La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.

Ustedes son increíbles! Muchas gracias por sus amables comentarios, definitivamente me han convencido de escribir una continuación, por cuestiones de trabajo no he podido hacerlo antes, pero nunca es tarde para hacerlo.

No voy a esperar que les guste, pero me gustaría mucho saber lo que piensan.

PD: Esta es una de esas historias tristes que siempre he querido escribir.

ADVERTENCIA: Por favor leer con precaución. Si las historias depresivas no son lo suyo entonces esto no es para usted. Lo digo muy en serio.


Te extrañaré por siempre

¿Cómo había sido capaz de dejarla atrás?

Era la pregunta que parecía haberse convertido en mi sombra. Me había enamorado de ella y sin embargo había aceptado voluntariamente perderla.

¿Cómo había sido capaz de dejarla atrás?

Sin decir adiós, sin estar por completo segura que ella estaría bien. Sabiendo que al llevarme a Henry le quitaba todo y lo único que tenía en su vida.


XXXSQXXX

Regina no me recordaba. Había pasado por algo terrible, era normal que no confiara en mí, que apenas abrir los ojos haya decidido que lo más seguro era encerrarse en el baño y quedarse allí por casi dos horas. Yo misma había tenido que llevarla, porque ella seguía sin poder caminar del todo bien, y aunque la puerta no tenía seguro, no me atreví a entrar.

—Quiero estar sola… por favor —lo repitió más de una vez.

Lo único que pude hacer fue llamar a Archie.

La ansiedad que me embargaba por no poder hacer algo que derrumbara la barrera física que me impedía ayudar a Regina se convirtió en un profundo dolor al ver la puerta abrirse y no ser yo quién ella permitiera entrar. Lo único que pude ser capaz de hacer fue sentarme en el filo de la cama y esperar.

Pensé que él hablaría con ella, que después de unos minutos Regina saldría por esa puerta y yo podría volver a verla, asegurarle que no tenía nada que temer porque yo estaba dispuesta a hacer lo imposible por ella. Pero no fue así. Archie salió, dejando a Pongo en el interior del baño y cerrando la puerta detrás de él. Su mirada intentó prepararme para lo que sus labios dirían, pero yo no estaba entendiendo las señales, mi inocencia absurda era una burbuja de fantasía que me tenía convencida que cuando el héroe rescataba a la princesa todo lo malo desaparecía, dejando como única posibilidad los finales felices en los que yo no solía creer.

—Emma… ella está muy confundida, ha pasado por mucho.

—Lo sé. Por eso te llamé.

—Sé que quieres ayudar, pero en estos momentos tú presencia y la de Henry solo logra perturbarla más.

—¿Ella te dijo eso?

—Dijo que no quería verlos… preguntó… ¿cuándo se irían?

¿Irnos?

No supe qué contestar, mi única respuesta fue el silencio, quedarme sentada mirando la alfombra bajo mis pies.

—¿Podemos hablar abajo? Así Regina podrá salir y descansar un poco.

—¿Va a salir del baño sola? Casi no puede caminar por sí misma.

—Voy a ayudarla. Al menos prometió salir a cambio de que Pongo se quedará con ella.

—¿Pongo?

—Están muy unidos.

Pongo. Seguramente era una broma cruel del destino.

Caminé hasta el salón principal, avancé hasta el estudio, no fui capaz de sentarme, mi mente se quedó suspendida en algún lugar lejano hasta que Archie por fin bajó. Era la primera vez que no me sentía bienvenida en casa de Regina.

—No voy a irme.

—Emma.

—No voy a dejarla, Archie.

—Me alegra oír eso.

—¿En serio? Porque creo que no me quieres aquí. Te llamé porque pensé que la ayudarías pero si eso significa que vas a hacerme a un lado debido a los errores que cometí…

—Voy a detenerte ahí, Emma —Archie se acomodó nerviosamente los lentes, pero no estaba nervioso, estaba enojado—. Esto no se trata de ti. Cuando te fuiste, tuve que ir allí y luchar contra todos para poder sacarla de ese hospital, donde no estaban cuidando bien de ella —aclaró su garganta y volvió a acomodarse los lentes—. Soy perfectamente capaz de hacer a un lado mis emociones y pensamientos y hacer lo correcto, si no puedes hacer lo mismo puedes tomar a Henry y volver por donde viniste.

—Acabas de mandarme al diablo educadamente ¿no es así?

—Sí, creo que lo hice.

El enojo se disipó entre nosotros, convirtiéndose en desasosiego.

—Gracias por cuidar de ella, Archie —suspiré, sintiéndome un poco cansada.

—No tienes que agradecerme en su nombre.

—Al menos… ¿puedes decirme lo que puedo hacer para ayudarla?

—Tiene que ver a un médico. Nadie aquí es de fiar, y necesitamos algo que me ayude a mantener mis recuerdos para poder llevarla fuera de la ciudad.

—Puedo llevarla.

—Ella no va a ir contigo, ni con Henry. Necesitas respetarla y entender, que si antes su estabilidad emocional era frágil, ahora está por completo rota.


XXXSQXXX

¿Estaba dispuesta a pagar el precio?

Sí.

Esta vez iba a hacer lo correcto, incluso si eso significaba deberle un favor a Gold, porque al ver la forma esquiva en que Regina continuaba conmigo, ni siquiera mirándome, me hizo comprender que Archie tenía razón.

—Puedo quitar el brazalete de tu muñeca —Pongo ladró, respondiendo por ella—. No te haré daño.

Regina no estaba muy segura de permitir que me acerque a ella, pero estiró su mano nerviosamente y me dejó usar la varita mágica que Gold me había prestado. Quise aprovechar la oportunidad y sanar un par de moretones, aprender a hacerlo en el Bosque Encantado me había resultado útil, pero poder usar mi magia para ayudarla a ella hacía que todo el esfuerzo que había puesto en aprender valiera la pena.

Fuimos a la ciudad próxima, e ingresamos a una clínica privada que había buscado previamente en internet. Tuvimos que decir que Regina había estado internada en un centro psiquiátrico, donde no la habían atendido nada bien, tras un colapso nervioso debido a la muerte de su madre y por haber sido secuestrada. Fue difícil de explicar, hicimos todo lo posible por no entrar en demasiados detalles, y una vez más Archie fue mucho más necesario que yo, en especial porque el médico que la atendió consideró necesario una evaluación psicológica, lo que derivó en muchas más verdades encubiertas.

Por un momento creí que no nos dejarían llevarnos a Regina. Dejarla una noche para observación se convirtió en tres noches y un montón de pruebas médicas, con Henry llamando cada hora por completo histérico y dispuesto a salir a buscarnos si no volvíamos pronto.

—Yo también quiero llevarla a casa, Henry. Lo haré cuando los médicos digan que podemos hacerlo, es importante que cuidemos bien de ella.

—Pero está bien ¿cierto?

—La veo mucho mejor. Pórtate bien, Henry.

—Dile a mamá que la amo.

Ella no quería escucharme. Todo el tiempo que estuve en su habitación, junto a su cama, ella se esforzó por ignorarme, llegando incluso a cerrar los ojos para no tener que verme.

—Era Henry —seguí intentando hablar con ella—. Muere por verte…

—¿Archie? —preguntarme por él era la forma más sutil de interrumpirme.

—Fue al hotel a cambiarse y darse un baño. No debe tardar. Conseguimos un lugar a unas cuadras de aquí. ¿Necesitas algo?

—No.

—Luces mucho mejor. ¿Quieres escuchar lo que los médicos dijeron? Puedo contarte lo que entendí.

Mi lado amistoso nunca había funcionado con ella, pero no sabía cómo comportarme para lograr ganarme su confianza.

—Él va a… —la observé esforzarse por recordar las palabras. El médico nos había explicado exactamente lo que eso significaba, pero todo en lo que podía hacer mientras lo escuchaba era sentirme culpable.

—Sé que él va a contártelo, pero ya sabes lo mucho que enredan las palabras los médicos, Archie no se aleja de ello —dije con una falsa sonrisa.

Ella cerró los ojos, seguramente deseando hacerme desaparecer, pero eso no iba a impedirme seguir intentando.

—Tu corazón está bien, eso es importante —empecé por la mejor parte—. Haremos un montón de ejercicio y seguramente podrás correr maratones. Sé que puede haber unos cuantos dolores de cabeza, pero hay un montón de tratamientos que podemos probar. Vas a estar muy bien. Podrás usar esos tacones que tanto te gustan, más pronto de lo que imaginas.

Ese era el tipo de conversaciones que teníamos ahora: yo hablaba y ella fingía no escucharme, o fingía que yo no existía en absoluto. Con Archie era por completo diferente, incluso sonreía y dejaba que él tomara su mano, especialmente durante algunos procedimientos que la ponían extremadamente nerviosa. Eso solo me hacía sentir peor.

XXXSQXXX


REGINA

El tiempo se había vuelto importante, y la única razón era que no podía dejar de contar los días, aunque al final las cuentas nunca resultaban correctas. Primero sería un viaje de ida y vuelta, luego los médicos dijeron que debía quedarme en el hospital tres días, pero íbamos a tener que quedarnos mucho más que eso. Archie dijo que era bueno para mí: podría recuperarme.

Ella siempre estaba opinando sobre mí. No tenía ningún derecho. No éramos amigas, ni familia, nada que le otorgara derechos especiales para tomar decisiones en mi nombre.

—Hay algo que te está molestando —dijo Archie. Emma había ido a la farmacia a comprar medicinas.

—Sí —era mucho más fácil hablar con frases cortas.

—¿Quieres hablar de eso?

—Ella molesta, y no puedo… es igual que antes… mi cabeza es rara.

—Tuvimos un pequeño retroceso, pero por eso vamos a quedarnos. Hay especialistas aquí, muy buenos, que pueden ayudarte.

—No sé si me gusta quedarme —me hundí apesadumbrada entre las suaves almohadas.

—Va a ser bueno para ti.

—¿Te quedarás?

No. Él tenía su propia vida, un trabajo, amigos, gente que lo extrañaba. Y cuando se cumplieron diez días de estar en el hospital, él me acompañó hasta la pequeña casa que sería mi nuevo hogar… Partió a la mañana siguiente.

Lloré todo ese día, no podía dejar de hacerlo. Sentía tantas cosas, tanto miedo… me sentía tan triste. Sabía que yo no era importante para él, pero él lo era para mí.

—Debí habérselo dicho.

Al menos ellos, Emma y Henry, no me obligaron a comer ni a salir de mi habitación.

—Regina —ella tocó mi hombro, asustándome.

—No... No. Me toques —necesitaba que lo entendiera.

—Lo siento. No volveré a hacerlo.

Acercó algo en qué sentarse cerca de mi cama, y pude ver que había traído el desayuno.

—Tienes que comer, tienes que levantarte y tenemos que salir al jardín a tomar sol.

—Es un patio.

—Es cierto. Es un patio, pero hay césped y unas sillas muy cómodas donde nos sentaremos por lo menos una hora ¿ok?

Mi única respuesta fue seguir llorando, era como si eso fuese lo único que pudiera hacer por mí misma.

—Todo va a estar bien. Puedes hablar conmigo… dime lo que necesitas y lo haré. Haré cualquier cosa, lo prometo.

Ella dijo que la pequeña casa que había alquilado sería nuestro lugar temporal, que cuando yo estuviera bien podría decir dónde viviríamos. Aprendí que le gustaba hablar de nosotros como una unidad, pero a mí no me gustaba. Solo los escuchaba, sin intervenir o hablar con ellos. A veces pensaba que eso iba a recordarles que no debían estar conmigo, y se irían; pero se quedaban incluso cuando Archie nos visitaba. Tampoco me gustaba mirarlos, en especial a Henry, traía tantos recuerdos malos a mi mente.

Por lo general, tenía pesadillas todas las noches, me levantaba y encendía la lámpara de mi mesita de noche, mirando cada objeto a mí alrededor para convencerme que ya no estaba encerrada en aquél hospital; pero la noche después de la primera visita de Archie nada fue suficiente para calmarme sola. No sé qué pasó exactamente, pero cuando el sol salió yo seguía despierta y ella estaba abrazándome, cantando canciones raras que no conocía y sosteniendo mis manos contra su pecho. Ese día consiguió un cazador de malos sueños para mí, haría que las pesadillas se fueran.

Esa noche no tuve malos sueños.

—El abuelo una vez encendió una vela para mí, dijo que ayudaba con las pesadillas —Henry dejó a un lado el libro que había estado leyéndome—. Tú solías besar mi frente… me dejabas dormir contigo… y me contabas historias felices para que siempre soñara cosas buenas.

No podía recordar la última vez que había soñado con cosas buenas. Mi vida entera estaba plagada de pesadillas y todas ellas eran ciertas. Justo antes de dormir le pregunté a Emma si podía comprar más cazadores de sueños… al día siguiente había uno en cada rincón de mi habitación.


XXXSQXXX

Muchos días después, los suficientes para ser muchas semanas, los médicos dijeron que podía continuar la terapia en casa, y era tiempo de volver, que eso iba a ayudarme a recordar las cosas que aún seguían ocultas en mi memoria. Así que volvimos.

No hubo ningún tipo de recibimiento, ¿quién querría hacerlo? Él único que estuvo allí fue Archie, y Pongo. Fue en ese preciso instante que pensé que quizá era momento de crear buenas experiencias en mi vida, intentarlo una vez más; y esta vez podía hacerlo sin mentiras de por miedo. La felicidad de Archie me resultó casi contagiosa, él no podía creer lo mucho que yo había progresado en tan poco tiempo: habían pasado solo dos meses, aunque para mí se hubiese sentido como una eternidad.

—La gente está más calmada, todos parecen estar llevando una vida tranquila. Ruby y su abuela no han dejado de preguntar por ti. Creo que el tiempo que ha pasado ha servido para que todos aprecien lo bueno que es estar en este mundo.

—Eso no los hará odiarme menos.

—Pero no los hará odiarte más —los dos reímos, y se sintió muy bien poder hacerlo—. La próxima vez que decidas salir de casa Pongo y yo iremos contigo. Todo va a salir muy bien.

—Es extraño.

—Emma y Henry se quedarán aquí contigo.

—No quiero que lo hagan

—Lo sé. Pero es bueno para ti estar acompañada, no tiene que ser permanente, pero por ahora es lo mejor. Estar de regreso es un gran cambio, y quiero que se sepas que si necesitas hablar de lo que sucedió puedes contar conmigo para escucharte. Pongo puede acompañarte aquí hasta mientras, ese era el trato ¿recuerdas?

Se había vuelto una costumbre para Archie tratarme como una niña, y Pongo era un cómplice predispuesto; era una repetición constante. Después que él se fue, salí un momento al patio trasero, necesitaba pensar, quería estar a solas pero mis deseos nunca han sido escuchados. Estaba mirando mi árbol de manzanas, tocando el lugar donde había sido cruelmente mutilado, cuando Emma volvió a aparecer.

—Lamento eso, no debí haber cortado tu árbol.

—Ahora se parece más a mí. Los dos perdimos algo que no podremos recuperar.

—Puede sanar.

—No puede.

—Vas a recordar y…

—Yo te recuerdo. No todo, pero sé que llegaste aquí y te llevaste a Henry.

—¿Me recordabas todo este tiempo?

—Un poco. Cortaste mi árbol. Pinchaste mi cuello y me lanzaste contra una vitrina.

—No pinché tu cuello, y hay muchos más recuerdos entre nosotras que la pelea en la tienda de Gold. He estado allí para ti…

—Hiciste lo correcto, tú mismas lo dijiste… es lo que hacen las buenas personas.

—Lo hice porque quería hacerlo… porque estoy enamorada de ti.

¿Había escuchado mal?

No. Ella había dicho exactamente las palabras que yo había escuchado, ahuyentando mi calma y restaurando la opresión en mi pecho que cortaba mi respiración.

—Siempre haces eso —mi voz se quebró sin que pudiera evitarlo—, siempre intentas meterte en mi cabeza, pero tú no sabes lo que yo pienso —puse la palma de mi mano en mi frente como si eso pudiera calmar el dolor inminente—. No te quiero aquí. Toma a tu hijo y vuelve a irte. Sal de mi vida de una vez por todas.

Ella no lo hizo. Se adueñó de cada rincón de mi casa, e incluso se atrevió a recordarme que debía tomar sol y no permanecer tanto tiempo en cama. Entonces llegó el día que había estado esperando desde que volví a verla; no sé cómo lo hizo pero rompió la manija de la puerta de mi habitación y del baño.

—¡Estoy aquí! ¡No voy a irme! Puedes dejar de hablarme por el resto de tu vida pero vas comer, hacer tus terapias, y volver a ser feliz —me gritó, me quitó las cobijas y las cortinas de mi habitación.

Eso me hizo salir de casa.

Una vez más, Pongo y yo decidimos huir. Solo quería alejarme de ella, ni siquiera pensé lo que estaba haciendo, simplemente seguí caminando hasta llegar a la puerta del departamento de Archie.

—¡Por Dios, Regina! —Dijo apenas abrió la puerta—. Emma acaba de llamarme.

Mi respiración estaba fuera de control, mis manos temblaban, era como si mi cabeza y mi pecho fueran a estallar.

—Ella va a lastimarme… va a hacerlo… es como ellos…

Archie no permitió que ella me llevara, ni siquiera la dejó entrar. Pongo se subió conmigo a la cama, y nos quedamos dormidos al igual que antes: cuando Archie había sido el único que se preocupaba por mí.


XXXSQXXX

Al mirar mi reflejo en el espejo comprendí que había dejado de ser quién era. Me encontraba perdida en mi propio interior, y no quería estarlo, nunca lo quise; pero había tantas piezas de mi corazón rotas, pedazos enteros me habían sido arrancados, y no sabía qué hacer con lo poco que quedaba de él. No sabía cómo ser yo otra vez.

Archie me tomó de la mano y caminó conmigo, salimos de casa y dimos un paso a la vez. Nada se sentía suficiente: una taza de chocolate caliente en medio de un restaurante repleto de personas que solo tenían odio en sus ojos para mí, un paseo por un parque que se quedó vacío en cuanto puse un pie en él. Y mientras estábamos sentados en una banca frente al lago hice mi último intento por ser esa mujer que alguna vez quise ser… y lo besé.

Fue un beso tan simple y torpe; demasiado ansiosa por sentir que algo al fin podía resultar bien.

—Regina… —sus manos me apartaron suavemente y sus ojos me dijeron todo lo que yo no quería oír.

—No me quieres —no tenía que ser una sorpresa, era mi realidad constante, y sin embargo dolía más de lo que debería doler.

—Somos amigos.

—Entonces… ¿por qué… por qué eres así conmigo?

—Porque eres una buena persona, y mereces ser amada, en todas las formas posibles. Te quiero, Regina, simplemente no en esa forma… y sé que tú tampoco te sientes así por mí.

Tuve que volver a casa sin Pongo, sabía que era lo correcto… Emma y Henry estaban esperándome allí.

XXXSQXXX


EMMA

Ver a Regina regresar fue como volver a respirar, pero el aire no era el mismo y mi cuerpo parecía no recordar cómo hacer algo tan básico. Entre todas las cosas que no había planeado en mi vida, escuchar a la persona que amas llorar por que sus sentimientos nunca podrán ser correspondidos, pudo haber sido lo que más desestabilizó el suelo bajo mis pies.

—¿Lo besaste? —¿cuántas veces más iba a preguntarlo para poder entender la respuesta? Ella había besado a alguien que no era yo.

Arrimó la frente al vidrio de la ventana, cerró los ojos y suspiró profundo.

—Lo estoy intentando… y no funciona.

—Vamos a hacerlo funcionar, a intentarlo de mil maneras si es necesario.

—No puedo seguir haciendo esto.

No era conmigo con quién hablaba. Yo estaba escuchando, y aunque estábamos en la misma habitación, me encontraba por completo fuera de su mundo.

—No voy a rendirme, Regina. Voy a estar contigo aunque sea simplemente viéndote ser feliz con alguien más… pero no voy a rendirme esta vez.

Giró hacia mí, y sus ojos tenían tantas lágrimas como las que resbalaban por mis mejillas. Se acercó lo suficiente, su mano acarició mi rostro como si intentara reconocerme, y una sonrisa triste casi le devolvió la pequeña luz que solía haber en ella.

—Siempre voy a preguntarme lo que pudo haber sido… —dijo en un susurro solo para mí—. No sé si haberte dicho que te amaba hubiese cambiado algo entre nosotras… pero creo que amarte cambió algo en mí.

—Yo… te amo… y voy a arrepentirme toda la vida por no habértelo dicho antes, pero te amo y…

—Simplemente es demasiado tarde… siempre voy a amarte, Emma Swan.

—Regina.

—Ama de nuevo… sin miedo… solo hazlo.

—Podemos hacerlo. No tenemos que preguntarnos lo que pudo haber sido porque podemos ser eso y mucho más.

Una lágrima resbaló por su mejilla, pero no pude ver el resto de su recorrido porque en cuanto sus labios rozaron los míos, cerré mis ojos y creí en la posibilidad de un nosotros.

Se acostó en la cama y me acosté a su lado; ella mirando hacia la lejanía entre las cortinas blancas moviéndose por el viento, y yo mirándola a ella. Nos quedamos dormidas en silencio, con nuestras manos entrelazadas, o al menos las mías aferradas a las de ella; colgada en la esperanza de recuperar aquello que nunca había tenido.

XXXSQXXX


REGINA

Me levanté de la cama dejando a Emma en ella, con la simple intención de cerrar la ventana, al menos eso fue lo que intenté decirme a mí misma, pero no pude hacerlo. Me quedé mirando el pequeño mundo que había creado esperando conseguir una última oportunidad de ser feliz. He aprendido a las malas que no se puede ser feliz sobre las cenizas de las vidas que has destruido con tus propias manos, que el hogar que creí poder construir para un niño que siempre estuvo destinado a no ser mío era una ilusión maltrecha de los sueños que nunca podré hacer realidad.

Caminé descalza por los pisos impolutos de una casa que no volvería a ver y salí de allí sin mirar a Emma por última vez, porque todo lo que quería llevarme de ella era ese primer y último beso. Simplemente no pude detenerme de huir una vez más.

En mi corazón sabía que nunca sería un recuerdo memorable… una persona a la cual extrañar por siempre. Eso fuiste tú para mí, Daniel.

Busqué entre las cosas que había traído de mi mundo el vestido sencillo, con el que inocentemente creí que lograría emprender una nueva vida junto al hombre que amaba, y me lo puse; esta vez nadie iba a detenerme de ir con él.

Seguí mi camino en el silencio de aquella última madrugada, despreocupada por la desnudez de mis pies, hasta llegar a los establos. Me dejé caer de rodillas en el mismo lugar donde había visto a Daniel por última vez… creo que mi rostro estaba lleno de lágrimas, y aunque un tanto borroso, pude ver el reflejo de Daniel frente a mí, fue todo lo que necesité para tomar mi corazón… apretarlo hasta convertirlo polvo entre mis dedos… Y todo lo que dolía dejó de doler.