TRAICION

El resto del día se le hizo eterno a Yuzu. Por la noche, esperó impaciente la llegada de Mei a casa; cuando al fin apareció, tuvo que disimular muchísimo la curiosidad que la acuciaba con respecto a la chica que visitó la escuela esa tarde. Sin embargo, Mei no pronunciaba palabra alguna y Yuzu tenía el presentimiento de que era por la escena que había protagonizado en frente de la tal Misaki.

Ya acostadas, Yuzu intentó romper el hielo.

-Oye Mei, siento lo de esta mañana. Te juro que la tipa esa me provocó sin que te dieras cuenta. Me dijo…

-No importa lo que te haya dicho-interrumpió Mei , cortante-El caso es que me hiciste quedar mal frente a ella. Si hubiese estado presente mi abuelo o algún pariente de Misaki, me habrías avergonzado terriblemente. Para la próxima, trata de controlar tus impulsos.

-Pero…

-Quiero dormir. Buenas noches.

Yuzu quedó boquiabierta. Algo molesta, iba a dormir en el extremo más alejado de la cama pero, recapacitando, decidió arreglar el impase enseguida. No iba permitir que alguien a quien ni siquiera conocía provocara una pelea con Mei. La abrazó suavemente, susurrando a su oído:

-Perdóname. Por favor, no te enojes conmigo. Te amo.

Mei acarició su mano.

-No te preocupes. Disculpa si exageré las cosas.

Sonriendo, le dio un beso repentino antes de que Mei pudiera apartarla. Para sorpresa de Yuzu, Mei correspondió cálidamente al contacto que le ofrecían. Viendo la disposición de Mei, Yuzu se animó a profundizar el beso. Lentamente, le abrió los labios con su lengua, explorando de manera cada vez más intensa su embriagante interior. En un momento dado, se colocó encima, poniendo su rodilla entre las piernas de Mei, mientras le besaba el cuello y lamia su oreja. Excitada a más no poder, Mei dejó escapar un débil quejido, su cuerpo temblaba como si un fuerte viento la estuviese sacudiendo. Sintió como se humedecía su coño y estuvo punto de gritar cuando Yuzu empezó frotarlo con su rodilla. Esta sintió la humedad a través del short de su hermana.

-Mei, estas muy mojada.-murmuró. Después, empezó a deslizar lentamente su mano, bajando por su abdomen; pero cuando estaba punto de tocar el sexo de Mei, ésta la empujó tan violentamente que Yuzu salió despedida de la cama, golpeándose fuertemente al cabeza con la mesita de noche. Por un momento, Yuzu perdió la visión debido a la forma como cayó. Al lado de la sien, la sangre brotaba. La algarabía hizo acudir a la madre de Yuzu, quien al verla sangrando, gritó alarmada:

-¿Qué pasó? ¿Por qué estas sangrando así?

Yuzu, rápidamente, le dijo que se había caído de la cama mientras dormía. La señora Aihara limpió la herida y le colocó una venda, aunque se hacía visible una dolorosa hinchazón. En todo ese tiempo Mei no había pronunciado ni jota. Cuando quedaron solas, Yuzu, dolida, no tanto por la herida como por su corazón le preguntó tristemente:

-¿Por qué hiciste eso?

El arrepentimiento eravisible en el rostro de Mei. No había querido hacerle eso; ni ella misma entendíapor qué la había rechazado de ese modo ten drástico.Sóloatinócontestar:

-En verdad lo siento. Creo que no me siento preparada y me pusiste entre la espada y la pared. No me fue posible reaccionar de otro modo.

-Entiendo. No volveré a tocarte a no ser que me lo pidas. Sí….la culpa fue mía. Nunca he sabido comprenderte.

Yuzu se acostó, dándole la espalda. La grieta ya dejaba filtrar extraños sentimientos en ella.

Yuzu no se sentía bien a la mañana siguiente. La cabeza le dolía y tenía algo de fiebre, por lo que decidió no asistir a clase. Mei, como de costumbre, se fue muy temprano, no sin antes cambiarle la venda al corte de Yuzu.

"Hoy estará nuevamente con esa Misaki – pensaba Yuzu- Y no estaré ahí para decirle lo que se merece".

A media mañana, Harumin la telefoneó.

-Yuzuchi querida-dijo con preocupación-¿Por qué no viniste hoy? Me haces mucha falta.

Esa voz la reconfortó tanto que se sintió como su malestar cedía un poco.

-Me siento un poco mal, pero gracias a ti ya estoy mejor.-

-¿Estás enferma? Ya voy para allá.

- No es necesario que te saltes las clases para verme. Te prometo que iré por la tarde. Es solo un dolor de cabeza lo que me molesta y la fiebre ya se ha ido, así que no te preocupes.

-Vale. Te espero entonces.

La verdadera razón por la que Yuzu quería ir a la escuela era calmar la inquietud que sentía por culpa de la "zorra". Así que, para calmar su ánimo, salió a las dos de la tarde rumbo al instituto. Mientras caminaba, una sombra se cernía sobre su frente. No podía olvidar el suceso de la noche anterior y sentía ganas de llorar cada vez que pensaba en ello. ¿Acaso el amor que sentía Mei hacia ella no era tan fuerte como creía? Se arrepintió de no haber aceptado la proposición de Harumin. ¡Se sentían tan bien sus caricias!

Mientras estos pensamientos atormentaban a Yuzu, en la Dirección de la escuela Mei y Misaki conversaban acerca de temas relacionados con la disciplina académica y, naturalmente, salió a relucir el atuendo llamativo de Yuzu.

-Eso no es problema- decía Mei-El abuelo ya lo sabe todo e hizo una excepción con ella.

Misaki miró suspicazmente a Mei, preguntándole con cierta curiosidad enigmática:

-¿Estás saliendo con ella, verdad?

Mei se sobresaltó ante tal pregunta.

-¿Qué cosas se te ocurren? Esto no viene al caso.

Misaki se levantó de su silla y se acercó más a Mei. Clavó sus seductores ojos azules en los de Mei, quien se inquietó ante la intensidad de la mirada.

-No lo niegues-prosiguió Misaki-Ayer se miraron de un modo que sólo la parejas acostumbran hacer. Y dime ¿Ya hicieron el amor?

Mei escupió el té que estaba bebiendo ante la inaudita pregunta.

-¿No te parece que te estas sobrepasando con tus preguntas?

-Ya veo que no.-Añadió Misaki audazmente.

Mei estaba sentada en un diván, hecho que aprovechó Misaki para acorralar a Mei. Se tumbó encima de ella y, sin previo aviso, comenzó a besarla salvajemente. Cogida fuera de base, Mei no pudo evitar tal contacto e intentó con todas sus fuerzas desligarse de los brazos de su atrevida visitante, pero esta era rápida. Succionaba los labios de Mei con tal exquisitez que ésta, aunque no deseara hacerlo empezó a disfrutar de esos endemoniados chupetones que Misaki adhería a su piel de forma tan experta. En medio del delirio, recordó el modo en que había a rechazado a Yuzu las noche anterior e hizo un último intento por evadir la garras de su aprehensora. No obstante, Misaki no se lo permitió. Empezó a besarle el cuello. El cuerpo de Mei se arqueó, tratando de contener los gemidos que pugnaban por salir de su boca, sin conseguirlo. Sintió el fluido de la excitación gotear a través de su ropa interior. Misaki deshizo el nudo de su corbata, quitándole el saco; introdujo sus manos bajo el sujetador, acariciando y chupando a través de la camisa los pezones erectos de Mei, quien sintió que iba a enloquecer. Misaki se quitó su propia blusa dejando al descubierto sus grandes tetas, con las cuales empezó a frotar las de Mei.

-Para por favor,-suplicó Mei débilmente

- ¿Por qué me pides algo que tu cuerpo no desea?- dijo Misaki recogiendo con sus dedos los jugos de Mei mientras los chupaba con deleite- Estas muuuuy moajda.Vamos a limpiarlo.

Empezó a chupar el coño de Mei por encima de las bragas, Lo que la hizo revolverse con agonía bajo la boca de Misaki, quien abrió los labios de su palpitante coño e introdujo su lengua, haciendo que los gemidos de Mei surgieran incontrolables. Apretó las piernas en torno a la cabeza de Misaki.

--Esto es demasiado… ya no lo resisto. Sigue por favor.-Misaki se colocó encima de ella nuevamente e introdujo sus dedos en ese coño maravilloso -Mei dejó de luchar.

Mientras, Yuzu ya había llegado a la escuela. Harumin, se alarmó al verle la cabeza vendada, y quiso llevarla a la enfermería inmediatamente.

-Iré, pero déjame saludar a Mei.

-Está bien. Te acompaño.

Ambas se dirigieron a la Dirección. Yuzu, pensando que tal vez Mei estaría ocupada y, no queriendo interrumpirla, permaneció indecisa ante la puerta. Harumin sugirió:

-Vamos entrabarla sólo un poco. Así veremos si está sola y entonces podrás entrar.

Dicho y hecho. Abrió cuidadosamente la puerta y echó un vistazo en su interior. Harumin quedó petrificada.

-¿Qué pasa? Déjame ver.

Pálida e intentando reponerse, Harumin trató de alejar a Yuzu, diciéndole que la oficina estaba vacía, pero no se dejó convencer. Asustada por la extraña expresión de Taniguchi, asomó su cabeza como si allí hubiera un tigre dispuesto a saltar sobre ella y matarla.

Al principio, pensó que sus ojos le estaban gastando una cruel broma; después, verificó, por el punzante dolor que atenazó su pecho, que no era un espejismo. Allí, en el diván de la oficina, estaba ¿su Mei?,desnuda y jadeando, en pleno orgasmo, aferrada a la espalda de Misaki, quien levantó la cabeza la sentirse observada.

Sus ojos se encontraron con los de Yuzu. La vidriosa mirada de Yuzuse cruzó con la triunfante de Misaki, que resplandecía, diciéndole con el lenguaje del alma: "Te lo dije".

Temblando, Yuzu retrocedió, tambaleándose, y Harumin tuvo que sujetarla para que no cayera, llorando porque había sentido, casi escuchado, cómo el corazón de Yuzu se quebraba.

-Vámonos de aquí, Yuzu.

Como un títere, Yuzu se dejó arrastrar.

Ya calmada, Mei se vistió rápidamente. Misaki hizo lo mismo, mientras decía:

-Fue lo más excitante que haya vivido nunca. Lástima que mañana tenga que volver a Inglaterra.

Mei había enmudecido.

-¿Qué? Ya es demasiado tarde para arrepentimientos.

-Por favor, déjame sola.-dijo Mei secamente.

-Parece que tenemos un caso de depresión post-sexo. Como digas.

Cuando Mei quedó sola, empezó a llorar amargamente, mientras repetía una y otra vez:

-Qué es lo que he hecho…

CONTINUARA

. Lo que empezó con una confesión inesperada terminó con una traición. A partir de ahora, Yuzu será otra…