Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.
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¿Tienes miedo?
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Resumen:
Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.
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¿Tienes miedo?
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"No pudo ver la vista que vio aquella vez. (…)
Por ahora, lo máximo que logró fue apenas sentir a Makoto".
Haruka Nanase. High Speed 2 Capítulo 8 Light
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Sexto Capítulo:
El mar ahoga
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Haruka Nanase, acusó a Makoto de no ser honesto. Ni con él mismo, ni con sus amigos.
¿A caso tenía el derecho de tratarlo de esa forma? Cada vez que Haruka se hacía esa pregunta, sus cejas se juntaban y su respuesta era un contundente sí, que acentuaba con un movimiento de cabeza y con los puños apretados.
Tenía todo el derecho de cuestionar la honestidad de Makoto.
Makoto sabía lo mucho que le gustaba nadar a Haru. Por eso propuso el club de natación. Aprendieron a nadar juntos, entraron al club juntos, practicaron natación juntos, hicieron los mismos amigos y, cuando Rin les habló del relevo, nadaron juntos.
¿A caso Makoto no quería hacerlo? ¿Qué clase de persona hacía algo que no quería todos los días de su vida? ¿Le complacía engañar a sus amigos y engañarse a sí mismo?
Y si le daba miedo, ¿por qué lo hacía?
Y si no quería nadar, ¿por qué lo hacía?
¿Qué pensaba Makoto al clavarse en una piscina?
Obviamente, por la cabeza de Makoto no pasaba que debía aceptar la existencia del agua, ni que sus manos debían abrir una grieta para adentrar su cuerpo…
Pero Haru sabía...
Makoto sí sentía el agua, pero de una manera diferente. Makoto podía ver la presencia oscura que yacía en las profundidades, Makoto podía ver a la criatura oscura acechando. Esa era la escena de Makoto. Una escena que Haru, Rin, Sousuke… habían visto, pero encontraron cómo superarla.
Makoto era agresivo cuando nadaba, como si quisiera huir del agua. Makoto era agresivo…
Haru se levantó de su cama, molesto. No quería que las palabras de Makoto se inmiscuyeran en su cabeza. Se negaba a aceptar que Makoto no pertenecía al agua, que quería huir del agua. Makoto no era agresivo, Makoto era... otra palabra.
Haru, en el fondo, sabía que Makoto amaba nadar, por más que él quisiera ignorarlo.
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—La vida de un nadador se puede truncar fácilmente, Haru—murmuró Rin, pensativo…
Pensaba en su padre. Pensaba en Sousuke.
Los dos pensaban en Makoto.
Al sur del planeta, Rin Matsuoka soltó un suspiro, más parecido a un quejido. Le parecía extraño que Haru lo llamara, en la madrugada de un martes, después de días de ignorarlo completamente; sin embargo, al descubrir el motivo de la llamada se sorprendía aún más.
Jamás se imaginó que la amistad entre Haru y Makoto estuviera tan deteriorada. Había dado por un hecho que la incondicionalidad de Makoto era, bueno, incondicional… aunque al parecer el tiempo y la distancia sí causaron mella. Ya sabía él que las amistades se podían debilitar por el paso del tiempo.
¿Cuántas veces llamó Haru a Makoto? ¿Cuántas veces hablaron en esos cuatro años? Que él mantuviera conversaciones casuales y más o menos frecuentes con Makoto y los demás no quería decir que Haru también les hablara. No podía entender cómo pasó por alto su distanciamiento. ¿Por qué no le pareció sospechoso que Makoto nunca le preguntara por Haru? ¿Por qué Haru, en esos cuatro años, solo mencionó una vez a Makoto y fue justo cuando le informó que iría a Iwatobi?
Rin tamborileó el dedo índice sobre la espalda del teléfono. Sabía que Haru estaba al otro lado porque, de vez en cuando, podía escuchar una suave respiración. Pero nadie esperaría que la conversación fuese muy fluida.
—Él no tenía el nivel para competir profesionalmente—agregó Rin. Había silencios con Haru que eran desesperantes. Además, le costaba imaginar la distancia emocional entre Makoto y Haru, ellos hasta podían soñar lo mismo. No tenía sentido que Haru pensara que Makoto le mintió cuando los dos tenían la habilidad de compartir sus sueños—. Él nadaba porque quería estar contigo.
—¿Quería?
—Vamos, Haru. Todos pasamos por momentos así—guardó silencio un instante, recordó la primera vez que vio a Makoto temblar de miedo. Él siempre había respetado a Makoto, había una gran fuerza en él, así que haber visto cómo perdía el control de su cuerpo en esa ocasión, causó una gran impresión en él, una que nunca podría olvidar. Pensó que si Haru lo hubiera visto en ese instante no dudaría jamás de los sentimientos de Makoto—. El mar… Tienes que entender que superar un miedo es muy difícil. El mar es peligroso. Todos lo sabemos.
—Cuando estaba conmigo…—empezó Haru, sin embargo no continuó. Rin creyó que se estaba pasando el teléfono de oreja. Un segundo después, Haru retomó con una mejor idea—. Cuando Rei estaba en peligro, a Makoto no le importó su miedo, ni su propio bienestar y se lanzó al mar.
Rin asintió. Makoto podía ser un tonto miedoso, con un cuerpo que a veces le costaba manejar, pero era un tipo valiente y noble, como pocos. Haru debía agradecer por haber contado con la compañía de alguien como él, en vez de estarse preocupando.
Decidió ser más contundente con sus consejos o el desánimo de Haru podría continuar por varios días más. ¿Le había dicho que llevaba tres día sin ver a Makoto?
—Si Makoto ha tomado la decisión de—a él también le dolía decirlo—… de dejar la natación, es porque cree que es lo mejor, y porque sabe que así ya no te preocuparás por él.
—Antes no estaba preocupado. Ahora lo estoy—confesó Haru.
Rin alzó una ceja, perspicaz. El tono suave de la voz de Haru le hizo sentir cosquillas en el estómago. La misma sensación cálida que lo afectó cuando hacía unas semanas Haru le comunicó que viajaría a Iwatobi –a pesar de la proximidad de un torneo- para hablar con Makoto. La forma en que pronunció Makoto le supo tan dulce, que a veces pensaba que sus amigos tenían razón al decir que él era un romántico. Chasqueó la lengua.
—Él está bien. No hay ningún motivo por el que preocuparse—le dijo, con ánimo—. Come bien, le va bien en la universidad, se ejercita, comparte con sus amigos y familia…
—¿Sabías que cambió su carrera? Ya no estudia Ciencias del Deporte. No será entrenador.
Oh.
El sueño de Makoto, Haru se lo había contado. Fue uno de los pocos momentos en que vio a Haru realmente feliz por alguien más.
¿Makoto abandonó su sueño? De pronto, sintió un poco de la frustración que afectaba a Haru. ¿De qué carajos hablaba él con Makoto, si tampoco sabía que cambió de carrera?
—Haru… sabes lo difícil que es escoger a los 17 años qué quieres hacer el resto de tu vida—Trató de resaltar Rin, después de reflexionarlo un instante.
En esta oportunidad, y en realidad, en todas las que tenía, Rin siempre aprovechaba para decir lo contrario a lo que Haru pensaba. Haru tenía la certeza de que Makoto estaba muy resuelto y seguro de su decisión cuando le explicó los motivos que tenía para ser entrenador, y, por ende, estudiar Ciencias del Deporte. Así que le costaba entender por qué había decidido abandonar ese sueño. Rin tampoco entendía.
¿A caso Makoto mintió? ¿No reflexionó lo suficiente su sueño, lo dijo por salir del aprieto? ¿Lo dijo para irse lejos de Haru?
—Rin—murmuró Haru, alargando el sonido de la i—. ¿Recuerdas el muro del que hablabas cuando fuiste a Australia?
Rin frunció el ceño, preocupado. No dijo nada, porque sintió el calor en su vientre que auguraba un episodio colérico: tensó los músculos de sus hombros. No podría soportar si Haru estaba pasando un mal rato en su ciudad natal, justo como él vivió cuando llegó por primera vez a Australia. Sabía que Haru era una persona mucho más sensible de lo que parecía a simple vista y que podía afligirse con una gran facilidad, pero jamás se imaginó que mencionara el muro… ¿A caso Makoto y los demás lo estaban haciendo sentir fuera de lugar?
¿Haru estaba siendo ignorado, rechazado, se estaba quedando atrás? ¿Makoto lo estaba provocando?
—Y si… ¿Makoto también lo vivió en Tokio?—inquirió Haru, con voz suave.
—¿Eh? ¿Qué? ¿Qué dices?
—Makoto es un tipo bueno. Demasiado para su bien. Es de un pueblo rural, casero y consentido. Tokio es una gran ciudad, y es solitaria. La universidad es difícil y él tiene nombre de mujer. Además, a veces es tan idiota.
Rin no pudo evitar una risotada.
Haru se ofendió. Juntó las cejas y frunció los labios. ¿Qué cosa podría encontrar Rin graciosa? ¿Por qué la gente a su alrededor parecía tener un sentido del humor de lo más torcido?
—¿Temes que se hayan burlado de Makoto en la universidad? Habría que estar loco para reírse de un hombre de ese tamaño y además atlético.
—Debí haber ido con él—gruñó Haru, sin pensar.
Rin detuvo sus risas.
—No puedes cambiar tu decisión, Haru—murmuró, sintiéndose mal de pronto.
Unos días antes de su graduación de secundaria, Rin había inventado una competencia contra Makoto para saber quién lograba convencer a Haru de si estudiaba en el extranjero o en Japón, competencia que, dígase de paso, nunca existió. Así que solo fue una tarde de Rin hablando de los beneficios de estudiar natación en Australia. Una tarde que se convirtió en semanas de Rin hablando de las oportunidades que tendrían en Australia hasta que, finalmente, Makoto los despidió con un abrazo afectuoso en el aeropuerto.
Hasta donde Rin sabía, Makoto nunca le propuso a Haru que lo acompañara a Tokio. Así que Haru no tuvo que tomar ninguna decisión. Y Makoto lo sabía: sabía perfectamente que Haru necesitaba un empujón, y dejó que fuera Rin quien empujara a Haru…
Rin frunció el ceño. Algo estaba mal en ese entonces…
Haru no se sintió mejor cuando colgó.
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Tanto Rei como Nagisa abrieron la boca, sorprendidos, cuando vieron a Haru y a Makoto llegar por el mismo camino, pero separados.
Makoto había excusado su presencia en dos tardes seguidas aludiendo que debía estudiar, Haru simplemente no les contestó el teléfono. Nagisa, desconfiado, decidió verificar la excusa de Makoto, por lo que le hizo una visita sorpresa y efectivamente lo encontró estudiando. Con Haru no tuvieron suerte. El muchacho no estaba en casa, y aunque lanzaron teorías sobre en cuál parte de la playa o en cuál gimnasio con piscina podría estar, decidieron seguir el consejo de Makoto de darle un poco de espacio.
Así que acordaron con más de cuarenta y ocho horas esta cena. Y estaba prohibido faltar.
—¿Están juntos o no?—inquirió Rei, inclinado hacia Nagisa, mientras veía como sus dos sempais se paraban en la entrada, sin volverse a ver.
—No estoy seguro—Nagisa les hizo un ademán con la mano. Inclusive, Haru y Makoto fueron guiados cada a uno por un mesero diferente. Una vez en su sitio, Nagisa preguntó—: ¿Están peleados? Parecen un viejo matrimonio con un mal día.
—No digas tont…
—No digas tont…
Se callaron de pronto al ver que habían hablado al mismo tiempo para decir lo mismo. Haru ladeó la cabeza. Makoto la zarandeó levemente. Después, suavizó su semblante y le sonrió a Nagisa.
—Gracias por planear esta cena y disculpa por las molestias.
—Te lo mereces, Mako-chan. Todos sabemos que has estado estudiando mucho. Y necesitas relajarte. Además, Haru debe probar la macarela que preparan aquí.
Haru asintió, enérgico. Y estaba tan inmerso en su plato de macarela que poca atención prestaba a las risas de los otros. Hasta se olvidaba de que tenía tres días de no hablarle a Makoto.
—¡Ah, Makoto!, ¿te acuerdas esas vacaciones que estuviste deprimido? No querías salir de casa y nada de lo que hacíamos te alegraba. Esas fueron unas vacaciones tristes—exclamó Nagisa, con un suspiro—. Y todo porque creías que te expulsarían de la universidad y serías una vergüenza para tu familia y un mal ejemplo para tus hermanos.
—Esa historia es vergonzosa, Nagisa—chilló Makoto, la punta de sus orejas se coloreó de rojo.
—¡Es una historia muy divertida! Parecía que ibas a llorar en cualquier momento.
Rei asintió.
—Makoto-sempai, cualquier persona que hubiera estado en su misma situación, habría llorado. Así que no se preocupe si lo hizo.
—¿Cuál situación?—preguntó Haru.
—¿No sabes, Haru-chan?—ronroneó Nagisa, con picardía.
—Creo que debemos pedir la cuenta—trató de desviar la atención Makoto.
—No parece que Makoto quiera que Haru conozca esa historia—le murmuró por lo bajo Rei a Nagisa, aunque fue perfectamente audible para los otros. Makoto se recogió avergonzado; Haru hizo una mueca apática.
—Es una historia muy heroica—replicó Nagisa, desestimando los codazos de Rei y la mirada de –casi- súplica de Makoto—. No tienes por qué avergonzarte, Mako-chan. A todos nos enorgullece que seas bombero.
—¿Bombero?—repitió Haru, y sintió que el fuego era lo más opuesto al agua que pudiera existir en el mundo.
—Eh. Sí—respondió Makoto, rascándose la nuca.
—Pero su universidad estuvo a punto de retirarle la beca por considerar que trabajar de bombero era una actividad demasiado riesgosa para un estudiante becado deportivamente. ¡No sé cómo logra estar en el cuerpo de bomberos y en la universidad! ¿Los bomberos no deben trabajar 24/7?
—Sin duda el físico de Makoto…
El fuego destruía el agua. O el agua destruía al fuego. Haru ya no sabía cómo funcionaba el mundo, pero recordó su infancia, la infancia que compartió con Makoto, sus juegos tontos, sus dibujos y a Makoto de cuatro años, de cinco, de siete, de ocho, de diez años, corriendo con una manguera en el patio de su casa, con una gran sonrisa mientras salvaba a Haru de un incendio -cada año- más voraz.
Makoto miró a Haru de reojo con algo de culpa, como si temiera que él reprobara su decisión. Sus miedos tan claros como el agua en el verde de sus ojos.
La expresión de Makoto contrastaba con la imagen que Haru atesoraba en sus recuerdos. El Makoto niño, que reía divertido y cuyos ojos brillaban mientras giraba rodeado de agua, estaba muy lejos del labio mordido y las cejas caídas que moldeaban el rostro del Makoto adulto. Entonces, Haru tuvo una revelación. Makoto no le mintió.
Makoto era desinteresado y bondadoso, pero también era inteligente, perseverante, calculador y muy lógico. Tan lógico que habría considerado como premisas válidas que su miedo al agua, a ahogarse, a que algo lo atrapara, a perder a alguien que quería, eran razones suficientes para decidir que no debía nadar.
No era un asunto de sinceridad, era un asunto de Makoto, creando un escenario, que le permitiera sobrellevar la ausencia de Haru. Era Makoto viviendo un mundo en el que Haru no estaba. Era Makoto preguntándose si podía estar bien aunque Haru no estuviera. Era Makoto evadiendo el agua… porque Haru no estaba a su lado.
Porque Haruka Nanase no podía dudar de las palabras de Makoto cuando le dijo que no tenía sentido si no era con él. Así que cuando Haru se marchó a Australia, Makoto sumó sus miedos y decidió enfrentarlos de otra forma.
Mientras estaba con Haru, Makoto podía enfrentar sus miedos directamente. Se atrevía a nadar. Se atrevía a hundir su rostro en el agua. Porque Haru estaba con él. Y con Haru a su lado, nadar adquiría sentido y él se sentía con la fuerza de un animal marino…
Cuando Haru ya no estuvo, Makoto decidió enfrentar sus miedos de forma indirecta: se convirtió en bombero. Ya no tenía a un muchacho caprichoso y obsesivo con el agua al cual cuidar y admirar, así que cuidaría a personas desconocidas y aprovecharía la fuerza del agua para salvar.
Un agradable calor tomó el cuerpo de Haru, y la opresión que sentía en el pecho desapareció. Se sintió orgulloso y feliz. Makoto se las ingenió para enfrentar sus miedos. De la misma forma, que Makoto se las ingenió para buscar un sueño hacía años. No importaba que él no estuviera en ninguna de las dos decisiones. Importaba que, por ese instante, esa decisión hiciera feliz a Makoto.
Así que la próxima vez que Makoto lo mirara escurridizamente, tratando de conocer su reacción ante la noticia, Haru le sonreiría.
La sonrisa que le devolvió Makoto le hizo sentir que debía hacer más para hacerlo sonreír otra vez.
—Mako-chan, dime, ¿lloraste, aunque sea un poquito? ¡Estuvieron a punto de echarte de las dos cosas! Habría sido muy tierno verte llorando. Pero ya no eres nada tierno, Mako. Deberías hacer un calendario sexy, como hacen en América.
—¡Nagisa!
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—Haru—murmuró Makoto, mientras caminaban de regreso a sus casas. Haru no apartó sus ojos del océano—. En Australia se puede nadar en el mar todo el año, ¿cierto?—Haru suspiró. ¿Por qué aún podía intuir qué pensaba?—. Además, puedes entrenar en el Centro Acuático Internacional. Tienes toda el agua que quieras…
Haru lo miró de reojo, con frialdad: la última frase fue amarga. Haru le dijo "agua no es todo lo que quiero". Makoto no sonrió. Haru tampoco.
—Tengo una beca deportiva—retomó Makoto, veinte pasos después.
—Ya sé—dijo Haru, con pesadez, pero se refería al primer año de universidad de Makoto—. La tenías para estudiar Ciencias del Deporte. Irías al equipo de natación. Eso me dijiste.
—No fue difícil cambiar de actividad deportiva—murmuró Makoto, recordando que su estatura convenció fácilmente a su entrenador de baloncesto, así como el tropel de alabanzas de Kisumi, quien era un novato con suficiente talento para impresionar a los superiores—. Además, pasaba demasiado tiempo en el agua. Siempre andaba cargando ropa mojada—agregó—. Estudio Ecología Marina, y podemos entrar al agua…
Haru sintió que el lazo entre él y Makoto se restableció.
Así de sencillo, como de sencilla era su amistad.
Los dos sabían que la forma de nadar de Makoto era el backstroke: una forma de natación en la que no se sentía como si estuviera huyendo. Sino que se sentía aerodinámico, aun sin ver el agua, sin ver el camino, al extender sus brazos, se sentía capaz de dominar el agua, se sentía capaz de sentirla. Como si fuera un mamífero acuático.
Porque el estilo de espalda también era el estilo libre.
Los dos sabían que ser capaz de nadar sintiéndose pleno y satisfecho era lo que significa la libertad. Entonces, nadaban, con la firme convicción, de que no debían huir y que podrían llegar hasta donde quisieran. Porque los dos nadaban freestyle.
—Haru… yo… sobre lo que me preguntaste…
—Makoto. Lo siento—lo interrumpió Haru—. No debí decir eso—se regañó mentalmente por no haber iniciado él la conversación con una disculpa. Había tardado demasiado en disculparse.
Makoto sonrió levemente.
—Guardo con mucho cariño el tiempo que nadé contigo, que nadé con mis amigos.
Haru asintió. ¿Por qué se mortificaba pensando que no era cierto? ¿A caso la calidez que la mirada de Makoto le transmitía no quería decir que sus palabras y sentimientos eran sinceros, que siempre lo fueron?
Además, estudiaba ecología marina…
Ecología marina era como decir "Makoto y Haruka", porque Makoto era el mar y Haruka era lo que habitaba el mar.
Estudiar ecología marina era como estudiar a Haru, ¿no?
...
See you next water time!
¡Hola!
Este capítulo me costó mucho. Siendo sincera, pienso que me lancé demasiado pronto al fandom de Free!, que debí iniciar con OneShots para conocer mejor a los personajes y establecer mejores ideas. En mis fics de Harry Potter y Naruto suelo manejar la misma línea argumentativa -y digamos, que tengo muy claro el universo en que se desarrollan las historias, pero con Free! aun hay muchos asuntos que no tengo claros (por ejemplo, ¿RinRei o ReiGisa?, ¿Haru estudia algo o solo nada?); por supuesto influye que la serie no haya terminado (por suerte), pero me hago enredos. *Siempre hago enredos*.
Además, hay tanto que quiero contar. Y hay tanto que necesito saber. No sé si podré definir bien cuáles ideas son parte de este fic y cuáles no.
En fin, habrá dos capítulos más. El HaruMako está por empezar. Y habrá algún que otro episodio más de friendzone. En el próximo, Haru hará otras reflexiones importantes sobre Makoto y habrán más explicaciones sobre las decisiones que ha tomado Makoto, así que el abandono de la natación aun no se acaba. Aun me queda un gran-gran asunto por tratar y que está relacionado con los delfines. Investigué tanto las universidades de Tokio que casi consigo una beca para estudiar allá, haha-claroqueno,perosevalesoñarunu.
Perdón por los drabbles de notas de autor. Les agradezco su lectura de todo corazón. Muchísimas gracias por su apoyo. Soy muy feliz de leer sus reviews y es genial que se tomen el tiempo para expresar su opinión, la aprecio mucho.
Espero hayan disfrutado de este capítulo. Y no olviden dejar review n_ñ
Nos vemos pronto
y mil gracias por leer
:)
