Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.
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¿Tienes miedo?
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Resumen:
Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.
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¿Tienes miedo?
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"¿Contra qué cosa en el mundo podría estar Makoto luchando?
¿Qué podría haber soñado, en el agua, en su corazón?
¿Qué podía hacer Haru para liberar a Makoto de su sufrimiento?
¿Podría Haruka… tener la fuerza para liberarlo? ¿Era capaz?
Ni siquiera podía entenderlo…"
Haruka Nanase. High Speed 2. Capítulo 8 Light
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Noveno Capítulo:
El oasis no existe
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—… contra Sousuke. Eh… él es mi amigo de la infancia.
—Sousuke Yamazaki—interrumpió Nagisa, acercando la boca al micrófono—. Estudiante superior en la carrera de Ciencias del Deporte en la Universidad de Tokio, miembro del staff de la selección nacional de natación de Japón, en la disciplina de mariposa. Además, es cuñado de Rin: novio desde hace unos meses de nuestra querida Mánager: Gou Matsouka.
—Eh, sí—la voz de Rin dudó por un instante—, él, bueno, cuando estábamos en primaria me había dicho que la natación era un deporte individual y que tener amigos no haría que nadara más rápido. Sin embargo… después… me dijo que quería nadar un relevo conmigo.
—¡Oh! No sabía que Sou-chan era tan sentimental.
—En Samezuka los miembros del relevo se eligen por sus tiempos. Así que para ser parte del mejor equipo de relevos—dijo con orgullo Rin—, Sousuke debía vencerme en estilo libre o mariposa.
—¡Yo sé cómo termina esa historia!—exclamó Nagisa, dándole un golpecito al micrófono, emocionado—. Sou-chan nadó en el relevo contigo, y con Ai-chan y Momo-chan.
—¡Sí! Por eso mi competencia más significativa ha sido contra Sousuke, en esa ocasión. Sousuke me demostró todo su poder: me ofreció un verdadero reto, porque nadó con su corazón y con todas sus fuerzas. Y, gracias a él, logramos tener al mejor equipo: porque él sí quería nadar en un relevo, y lucharía por eso con todo su potencial: me demostró su valía.
Nagisa agradeció a Rin y mandó saludos a su audiencia, después unos comerciales. Se quitó los audífonos y miró a Makoto.
—¿Estás listo, Mako-chan? Te haré las mismas preguntas que a Rin.
—¿Me vas a entrevistas, por qué? Yo no soy nadador—exclamó Makoto, entre sorprendido y afligido.
Nagisa miró, calculador, el reloj con números rojos.
—Aun me quedan unos minutos de show. Además, todos tenemos una competencia significativa—se acomodó de nuevo los audífonos rosas y exclamó con la boca pegada al micrófono—. ¡Hola, radioescuchas. Canal Iwatobi Free!Talking! les presenta a Mako-chan, ala-pívot de la selección de baloncesto de la Universidad de Tokio y exnadador de backstroke de Iwatobi. Cuéntanos, Mako-chan. ¿Cuál ha sido tu competencia de natación más importante?
—Eh…—Makoto nunca fue bueno con el público.
—¡Ya sé! En tu último año de secundaria, participaste en los doscientos metros estilo libre. Amigos, nuestro Mako-chan compitió contra Haruka Nanase.
—Ah. Sí. Perdí—dijo Makoto, levemente, incómodo, sin saber qué tanto podía hablar, los números en el reloj cambiaban muy rápido, o qué tan alto, no sabía qué tan cerca debía estar del micrófono.
—Antes de completar los primeros cincuenta metros ibas delante de Haru. Pero en la última vuelta te quedaste atrás, Mako-chan. No lograste seguir el ritmo de Haru.
—Haru es el mejor en el agua—sonrió Makoto.
—¡Eso es cierto!—exclamó Nagisa, con una gran sonrisa, dirigida a Haru—. ¿Mako-chan, qué sentiste al enfrentar a tu mejor amigo?
—Pensé que sería nuestra última oportunidad para competir—dijo Makoto, sincero, aunque no estaba respondiendo la pregunta. En aquel entonces, sintió que debía dejar ir a Haru: él nunca podría alcanzarlo, no tenía las fuerzas para seguir su ritmo—. Quería competir contra Haru con todas mis fuerzas…
—Nadaste con mucho vigor, Mako-chan. Pero las fuerzas no te alcanzaron al final. ¿Te diste cuenta en algún momento de que no tenías oportunidad?
—Como dije antes, Haru es el mejor en el agua.
Nagisa frunció levemente la frente, pero zanjó el tema. Hizo algunos breves comentarios retomando lo que se habló ese día y agradeció a su audiencia e invitados especiales.
—¡Gracias por acompañarnos hoy! FreeTalking! se despide hasta el próximo fin de semana porque iré de campamento con mis amigos—Nagisa se quitó nuevamente los audífonos, apagó los controles y miró a Makoto con seriedad—. ¿No te parece que esa carrera es aun más significativa? Es como una metáfora de tu vida.
—¿A qué te refieres?—preguntó Rei.
Nagisa achicó un poco los ojos.
—Makoto siempre se esfuerza al principio, pero al final pierde las fuerzas—había cierto destello de preocupación en su mirada. Y, en cierto modo, estaba preocupado. A diferencia de Makoto, Nagisa podía ser perezoso e inestable, pero al final, siempre se esforzaba y lograba ese efecto de alargar sus brazos; mientras que Makoto por más responsabilidad y esfuerzo que puso al principio, al final, se quedaba atrás—. Nadaste con todas tus fuerzas, sin medirte, perdiste el impulso y te quedaste atrás. También, entraste muy animado a estudiar una carrera en la universidad, pero después perdiste las fuerzas y no continuaste.
—Nagisa, ¿estás diciendo que Makoto no termina lo que empieza?
—Solo digo que Makoto se esfuerza demasiado al principio y, al final, ya no tiene fuerzas.
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—Haru-chan—decía Ren, jalándole la chaqueta—. ¿Podemos ir? Queremos ir. Por favor.
Desde el interior de la casa les llegaba la vocecilla aguda de Ran rogándole lo mismo a Makoto y a su madre. Haru respondió al llamado del niño, lo miró a los ojos y asintió. Le gustó la enorme sonrisa de Ren. Qué fácil era hacer feliz a los niños.
—¿De verdad?—quiso asegurarse Ren. Haru volvió a asentir.
—¡Haru!—exclamó Makoto que acaba de salir y fue testigo de la escena—. No puedes decirle que sí.
—¿Por qué?—preguntaron tanto Ren como Haru. No se podría precisar cuál se oía más afectado.
Makoto negó con la cabeza, y se sentó en el zaguán para colocarse sus zapatos. Ran llegó corriendo y se lanzó sobre él, mientras le pedía que por favor los llevara al campamento.
—No puedes ir, Ran. Tienes escuela.
—Haru dijo que sí podíamos ir—exclamó Ren.
Makoto miró a Haru, sin embargo, debía perfeccionar su cara de regaño. No afectó en nada a Haru.
—Podemos cuidarlos—dijo Haru.
—¡Haru-chan y el chico mariposa pueden cuidarnos!—exclamaron los dos niños.
—Haruu—se quejó Makoto, terminando de atar los cordones de un zapato, y tratando de evitar con el hombro que Ran no le golpeara la cabeza mientras le saltaba encima—. Pasaremos dos noches. No podemos cuidarlos.
—Es muy amable de tu parte, Haru—debió intervenir la madre de Makoto mientras apartaba a Ran, delicadamente, de la espalda de Makoto—, pero no pasará nada si les dices que no a estos niños.
—Mn, Lo siento, chicos. No pueden acompañarnos—dijo Haru.
Los gemelos hicieron un puchero y abrazaron por varios segundos más a Haru, en agradecimiento por haber intercedido por ellos. Haru y Makoto se despidieron, y empezaron a bajar algunos escalones.
—Makoto—llamó la señora Tachibana. Los dos hombres se giraron hacia ella, que pareció haber perdido el impulso. La mujer cambió de parecer y dirigió sus ojos a Haru—. Cuida de él.
Haru asintió.
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No eran muchas las personas que viajaban en el tren a esa hora. Makoto, impresionado, lo comentó varias veces y comparó la desolación de este tren con los trenes, los restaurantes, las calles, las aulas y los apartamentos de Tokio.
Una breve idea cruzó por la mente de Haru: ¿Cómo sería la vida de Makoto en Tokio? Entre la universidad, el baloncesto, el cuerpo de bomberos, Kisumi, la compañera con la que mensajeaba, los bares gay, las lecturas y sus profesores molestos, no parecía que Makoto tuviera tiempo libre, tiempo para él mismo o para Haru...
Cuando Makoto dejó de mover la mano y la dejó quieta a un costado, extendida sobre una de sus mochilas, cerca de Haru, Haru olvidó la idea y pensó en otra cosa.
El parloteo de Makoto se detuvo cuando sintió la mano de Haru deslizarse sobre la suya. Haru no pretendía callarlo, solo quería aprovechar la soledad del compartimento para un poco de afectuosa intimidad.
Tampoco fue tan premeditado. Solo notó que la mano de Makoto descansaba cerca de la suya, y dado que el leve movimiento del tren lo acercaba a Makoto, sería bueno tener en qué apoyarse. Su mano ligeramente más delgada y mucho más pálida, encontró agradable el calor de la piel de Makoto y, sin entrelazarse, sus dedos se hicieron cierto espacio entre los de Makoto.
Makoto, quien tenía la capacidad de hablar en cualquier ocasión, reanudó su monólogo, unos segundos después; su voz ya no tan aguda ni extasiada, más bien susurrada.
—Haru, imagina… Imagina por un momento que estás en el desierto, que a tu alrededor no hay nada más que arena.
Haruka frunció el ceño. Hacía un instante, Makoto con sus palabras lo había transportado a las agobiantes y vibrantes calles de Tokio, ahora le hablaba de la aridez y soledad de un desierto. Haru lo imaginó. Y sus dedos temblaron sobre la mano de Makoto.
Makoto continuó, aunque fuera totalmente innecesario. Haru sabía lo que diría.
—Imagina que no hay agua. Que la buscas… la buscas por todas partes, pero no encuentras agua. Entonces, caminas, por noches y días enteros, sin agua. Estás en el medio del desierto, solo. Sólo tu sombra y el pesado sol.
Haru quiso interrumpir: lo que decía era imposible. Cualquiera moriría. No tenía nada que ver con que él no pudiera vivir sin agua.
—Imagina que me preguntas, a mí,… si tengo agua—Makoto estaba quieto, con la mirada clavada en la banqueta del frente, sin importarle el paisaje borroso de la ventana, ni la mano de Haru sobre la de él—. También le preguntas a Nagisa y a Rei. Pero ninguno de nosotros tiene lo que buscas. Entonces… escuchas de un hombre… de un rival… que tiene toda el agua que buscas y no le importa despilfarrarla en tu presencia. Y una sensación totalmente nueva te llena. Sientes cómo crece tu deseo, porque has encontrado una persona que tiene lo que buscas. Que tiene en exceso lo que más quieres… y necesitas.
Haru guardó silencio. Podía sentir el dolor en cada palabra.
Está de más decir que la historia no le gustó. No quería imaginar un mundo árido, en el que debía transitar solo, tratando de conseguir algo, que parecía inalcanzable. No quería seguir escuchando, y Makoto lo sabía, por lo que guardó silencio.
Entonces, Haru pensó en Rin. En las palabras de Rin: "For the Team". Pensó que él no caminaría solo. Que sus amigos no lo dejarían, aunque no tuvieran lo que él buscaba. Y se sintió mejor y su imaginación creó un oasis en el medio del condenado desierto de la historia de Makoto.
En el oasis estaba Rin, también estaban Rei y Nagisa. Pero Makoto fue la primera persona que imaginó, que vio: saludándolo, recibiéndolo. Si hubiera un oasis, Makoto sería la primera persona que vería. Makoto sería la primera persona que querría encontrar.
—Si en ese desierto hubiera un oasis—dijo Haru, con la voz tan baja que solo Makoto podría escucharlo por la práctica de haberlo escuchado por casi veinte años. Los dos se encontraron mirándose de reojo, pero Makoto desvió la mirada al instante—, aunque exista solo en mi imaginación—se vio en la obligación de aclarar, porque no había en la tierra un lugar tan vil—, a la primera persona que querría encontrar ahí—decidió ser más contundente—, a la primera persona que quisiera ver… sería a ti.
La curva de las cejas y de los labios de Makoto hicieron que las mejillas de Haru se tiñeran de un leve rosa. Sin embargo, la sombra en los ojos de Makoto no permitió que Haru se relajara. Por un breve instante, la expresión cariñosa de Makoto, no le pareció tan cariñosa, sino más bien decepcionada. Como si guardara cierta decepción desde hacía tanto tiempo que ahora era parte de sus expresiones faciales de cariño: como si amor y decepción fueran juntas.
—Haru—murmuró, suavemente, sus ojos se dirigieron a sus manos juntas. Haru sabía que su propia mano se había vuelto pesada.
Imágenes de un desierto, interminable, seco, en el que caminaba, tan sólo acompañado por su sombra y un animal, volvieron a ocupar la mente de Haruka. Imaginó que él era un errante, en busca de algo… de algo que le diera sentido a su vida.
Makoto dijo, con palabras menos, con palabras más, que él creía que Rin era quién tenía lo que Haru necesitaba, y a montones. ¿Entonces, Makoto desestimaba todo lo que él mismo había hecho por Haru?
Haru ladeó la cabeza hacia el otro lado. Se preguntó si Makoto podría entender sus palabras sobre el oasis como una declaración. Tenía la sensación de que todas sus experiencias con Makoto deberían servir como una declaración. Pero, ahora, de verdad quería que Makoto entendiera que él quería encontrarlo, que solo tendría ojos para él.
—En ese oasis—escuchó la voz de Makoto, porque su naturaleza amigable siempre lo haría hablar—, estaríamos Nagisa, Rei y yo—apuntó, con los ojos entrecerrados—, pero sería Rin quien te invitaría a entrar.
Haru asintió. Despacio apartó los dedos de la cálida piel de Makoto… y ambos decidieron olvidar lo que había pasado.
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El viaje que hacía años, cuando estaban en el colegio, hicieron en el bote del entrenador Sasabe fue sustituido por tiquetes de avión, dado que la aerolínea era uno de los tantos patrocinadores del programa de radio de Nagisa. Al llegar a la isla, debieron pasarse unos minutos por la oficina local de turismo para que Nagisa recogiera cierta información que debía mencionar –casualmente- en su show.
—No hay almuerzo gratis—fue la explicación de Rei.
Dos horas después, ya habían hecho el check in en el hotel: una amplia habitación con seis camarotes, por lo que tenían espacio de sobra, y ahora se dirigían a la playa.
—¿Haru-chan, estás bien?—preguntó Nagisa, mirándolo con preocupación, pues desde hacía dos minutos tenían al mar delante de ellos y Haru no se había desnudado.
Haru no prestó atención, caminó hacia la sombrilla que Makoto y Rei estaban colocando, y se desvistió, pero no entró al agua. Hacía mucho que había hecho las paces con aquel océano que amenazó las vidas de Rei y Makoto; sin embargo, saber que el miedo de Makoto al mar había resurgido no lo tranquilizaba. No quería dejar a Makoto solo.
—No soy un niño, Haru—escuchó la voz de Makoto tras él, arrodillado ante la hielera. Los ojos azules de Haru vagaron por el pecho desnudo y la pantaloneta naranja de Makoto—. No tienes que preocuparte.
—Me preocupo—dijo Haru, después de desviar la mirada. En parte quería saber qué tan lejos estaban Rei y Nagisa; en parte quería evitar que sus ojos siguieran deslizándose por el cuerpo de Makoto.
Haru continuó inmóvil, así que Makoto cerró la hielera y caminó hacia al mar para reunirse con los demás.
Cuando una persona tenía miedo de algo, huía. Había muchas formas de escapar. Algunas funcionaban, otras no. La mayoría de formas nunca funcionaban. Makoto le tenía miedo al mar, pero entraba en él. Entonces, Makoto enfrentaba su miedo: nadando, porque cuando nadaba, podía huir. Pero, ahora, Makoto no nadaba.
Haru caminó hacia al mar, asegurándose de pisar las huellas que Makoto había hecho sobre la arena, para hacer solo un camino. El agua lo recibió y, por un tiempo, se olvidó de que Makoto lo había rechazado.
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—Mako-chan, ¿quieres que ponga música antes de dormir? Así no escucharás el rugido ensordecedor del mar.
—No es precisamente el ruido del mar lo que me atemoriza—murmuró Makoto, sin prestar mucha atención, mientras cambiaba las sábanas del hotel, por las que él había traído. Dejó un par de sábanas limpias, de su casa, sobre la cama de Haru.
—Mako-chan—insistió Nagisa—. Si quieres puedes dormir conmigo.
—¿Eh? —Makoto miró a Nagisa, sorprendido. Pudo percibir que Rei lo miraba de reojo, con cierta preocupación—. No voy a tener un ataque de pánico por dormir aquí. ¡Vivo en Iwatobi, cerca del río y del mar!
Haru caviló la situación algunos segundos. Nagisa y Rei también eran conscientes del miedo de Makoto al mar. La preocupación de Nagisa era sincera, pero no echó para atrás con el campamento y desistir del campamento era lo más obvio sino quería que Makoto pasara un mal rato. Haru tomó las sábanas de Makoto y frunció el ceño: era una imprudencia llevar a Makoto al lugar donde casi muere. ¡Por todos los cielos! Makoto estuvo a punto de morir.
—Haru—lo llamó suavemente Makoto, le quitó las sábanas de las manos y empezó a hacer la cama.
—¿No vas a tener un ataque de pánico?—le habló Haru, en voz baja.
Las cejas de Makoto se alzaron levemente.
—Hoy no. Estoy con mis amigos—le susurró, se inclinó un poco hacia la cama para acomodar las sábanas.
—¡Mako-chan! ¿Vas a dormir con Haru-chan? Yo te ofrecí mi cama, primero—gimió Nagisa, desde su propio camarote—. Hasta te dejaría dormir como quieras. Mejor no, yo quiero ser top.
El silencio que procedió el comentario de Nagisa no fue incómodo, aunque Rei parecía una tetera a punto de estallar y la sonrisa de Makoto había quedado a medio hacer. Haru se movió levemente, acercándose a Makoto, y le susurró al oído:
—Prohibido.
Makoto dirigió sus ojos a Haru, y fue consciente de la cercanía. Casi podía sentir la punta de la nariz de Haru rozar su barbilla.
—¡Nagisa! Espero que estés hablando de la cama de arriba—reaccionó Rei.
Haru y Makoto no le prestaron atención a la parla de los otros dos, muy ocupados mirándose a los ojos y tratando de entenderse, sin palabras.
—¡Hay tantas camas libres que hasta Shigino-san pudo haber venido! No es necesario que tengas que dormir encima de Makoto—la voz de Rei se elevó, tratando de hacer que Nagisa entendiera su punto.
—Kisumi te parece molesto—susurró Makoto, rompiendo el silencio entre ellos. Haru volteó el rostro—. Te he visto hacer la misma cara que haces cuando él está cerca, conmigo. Es una cara que nunca has hecho cuando está Rin.
—¿Cuál cara?
—Es esa cara que haces cuando Kisumi trata de abrazarte.
—No me gusta que él me toque.
—También la haces cuando yo te ahm… toco.
—Ah.
—Ves. Es obvio que te parezco tan molesto como Kisumi. Lo siento, Haru. De verdad, lo siento mucho.
Haru no dijo nada. Se metió a la cama, de abajo, pues subir las escaleras para la de arriba, requería demasiado esfuerzo, y miró a Makoto, desde las sombras, sus ojos penetrantes, inquisitivos. Casi molesto con Makoto.
Haru volvió a recordar su primer día en el Iwatobi Swim Club. Recordó los llaveros de delfín y de pez payaso. Nunca hubo competencia ni recelo entre ellos: Makoto siempre fue desinteresado con él. Hasta ahora. Makoto estaba siendo egoísta: por primera vez, en mucho tiempo, Haru vio a Makoto siendo egoísta, colocando sus intereses primero. Makoto no estaba pensando en lo que Haru quería. Y Haru sabía por qué.
La primera vez que nadó en la misma línea que sus amigos, en su primer relevo, Haru vio algo que nunca había visto y Rin les dijo que jamás lo olvidarían. Haru pasó mucho tiempo tratando de revivirlo, y en algún momento se rindió. Tuvo dudas de si sería capaz de volver a experimentar algo parecido. Volvió a ver aquella vista hasta que nadó con sus amigos, como era debido.
Así que no podría entender a Makoto, no podría transmitirle sus sentimientos, no podría restablecer su conexión, plenamente, con él hasta que nadaran juntos, porque en el agua eran capaces de conectarse, de sentirse el uno al otro.
Pero Makoto ya no nadaba.
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—Creo que quiere decir que Makoto estaba en el mar—dijo Rei, después de escuchar el sueño de Haru, mientras esperaban por su desayuno en una cafetería.
—No. Soñé que Makoto era el mar.
—Eso no es posible. El mar es una masa de agua salada—los ojos de Rei se dirigieron a la ventana. El mar no se veía, pero estaba en esa dirección—. No puede soñar que Makoto es el mar, Haruka-sempai.
—Sí puedo.
—Pero Makoto es una persona—insistió Rei. Nagisa asintió, dándole la razón a Rei, por primera vez, en mucho tiempo.
Haru dirigió sus ojos a Makoto, que estaba protagonizando una pequeña escena con varios meseros y la dependienta del café. Makoto, accidentalmente, había tirado al suelo varias tazas y adornos, cuando caminaba con las bandejas hacia su mesa. Una muchacha que se veía diminuta al lado de Makoto se disculpaba avergonzada porque al parecer había sido su culpa. Pero Makoto se veía aun más avergonzado.
—Qué torpe—murmuró Haru, después de que Makoto al mover una mano para pedir disculpas, volvió a tocar alguna bandeja, haciendo que las tazas se balancearan peligrosamente y poniendo en guardia a todo el personal.
—No es torpe—apuntó Rei, acomodándose las gafas—. No digo que las maneras de Makoto sean toscas, pero no podemos decir que sea grácil con sus movimientos. A veces, hasta resulta un poco agresivo. Después de todo, Makoto está acostumbrado a manejar mangueras muy grandes.
—¿Estás haciendo chistes sucios de Makoto, Rei-chan? —dijo Nagisa, con una sonrisilla.
Rei enrojeció.
—¿Eso era un chiste?—preguntó Haru, bastante serio.
Rei hiperventiló.
—No estaba haciendo ningún tipo de chiste—dijo, apenas abriendo la boca—. Tampoco era una alusión sexual sobre mangueras.
—Yo quiero escuchar un chiste sucio de bomberos y mangueras.
...
See you next water time!
¡Hola!
Como agradecimiento por su amable compañía, sus bonitas palabras y hasta por su presencia silenciosa, quiero hacerles un pequeño regalo -que como lo único que sé hacer es escribir, es un escrito:
Parte 1 de 3.
—Los robots atacaron mi casa, Makoto. Ahora está destruida—indicó Haruka Nanase, bien plantado delante de su casa en Iwatobi, cuando tenía seis años.
—No, Haru, que los robots no ataquen tu casa—murmuró Makoto, unos pasos más atrás, casi temblando de miedo—. Mejor que ataquen la casa de la señora Tamura.
—No, Makoto. Los robots atacaron esta casa—dijo, totalmente seguro, Haru—. El pie del robot aplastó el cuarto de mis papás. Y ahora la casa se está desboronando.
Makoto aceptó los términos del juego. Dio unos pasos al frente, hasta situarse al lado de Haru. Sus ojos brillantes estaban fijos en los escombros de la casa.
—¡Haru! Creo que hay fuego…
—¡Makoto! El tubo del gas se rompió. ¡Hay un incendio!
Entonces, Makoto asintió, enérgico, y desenrolló la cuerda que tenía amarrada alrededor de su estómago y la apuntó contra las puertas traseras de la casa. Su boca remedó el sonido de la sirena del camión de bomberos, mientras jugaba a apagar el incendio.
—¡Makoto!—lo llamó Haru, quien con algo de esfuerzo estaba sacando una manguera verde del fondo del jardín. Makoto corrió hacia Haru y tomó la manguera, con fuerza la jaló hasta acercarla a la casa. Haru se arrodilló, metió la mano entre las hierbas del jardín, tanteando, hasta encontrar el grifo. Makoto rio, emocionado, cuando salió agua de la manguera y empezó a dar vueltas, empapando todo a su alrededor. Haru, entonces, buscó su atención—: ¡Makoto! Estoy en llamas.
...
See you next water time!
Me iré lentamente, esperando que el capítulo y el drabble les haya gustado. Cuéntenme qué opinan. ¡Makoto rechazó a Haru! Y todo el rollo es por Rin. A veces pienso que Makoto shippea el RinHaru, o algo así. Queda solo un capítulo más de rechazo, y después vienen dos capítulos de amor. :3
Nos leemos
¡Gracias por leer!
No olviden el review :p
