Tú no tienes hermanos? - Anthony negó con una sonrisa.

-Tengo dos primos que son como mis hermanos, ellos me estaban ayudando con la búsqueda de mi princesa. – Dijo con una sonrisa. – Somos muy unidos. – Dijo feliz, Terry lo veía con un poco de envidia, él no tenía esa relación con sus hermanos.

-A mí nunca me vio con buenos ojos mi madrastra y nunca dejó que conviviera con mis hermanos, me encerraron en un colegio desde muy pequeño, y estuve ahí hasta que tuve la edad para escaparme.

-El colegio San Pablo. – Dijo Anthony seguro.

-¡Vaya! Veo que alguien hizo su tarea. – Dijo Terry sorprendido de lo que sabía el prometido de su prometida. Anthony sonrió por lo dicho.

-Lamento lo de tus hermanos. – Terry alzó los hombros en señal de que ya no le preocupaba.

-¿Los familiares de la señora Marlowe? – Dijo el médico al salir de la sala donde había entrado Susana.

-¿Señora? – Pensó Terry sorprendido cuando dijeron el nombre de su ¿novia? – Yo soy su esposo. – Dijo ante lo dicho por la enfermera y Anthony guardaba silencio por las palabras del actor.

-Necesitamos hablar con usted señor. – Dijo la enfermera quien lo dirigía a una oficina, Anthony lo veía igual de sorprendido que él.

-¿Vamos? - Le dijo a Anthony para que lo siguiera, Anthony lo seguía sin comprender porque lo llamaba, sin embargo creía que por ser estudiante de ese hospital tal vez lo podría ayudar si era necesario. La enfermera hizo el ademan de detener al joven estudiante, pero Terry no se lo permitió. – El viene conmigo. – Dijo seguro. La enfermera los dejó pasar.

-Sr. Marlowe, Joven Brower. – Dijo el médico saludando a ambos chicos. – Buenas tardes.

-Grandchester, Marlowe es el apellido de soltera de mi esposa. – Le dijo tratando de ser convincente, mientras Anthony lo veía sin decir nada.

-Disculpe, señor Grandchester, lo mandé llamar porque hay algo que debe saber sobre su esposa.

-Lo escucho. – El médico volteó a ver a Anthony y Terry lo notó. – No se preocupes, él es… mi amigo. – Dijo haciendo una pequeña pausa para referirse a él. Anthony le sonrió.

-¿Sucede algo malo doctor? – Preguntó Anthony más en confianza por la autoridad que le había dado Terry.

-Lo que sucede es que la señora Marlowe, está esperando un bebé. – Dijo el médico seriamente.

-¿¡Embarazada!? – Dijo Terry entre sorprendido y aliviado, de todas las noticias esa era la que menos se esperaba. Tenía miedo del diagnóstico que le darían, pero nunca se imaginó que aquella noche que había compartido con Susana había dado frutos. - ¿Y pasa algo malo con Susana, doctor? – Anthony escuchaba sorprendido, había ido con él imaginando que otro sería el diagnóstico también y se imaginó que Terry creía lo mismo, no eran amigos de verdad, apenas se habían conocido no llevaban ni cinco horas de amistad y ya se había enterado de más de la vida de aquel joven noble.

-La señora tendrá que permanecer unos días en el hospital, tuvo una baja de presión, seguramente provocada por alguna noticia o alguna angustia, así que le sugiero que trate de tener un poco de paciencia con la señora. –Le advirtió el médico a Terry como sugiriendo que Susana había dicho algo, y así era Susana deliraba pidiendo perdón a Terry y el médico lo reprendía sin saber mucho de lo acontecido. – El doctor Brower siendo amigo de ustedes podría ayudarle con todo lo que necesite esta semana. – Dijo el médico ante el asombro de Anthony, quien se negaba a hacerlo porque quería partir de inmediato a Nueva York a buscar a Candy. Terry comprendió sus dudas pero le suplicó con la mirada, lo veía tan asustado, sería padre y él no tenía ni la más remota idea de que hacer.

-Está bien doctor. – Dijo Anthony un tanto frustrado. Terry le palmeo la espalda en agradecimiento.

-Gracias Anthony, yo te llevaré hasta la casa de mi padre en cuanto esto pase. – Le dijo correspondiéndole a su gesto. Anthony sonrió de lado aun no muy convencido.

Anthony se retiró a su casa para avisar a su madre de todo lo que había averiguado sobre su princesa, iba feliz y desesperado por el tiempo que tendría que esperar para ir por ella, nadie lo detendría. Llegó a su casa buscando a su madre, la encontró frente a la ventana tejiendo tranquilamente, desde que le habían dado el diagnóstico médico trataba de tomar las cosas con mayor calma.

-Buenas noches madre. – Le dijo besando su frente.

-Buenas noches hijo. Esta vez has tardado más de lo normal. – Le dijo viéndolo con cariño.

-Madre, tengo buenas noticias. – Le dijo emocionado, Rosemary lo volteó a ver y vio en los ojos de su hijo el mismo brillo que desprendían cuando quería decirle algo sobre su amada Candy.

-¿Ya sabes dónde está Candy? – Preguntó emocionada y más cuando Anthony asentía tranquilo, la verdad era que él estaba que saltaba de gusto, pero sabía bien que por la condición de su madre no podía alterar mucho su estado de ánimo, ni para bien ni para mal.

-Así es madre, Terry llegó hoy y pude hablar un poco con él.

-¿Terry? – Preguntó dudosa y emocionada a la vez.

-Sí, deja te cuento lo que sucedió. – Se sentó emocionado junto a ella a contar lo que había pasado toda la tarde junto a ese par de actores y por qué llegaba a esa hora. Rosemary lo escuchaba tranquila, feliz de ver a su hijo por fin recuperar un poco de ese brillo y esa alegría que había perdido meses atrás, al parecer ya faltaba menos para que terminara su sufrimiento.

-Sería un muy bonito regalo de cumpleaños. – Le dijo su madre, ya que Anthony había olvidado por completo que dentro de unos días cumpliría sus 18 años, por fin tendría la mayoría de edad y podría ser económicamente independiente, no le interesaba mucho el dinero, pero la verdad habían pasado algunos problemas económicos con los gastos en los que había incurrido Anthony por la búsqueda de su novia. El dinero que tenía en el banco no había podido retirarlo porque no podía encontrar a George el cual seguía misteriosamente sin regresar de su incapacidad, y tanto la tía abuela como sus primos los habían estado ayudando.

-No recordaba mi cumpleaños madre, pero la verdad estoy muy emocionado para ir por Candy, solo que tengo que esperar a que la mujer de Terry salga del hospital, así él me llevará directamente con ella.

-No te desesperes hijo, ya has aguantado muchos meses, unos días más no te harán daño.

-Lo sé madre, pero aun así no puedo esperar mucho tiempo.

-Yo iré contigo. – Dijo decidida Rosemary.

-Pero madre, aún no estás muy bien. – Decía preocupado.

-Aún no quieres que haga nada, pero de que me siento bien, me siento bien hijo. – Le dijo segura y decidida a acompañarlo. Anthony asintió con una sonrisa estando de acuerdo con que lo acompañara.

-Tengo que avisar a Stear y Archie.

-Ellos también querrán acompañarte.

-Es verdad, pero tienen que cuidar a la tía abuela.

-La tía abuela es muy fuerte, ella estará bien. – Le dijo dándole tranquilidad. – Además puede venir a la mansión de Chicago.

-Por cierto madre, me dijo Terry que el tío había salido de viaje. ¿Tienes alguna idea a donde podrá haber ido?

-No lo sé hijo, tal vez a buscar a George. – Dijo Rosemary, quien también pensaba que era muy raro que George no hubiera regresado a trabajar.

-George tiene muchos meses que no va al corporativo. –Dijo intranquilo. - Mañana iré a buscarlo madre, necesitaré dinero.

-Lo sé hijo, pero no te preocupes puedo vender o empeñar algunas joyas. Sé que ya no quieres pedirle dinero a tus primos.

-Les debo demasiado madre.

-Ellos lo hacen con gusto Anthony.

-Lo sé, pero de todas formas no me siento bien así.

-Tranquilízate, ya mañana veremos cómo le hacemos.

Anthony salió muy temprano rumbo al hospital y a poner un telegrama para sus primos y avisarles que ya tenía noticias de Candy, que fueran discretos y que esperaba pudieran ir con él.

Llegó al hospital y Terry estaba en la sala de espera, seguía ahí esperando que lo dejaran entrar a ver de nuevo a Susana.

-Buenos días Terry. – Lo saludó afectuosamente.

-Buenos días Anthony.

-¿Cómo sigue tu esposa? – Le dijo por si alguien escuchaba.

-La están revisando, pasó buena noche.

-Eso es bueno. – Anthony se adelantó a preguntarle a una enfermera para acelerar el proceso. – La enfermera dice que está mucho mejor que tal vez salga antes de una semana del hospital.

-Eso espero, tengo que buscar quien la cuide. – Dijo seguro ya que el mismo no podía cuidarla. Tenía que avisar al productor de la obra también para que estuviera al tanto de los hechos.

-¿No tiene familia? – Preguntó Anthony.

-Su madre vive en Nueva York, pero ella no quiere avisarle aún.

-Entiendo.

-¿Qué pensaste de lo que te dije?

-Hablé con mi madre, y también me dice que tenga paciencia, así que esperaré a que salga tu esposa del hospital, solo te aviso que mi madre y mis primos me acompañaran por Candy.

-Vaya ¿No confías en mí? – Preguntó incrédulo.

-No es eso, Candy es como una hija para mi madre, y mis primos la quieren mucho también.

-Entiendo. Además entre más seamos mejor. – Dijo Terry sin inmutarse mucho por la cantidad de gente que iría con él.

Al salir del hospital Anthony se dirigió al corporativo de los Andrew, tenía la esperanza de que Albert se presentara por ahí y así volver a enfrentarlo, se sentó en un café que tenía frente al edificio donde podía ver todos los movimientos que se registraban ahí. De pronto vio un rostro conocido, no era el que estaba buscando más sin embargo era uno que le servía bastante. Se apresuró a cruzar la calle para interceptar al peatón.

-¡George! – Gritó con entusiasmo, fijándose a ambos lugares de la calle para poder cruzar. - ¡George! – Volvió a gritar para que lo escuchara.

-¡Joven Anthony! – Lo recibió con sorpresa y gusto de verlo. - ¿Cómo ha estado joven? ¿Cómo está su mamá? ¿La tía abuela? – Preguntaba por todos como si no estuviera enterado de todo lo que había sucedido en sus incapacidades. De pronto lo notó, George no tenía ninguna pierna rota, ni un brazo, ni nada que indicara que había tenido un accidente.

-¿Ya estás mejor George? – Preguntó feliz al ver que estaba en perfectas condiciones, lo único que había notado era el crecimiento leve de una barba escasa que ya comenzaba a asomarse de su rostro.

-¿Se refiere a lo del despido? Ya estoy mejor joven, solo buscando otro trabajo, pero con mi antiguo puesto es difícil que me contraten, nadie puede pagarme lo suficiente y por eso no me consideran. – Anthony lo miró confundido.

-¿Despido? – George asintió.

-Así es joven Anthony, hace unos meses el Sr. Leagan me avisó que William ya no requería de mis servicios. – Dijo con cierto pesar.

-Vamos George, tienes que explicarme eso por favor. – Le dijo tomándolo del brazo y dirigiéndolo al café donde estaba sentado. George lo siguió con total confianza, era una de las personas que más apreciaba del Clan Andrew.

-Como le digo joven, hace unos meses Louis llegó a mi oficina diciendo que William ya no requería de mis servicios, que estaba cansado de las pérdidas que había tenido en el consorcio y me responsabilizaba a mí de esos movimientos, yo le dije que hablaría con él, ya que las pérdidas registradas eran todas en los negocios que le habían encomendado a él, sin embargo William nunca se apareció por el consorcio de nuevo y cuando quería hablar con él, simplemente no me recibía la llamada.

-Esto es muy extraño George. – Dijo Anthony muy pensativo. – A nosotros nos dieron otra versión de los hechos.

-¿Qué versión? – Preguntó George algo intrigado.

-A nosotros nos dijeron que habías tenido un accidente grave que te había imposibilitado para caminar y que no querías que te visitáramos porque si no tendrías la necesidad de volver antes a los negocios y que querías asegurarte de regresar completamente recuperado y lo antes posible. – Dijo explicándole a George y viendo la cara de sorpresa e indignación que se mostraba en su rostro.

-¡Yo no tuve ningún accidente! – Si estuvieron a punto de atropellarme hace casi un año, pero gracias a que me avisaron las personas a mi paso el automóvil que venía a exceso de velocidad e invadió la acera no lo logró. – Dijo también pensando que todo era muy extraño. - ¿Quién les avisó de mi supuesto accidente?

-Mi tío Louis. – Dijo Anthony pensando lo mismo que George, ahí había algo extraño.

-Joven Anthony, el Sr. Leagan ha hecho manejos indebidos en el consorcio, yo lo descubrí en algunos movimientos, más sin embargo a los días me llegó el despido y ya no pude seguir averiguando y la verdad me sentí profundamente herido por la forma en la que me despidieron, casi puedo asegurar que también está detrás de las recomendaciones, es por ello que no he podido conseguir trabajo.

-¿Por qué no busco a la tía abuela? – Pregunto sin comprender por qué no había recurrido a ella.

-Me avisaron que estaba en Escocia. – Dijo simplemente.

-No George, la tía abuela está en Lakewood, junto con mis primos y mi madre y yo estamos en la casa que era de mis padres. – George se sorprendió con lo dicho.

-¿Qué es lo que sucedió?- Preguntó queriendo saber más del asunto.

-El tío Louis nos dijo a mi madre y a mí que mi tío había utilizado nuestro dinero para hacer algunos negocios y que había perdido, también dijo que quería casarme con Eliza y de no ser así tendríamos que abandonar Lakewood… y aquí estamos. – Dijo con una sonrisa amarga.

-Pero eso no es posible, el dinero de su herencia nadie puede tocarlo, salvo su madre y usted al cumplir los 18 años, nadie más puede tener acceso a ese dinero. – Dijo George atando cada vez más cabos que estaban sueltos en esa maraña que había armado el señor Leagan. – Pero ¿Por qué casarse con Eliza? ¿Y la señorita Candy? – Preguntó notando la mirada de tristeza de Anthony.

Anthony le contó todo lo acontecido desde que prácticamente él había de dejado de trabajar para los Andrew y George escuchaba muy atento cada una de sus palabras, tratando de encontrar la verdad a tantas cosas que le decía. Se le hacía muy extraño todo porque él sabía que muchas de las cosas que Anthony le decía no habían sucedido realmente.

-Por lo que me comenta joven Anthony todo esto tiene solo un responsable y me atrevo a decir sin temor a equivocarme que es Louis. – Dijo ya sin mencionarlo como un señor ya que había perdido su respeto por completo.

-Tienes razón George, por lo que me has dicho he llegado a la misma conclusión. ¿Pero qué se gana con todo esto? – Preguntó inocentemente.

-Dinero joven Anthony, dinero. Louis siempre ha estado acostumbrado a gastar y tanto su esposa como él tenían problemas financieros antes de William le diera una oportunidad. Al principio hizo muy buenos negocios que ayudaron a que la economía de los Andrew prosperara, pero después yo noté que había ciertas irregularidades en los negocios que hacía, sin embargo lo escondía muy bien y yo no tenía cómo comprobarlo. Lo último que me enteré es de un negocio que había hecho con el Duque de Grandchester, uno que yo le recomendé no hiciera por lo que había acontecido con… - Se detuvo en lo que diría, no sabía si Anthony sabía acerca de lo que había sucedido con su padres.

-No te preocupes George, ya mi madre me ha contado sobre ello. – Dijo tranquilo y permitiéndole que continuara con su relato.

-Sabía que el Duque buscaba hacer negocios con los Andrew desde hace mucho tiempo, pero nunca lo habíamos permitido, Louis lo permitió y yo me di cuenta de ello, me confié en la firma de papeles y al parecer yo firme la autorización, eso valió mi despido del corporativo. El negocio salió mal y el Duque amenazó a William con llevarlo a la cárcel, ya no supe más. – Dijo con pesar.

-No comprendo porque entonces Albert quiere casar a Candy con el hijo del Duque. – Decía Anthony buscando la respuesta a ese enredo que se había formado. – A menos que haya sido la condición del Duque para no meterlo a la cárcel y así llevar a cabo la venganza que tenía jurada con los Andrew. – Dijo viendo a los ojos a George quien asentía estando de acuerdo con la conclusión que había llegado el joven Brower.

Continuará…

Bueno hermosas aquí otro más para el entretenimiento por lo menos jajajaja ya falta menos para el encuentro de los rubios!, solo no se desesperen ya que como les había comentado si me quedó bastante largo el relato, y como ven los capítulos no son muy cortos que digamos, es mi condición de rollera para describir las situaciones y aún así siento que me falta desarrollarlas un poco más, pero no me gustaría perder mucho el hilo de la historia, pero les prometo que ya faltas menos capítulos jejejeje

Espero que estén muy bien al lado de su familia y si tienes que pasar toda esta contingencia sola lo único que te puedo decir es que Dios esté contigo, si crees en él reza y encomiendate a su amor, si tienes que salir de tu casa, protégete más vale que te vean con desconfianza y desconfiar, cualquiera podemos ser portadores lo importante es no seguir porpagándolo y si puedes quédate en tu casa!

Bendiciones para todas!