Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.


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¿Tienes miedo?

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Resumen:

Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.


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¿Tienes miedo?

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"Haru. Hace mucho que no nadamos en el mardijo de pronto Makoto, con su mirada fija en el océano.

Haruka logró detenerse a sí mismo antes contestar que era porque Makoto no nadaba en el mar".

Haruka y Makoto. High Speed 2 Capítulo 8 Light

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Quinto Capítulo:

El mar ahoga

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Cuidar de los hermanos de Makoto nunca había sido tan ruidoso. Así que mientras Rei ordenaba los legos, Haru consideró que había muchas personas en la sala y que los niños tenían edad suficiente para cuidarse solos. Él y Makoto solían recorrer toda la ciudad, sin compañía de nadie, cuando tenían esa edad.

Haru se permitió reflexionar sobre la vida familiar de Makoto. Por lo que había escuchado, a pesar de sus estudios en Tokio, Makoto visitaba constantemente a su familia, y seguía a cargo de los niños. Era un hombre de familia.

En primaria, sus compañeros solían pensar que ellos dos eran hermanos. Mientras los dos fueron hijos únicos, Makoto se emocionaba cuando los demás creían que eran familia. Al ser solo unos meses mayor, Makoto lo veía como si se tratara de su hermano. A Haru no le molestaba cuidar de él, a pesar de que era la persona más cobarde que conocía y tenía por costumbre hablarles a todas las personas que se encontrara y arrastrarlo en actividades que no quería hacer.

Sin embargo, un día, Makoto cayó en cuenta de la realidad: Haru era hijo único, él sería un hermano mayor. Pronto. En unos meses. Al convertirse en hermano mayor, Makoto cambió su respuesta cuando les preguntaban si eran hermanos: "Solo somos amigos de la infancia". Haru siempre entendió detrás de esas palabras: "Ahora tengo un par de hermanos a los cuales cuidar. Haru es mi vecino".

Haru conoció primero la noticia, porque acompañaba a su madre cuando se toparon con la mamá de Makoto. La señora Tachibana comentó que tenía miedo de cómo se tomaría la noticia Makoto; pues el niño, con casi doce años, nunca había pedido un hermano menor. Y ahora tendría dos.

La mamá de Haru había dicho que todos los niños quieren un hermano menor, pero que seguramente Makoto y Haruka no lo decían, porque se tenían el uno al otro.

Una noche en la que Makoto le comentó a Haru, medio llorando, que sus hermanos eran tan pequeños y desvalidos que tenía miedo de que les sucediera algo malo si él o sus padres faltaban, Haru recordó la conversación que escuchó entre sus madres, y lo tranquilizó diciéndole que Ren y Ran se tenían el uno al otro, para cuidarse. Justo como ellos.

Makoto, sinceramente, apreció las palabras de Haru. Mientras que Haru se regocijó de la madurez de su amigo. Era un salto importante el preocuparse por alguien más, y el considerar el dolor que causa la ausencia de una persona. Muchos niños no eran capaces de saberlo, o siquiera pensarlo. Cuando la abuela de Haru falleció, Haru sintió que ningún niño lo podía comprender, ni siquiera Makoto que lo acompañó en silencio a cada momento. Entonces, escuchar las preocupaciones de Makoto ahora que temía por el bienestar de los niños si él o sus padres llegaban a faltar, enterneció a Haru.

Sin embargo, volviendo a Makoto como hermano mayor, Haru pronto notó que la necesidad de proteger y de velar por sus hermanos no lo volvió una persona más valiente. Al contrario, las inseguridades y miedos en él empezaron a crecer. Y Haru podía jurar que Makoto aun no superaba el conflicto interno que le causaba la pugna entre el deber de proteger y sus paralizantes miedos.

Haru sabía, porque el mismo Makoto se lo dijo, hacía muchos años, que no se sentía un buen hermano mayor. Y cómo serlo si siempre tenía miedo; si llegó a necesitar de Haru el día que los niños perdieron los remos de su balsa mientras estaban a escasos metros de la costa, y Makoto no pudo hacer nada por ellos.

Los episodios de crisis de Makoto eran más o menos constantes, en especial, cuando sus familiares le decían que debía ser fuerte por sus hermanos, que debía cuidarlos. Las expectativas tan altas sobre el comportamiento de un buen hermano mayor lo atosigaban.

Lidiar con las crisis de Makoto no era divertido, y a veces ni sabía qué decir; su frase: "no vuelvas a decir eso" no lograba mayores resultados. Sin embargo, aquellos malos ratos eran esporádicos entre las risas y alegrías que sus hermanos provocaban. Los gemelos, realmente, amaban a Makoto. Y su amor tranquilizaba el corazón de Makoto y le apaciguaba los miedos.

Makoto es nuestro hermano, sí. Pero no nos simpatiza. Y ya no lo queremos.

Haru tosió. Nadie le prestó atención, pero el alma se le fue a los pies. Sus amigos se reían del comentario de Ren, mientras Makoto se rascaba la nuca, apenado.

Haru quiso saber de qué demonios estaban hablando y por qué alguien podría encontrar ese comentario gracioso. ¿Qué pasó para que el niño dijera eso?

—¡Los comprendo!—rio Nagisa—. Yo también soy el hermano menor. Y los hermanos mayores siempre nos molestan.

—Makoto no nos molesta—aclaró Ran—. Pero no nos protegió.

Haru sintió un vacío en el estómago. No haber protegido a los niños debió matar a Makoto por dentro. Sintió una gran culpa, por no haber estado al lado de Makoto...

—Por culpa de Makoto nos hacen bullying en la escuela—agregó Ren, con un puchero—. Una vez, la maestra nos preguntó que queríamos hacer cuándo fuéramos grandes, y los dos contestamos que… casarnos con Makoto.

—¡Recuerdo que solían decir eso todo el tiempo!—interrumpió Nagisa—. Era muy tierno.

Los dos niños hicieron un gesto molesto. Muy molesto.

—¡Pues, Makoto nunca nos explicó que los hermanos no se pueden casar con su hermano mayor! Y ahora, por su culpa, se burlan de nosotros.

Todos rieron. Inclusive, Haru hizo un amago de sonrisa.

—Se pueden casar con Haru-chan—trató de contentarlos Nagisa.

Los niños no tardaron ni un segundo en negarlo. Además, Ran agregó:

—Tampoco. Mi hermano mayor se casará con Haru.

Nagisa estuvo a punto de aplaudir la idea, pero Ren replicó.

—No se casará con Haru. Mi hermano mayor se casará con Kisumi.

—Eh. ¡No seas tonto! Se casará con Haru. Siempre están juntos.

—¡No digas tonterías, hermana! Ya no están juntos. Se casará con Kisumi. Ellos siempre están juntos.

—¡Con Haru!

—¡Con Kisumi!

—En realidad, no se puede casar con ninguno—intervino Rei—. Los hombres no se pueden casar con otros hombres.

—¿Por qué?—exclamaron los dos niños muy sorprendidos.

Los adultos presentes, así como los niños, miraron a Rei, pendientes de su explicación.

—Porque en este país no se puede—murmuró Rei.

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Nagisa contaba los días que les quedaban juntos y hacía planes para no perder ningún segundo del tiempo que les restaba. Campamento, noche estrellada e isla desierta se volvieron frases constantemente repetidas.

—¡Ahora tenemos dinero! Ya no tendremos que acampar, ni compartir tiendas.

—En realidad, seguimos sin tener dinero. Solo somos estudiantes universitarios.

—¡Haru no lo es! Él gana mucho dinero con sus competencias, ¿cierto, Haru-chan?

—Nagisa. No seas tan maleducado. No puedes disponer de su dinero como si fuera tuyo.

Nagisa se llevó una mano a la barbilla. No lo dijo, pero todos lo supieron: ya planearía algo para lograr el campamento, y no les quedó de otra más que suspirar cansados cuando lo vieron concentrarse en su celular. No despegó los ojos del aparato, por un buen rato.

—Me pregunto si Gou-kun y Sou-chan ya se habrán dado su primer beso.

Rei se irguió hacia la derecha y asomó la cabeza por encima del hombro de Nagisa, con el fin de saber de qué exactamente estaba hablando. Al parecer, hacía rato había olvidado el tema del campamento y, de nuevo, espiaba los álbumes de fotos de Gou.

—Deja de husmear en el perfil de Kou—murmuró Rei, consciente de que sería ignorado.

—Pero los primeros besos son tan lindos. ¿A caso no recuerdan el suyo? ¿Eh? —ninguno le devolvió la sonrisa—. ¿Rei, quién fue tu primer beso?

—Me rehúso a responder eso.

—Vamos. Sé el de todos… solo no sé el tuyo.

—¿El de todos? ¿También el de Nanase-sempai? —Para ninguno pasó desapercibido la frase pérdida en esa pregunta: "el asexual".

Nagisa asintió, entretenido.

Si lo piensas un poco podrías adivinarlo—agregó, al tiempo que le dirigía una mirada socarrona a Rei, quien desvió los ojos detectivescamente hacia Makoto. Nagisa soltó una risilla ante la suposición de Rei, después aclaró—. Haru le dio su primer beso a una piscina. Se lanzó de panza, yo vi sus labios frunciéndose para darle el beso…

Makoto se rio.

Rei vociferó diciendo que esa historia no tenía sentido, pero Haru asintió, y describió el azul de aquella piscina y estuvo a punto de explicar la sensación de besar el agua, a solicitud de Nagisa, pero Rei consideró que, siguiendo la lógica de Haru, cada vez que alguien bebiera agua, sería como darle un beso. Y eso no tenía sentido.

—Esto me recuerda la historia de amor con la cascada…

—Ah, la cascada…

—¡Haruka-sempai! ¡Tiene una cara muy extraña!

—Sí, el primer beso de Haru y el mío son extraños—murmuró Nagisa, hizo una pequeña mueca con los labios, inusitadamente, disgustado—. Mis hermanas me obligaban a darle besos a sus muñecos… iuk.

—Eso de ninguna forma puede ser considerado un primer beso…—trató de aclarar, vanamente, Rei.

—En cambio, Makoto—Nagisa continuó como si nadie lo hubiese interrumpido, además, miró de forma picarona a Makoto—. Ese sí fue un primer beso. ¡Fue con Rin!

Rei casi se atraganta.

—¿Él besó a Rin?—dijo Rei en una exclamación sorprendida, que llamó la atención de quienes estaban cerca.

Una ancianita les sonrió e hizo un gesto amable con su mano, como alentándolos. Y todos imaginaron una versión femenina de Rin: no creían que la señora reaccionara de la misma forma si se enteraba de que Rin era un hombre.

Nagisa asintió. Lentamente, desechó la imagen mental de Rin como una mujer.

—Sí. Estábamos en el Iwatobi Swim Club, y habíamos decidido entrenar solo para el relevo—explicó—. El equipo de relevos femenino también estaba y… hablaban de besos. Rin nos contó que en su anterior escuela compitieron para ver quien conseguía su primer beso más rápido… Y, como siempre, Haru y Rin compitieron. A mí no me dejaron participar, porque Rin dijo que yo era muy chico—Nagisa se alzó de hombros, murmuró por lo bajo—. Siempre he sido popular entre las chicas, y unas compañeras me habían pedido que practicara con ellas. Así que ya había besado a alguien antes…

—Nagisa, no te desvíes.

—Ah. Rei, qué impaciente. Te estoy contando mis hazañas. No me digas que solo te importan las de nuestros sempais—dijo Nagisa, sin sentirse ofendido. Rei tan solo se acomodó las gafas, en un afán por ocultar su expresión ansiosa; los otros dos escuchaban atentamente, como si trataran de detectar un error en la narración de Nagisa—. Entonces, Rin retó a Haru a conseguir un beso de Makoto.

—¿Makoto-sempai, estuvo de acuerdo con eso?

—No…—dijo Makoto—. No tenía ni idea. Pero solo éramos niños, eso no cuenta.

—¡Sí cuenta! Haru y Rin compitieron para ver quien besaba a Makoto primero, ¿cierto, Haru-chan?

—Ah…—Makoto forzó un poco su memoria—. Rin inventó que quien m-me besara primero, ganaría—explicó, dado que Haru no diría nada—. Pero...

—¿Y M-Matsuoka, él lo hizo…?

—¡Dile Rin, Rei! Pues, sí… Rin salió corriendo y besó a Makoto. Haru no tuvo oportunidad. Ni siquiera pudo despegar los pies del suelo.

—¿Y qué pasó después? —preguntó Rei.

—Rin besó a Makoto… y después yo traté de hacerlo, pero Rin no me dejó. También quería un beso de Mako-chan.

—¿Pero por qué Rin hizo eso?

—Porque sabía que yo no podría ganar—respondió Haru—. Nadie puede besar a su mejor amigo.

Nagisa se quedó con las palabras en la boca, que murieron lentamente, al comprender el significado de aquellas palabras. Los bordes de la boca de Makoto bajaron, por un momento, pero nadie lo notó. Sin embargo, las palabras volvieron a salir de Nagisa, una vez que analizó la nueva información:

—¿Eso quiere decir que ustedes nunca se han besado?

—Nunca—respondió Haru.

¡Nagisa, no digas esas cosas en público! No es bien visto que dos hombres se besen…—murmuró, atribulado, Rei—. Dos hombres adultos besándose… Eso no está bien.

—¿No está bien?—preguntaron tanto Nagisa como Haru.

Rei se puso muy incómodo.

—¡N-no está bien! No es hermoso…

—A mí me pareció muy bonito el beso entre Rin y Makoto.

Los labios de Rei temblaron antes de responder:

—Si dos niños se besan en una competencia no importa, pero sí…

—¡Rei-chan! No está bien competir por besos—lo interrumpió Nagisa. Lo apuntó con el dedo índice—. Además, Rin no tenía derecho a robarse el primer beso de Makoto.

—¡Nagisa! Lo cuentas como si fuera una historia… romántica—gimió Makoto—. Yo nunca lo he considerado mi primer beso… No tiene ninguna importancia.

—Pero Rin, de verdad, te estaba besando. Como se besan las parejas—canturreó Nagisa. Makoto palideció y lo negó—. Vamos, Mako-chan. Fue un beso de tres minutos. Todavía estarían besándose si el profesor Sasabe no te quita a Rin de encima.

Makoto enrojeció.

—N-no… Eso no fue así.

—Ya, déjalo, Nagisa—intervino Haru.

—Haru-chan… sabes que es cierto. Rin no quería soltarlo.

—¿Tres minutos?—preguntó Rei.

—¡Ah!—sonrió Nagisa, ante la pregunta, como si fuera una invitación para seguir hablando del beso—. Ya sabes lo intenso que puede llegar a ser Rin.

Rei enrojeció.

—¡Cambio de tema!—pidió Makoto en un chillido agudo. No le gustaba recordar los dedos delgados de Rin presionando su pecho, menos los mordiscos en los labios que después sanaba pasándole una lengua inquieta y húmeda.

Nagisa se apiadó de Makoto, y cambió de tema, más o menos.

—Después, Rin-chan dijo que Makoto estaba hecho de contrarios. ¿Sabes por qué, Haru?

—No.

—Nagisa. Dame un segundo de paz—suplicó Makoto.

Pero quiero saber qué quiso decir.

Haru frunció el ceño: estuvo a punto de decir que si tanta era su curiosidad que lo llamara y le preguntara, pero Rei contestó.

—Se refiere a los músculos de Makoto-sempai que son duros, y sus labios… blandos.

—¿Cómo sabes eso?—preguntó con tanta frialdad Haru, que pareció una declaración de guerra.

Rei saltó, muy incómodo, y tartamudeó sílabas inentendibles.

—¡Solo lo supuse…! Makoto es fuerte, pero es delicado…

—Rei-chan tiene razón—soltó Nagisa, presionando su dedo contra el pecho de Makoto—. Oh, es muy duro. Eres muy fuerte Mako-chan. Pero tus labios parecen tersos.

—Ah. Nagisa, me haces daño.

—Eso es porque desde niño ha entrenado sus músculos—rumió Rei, por lo bajo.

—Por favor, dejen de hablar de mí.

—¡Hablemos del primer beso de Rei-chan!

Rei frunció el ceño. Los otros tres lo veían con cierto interés: tanto Makoto como Haru solo querían un cambio de tema. Pero él no podía cambiar el tema. Murmuró:

—Fue Rin.

—¿Qué?—vociferó Nagisa—. ¿Rin te robó un beso?

—Nagisa, ya deja ese tema—pidió Haru.

—Pero ¿Nuestro Rinrin? —ante las mejillas rojas de Rei, Nagisa tuvo una revelación. Se giró hacia Haru y lo miró cual detective investigador—. ¿Rin te ha besado?

Haru ladeó la cabeza.

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El regreso a sus casas fue mucho más tranquilo y, sorpresivamente, Haru inició la conversación.

¿Estás seguro de que el campamento es una buena idea?—preguntó, con la vista en el mar. Makoto sonrió, y asintió—. ¿El mar…?—dejó la pregunta en el aire.

Los labios de Makoto se recogieron poco a poco, hasta que de la sonrisa no quedó nada. No esquivaría por más tiempo el tema. Haruka quería saber por qué Makoto dejó la natación. Y tendrían que hablarlo.

—He pensado much…—murmuró, indeciso. Ambos esperaban la mayor confianza y sinceridad. Se conocían desde hacía tanto tiempo que no había nada entre ellos que pudieran ocultar. La voz le raspó la garganta: la verdad era como una lija—. He pensado que no pertenezco al agua. Mi estilo de nado era agresivo. No me atrevía a mirar bajo el agua. Cuando nadaba, solía pensar en el cielo, en las nubes, en las estrellas. Cuando daba las brazadas, pensaba que debía huir… que debía huir del agua.

—Creí…—interrumpió Haru. Él pensaba que la tierra no iba con Makoto, que Makoto pertenecía al agua… Él lo sintió en el agua. Makoto le confesó que al nadar juntos se sentía transportado al mar abierto. ¿Entonces? Su voz titubeó—. Creí que te hacía feliznadar conmigo, no se atrevió a decirlo. Cambió de estrategia, a una menos dolorosa, más correcta—. Hayato, el hermano de Kisumi—apuntó—, creí que te hacía feliz enseñarle a los niños a nadar sin miedo.

Makoto asintió.

Fue feliz al nadar al lado de Haru y sus amigos. De verdad, creía que si estaban todos juntos podrían llegar a cualquier parte, nadando. Le hacía feliz recordar todos los logros que alcanzaron juntos.

También recordaba la experiencia de enseñar a los niños, de cuidarlos y de ver sus avances… justo como sucedió con Haru: haberlo impulsado a nadar, ayudarlo con la técnica que más le gustara, verlo crecer… Fue feliz.

Empecé a sentir que no estaba siendo sincero conmigo mismo—murmuró Makoto, incapaz de alzar la vista.

Makoto.

—Haru…—dijo, apretando los puños. Por un momento, ambos sintieron el bullir de sus sangres—. Nadar solo tenía sentido si podía hacerlo a tu lado—lo miró, ardientemente, y Haru entendió: y ya no estás, ya no nado contigo—. Nadar contigo siempre me hizo feliz.

Haru sintió conmoción en su interior. Sintió abandono y furia. Sintió que Makoto no lo tomaba en cuenta… como si el hecho de que Makoto decidiera estudiar en Tokio y Haru encontrara interesante y liberador nadar en otro país fuera una cuestión de abandonarse.

Haru recordó el "haz lo que quieras" que soltó, enfadado, cuando Makoto le dijo que ya había encontrado un sueño. De aquel tiempo, le mortificaba su colosal egoísmo, al preocuparse solo por él mismo e ignorar que Makoto también debía tomar una decisión. Había dado por un hecho que la decisión de Makoto se acoplaría a la suya, no que su mejor amigo decidiría algo por su cuenta. Le dolía haberlo tratado de esa forma, como si Makoto, realmente, no tuviera una identidad propia.

¿Cuál era la identidad de Makoto: siempre comportarse como un correcto hermano mayor, sin derecho a equivocarse, a ser egoísta? Él no quería eso para Makoto. Pero, ¿por qué Makoto renunció a la natación? Él no era el tipo de persona que renunciaba. ¿A caso fue por él?

Haru pensó muchas cosas. Pensó muchas cosas que no debía decir nunca. Sin embargo, pronunció las peores palabras que pensó:

¿Estás seguro de que fuiste sincero contigo mismo cuando nadabas a mi lado?

No podía precisar cuántas veces escuchó a Makoto decir que le hacía feliz nadar con él, que sin él la natación no tenía sentido. Y él creyó en esas palabras.

Por eso le costaba aceptar que Makoto renunciara a algo que lo hiciera feliz. Makoto era feliz por naturaleza; sin embargo, parecía haber disfrazado su felicidad bajo la felicidad de Haru. Como si la felicidad de Haru, el hecho de hacerlo sentir mejor, fuera suficiente para Makoto. Como si la felicidad de uno, bastara para los dos. Como si Makoto se negara a buscar su propia felicidad. Como si Makoto repitiera, cada vez que Haru necesitara oírlo, que nadar le hacía feliz, solo porque no se atrevía a ser sincero consigo mismo.

Como si un día, lejos de Haru, Makoto se hubiera dado cuenta de que abandonar a Haru fue su mejor decisión.

En los ojos verdes de Makoto tiritaba su alma. Apenas podía aceptar que su mejor amigo dudara de su honestidad. Sin embargo, su reacción fue paralizante. El tono de voz que usó Haru, lo hizo dudar… lo hizo dudar de su propio pasado y de sus propios pensamientos.

Haru no quería volver a oír su nombre pronunciado por la suave voz de su amigo. No quería soportar el riesgo de que Makoto le dijera que cuando le decía que nadar sin él no tendría sentido… eran solo palabras vacías.

Le dio la espalda y caminó hasta su casa. Al cruzar el puente, le pareció ver una bufanda roja flotando en el río.

...

See you next water time!


¡Hola!

Son muchas cosas por comentar en este capítulo. Así que agradezco su lectura. Yo imagino a Rin robando besos a diestra y siniestra (¿?) En el misterio quedará si besó a Haru. Eso ni yo lo sé. Y Rin es una constante en todos los capítulos, pero no aparecerá -físicamente- en ningún momento. Y no puedo dejar de mencionar la homosexualidad. Les aseguro que Haru y Makoto no tienen problemas con ello, pero Rei, sí. Quería filosofar sobre eso. Y pelea entre Makoto y Haru (o algo así). Y tras de eso los gemelos pelean con Makoto, pero sin dejar de amarlo. Tengo miedo de hacer la historia exagerada, así que apreciaré sus comentarios al respecto :)

Vamos por la mitad de la historia. Ya se me acabaron los títulos sin sentido y repetidos: queda la segunda parte del "Mar Ahoga", después viene el "Oasis no existe" -doble. Y la sección final: "Un lugar donde él no esté" -parte única- y "No tiene sentido si tú no estás" -final-. No sé si todo lo que he escrito logrará caberme en esos capítulos. Pero creo que en el próximo capítulo ya habrá plena interacción HaruMako.

En fin, no los canso más. Les agradezco mucho su compañía, aún si es silenciosa. Espero haberlos entretenido.

Gracias a las personas que han comentado. Soy muy feliz al leer sus reviews, y sí: Makoto es bombero: así superó el conflicto interno del que hablaba Haru.

No más spoilers (¿?).

Nos vemos pronto

y mil gracias por leer

:)