Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.
¡Hola!
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¿Tienes miedo?
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Resumen:
Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.
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¿Tienes miedo?
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—"Pensaba ir a un lugar donde Haru no está.
El corazón de Haru saltó. ¿A dónde trataba de ir? ¿Qué era lo que trataba de hacer?
¿Qué hubiera pasado si él hubiera tardado un poco más en encontrarlo?
—¿Por qué?
Fue lo único que pudo decir".
Makoto y Haruka. High Speed 2 Capítulo 8 Light
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Tercer Capítulo:
Los gatos matan peces
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La tarde en el Iwatobi Swim Club transcurrió con tranquilidad, como si aun se vieran todas las tardes y no tuvieran una vida llena de obligaciones esperándolos afuera. Haru y Makoto acompañaron a sus amigos a la estación del tren y después regresaron a su barrio.
Después de despedirse, Haru se detuvo en medio de las escaleras, al escuchar el ronroneo de un gato. El gato blanco estaba un escalón más abajo, pero subió hasta frotarse contra sus piernas.
Makoto quien siempre esperaba a que Haru alcanzara el último escalón para marcharse, observó al gato blanco y recordó cuando se comió los peces que Haru le había regalado. Tenía grabado en sus carnes el sentimiento de impotencia al ver sus peces bajo las garras del gato. Aun sentía una opresión en el pecho cuando pensaba en lo efímera y peligrosa que es la vida.
Cuando hilaba de más, el gato blanco, que se comía todos sus peces, le recordaba sus mayores miedos. El gato era su miedo. Sonrió, levemente, seguía siendo un cobarde sin esperanza, nada podía cambiar eso.
Imaginaba al gato, como una criatura oscura, que acechaba desde las sombras y saltaba sobre sus presas, arrancándoles la vida. Imaginaba la desesperación del pez, al sentir su cuerpo, débil y cansado, sometido al bravo y mortal movimiento de una fuerza opresora…
Entonces, imaginaba que el pez era el anciano pescador, sofocado por la oscuridad del agua… Entonces, imaginaba que el pez era él.
A pesar del esfuerzo de Makoto, los peces murieron. A pesar de que cuidó del gato, el gato se comió sus peces, sin importar donde los colocara. A pesar de que el anciano pescador necesitaba del mar para vivir, el mar lo mató.
A pesar de que él, Makoto Tachibana, dedicó tiempo y energía para cuidar de Haru, Haru aniquiló una parte de su ser cuando se marchó.
Y justo como debió aceptar que los gatos mataban, que el mar ahogaba y que Haru nunca le correspondería, así aceptó que todos los gatos merecían sus cuidados, que su casa estaba frente al mar, y que Haru… siempre sería su mejor amigo.
La voz de Haru lo sacó de su ensoñación.
—¿Por qué dejaste la natación?
Así a rajatablas.
La pregunta que mortificó a Makoto en la secundaria, esa que debió callar, porque temía entristecer o presionar a su amigo, y de la cual conoció la respuesta hasta que Rin regresó a sus vidas; Haruka Nananse la soltó sin contemplación.
—Haru—murmuró.
El gato blanco, entonces, pareció notar la presencia de Makoto, y olvidando al nuevo visitante, bajó ágilmente hasta frotar su lomo contra las conocidas piernas de Makoto.
Haru no se preocupó por seguir el camino del gato, sino que dirigió sus ojos al rostro de Makoto, que trataba de componer una sonrisa conciliadora. Su esfuerzo era ridículo. Apenas podía disimular la tensión.
—Has cambiado—habló—. Tu cuerpo… Tu espalda, tus brazos—Fue lo primero que se le ocurrió mencionar, quizá porque en el Iwatobi SC todos comentaron la ausencia de Gou como jurado en el concurso de músculos. Observó fijamente a Makoto y pensó que esa conversación ya había ocurrido anteriormente; temió que si continuaba, despertaría algo que no debía—. Tu condición física sigue siendo buena, pero no son los músculos de la natación…
—Suenas como Gou—sonrió Makoto.
Hacía tiempo, cuando solo eran unos niños de primaria, se encontraron en esa misma posición, cuando Makoto le explicó la razón de su miedo al mar. Ese día, Haru confirmó lo importante que era él para su amigo. Ese día las dudas de Haruka Nanase desaparecieron: decidió que sí nadaría en un relevo, que nadaría al lado de Makoto.
Aquel día, Haru supo la razón exacta de por qué, a veces, Makoto era incapaz de nadar. Makoto lo explicó, porque quería que Haru lo escuchara de su propia voz; sin embargo, Haru no necesitaba escucharlo, con solo mirarlo a los ojos: lo entendió todo. Haru lo entendía: sabía lo que era no poder moverse en el agua.
Su mirada vagó por el horizonte, notó que las farolas, en la zona costera, se encendían lentamente y que la luna se asomaba en una esquina del oscuro cielo. Parecía aquella lejana noche, pero… en esta ocasión, el corazón de Makoto no se abrió para él. Sabía que cuando Makoto le reveló su miedo al mar y el deseo que tenía de nadar con él, se sentía avergonzado, pero quería que él lo supiera, por eso habló, aunque no necesitaran de tantas palabras para entenderse. Ahora… parecía que lo que sea que guardaba en su corazón, no saldría fácilmente.
—Makoto—lo apremió, apelando a hablar con seriedad.
Makoto borró su sonrisa. Sus ojos, casi tiritando, recorrieron todo el cuerpo de Haru. La madurez y la excelencia eran parte de Haru, en cambio, él solo era normal… mediocre, simplón, whishy-washy, ¿no?… Así lo había llamado el mismo Haru.
Haru suspiró, reconoció que no obtendría nada. No tenía por qué imponer sus sentimientos ni exigir una respuesta; era de mala educación presionar a un amigo para que hablara de algo que no quería. Además, anochecía de prisa y quizá había elegido un mal momento para traer el tema a colación. Lo dejó pasar.
Makoto también pareció rendirse porque se arrodilló y arropó al gato entre sus brazos.
—Buenas noches, Haru-chan—le dijo, sonriéndole.
Haru asintió, levemente incómodo. No entendía nada de Makoto, ¿cómo era posible que después de tantas lunas separados fuera capaz de dirigirle palabras cargadas de afecto?
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Haru despertó, pero no abrió los ojos. Acomodó mejor la cabeza para tener sus orejas libres y agudizó el oído. Sin duda alguna, el timbre fue lo que lo despertó. Ni siquiera había preparado la bañera: ¿a caso Makoto había olvidado la hora en que se levantaba? ¿Y para qué lo buscaba tan temprano?
Caminó con lentitud, preguntándose si debía abrirle por la puerta principal o esperar que lo alcanzara por la puerta trasera; sin embargo, en el patio no había mayor movimiento, así que siguió caminando hasta la entrada de su casa.
Al correr la puerta principal, se encontró a dos miembros de la familia Tachibana. Los niños traían bolsas de comida para gatos, lo cual lo sorprendió. Pensaba que el gato blanco mataba los peces de Makoto por falta de comida.
No pudo evitar la pregunta.
—Hemos cumplido nuestra promesa. ¡Pero los gatos hacen eso!—exclamó el niño, por un instante su expresión fue la misma de Makoto, y Haru no pudo evitar notar que si bien parecía que Ran era un poco más alta, pronto Ren se estiraría y la superaría en altura, justo como ocurrió con él y Makoto—. ¡Matan porque quieren, no porque tengan hambre!
—Así no es, hermano. Te he dicho que te tomes las conversaciones con los adultos más en serio. Los gatos matan porque pueden, no porque quieran—La niña negó con la cabeza, suspiró entristecida—. Seguimos cuidando de los gatos, porque tú lo pediste, Haru. Pero estuvimos a punto de no hacerlo. Mi hermano mayor lloró cuando vio cómo el gato mataba a sus peces.
Haru no dijo nada más. Siguió a los niños hasta el patio trasero y los vio acomodar puñitos de alimento en las esquinas que, según ellos, los gatos frecuentaban.
—A Makoto le gustan mucho los gatos—murmuró distraída la niña.
—Y los peces—agregó su hermano.
Haru estuvo a punto de asentir. Sin embargo, los gemelos, haciendo uso de su especial habilidad de sincronización, se giraron hacia él con una sonrisilla picarona que lo hizo dudar de que tuvieran buenas intenciones.
—¡También le gusta mucho Haru!
¿Cuántos años tenía? ¿Por qué sus mejillas enrojecieron? ¿Por qué sintió un peso en el estómago y una angustia en el pecho?
Haru acompañó a los niños con una risa suave.
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—¿Eh, Haru?—llamó Makoto dudoso, con los ojos clavados en las escaleras que llevaban al templo—. ¿Esos eran mis hermanos?—Se refería a las sombras que había visto subir en carreras, cuyas risas enérgicas y traviesas sonaban como las de sus hermanos.
El rostro de Haru no hizo ningún gesto que delatara a los niños. Makoto frunció el ceño y miró con atención el camino y después a Haru.
—¿Estaban contigo?—preguntó, curioso, pensando que era divertido ver a sus hermanos con edad suficiente para andar solos por el barrio. Haru asintió y se movió para que Makoto ingresara a la casa—. Ah, es extraño entrar por aquí. Venía mentalizado a abrir la puerta trasera.
—Si quieres puedes hacerlo.
—Eh, no, no. Ya estoy aquí. Además, lo importante es encontrar a Haru en casa—Sonrió.
—Tomaré un baño.
—¡Eh! ¡No te has bañado! Y yo que pensaba que podríamos encontrarnos con los demás temprano… pero parece que llegaremos tarde. ¡Prepararé el desayuno!—Decidió.
—Te quedará salada—murmuró Haru, camino al baño.
Makoto se rascó la nuca, lo cierto era que si no fuera por el comedor estudiantil de su universidad, ya habría muerto de hambre; sin embargo, creía firmemente que algo podía hacer por la comida más importante para un atleta, además no era la primera vez que intentaba con el pescado.
Se dirigió a la cocina y no pudo soportar la tentación de verificar que tanto en la alacena como en la refrigeradora había ejemplares de las distintas formas de comer macarela: cruda, entera, en trozos, en sopa, en lata, ahumada… Larga vida a los pueblos pescadores fanáticos de comer pescado en cualquier presentación. Recordaba que fue la abuela Nanase quien le enseñó a Haru de las bondades de la macarela… Toda una vida de comer macarela… Incansable.
Revisó en la refrigeradora y escogió la piña más grande para convertirla en una montaña de cubos de dos centímetros, después buscó una sartén y escogió la macarela de mejor color. Pensando que debía cerciorarse de no confundir la sal con la azúcar (o con veneno para cucarachas), dejó que su vista vagara por la cocina: en una pared estaba el mandil azul que Haru usaba para cocinar. Valía la pena llegar tarde si Haru usaba el mandil y preparaba el pescado. Así que dejó la cocina, y fue a hacer su verdadero trabajo.
Le tendió a Haru tanto la mano como una toalla, y después lo siguió hasta la cocina. Haru rápidamente deslizó el delantal por su cuerpo y se dispuso a preparar el desayuno... de todos los días.
Los trozos cuadrados de piña llamaron la atención de Haru, y Makoto entró en pánico.
—¡Lo siento tanto, Haru! Olvidé que la cortas en rodajas. ¡Te compensaré! Perdóname.
—Está bien—dijo Haru, y antes de que Makoto lloriqueara otra disculpa, decidió: —No pasa nada. Es Macarela y piña.
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—Es demasiado temprano para almorzar, Nagisa—gruñó Rei, agitando los brazos cuando a los cinco segundos de haberse reunido los cuatro, Nagisa sugirió que almorzaran juntos.
—¡Ya te dije, Rei-chan! Debo trabajar en el turno de la tarde y quiero pasar tiempo con ustedes, antes. ¡Almorcemos!
—Nagisa—intervino Makoto—. Rei tiene razón, es muy temprano. Apenas son las diez.
—Es muy importante que respetemos las horas designadas para cada comida. Es uno de los principios fundamentales de la buena alimentación.
—¡Podemos almorzar a esta hora si queremos!—peleó Nagisa—. Anda, di que sí, ¿Mako-chan, Rei-chan?
—No, no podemos—dijeron los dos. Makoto con un suspiro, Rei mucho más enérgico. Nagisa dirigió sus ojos a Haru, lo miró implorante—. Haru—dijo Makoto, pidiéndole que no apoyara la idea.
—No podemos almorzar a esta hora, Nagisa—apuntó Haru, sin prestar mayor atención.
—¡Podrías comer toda la macarela que quieras, Haru-chan!
—Iremos a almorzar en este preciso instante—dijo Haru, lleno de decisión.
—¡Haruka-sempai! No puede basar su decisión en macarela…
—Mejor vamos por un helado—sugirió Makoto.
Rei buscó el helado con la forma y combinación de colores más hermosos; mientras que Nagisa pidió uno con tanta azúcar que con cada lengüetazo le arrebataba un año de vida; Haru se quedó de pie delante del cajero, sin abrir la boca, hasta que Makoto cayó en cuenta de que era él quien siempre pedía el helado. Con una zancada se situó al lado de Haru y pidió una doble paleta. Haru agradeció la mitad del popsicle llevándoselo rápidamente a la boca. En Australia, a pesar del verano, no vendían de esos. O bueno, tal vez sí, pero Rin nunca lo había invitado a uno.
Se sentaron en un muro a degustar el helado, y Nagisa al ser el primero en terminarlo, se aburrió y empezó a jugar con el celular.
—Miren esto—exclamó de pronto, sus ojos brillantes estaban clavados en la pantalla de su celular rosado—. ¿Haru sabías de esto? —le pegó la pantalla del celular en la nariz.
—¿A qué te refieres?—preguntó Rei, después de tres segundos durante los cuales había tres pares de ojos clavados en la pantalla del celular observando una fotografía que Gou Matsuoka había subido a su red social.
—¡¿No lo ves?! ¡Son Sou-chan y Gou-kun!— Los otros tres asintieron, dándole la razón. La fotografía mostraba a una sonriente Gou al lado de Sousuke Yamazaki, cuya expresión era tranquila. Al fondo una piscina.
—El bañador de Kou es hermoso—apuntó Rei.
—La piscina tras ellos es grande—agregó Haru.
—Estoy seguro de que es el gimnasio de la Universidad de Tokio.
Nagisa quitó el celular de la vista de sus amigos y miró, fijamente, la fotografía, analizando cualquier nimio detalle.
—Haru, Rin tuvo que decirte algo ¿Lo sabías? —insistió Nagisa.
—No sabía que era la Universidad de Tokyo—apuntó Haru.
—Me refiero a que… Gou y Sousuke están saliendo juntos—dijo Nagisa, alzando las cejas y con sus redondos ojos muy abiertos.
Haru recordó que Rin había estado muy irritable después de una larga conversación con su hermana, pero él no le había prestado atención.
—¿Estás seguro, Nagisa?—preguntó Makoto, curioso.
—¡Esta fotografía lo dice todo!
—Es la única que tienen juntos. Y no es como que sea una cita—apuntó Rei.
—Hay amor entre ellos—dijo Nagisa.
—No creo que sea nuestro asunto—replicó Rei.
—¿Qué importa que estén juntos? Se conocen desde que estaban en primaria—dijo Haru, alzó levemente los hombros, como si el asunto no tuviera por qué sorprender a alguien. Era predecible.
—Entonces, ¿sí sabías que estaban juntos?
Haru ignoró la pregunta.
—Eso es algo que aun no sabemos, Nagisa. La fotografía solo muestra que ellos estaban cerca en ese momento—intervino Makoto. Nagisa le sacó la lengua y antes de que insistiera, Makoto contó que Gou le había escrito para verse en Tokio en esos días, pero sus planes no habían coincidido—. Además, me dijo que Sousuke-san le enseñaría a nadar.
—Eso explica por qué usa traje de baño y está con Yamazaki, en una piscina. Ahora que sabe nadar debe sentirse muy orgullosa de sí misma y cercana a su hermano, ¿no cree, Haruka-sempai?
Haru asintió, en especial, le llamaba la atención que una persona aprendiera a nadar. Eso siempre era una buena noticia.
—¡Tenemos que saber cómo se enamoraron!—gimió Nagisa, emocionado, dándole un manotazo al aire.
—Podemos imaginarlo, Nagisa. Su relación debió volverse más estrecha ahora que Yamazaki-san le enseñó a nadar.
—No dejes que Nagisa lo imagine—trató de rogar Makoto, con la voz temblorosa.
—¡Dinos tu teoría, Makoto! ¿Por qué están juntos?—saltó Nagisa, aceptando que su imaginación quizá no fuera la más acertada.
—Oh—Makoto se sorprendió a sí mismo pensando en los posibles escenarios. Sonrió levemente. Lo cierto es que conocía tanto a Yamazaki como a Gou desde niños, pero tuvo mayor contacto con ellos hasta la secundaria y la universidad, cuando le tocó compartir una docena de cursos con Sousuke—. Esa es una pregunta tramposa. Puede tener varias respuestas.
—Dilas todas.
Makoto dejó de lado la paleta azulada y murmuró:
—Gracias a Rin, Yamazaki-san es buen amigo de Gou, así que no es de extrañar verlos juntos—Quiso, en primer lugar, dejar claro. Haru le dio la razón. ¿Una buena y estrecha amistad no era suficiente?, pensaba Haru—. Y estudian la misma carrera.
—Eso no es cierto, Makoto-sempai—dijo Rei, acomodando sus gafas—. Kou estudia enfermería.
Makoto les contó que Gou decidió cambiar de carrera y el próximo semestre iniciaría estudios en Ciencias del Deporte en la Universidad de Tokio, justo como hacía cuatro años, Sousuke y Makoto habían hecho.
—¿Así que Kou pidió tu consejo?—preguntó Rei.
Makoto asintió.
—Nuestra experiencia en el club de natación, causó mucha impresión en ella, y quería continuar... con lo que logramos—Tanto Rei como Nagisa le devolvieron la sonrisa, Haru tan solo ladeó el rostro, pero le prestaba atención—. Pensó que aprender a nadar antes de entrar sería lo mejor. Creo que encontró al mejor profesor.
—¡Quién lo diría! El amor inició en una piscina, ¿qué piensas, Haru-chan?
—Nada—murmuró Haru.
—No digas cosas vergonzosas, Nagisa—replicó Rei—. Solo es una fotografía—frunció el ceño—. Pero hay algo que no me queda claro… ¿Por qué le pidió consejo a Makoto-sempai?
Makoto estuvo a punto de contestar que quizá estaba relacionado con la confianza por haber sido él el capitán del equipo de natación, pero Nagisa se adelantó con una respuesta que hizo a Haru levantar la cabeza y abrir la boca.
—Tal vez quería saber las razones de por qué Mako-chan dejó Ciencias del Deporte. Si Makoto le contaba algo horrible, entonces no habría decidido "estar en el mundo de la natación del lado de la enseñanza"… No todos tienen madera para entrenador, así que mejor hablar con uno que lo descubrió pronto y saber sus motivos para dejarlo—Nagisa miró fijamente a Makoto.
—No creo que eso sea al…—empezó Makoto, rascándose la nuca.
—Es una observación muy ingeniosa—dijo Rei—. A mí también me gustaría conocer las razones por las que alguien abandona la carrera que decidió estudiar ¡Ah! ¡Makoto-sempai! No, no—Rei agitó las manos, avergonzado—. No quería hacer ninguna implicación. Solo quería decir que me gustaría conocer por qué un estudiante superior de ingeniería química querría abandonar la carrera que yo escogí y tanto me gusta…—hizo su mejor esfuerzo para no avergonzar a su amigo.
Makoto no dijo nada, podía sentir la mirada de Haru clavada en él, y concentrarse en no girar la cabeza hacia él, requería todo su esfuerzo mental.
—Ahora que lo mencionas, le preguntaré a Gou-kun por qué ya no estudia para ser enfermera. Solo le quedaba un año para graduarse...
—No creo que sea de buena educación que lo hagas. Además, Makoto dio una respuesta válida.
Al final, Nagisa terminó hablando de la enfermera de su trabajo y de los accidentes laborales que había visto: asustó a Makoto contándole una historia sobre el fantasma de un viejo obrero que murió triturado por la máquina empacadora de gomitas y Rei habló otro tanto de la fealdad de inyectar, y nadie le explicó a Haru cuándo, cómo o por qué Makoto abandonó la posibilidad de cumplir su sueño de enseñar a los niños a divertirse cuando nadaban.
¿Y lo que hablaron cuando hicieron las paces después de su pelea?
¿Y sus sueños?
...
See you next water time!
Hola.
Y Makoto dejó de nadar y no siguió su sueño. ¿Qué opinan?
Por otro lado, no supero que Gou no supiera nadar. También, voy mostrando las parejas que habrán: No dedicaré mucho a otras parejas o personajes: el fic está centrado en Makoto y Haru, pero sí habrán guiños a otros -a lo mejor- extraños pairings.
Les agradezco mucho su lectura, y espero haberlas entretenido un rato. Quiero mostrar cómo todos han cambiado: en especial, Makoto :) pero sin dejar de ser Makoto (Espero lograrlo).
También, agradezco muchísimo sus reviews. Y me haría muy feliz si me cuentan su opinión de este capítulo.
Gracias por leer y nos vemos pronto
:)
