LA VISITA
-Yuzu, ¿Qué pasó?-Preguntó Mei cuando entraron a casa.
-Nada- contestó en voz baja.
-¿En serio?
-Sí. Voy a bañarme o me enfermaré.
Mei la observó con preocupación. El comportamiento de Yuzu resultaba un tanto extraño; ese beso tan repentino, sumado al hecho de que desviaba la mirada, como si ocultara algo, la hacía preguntarse si algo le había sucedido esa tarde.
En la ducha, Yuzu no podía apartar sus pensamientos de lo que había sucedido recientemente. Los labios de Harumin aún la quemaban, e inconscientemente dejó escapar un gemido. Esos deseos reprimidos la estaban torturando, y al salir del baño, decidió intentar algo más con Mei; estaba segura de que si intimaba con ella esos pensamientos con Harumin desparecerían en un instante.
Ya en la cama, Yuzu suspiraba, nerviosa. Esperaba a Mei, que se estaba duchando. "Tengo que hacerla mía, o me calcinaré". Pensaba mientras se revolvía de un lado a otro. Cuando Mei se acostó a su lado, el exquisito aroma que desprendía su cuerpo saturó todos sus sentidos. .
-Yuzu. – Dijo Mei de pronto.
La aludida dio un respingo, sobresaltada. Mei tenía el talento de hablarle como si estuviera leyendo sus pensamientos.
-¿Sí?
-¿Ocurrió algo esta tarde? Estás un poco rara. Lo que sea, puedes decírmelo.
El rostro de Harumin acudió instantáneamente a la mente de Yuzu, provocando cierta ansiedad en su tono de voz.
-La verdad-dijo, acercándose a ella y ciñendo su cintura-hay algo en lo que no podido dejar de pensar.
Tener tan cerca a Yuzu incomodaba mucho a Mei. Intentó apartarla, pero ella la retuvo con fuerza.
-¿Por qué me evitas, Mei? Eres mi novia y es natural que quiera abrazarte, besarte y…. expresarte con actos cuanto te quiero.
-Dime algo, Yuzu-La voz de Mei congeló la atmósfera- ¿Para ti qué significa amar?
-¿Por qué me preguntas eso. ¿No es obvio? Mi vida entera gira en torno a tu presencia. Eres mi aire, eres quien llena mi corazón con tus palabras, tus gestos, tus miradas. Y todos esos sentimientos que despiertas en mí, me elevan hasta el punto de no querer separarme de ti ni un solo instante. TE AMO. Ya te respondí. Y tú ¿Me amas?
Yuzu esperó la respuesta de Mei con ansiosas expectativas. Quería escuchar las anheladas palabras para sentirse amada y deseada por Mei. Si ella las decía, podría morir en paz.
Mei guardó silencio un horrible minuto. "Mejor no le hubiera preguntado eso-pensó Yuzu. De todos modos, siempre soy quien expresa mis sentimientos y ya debería estar acostumbrada a la sequedad de Mei"
-Yuzu-respondiò al fin- no me gusta pensar que me ves como un pedazo de carne al que quieres devorar sin más ni más. Si me amas como dices hacerlo ¿no crees que deberías esperar a que yo quiera dar un paso más contigo? No me gusta que me presiones.
Esas palabras le dolieron a Yuzu más de lo que le hubiera querido admitir. ¿Era, entonces, una pervertida que sólo quería tener sexo? Sin embargo, sonrió como siempre y acarició la mejilla de Mei.
-Perdóname si te hice sentir mal. No quiero provocar un alejamiento entre nosotras. Trataré de ser menos impulsiva.
La besó con dulzura.
-Vamos a dormir.
Yuzu soltó a Mei, dándole la espalda. Esta se acomodó en su lugar, pensando en las particularidades de su relación con Yuzu. Y, sin saberlo aún, en el corazón de esta última se abrió una pequeñísima grieta.
Al día siguiente, Mei salió antes que Yuzu. La tarde anterior, su abuelo la había llamado, encomendándole la debida atención de un visitante que iría ese día a la escuela. Se trataba de la hija mayor de un socio que hacía tres años vivía en el extranjero. Yuzu, soñolienta, se preguntaba cómo debía encarar a Harumin. Los eventos del día anterior aún la perturbaban, pero, en pro de su noviazgo, decidió ponerle final a la situación y dejarle claro Harumin que aquello no volvería suceder.
Camino a la escuela, Yuzu reflexionaba sobre el sendero recorrido desde que conoció a Mei. Y se dio cuenta que habían sido más laslágrimas que las alegríasvividas a su lado; siempre corriendo, tratando dealcanzarla, intentando conocer sus sentimientos, pero sin llegar anada concreto. El corazón de Mei, para Yuzu, era como el océano: insondable y desconocido. Y estaba Harumin… ella siempre fue incondicional. Gracias a ella, pudo sonreír muchas veces; aún en los momentos en que Mei era tan terriblemente indiferente, la presencia de su amiga pudo mitigar las tristezas que le ocasionaban los cambios de humor de su hermanastra.
Al llegar a la escuela, encontró Harumin esperándola en la entrada. Sin saber qué hacer, sólo atinó a murmurar un entrecortado "buenos días" tratando de pasar de largo. Harumin la tomó del brazo enérgicamente
-Ven acá, no escapes. Vamos hablar.
-Vamos a retrasarnos en la primera hora. Mejor hablamos más tarde.
Harumin sujetó la mano de Yuzu, y la arrastró al jardín trasero de la escuela.
-¡Harumin, Mei podría vernos!
-Sólo quiero pedirte algo. Ayer me quedó claro que no tengo oportunidad alguna contigo. Pero no quiero dejar de ser tu amiga. Me contento con verte sonreír y que seas feliz al lado de Mei. ¿De eso se trata el amor, no? De ver feliz a la persona que amas.
Yuzu observó el rostro serio de Harumin; de sus ojos temblorosos estaba a punto de brotar una lágrima. Impulsivamente, la abrazó, acariciando su cabello castaño.
-Jamás se me pasó por la cabeza alejarme de ti. Estaba confundida y no sabía cómo dirigirme a ti. Te quiero demasiado como para darme el costoso lujo de perderte; deseo seguir haciendo locuras a tu lado.
-Gracias, Yuzu.- Y recorrió con sus manos las mejillas amadas, esta vez sin esa fiebre que la poseía cada vez que estaba cerca de ella.
Ambas se dirigieron al salón de clase. En los pasillos se notaba cierto revuelo, pero no sabían a que atribuirlo. Himeko pasó al lado de Harumin con celeridad. Esta la sujeto por una de sus coletas, preguntándole:
--¿Por qué esta agitación? ¿Acaso tembló la escuela?
Himeko se liberó de lo consideraba una zarpa, y respondió con acritud:
-Nos está visitando la hija del socio principal del señor Aihara.
-¿Te refieres al padre de Mei?-Intervino Yuzu.
-No, tonta. Hablo de su abuelo.
En ese momento, una nube de estudiantes que venía del fondo se aproximó. Allí estaba Mei y a su lado¡Qué demonios! estaba la chica más adorable que jamás se había visto. Su belleza despedía luz propia; iba elegantemente vestida con un traje blanco y su cabello castaño claro contrastaba exquisitamente con su piel delicadamente blanca. Cuando llegaron frente a Yuzu, Mei se detuvo.
-Yuzu,ella es la señorita Misaki Okazaki. Y-añadiò dirigiéndose a la invitada- ella hace parte de mi familia. Ella es Yuzu Aihara, mi hermana.
La chica miró detenidamente a Yuzu, clavando sus preciosos ojos azules en los desconcertados
de la rubia.
-Mucho gusto. Así que formas parte de la nueva familia de Mei.
A Yuzu le molestó el menosprecio que la tal Misaki desprendía al mirarla.
-Yuzu, estaré ocupada, así que no me esperes.-Dijo Mei.
-¿Eh? ¿Otra vez?
-Por favor, comprende que tengo deberes que cumplir. Ella viene a evaluar las instalaciones de nuestra escuela y como directora encargada debo estar con ella. Ahora, si me disculpas, tengo que proseguir el recorrido.
Mei siguió pero la irritante invitada se detuvo por unos instantes y susurró al oído de Yuzu:
-Tienes una hermana encantadora. Noté que te derrites por ella. Yo la conozco dese hace mucho tiempo y siempre me ha gustado; creo que aprovecharé este viaje para comérmela entera.- Y al decir esto, pasó lascivamente la lengua por sus labios.
Yuzu, sin poder contenerse, le espetó:
-¡Eres una zorra hija de p…
Afortunadamente, Harumin alcanzó a taparle la boca a Yuzu antes de que ésta pronunciara la fatal palabra.
Lasotras estudiantes chismeaban asombradas, y Mei, masacrando a Yuzu con la mirada, ledijo la señorita Misaki:
-Te pido disculpas por la grosería de mi hermana. No sé por qué te dijo eso, pero te ruego que no le prestes atención. Himeko, ven con nosotras.
Misaki sonrió, y tomando del brazo a Mei, se alejó no sin antes lanzar una lujuriosa mirada a la figura de su anfitriona, que pasó desapercibida para ella pero no para Yuzu.
-¡Lo hizo a propósito la muy perra!-Explotó Yuzu.- La voy a…
-Cálmate Yuzu.
-¿¡Pero no viste como miró a Me!? ¡Lo hizo para provocarme!
-No te preocupes. Mei es muy centrada y en caso de que esa ojou esté hablando en serio, no creo que pase nada. Vamos al salón.
Y con esto, ambas se dirigieron al aula. Yuzu no podía dejar de pensar en las feromonas que desprendía esa tipa y, muerta de celos, recordó la indecente mirada que la "zorra esa" lanzó sobre su Mei.
