CAMBIO DE CORAZON.
Harumin respondió al beso de Yuzu con la misma intensidad, hasta que, ya sin aliento, al fin separaron sus labios.
-¿Por qué me besaste?-preguntó Harumin, aferrada al cuerpo de Yuzu.
Yuzu unió su mejilla a la de ella, acariciándola con delicadeza. Por toda respuesta, la besó de nuevo, esta vez con mucha dulzura, sin prisas, saboreando cada detalle de su sensual boca. Harumintuvo el impulso de empujarla y tirarla a la cama, pero se contuvo. Percibió en Yuzu no tanto el deseo sexual como el querer sentirse amada y comprendida; por eso, depositó en sus caricias todo el amor que podía brindarle desde lo más profundo de su ser.
-Yuzu, te amo tanto. –Dijo suavemente a su oído-Quisiera quedarme así, contigo, por siempre.
Lo ojos verdes de Yuzu brillaban, cautivos bajo la sombra de un misterioso destello imposible de interpretar.
-Haru- susurró quedamente-he comprendido, de la forma más dura posible que, al entregar tu corazón tan ligeramente, pueden jugar con él hasta que, hastiados, lo arrojan a la basura, dejándote a ti el trabajo de recogerlo herido o hacer uno nuevo…y eso es tan injusto. Sobre todo cuando se ha amado tanto como yo lo he hecho. Por eso, he decidido no permitir, de ahora en adelante, que nadie vuelva a engañarme; actuaré de acuerdo a lo que me dicten mis impulsos, por muy primitivos que sean, diré lo que piense sin importar si mis palabras lastiman a alguien y haré lo que se me pegue en gana sin temor a las críticas. Tal vez tú también me dejes, pero….
-Ni lo pienses-dijo Harumin, poniendo un dedo en los labios de Yuzu- Siempre estaré contigo; entiendo lo que dices. Aunque te vistas con una piel distinta, tu verdadero color estará allí para mí. ¿No es así?
Yuzu sonrió ligeramente, despidiendo un suave fulgor de gratitud de sus pensativos ojos verdes.
-Vamos a la escuela, Harumin.
-Primero vamos a arreglar un poco esa palidez.
Mientras peinaba sus ondas doradas, Harumin sentía que se agigantaba en forma desmesurada el amor y deseo que albergaba hacia ella. La miraba con tal adoración, que Yuzu se conmovió ante tal despliegue de cariñosa solicitud. Cuando emprendieron el camino a la escuela, Yuzu tomó la mano de suHarumin, sintiendo a través de ese sencillo contacto una calidez parecida a la que sintió la primera vez que Mei la llevó a ella del mismo modo el día que le declaró sus sentimientos. Sin embargo, su corazón ya estaba tan agrietado y lastimado, que la luz que antes habitaba en él empezó a convertirse en densas tinieblas. Pasaría mucho tiempo antes de que volviera a sonreír con toda la profundidad y belleza que poseía su alma generosa.
En la Academia Aihara, Mei esperaba pacientemente en la entrada la llegada de Yuzu. La primera hora ya había empezado y ella no llegaba aún.Una angustia inexplicable le oprimía el pecho. Quería verla, abrazarla, y decirle, por fin, cuanto la amaba; pero, por una razón que era ajena a su entendimiento, sentía que algo se había perdido la tarde anterior cuando, en la oficina, se entregó a la lujuria. En efecto, algo irremplazable se había esfumado, pero ella no lo sabía.
Cuando la divisó, quiso correr a su encuentro, pero se detuvo en seco. Venía con Harumin y, al parecer, no la habían visto. Venían tomadas dela mano, sorprendiéndole la expresión que tenía Yuzu. A pesar del maquillaje, se veía terriblemente pálida, y una tormenta parecía nublar su gentil rostro. No obstante, se adelantó para saludarla, tratando de parecer lo más natural posible.
-Buenos días, Yu….
Ambas figuras pasaron de largo, dejando su saludo flotando en el aire. Sin dar crédito a lo que acababa de ocurrir, Mei alzó su voz.
-¡Yuzu, buenos días!
La aludida se detuvo. Se dio vuelta, mostrando una faz sonriente, pero extrañamente falsa. Harumin permaneció apartada.
-Hola, Mei. Perdón, no te había visto.
-Pasaste justo a mi lado. ¿Cómo así que no me viste?
-Justo como lo oyes. Iba distraída. Ahora, si me disculpas, tengo que ir a clase. Ah-añadió-¿Dónde está tu hermosa acompañante?
El semblante de Mei palideció.
-Si te refieres a Misaki, regresó anoche a Inglaterra.
Yuzu ladeó un poco la cabeza, observándola con curiosidad fingida.
-¿De verdad? Es una verdadera lástima. Parece que se llevaban m-u-y bien.-Estuvo a punto de abofetearla, pero apretó los puños para resistir el impulso. Intentó irse, pero Mei la retuvo tomándola del brazo.
-Yuzu, ¿Qué pasa?
Esta se zafó de la mano que la sujetaba con tal brusquedad que Mei retrocedió abismada. Los ojos que estaban frente a ella eran inexpresivos, helados.
Mei estaba confundida. Iba a darle la espalda, molesta, pero descubrió en la actitud de Yuzu que algo desconocido la atribulaba.
-Yuzu-dijo Mei, con calma-no te ves muy bien y entiendo tu mal humor, aunque no es habitual en ti. Por favor, perdóname si te molestado con mi insistencia.
Yuzu se acercó más ella y, tocando levemente su barbilla, le dijo enigmáticamente:
-Hablamos después. No discutamos por tonterías ¿Vale? Es cierto, no me siento bien, discúlpame tú a mí.
Mei miró fijamente las pupilas apagadas de Yuzu; vio en ellas reflejado un intenso sentimiento de soledad. Recordó cómo la había rechazado hacía dos noches, lastimándola física y emocionalmente con su actitud. Sintió que ella era la causa de su tribulación y, para que se disipara esa congoja, la abrazó, diciéndole con voz apasionada, y tan baja, que Harumin no pudo oírla:
-No puedo soportar que estés triste.-miró ardientemente los amados ojos que estaban frente a ella- Te amo.
Mei percibió un estremecimiento casi eléctrico en el cuerpo de Yuzu, quien empezó a temblar de pies a cabeza, desligándose del abrazo de Mei. Lo que dijo a continuación dejó sin palabras a esta última. Su voz iba revestida de un suave sarcasmo, y sus ojos despedían fulgores extraños que no acertó a comprender.
-Eres muy amable al decírmelo. Si eso era todo, te ruego me disculpes. Voy a clase.
Y se alejó con Harumin. Las palabras que tanto había deseado escuchar Yuzu. Mei sintió que la fría brisa las arrastraba lejos, como si de hojas muertas se tratasen.
En el patio trasero de la escuela, sentadas en el césped, Yuzu y Harumin almorzaban en silencio. Yuzu casi no había pronunciado palabra desde que hablara con Mei por la mañana. Harumin sabía que esa actitud estaba relacionada con algo que Mei le había dicho, y que no pudo escuchar. Así que le preguntó directamente:
-Yuzuchi ¿qué te dijo Mei esta mañana?
Yuzu endureció su rostro.
-Me enoja pensar en eso.- respondió-Es una cínica. Me dijo que me amaba.
-¿Por qué estás tan molesta?
-Porque es la primera vez que me lo dice. Cuando hubiera dado mi vida por escuchar esas palabras, me negó esa satisfacción. Ahora, no sé si lo hizo por remordimiento o qué se yo.
-Parece que su relación ha sido unilateral. Lo que yo daría por haber estado en el lugar de Mei.- Harumin suspiró anhelosamente- Estarías ebria de tanto amor.- dejó a un lado su almuerzo y la abrazó. Ante esa caricia, Yuzu no pudo resistir el deseo de besarla; unió sus labios a los de ella con avidez, como si quisiera devorarlos. Su pecho se agitaba, y su cerebro enviaba sensaciones a todos los nervios de su cuerpo, despertando, al fin, el deseo sexual tanto tiempo contenido,y que se había embotado por los acontecimientos recientes. El lugar donde se encontraban no era frecuentado por las estudiantes, pero era probable que las vieran; Aun así, se dejaron caer al césped, dando rienda suelta a sus impulsos. Yuzu colocó una mano en la frente de Harumin, deslizando los dedos en su flequillo castaño y con la otra le abrió la boca para profundizar el beso. Permanecieron así un momento, excitándose mutuamente con sus lenguas entrelazadas.
-Haru, ¿puedo dormir en tu casa hoy?- Preguntó Yuzu, con los ojos oscurecidos por el deseo.
-¿Estás segura de querer hacerlo?
-Te deseo-respondió Yuzu, apoyando su cabeza en el pecho Harumin.-Tu corazón late muy deprisa. Puedo sentirlo.
-Desde que te conocí, late así por ti. Mi vida está dividida en dos partes: Antes y después de ti. La primera fue monótona y sin brillo porque siempre tuve que vivir a la sombra de mi hermana; y la otra, que empezó el día que entraste a la Academia Aihara, ha sido la más feliz de mis diecisiete años, porque te convertiste en la primavera que sembró flores mi corazón; tengo miles de flores que deseo darte, porque todas nacieron gracias al amor que siento por ti. Te amo, Yuzuchi.
Yuzu vio algo así como un suave resplandor que iluminaba el rostro de Harumin, asemejándola a un ángel. Sus pupilas se dilataron ante lo bella que se veía en ese momento.
-Eres hermosa. Tanto, que podría enamorarme de ti.-Dijo Yuzu deslizando el índice por sus labios.
Volvieron a besarse. Yuzu se aferraba con todas sus fuerzas al cuerpo de Harumin porque necesitaba desesperadamente sentirse amada y deseada; y Harumin la estrechaba porque amaba a esa chica con todo su ser.
Mientras, Mei buscaba a Yuzu. Una tristeza profunda invadía su ánimo. La expresión indiferente de Yuzu, su indolencia ante las palabras que le dijo…No podía creerlo aún. La cabeza le daba vueltas, tratando de encontrar una respuesta a los interrogantes que no la dejaban pensar en otra cosa que no fuera su hermanastra.
-Presidenta, estás muy pensativa hoy.
Mei se sobresaltó. Había olvidado por completo que Maruta la acompañaba en su habitual recorrido, que en esta ocasión tenía un objetivo muy personal para ella.
-Sólo estoy algo cansada.-Respondió bajando la vista.
-No deberías sobre esforzarte. Vamos al patio de atrás para terminar el monitoreo por hoy.
Ambas se dirigieron al mencionado lugar.
-Presidenta.
-¿Hmmm?
-Mire eso. ¡Se ven tan lindas! No imaginé que tuvieran ese tipo de relación.
Mei miró hacia el lugar que Maruta le indicaba. Taniguchi estaba sentada en el césped, recostada a la pared y Yuzu estaba a su lado, con los brazos enlazados alrededor de su cuello. Parecía dormida. Harumin se percató de la presencia de Mei.
-Yuzu! Mei está mirándonos; será mejor que nos levantemos.
Yuzu, con los ojos cerrados, se apretó aún más contra el pecho de Harumin. Desde hacía un momento, había recostado la cabeza en el lado izquierdo del pecho de ella para escuchar los armónicos latidos de su corazón. Eran como una melodía que parecían cantar: "Te quiero, Yuzuchi, te quiero".
-Yuzu.-La voz de Mei rompió su ensoñación-ya se ha acabado el receso. Necesito hablar contigo.- Sin embargo, Yuzu parecía dormir. Mei clavó sus ojos en Harumin de un modo poco cortés y, al ver que esta no se levantaba, continuó, con tono seco- ¿Piensas quedarte ahí? ¿Vas ignorarme? Despierta a Yuzu y levántense inmediatamente.
En ese instante, Yuzu levantó el rostro, mirando a Mei con tal frialdad que esta quedó congelada.
-¡Cállate, Mei! ¿Por qué no te largas y nos dejas en paz? Me siento mal, tengo un terrible dolor de cabeza; vine aquí con Haru para descansar un poco y ahora vienes con tus estúpidas reglas a perturbar mi tranquilidad.
-¡Cálmate, Yuzu! No tienes que ser tan grosera- intervino Maruta sin dar crédito a lo que acababa de escuchar.
-¿Conque estúpidas reglas?-dijo Mei, con los labios temblorosos-Pensé que estabas dormida, pero ya veo que sólo buscas irritarme con tu actitud.
Yuzu se levantó de un salto, seguida de Harumin.
-Vámonos Haru, para que Mei -Sama no nos vaya a suspender.
-Espera, tengo que hablar contigo-.Mei la sujetó por un brazo-Vamos a la dirección.
Los ojos de Yuzu fulguraron de ira.
-¡NO!-gritó a voz en cuello, soltándose violentamente de la mano que la retenía-Prefiero irme al infierno que pisar tu asquerosa dirección. ¡Maldita sea! ¡Estaba tan tranquila, tratando de sobrellevar mi malestar, y tú vienes a destruir la paz que estaba logrando!
-¡Yuzu, ya basta!-dijo Harumin, abrazándola para contenerla. Yuzu parecía dispuesta a arrojarse sobre Mei y hacerla pedazos con los gritos que profería.
Maruta estaba asustada. La Yuzu que conocía era amable y tierna; esa chica de mirada iracunda parecía otra persona. ¿Qué había sucedido entre ella y Mei como para generar una reacción tan espantosa? Miró a Mei. Esta estaba respirando convulsivamente, tapándose la boca con una mano. Miraba a Yuzu con una mezcla de incredulidad y dolor en sus expresivos ojos violetas. Intentó detenerlas, pero no lo consiguió: las lágrimas fluyeron. Lágrimas de doloroso asombro. ¿Esa era su Yuzu? ¿La chica cariñosa que jamás le había levantado la voz y que sólo vivía para amarla?
Al ver a Mei en ese estado, Yuzu se acercó más a ella.
--Eres una tonta. Llorar sólo porque levanté un poco la voz. Deja tus mojigaterías, que no te pegan.
Mei habló con voz quebrada.
-No te imaginas cuanto me han sorprendido tus palabras y actitud. ¿Por qué, Yuzu? Esta mañana te expresé lo que sentía, pero al parecer no te importó.
-Esto es una estupidez. ¿Estàs tan mal sólo por un par de gritos? Pero, si en verdad estás tan herida, déjame decirte lo que pienso de eso.-puso su rostro a cinco centímetros del de Mei, y dijo con abrumadora indolencia- ME IMPORTA UNA MIERDA.
Cinco segundos después, Yuzu se frotaba la mejilla, dolorida por la cachetada que Mei le había obsequiado antes de irse corriendo, seguida de Maruta.
-Oye, Yuzu. ¿Por qué perdiste el control de esa forma?-preguntó Harumin con voz cansada.
Yuzu se tapó el rostro con ambas manos. Se apoyó en la pared, y empezó a llorar silenciosamente. Harumin se puso a su lado, brindándole la protección de sus amantes brazos.
-No llores, que se me parte el corazón. Si la amas tanto ¿por qué la trataste así? Te haces daño a ti misma tratando de asumir que la odias cuando en realidad te mueres de amor por ella.
Yuzu escondió el rostro en el pecho de Harumin. Esta percibió la gran tristeza que embargaba a su amada y, sin poder evitarlo, dos lágrimas traidoras se deslizaron porsus mejillas. Yuzu levantó el rostro al sentir las dos gotitas que cayeron en su cuello.
-Perdóname, Harumin. Yo…
-No tengo que perdonarte nada. M e queda claro que es imposible que pueda ocupar un lugar en tu corazón. Sin embargo, estaré siempre para ti. Jamás te reprocharé nada.
-No, Haru. Te equivocas. Yo sí podría enamorarme de ti ¿Cómo no quererte si día a día me demuestras cuánto me amas?? Lo que pasa es que…yo nunca le había hablado así a Mei, y hacerlo ha sido más impactante de lo que pensé. Por un momento, me sentí tentada a ir tras ella, perdonarle todo y empezar de cero, porque verla llorar me afectó profundamente. Pero, una vez que empecé, no pude parar. ¿Cómo se atreve apedirme que vaya a la oficina donde se revolcó con la zorra esa? De sólo pensarlo, me dan ganasde golpearla. Se merece todo lo que le dije y mucho más. Si decide terminar conmigo, no la detendré. Yo tenía un corazón lleno de amor para ella y, a pesar de que aún ese amor está allí, ahora está empañado por el resentimiento. No sé si pueda perdonarla.-Yuzu temblaba al decir esto.
Harumin, a pesar de las palabras de Yuzu, sabía que hacerse amar por ella era muy difícil. Pero ¡al carajo! Mientras pudiera tenerla así, se conformaba. Conformarse con las migajas que Yuzu podía ofrecerle. Las sobras. Eso sonaba triste, después de todo.
-Yuzuchi, vamos a algún lugar para que refresques tu cabeza. Voy a coger una de esas bicicletas que están aparcadas por ahí.
Yuzu, con el semblante sombrío aún, se subió en la parte trasera y Harumin, en un rápido movimiento, se escapócon ella de la escuela en menos de un minuto.
Así, la una aferrada a la cintura de la otra, recorrieron en la bici un largo trayecto, mientras a su alrededor desfilaban en rápida sucesión árboles, casas y automóviles. Harumin pedaleaba, inmensamente feliz, a pesar de la circunstancias. Sentía el palpitar del corazón de Yuzu, quien, aferrada a su cintura, había recostado su adorada cabeza en su espalda; y Yuzu sentía cómo sus preocupaciones parecían ser llevadas por el viento que retozaba a su alrededor.
-¿A dónde vamos?- preguntó Yuzu suavemente.
-A las estrellas.
-Tonta.-se aferró aún más a ella.-Te quiero.
-Yo no te quiero, Yuzu. Yo te amo.
Yuzu le contestó, tratando de creer en las palabras que pronunciaba:
-Sé que llegaré a amarte. Lo sé.
Al fin, se detuvieron en un pequeño parque solitario donde discurría lentamente un pequeño río. Harumin se tendió en la hierba, imitada por Yuzu, y, tomadas de la mano, miraban el claro cielo azul.
-Qué tranquilo ¿no?-comentó Harumin.
-Sí. Ojalá así de tranquila estuviera mi vida. Pero, cuando estoy contigo, todo es más fácil de sobrellevar.
Harumin, de improviso, se colocó encima de Yuzu.
-Parece que nuestra cita de esta noche se canceló. Es una lástima.
Yuzu le dio un breve beso, diciéndole:
-Hoy no me quedaré en tu casa, pero mañana podrás hacer conmigo lo que quieras.
-Quiero hacerte sentir bien ahora.
-Bésame, Haru.
Unieron sus labios, en un beso largo y sumamente profundo. Yuzu empezó a revolverse debajo de Harumin, quien empezó a frotar una de sus piernas entre las de ella, excitándola agradablemente.
-Haru, Haru...Me estás volviendo loca. – Dijo Yuzu tapándose la cara. La boca de Harumin iba de su cuello a su oreja, acariciándola, lamiéndola, provocándola.
-Yuzu., abre bien las piernas.
-¿Para qué?- No obstante, hizo lo que Harumin le pedía.
Harumin le levantó la falda y, apoyando una de sus rodillas en el sexo de Yuzu, empezó con un suave vaivén, que fue acelerando a medida que Yuzu se excitaba más y más.
-Te amo, Yuzuchi.- esta última se había tapado la boca para no gemir en alta voz y aferró con sus piernas la cintura de Harumin, mientras la abrazaba frenéticamente.
-Haru, muévete más rápido-dijo Yuzu desfalleciente.
Harumin incrementó el vaivén.
-Ya casi… -Yuzu empezó a convulsionar debajo del cuerpo de Harumin, mientras clavaba sus uñas en sus espalda, presa de un éxtasis maravilloso, dulce, arrollador.
-¡¡¡¡¡¡GHHGHHGHGHHMM!!!!- Yuzu dejó escapar los últimos gemidos ahogados, apretando los labios para no gritar, provocados por el intenso orgasmo que acababa de experimentar. Harumin le dijo con un poco de picardía:
-Yuzuchi, te ves tan linda. Estás sin aliento. No es bueno contenerse; respira suavemente, mi amor.
Yuzu, que había contenido los gemidos, estaba exhausta, sudorosa, tratando de recuperar el aire. Cuando su respiración empezó a normalizarse, abrazó a Harumin con suma dulzura.
-Gracias, Harumin. Por un momento, pude olvidarme de mis problemas. Sólo podía verte a ti. Sólo a ti.
Harumin la besó con todo el amor que tenía en su corazón, que se agitaba como el viento en un mar tempestuoso.
-Quiero estar contigo toda la noche. Mi amor…esto sólo son pequeñas caricias. Yo deseo tu cuerpo desnudo sólo para mí, y que yo sea tuya y tu mía. Quiero hacerte el amor, Yuzu querida, te necesito como al aire para vivir.
Su ángel rubio le dijo tiernamente:
-Gracias por amarme tanto.
Después que Harumin y ella se despidieron, ya de noche, Yuzu se quedó dando vueltas por el vecindario, sin decidirse a llegar a su casa. Ya su madre la había llamado, y ella quedó en volver temprano, pero no sabía cómo afrontar Mei. Ahora que estaban en ese punto, la relación sería insostenible, y el verla le recordaba el rostro de la Misaki, y su mirada de perra burlándose de ella. Después de vagar sin rumbo, cerca de la diez, al fin llegó a casa. Abrió la puerta cautelosamente. Al parecer su madre ya estaba acostada; se dirigió a su cuarto, esperando encontrar a Mei dormida para así no tener que cruzar palabra con ella. Entró con mucho cuidado, procurando no hacer mucho ruido pero sus esperanzas quedaron en nada cuando, sentada en la cama, justo frente a ella, estaba Mei, que al verla entrar levantó su mirada, y la observó con fijamente con ojos pensativos y profundos. Yuzu, ignorándola y dándole la espalda, empezó a desvestirse para tomar un baño. Se sobresaltó lo indecible cuando sintió los brazos de Mei rodear su cintura, abrazándola intensamente. Yuzu, sin moverse, le dijo fríamente:
-Mei, suéltame, por favor.
La voz de Mei surgió entrecortada, triste.
-Yuzu-se le hacía difícil hablar-sé que no he sido la mejor novia y que mi actitud te debe haberte herido en muchas ocasiones; pero yo siempre te he amado. No me dejes. Yo no quiero terminar contigo, y más porque sé que no tengo nada que reclamarte. He sido yo quien ha cometido innumerables errores, y aún así, siempre me perdonabas. Tal vez ya te cansaste de esa situación, pero no puedo creer que hayas dejado de amarme.
Yuzu sintió que su camisa se humedecía allí donde Mei tenía apoyado su rostro. Estaba llorando. Tocó sus manos, diciéndole con profunda amargura:
-No entiendo por qué la vida te ofrece las cosas cundo ya para qué.
Se liberó de los brazos que la rodeaban y miró Mei de frente.
-Yo no voy terminar contigo. Si eso llega a pasar, será por decisión tuya. Pero no me pidas que haga cosas que no me nazcan. Ya no puedo, Mei.
-Te amo.-dijo ella con vehemencia.-Me di cuenta que Harumin te ama y siento que ella te apartará de mi lado.-No podré soportar verte con otra. No podré.
Yuzu apoyó sus brazos en los hombros de Mei, mirándola con enojo contenido.
-Así que ya salió el gato. Lo que pasa es que no soportas que te quiten algo. Eres como esos niños que cuando tienen un juguete del que se han cansado, lo tiran a un lado, pero cuando otro intenta cogerlo para guardarlo como un tesoro, se revuelven de coraje por puro egoísmo. Cada día me asombras más, Mei.
-Para no mí no eres un juguete. No me hables de ese modo.- Se arrojó a sus brazos, basándola repentinamente. Yuzu fue cogida de sorpresa, pero al instante intentó soltarse. Mei la sujetó con fuerza, empujándola contra la pared, acorralándola; la lengua de Mei entró en su boca, besándola con una pasión devastadora, como si quisiera arrancarle los labios. Ante la fuerza de semejante contacto, Yuzu empezó a debilitarse. Las piernas empezaron a temblarle, pero cuando el rostro burlón de Misaki llegó a su mente, tuvo el suficiente coraje para empujar a Mei, separándose de sus lacerantes labios.
-¡No vuelvas a besarme sin mi permiso!-Dijo intentando no gritar-¿Me oyes?-Y al decir esto, se pasó la mano por la boca.
Ese gesto le dolió tanto a Mei, que empezó a llorar con infinita tristeza.
-Ahora sientes asco por mí ¿No es así?-Mei en su interior se repetía con angustia: "este es mi castigo por haberla engañado"
Se sentó en la cama, estremeciéndose por la fuerza de los sollozos, que intentaba ahogar para no despertar a su madre. El corazón de Yuzu se removió cuando la vio llorar de ese modo. Recordó lo sola que Mei había estado antes de que el padre de ella se casara con su madre, y todo el amor que aún sentía por ella salió como una cascada. Se acercó ella, diciéndole con mucha suavidad, mientras secaba sus lágrimas:
-No llores. Yo no siento asco por ti. Me asquean tus actitudes, pero la esencia de tu ser, no.
Mei la miró a través de sus ojos empañados. Yuzu pensó en lo vulnerable y frágil que se veía, y se sintió privilegiada al conocer la faceta emotiva de su hermanastra, quien siempre se mostraba tan serena y fría aún en los momentos más tensionantes. Pero el recuerdo de Misaki, tenaz como el fuego, crispó su rostro, y se levantó apretando los puños. Mei se dio cuenta que Yuzu la amaba pero que había algo que la atormentaba y que no la dejaba ser ella misma. Aprovechando la debilidad que percibió en ella, la siguió, atrapándola nuevamente. Volvió a besarla, esta vez con más delicadeza. Por mucho que Yuzu quisiera luchar, los besos de la persona que amas pueden oscurecer los sentidos. Mei la fue llevando, despacio, hacia la cama, hasta que ambas cayeron en el blando colchón.
Aun sin querer, Yuzu la abrazó. Estaba debajo de Mei, y, mirándola fijamente con sus resplandecientes como una par de esmeraldas, puso ambas manos en su rostro. Algo iba a suceder.
En su habitación, Harumin no podía dormir pensando en Yuzu. Recordaba el hermoso momento que vivieron juntas esa tarde, deseando que llegara el día siguiente para tenerla nuevamente entre sus brazos.
Continuará…
