PARTE 7
EXTRAÑOS SENTIMIENTOS
"-Mei, ¿Puedo besarte?
-¿Es que acaso sólo piensas en eso? Déjame estudiar, por favor.
-¡Vamos, sólo un beso cortito!
-Te dije que no."
"-¡Mei, te ves tan linda!
-No me abraces así, que me dejas sin aire. Apártate.
.-Sólo quería ser cariñosa contigo.
-Reprime tus impulsos. Y si no puedes, abraza a la almohada."
"-Oye, Mei ¿Podemos dormir abrazadas?
-Ni lo pienses. El calor de tu cuerpo no me dejaría dormir.
-Siquiera hasta que te duermas.
-No"
"¿Por qué recuerdo esas cosas precisamente ahora?" Pensó Yuzu, mientras miraba a Mei con una mirada refulgente, con su rostro entre sus manos.
Mei, que seguía encima, acercó sus labios a los de ella, depositando en ellos un largo beso, en el que concentró toda la pasión que era capaz de transmitir, mientras le iba desabrochando, lentamente, los botones de la camisa.
-"Mei, te amo. Déjame demostrarte cuánto te quiero.
-¿Otra vez? Ya te dije que no me gusta que me presiones. Déjame dormir"
"No, no y no. Parece que no existe otra palabra para ella"
El rostro de Misaki, con su mirada triunfante. Un corazón roto, un alma triste.
Mei intensificaba las caricias en el cuerpo de Yuzu; deslizó sus manos por debajo de los sujetadores color rosa con que su hermanastra cubría sus pechos y, con la yema de los dedos, empezó a hacerle suaves masajes, mientras besaba su cuello y sus labios, alternando cada contacto con suma lentitud, a fin de saborear cada centímetro de piel de su amada. Esta última había dejado caer los brazos como si, de repente, hubiera quedado sin energía. Mei deslizaba sus labios por el cuerpo de Yuzu, tocaba sus piernas en toda su extensión, mientras le decía una y otra vez: "Te amo". Sin embargo, pese a todos estos movimientos, Yuzu parecía haberse quedado dormida; Su cuerpo no reaccionaba: sólo yacía allí, debajo de Mei, sin responder a las ardientes caricias que le brindaban. Mei no tardó en darse cuenta de la rara actitud de Yuzu. Redobló sus esfuerzos, besando una y otra vez sus labios, su cuello, sus muslos. Nada.
-Yuzu-su voz sonaba apagada-¿Qué te pasa?
Girando la cabeza a un lado, le respondió, con voz distante:
-Si quieres seguir, adelante. Conocerás lo que es hacerle el amor a un bloque de hielo. Si es agradable o no, lo dejo a tu criterio. No esperes reacciones de mi parte, que no las conseguirás.
-¿Es que acaso…. ya no me deseas?
Aun sabiendo que lo que iba a decir era un poco cruel, no pudo detener las palabras que, en ese momento, salieron de sus labios:
-Pareces una perra en celo.
Mei se separó bruscamente de Yuzu, pensando que oído le había jugado una mala pasada.
-¿Qué has dicho?
-¿En verdad quieres que lo repita?
Yuzu se incorporó. El rostro de Mei se puso mortalmente pálido, y sus labios adquirieron una tonalidad púrpura, a la vez que sus manos empezaron a temblar como la flama de una vela agitada por el viento. Levantó una de ellas y la estampó en la mejilla de Yuzu de un modo tan rotundo, que la arrojó de vuelta a la cama, dejándole una marca encarnada.
-¡¿Qué te he hecho para que me trates de ese modo?! No tienes idea de cuánto me han herido tus palabras. ¿Eso soy para ti? ¿Una perra?
Frotándose la mejilla dolorida, Yuzu se levantó de la cama. Miró a Mei de frente; sus ojos verdes ahora tenían un brillo maligno, y estaba dispuesta a asestar más heridas con el puñal de su afilada lengua.
•Es la segunda vez que me golpeas. Parece que, además de zorra te estás convirtiendo en una tigresa. No me dejas otra opción. ¿Qué quieres que piense de ti? Desde que estamos saliendo, tu actitud puritana, sin permitirme siquiera darte un beso, me deprimía mucho; pero mi amor dejaba pasar todo eso. Sin embargo, de un momento a otro, ahora eres tú la que me busca, como esas perras calenturientas que no se conforman con una montada y por eso permiten que cualquier perro las mancille. ¿Qué ocurrió para que cambiaras tan drásticamente de un momento a otro?-acercó su rostro al de ella, mirándola con furia-¿Es que acaso alguien se me adelantó y por esos ahora andas tan fogosa?
Ante estas palabras, Mei no pudo responder nada. A su memoria retornaron los momentos vividos con Misaki en la dirección. Bajó los ojos. ¿Qué podía replicar? No quería que ella supiera, nunca, que le había sido infiel. Yuzu no se lo perdonaría.
-No es así.-Sus pupilas temblaban-Yo en verdad te quiero, Yuzu. A pesar de todas las cosas terribles que me acabas de decir, te quiero.
-Mei-Yuzu escondió el rostro entre sus manos- yo hice todo lo que pude para tenerte, y aunque ahora digas eso, siento que fracasé. Nunca pude entenderte, porque no quisiste abrir tu corazón para mí.
Mei se levantó, e intentó abrazarla de nuevo, pero Yuzu se apartó rápidamente.
-Ya veo que no podré descansar si permanezco aquí. Me voy.-dijo, mientras se ponía una chaqueta de cuero.- ¡AGH! Me pregunto cuándo terminará este maldito día.
Tratando de detenerla, Mei se puso junto a la puerta.
-¿Adónde vas a esta hora? Es muy tarde. No salgas, te prometo no decir más nada por hoy.
Yuzu la observó un breve instante y, cerrando la puerta suavemente, salió de allí. Mei intentó seguirla, pero se detuvo. Se arrojó a la cama, tomando la almohadada que cada noche recibía la dorada cabeza de Yuzu y la abrazó, mientras musitaba:
-¿En qué momento te convertiste en eso? ¿Qué pasó contigo? ¿En verdad te he perdido?- Estas y cien preguntas más torturaron su mente, impidiéndole conciliar el sueño.
Por su parte Yuzu, indecisa, no sabía si devolverse y arreglar las cosas con Mei o darle rienda suelta al rencor. El amor y el resentimiento libraban una ardua lucha; y, mientras se estrujaba el cerebro, divisó una botella de vodka que su madre usaba cuando estaba muy cansada y sin pensarlo mucho, se la guardó en el bolsillo de la chaqueta y se marchó.
Una vez más, fuera. Ahora no tenía a Harumin a su lado; se sintió tentada a ir a su casa, pero prefirió sentarse en el banco de un parque. Eran cerca de las once. No había muchos transeúntes a esa hora; sólo uno que otro estudiante, y algunos señores que llegaban de trabajar.
"¿Por qué duele tanto una traición? ¿No puedo simplemente pasarlo por alto y ser feliz con ella?"-Este interrogante flotaba alrededor de Yuzu, pero comprendió que entregar el cuerpo a otra persona, teniendo pareja, es algo ruin, y sólo recordar lo que presenció en la Dirección hacía que su pecho doliera de un modo abrumador. Sacó el vodka y empezó a beber, con los nervios hechos trizas. La bebida le quemaba el estómago; recordó el día anterior, cuando aquellos chicos le facilitaron el wiskhy. Según Harumin, eso por poco le cuesta algo más que un simple dolor de cabeza. Aun así, el licor era un excelente generador de amnesia, aunque sólo fuera temporal, así que bebió un largo trago para disipar por unas horas el recuerdo de Mei. Su mente empezó a nublarse. Siguió bebiendo sin ningún tipo de control. Aún era consciente de sus actos cuando alguien que pasaba por allí se sentó a su lado. Yuzu observó atentamente a su acompañante, percatándose de que era su pequeña amiga Matsuri. Ésta, mirándola fijamente, le preguntó con mucha seriedad:
-¿Crees que haciendo de eso un hábito podrás resolver tus problemas? No soy quien para juzgarte, pero no deberías beber tan liberalmente y menos con ese ánimo tan tétrico que tienes.
Yuzu, en quien los efectos del vodka ya se hacían evidentes, se riò de un modo desagradable. Al instante, le respondió sarcásticamente:
-Es verdad, no eres nadie. Alguien que estafa a vejestorios y planea citas con hombres mayores no es fuente aceptable de consejos. ¿Qué hace en la calle una chica de secundaria a estas horas de la noche? Mejor cállate.
Matsuri no pareció ofenderse. Al contrario, comprendía los sentimientos de Yuzu. Acercándose más a ella, la abrazó, diciéndole mimosamente, sabiendo que las personas ebrias se ponían tercas:
-Vamos, yo te acompañaré a tu casa. No quiero dejarte aquí sola.
-No puedo volver ahora. He tenido cierto altercado con Mei y no quiero verla.
-¿Piensas quedarte aquí toda la noche? –Insistió, apremiante, Matsuri- Es más, parece que va a llover.-añadió señalando los relámpagos que lanzaban destellos en el cielo.
-No.
Matsuri acarició los mechones de pelo rubio que caían, descuidados, en la hermosa frente de su Yuzu, pensando en lo mucho que había deseado hacer suyo todo lo relacionado con ella: Sus pensamientos, sus miradas, sus gestos, sus labios, su cuerpo… pero era tarde cuanto lo intentó. El corazón de Yuzu ya pertenecía a otra.
-Yuzu, me veré obligada a llamar a tu madre. ¡Deja de beber!- Intentó quitarle la botella, de la cual Yuzu tomó otro trago; pero, más rápida que Matsuri, la aseguró en el bolsillo interno de su chaqueta.
-Llámala si quieres. Me importa un carajo.
-No seas tan desagradable con la gente que te quiere.
-La que amo con todo mi corazón dice que me quiere pero me traicionó. Si ella lo hizo, ¿Por qué debería confiar en ti? Todos, incluso Harumin, a pesar de todo, podrían engañarme también.-Yuzu decía esto con mucha tristeza.
Matsuri se sentó en las piernas de Yuzu. Nada de lo que ésta dijera le afectaba, excepto lo último. Besó su mejilla, y le dijo con mucha suavidad:
-No nos compares a Taniguchi y a mí con Mei. Si te hubieras enamorado de alguna de nosotras, jamás te habríamos hecho llorar. Quien ama de verdad no hace sufrir de este modo a su ser querido. Sé que suelo ser algo traviesa y poco confiable, pero yo te quiero de verdad y nunca te engañaría, y estoy segura que Taniguchi tampoco.-lanzó un suspiro- Te enamoraste de la persona equivocada.
Yuzu se llevó las manos a la cabeza.
-No sabes cómo deseo poder amar a Harumin. O a ti. Ambas me han demostrado tantas cosas buenas.- Yuzu bebió otro trago. – El corazón es ciego.
Matsuri sintió un irresistible deseo de besarla. El estado de Yuzu, vulnerable por la bebida, se prestaba para muchas cosas. Por su mente transitaron algunos pensamientos pervertidos, pero, sabiendo que un borracho no sabe lo que hace, prefirió no causarle más problemas con sus propios deseos.
-Yuzu, vamos. Va a llover.-Matsuri intentó levantarla, pero Yuzu parecía atornillada al banco.
-No voy a ir. Vete tú. Déjame sola.
La lluvia empezó a caer con fuerza. Matsuri intentó convencer a Yuzu de buscar refugio, pero no pudo moverla de allí. Ambas se calaron hasta los huesos, y Matsuri, sin saber qué hacer, se rindió y se refugió bajo un árbol frondoso, mientras que Yuzu permaneció sentada, bebiendo. Ya llevaba casi media botella consumida y la borrachera era total.
-Yuzu va a volver loco a más de uno- se decía Matsuri, tratando de pensar en algo.
Yuzu, a la intemperie, empezó a temblar, a pesar del licor que había consumido. Se tendió en el banco, acurrucándose en posición fetal. Matsuri tenía ganas de llorar y, enojada, se repetía: "Mei, idearé algo para hacerte pagar por esto. Ya verás".
En ese momento, un auto se detuvo en la vía contigua al parque. Una persona se bajó, corriendo con un paraguas y, acercándose a Yuzu, la examinó detenidamente. Al reconocerla, exclamó:
-¡Pero si es Yuzu! ¿Qué hace aquí?
Una voz hizo volverse a quien así hablaba.
-¿Taniguchi Mitsuko?
-¿Eh? ¡Ah! Eres la amiga de Yuzu. Sì, soy yo.
Matsuri se acercó, exclamando:
-¡Menos mal! Por razones que no puedo explicarte ahora, Yuzu está terriblemente deprimida y por esa razón está así. Por favor, no me preguntes nada y haz el favor de no añadir más cargas a las que ya tiene. Sé que eres muy radical con las normas y deberes que debe tener un estudiante, y en estos momentos Yuzu no es una estudiante modelo que digamos.
Mitsuko observó el rostro de Yuzu, que a su vez la miraba fijamente.
-Por el momento, vamos a llevarla al auto.-dijo con calma- Por un demonio, empaparán los cojines de los asientos.
Hicieron levantar a Yuzu. Dos personas era mucho más efectivo a la hora de moverla y Mitsuko era una joven atlética. Ya en el auto, esta última empezó a indagar, mientras Yuzu dormitaba.
-¿Se puede saber qué es lo que está pasando?
Matsuri, ni loca, le contaría un pepino de lo que pasaba. Así que se limitó a responder:
-Pregúntaselo a ella. No me corresponde a mí hacerlo. Por favor, llévame a mi departamento, estoy realmente cansada. Te iré indicando el camino.
-Antes, sólo contéstame una cosa: ¿tiene que ver con Mei?
-Pregúntale a ella. Yo no sé nada.
-¿Sabías que eres una persona desagradable?
-¿Me vas a llevar o no?
Sin preguntar más, Mitsuko dejó a Matsuri en su residencia. Antes de bajar, le dijo a Mitsuko que cuidara de Yuzu y la llevara a su hogar .Miró a Yuzu, a quien el frío y la bebida habían aturdido. Tomó sus manos frías, acariciándolas, pensativa.
-Está pasando por un mal momento. Si se pone pesada, intenta comprenderla. –Lanzó a Mitsuko una mirada muy diciente-Ella es muy importante para tu hermana.
Cuando Matsuri se fue, Mitsuko, preocupada, se quitó su abrigo y cubrió con él a Yuzu. Esta se arrebujó en la prenda, tiritando. Mitsuko le dijo, súbitamente solícita:
-¿Sabías que eres una borracha tierna y adorable? Te llevaré a tu casa. Te vas a enfermar si no te quitas esa ropa mojada.
"¿Qué es lo que estoy diciendo? Debo estar loca". Los ojos de Yuzu tenían un brillo casi místico, que parecían haberla hechizado. Ambas se miraban, como si hubiesen caído en una especie de hipnosis.
Fue Yuzu quien rompió el encanto. De repente, tuvo un ataque de ansiedad. Frenéticamente, se asió del brazo de Mitsuko, pasándose al asiento delantero.
-No me lleves a mi casa, te lo suplico. No quiero que mamá me vea así, y si vas seguro la llamarás.
Sin contestar, Mitsuko empezó a conducir hacia la casa Aihara. Yuzu, ebria, había vuelto a amodorrarse. Dejó caer la cabeza en el regazo de Mitsuko, mirándola con ojos ausentes, y tocando tenuemente su cara. Mitsuko sintió que algo tibio mojaba su pantalón. Aparcó el auto a un lado del camino, deteniéndose; ese algo tibio eran lágrimas. Yuzu lloraba en silencio.
-Esto es lo que pasa cuando bebes sin control.-dijo Mitsuko- Quisiera ser de ayuda. Ese llanto rompe el corazón.
Yuzu, cuyo temperamento sensible se incrementaba con el alcohol, se deslizó, sentándose en las piernas de Mitsuko. Enlazó los brazos alrededor de su cuello. Empezó a hablar torpemente.
-Los malos recuerdos se alejan cuando bebes.
-Parece que eres de las personas que se ponen muy efusivas y cariñosas cuando se emborrachan. No tienes la edad ni la madurez necesaria para andar bebiendo como loca y un día de estos un oportunista se aprovechará de ti. Esa botella de vodka está casi vacía.
Yuzu se pegó más a Mitsuko, murmurando que tenía frío. Esta se puso a tensa. ¿Por qué, así de la nada, Yuzu la turbaba de esa manera? ¿Sería porque Matsuri le dijo lo importante que esa chica era para su hermana? Siempre supo que esa rubiecita tenía un no sé qué atrayente, que se hacía querer de cuantos la rodeaban; era como un aura radiante que iluminaba el camino de los que estaban con ella. Su hermana era prueba de ello. Harumin era más feliz desde que Yuzu entró a su vida. Lo mismo podía decirse de Mei. En general, Yuzu era un manantial de alegría que empapaba de vitalidad a los que tenían la suerte de conocerla. Pero esa alegría parecía haberse disipado. La joven que buscaba refugio en sus brazos en ese momento era una apagada sombra, pálido reflejo de lo que en verdad era. Nunca había hablado mucho con ella, y comprendía que lo que estaba ocurriendo era producto de la bebida; de otro modo, Yuzu ni siquiera estaría allí. Se sorprendió al descubrir lo que provocaba esa joven en su interior. Era muy confuso.
El temperamento de Mitsuko, fuerte y autoritario, poco dado a los sentimentalismos, era la principal faceta de su persona; pero la faz demacrada de Yuzu suavizó su habitual expresión seria e impenetrable. Secó un lagrimita que asomaba, descuidada, en las verdes brasas que la miraban con infantil expresión.
-Yuzu, sonríe. Esa expresión ausente no es propia de ti. Alumbra esas tinieblas que te rodean con tu preciosa sonrisa.
Yuzu intentó sonreír, sin lograrlo. Apoyó la cabeza en el hombro de Mitsuko, mientras decía:
-No sé por qué no tengo ganas de reír. Me gustaría complacerte, pero no puedo, me duele algo aquí en el pecho.
Las palabras de Yuzu sonaban tristes. Instintivamente, Mitsuko acarició suavemente su dorado cabello. "Qué bonita es".
Latidos. Latidos.
"Tengo que parar. Estos sentimientos son peligrosos. No puedo entrometerme más; no es bueno para el corazón. La llevaré a su casa y haré de cuenta que esto no ocurrió. Cuando se recupere de la bebida, ella no recordará nada y yo me mantendré al margen."
Intentó apartar a Yuzu para seguir conduciendo, pero esta se resistió. Gigantesco fue el asombro cuando sintió los labios de Yuzu sobre los suyos.
-Eres hermosa.-dijo Yuzu- Te pareces a Haru, sólo que con el pelo corto y más seria.
Mitsuko La empujó enérgicamente, pero no consiguió separarse del repentino contacto. El beso de Yuzu era tierno y evidenciaba el hambre de cariño que la acuciaba. Se resistió por un momento. Pero esos labios eran gratos y generosos, desbordantes de etéreas sensaciones. Muerta de miedo por la emoción que la embargaba, cerró los ojos, y se entregó a ese miedo, porque en ese instante sintió que flotaba, porque esos besos eran lo más maravilloso que hubiera podido experimentar alguna vez, así provinieran de una chica borracha, cuya lengua sabía a vodka y lágrimas.
"-Taniguchi, me gustas mucho. ¿Te gustaría empezar a salir conmigo?
-Lo siento, pero mis deberes como presidenta no me permiten ese tipo de distracciones."
"-¡Mitsuko, vamos a la playa el fin de semana!
-No puedo, tengo que llenar planillas y revisar documentos. En otra ocasión será."
-"La presidenta Taniguchi es muy hermosa, pero es muy temperamental. Con sus estrictas reglas y su modo de ser tan radical, dudo que consiga pareja."
-¡No me fastidien con eso! Ni que falta me hiciera."
Un momento que pareció detenerse en el tiempo. 19 años para recibir y dar su primer beso. Quién diría que sería de esta manera; siempre había sido fría y metódica…qué raro. Pero algo iba terriblemente mal. Era evidente que Yuzu amaba a alguien, quien quiera que fuese. Y lo peor es que estaba segura de que Harumin estaba enamorada de ella. Pero siempre había vivido atada a reglas, perdiéndose del lado amable y bueno de la vida. Por eso, permaneció allí, besando y dejándose besar, sin parar siquiera a tomar aire. Yuzu parecía querer desollarle los labios, mientras acariciaba ávidamente su espalda. Y Mitsuko se había excitado. Presa de los nervios, tan inexperta como una niña, le pidió a Yuzu que le besara el cuello.
-Mitsuko- le dijo Yuzu adhiriéndose aún más a su cuerpo, haciéndose casi una con ella-eres dulce. Tanto, que me gustaría besarte toda la noche.
Besó todo su rostro, pasando suavemente la lengua por sus orejas y su cuello.
-Por favor, sigue así…- Mitsuko apretó las piernas. Algo iba a estallar dentro de ella. Yuzu puso su boca en la oreja izquierda de Mitsuko, metiendo su lengua hasta donde pudo, succionando, chupando como si de otra boca se tratase.
-Siento que muero…-Los gemidos de Mitsuko eran débiles.-Yuzu… Yuzu, creo que moriré…
Se aferró al cuerpo de Yuzu, apretándola como si quisiera partirla en dos; Así de fuerte fue el estímulo recibido. Se sacudió espasmódicamente. Todo parecía haberse oscurecido; sólo estaban ella y Yuzu, con su olor a licor y perfume de azucena saturándole el cuerpo y el alma.
Aunque estaba exhausta, Mitsuko no aflojó el abrazo; al contrario, se pegó más a ella, como si fuera a escapársele.
Yuzu musitó muy suavemente en su oído, con tinte de picardía en sus palabras:
-Parece que te viniste sólo con mis besos. ¿Qué tal si hubiéramos hecho algo más íntimo? ¡Y pensar que soy menor que tú!-
Mitsuko no respondió; estaba avergonzada. Pero no se arrepentía. Ese momento sólo lo viviría esa única vez. Cuando amaneciera, Yuzu no recordaría nada, pero ella atesoraría esa experiencia en su mente y corazón.
Yuzu volvió a sus labios, besándola otra vez, pero esta vez fue un beso de esos que son bonitos, románticos como la luna y eternos como el mar.
Soñolienta, Harumin se levantó al escuchar el sonido del despertador. Se dirigió primero al baño y luego a la cocina a tomar un poco de café. Pensó que soñaba cuando vio allí a Mitsuko sentada, bebiendo jugo de naranja.
-Hermana ¿Cuándo llegaste?
-En la madrugada. Procuré entrar con sumo cuidado para no despertarte.
-Te ves cansada. ¿No has dormido bien?
-No. La verdad es que estoy trasnochada porque tuve que cuidar de alguien que no se sentía bien.
-¿De quién se trata?- preguntó Harumin sorprendida.
Mitsuko estaba nerviosa. No podía mirar a su hermana a los ojos. La culpa no se lo permitía. En la madrugada, cuando, Yuzu, rendida, se quedó dormida en sus brazos con su boca aún pegada a la suya, decidió llevarla al departamento que compartía con Harumin para que terminara de pasar la noche allí. La acostó, quitándole la ropa húmeda y se quedó el resto de la noche mirándola, pensando en lo que había sucedido. Aquello Fue hermosamente loco.
-Es Yuzu.-contestó- La encontré bebiendo en un parque, y no pude dejarla allí. Estaba con la chica esa de pelo rosa.
Harumin pensó que su hermana estaba bromeando. Corrió a la alcoba de ella y, efectivamente, allí estaba Yuzu, dormida. Se acercó a ella, abrazándola.
-Yuzuchi, otra vez en este estado. Mi amor, te vas a matar. –Besó su frente amorosamente. Mitsuko la observaba desde la entrada del cuarto.
-Harumin, debes ir a la escuela.
-Sí, claro. Pero ¿Y Yuzuchi?
-No te preocupes, ya despertará. Se emborrachó de lo lindo.
Como si la hubiesen invocado, Yuzu empezó a agitarse. Se sentó en la cama. El dolor de cabeza era insoportable. Miró a su alrededor.
-¿Haru?-Se volvió a sus hermana-¿Señorita Mitsuko?- Se llevó las manos a la cabeza y recordó la discusión con Mei, el vodka, Matsuri… y, borrosamente, la cara de Mitsuko, que la subía a su automóvil.
-Lamento haberte incomodado, Mitsuko-dijo - Haru, no tengo mi uniforme completo para ir a la escuela. ¿Podrías prestarme un saco? Me quedará algo grande, pero no importa.
Harumin protestó.
-No deberías ir a la escuela así. Sólo mírate en un espejo y te darás cuenta de lo terrible que luces. Mi hermana te llevará a tu casa, para que esa resaca se pase como es debido. Además, no tiene tus libros aquí.
- No me importa. Claro que iré.-Yuzu estaba determinada.-Así me desmaye, o me muera. Me da lo mismo.
"Quiere ver a Mei"-Pensó Harumin.
-Bueno, tú ganas. Vamos a bañarnos juntas, pero rápido, que se hace tarde.
-Oigan- intervino Mitsuko-¿Se bañarán juntas? –Su voz era extraña.
-¿Qué tiene de malo?
-No nada, sigan con lo suyo.-Dijo, marchándose a la cocina. Su corazón latía como loco. "¿Acaso estoy celosa?"
En la ducha, Harumin y Yuzu se enjabonaron mutuamente. Pero Yuzu sentía algo raro, aparte del horrible dolor que atenazaba su cuerpo, efecto de la resaca...; algo se le escapaba, pero no podía precisar qué.
-Yuzu, estás muy pensativa. ¿Qué te pasó anoche? ¿Matsuri se puso pesada?
-Nada de eso. Es que… hay algo, pero no logro recordar. Bebí mucho.
Las pupilas de sus ojos verdes tenían un dejo de ansiedad y preocupación. Harumin la abrazó, diciéndole al oído:
-Me alegra que estés aquí conmigo. Te quiero. Por favor, vuelve a sonreír. Extraño tu risa cálida y amable.
Yuzu pareció recordar algo, pero la imagen huyó nuevamente.
-Un día de estos volveré a reír.-Puso su mano en el rostro de Harumin- Ayúdame, por favor.
Como respuesta, Harumin la besó dulcemente.
Al cabo de media hora, ambas estaban preparadas para partir y Mitsuko se ofreció llevarlas. Cuando iba a subir al auto, Yuzu sintió un fuerte mareo, y estuvo a punto de caer, pero Mitsuko logró sujetarla.
-¿Estás bien?-Puso su mano en la frente de Yuzu-Tienes algo de fiebre.- Cuando estés en la escuela, asegúrate de ir a la enfermería. ¿De acuerdo?
Yuzu miró fijamente los ojos castaños de Mitsuko, que se parecían tanto a los de Harumin, y tuvo un fugaz de ja vù. Al cabo de un momento, experimentó una fuerte sensación, primero de sorpresa y luego de vergüenza. Su rostro enrojeció. Harumin observaba la escena un poco intrigada. Por un instante, Yuzu y Mitsuko se miraron intensamente.
-Mitsuko, lo siento mucho-Dijo Yuzu al fin-Soy tan torpe. Creo que cuando tomo me comporto como una idiota.
-No te preocupes por eso. –La miró significativamente-No estoy disgustada.
Por un breve momento, Yuzu se olvidó de la presencia de Harumin, e intentó abrazar a Mitsuko (No encontró otra manera de pedirle disculpas) pero ésta se apartó rápidamente.
-Es mejor que nos vayamos. Se subió apresuradamente al coche, seguida de Yuzu. Harumin estaba incómoda. ¿Qué había sucedido entre su hermana y Yuzu? Pudo notar un fugaz fulgor de pasión en los ojos de Mitsuko. El corazón se le quería salir del pecho. Subiendo también al auto, preguntó, esforzándose en parecer normal:
-¿Es que acaso anoche discutieron o algo?
Yuzu se apresuró en contestar:
-No, lo que pasó fue que vomité sobre su ropa y la arruiné. – Y al decir esto, recostó su cabeza en el pecho de Harumin. Su vida era un desastre. Amaba a Mei e intimaba demasiado con dos hermanas. Sin embargo, en lo vivido con Mitsuko esa madrugada hubo algo especial. Sus ojos se encontraron con los de ella en el espejo retrovisor. Ambas intercambiaron destellos de extraños sentimientos que brotaban lentamente.
Cuando llegaron a la escuela, Mei estaba a la entrada, como el día anterior. Yuzu observó las profundas ojeras que enmarcaban sus hermosos ojos, rojos por falta de sueño o tal vez de tanto llorar. Quiso pasar de largo pero la mirada de Mei, anhelante, la detuvo. Tomó su mano, diciéndole:
-Tenemos que hablar, Mei. No podemos seguir así. Me estoy desintegrando y parece que tú también.-Se dirigió a Harumin- Me adelantaré. Luego te busco.-Y se alejó con Mei.
Harumin se entristeció y Mitsuko comprendió muchas cosas.
