Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.


¡Hola!


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¿Tienes miedo?

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Resumen:

Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.


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¿Tienes miedo?

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"Ahora solo había agua sin sentido y oscura en la pecera.

'Es como el agua que Haruka casi se traga antes', pensó, y sus manos comenzaron a temblar de nuevo".

Makoto. High Speed 1

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Cuarto Capítulo:

Los gatos matan peces

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Haru—murmuró Makoto, mientras caminaban de regreso a su casa. El silencio entre ellos empezaba a resultar pesado, por lo que lo llamó sin pensar, impulsado por la costumbre de hablarle, aunque no debiera.

Desde que Nagisa reveló la salida de Makoto de la carrera de Ciencias del Deporte, las cejas de Haru se habían fruncido y estaban cada vez más juntas. Makoto no podría precisar si era enojo, decepción, incomprensión, frustración o qué. Pero era incómodo. Para ambos.

—Makoto—dijo Haru, sin cambiar su expresión. Makoto lo miró de reojo, con precaución—. ¿Qué quieres?

Oh, Haru, seguro que tienes ganas de un largo baño—dijo Makoto, con calidez y con una sonrisa amable pintada en el rostro—. Lidiar con Nagisa puede resultar muy cansado.

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Haru tardó al menos treinta minutos buscando su teléfono celular. Más de una vez pensó que no lo había empacado, pero recordaba que lo usó para llamar un taxi en el aeropuerto en Tokio. Cuando por fin lo encontró ya casi había olvidado para qué lo necesitaba, y no le extrañó encontrar unos mensajes de texto de sus padres y de Rin. Rin, en su colorido lenguaje, le agradecía por no haberle dicho nada sobre su llegada a Iwatobi.

"Si no fuera porque Nagisa le contó a Gou, y Gou a Sousuke, no sabría nada de ti" —decía el mensaje.

"Ok"—fue la respuesta que envió, y después procedió a textear la razón que lo impulsó a buscar su celular. Necesitaba la dirección del lugar donde había quedado de verse con Nagisa.

Hizo el camino hasta la estación de trenes solo, con el celular apretado en el puño, esperando que Nagisa le diera mejores indicaciones. En realidad, esperaba que Rei le contestara el mensaje.

La búsqueda del celular y la necesidad de consultar con Nagisa ocurrió porque cuando se disponía a pasar por Makoto para irse juntos, vio una bicicleta, desconocida para él, parqueada frente a la casa de Makoto, y tuvo un mal presentimiento.

Escuchó movimiento en la entrada de la casa de su amigo, por lo que aprovechando las sombras, se colocó detrás del arco y observó a Makoto con Kisumi.

—Vamos por Haru.

—¿Tenemos que subir?

—Por supuesto, pero deja la bicicleta. No puedes subirla.

—Claro que puedo ¿Para qué tengo músculos si no es para cargar mi bicicleta por estas escaleras?

—¡Kisuumi!—gimoteó Makoto, y a Haru le supo muy agrio que también alargara el sonido de la u—. No necesitas la bicicleta para subir a la casa de Haru. Son unos pocos escalones, ni siquiera servirá de entrenamiento.

Haru retrocedió; sin embargo, pensando que no quería a Kisumi en su casa, ni tener que ir con él, no giró hacia la izquierda, en dirección a su casa, sino que se escondió tras el muro de la casa del frente. Al cabo de unos segundos, Makoto y Kisumi estaban llamando a la puerta de su casa. Escuchó a Makoto decir que entraría por atrás, Kisumi asintió, y para alivio de Haru, dijo que esperaría afuera.

—¡No está! Haru no está—dijo Makoto, al cabo de unos minutos. Se oía asustado—. Lo busqué por todas partes.

—¿Buscaste en el baño?

—¡Por supuesto!

—Seguro se adelantó.

—Pero…

—Anda, Makoto. Que no eres su babysitter. Ya está mayor, puede andar solo si quiere… o puede andar con quién quiera y no tiene que contarte todo.

—Pero…

Kisumi soltó un suspiro largo y cansado.

—Si tanto te preocupa, llámalo—le dijo con un tono de voz más suave y condescendiente.

—De nada servirá, Haru nunca lleva su celular.

—No está en casa, Makoto—murmuró Kisumi, metiéndose las manos en el bolsillo, y con un tono de voz que hizo a Haru pensar que sabía cómo lidiar con las crisis de preocupación maternal de Makoto—. ¿Vas a perderte algo que quieres hacer aquí esperando a que él regrese? Ni siquiera sabemos dónde puede estar… Si hubiera tenido planes de salir contigo, te habría dicho…

—Tienes razón—dijo Makoto, sin estar convencido.

Fue así como Haru ante la urgencia de haber quedado de salir con sus amigos, pero sin saber la dirección, pues daba por un hecho que Makoto lo guiaría, decidió buscar su celular, y cuarenta minutos después ya estaba en la estación de trenes, esperando que Nagisa le contestara el mensaje de texto para saber cuál tren tomar.

Para sorpresa y satisfacción de Haru, fue relativamente fácil seguir las indicaciones de Nagisa para llegar a la central de Radio Iwatobi, lugar que era el segundo trabajo de su rubio amigo.

En el estacionamiento, lo esperaban sus amigos, y Kisumi. Apenas se fijó en la sonrisa dudosa que Makoto le dirigió. Pensó que Kisumi era una mala influencia. Sabía que Makoto habría esperado por él en la entrada de su casa toda la noche, si era necesario.

Nagisa lo agarró de brazo y lo tironeó, por todo el edificio, hasta llevarlo al pequeño cubículo, rodeado de vidrio, sillones cómodos y micrófonos negros, donde grababa su programa Canal Iwatobi: Free Talking!

—¿Sabes por qué se llama Free Talking?—le preguntó con una sonrisa después de presentarles cada rincón de los cinco metros cuadrados—. ¡Por ti, Haru-chan!

—Eso no tiene sentido—apuntó Kisumi, que tras ellos, inspeccionaba la mesa de controles—. Con Haruka no se puede hablar de muchos temas, de hecho, no se puede hablar libremente. Él solo piensa en el crawl y en la macarela. Bastante limitado a mí parecer. ¿De dónde se te ocurrió que Haruka es Free?

Haru ignoró a Kisumi, sin embargo, Nagisa lo enfrentó, y para disgusto de los otros tres, Kisumi resultó ser del tipo contestón, y no precisamente como contestaba Rei. Al final, Makoto debió intervenir para que Nagisa no azotara a Kisumi en el rostro con el cable de un micrófono.

Creo que Shigino-san es mucho más parecido a Nagisa de lo que los dos están dispuestos a aceptar—murmuró Rei, después de haberlos observado cuidadosamente.

—Aves de un mismo plumaje—agregó Makoto y miró a Haru, que asintió.

Rin solía usar esa expresión para referirse a él mismo y a Sousuke. Haru pensaba que Makoto y Kisumi lo eran… se llevaban bien con todos… Sin embargo, Haru frunció el ceño: Kisumi no se llevaba bien con Nagisa. Se notaba por la forma en que se miraban, no hacía falta oírlos pelear.

Al salir del edificio de la emisora, Kisumi dijo que debía marcharse, lo cual implicó otra perorata por parte de Nagisa.

—¡Hasta que al fin decides irte! Pensé que no querías dejar solo a Makoto y nos acompañarías, aunque no estuvieras invitado.

—¡Nagisa!—lo riñó Rei—. Lo que has dicho es de muy mala educación. Shigino-san es amigo de nuestros amigos, ya que estuvieron en la misma escuela. Además, puede acompañarnos, si así lo desea.

—¡Me voy ya! Sé que Makoto queda en buenas manos. Después de todo, ustedes son sus mejores amigos.

—¡Eso es cierto!

—Además, estarán juntos unas pocas horas. Y a mí no me gusta compartir a Makoto con tanta gente. Prefiero cuando lo tengo para mí solo.

—¿A caso se gustan? —dijo Nagisa, y solo Rei notó que parecía celoso.

Makoto se apuró a negarlo.

—Solo digo que veo a Makoto todos los días en la práctica de baloncesto—se alzó de hombros Kisumi—. Es como si fuera mío.

—Eso se debe a que Makoto es muy responsable y nunca se pierde un entrenamiento—dijo Rei, pues entre Nagisa y Haru era el que no tenía el ceño fruncido y los labios doblados en una mueca—. Además, se están preparando arduamente para la próxima Copa.

—¿Próxima Copa?—Haru no lo soportó más, preguntó.

Nagisa se adelantó a toda respuesta: explicó la Copa del Emperador, un popular torneo de basketball organizado por la Asociación Japonesa de Baloncesto, en el que la Universidad de Makoto participaría.

Ante la expresión ignorante de Haru, Nagisa aclaró que Makoto y Kisumi tenían tres años de participar. Haru supo que natación no era lo único que Nagisa comentaba en su programa de radio. Ahora entendía por qué vio un afiche de baloncesto pegado entre las fotografías de nadadores y de cantantes idol.

—No sabía—dijo Haru, por decir algo, cuando Nagisa terminó su emocionado relato.

—¡Seguro que hay muchas cosas que Haruka no sabe nada de Makoto!

—Kisumi, por favor—dijo Makoto, serio—. No salgas con eso ahora.

Kisumi frunció levemente el labio, no le gustaba cuando Makoto usaba ese tono con él. Dejaba de ser el muchacho simpático, torpe y simple de secundaria, para sonar como un hombre, y eso solo lo hacía parecer a él mismo como un niño comparado con Makoto. Los otros tres también notaron la vibración de molestia en el tono de voz de Makoto. Haru lo miró precavido, casi tan precavido como Kisumi.

—¡Ustedes parecen una pareja de novios!—dijo Nagisa, señalando, otra vez a Makoto y a Kisumi.

—¡Nagisa! No digas cosas vergonzosas—dijeron Makoto y Rei al mismo tiempo.

Nagisa se alzó de hombros. Y para sorpresa de Haru, al instante los cuatro muchachos estaban riendo. Kisumi, con las manos en la cadera, soltó un suspiro antes de marcharse. Haru trató de hacer contacto visual con Makoto, pero los ojos verdes estaban fijos en el camino. Al cabo de un rato, Haru desistió. De alguna forma, lo tranquilizaba pensar que si Makoto estaba en el equipo de baloncesto de la Universidad de Tokio era porque aun estudiaba algo

¿Qué clases de historias y experiencias se cuentan a los amigos después de un par de años sin verse? ¿A caso informar sobre los avances de sus estudios universitarios no era un buen tema de conversación entre amigos?

Haru pensó que no había tenido ninguna conversación con Makoto desde que regresó. Quizá solo necesitaban más tiempo juntos, y todo volvería a ser como antes, y podría volver a saberlo todo sobre Makoto…

—Makoto. Me quedaré a dormir en tu casa—dijo Haru.

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—¡Por favor, hermano! Juguemos.

—Ran…—dijo Makoto cansado—. Compórtate. Tenemos un invitado esta noche.

—¡Hermano! Ayúdame a hacer la tarea.

—Ah. Ren… ¿Por qué la dejas hasta el final? —gimió Makoto—. Haru, ¿me das un minuto?

—Ayúdale—accedió Haru. Centró su atención en la niña—. Yo jugaré con Ran.

Makoto asintió y salió acompañado de su hermano menor rumbo a la habitación de este para ayudarlo con la tarea. Ran observaba con los ojos brillantes a Haru.

—Juguemos casita. Yo soy la mamá y tú eres mi hijo…

Treinta minutos después, Haru ya había perfeccionado el arte de simular con ruiditos de ñam, ñam que comía. Cuando Makoto entró, le rogó a Ran que se fuera a dormir, pero la niña estaba muy orgullosa de la vida que había inventado como la madre de Haru.

A Haru no parecía importarle, por lo que a Makoto no le quedó de otra más que participar.

—¿Por qué siempre tengo que ser el perro?—murmuró, sentándose en su cama.

—A Haru le gusta que seas el perro—dijo Ran, mirándolo con el ceño fruncido—. ¿Ya no recuerdas a Makkou?

—Cierto—estuvo de acuerdo Haru—. Además, eres el vendedor de macarela y el limpia-piscinas.

—¡Haruu!—lloriqueó Makoto, tirándose de espaldas en la cama, ignorante totalmente de la simpatía que Haru sentía por Makkou, por el vendedor de macarela y por todos los limpia-piscinas del mundo —. Me tratas como a un perro.

¡Hermano! Tómate el juego en serio. Los perros no hablan, así que deja de hacerlo.

—Ah… Ahhs.

—No lo haces bien—gruñó la niña. Negó con la cabeza y miró a Haru—. Ven, Haru-chan. Hoy no podrás jugar con Makkou porque se portó mal y tendrá que dormir afuera.

—Mamá Ran—dijo Haru—. Es hora de que te acompañe a dormir.

La adrenalina y la emoción desaparecieron del cuerpo de la niña, y dejó que Haru la acompañara a su cuarto, donde recibió un beso de buenas noches.

Cuando Haru regresó, Makoto había encendido la consola de videojuegos.

—Tienes un pez payaso—inició, sorpresivamente, la conversación Haru, pues había visto en una repisa, bastante alta y lejos de las ventanas, entre la habitación de los gemelos y la de Makoto, la pecera. Escogió a su personaje: Sub-zero, que, como siempre, enfrentaría al Liu Kang de Makoto.

Lo compré hace poco—contestó Makoto.

—¿Aun tienes el llavero?

—¿Cuál llavero? ¿Perdiste algo?

—Me refiero al llavero que escogiste en nuestro primer día de clases en el club de natación.

—Ah. ¿Te acuerdas de eso?—preguntó Makoto, curioso. Haru respondió con una Ráfaga de Hielo. Makoto frunció los labios, preparó una nueva estrategia de combate—. Todavía lo tengo. En el apartamento… en Tokio…

Haru no dijo nada. Aun podía esperar para el Cero Absoluto, no había prisa en ganar ese combate. Por más que Makoto mantuviera una expresión concentrada, nunca había sentido que realmente estuvieran compitiendo.

Por eso, no necesitaba concentrarse para derrotar al personaje de Makoto, así que su mente recordaba su infancia. Últimamente, sucedía a menudo. Cada vez que veía un delfín, en cualquier manifestación, recordaba –leve o intensamente-, cuando tanto sus manos como las de Makoto se dirigieron al único delfín que guindaba entre los llaveros en su primer día en el club. Y, al final, Makoto terminó "eligiendo" un pez payaso.

Ese tipo de pez dependiente de otra criatura, de la anémona. El pez que vive organizado en matriarcados: todos los peces eran machos, menos el macho dominante, el cual tenía la capacidad de convertirse en hembra para lograr descendencia.

—Querías el delfín.

—Haru-chan quería el delfín—murmuró Makoto, sin apartar la mirada de la pantalla del televisor, o más bien de la franja roja que auguraba pocos segundos de vida para su personaje.

—Otros niños habrían competido por ese llavero—dijo Haru—. Sasabe lo sugirió.

Makoto salvó a su personaje del pozo. El juego volvió a empezar. Haru seleccionó de nuevo al mismo personaje, Makoto buscó a otro. Eligieron el mismo escenario, después de todo, a Makoto, cuando niño, unos escenarios solían darle más miedo que otros, así que estaban acostumbrados a las Puertas del Palacio.

—Solo quiero que Haru sea feliz—dijo Makoto, más de prisa de lo que debió. Haru lo miró de reojo, Makoto parecía tenso—. Tardé mucho en saber que las competencias harían feliz a Haru… y que a Haru le gustaba competir. Por eso…

"¿Por eso siempre cedías?" terminó la frase la mente de Haru.

Un segundo. Quince segundos. Los movimientos de Kitana eran… poco asertivos. Makoto ya no estaba concentrado.

—Siempre me has apoyado en las competencias—apuntó Haru, en voz baja.

—Pero nunca encendí esa llama en ti…—Haru frunció el ceño. Era extraño e incómodo oír esa expresión con la voz de Makoto, eso parecía una frase de Rin. Inclusive, de alguna forma, también Rei y Nagisa podrían decirlo. Pero no Makoto. Menos con aquel tono tan serio—. Además, es claro como el agua, que competir contra Rin te hace feliz, no conmigo…

Una vez más, la Ráfaga Helada detuvo los movimientos del personaje de Makoto. Hablar, o si quiera pensar, en competencias, siempre llevaba a Rin. Pero Makoto no sabía que antes de competir contra Haru, Rin prefería competir contra Sousuke. Inclusive, Haru había tenido competencias con Sousuke tan serias como las que tenía con Rin. Era un asunto de ser competitivo. Era un asunto de no pensar en ganar, ni en tiempos. Era… ser libre.

—A veces pienso que soy muy manipulable—confesó Haru ¿Por qué? Porque con Makoto siempre era fácil hablar—. No soporto que Rin pueda ganarme en algo, y él usa eso para obligarme a hacer cosas que no quiero. Es lo mismo que hacen tú y Nagisa, todo el tiempo, convenciéndome con falsas esperanzas de que si hago lo que ustedes quieren podré nadar o comer algo de macarela. Rei es el único que respeta mis decisiones…

—Haruu—exclamó con una sonrisa Makoto, sus dedos tamborilearon el control—. Nosotros no te manipulamos… solo es muy fácil convencerte.

Haru dejó el control. Estaba cansado.

—Al menos yo no creí que Nagisa se mudaría a Pangea.

—¡Parecía una historia creíble!

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Haru abrió los ojos de pronto y, como era de esperar, encontró la habitación a oscuras. Podía escuchar la respiración acompasada de Makoto, así que llamarlo no serviría de nada. Se giró en su futón, pensando que si cambiaba de posición, podría desaparecer la incomodidad que lo azotó al darse cuenta de que habló de muchas cosas con Makoto, menos de lo que realmente quería: ¿qué estaba estudiando? ¿Además de jugar baloncesto, qué hacía con su vida?

Mañana podría preguntarle. Entonces, recordó que si bien él no tenía torneos cercanos, las vacaciones de Makoto terminarían pronto…

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Buenos días—murmuró Makoto—. Estoy seguro de que mi madre preparó macarela… ¿Haru?—su voz aumentó un decibel, preocupado—, ¿estás bien?

Haru frunció el ceño. Apenas había podido dormir, pero no creía que su semblante lo denunciara. ¿A caso tenía mala cara?

—Sí—dijo, apenas moviendo los labios.

Makoto lo miró preocupado, pero no dijo nada al respecto.

Vamos. Seguro que la macarela mejorará el día—Makoto se levantó y caminó hacia la puerta de su habitación—. Sé que prefieres tomar un baño antes de desayunar, pero por un día no pasa nada, ¿cierto?—Lo miró precavido, Haru seguía observando el techo—. Bueno, dos días. Ayer te obligué a comer piña en trozos…

—No me obligaste—cortó Haru, sentándose.

—Deja el futón. Yo lo ordeno después… y Haru, perdón por sacarte de la rutina del desayuno y por hacer que pasaras una mala noche…

—No hace falta que te disculpes—dijo, sin mirarlo, y poca atención le prestó a los otros comentarios, ya que ordenó el lugar donde había dormido.

—No hacía falta… Puede que la macarela se enfríe…

Haru miró el suelo con detenimiento. La idea de bajar inmediatamente a comer macarela, lo tentaba, pero haber pasado la noche en vela, dándole vueltas a la misma idea, lo indisponía tanto que prefería postergar su delicioso desayuno.

—¿Cuándo regresas a Tokio?

Makoto no contestó inmediatamente, su expresión atenta parecía indicar que estaba procesando la pregunta.

—Planeo quedarme todas las vacaciones aquí. Tres semanas más. Eso me recuerda que debo adelantar algunas lecturas. Tal vez no pueda asistir a todas las actividades que está planeando Nagisa—Se rascó la nuca, y su mirada preocupada se dirigió a una de sus maletas, que no había desempacado. Suspiró. Miró de reojo a Haru, un poco cohibido—. ¿Cu-cuándo regresarás a Australia?

—Una semana antes de que inicie la temporada—murmuró. Makoto asintió, conocía el calendario de las temporadas.

—Claro—sonrió Makoto, sabía que le quedaban al menos dos semanas más que a él—. ¿Quieres desayunar ya… o prefieres el baño?—agregó dubitativo.

—Desayunar está bien—Antes de salir, Haru recogió sus cosas y dijo en voz baja—. Después del desayuno, me iré. Tomaré el baño en mi casa. Pero vendré en la noche.

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—Ayer jugaron casita. ¡No es justo!—lloriqueó Ren.

—Quiero que todos juguemos casita—lloriqueó Ran.

—No me emociona mucho jugar casita—murmuró Nagisa.

—Yo nunca he jugado. Aunque parece un juego hermoso.

—Lo es. Yo seré la mamá, Haru será mi hijo…

—¿Quién seré yo?—intervino Nagisa, luciendo un poco más interesado al ver que era un juego de roles, y no de él siendo vestido como niña.

—Tú puedes ser mi hija.

—Ah. Prefiero ser la compañera de clase de Haru-chan, podemos decir que debemos hacer un proyecto de ciencias…

—Yo quiero ser el proyecto de ciencias—chilló Ren emocionado, porque esa versión del juego sonaba interesante—. ¡Quiero ser un volcán! ¡O una rana lista para diseccionar!

—Parece una buena oportunidad para enseñarles un poco de ciencias—apuntó Makoto.

—Excelente. Yo me puedo encargar de explicar el proyecto—sugirió Rei, con una sonrisa, y levantó los brazos de Ren para hacerlo parecer un volcán—. Ren será un volcán… Así que presten atención: Haru-kun, Nagisa-chan.

—¡Oh, muy bien! Por fin alguien que se toma en serio este juego—sonrió emocionada Ran—. Makkou, ve afuera. Los perros no pueden estar en el cuarto cuando los niños estudian.

—Pero esta es mi habi…

—Los perros no hablan.

—Ahh… woof.

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Seis minutos después Haru se encontró empujando levemente la puerta de la habitación de Ran. En el interior, Makoto estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la cama, y con toda su atención en el celular.

—Haru…—dijo sorprendido al notar a su amigo.

—He venido a alimentar al perro—Le enseñó unos papeles arrugados que, sin duda, sacaron del cesto de la basura y que tenía escrito en marcador verde "comida para perro".

—Gracias, Haru. Eres un excelente dueño—Makoto dejó el celular en la cama y Haru se sentó en la esquina, cerca del aparato—. Parece que a Rei y a Nagisa les gustó el juego.

—No creo que hayan notado que estoy aquí.

—Por supuesto que lo notaron. En todo caso, estás cuidando al perro, así que sigues en el juego.

—Supongo—murmuró. Volteó la cabeza hacia un lado. Quería hablar con Makoto. Quería más tiempo con él. Quería recuperar algo de lo que alguna vez tuvieron—. ¿Tienes novia?

Makoto lo miró, desde abajo, sin que su expresión cambiara, sin disminuir su sonrisa calmada, respondió:

—No. No estoy saliendo con nadie—Haru arrugó un poco la nariz. Por alguna razón esa no era la reacción que esperaba. De repente, Makoto se percató de la pantalla de su celular, que Haru había ojeado un momento antes de preguntarle. Un nombre femenino relucía en la pantalla—. ¿Te refieres a esto? —le señaló la pantalla. Haru no hizo ninguna seña, pero era obvio que se refería al largo chat con emoticones y titulado con el nombre de una mujer—. Es una compañera. Me pre…

—Solo no quería interrumpir—lo detuvo Haru.

—¡Haru!—exclamó Makoto, un tanto apenado. Y Haru sintió que ahora sí sonaba como Makoto—. No interrumpes, nada. Nunca lo harías… Además, si estuviera saliendo con alguien te contaría.

Haru, de repente, sintió enojo. Reconocía que un buen tema de conversación para dos amigos que llevaban tiempo sin verse era hablar de sus parejas; igual que comentar si habían cambiado sus carreras. No creía, realmente, que Makoto le fuera a hablar de cualquiera de los dos temas.

—¿Haru? ¿Sucede algo?—preguntó Makoto.

Haru bajó los ojos hacia él. Esa pregunta, y el tonito maternal le molestaron aun más. Al percatarse del desagrado de su amigo, Makoto relajó su semblante hasta que se formó una pequeña y apenada sonrisa.

—¿Cuándo alimentas al pez?—preguntó Haru, evadiendo la situación que le molestaba.

—Ya lo hice. Ahora soy mucho más rápido atendiendo a los peces—explicó, recordando cuando solía retrasarse por los cuidados que requerían sus peces. Haru asintió, solo por hacer algo—. De verdad, tengo lecturas pendientes—murmuró Makoto, mientras respondía otro mensaje.

Haru miró de reojo a su amigo, con el rostro iluminado por la luz azulada del celular. Cuando era joven gastó una enorme cantidad de su tiempo pensando que no debía ser agresivo con Makoto, que Makoto debía pensar las cosas por sí mismo, llegar a una respuesta y luego actuar. Y, en cierta forma, eso había sucedido. Un día, sin previo aviso para él, Makoto decidió hacer algo por su cuenta: estudiar en Tokio, perseguir un sueño… y aquí estaban, Haru, ahora, sin saber qué lo hizo cambiar de opinión.

—¿Chicos?—habló Nagisa, apareciendo en la puerta—. ¿Qué hacen aquí? Oh, Makoto, qué desagradable. No traigas a tu novio a la habitación de tu hermanita.

—¡Nagisa!—bramó Makoto, aterrado—. No di…

Nagisa se rio con fuerza.

—¡Ya, ya! Debemos estar juntos, chicos. Tenemos que hacer buenos recuerdos en estos días.

"Hacer buenos recuerdos", Haru miró de reojo a Makoto, que sonrió emocionado, olvidando el celular. El muchacho se puso de pie, contento.

—Podemos jugar videojuegos toda la noche. Vamos, Haru-chan.

—Eso sin duda será un buen recuerdo—exclamó Nagisa.


Hola.

Muchas gracias por llegar hasta aquí. Trataré de no hacer capítulos tan largos, pero les agradezco que lo hayan leído. Ya voy terminando con esta primera etapa: aun queda un misterio de Makoto por resolver, tiene que ver con FutureFish :3 Después en el tiempito que les queda de vacaciones, Haru trataré de recuperarlo.

Gracias a las personas que han comentado. Me han hecho muy feliz y agradezco conocer su perspectiva de la historia. Espero este capítulo les haya gustado.

Gracias por leer y nos vemos pronto

No olviden el review

:)