CAPITULO 12

"UNA NOCHE DE MÚSICA DE ALAS "

El gélido viento otoñal traía consigo el aroma de las flores marchitas que se negaban a abandonar su fragancia a las inclemencias del invierno, que ya estaba próximo. Mitsuko, tiritando, estaba sentada en el patio posterior de su casa, observando el jardincillo que lo cubría, que ya se veía gris y sin vida. Sus pensamientos eran tan profundos, que no sintió la llegada de Harumin, quien al no encontrarla en el interior del departamento, dedujo que se encontraba en la parte trasera; cuando Mitsuko estaba preocupada por algo, acostumbraba sentarse allí a meditar. En esta ocasión, su hermana se veía realmente ansiosa, con una palidez purpúrea posesionada de su serio rostro. Se sentó a su lado, sacando a Mitsuko de su mutismo.

-Ah, ya llegaste. -dijo quedamente.-Te tardaste mucho. Yuzu se fue hace rato.

-Lo sé.-respondió Harumin- Me encontré con ella; por eso tardé tanto.

Mitsuko seguía mirando el reducido panorama que se extendía ante sus ojos, con una dejadez que no era habitual en ella. Harumin pudo ver escrito en su expresión ausente, como si lo tuviera tallado en la frente, el motivo de esa pesadumbre: Yuzu.

-Hermana, ¿Por qué estás tan triste?

Mitsuko abrió mucho los ojos ante la repentina pregunta de Harumin. Tratando de esparcir las nubes que cubrían su ánimo, dijo, forzándose a sonreír:

-Nada de eso, hermanita. ¿Por qué habría de estar triste? Sólo estoy preocupada porque he aceptado la transferencia de universidad que te comenté hace algún tiempo. No quisiera dejarte sola.

Harumin tomó la mano de su hermana, apretándola con fuerza.

-No hay necesidad de que hagas eso. ¿Vas a huir sin pelear?

-¿De qué hablas?

Harumin se estremeció ante la fría brisa del atardecer.

-Vamos adentro-dijo Mitsuko.

-No, no importa. Este frío puede llegar a ser saludable en momentos como éste; el dolor físico ayuda a distraer el dolor del alma.

-Harumin, me preguntas la razón de mi tristeza y creo que estás mucho peor que yo.-comentó Mitsuko, deprimiéndose más.

-Mitsu,¿crees que no sé que te has enamorado de Yuzuchi?

-¿Es demasiado obvio?-Mitsuko se cubrió la cara con una mano. Era demasiado incómodo que su hermana abordara el asunto tan directamente.

-Cada vez que la miras, tus ojos destilan miel. Es como si le dijeras "te amo" con cada mirada.

-Ya no volverá a suceder, así que no te preocupes. Pronto me iré, y no tendrás que presenciar mi patética actitud.

Harumin tomó a Mitsuko por los hombros, haciendo que la mirara a los ojos.

-¿No te pregunté hace un momento que si te vas a ir sin pelear? Tú eres de las que no se rinden. Lucha por ella.

-¿Cómo me pides eso? ¡Es tu novia! Yo nunca...jamás te haría algo así. Decidí poner distancia para no enamorarme más.-Mitsuko ya no pretendía ocultar sus sentimientos-Si, quiero a Yuzuko con todo mi corazón, pero es un amor que aún está floreciendo. Quiero irme antes de que estas emociones crezcan tanto, que ya no me pueda sentir capaz de vivir sin la persona que las inspira. -Miró a Harumin angustiada-cada día que pasa, siento cómo mi alma se llena más y más de amor hacia a ella. Nunca me había enamorado y ¿sabes?, mi primer beso me lo dio ella. No te imaginas... fue la experiencia más dulce y cálida de mi vida. Yo, que siempre había vivido atada a reglas, y obligando a otros a cumplirlas, olvidándome de vivir mi adolescencia...; Yuzu me regaló una primavera fragante de sensaciones, pero ella es tu novia. Lo que yo sienta no importa.

Harumin se conmovió ante las sinceridad que, al fin, le mostraba su hermana mayor.

-Mitsuko, me alegra que, por primera vez, hayas abierto tu corazón para mí.

-Pero...

-Déjame terminar. He roto con Yuzuchi.

Cuando Harumin dijo esto, Mitsuko no tuvo reacción alguna al principio; por un brevìsimo instante pensó que bromeaba, pero , al darse cuenta de que era en serio, empezó a temblar, inmensamente conmocionada.

-¿Por qué has hecho eso?- le preguntó, casi en estado de shock.

-Porque ella siente algo por ti. A mí sólo me quiere fraternalmente, pero pude notar que tú le inspiras un sentimiento completamente diferente. De ti depende que ese sentimiento se convierta en amor.

A Harumin se le estaba haciendo difícil hablar. Renunciar a Yuzu era tan duro... sin darse cuenta, su expresión delató esa tristeza, haciendo que Mitsuko se sintiera enormemente culpable.

-Hermanita, yo... nunca debí acercarme a Yuzuko.-dijo, contristada- Pero aquella noche lluviosa, se veía tan vulnerable y destrozada, que me dejé arrastrar por sus locuras. Yuzu estaba anegada en licor, y yo permití que...-no pudo proseguir; se sentía demasiado apenada.

-No te culpo, Mitsuko. Yuzuchi es tan tierna y amorosa...Aun estando borracha, no pierde ninguno de sus encantos. Es imposible conocerla, y no amarla. ¡Rayos! Todavía no alcanzo a comprender cómo Mei cambió la belleza del gran amor que le profesaba Yuzu por unos cuantos minutos de sucio placer.

-Es verdad, Harumin.-reconoció Mitsuko- Yuzu posee el don de hacerse amar.

Ambas se quedaron en silencio. Luego, Mitsuko abrazó a su hermana, diciendo, infinitamente agradecida:

-Eres la mejor hermana del mundo. Gracias.

-Ahora, intenta ser feliz con Yuzuchi. Estoy segura que a ti sí podrá amarte. Y no te preocupes tanto por mí, que hace poco conseguí una amiga tan loca, que sé que me hará sonreír, aun en medio de tantas dificultades.

-Me alegra escuchar eso. Vamos adentro.

Mitsuko estaba tan feliz, que el triste paisaje otoñal le pareció un paraíso de dulces y ensoñadoras primaveras.

Yuzu y Mei desayunaban con su madre en la fría mañana dominical. Las hermanastras Aihara hacían grandes esfuerzos por simular un ambiente de cordial fraternidad, a fin de no despertar recelos en su madre. Sin embargo, la cara de Mei no disimulaba mucho. No había dormido casi nada, y sus ojos hinchados decían por sí mismos cuánto habían llorado. Cuando Mamá le preguntó la razón de su abatimiento, le dijo que se encontraba resfriada, mentira obvia que Mamá se creyó.

El resto de la mañana se lo pasaron ayudando en diversos quehaceres domésticos. Yuzu se sentía terriblemente estresada. Mei no dejaba de mirarla de una forma tan triste y amarga, que se sintió tentada a ir corriendo a abrazarla y consolarla; al parecer, Mei vivía un verdadero suplicio, y Yuzu se preguntaba si podría resistir el verla así, tan apagada y llena de tanta tristeza, porque el amor hacia ella seguía lastimàndola con cruel insistencia. Por la tarde, Mamá salió de compras. Yuzu hubiera querido ir con ella para no quedarse a solas con Mei, pero le pidió que se quedara con esta última, por si necesitaba algo, a lo que Yuzu no pudo negarse sin dar una razón válida.

Mei se sentó en el sofá de la sala, y Yuzu sacó su saxofón para crear una barrera que impidiera a Mei acercarse a ella. Las canciones que ensayaba revestían un aire de nostalgia muy dramático, pero era realmente buena la interpretación. Por espacio de una hora, Yuzu llenó el aire de bella música, metiéndose completamente en la ejecución de la misma, olvidando que Mei se encontraba con ella. Por eso, cuando suspendió un momento para beber agua, no pudo evitar observar el frágil cuerpo de Mei, quien se había quedado dormida, rendida por toda una noche de insomnio. Yuzu se acercó a ella, arrodillándose a su lado. Acarició su cabello azabache con delicadeza para no despertarla, sumergiéndose en la contemplación de su sueño inquieto. Aun dormida, dos lágrimas bordeaban sus ojos cerrados, deteniéndose en sus largas pestañas agobiadas, y Yuzu sintió cómo su corazón se encogía ante el dolor que traslucía su hermanastra.

"Te amo ,Mei, pero no puedo volver contigo".

Sacó un pañuelo y le secó suavemente las lágrimas. Mei se revolvió un poco.

"No te despiertes, no te despiertes..."

Mei abrió los ojos, encontrándose con los dos jades encendidos de Yuzu, que la miraban con expresión remota. Esta quiso levantarse, pero Mei le sujetó un brazo, acostàndola de espaldas a ella en el ancho sofá.

-Yuzu querida.-murmuró, soñolienta y escondiendo el rostro en la rubia cabellera que tenía frente a ella- Quédate así conmigo un rato.-enlazó con sus brazos la cintura de Yuzu, temblando. Esta última permaneció a su lado, escuchando la agitada respiración que movía sus cabellos con intensidad. Era evidente que lo que las unía era inmenso, sublime.

-Mei- dijo Yuzu al cabo de un rato- Creo que ayer hablamos de esto. Si estaba a tu lado, es porque quiero ser tu hermana. No confundas las cosas, ni me obligues a tratarte con indiferencia.¿Eso es lo que quieres?

Mei liberó a Yuzu, quien se levantó,deteniéndose a mirar un momento el rostro de su hermanastra. Mei había cruzado sus brazos en forma de cruz, apretándolos contra su pecho, como si quisiera retener el calor que hasta hacía poco tenía junto a ella. Sus ojos parecían cubiertos por un velo, y carecían de brillo.

"¡Dios mío, no sé si podré resistir esto!"

-Mei, levanta la cabeza. Yo he podido hacerlo, y no te imaginas cuánto he sufrido.

Mei meneó la cabeza.

-Eso intento, pero cada vez que miro al frente, te veo a a ti. Estás tatuada en mi alma, y ni siquiera la muerte podrá arrancarte de mí.

-Me cuestiono algo desde hace algún tiempo, Mei.-dijo Yuzu solemnemente- Si yo por debilidad regresara contigo¿No volverías a las andadas nuevamente? Creo que estás tan desesperada precisamente porque no me tienes a tu disposición, pero si otra vez yo volviera a ti, como un perrillo faldero, de seguro retornarías a tu carácter frío e indiferente de siempre. Hay personas que tienden a obsesionarse con lo que no pueden tener, y a desecharlo en cuanto lo tienen en su poder. Nada me saca de la cabeza que tú eres de esas personas.

Mei se incorporó ante las duras palabras de Yuzu.

-No es así, pero¿cómo pudo convencerte de lo contrario? Has cerrado tu corazón, y nada de lo que diga hará alguna diferencia. Si quiero sentirme triste, déjame estar triste. Déjame sufrir y llorar sola, y no me mires como lo hiciste hace un momento, porque cuando me miras así, un débil brillo de esperanza me hace creer que volverás conmigo, y no sabes lo doloroso que es saber que no será así.

Yuzu suspiró, dándole la espalda.

-De acuerdo, entonces. Muérete sola.-Se sintió un poco enojada porque Mei se hacía la mártir, haciéndola quedar a ella como una persona cruel y malvada.

"Ahora resulta que yo soy la mala del paseo"

Volvió a su saxofón, dándole significativamente la espalda. En ese instante,el móvil de Mei resonó con pérfida monotonía. Casi sin fuerzas, Mei contestó la llamada.

-¿Hola?

-Hola, Mei!- dijo una voz que la hizo palidecer- Hace algún tiempo que no hablamos. ¿Cómo te ha ido?

-¿Misaki?

El saxofón de Yuzu hizo un horrible chillido, destruyendo de manera estrepitosa la suave armonía de su sonido. "¿Misaki?" , repitió su mente, empezando a ofuscarse ante la sola mención de su odiado nombre. "¿Qué hace esa perra llamando a Mei?"

Al escuchar el chirrido del instrumento de Yuzu, Mei se levantó , yéndose a la cocina para escuchar mejor, lo cual no impidió que Yuzu pudiera escuchar perfectamente lo que decía.

-¿Qué?- Mei sonaba algo alarmada- No es necesario que vengas, Misaki. El Festival Escolar se llevará acabo perfectamente sin necesidad de que estés aquí.

-Sabes que tu abuelo y mi padre son socios, así que es inevitable que esto ocurra. Mañana temprano llegaré a Japón. Espérame en la escuela. Ansío verte para...-emitió un sonido gutural, casi un gemido.

Mei contrajo el rostro de rabia contra sí misma al recordar lo débil que había sido. Bajando un poco la voz, replicó:

-No volverá a suceder, eso te lo garantizo.

-¿Ah, sí? Soy experta en doblegar cualquier resistencia. Estoy segura que anhelas sentir otra vez mi cuerpo sobre el tuyo.

Mei se sonrojó, sin poder evitar el recuerdo de esas sensaciones carnales que le hicieron perder la razón ese día.

-Mañana hablamos.

-Espera. ¿Está por allí tu hermana mayor?

-¿Qué quieres de ella?

-No, nada. Sólo salúdala de mi parte. Parece que no le caigo bien.

-No lo haré. Hazlo tú misma cuando la veas. Adiós -cortó la llamada, molesta por lo inoportuno enque se constituía la nueva visita de Misaki. Volvió a la sala.

Yuzu estaba de pie junto a la ventana, mirando al infinito. Cuando Yuzu estaba así de seria, sus ojos adquirían un brillo acerado y su belleza resaltaba ante la madurez que desplegaba toda su persona. Se veía irresistible.

-Eres hermosa, Yuzu.-dijo, sin poder contenerse.

Esta la miró con tanta frialdad, que Mei se arrepintió de haberle dicho eso. Con voz cortante, y lejana como dos lagos montañosos en un páramo desierto, le dijo con lentitud calculada:

-Parece que tendrás visita mañana. Debes de estar muuuuy feliz.

-¿Cómo lo sabes?

-No soy sorda, Mei.

-Sé que ella no es de tu agrado, pero es la heredera del clan Okazaki, y son los principales socios de mi abuelo. Algún día ella y yo seremos socias también, ya que seré la sucesora de mi abuelo cuando el no esté aquí.

-Por mí, pueden hacer sus alianzas de mierda en el mismísimo infierno.-Yuzu intentaba controlarse, pero había visto el rostro de Mei sonrojarse cuando hablaba con Misaki. No pudo contener el impulso de espiarla para ver su reacción ante la llamada de esa "zorra", y dedujo que sólo bastaría un intento de ésta última para que Mei cayera nuevamente en sus redes de lujuria.

Ante la grosera salida de Yuzu, Mei abrió mucho los ojos, visiblemente afectada.

-¿Qué te pasa? Pensé que dejarías de hablarme de ese modo. Cuando haces eso, me hieres mucho. Tengo un corazón que sólo sabe amarte, y tú lo tratas como una basura.¿No tienes compasión?

- Compasión, mi culo- espetó, con palabras de hielo-Bueno, espera ansiosa a tu futura socia para que te consuele, estúpida. ¡Maldición! Hice bien al zanjar mi relación contigo. Mi corazón no habría resistido otra mentira más. -concluyó, a la par que salía del departamento dando un estruendoso portazo.

Mei, sin entender la reacción de Yuzu, se dejó caer en el sofá, compungida.

-¿Por qué, mi amor?-susurró- hace unos minutos parecías amarme y ahora esta habitación sólo respira odio...

Yuzu había dejado su chaqueta en el sofá; Mei la tomó, estrechándola con fuerza, mojàndola con las afligidas lagrimas que ya parecían ser su eterna compañía.

Con el corazón martilleándole el pecho con violencia , Yuzu salió como una tromba de la casa. Lloraba de rabia y de celos. Tendría que soportar a esa zorra de ojos azules y cuerpo perfecto al lado de Mei. Estaba casi segura que lo de Festival Escolar era sólo una excusa para venir a verla y hacerle...;rechazó la imagen de su mente, moviendo las manos alrededor de la cabeza, tratando de espantar los dolorosos recuerdos que volaban alrededor de su mente, y que amenazaban con sumirla nuevamente en la desesperación.

Se detuvo en la entrada de la casa, secándose las lágrimas, que salían sin control, y que la inundaban de abrumadora soledad. Sintió cómo la angustia volvía a ella como un torrente despiadado, que pretendía hundirla en un pantano de penas y sufrimientos. Ya tenía las mangas de la blusa empapadas ante los vanos intentos de dejar de llorar; murmuró, casi como en un ruego:

-Mitsuko, te necesito.

Una motocicleta negra se estacionó junto a ella, como una exhalación. La alta figura que la conducía, se quitó el casco, dejando libre su corto cabello castaño.

-¡Yuzu!-exclamó- Por Dios, ¿Qué te pasó, que lloras de ese modo?

Esta levantó la mirada, encontrándose con la preocupada mirada de Mitsuko, quien había descendido de la moto para acercarse más a ella. Al verla, Yuzu se lanzó a sus brazos, sollozando suavemente, como una pobre niña herida. Para Mitsuko, tal tristeza sólo podía provenir de una fuente: Mei. ¿Hasta cuándo dejaría de hacerle daño?

-Yuzu, ella no merece tu llanto. -la abrazó con mucha ternura, acariciando su rubio cabello- Venía para llevarte a un lugar donde hay una hermosa vista. Me daba algo de vergüenza venir a tu casa, pero hice bien en hacerlo.

Como respuesta, Yuzu se adhirió más a ella, refugiándose en sus cálidos brazos; los brazos de Mitsuko eran como un ardiente fuego que ahuyentaba al frío, o como un oasis para el viajero sediento. Cuando Mitsuko la acariciaba, sentía que sus penas se aligeraban, y una paz inefable invadía su alma. Quiso hablar, pero las palabras salían ahogadas.

-No te esfuerces, Yuzuko. Ven, sube a la moto.

Mitsuko se acomodó nuevamente en el vehículo, y Yuzu se subió, sujetándose a ella con fuerza. Aspiró el aroma que desprendía su persona: era una mezcla cuero, menta y libros, olores que siempre asociaría a Mitsuko. Sentir el glacial viento azotar su cara fue gratificante, ya que parecía refrescar el incendio que atormentaba su ánimo.

Mitsuko conducía con rapidez, cerrando por momentos el paso a algunos coches, para luego esquivarlos temerariamente.

¡Mitsuko!-gritó Yuzu- ¡No conduzcas así, que nos vamos a estrellar!

-¡No te preocupes, soy experta con esto!-contestó Mitsuko, acelerando más, haciendo que Yuzu lanzara gritos de susto.

-¡Me va a dar un infarto si sigues haciendo eso!

Como si Yuzu le hubiera dicho lo contrario, puso la máxima velocidad. La motocicleta volaba, y los otros

coches pasaban a su lado meteòricamente; Yuzu pensó que se desmayaría y que ambas despertarían en el cielo.

-¿Adónde vamos? -preguntó, nerviosa- Esto es para los que tienen nervios de acero y los míos son de hule. Por Dios, bájale a la velocidad.

-Está a media hora de donde nos encontramos en este momento. No te apures, tengo muy buenos reflejos.

Mitsuko se desvió por un sendero algo empinado, en las afueras de la ciudad. La motocicleta inició un inclinado ascenso por una angosta vía circundada por preciosos árboles de cerezo. La estación otoñal había esparcido por todo el sendero las hermosas flores de dichos árboles, tiñéndolo con los suaves colores rosados de sus delicados pétalos; Yuzu estaba deslumbrada con la belleza del paraje que veían sus asombrados ojos. Se dedicó a observar el claro panorama en silencio, porque había algo encantador en la suave belleza de ese lugar, y Mitsuko no quería apartarla de ese encantamiento, ya que lo que buscaba con todo lo que hacía era precisamente alejar de la mente de Yuzu todo lo relacionado con Mei y, felizmente, lo estaba consiguiendo.

Después de conducir por quince minutos más, se detuvo en un mirador que ofrecía la vista más deslumbrante y fascinadora de la ciudad.

-Parece que llegamos a tiempo de ver el dorado atardecer de nuestro distrito-dijo Mitsuko, apeándose de la moto.-Ven-dijo, tendiéndole los brazos a Yuzu, quien se arrojó a ellos llena de gratitud; Mitsuko la sujetó por la cintura, sin permitir que sus pies tocaran el suelo. Sus rostros estaban increíblemente cerca.

-Mitsuko- musitó Yuzu, con mirada centelleante-llegaste en el momento que más te necesitaba. No sabes cuánto te lo agradezco. Por otra parte, no soy tan ligera. Puedes bajarme.

-Lo haré, pero primero quisiera besarte. ¿Puedo?

Yuzu no contestó con palabras. Puso sus brazos alrededor del terso cuello de Mitsuko, besándola con suavidad, a lo que Mitsuko respondió con pasión que crecía conforme prolongaba la caricia. Al cabo de un rato, Mitsuko la depositó en los barandales del mirador, sentándola frente a ella, que se había quedado de pie.

-Te amo, Yuzuko.-susurró sutilmente en su oído, abrazándola posesivamente.

Yuzu se limitó a permanecer a su lado, sin decir nada.

-Mira ese cielo tan hermoso- Mitsuko levantó la mirada, perdiéndose en la contemplación de los hermosos colores vespertinos que se mezclaban en la atmósfera del éter que la envolvía. -Qué alivio- prosiguió- parece que ya estás mejor.

-Gracias a ti. -la mirada de Yuzu volvió a nublarse- Cuando parece que voy a superar algunas cosas, ocurre algo que vuelve a destruirlo todo.

-¿Volviste a discutir con Mei?

Yuzu crispó su rostro al recordar a Misaki.

-Ella vendrá.-dijo, con voz trémula.

-¿Ella? ¿De quién hablas?

-La zorra que destruyó mi relación con Mei.

-¿Te refieres a Okazaki?

Los puños de Yuzu se apretaron con furia.

-Odio a esa perra con toda mi alma. Parece como si me persiguiera, y le gustara hacerme daño, y no lo entiendo, porque yo jamás la he tratado, y mucho menos, la he molestado.

-Eso es porque tienes algo que ella quiere: El amor de Mei.

-Esa tipa no ama a nadie. Yo creo que le recuerdo algo desagradable, pues no comprendo cual es la inquina que siente hacia mí.

Al decir esto, se estremeció. ¿Y si Mei, por despecho, aceptaba cualquier proposición de ella? ¿Cómo reaccionaría al verla salir abiertamente con Misaki? La noche anterior le dijo que buscara a alguien a quien querer, pero que fuera precisamente la persona que había provocado la ruptura la ponía fuera de sí.

-Ayer le pedí que se olvidara de mí, y que yo trataría de hacer lo mismo. Aunque mi interior se quiebre como una copa de cristal que es arrojada adrede contra el duro suelo, te juro por la perdición de mi alma, que no moveré un dedo, ni le recriminaré nada.

Mitsuko besó su mejilla, confortàndola con ese simple gesto.

-Me alegra saber que has decidido liberarte de esa atadura que representa para ti el amor hacia Mei. Cuando te vi llorando, pensé que caerías de nuevo ese horrible estado en el que te encontrabas hundida al principio de todo esto.

-Todo es distinto ahora ¿Sabes por qué? Porque estás junto a mi . Si no hubieras llegado, tal vez habría descendido por un precipicio de angustias que habrían acabado con mis últimas esperanzas de ser feliz.

-¿Eres feliz conmigo?-Mitsuko se había quitado los gruesos guantes de cuero que usaba cuando conducía la motocicleta para acariciar con dulzura el rostro de Yuzu.

-Sí, lo soy. -respondió Yuzu con sinceridad, ocultando su cabeza en la gruesa chaqueta negra de Mitsuko. Su corazón latía muy rápido- Aunque ame a Mei, contigo su recuerdo no es tan pertinaz. En cuanto subí a tu moto, y empezaste a conducir como loca, la tristeza que me tenía acorralada desapareció.

-No será fácil olvidar a tu primer amor, Yuzuko; aún así, piensa que ella lo único que ha hecho es dañar tu vida, y agradezco al cielo porque al abrirme la puerta de tu corazón, Dios ha entrado de mi mano porque le pedí con todo mi amor de que no lloraras más por quien ha roto tu ilusión y, si respondes afirmativamente a mi petición, tan grande como la luna será la fiesta que hará mi corazón.

-¿Has llegado a amarme tanto?.-dijo Yuzu visiblemente conmovida.-¿Y si te decepciono?

-Eso no pasará. Anoche, cuando Harumin me dijo que había terminado contigo para darte la posibilidad de amarme, me preguntaba cómo me sentiría si, después de todo, me rechazabas. Y sólo una respuesta daba mi mente y corazón enamorado: Miedo. Miedo de vivir por siempre sola si no aceptas mi amor. ¿Cómo puedo alegar con mi corazón, si te está llamando a gritos, cómo detener la ilusión que no quería marcharse de aquí sin ti? Tal vez cierre para siempre mi alma al amor si tú me dices adiós, Yuzuko. Te quiero, realmente te quiero.

Yuzu besó a Mitsuko con apasionada vehemencia. Mitsuko tenía ganas de llorar, pero no porque estuviera triste.

-¿Esto es un sí, querida Yuzuko?

En respuesta Yuzu volvió a besarla con mucha más intensidad. Mitsuko se aferró a ella, demasiado feliz para que pudiera expresarlo con palabras.

La brisa helada sopló con suavidad. Aunque el ambiente estaba frío, Yuzu y Mitsuko no lo sentían; algo cálido las envolvía. Ambas se sentaron en el ancho barandal del mirador, contemplando los últimos destellos del sol sobre la ciudad. Mitsuko la tenía abrazada por los hombros, acariciando incesantemente su cabello travieso ondeado por el viento, hasta que oscureció por completo.

-Yuzu- comentó Mitsuko- Este lugar en donde estamos le pertenece a mi familia. No hay cercas ni nada parecido, pero todos los saben y por eso es que no ves a nadie por aquí.

-Se me hacía raro que un sitio tan hermoso no tuviera visitantes. Tu familia es rica ¿No?

-Sí, pero no somos ostentosos. Lo que quería decirte es que un poco más adelante hay una pequeña villa, que mi abuelo construyó para cuando quisiéramos respirar aire fresco sin necesidad de salir de la ciudad. ¿Quieres conocerla?

-Sí, vamos.

Mitsuko tomó su mano y emprendió un ligero ascenso por unas anchas escaleras que estaban a un lado del camino. Al final de los escalones, se encontraba la entrada de una hermosa y modesta villa, coronada de cerezos en flor.

-Vamos al balcón, la vista desde allí es muchísimo más hermosa.-dijo Mitsuko y, sin soltar su mano, la condujo rápidamente hasta el interior de la casa, que estaba en penumbras. No quiso detenerse para encender la luz, sino que fue directamente a una habitación hermosamente amoblada, donde había un amplio balcón. Yuzu quedó extasiada ante el paisaje que se desplegaba ante sus ojos. Justo enfrente podía divisarse un cristalino lago, al que el reflejo de la luna le daba resplandores plateados; la brisa traía consigo el aroma de flores silvestres y tierra húmeda. Todo esto sumió a Yuzu en una especie de hipnosis, maravillada ante tanta belleza. Mitsuko la observaba, feliz de verla tan tranquila. En momentos como ése Mei parecía no existir, y comprendió lo que había querido decir Harumin cuando afirmó que ella, Mitsuko, era la única que podía hacerla feliz e nuevo. La razón de algo tan increíble no la conocía, pero elevó en su interior una oración de agradecimiento por tener a Yuzu a su lado en ese momento.

En una esquina del balcón estaba ubicado un ancho diván, puesto allí especialmente para contemplar el panorama.

-Sentémonos, Yuzuko.-Mitsuko se acostó en el diván, tendiéndole las manos a Yuzu.-Ven.-murmuró, con su mirada radiante e irresistible. Yuzu fue a ella, recostándose en el cuerpo de Mitsuko, quien la atrajo hacia sí con devoción. Por espacio de media hora, se quedaron así, mirando las vacilantes estrellas que se animaban a salir para hacerle compañía a la luna.

-Yuzu, es algo tarde. ¿Quieres regresar?-Mitsuko había levantado el mentón de Yuzu para mirarla.

-Me gusta este lugar.-respondió Yuzu, pegándose más a ella-Si vuelvo ahora, esta paz que siento se esfumará.

-No puedes evitar a Mei siempre. Tienes que afrontarla; ése es el único medio para superar lo que sientes por ella. Además, tu madre no sabe que estás aquí.

-Eso es lo de menos. Puedo llamarla, y listo.

-Lo que diga mi princesa.-aceptó Mitsuko.-Yo también deseo quedarme aquí un rato más, pero recuerda que mañana tienes que ir a la escuela.

-Sí, claro- la faz de Yuzu se ensombreció al recordar que tendría que ver a la causante de sus desgracias. Mitsuko, dándose cuenta de esto, la besó para ahuyentar tales pensamientos, y Yuzu, sedienta de amor, se entregó a la nueva caricia, acoplando su cuerpo al de ella con más fuerza que antes. El tranquilo ambiente que las rodeaba, unido a lo romántico que era, crearon una atmósfera de cálidas sensaciones que se apoderaron de sus emociones, llevándolas a límites insospechados de vigorosa sensualidad. Un beso llevó a otro, y otro, y otro más, hasta que el autodominio amenazó con retirarse para darle libre paso al deseo carnal. Sus bocas intercambiaban sus respectivos fluidos, resbalando éstos por las comisuras de sus labios, excitándolas de manera explosiva.

Casi sin aliento, al fin separaron sus labios. Ambas se miraron con intensidad, y Yuzu, temblando, escondió la cara en el cuello de Mitsuko, respirando dificultosamente.

-Mitsuko, te deseo.-balbució débilmente.

-Y yo a ti. -reafirmó sus brazos alrededor del cuerpo de Yuzu- Te deseo, pero tengo miedo.

Yuzu miró la expresión de Mitsuko; reflejaba ansiedad y temor, pero también mucho amor.

-Yo también siento miedo. dijo- Anteayer intenté hacerlo con Haru, pero el cuerpo no me respondió. Quedé impávida, sin poder continuar, y la expresión de desilusión en el rostro de ella me dolió mucho. No quiero herirte a ti también, Mitsuko.

-¿Fue por Mei, cierto?

Yuzu no respondió, silencio que Mitsuko interpretó como una afirmación.

-¿Sabes algo, Yuzu? Aquella vez que te recogí en el parque, estabas tan borracha que empezaste a besarme como loca¿lo recuerdas?

-Sí, pero borrosamente.

-Bien, en esa ocasión, tus besos fueron tan estimulantes que yo...hmmm..., bueno, me da algo de vergüenza decirlo.-carraspeó- Tuve un orgasmo.

-¿De verdad?

-Sí. Es que besas delicioso. Tus besos son verdaderamente exquisitos, porque pones el alma al hacerlo. No hicimos más que besarnos, pero desde entonces me he preguntado lo que sentiría al hacer el amor contigo. Yo no tengo experiencia, ni la mas mínima. Tú ya has salido con Mei, y después con Harumin, pero tú eres mi primer amor, y me atemoriza decepcionarte.

-La verdad- respondió Yuzu- es que he estado bloqueada por culpa de ese horrible video. Cuando intentaba intimar con Haru, se me venía eso a la mente, y no me sentía capaz de hacer nada. Lo que hizo Mei no fue por amor, y yo me propuse hacer de mi primera vez algo especial, lleno de verdaderos sentimientos. Siento que así jamás lo olvidaré.

-Ya veo. Sé que aun no me amas. .-Mitsuko se puso algo triste.

Yuzu volvió a abrazar a Mitsuko estrechamente.

-No pienses eso, por favor. A pesar de que el amor que siento hacia Mei es tan fuerte que hace que me duela el corazón, yo ya no puedo siquiera pensar en estar con ella. No lo merece. Si Mei quiso entregarse a ese sucio placer sin amor, yo no pienso darle a ella lo que es tan importante para mí, y si quiero empezar a eliminar ese fantasma de mi vida, tengo que empezar con algo. No sé exactamente qué siento por ti, pero quiero averiguarlo. Puede convertirse en amor, y crecerá si lo alimentamos entre las dos. ¿No te parece?

Mitsuko apartó suavemente a Yuzu y se puso de pie, entrando a la habitación.

-Yuzu, en este momento, siento que mi corazón va a estallar. Te amo.

Yuzu se acercó a ella, con expresión dulce. Sus ojos verdes brillaban en la oscuridad como dos brasas encendidas.

-Te quiero mucho, Mitsuko.

Fue una frase sencilla y cálida que llenó el alma de Mitsuko de fuertes emociones. Se sentó en la cama, cubriéndose el rostro con las manos.

-¿Estás llorando?-Yuzu se sentó a su lado.

-No. Es que soy muy feliz.

Yuzu se arrodilló delante de ella, y le quitó con suavidad las pesadas botas que traía puestas.

-¿Yuzuko?-Mitsuko contempló su rostro. La luz de luna que se filtraba en la alcoba le permitía ver en detalle la figura de su princesa. Su cabello suelto, adornado con una cinta roja, una blusa azul con encajes que cubría su torso amado y la falda corta estampada, mostrando a medias sus hermosos muslos; un atuendo característico de Yuzuko Aihara.

-Eres tan bonita, Yuzu.-dijo, poniéndose de pie, y tomando la mano de ella para levantarla. Por un momento se miraron fijamente, tratando de leer sus mutuos pensamientos; luego ,iniciaron un lento beso, que fue creciendo hasta convertirse en una hoguera que quemaban sus labios. Yuzu le quitó la chaqueta a Mitsuko, dejando al descubierto la ajustada blusa negra que llevaba debajo, metiendo sus manos debajo, para acariciarle los pechos, que eran aún más grandes que los de Harumin. Mitsuko se estremeció al sentir las manos de Yuzu en su piel. Llevó su boca hasta el cuello de Yuzu, llenándolo de besos, y recorrièndolo en toda su extensión con la lengua, quitando a su vez la pequeña blusa de Yuzu. Había cierta torpeza en los movimientos de Mitsuko debido al temblor que se había apoderado de sus manos. Por primera vez, iba a ver el cuerpo desnudo de su querida Yuzuko y eso la agitaba hasta extremos indecibles; sus manos se deslizaron debajo de su falda, tocando, al fin sus piernas de marfil puro, y exhalando un gemido de satisfacción al sentir bajo su tacto la piel dulce, maravillosa y vital de esa chica dos años menor que ella, a quien se entregaba por vez primera. Todo en Mitsuko eran sensaciones que subían en la enervante oscuridad, una dulce oscuridad que la envolvía, porque nunca habían sido nada hasta ese momento: ahora existían sólo las dos, y la boca de la una sobre la otra, labios magulladores que arrollaban con su calor al destino incierto que les esperaba. No había nada escrito en cuanto a su futuro, pero ese instante eterno sería de ellas para siempre. Podía sentir en los labios de Yuzu el fuego de la pasión calcinarle la piel.

-Me he estado conteniendo demasiado tiempo, Mitsuko.-susurró Yuzu con voz ronca por el deseo- No tengo ninguna duda de que eres la indicada.

Ambas se dejaron caer en la suavidad de la cama. Mitsuko cubrió con su cuerpo el de Yuzu en su totalidad, despojándola de la falda, mientras besaba sus labios con apasionada ternura.

-Oh, pareces una diosa.-

-Mitsuko, déjame terminar de desvestirte.- Dijo Yuzu.

Ella cambió de posición, colocándose debajo de Yuzu quien le bajó lentamente el apretado pantalón de motociclista que cubría sus esbeltas piernas, y mientras lo hacía, llenaba de besos cada centímetro de piel que quedaba al descubierto. Los pies de Mitsuko se arquearon ante las placenteras sensaciones que recorrían su cuerpo de extremo a extremo.

-Yuzu, esto es tan dolorosamente placentero.

Yuzu resbaló su lengua caliente hasta los grandes senos de Mitsuko, chupando los morenos pezones, los cuales se pusieron duros ante tal estímulo. Mitsuko tuvo que apretar las piernas, mojadas de excitación. Yuzu percibió, por los espasmos y los gemidos ahogados que brotaban cada vez más agónicos de la garganta de Mitsuko, que ésta iba a tener un orgasmo, así que intensificó sus caricias.

-Tienes los pechos muy sensibles.-murmuró con voz sumamente sensual.

Mitsuko se tapó la boca para no gemir en voz alta, a lo que Yuzu exclamó:

-Por favor, gime fuerte. Tus gemidos son lindos.

Mitsuko dio escape a su garganta jadeante, lo que hizo que Yuzu se estremeciera. Sin dejar de succionar con su boca los pezones de Mitsuko, llevó una mano a la intimidad de Mitsuko, acariciándola por sobre la ropa interior, que estaba completamente empapada.

-¡Yuzu, me voy a venir ya!-Mitsuko estaba a punto de llegar,así que Yuzu se detuvo.

-Quiero venirme contigo.-dijo, abrazándola fuertemente.

Mitsuko trató de calmarse. Levantó el rostro de Yuzu para besarla, poniéndola nuevamente debajo de ella.

-Tu cuerpo, y poder tocarlo, es como un sueño. -dijo, trémula-Te amo tanto, Yuzu.-Mitsuko sentía cómo su amor por ella crecía, a medida que ambas ascendían en esa noche en que decidieron darse la una a la otra.

-Quiero tocarte, Yuzuko.¿Puedo?

-Hazlo, por favor.

Mitsuko deslizo ávidamente sus manos, que ya no eran dos, sino diez, que se movían y recorrían sus pechos, abdomen y piernas, como si quisiera tatuar esas sensaciones epidérmicas en su tacto tembloroso y ansioso. La despojó de toda su ropa interior, quitándose también la de ella,y por un momento, ambas contemplaron sus respectivos cuerpos en toda su magnifica plenitud. .

-Eres perfecta-jadeó Mitsuko, sepultando sus labios en la piel húmeda de Yuzu, friccionando sus pechos con los de ella, en un enloquecedor vaivén que hizo que las dos temblaran de placer. Sus cuerpos sudorosos se movían con agónico placer;Mitsuko no podía más. Con su pelvis incrustada entre la piernas de Yuzu, le suplicó, desfalleciente:

-Ahhh...Yuzu, mi amor, abraza mi espalda con tus piernas,... lo más alto que puedas.

Yuzu hizo lo que Mitsuko le pedía. Enlazó con sus piernas un poco más arriba de la mitad de la espalda; Mitsuko acomodó su sexo sobre el de ella, encogiéndose un poco para estar a su alcance. Inició un movimiento, una especie de ascenso y descenso, en el que sus vaginas hacían contacto de forma demencial. Yuzu arqueó su cuerpo, casi gritando:

-¡Oh, dios!

Mitsuko aplicaba la fricción con fuerza, subiendo, bajando y deslizando sus caderas en la intimidad de Yuzu, con su sexo pegado al de ella.

-Estoy tan cerca, Yuzu. -gimió-No creo que pueda resistir más tiempo.

Yuzu clavó sus uñas en la espalda de Mitsuko.

-Yo también...oh, Mitsuko, siento como si fuera a morir.

Para que el orgasmo fuera más explosivo, Yuzu llevó una de sus manos al sexo de Mitsuko, que se movía frenéticamente sobre el de ella, y deslizo su mano en su interior; Mitsuko gritó, estremecida. Tenía la cabeza de Yuzu escondida entre sus brazos, apretándola conforme el placer iba subiendo. Ascenso, descenso. La cama crujía. Mitsuko también llevó una de sus manos al interior cálido de Yuzu, que estaba apretado y caliente, lo mismo que el de ella. Mitsuko apoyó su cabeza con fuerza en el espacio que había entre el cuello de Yuzu y la almohada, sintiendo que ya venía. Yuzu exclamó, apretándose más contra ella:

-¡Más rápido, te lo ruego!

Mitsuko incrementó sus movimientos, el de su pelvis y el de su mano, que se movía como poseída. Sus conciencias desaparecían, centradas única y poderosamente en aquel vínculo. Los poros de las dos se habían abierto, emitiendo un olor almizcleño y encantador.

Yuzu sintió llegar su orgasmo y avanzó hacia él, sabiendo que lo alcanzaría. De pronto, los cuerpos fusionados tartamudearon y parecieron dar un salto hacia arriba, no ya orgásmico, sino para alcanzar una montaña muy por encima de las que hubieran subido alguna vez en su vida. Comprendieron que no iba a ser un simple orgasmo. Sintieron algo de miedo... pero sus cuerpos retomaron el ritmo. Mitsuko se tensó contra Yuzu, en toda su longitud, en ese mismo instante, alcanzaron la culminación...o empezaron a alcanzarla; un placer tan grande que era casi tormento desbordó insospechadas compuertas y Yuzu tuvo que morder el el hombro de Mitsuko, y ésta el cuello de Yuzu para ahogar sus gritos.

-Oh, Dios mío...-jadeó Yuzu.

A Mitsuko le pareció que Yuzu lloraba. Hizo un último movimiento de caderas, empujando sus dedos más profundo en Yuzu, e inmediatamente alcanzaron un segundo orgasmo, algo que nunca hubieran creído posible, y las compuertas de la razón se abrieron; sintieron que estallaban en mil pedazos y, por un instante, un murmullo de cálido verano las envolvió como un manto. Mitsuko se desplomó, exhausta, sobre el cuerpo de Yuzu, inundada de sudor, mientras los fluidos de ambas se mezclaban entre sus piernas. Yuzu se aferró a ella, demasiado cansada para hablar. Cuando lograron recuperarse un tanto, Mitsuko levantó la cabeza, encontrándose con los ojos de Yuzu, brillantes por las lágrimas, pero comprendió que esa lágrimas no eran de tristeza, sino todo lo contrario. Se besaron profundamente un largo rato.

-Te amo, te amo, Yuzu.-murmuró Mitsuko, antes de quedarse dormida. Yuzu la contempló un momento, llena de gratitud. "Ahora sí-pensó-ahora sí puedo enfrentar a cualquier persona que se me presente en el camino. Contigo a mi lado no temeré a ninguna tormenta que quiera destruirme". Se recostó en su pecho, y la siguió al rincón de los sueños.

Eran las tres de la madrugada y Mei no había podido pegar ojo . Escribía en una hoja una carta para Yuzu. Hubiera querido hablarle mejor, pero prefirió poner en unas líneas todo lo que su corazón quería decirle; a una hoja no podría interrumpirla, ni gritarle. Lo más que podía hacer era romperla, pero lo importante era que la leyera. Yuzu se había ido terriblemente enojada, y no quería seguir en esos términos con ella. Cuando empezaba a adormilarse en el escritorio, el zumbido de una moto penetró en el silencio de la noche. Alcanzó a ver por el balcón las luces de un vehículo que se estacionaba frente a su casa. Llena de curiosidad, se asomó a ver quien podría estar por allí a esas horas.

Cuando vio quiénes eran, se escondió tras una cortina para que no la vieran.

La escena que presenciaron sus ojos a continuación, fueron para ella la pesadilla más trágica de su vida.

Yuzu era quien regresaba. La hermana mayor de Taniguchi Harumin, Mitsuko, la bajó,sonriente, tendiéndole sus largos brazos. Yuzu se abalanzó sobre ella, con el rostro resplandeciente, hermoso, mirándola arrobada. Mitsuko la levantó en el aire, dando vueltas con ella en brazos. Yuzu reía, feliz.

-Te amo, te amo, eres la princesa más hermosa de este mundo-decía Mitsuko. Mei podía oírlo claramente, porque los sonidos se agudizan en el silencio nocturno.

-¡Bájame! A las seis tengo que irme a la escuela, y ya he perdido bastante sueño.-sonrió-pero valió la pena.

-Yuzuko, hubiera querido quedarme contigo hasta el amanecer. ¡Cielos, te quiero tanto!-Dijo, bajándola.

Yuzu la abrazó.

-Ya quiero hacerlo otra vez. Ve a buscarme a la salida.

Mitsuko se puso roja como una rosa.

-Eres una pervertida.

-Siempre lo he sido.- se pegó a ella-Ya sabes por qué estaba dormida, pero tú me despertaste. Ahora, prepárate.-Se puso de puntillas, besándola con creciente pasión, hasta que ambas se tambalearon. Mitsuko le besó la frente, despidiéndose de ella.

-Te amo.

-Hasta la tarde, querida Mitsuko.-ésta se quedó allí hasta que Yuzu llegó a la puerta. Ella volteó una última vez, y le mandó un beso con la mano, el cual Mitsuko simuló atraparlo en el aire, llevándolo a su corazón. Agitó la mano, y se fue en su motocicleta.

Ahondar en lo que sintió Mei en esos momentos sería muy difícil, porque un corazón roto, casi muerto, no tiene descripción alguna. Miró la carta que había escrito, y empezó a leerla, llorando.

La paz y tranquilidad de un lado. La angustia y la tristeza infinitas del otro.

Querida Yuzu:

Dime qué estás pensando ahora mismo. En cuanto a mí, estoy pensando en ti.

Desde la ventana abierta, puedo sentir el olor de la noche, cuyo rostro aparece en tu corazón cada momento, y mientras que la fría lluvia me ha empapado, recuerdo que tú eras la única que me daba una mano de apoyo, llevándome a preguntar por qué siempre eras la única que me apoyaba. Tu mirada risueña hizo que cayera en el amor, pero ahora, no importa el que yo quiera verte, porque siempre estás ausente, y ya no puedo verte sonreír; no sabía que estar enamorada fuera tan doloroso, pero aunque es doloroso, me hace feliz, y la razón de sentir eso eres tú, Yuzu.

El día de hoy pasó como de costumbre, otra vez, y tal vez nos convertimos en algo desagradable. A pesar de que me ignoras, sigo preocupada por ti. Dime: ¿Por qué no puedes amarme honestamente?

En mi interior comienzo a sentir la soledad, y entonces me digo a mí misma: "Está bien, esperaré a que me mires". Ahora rememoro lo feliz que me sentí cuando me dijiste que te gustaba, tanto, que me sentí a punto de llorar.

Miro el cielo de noche, donde las estrellas están tan hermosas, y ellas me dicen que tú eres la única que me ha dicho aquí "Te amo por ser quien eres; por eso quiero estar a tu lado". Dime¿Qué estás pensando ahora mismo? ¿Por qué este sentimiento se ha vuelto tan abrumador? No importa cuánto anhele mirarte enamorada de mí como la primera vez; desearlo no hará que se vuelva realidad...estar enamorada duele tanto, pero he sido feliz amándote, y la razón de sentir tantas cosas hermosas eres tú...Ahora y siempre estaré pensando en ti.

Con todo mi amor, Mei.

Mei, como una autómata, arrugó la carta y la arrojó a un rincón de la habitación. Se acostó en la cama, demasiado triste como para poder describirlo.

"La he perdido. He perdido a mi amor. Me quiero morir".

CAPITULO 12

El gélido viento otoñal traía consigo el aroma de las flores marchitas que se negaban a abandonar su fragancia a las inclemencias del invierno, que ya estaba próximo. Mitsuko, tiritando, estaba sentada en el patio posterior de su casa, observando el jardincillo que lo cubría, que ya se veía gris y sin vida. Sus pensamientos eran tan profundos, que no sintió la llegada de Harumin, quien al no encontrarla en el interior del departamento, dedujo que se encontraba en la parte trasera; cuando Mitsuko estaba preocupada por algo, acostumbraba sentarse allí a meditar. En esta ocasión, su hermana se veía realmente ansiosa, con una palidez purpúrea posesionada de su serio rostro. Se sentó a su lado, sacando a Mitsuko de su mutismo.

-Ah, ya llegaste. -dijo quedamente.-Te tardaste mucho. Yuzu se fue hace rato.

-Lo sé.-respondió Harumin- Me encontré con ella; por eso tardé tanto.

Mitsuko seguía mirando el reducido panorama que se extendía ante sus ojos, con una dejadez que no era habitual en ella. Harumin pudo ver escrito en su expresión ausente, como si lo tuviera tallado en la frente, el motivo de esa pesadumbre: Yuzu.

-Hermana, ¿Por qué estás tan triste?

Mitsuko abrió mucho los ojos ante la repentina pregunta de Harumin. Tratando de esparcir las nubes que cubrían su ánimo, dijo, forzándose a sonreír:

-Nada de eso, hermanita. ¿Por qué habría de estar triste? Sólo estoy preocupada porque he aceptado la transferencia de universidad que te comenté hace algún tiempo. No quisiera dejarte sola.

Harumin tomó la mano de su hermana, apretándola con fuerza.

-No hay necesidad de que hagas eso. ¿Vas a huir sin pelear?

-¿De qué hablas?

Harumin se estremeció ante la fría brisa del atardecer.

-Vamos adentro-dijo Mitsuko.

-No, no importa. Este frío puede llegar a ser saludable en momentos como éste; el dolor físico ayuda a distraer el dolor del alma.

-Harumin, me preguntas la razón de mi tristeza y creo que estás mucho peor que yo.-comentó Mitsuko, deprimiéndose más.

-Mitsu,¿crees que no sé que te has enamorado de Yuzuchi?

-¿Es demasiado obvio?-Mitsuko se cubrió la cara con una mano. Era demasiado incómodo que su hermana abordara el asunto tan directamente.

-Cada vez que la miras, tus ojos destilan miel. Es como si le dijeras "te amo" con cada mirada.

-Ya no volverá a suceder, así que no te preocupes. Pronto me iré, y no tendrás que presenciar mi patética actitud.

Harumin tomó a Mitsuko por los hombros, haciendo que la mirara a los ojos.

-¿No te pregunté hace un momento que si te vas a ir sin pelear? Tú eres de las que no se rinden. Lucha por ella.

-¿Cómo me pides eso? ¡Es tu novia! Yo nunca...jamás te haría algo así. Decidí poner distancia para no enamorarme más.-Mitsuko ya no pretendía ocultar sus sentimientos-Si, quiero a Yuzuko con todo mi corazón, pero es un amor que aún está floreciendo. Quiero irme antes de que estas emociones crezcan tanto, que ya no me pueda sentir capaz de vivir sin la persona que las inspira. -Miró a Harumin angustiada-cada día que pasa, siento cómo mi alma se llena más y más de amor hacia a ella. Nunca me había enamorado y ¿sabes?, mi primer beso me lo dio ella. No te imaginas... fue la experiencia más dulce y cálida de mi vida. Yo, que siempre había vivido atada a reglas, y obligando a otros a cumplirlas, olvidándome de vivir mi adolescencia...; Yuzu me regaló una primavera fragante de sensaciones, pero ella es tu novia. Lo que yo sienta no importa.

Harumin se conmovió ante las sinceridad que, al fin, le mostraba su hermana mayor.

-Mitsuko, me alegra que, por primera vez, hayas abierto tu corazón para mí.

-Pero...

-Déjame terminar. He roto con Yuzuchi.

Cuando Harumin dijo esto, Mitsuko no tuvo reacción alguna al principio; por un brevìsimo instante pensó que bromeaba, pero , al darse cuenta de que era en serio, empezó a temblar, inmensamente conmocionada.

-¿Por qué has hecho eso?- le preguntó, casi en estado de shock.

-Porque ella siente algo por ti. A mí sólo me quiere fraternalmente, pero pude notar que tú le inspiras un sentimiento completamente diferente. De ti depende que ese sentimiento se convierta en amor.

A Harumin se le estaba haciendo difícil hablar. Renunciar a Yuzu era tan duro... sin darse cuenta, su expresión delató esa tristeza, haciendo que Mitsuko se sintiera enormemente culpable.

-Hermanita, yo... nunca debí acercarme a Yuzuko.-dijo, contristada- Pero aquella noche lluviosa, se veía tan vulnerable y destrozada, que me dejé arrastrar por sus locuras. Yuzu estaba anegada en licor, y yo permití que...-no pudo proseguir; se sentía demasiado apenada.

-No te culpo, Mitsuko. Yuzuchi es tan tierna y amorosa...Aun estando borracha, no pierde ninguno de sus encantos. Es imposible conocerla, y no amarla. ¡Rayos! Todavía no alcanzo a comprender cómo Mei cambió la belleza del gran amor que le profesaba Yuzu por unos cuantos minutos de sucio placer.

-Es verdad, Harumin.-reconoció Mitsuko- Yuzu posee el don de hacerse amar.

Ambas se quedaron en silencio. Luego, Mitsuko abrazó a su hermana, diciendo, infinitamente agradecida:

-Eres la mejor hermana del mundo. Gracias.

-Ahora, intenta ser feliz con Yuzuchi. Estoy segura que a ti sí podrá amarte. Y no te preocupes tanto por mí, que hace poco conseguí una amiga tan loca, que sé que me hará sonreír, aun en medio de tantas dificultades.

-Me alegra escuchar eso. Vamos adentro.

Mitsuko estaba tan feliz, que el triste paisaje otoñal le pareció un paraíso de dulces y ensoñadoras primaveras.

Yuzu y Mei desayunaban con su madre en la fría mañana dominical. Las hermanastras Aihara hacían grandes esfuerzos por simular un ambiente de cordial fraternidad, a fin de no despertar recelos en su madre. Sin embargo, la cara de Mei no disimulaba mucho. No había dormido casi nada, y sus ojos hinchados decían por sí mismos cuánto habían llorado. Cuando Mamá le preguntó la razón de su abatimiento, le dijo que se encontraba resfriada, mentira obvia que Mamá se creyó.

El resto de la mañana se lo pasaron ayudando en diversos quehaceres domésticos. Yuzu se sentía terriblemente estresada. Mei no dejaba de mirarla de una forma tan triste y amarga, que se sintió tentada a ir corriendo a abrazarla y consolarla; al parecer, Mei vivía un verdadero suplicio, y Yuzu se preguntaba si podría resistir el verla así, tan apagada y llena de tanta tristeza, porque el amor hacia ella seguía lastimàndola con cruel insistencia. Por la tarde, Mamá salió de compras. Yuzu hubiera querido ir con ella para no quedarse a solas con Mei, pero le pidió que se quedara con esta última, por si necesitaba algo, a lo que Yuzu no pudo negarse sin dar una razón válida.

Mei se sentó en el sofá de la sala, y Yuzu sacó su saxofón para crear una barrera que impidiera a Mei acercarse a ella. Las canciones que ensayaba revestían un aire de nostalgia muy dramático, pero era realmente buena la interpretación. Por espacio de una hora, Yuzu llenó el aire de bella música, metiéndose completamente en la ejecución de la misma, olvidando que Mei se encontraba con ella. Por eso, cuando suspendió un momento para beber agua, no pudo evitar observar el frágil cuerpo de Mei, quien se había quedado dormida, rendida por toda una noche de insomnio. Yuzu se acercó a ella, arrodillándose a su lado. Acarició su cabello azabache con delicadeza para no despertarla, sumergiéndose en la contemplación de su sueño inquieto. Aun dormida, dos lágrimas bordeaban sus ojos cerrados, deteniéndose en sus largas pestañas agobiadas, y Yuzu sintió cómo su corazón se encogía ante el dolor que traslucía su hermanastra.

"Te amo ,Mei, pero no puedo volver contigo".

Sacó un pañuelo y le secó suavemente las lágrimas. Mei se revolvió un poco.

"No te despiertes, no te despiertes..."

Mei abrió los ojos, encontrándose con los dos jades encendidos de Yuzu, que la miraban con expresión remota. Esta quiso levantarse, pero Mei le sujetó un brazo, acostàndola de espaldas a ella en el ancho sofá.

-Yuzu querida.-murmuró, soñolienta y escondiendo el rostro en la rubia cabellera que tenía frente a ella- Quédate así conmigo un rato.-enlazó con sus brazos la cintura de Yuzu, temblando. Esta última permaneció a su lado, escuchando la agitada respiración que movía sus cabellos con intensidad. Era evidente que lo que las unía era inmenso, sublime.

-Mei- dijo Yuzu al cabo de un rato- Creo que ayer hablamos de esto. Si estaba a tu lado, es porque quiero ser tu hermana. No confundas las cosas, ni me obligues a tratarte con indiferencia.¿Eso es lo que quieres?

Mei liberó a Yuzu, quien se levantó,deteniéndose a mirar un momento el rostro de su hermanastra. Mei había cruzado sus brazos en forma de cruz, apretándolos contra su pecho, como si quisiera retener el calor que hasta hacía poco tenía junto a ella. Sus ojos parecían cubiertos por un velo, y carecían de brillo.

"¡Dios mío, no sé si podré resistir esto!"

-Mei, levanta la cabeza. Yo he podido hacerlo, y no te imaginas cuánto he sufrido.

Mei meneó la cabeza.

-Eso intento, pero cada vez que miro al frente, te veo a a ti. Estás tatuada en mi alma, y ni siquiera la muerte podrá arrancarte de mí.

-Me cuestiono algo desde hace algún tiempo, Mei.-dijo Yuzu solemnemente- Si yo por debilidad regresara contigo¿No volverías a las andadas nuevamente? Creo que estás tan desesperada precisamente porque no me tienes a tu disposición, pero si otra vez yo volviera a ti, como un perrillo faldero, de seguro retornarías a tu carácter frío e indiferente de siempre. Hay personas que tienden a obsesionarse con lo que no pueden tener, y a desecharlo en cuanto lo tienen en su poder. Nada me saca de la cabeza que tú eres de esas personas.

Mei se incorporó ante las duras palabras de Yuzu.

-No es así, pero¿cómo pudo convencerte de lo contrario? Has cerrado tu corazón, y nada de lo que diga hará alguna diferencia. Si quiero sentirme triste, déjame estar triste. Déjame sufrir y llorar sola, y no me mires como lo hiciste hace un momento, porque cuando me miras así, un débil brillo de esperanza me hace creer que volverás conmigo, y no sabes lo doloroso que es saber que no será así.

Yuzu suspiró, dándole la espalda.

-De acuerdo, entonces. Muérete sola.-Se sintió un poco enojada porque Mei se hacía la mártir, haciéndola quedar a ella como una persona cruel y malvada.

"Ahora resulta que yo soy la mala del paseo"

Volvió a su saxofón, dándole significativamente la espalda. En ese instante,el móvil de Mei resonó con pérfida monotonía. Casi sin fuerzas, Mei contestó la llamada.

-¿Hola?

-Hola, Mei!- dijo una voz que la hizo palidecer- Hace algún tiempo que no hablamos. ¿Cómo te ha ido?

-¿Misaki?

El saxofón de Yuzu hizo un horrible chillido, destruyendo de manera estrepitosa la suave armonía de su sonido. "¿Misaki?" , repitió su mente, empezando a ofuscarse ante la sola mención de su odiado nombre. "¿Qué hace esa perra llamando a Mei?"

Al escuchar el chirrido del instrumento de Yuzu, Mei se levantó , yéndose a la cocina para escuchar mejor, lo cual no impidió que Yuzu pudiera escuchar perfectamente lo que decía.

-¿Qué?- Mei sonaba algo alarmada- No es necesario que vengas, Misaki. El Festival Escolar se llevará acabo perfectamente sin necesidad de que estés aquí.

-Sabes que tu abuelo y mi padre son socios, así que es inevitable que esto ocurra. Mañana temprano llegaré a Japón. Espérame en la escuela. Ansío verte para...-emitió un sonido gutural, casi un gemido.

Mei contrajo el rostro de rabia contra sí misma al recordar lo débil que había sido. Bajando un poco la voz, replicó:

-No volverá a suceder, eso te lo garantizo.

-¿Ah, sí? Soy experta en doblegar cualquier resistencia. Estoy segura que anhelas sentir otra vez mi cuerpo sobre el tuyo.

Mei se sonrojó, sin poder evitar el recuerdo de esas sensaciones carnales que le hicieron perder la razón ese día.

-Mañana hablamos.

-Espera. ¿Está por allí tu hermana mayor?

-¿Qué quieres de ella?

-No, nada. Sólo salúdala de mi parte. Parece que no le caigo bien.

-No lo haré. Hazlo tú misma cuando la veas. Adiós -cortó la llamada, molesta por lo inoportuno enque se constituía la nueva visita de Misaki. Volvió a la sala.

Yuzu estaba de pie junto a la ventana, mirando al infinito. Cuando Yuzu estaba así de seria, sus ojos adquirían un brillo acerado y su belleza resaltaba ante la madurez que desplegaba toda su persona. Se veía irresistible.

-Eres hermosa, Yuzu.-dijo, sin poder contenerse.

Esta la miró con tanta frialdad, que Mei se arrepintió de haberle dicho eso. Con voz cortante, y lejana como dos lagos montañosos en un páramo desierto, le dijo con lentitud calculada:

-Parece que tendrás visita mañana. Debes de estar muuuuy feliz.

-¿Cómo lo sabes?

-No soy sorda, Mei.

-Sé que ella no es de tu agrado, pero es la heredera del clan Okazaki, y son los principales socios de mi abuelo. Algún día ella y yo seremos socias también, ya que seré la sucesora de mi abuelo cuando el no esté aquí.

-Por mí, pueden hacer sus alianzas de mierda en el mismísimo infierno.-Yuzu intentaba controlarse, pero había visto el rostro de Mei sonrojarse cuando hablaba con Misaki. No pudo contener el impulso de espiarla para ver su reacción ante la llamada de esa "zorra", y dedujo que sólo bastaría un intento de ésta última para que Mei cayera nuevamente en sus redes de lujuria.

Ante la grosera salida de Yuzu, Mei abrió mucho los ojos, visiblemente afectada.

-¿Qué te pasa? Pensé que dejarías de hablarme de ese modo. Cuando haces eso, me hieres mucho. Tengo un corazón que sólo sabe amarte, y tú lo tratas como una basura.¿No tienes compasión?

- Compasión, mi culo- espetó, con palabras de hielo-Bueno, espera ansiosa a tu futura socia para que te consuele, estúpida. ¡Maldición! Hice bien al zanjar mi relación contigo. Mi corazón no habría resistido otra mentira más. -concluyó, a la par que salía del departamento dando un estruendoso portazo.

Mei, sin entender la reacción de Yuzu, se dejó caer en el sofá, compungida.

-¿Por qué, mi amor?-susurró- hace unos minutos parecías amarme y ahora esta habitación sólo respira odio...

Yuzu había dejado su chaqueta en el sofá; Mei la tomó, estrechándola con fuerza, mojàndola con las afligidas lagrimas que ya parecían ser su eterna compañía.

Con el corazón martilleándole el pecho con violencia , Yuzu salió como una tromba de la casa. Lloraba de rabia y de celos. Tendría que soportar a esa zorra de ojos azules y cuerpo perfecto al lado de Mei. Estaba casi segura que lo de Festival Escolar era sólo una excusa para venir a verla y hacerle...;rechazó la imagen de su mente, moviendo las manos alrededor de la cabeza, tratando de espantar los dolorosos recuerdos que volaban alrededor de su mente, y que amenazaban con sumirla nuevamente en la desesperación.

Se detuvo en la entrada de la casa, secándose las lágrimas, que salían sin control, y que la inundaban de abrumadora soledad. Sintió cómo la angustia volvía a ella como un torrente despiadado, que pretendía hundirla en un pantano de penas y sufrimientos. Ya tenía las mangas de la blusa empapadas ante los vanos intentos de dejar de llorar; murmuró, casi como en un ruego:

-Mitsuko, te necesito.

Una motocicleta negra se estacionó junto a ella, como una exhalación. La alta figura que la conducía, se quitó el casco, dejando libre su corto cabello castaño.

-¡Yuzu!-exclamó- Por Dios, ¿Qué te pasó, que lloras de ese modo?

Esta levantó la mirada, encontrándose con la preocupada mirada de Mitsuko, quien había descendido de la moto para acercarse más a ella. Al verla, Yuzu se lanzó a sus brazos, sollozando suavemente, como una pobre niña herida. Para Mitsuko, tal tristeza sólo podía provenir de una fuente: Mei. ¿Hasta cuándo dejaría de hacerle daño?

-Yuzu, ella no merece tu llanto. -la abrazó con mucha ternura, acariciando su rubio cabello- Venía para llevarte a un lugar donde hay una hermosa vista. Me daba algo de vergüenza venir a tu casa, pero hice bien en hacerlo.

Como respuesta, Yuzu se adhirió más a ella, refugiándose en sus cálidos brazos; los brazos de Mitsuko eran como un ardiente fuego que ahuyentaba al frío, o como un oasis para el viajero sediento. Cuando Mitsuko la acariciaba, sentía que sus penas se aligeraban, y una paz inefable invadía su alma. Quiso hablar, pero las palabras salían ahogadas.

-No te esfuerces, Yuzuko. Ven, sube a la moto.

Mitsuko se acomodó nuevamente en el vehículo, y Yuzu se subió, sujetándose a ella con fuerza. Aspiró el aroma que desprendía su persona: era una mezcla cuero, menta y libros, olores que siempre asociaría a Mitsuko. Sentir el glacial viento azotar su cara fue gratificante, ya que parecía refrescar el incendio que atormentaba su ánimo.

Mitsuko conducía con rapidez, cerrando por momentos el paso a algunos coches, para luego esquivarlos temerariamente.

¡Mitsuko!-gritó Yuzu- ¡No conduzcas así, que nos vamos a estrellar!

-¡No te preocupes, soy experta con esto!-contestó Mitsuko, acelerando más, haciendo que Yuzu lanzara gritos de susto.

-¡Me va a dar un infarto si sigues haciendo eso!

Como si Yuzu le hubiera dicho lo contrario, puso la máxima velocidad. La motocicleta volaba, y los otros

coches pasaban a su lado meteòricamente; Yuzu pensó que se desmayaría y que ambas despertarían en el cielo.

-¿Adónde vamos? -preguntó, nerviosa- Esto es para los que tienen nervios de acero y los míos son de hule. Por Dios, bájale a la velocidad.

-Está a media hora de donde nos encontramos en este momento. No te apures, tengo muy buenos reflejos.

Mitsuko se desvió por un sendero algo empinado, en las afueras de la ciudad. La motocicleta inició un inclinado ascenso por una angosta vía circundada por preciosos árboles de cerezo. La estación otoñal había esparcido por todo el sendero las hermosas flores de dichos árboles, tiñéndolo con los suaves colores rosados de sus delicados pétalos; Yuzu estaba deslumbrada con la belleza del paraje que veían sus asombrados ojos. Se dedicó a observar el claro panorama en silencio, porque había algo encantador en la suave belleza de ese lugar, y Mitsuko no quería apartarla de ese encantamiento, ya que lo que buscaba con todo lo que hacía era precisamente alejar de la mente de Yuzu todo lo relacionado con Mei y, felizmente, lo estaba consiguiendo.

Después de conducir por quince minutos más, se detuvo en un mirador que ofrecía la vista más deslumbrante y fascinadora de la ciudad.

-Parece que llegamos a tiempo de ver el dorado atardecer de nuestro distrito-dijo Mitsuko, apeándose de la moto.-Ven-dijo, tendiéndole los brazos a Yuzu, quien se arrojó a ellos llena de gratitud; Mitsuko la sujetó por la cintura, sin permitir que sus pies tocaran el suelo. Sus rostros estaban increíblemente cerca.

-Mitsuko- musitó Yuzu, con mirada centelleante-llegaste en el momento que más te necesitaba. No sabes cuánto te lo agradezco. Por otra parte, no soy tan ligera. Puedes bajarme.

-Lo haré, pero primero quisiera besarte. ¿Puedo?

Yuzu no contestó con palabras. Puso sus brazos alrededor del terso cuello de Mitsuko, besándola con suavidad, a lo que Mitsuko respondió con pasión que crecía conforme prolongaba la caricia. Al cabo de un rato, Mitsuko la depositó en los barandales del mirador, sentándola frente a ella, que se había quedado de pie.

-Te amo, Yuzuko.-susurró sutilmente en su oído, abrazándola posesivamente.

Yuzu se limitó a permanecer a su lado, sin decir nada.

-Mira ese cielo tan hermoso- Mitsuko levantó la mirada, perdiéndose en la contemplación de los hermosos colores vespertinos que se mezclaban en la atmósfera del éter que la envolvía. -Qué alivio- prosiguió- parece que ya estás mejor.

-Gracias a ti. -la mirada de Yuzu volvió a nublarse- Cuando parece que voy a superar algunas cosas, ocurre algo que vuelve a destruirlo todo.

-¿Volviste a discutir con Mei?

Yuzu crispó su rostro al recordar a Misaki.

-Ella vendrá.-dijo, con voz trémula.

-¿Ella? ¿De quién hablas?

-La zorra que destruyó mi relación con Mei.

-¿Te refieres a Okazaki?

Los puños de Yuzu se apretaron con furia.

-Odio a esa perra con toda mi alma. Parece como si me persiguiera, y le gustara hacerme daño, y no lo entiendo, porque yo jamás la he tratado, y mucho menos, la he molestado.

-Eso es porque tienes algo que ella quiere: El amor de Mei.

-Esa tipa no ama a nadie. Yo creo que le recuerdo algo desagradable, pues no comprendo cual es la inquina que siente hacia mí.

Al decir esto, se estremeció. ¿Y si Mei, por despecho, aceptaba cualquier proposición de ella? ¿Cómo reaccionaría al verla salir abiertamente con Misaki? La noche anterior le dijo que buscara a alguien a quien querer, pero que fuera precisamente la persona que había provocado la ruptura la ponía fuera de sí.

-Ayer le pedí que se olvidara de mí, y que yo trataría de hacer lo mismo. Aunque mi interior se quiebre como una copa de cristal que es arrojada adrede contra el duro suelo, te juro por la perdición de mi alma, que no moveré un dedo, ni le recriminaré nada.

Mitsuko besó su mejilla, confortàndola con ese simple gesto.

-Me alegra saber que has decidido liberarte de esa atadura que representa para ti el amor hacia Mei. Cuando te vi llorando, pensé que caerías de nuevo ese horrible estado en el que te encontrabas hundida al principio de todo esto.

-Todo es distinto ahora ¿Sabes por qué? Porque estás junto a mi . Si no hubieras llegado, tal vez habría descendido por un precipicio de angustias que habrían acabado con mis últimas esperanzas de ser feliz.

-¿Eres feliz conmigo?-Mitsuko se había quitado los gruesos guantes de cuero que usaba cuando conducía la motocicleta para acariciar con dulzura el rostro de Yuzu.

-Sí, lo soy. -respondió Yuzu con sinceridad, ocultando su cabeza en la gruesa chaqueta negra de Mitsuko. Su corazón latía muy rápido- Aunque ame a Mei, contigo su recuerdo no es tan pertinaz. En cuanto subí a tu moto, y empezaste a conducir como loca, la tristeza que me tenía acorralada desapareció.

-No será fácil olvidar a tu primer amor, Yuzuko; aún así, piensa que ella lo único que ha hecho es dañar tu vida, y agradezco al cielo porque al abrirme la puerta de tu corazón, Dios ha entrado de mi mano porque le pedí con todo mi amor de que no lloraras más por quien ha roto tu ilusión y, si respondes afirmativamente a mi petición, tan grande como la luna será la fiesta que hará mi corazón.

-¿Has llegado a amarme tanto?.-dijo Yuzu visiblemente conmovida.-¿Y si te decepciono?

-Eso no pasará. Anoche, cuando Harumin me dijo que había terminado contigo para darte la posibilidad de amarme, me preguntaba cómo me sentiría si, después de todo, me rechazabas. Y sólo una respuesta daba mi mente y corazón enamorado: Miedo. Miedo de vivir por siempre sola si no aceptas mi amor. ¿Cómo puedo alegar con mi corazón, si te está llamando a gritos, cómo detener la ilusión que no quería marcharse de aquí sin ti? Tal vez cierre para siempre mi alma al amor si tú me dices adiós, Yuzuko. Te quiero, realmente te quiero.

Yuzu besó a Mitsuko con apasionada vehemencia. Mitsuko tenía ganas de llorar, pero no porque estuviera triste.

-¿Esto es un sí, querida Yuzuko?

En respuesta Yuzu volvió a besarla con mucha más intensidad. Mitsuko se aferró a ella, demasiado feliz para que pudiera expresarlo con palabras.

La brisa helada sopló con suavidad. Aunque el ambiente estaba frío, Yuzu y Mitsuko no lo sentían; algo cálido las envolvía. Ambas se sentaron en el ancho barandal del mirador, contemplando los últimos destellos del sol sobre la ciudad. Mitsuko la tenía abrazada por los hombros, acariciando incesantemente su cabello travieso ondeado por el viento, hasta que oscureció por completo.

-Yuzu- comentó Mitsuko- Este lugar en donde estamos le pertenece a mi familia. No hay cercas ni nada parecido, pero todos los saben y por eso es que no ves a nadie por aquí.

-Se me hacía raro que un sitio tan hermoso no tuviera visitantes. Tu familia es rica ¿No?

-Sí, pero no somos ostentosos. Lo que quería decirte es que un poco más adelante hay una pequeña villa, que mi abuelo construyó para cuando quisiéramos respirar aire fresco sin necesidad de salir de la ciudad. ¿Quieres conocerla?

-Sí, vamos.

Mitsuko tomó su mano y emprendió un ligero ascenso por unas anchas escaleras que estaban a un lado del camino. Al final de los escalones, se encontraba la entrada de una hermosa y modesta villa, coronada de cerezos en flor.

-Vamos al balcón, la vista desde allí es muchísimo más hermosa.-dijo Mitsuko y, sin soltar su mano, la condujo rápidamente hasta el interior de la casa, que estaba en penumbras. No quiso detenerse para encender la luz, sino que fue directamente a una habitación hermosamente amoblada, donde había un amplio balcón. Yuzu quedó extasiada ante el paisaje que se desplegaba ante sus ojos. Justo enfrente podía divisarse un cristalino lago, al que el reflejo de la luna le daba resplandores plateados; la brisa traía consigo el aroma de flores silvestres y tierra húmeda. Todo esto sumió a Yuzu en una especie de hipnosis, maravillada ante tanta belleza. Mitsuko la observaba, feliz de verla tan tranquila. En momentos como ése Mei parecía no existir, y comprendió lo que había querido decir Harumin cuando afirmó que ella, Mitsuko, era la única que podía hacerla feliz e nuevo. La razón de algo tan increíble no la conocía, pero elevó en su interior una oración de agradecimiento por tener a Yuzu a su lado en ese momento.

En una esquina del balcón estaba ubicado un ancho diván, puesto allí especialmente para contemplar el panorama.

-Sentémonos, Yuzuko.-Mitsuko se acostó en el diván, tendiéndole las manos a Yuzu.-Ven.-murmuró, con su mirada radiante e irresistible. Yuzu fue a ella, recostándose en el cuerpo de Mitsuko, quien la atrajo hacia sí con devoción. Por espacio de media hora, se quedaron así, mirando las vacilantes estrellas que se animaban a salir para hacerle compañía a la luna.

-Yuzu, es algo tarde. ¿Quieres regresar?-Mitsuko había levantado el mentón de Yuzu para mirarla.

-Me gusta este lugar.-respondió Yuzu, pegándose más a ella-Si vuelvo ahora, esta paz que siento se esfumará.

-No puedes evitar a Mei siempre. Tienes que afrontarla; ése es el único medio para superar lo que sientes por ella. Además, tu madre no sabe que estás aquí.

-Eso es lo de menos. Puedo llamarla, y listo.

-Lo que diga mi princesa.-aceptó Mitsuko.-Yo también deseo quedarme aquí un rato más, pero recuerda que mañana tienes que ir a la escuela.

-Sí, claro- la faz de Yuzu se ensombreció al recordar que tendría que ver a la causante de sus desgracias. Mitsuko, dándose cuenta de esto, la besó para ahuyentar tales pensamientos, y Yuzu, sedienta de amor, se entregó a la nueva caricia, acoplando su cuerpo al de ella con más fuerza que antes. El tranquilo ambiente que las rodeaba, unido a lo romántico que era, crearon una atmósfera de cálidas sensaciones que se apoderaron de sus emociones, llevándolas a límites insospechados de vigorosa sensualidad. Un beso llevó a otro, y otro, y otro más, hasta que el autodominio amenazó con retirarse para darle libre paso al deseo carnal. Sus bocas intercambiaban sus respectivos fluidos, resbalando éstos por las comisuras de sus labios, excitándolas de manera explosiva.

Casi sin aliento, al fin separaron sus labios. Ambas se miraron con intensidad, y Yuzu, temblando, escondió la cara en el cuello de Mitsuko, respirando dificultosamente.

-Mitsuko, te deseo.-balbució débilmente.

-Y yo a ti. -reafirmó sus brazos alrededor del cuerpo de Yuzu- Te deseo, pero tengo miedo.

Yuzu miró la expresión de Mitsuko; reflejaba ansiedad y temor, pero también mucho amor.

-Yo también siento miedo. dijo- Anteayer intenté hacerlo con Haru, pero el cuerpo no me respondió. Quedé impávida, sin poder continuar, y la expresión de desilusión en el rostro de ella me dolió mucho. No quiero herirte a ti también, Mitsuko.

-¿Fue por Mei, cierto?

Yuzu no respondió, silencio que Mitsuko interpretó como una afirmación.

-¿Sabes algo, Yuzu? Aquella vez que te recogí en el parque, estabas tan borracha que empezaste a besarme como loca¿lo recuerdas?

-Sí, pero borrosamente.

-Bien, en esa ocasión, tus besos fueron tan estimulantes que yo...hmmm..., bueno, me da algo de vergüenza decirlo.-carraspeó- Tuve un orgasmo.

-¿De verdad?

-Sí. Es que besas delicioso. Tus besos son verdaderamente exquisitos, porque pones el alma al hacerlo. No hicimos más que besarnos, pero desde entonces me he preguntado lo que sentiría al hacer el amor contigo. Yo no tengo experiencia, ni la mas mínima. Tú ya has salido con Mei, y después con Harumin, pero tú eres mi primer amor, y me atemoriza decepcionarte.

-La verdad- respondió Yuzu- es que he estado bloqueada por culpa de ese horrible video. Cuando intentaba intimar con Haru, se me venía eso a la mente, y no me sentía capaz de hacer nada. Lo que hizo Mei no fue por amor, y yo me propuse hacer de mi primera vez algo especial, lleno de verdaderos sentimientos. Siento que así jamás lo olvidaré.

-Ya veo. Sé que aun no me amas. .-Mitsuko se puso algo triste.

Yuzu volvió a abrazar a Mitsuko estrechamente.

-No pienses eso, por favor. A pesar de que el amor que siento hacia Mei es tan fuerte que hace que me duela el corazón, yo ya no puedo siquiera pensar en estar con ella. No lo merece. Si Mei quiso entregarse a ese sucio placer sin amor, yo no pienso darle a ella lo que es tan importante para mí, y si quiero empezar a eliminar ese fantasma de mi vida, tengo que empezar con algo. No sé exactamente qué siento por ti, pero quiero averiguarlo. Puede convertirse en amor, y crecerá si lo alimentamos entre las dos. ¿No te parece?

Mitsuko apartó suavemente a Yuzu y se puso de pie, entrando a la habitación.

-Yuzu, en este momento, siento que mi corazón va a estallar. Te amo.

Yuzu se acercó a ella, con expresión dulce. Sus ojos verdes brillaban en la oscuridad como dos brasas encendidas.

-Te quiero mucho, Mitsuko.

Fue una frase sencilla y cálida que llenó el alma de Mitsuko de fuertes emociones. Se sentó en la cama, cubriéndose el rostro con las manos.

-¿Estás llorando?-Yuzu se sentó a su lado.

-No. Es que soy muy feliz.

Yuzu se arrodilló delante de ella, y le quitó con suavidad las pesadas botas que traía puestas.

-¿Yuzuko?-Mitsuko contempló su rostro. La luz de luna que se filtraba en la alcoba le permitía ver en detalle la figura de su princesa. Su cabello suelto, adornado con una cinta roja, una blusa azul con encajes que cubría su torso amado y la falda corta estampada, mostrando a medias sus hermosos muslos; un atuendo característico de Yuzuko Aihara.

-Eres tan bonita, Yuzu.-dijo, poniéndose de pie, y tomando la mano de ella para levantarla. Por un momento se miraron fijamente, tratando de leer sus mutuos pensamientos; luego ,iniciaron un lento beso, que fue creciendo hasta convertirse en una hoguera que quemaban sus labios. Yuzu le quitó la chaqueta a Mitsuko, dejando al descubierto la ajustada blusa negra que llevaba debajo, metiendo sus manos debajo, para acariciarle los pechos, que eran aún más grandes que los de Harumin. Mitsuko se estremeció al sentir las manos de Yuzu en su piel. Llevó su boca hasta el cuello de Yuzu, llenándolo de besos, y recorrièndolo en toda su extensión con la lengua, quitando a su vez la pequeña blusa de Yuzu. Había cierta torpeza en los movimientos de Mitsuko debido al temblor que se había apoderado de sus manos. Por primera vez, iba a ver el cuerpo desnudo de su querida Yuzuko y eso la agitaba hasta extremos indecibles; sus manos se deslizaron debajo de su falda, tocando, al fin sus piernas de marfil puro, y exhalando un gemido de satisfacción al sentir bajo su tacto la piel dulce, maravillosa y vital de esa chica dos años menor que ella, a quien se entregaba por vez primera. Todo en Mitsuko eran sensaciones que subían en la enervante oscuridad, una dulce oscuridad que la envolvía, porque nunca habían sido nada hasta ese momento: ahora existían sólo las dos, y la boca de la una sobre la otra, labios magulladores que arrollaban con su calor al destino incierto que les esperaba. No había nada escrito en cuanto a su futuro, pero ese instante eterno sería de ellas para siempre. Podía sentir en los labios de Yuzu el fuego de la pasión calcinarle la piel.

-Me he estado conteniendo demasiado tiempo, Mitsuko.-susurró Yuzu con voz ronca por el deseo- No tengo ninguna duda de que eres la indicada.

Ambas se dejaron caer en la suavidad de la cama. Mitsuko cubrió con su cuerpo el de Yuzu en su totalidad, despojándola de la falda, mientras besaba sus labios con apasionada ternura.

-Oh, pareces una diosa.-

-Mitsuko, déjame terminar de desvestirte.- Dijo Yuzu.

Ella cambió de posición, colocándose debajo de Yuzu quien le bajó lentamente el apretado pantalón de motociclista que cubría sus esbeltas piernas, y mientras lo hacía, llenaba de besos cada centímetro de piel que quedaba al descubierto. Los pies de Mitsuko se arquearon ante las placenteras sensaciones que recorrían su cuerpo de extremo a extremo.

-Yuzu, esto es tan dolorosamente placentero.

Yuzu resbaló su lengua caliente hasta los grandes senos de Mitsuko, chupando los morenos pezones, los cuales se pusieron duros ante tal estímulo. Mitsuko tuvo que apretar las piernas, mojadas de excitación. Yuzu percibió, por los espasmos y los gemidos ahogados que brotaban cada vez más agónicos de la garganta de Mitsuko, que ésta iba a tener un orgasmo, así que intensificó sus caricias.

-Tienes los pechos muy sensibles.-murmuró con voz sumamente sensual.

Mitsuko se tapó la boca para no gemir en voz alta, a lo que Yuzu exclamó:

-Por favor, gime fuerte. Tus gemidos son lindos.

Mitsuko dio escape a su garganta jadeante, lo que hizo que Yuzu se estremeciera. Sin dejar de succionar con su boca los pezones de Mitsuko, llevó una mano a la intimidad de Mitsuko, acariciándola por sobre la ropa interior, que estaba completamente empapada.

-¡Yuzu, me voy a venir ya!-Mitsuko estaba a punto de llegar,así que Yuzu se detuvo.

-Quiero venirme contigo.-dijo, abrazándola fuertemente.

Mitsuko trató de calmarse. Levantó el rostro de Yuzu para besarla, poniéndola nuevamente debajo de ella.

-Tu cuerpo, y poder tocarlo, es como un sueño. -dijo, trémula-Te amo tanto, Yuzu.-Mitsuko sentía cómo su amor por ella crecía, a medida que ambas ascendían en esa noche en que decidieron darse la una a la otra.

-Quiero tocarte, Yuzuko.¿Puedo?

-Hazlo, por favor.

Mitsuko deslizo ávidamente sus manos, que ya no eran dos, sino diez, que se movían y recorrían sus pechos, abdomen y piernas, como si quisiera tatuar esas sensaciones epidérmicas en su tacto tembloroso y ansioso. La despojó de toda su ropa interior, quitándose también la de ella,y por un momento, ambas contemplaron sus respectivos cuerpos en toda su magnifica plenitud. .

-Eres perfecta-jadeó Mitsuko, sepultando sus labios en la piel húmeda de Yuzu, friccionando sus pechos con los de ella, en un enloquecedor vaivén que hizo que las dos temblaran de placer. Sus cuerpos sudorosos se movían con agónico placer;Mitsuko no podía más. Con su pelvis incrustada entre la piernas de Yuzu, le suplicó, desfalleciente:

-Ahhh...Yuzu, mi amor, abraza mi espalda con tus piernas,... lo más alto que puedas.

Yuzu hizo lo que Mitsuko le pedía. Enlazó con sus piernas un poco más arriba de la mitad de la espalda; Mitsuko acomodó su sexo sobre el de ella, encogiéndose un poco para estar a su alcance. Inició un movimiento, una especie de ascenso y descenso, en el que sus vaginas hacían contacto de forma demencial. Yuzu arqueó su cuerpo, casi gritando:

-¡Oh, dios!

Mitsuko aplicaba la fricción con fuerza, subiendo, bajando y deslizando sus caderas en la intimidad de Yuzu, con su sexo pegado al de ella.

-Estoy tan cerca, Yuzu. -gimió-No creo que pueda resistir más tiempo.

Yuzu clavó sus uñas en la espalda de Mitsuko.

-Yo también...oh, Mitsuko, siento como si fuera a morir.

Para que el orgasmo fuera más explosivo, Yuzu llevó una de sus manos al sexo de Mitsuko, que se movía frenéticamente sobre el de ella, y deslizo su mano en su interior; Mitsuko gritó, estremecida. Tenía la cabeza de Yuzu escondida entre sus brazos, apretándola conforme el placer iba subiendo. Ascenso, descenso. La cama crujía. Mitsuko también llevó una de sus manos al interior cálido de Yuzu, que estaba apretado y caliente, lo mismo que el de ella. Mitsuko apoyó su cabeza con fuerza en el espacio que había entre el cuello de Yuzu y la almohada, sintiendo que ya venía. Yuzu exclamó, apretándose más contra ella:

-¡Más rápido, te lo ruego!

Mitsuko incrementó sus movimientos, el de su pelvis y el de su mano, que se movía como poseída. Sus conciencias desaparecían, centradas única y poderosamente en aquel vínculo. Los poros de las dos se habían abierto, emitiendo un olor almizcleño y encantador.

Yuzu sintió llegar su orgasmo y avanzó hacia él, sabiendo que lo alcanzaría. De pronto, los cuerpos fusionados tartamudearon y parecieron dar un salto hacia arriba, no ya orgásmico, sino para alcanzar una montaña muy por encima de las que hubieran subido alguna vez en su vida. Comprendieron que no iba a ser un simple orgasmo. Sintieron algo de miedo... pero sus cuerpos retomaron el ritmo. Mitsuko se tensó contra Yuzu, en toda su longitud, en ese mismo instante, alcanzaron la culminación...o empezaron a alcanzarla; un placer tan grande que era casi tormento desbordó insospechadas compuertas y Yuzu tuvo que morder el el hombro de Mitsuko, y ésta el cuello de Yuzu para ahogar sus gritos.

-Oh, Dios mío...-jadeó Yuzu.

A Mitsuko le pareció que Yuzu lloraba. Hizo un último movimiento de caderas, empujando sus dedos más profundo en Yuzu, e inmediatamente alcanzaron un segundo orgasmo, algo que nunca hubieran creído posible, y las compuertas de la razón se abrieron; sintieron que estallaban en mil pedazos y, por un instante, un murmullo de cálido verano las envolvió como un manto. Mitsuko se desplomó, exhausta, sobre el cuerpo de Yuzu, inundada de sudor, mientras los fluidos de ambas se mezclaban entre sus piernas. Yuzu se aferró a ella, demasiado cansada para hablar. Cuando lograron recuperarse un tanto, Mitsuko levantó la cabeza, encontrándose con los ojos de Yuzu, brillantes por las lágrimas, pero comprendió que esa lágrimas no eran de tristeza, sino todo lo contrario. Se besaron profundamente un largo rato.

-Te amo, te amo, Yuzu.-murmuró Mitsuko, antes de quedarse dormida. Yuzu la contempló un momento, llena de gratitud. "Ahora sí-pensó-ahora sí puedo enfrentar a cualquier persona que se me presente en el camino. Contigo a mi lado no temeré a ninguna tormenta que quiera destruirme". Se recostó en su pecho, y la siguió al rincón de los sueños.

Eran las tres de la madrugada y Mei no había podido pegar ojo . Escribía en una hoja una carta para Yuzu. Hubiera querido hablarle mejor, pero prefirió poner en unas líneas todo lo que su corazón quería decirle; a una hoja no podría interrumpirla, ni gritarle. Lo más que podía hacer era romperla, pero lo importante era que la leyera. Yuzu se había ido terriblemente enojada, y no quería seguir en esos términos con ella. Cuando empezaba a adormilarse en el escritorio, el zumbido de una moto penetró en el silencio de la noche. Alcanzó a ver por el balcón las luces de un vehículo que se estacionaba frente a su casa. Llena de curiosidad, se asomó a ver quien podría estar por allí a esas horas.

Cuando vio quiénes eran, se escondió tras una cortina para que no la vieran.

La escena que presenciaron sus ojos a continuación, fueron para ella la pesadilla más trágica de su vida.

Yuzu era quien regresaba. La hermana mayor de Taniguchi Harumin, Mitsuko, la bajó,sonriente, tendiéndole sus largos brazos. Yuzu se abalanzó sobre ella, con el rostro resplandeciente, hermoso, mirándola arrobada. Mitsuko la levantó en el aire, dando vueltas con ella en brazos. Yuzu reía, feliz.

-Te amo, te amo, eres la princesa más hermosa de este mundo-decía Mitsuko. Mei podía oírlo claramente, porque los sonidos se agudizan en el silencio nocturno.

-¡Bájame! A las seis tengo que irme a la escuela, y ya he perdido bastante sueño.-sonrió-pero valió la pena.

-Yuzuko, hubiera querido quedarme contigo hasta el amanecer. ¡Cielos, te quiero tanto!-Dijo, bajándola.

Yuzu la abrazó.

-Ya quiero hacerlo otra vez. Ve a buscarme a la salida.

Mitsuko se puso roja como una rosa.

-Eres una pervertida.

-Siempre lo he sido.- se pegó a ella-Ya sabes por qué estaba dormida, pero tú me despertaste. Ahora, prepárate.-Se puso de puntillas, besándola con creciente pasión, hasta que ambas se tambalearon. Mitsuko le besó la frente, despidiéndose de ella.

-Te amo.

-Hasta la tarde, querida Mitsuko.-ésta se quedó allí hasta que Yuzu llegó a la puerta. Ella volteó una última vez, y le mandó un beso con la mano, el cual Mitsuko simuló atraparlo en el aire, llevándolo a su corazón. Agitó la mano, y se fue en su motocicleta.

Ahondar en lo que sintió Mei en esos momentos sería muy difícil, porque un corazón roto, casi muerto, no tiene descripción alguna. Miró la carta que había escrito, y empezó a leerla, llorando.

La paz y tranquilidad de un lado. La angustia y la tristeza infinitas del otro.

Querida Yuzu:

Dime qué estás pensando ahora mismo. En cuanto a mí, estoy pensando en ti.

Desde la ventana abierta, puedo sentir el olor de la noche, cuyo rostro aparece en tu corazón cada momento, y mientras que la fría lluvia me ha empapado, recuerdo que tú eras la única que me daba una mano de apoyo, llevándome a preguntar por qué siempre eras la única que me apoyaba. Tu mirada risueña hizo que cayera en el amor, pero ahora, no importa el que yo quiera verte, porque siempre estás ausente, y ya no puedo verte sonreír; no sabía que estar enamorada fuera tan doloroso, pero aunque es doloroso, me hace feliz, y la razón de sentir eso eres tú, Yuzu.

El día de hoy pasó como de costumbre, otra vez, y tal vez nos convertimos en algo desagradable. A pesar de que me ignoras, sigo preocupada por ti. Dime: ¿Por qué no puedes amarme honestamente?

En mi interior comienzo a sentir la soledad, y entonces me digo a mí misma: "Está bien, esperaré a que me mires". Ahora rememoro lo feliz que me sentí cuando me dijiste que te gustaba, tanto, que me sentí a punto de llorar.

Miro el cielo de noche, donde las estrellas están tan hermosas, y ellas me dicen que tú eres la única que me ha dicho aquí "Te amo por ser quien eres; por eso quiero estar a tu lado". Dime¿Qué estás pensando ahora mismo? ¿Por qué este sentimiento se ha vuelto tan abrumador? No importa cuánto anhele mirarte enamorada de mí como la primera vez; desearlo no hará que se vuelva realidad...estar enamorada duele tanto, pero he sido feliz amándote, y la razón de sentir tantas cosas hermosas eres tú...Ahora y siempre estaré pensando en ti.

Con todo mi amor, Mei.

Mei, como una autómata, arrugó la carta y la arrojó a un rincón de la habitación. Se acostó en la cama, demasiado triste como para poder describirlo.

"La he perdido. He perdido a mi amor. Me quiero morir".