Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.
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¿Tienes miedo?
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Resumen:
Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.
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¿Tienes miedo?
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"—El mar suele asustarme, y cuando eso pasa, soy incapaz de nadar—La mano de Makoto sujetó el borde de la camisa de Haru—. Hace unos días, el mar se llevó el bote inflable en el que estaban mis hermanos. Me asusté mucho y no pude salvarlos…—sonreía, el agarre se hizo más fuerte—. Al final, Haru debió salvarlos por mí. Yo no puedo hacer nada a menos que Haru esté ahí…".
Makoto Tachibana. High Speed 2. Capítulo 10 Feel
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Octavo Capítulo:
En el mar matan
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—Makoto—habló Haru—. ¿Tienes novio?
La escoba dejó de moverse, Makoto giró la cabeza para mirar a Haru, quería asegurarse de que efectivamente fue su amigo quién preguntó. Haru seguía tirado en el suelo de la casa, su posición no había variado desde hacía media hora.
—No—dijo, y recordando que había decidido hacer una limpieza del descuidado jardín de la casa de Haru en vez de perecear en el suelo, como Haru, siguió barriendo. También barrió la pesadez que sintió en el estómago.
—¿Has tenido?
—No, precisamente.
—¿El bar?
Makoto miró el cielo.
—Más o menos.
—¿Más o menos, qué?
—Algo… con otros hombres. Fue idea de Kisumi.
Haru soltó un bufido. Kisumi era la peor influencia. Siempre lo había sabido. Makoto se giró hacia él, y sonrió cariñosamente al verlo con un gesto tan molesto. Dejó la escoba apoyada contra la pared y se acercó a Haru.
—Haru—dijo suavemente, mientras tomaba asiento cerca—, Rei me preguntó si estaba seguro. Le dije que no me gustaban todos los hombres, porque pensé que estaría preocupado por eso. Pero en realidad le preocupa porque no le atraen las m…
—No es tu problema, Makoto.
—Es un amigo—rumió Makoto—, y puede estar pasando un mal momento por no aceptar sus gustos.
Haru trató de reflexionarlo. Sin embargo, les llegó un ruido. El celular de Haru, con una canción de moda en Australia, resonaba desde la cocina. A Haru no le importó, pero Makoto fue a buscarlo.
—Es Rin—le dijo Makoto cuando regresó con el celular azul en la mano—. Haru, deberías cambiar el celular. Es un modelo muy viejo. ¿Quieres que conteste yo? ¿Haru? —el aludido se giró y rodó en el piso, hasta que un brazo le quedó guindando de la grada, le dio la espalda. No le apetecía hablar con Rin—. Hola, Rin. Sí, soy yo, Makoto. Él está aquí. Espera, te pondré en altavoz.
—¡Haru! ¿Me oyes? ¿Por qué carajos no me contestas ninguno de mis mensajes? Tengo una agenda muy ajetreada, la de un nadador profesional, la misma jodida agenda que deberías cumplir, en vez de estar en tu casa haciendo nada: ignorándome.
—Rin, Haru se levanta temprano y entrena todos los días—intervino Makoto.
—Espero que esté cumpliendo con su régimen, o cuando regrese patearé su pálido trasero. Oye, Makoto.
—Dime, Rin.
—¿Por qué no me dijiste que ya no estudias para ser entrenador? Y justo me entero cuando Gou decide estudiar eso.
Makoto miró a Haru de reojo, un tanto sorprendido. ¿Por qué Rin lo sabía? Sousuke por muchos años no le había contado.
—Es una larga historia, Rin—murmuró, pensando que la única forma era que Haru se lo hubiese dicho, pero ¿por qué?—. Seguro que has llamado para hablar con Haru, no de mí.
Rin se tardó unos segundos en responder. Haru levantó una ceja, comprendiendo el silencio de Rin, quien, justamente, había llamado a Haru para hablar de Makoto. Después de todo, hacía unos días a una hora indecente, Haru lo había llamado para hablar de Makoto.
—¿Fue por Haru?—preguntó Rin, serio. Haru miró de reojo a Makoto. Sus cejas se fruncieron, preocupadas. Rin era un bocazas. No debió decirle nada.—. ¿Dejaste de nadar por Haru?
—No—dijo Makoto, débilmente. No tuvo que hacer ningún movimiento para evitar la mirada de Haru, el mismo Haru desvió los ojos hacia el otro lado.
Rin suspiró.
—Sousuke no me dijo nada de eso. Y si no me dijo nada de ti, no me dirá nada de Gou. Así que: Haru, bueno, mejor tú, Makoto, confío más en ti—la habilidad de Rin para cambiar de tema era algo que Haru había llegado a apreciar—. Necesito que me informes de los movimientos de Gou.
—¿Disculpa? ¿Quieres que la espíe?
—Quiero que le arranques las bolas a Sousuke si se atreve a sobrepasarse con ella.
Haru sonrió con la conversación que mantuvieron Rin y Makoto por algunos minutos. Cuando se cansó de escucharlos hablar sobre las formas en que Rin torturaría a Sousuke, decidió que él cambiaría el tema. Movió la mano para atraer la mirada de Makoto.
—Háblale de Zaki—dijo Haru.
—¿Qué?—Makoto tardó tres segundos en comprenderlo. Se aclaró la garganta—. Oye, Rin, ¿recuerdas a Aki Yazaki, del Iwatobi SC? Estaba en el equipo de relevos femeninos, ganaron la medalla de bronce, en aquella ocasión.
—No. No la recuerdo. ¿Fue novia de Sousuke?
—No. Fue nuestra compañera de clases. ¿Recuerdas I swim the best free for the team?
—¡Aki! —exclamó Rin, alegre—. Ella es nuestra "the best". Claro que la recuerdo. ¿Qué tiene que ver con Sou?
—Nada. Pero la vimos ayer. Te envía saludos y buenos deseos.
—Ah. Me alegra.
—Makoto—dijo Haru—. Cuéntale lo que dijo de ustedes.
—Haru—murmuró Makoto, mirándolo con súplica.
—Dile a ese perezoso de Haruka Nanase que voy a limpiar el piso con sus bañadores si no se digna a hablarme.
Haru soltó un bufido. Había traído a Iwatobi todos sus bañadores.
—No creo que los encuentres—sonrió Makoto—. Su maleta está llena de bañadores. Creo que solo empacó eso.
Se oyó un movimiento de puertas y algunos pasos del otro lado del teléfono. Al segundo, Rin balbuceaba que era imposible que el closet de Haru estuviera vacío.
—Makoto—Haru interrumpió la risa suave de Makoto—. Dile lo que dijo Aki de ustedes—repitió.
—¿Qué está diciendo Haru? Casi no lo escucho.
—Es que Zaki-chan me preguntó por ti—Makoto ignoró la mirada de Haru, miró hacia el techo—. Ella pensaba que nosotros éramos pareja.
—¿Pareja: tú y yo?
—Sí.
—¿Por qué?
—No estoy muy seguro—murmuró Makoto.
—Cuéntale que te encontraste con Zaki en Tokio—dijo Haru, mirando fijamente a Makoto.
—Bueno, hace unos meses me topé con ella en Tokio. Le hablé de ustedes…—La boca de Makoto se abrió en el momento de la revelación. La punta de sus orejas cambió de color: rojo intenso. Haru hizo un gesto de alivio y se tumbó boca arriba, con las manos sobre su abdomen y la vista en el techo. Ya había hecho lo que debía hacer. Por fin, Makoto se dio cuenta.
—¿Makoto, sigues ahí? Dile a Zaki que no me gustas.
—Sí—respondió mecánicamente Makoto. Miró a Haru, y debió agitar la cabeza para que los recuerdos de su conversación con Zaki en Tokio, sobre la persona que le gustaría ver pero que estaba en Australia, se fueran.
—¿Ya está todo claro?—preguntó Haru.
Makoto, con las mejillas coloradas, asintió.
—No te preocupes, Rin. Le aclaré la situación a Aki.
Olvidó que hacía unos meses le había dicho a la muchacha que la persona que le gustaba estaba en Australia. No le prestó suficiente atención a las conclusiones que Zaki expresó el día anterior cuando creyó que él y Rin eran pareja y Haru, solo, su mejor amigo. Estaba tan preocupado pensando que había asustado a Rei con la revelación de su orientación sexual que no se dio cuenta de que Haru, ahora, sabía que le gustaba.
—Bueno. Makoto, volviendo al tema: ¿Sousuke ha salido con muchas chicas? No quiero que mi hermana esté con un tipo con mucha experiencia, o si quiera con un poco de experiencia dudosa.
—Oh. No. —Makoto agradeció el cambio de tema—. Él… no. Realmente, no tienes nada de qué preocuparte. Sousuke es todo un caballero.
—Háblale del bar—dijo Haru.
—No—replicó Makoto.
—¿Qué dijo Haru?—inquirió Rin, un poco alterado—. ¿Sousuke va a bares? No puede ir, menos si va con mi hermana. ¡Makoto! Vigila que Gou no vaya a ningún bar.
—Rin—murmuró Makoto, con una sonrisa. Los celos de Rin eran graciosos—. Todos van a bares en la universidad. Tu hermana está en tercer año…
—Dile lo del bar gay.
—A Gou no le gustan las chicas. ¡Haruka no se toma nada en serio! ¿Por qué está hablando de bares gays?
—Haru no está hablando de Kou-chan.
—¿Sousuke?
—Dile que tú vas a bares gays.
—Haru, eso no tiene sentido—murmuró Makoto, le colocó un dedo al parlante del celular para impedir que Rin escuchara—. A Rin no le importa eso.
—No sé de qué están hablando…—dijo Rin aburrido—. Pero, Makoto, échale un vistazo a Gou. Y yo le echaré un vistazo a Haru cuando regrese.
Makoto soltó un suspiro, y estuvo de acuerdo. La conversación, sin la participación de Haru, se volvió más trivial hasta que Rin se despidió, y Haru volteó el rostro y murmuró un adiós, aprovechó que se movía para mirar a Makoto, cuya expresión era extraña.
Tres veces desde que regresó a Iwatobi, Haruka había pensando que había alguien más en la vida de Makoto. Primero, cuando nadó en el Aniversario del Iwatobi SC y habló con Hayato; segundo, aquella tarde que jugaban con los gemelos y vio a Makoto hablando con una chica por mensajes de texto; tercero, hacía unos minutos cuando tuvo plena conciencia de que efectivamente Makoto era gay y podía tener alguna pareja esperando por él en Tokio. Tres veces había sentido que era completamente natural que hubiera alguien en la vida de Makoto. Sin embargo, solo estaba él. Zaki le disipó cualquier duda que quedara sobre los sentimientos de Makoto hacia él.
Pero el semblante de Makoto no era el que esperaba encontrar cuando se revelara que sabía lo que sentía por él. Makoto lo miraba como si no hubiera nada qué hacer.
"¿Te gusto?"
Los dos sabían que esa pregunta los rondaba. Pero no fue pronunciada, tampoco la respuesta.
Y la mirada de Makoto continuó incomodando a Haru. Haru esperaba que Makoto hiciera una confesión oficial, o por lo menos que dijera un "lo sabes". Pero lo único que Makoto le ofrecía era una mirada extraña, una que decía "hay un mar de distancia entre nosotros… y yo tengo miedo de nadar en el mar".
Al final, los gemelos los visitaron y ellos terminaron la limpieza del jardín; prometieron que cuando Haru no estuviera, se encargarían. Makoto les enseñó cómo entrar por la puerta trasera y no hubo ninguna confesión, ni siquiera entendimiento sobre ese tema. Parecía un tema en el que no podían ponerse de acuerdo.
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Haru observó la hoja amarilla que Nagisa había dejado en el congelador de la refrigeradora. Primero sacó la macarela, después la hojilla.
"9 días y contando".
La macarela no tenía la culpa, pero la miró ceñudo, casi molesto por el mensaje. Él aún tenía algo de tiempo libre, porque su temporada iniciaba hasta el próximo mes. Sin embargo, el segundo semestre de clases de Makoto y de Rei estaba a la vuelta de la esquina, a nueve días y contando.
—No sé quién es peor—dijo una voz detrás de él—, si Nagisa con sus recordatorios o mis compañeros con sus ataques de pánico porque la escuela aun no publica quiénes serán los profesores del próximo semestre. Nadie quiere llevar otra clase con el profesor Hiroto.
—Te irá bien—murmuró Haru, lo miró de reojo—. No cortes así la piña.
—¡Haru! Lo siento. Por poco lo olvido…
—Lo olvidaste—dijo Haru, y le quitó el cuchillo de las manos. Sus manos frías por la macarela congelada sintieron el calor de las de Makoto por un breve instante.
—Lo siento, Haru. Pero parece que ya está todo listo. ¿Esa es la macarela para la cena? —señaló la pila con las dos manos, como intento por alejarlas de las de Haru—. ¿No quieres agregarle un poco de cerdo? Mi padre hoy preparará un estofado muy bueno.
Sin importar cuál fuera la respuesta, Makoto o alguno de los gemelos subiría con un recipiente lleno de comida, no relacionada con la macarela, para la cena.
—Desayunemos.
Makoto hizo el favor de comerse los cuadraditos de piña que había hecho, mientras que Haru prefirió las conocidas rodajas.
Tres horas después, estaban en un balneario público. Rei quejándose por el largo viaje que habían hecho y lo mucho que demorarían para regresar. Nagisa señalando a todas partes, maravillado con las atracciones: la pista de go-karts, las piscinas y toboganes, los paseos a caballo, las mesas de billar y de tenis de mesa, y el gran lago para pescar.
Nagisa agarró del brazo a Haru y juntos saltaron a la primera piscina que encontraron. Fue hasta la hora del almuerzo que Haru se dio cuenta de que Makoto no había estado con ellos en la piscina. Lo vio usando torpemente un cuchillo para descamar un pescado y notó que ni siquiera había cambiado su ropa.
En el transcurso de la tarde, sumergido en una piscina hasta la nariz, percibió que Makoto lo más cerca que estaba del lago era en la pila donde los visitantes descamaban los pescados. Cerca del agua no pasó.
Entonces, Haruka Nanase notó que Makoto Tachibana le tenía miedo al agua. Aún. Así.
Y todo, con la nueva vida de Makoto, adquirió sentido.
Ingenuamente, trataba de convencerse de que nada había cambiado entre ellos. Sin embargo, entre él y Makoto había un océano de distancia. Y él no sabía nada de Makoto. En esos días estaba reconociéndolo. Apenas empezaba a conocer al Makoto sin Haru, y quedaban nueve días… No tendría tiempo suficiente.
Si prestaba atención, sentía que un gesto muy pequeño e insignificante hacía falta: algo que cualquiera podría pasar por alto, algo que apenas se notaba su ausencia: pero que faltaba.
La sonrisa de Makoto estaba, pero no su traje de baño. Makoto lo acompañaba a desayunar, pero había olvidado cómo Haru cortaba la piña. Makoto estudiaba la vida marina, pero no había agua en su vida.
La mente de Haru lo transportó al último año de secundaria.
Makoto dijo que no nadaría profesionalmente.
Makoto dijo que quería ser entrenador.
De niños.
Antes de su graduación, todos fueron a nadar juntos al Iwatobi Swim Club. Sin embargo, Makoto terminó en la piscina de metro y veinte jugando con los niños. A nadie le importó. Pero…
Pero Makoto poco a poco fue tomando decisiones que lo alejaban del agua, y nadie lo notó. Ni siquiera él, Haruka Nanase, que se jactaba de comprender la verdadera naturaleza del agua y de quienes comprendían al agua.
Makoto logró engañarlo. Cambió la natación profesional por la piscina de un metro y veinte. Cambió el océano de Iwatobi por el de Tokio. Cambió la natación por el baloncesto. Cambió de carrera. Cambió de sueño.
¿Es más: tenía un nuevo sueño?
Rin tenía razón. Makoto dejó de nadar por culpa de Haru.
—Me quedaré en tu casa, Makoto—dijo Haru, de la nada, mientras Rei revisaba los horarios de los trenes. No podían perder el próximo.
Makoto le sonrió, alegre, a Haru. Sin embargo, le sorprendió la impulsividad de Haru al ingresar a su casa, pasada la media noche. Sin importar el cansancio ni la privacidad, Haru se apoderó del celular del otro en cuanto Makoto lo dejó sobre el escritorio, antes de meter la cabeza en el clóset, en busca de pijamas para Haru.
Por un instante, la mirada sorprendida de Makoto molestó a Haru. Pero al segundo intento ya había desbloqueado la pantalla y, a pesar de ser un modelo que no conocía –hasta el celular había cambiado-, Haru encontró lo que buscaba.
Un segundo después, la comprensión entre ellos funcionó cómo siempre había sido. Makoto se apresuró a sacar unos audífonos de la gaveta de su escritorio, y antes de que sonara la primera nota de la primera canción que llamó la atención de Haru, ya los dos estaban compartiendo audífonos.
Haru sonrió. Al menos, sus gustos musicales seguían siendo los mismos. Al menos, en el mundo de la música seguía siendo la misma escena.
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La casa de Makoto tenía el aire tradicional de la mayoría de las casas aledañas, pero las mañanas eran tan ajetreadas que desde hacía varios años, cuando aprovechar que Makoto tomaba un baño para, también, bañar a los gemelos dejó de ser una práctica útil, la residencia Tachibana realizó las modificaciones del caso para un segundo baño.
A Haru le gustaba. Las cosas en la casa de Makoto estaban duplicadas, muchas veces hasta triplicadas. Además, todo era un poco más grande de lo normal. Después de todo, tanto Makoto como su padre, eran más altos de lo normal.
Haru decidió que tomaría el baño en la casa de Makoto. Sin embargo, lo decidió cuando los dos baños estaban ocupados. Así que los minutos de espera afectaron negativamente su ánimo.
Para quienes los conocían era usual que Makoto estuviera con Haru en el baño. Ya a nadie le extrañaba que una de las rutinas más privadas no fuera privada entre ellos. Los habían sorprendido tantas veces en el baño –Haru semidesnudo- cuando eran adolescentes, que ya a nadie le importaba. Así que era normal que los dos entraran juntos al baño, que se quedaron los dos adentro con la puerta cerrada o que Makoto pidiera que le llevara una toalla. En esa ocasión, Makoto aprovechó para recoger algunas prendas que sus hermanos habían dejado en el suelo, mientras la bañera se llenaba.
—Pensé que haber ganado una competencia contra Rin en secundaria hizo que dejara la natación, pero no fue así—habló Haru, rompiendo el silencio entre ellos. Su voz más que tosca era reflexiva. Los dos sabían que Haru había dedicado muchos de sus pensamientos a eso: el tema estaba resuelto, ampliamente analizado, y no tenía sentido hablarlo siete años después, antes de tomar un baño en la casa de Makoto—. Rin dejó la natación porque perdió el norte, su confianza… pero nos vio nadar—Makoto sonrió, levemente, recordando. Ganar no era lo más importante. Darlo todo de sí mismos mientras estaban con sus amigos era la escena que Rin les enseñó y que lo ayudó a levantarse. Sin embargo, Haru no le devolvió la sonrisa, y Makoto pensó que algo estaba mal. Haru estaba serio, mucho más de lo normal—. Rin no dejó de nadar por mi culpa. Pero tú sí, Makoto.
El rostro de Makoto se frunció. Conocía de primera mano el dolor que le causaba a Haru saber que un amigo renunciaba a la natación. Le impactó tanto que Haru se achacara la culpa de su decisión, que resistió el impulso de negarlo inmediata y enérgicamente.
Ante su silencio, Haru continuó, con la vista clavada en la bañera, incapaz de mirarlo directamente.
—¿Creías que no me daría cuenta?—lo miró de reojo, pendiente de la preocupación del otro—. Abandonaste la natación paulatinamente… sin que lo pudiéramos notar siquiera. Un paso cada vez más cerca de la tierra. Y lo hiciste porque ya no nadábamos juntos. Entonces, ya no tenía sentido nadar.
—Haru—murmuró Makoto—. Siempre supe por qué nadaba y para quién lo hacía—Haru también conocía las respuestas a esas preguntas: Makoto nadaba porque nadar con Haru le hacía feliz—. Soy perfectamente capaz de entender que ese sentimiento no tiene que ser recíproco.
Haru quiso sumergirse en el agua. "Solo tiene sentido, si es contigo" dejó de parecerle una confesión y adquirió la forma de una rendición.
—Nunca te rechacé—le dijo, apenas abriendo la boca—. Inclusive, regresé por ti.
Si la extraña conversación que tenía lugar en el baño del segundo piso de su casa, había tomado por sorpresa a Makoto: las últimas tres palabras de Haru hicieron algo más que poner todo en su cabeza patas arriba.
—¿Qué? —boqueó Makoto.
Haru rehuyó la mirada. ¿Por qué el agua tardaba tanto en llenar la bañera, por qué tenía que ser una tina tan grande?
—Se suponía que estarías terminando tu carrera. Que estarías haciendo planes para cuando te graduaras. Entonces, yo regresaría por ti e idearíamos algo juntos…
Makoto comprendió perfectamente los planes de Haru... lo que él llamaría su vida perfecta.
—Si estuviera en el último semestre de Ciencias del Deporte, podría pensar en ser miembro del staff de la selección nacional—murmuró Makoto al pensar en las oportunidades que perdió cuando renunció. Sousuke ya era miembro, después de todo—. Podríamos haber viajado juntos a los torneos, o ahorrar y hacer nuestro propio centro de natación—Haru asintió—. Podría seguir viéndote nadar...
—Eso no ha cambiado—interrumpió Haru.
Makoto negó con la cabeza. Con movimientos rápidos, sacó el champú, los geles de baños y la toalla. Los acomodó en el mueble del lavamanos.
—Haru—no había forma de que callara el reclamo—. No me dijiste nada, durante cuatro años.
—No había nada qué decir. Estabas estudiando—replicó Haru, deslizó su ropa hasta quedar solo con su bañador.
—Aun estoy estudiando.
—Te esperaré—la mirada de Haru estaba escondida detrás de su flequillo, sus pies inquietos, deseosos por entrar ya a la bañera—. Igual, ya lo he hecho.
—No me has esperado cuatro años—dijo Makoto, mirándolo seriamente, y Haruka supo que estaba enterrando la confesión que le acababa de hacer—. Has estado en Australia cuatro años—apuntó, y a los dos les dolió que fuera quisquilloso en aclarar ese aspecto.
Makoto parecía insistir en la distancia que había entre ellos. Y Haru no pudo evitar compararlo con Rin. Para Rin el mar era un puente hacia sus amigos. Para Makoto el mar era una línea que no debía ser cruzada, una separación.
Rin observó el mar, y sintió una conexión con sus amigos, quienes estaban al otro lado.
Makoto observó el mar, y se preguntó si él podría estar bien aunque Haru no estuviera.
...
See you next water time!
¡Hola!
Las montañas rusas me gustan. (¿?) Haru y Makoto tienen asuntos que arreglar. Ya esos asuntos se van poniendo sobre la mesa. Creo que ellos se confiesan de mil formas, sin decirlo expresamente. Pero por cada paso que Haru dé hacia Makoto, Makoto dará uno hacia atrás.
Sobre otras cosas: el anime no incluyó la participación de Aki en la frase: ella es la mente maestra. La frase original es "I swim the best free for the team". También es algo así como canon que Makoto y Haru tienen los mismos gustos musicales, porque en las imágenes oficiales comparten audífonos. :3
Quedan dos secciones, y están casi listas. Muchas gracias por leer y por su apoyo. Espero este capítulo les haya gustado y me puedan contar qué les pareció.
Un gran abrazo para las personas que han dejado review. Son geniales :)
Nos leemos
¡Gracias por leer!
