Capítulo 9

Después de pelear un poco con él, Marinette finalmente se probó el traje frente al espejo. Observó su reflejo, incrédula. Se giró sobre sí misma, tratando de verse desde distintos ángulos y jadeó, angustiada.

—Ay, no —susurró Marinette, preocupada—. No puedo salir así.

Marinette se llevó la mano a la falda, totalmente sonrojada. La falda de una sailor era corta, pero, ¡aquella era horriblemente corta! Gimió, avergonzada, intentando recolocársela, pero era imposible. Aunque sabía que tenía que ser una minifalda, en su cabeza no iba a levantarse tanto. Marinette se estremeció ante la idea de salir así a la calle. ¡Por eso el traje de Ladybug era un mono! Marinette no quería nada de capas ni de faldas cerca, menos una tan minúscula. Pertenecer a las sailor scouts tenía que ser la lucha más incómoda del mundo.

—¿Qué sucede, Marinette? —preguntó Tikki, acercándose a ella.

—La falda, Tikki, ¡la falda!

—No entiendo.

—Que es cortísima, ¡parece un cinturón!

—¡Oh, Marinette! Te queda fantástica y tal como estás no se ve nada.

—Claro, tal como estoy.

—Ya sabes, que no es tan infrecuente ver a chicas con minifaldas así de cortas por la calle.

Marinette se llevó las manos al rostro, avergonzada.

—¡Oh, vamos, Marinette! —la animó Tikki, volando hasta estar a su lado—. Es solo que no estás acostumbrada a vestir así, pero estás increíble.

Marinette suspiró. Tomó la lanza que estaba apoyada junto al espejo. Realmente la lanza no era más que el palo de cortina muy tuneado. Lo había pintado de morado, añadido algunas piezas que había conseguido en una tienda de segunda mano, y pegada estaba la cuchilla que Max le había impreso en 3D y ella había pintado de plateado, al igual que había hecho con la gema que llevaba pegada al pecho.

Tuvo cuidado de no tocar mucho su pelo, que estaba estratégicamente peinado para que solo se viera la parte central de la diadema metálica y no la cinta elástica que la mantenía sujeta a su frente.

Inspiró hondo, contemplando su traje de Sailor Saturno. El morado no era el más frecuente en su armario, pero el color hacía que sus ojos adquirieran una expresión melancólica que sería muy útil para la sesión de fotos.

Se reajustó las botas, agradeciendo que fueran tan altas y hubieran quedado tan bien. Le daba la impresión de que la falda no era tan corta como ella sabía que era.

—Vamos, Marinette, inspira hondo y, ¡adelante! —la alentó Tikki.

—Sí, allá vamos —aseguró Marinette respirando hondo—. Qué remedio…


Los elogios de las chicas le habrían dado un empujoncito a su autoestima si no fuera porque todas se lanzaron a halagar sus piernas. Claramente, ninguna de ellas estaba acostumbrada a ver a Marinette con otra cosa que no fueran unos pantalones o una falda a la rodilla. Marinette se pasó media tarde tapándose el trasero con las manos ante cualquier mínimo soplo de viento.

Aunque al principio a muchas les divirtió la expresión avergonzada de Marinette, terminaron haciendo de apoyo a su alrededor mientras caminaban por el Parque Monceau. Atravesaron las enormes rejas de hierro forjado con retoques de oro que daban acceso al elegante parque que olía igual que un jardín inglés. Se adentraron en sus caminos hasta llegar a la elegante columnata junto al lago.

Recibieron varias miradas intrigadas, pero una vez que Marinette se concentró en ensayar con Juleka, se olvidó de todo.

—Mantén el mentón más alto y cambia la posición de las piernas —le indicó Juleka, haciendo ella misma la postura frente a ella—. Endereza la espalda.

En muchos sentidos, Marinette no tenía nada que ver con Sailor Saturno. Era introspectiva, seria y elegante. Y Marinette, aunque no se consideraba a sí misma el alma de la fiesta ni mucho menos, era una persona a la que involuntariamente le nacía la sonrisa en los labios y que tropezaba más que caminaba.

Era consciente de que las chicas se estaban turnando para grabarlas con la idea de hacer un making of, pero Marinette desconectó, demasiado intrigada por las lecciones de Juleka que se movía elegantemente frente a ella.

—Juleka realmente podría trabajar como modelo de pasarela —aseguró Mylène.

—Por supuesto, y se comería el escenario —dijo Rose.

—Probablemente su mayor enemigo sea ser modelo editorial —imaginó Alya.

—¿Y eso por qué? —preguntó Rose con el ceño fruncido.

—No lo digo a mal ni nada por el estilo —contestó Alya, levantando las manos en una posición defensiva—. Es solo que aún le cuesta soltarse ante cámara si no está uno de nosotros sacando la foto, y en una fotografía así la expresión puede ser vital.

—Juleka tiene la actitud, todas lo sabemos —opinó Alix—. Solo tiene que aprender a sacarla.

—Creo que este rato con Marinette le vendrá bien —aseguró Mylène—. Enseñarle a alguien requiere de mucha maña y habilidad, si consiguen hacer un buen trabajo puede ser de gran ayuda para la autoestima de Juleka.

—Me alegra que Marinette se lo haya pedido —aseguró Rose, llevándose las manos al rostro con una expresión de felicidad. Las observaba de lejos y veía a Juleka tan metida en su papel que no podía sentirse de otra forma—. Pensé que se lo iba a pedir a Adrien.

—Tú y todas —aseguró Alix, encogiéndose de hombros.

Cruzaron miradas entre todas durante un segundo de incómodo silencio.

—Hablando de eso… —comenzó Mylène—. ¿Se dieron cuenta, verdad?

—¿Cuenta de qué? —preguntó Rose.

—¿De qué va a ser? —preguntó Alix—. Del careto que se le quedó a Adrien.

—¿A qué te refieres? —preguntó Rose, que había estado centrada únicamente en Juleka y Marinette.

—Que como todos, seguro que pensó que Marinette se lo iba a pedir —aseguró Mylène, preocupada—. Creo que le afectó más de lo que parece.

—Alya, de todas tú eres la más unida a él —apuntó Alix—. ¿Qué opinas?

—No sabría qué decirte… Puede que haya tenido expectativas, pero tampoco pienso que debe haberle afectado tanto.

—¿Tú crees? Porque vaya careto que se le quedó —dijo Alix.

—Creo que está teniendo otros problemas —contestó Alya.

—¿Qué clase de problemas? —preguntó Rose con curiosidad—. ¿Con su padre? ¿Kagami?

—¡Oh, puede ser! —contestó Alix antes de que Alya pudiera decir nada—. El otro día los vi a los dos muy raros. Tuve que quedarme hasta tarde por un trabajo de arte de los chicos y me los encontré a la salida. Bueno, no me los encontré, ellos no me vieron. Estaban teniendo una de esas conversaciones raras que notas en el radar incluso a un kilómetro de distancia.

Alya frunció el ceño, incómoda. No quería que esa información llegara a oídos de Marinette. Ella ya sabía algo al respecto, después de todo Adrien era el mejor amigo de Nino y a veces Nino no tenía filtro. Cuando se estaba rompiendo la cabeza con algo y no le encontraba solución, Nino solía acudir a Alya, y sí, eso involucraba los problemas de Adrien que Nino no sabía resolver.

Al fin Marinette estaba mirando por sí misma y había dejado de ver a Adrien como un ser de los cielos, divino y perfecto. No quería que destrozara todo lo que había cambiado por lo que podía ser solo una fase en la relación de aquellos dos.

—¡Chicas! —las llamó Marinette, haciendo aspavientos con la mano. Entonces recordó que al levantar las manos la falda se subía un poco más y volvió a bajarlas rápidamente—. ¡Ya vamos a empezar!

—¡Ya vamos! —gritó Alix, levantándose de un salto.

—Ey —susurró Alya, imitándola—. De esta conversación ni una palabra a Marinette.

Todas se miraron entre sí. A unos metros de ellas, Marinette y Juleka reían, apoyadas la una en la otra. Aunque sonrojada, al fin estaba relajada y resuelta en el entorno. Como un pacto, todas asintieron en silencio.

Lunes, 30 de marzo de 2020


¡Hola a todos, lindas flores!

Listo, tercer cosplay resuelto, ¿se lo esperaban? Sé que fueron varias personas las que apuntaron por Sailor Moon, pero una concretamente afirmó que sería Sailor Saturno y tendrían que haber visto mi cara cuando leí la respuesta. Quise lanzarle ramos de flores y aplausos por ser la primera en acertar, pero no podía sin spoilear las cosas antes de tiempo jajajajajaja.

En fin, ¿cómo se les quedó el cuerpo tras la conversación TOP SECRET? ¿Y cuál creen que será el siguiente cosplay?

Con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!