Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.


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¿Tienes miedo?

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Resumen:

Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.


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¿Tienes miedo?

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—¿Podrá estar Haru bien aunque yo no esté?

—No te habría buscado si estuviera bien.

Makoto Tachibana y Haruka Nanase. High Speed 2. Capítulo 8 Light

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Undécimo Capítulo:

Parte única

Un lugar donde él no esté

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—¡Hermano! Lo sentimos mucho.

Estaba oscuro cuando doblaron la esquina y la entrada de la casa de Makoto quedó a la vista. Los niños que estaban sentados en las gradas, al verlos se pusieron de pie y empezaron a hablar al mismo tiempo.

—Fue el gato. Apenas te fuiste. Están muertos, todos. Te compramos otro, pensando que no notarías la diferencia, pero también lo mató, y después volvimos a comprar otro… pero el gato. ¡Mató cuatro peces!

Al lado de Ran, en el suelo, había una pecera vacía. Ren sostenía una bolsa con algo naranja, un pedazo de algo naranja.

—Oh—suspiró Makoto—. No estén tristes—les sonrió.

Ran soltó un gemido y dio un saltito hacia ellos. Haru, quien comprendió al instante sus intenciones, se inclinó un poco y extendió los brazos para recibirla. Ella se aferró a él con las piernas y brazos fuertemente, murmuró con la cabeza escondida en el pecho de Haru que el gato blanco lo hizo.

Makoto se sintió incómodo. Sabía que los niños se entristecían por él, porque desde pequeño había mostrado demasiada vulnerabilidad con la muerte de sus peces. Y solo eran peces. Había miles como ellos en el mar.

Haru tomó la iniciativa y entró a la casa de la familia Tachibana, despacio se quitó los zapatos y después de murmurar un saludo que el padre de Makoto respondió desde la cocina, fue al patio. Ren apresurándose a recoger la pecera, caminó tras él. Haru y los niños se detuvieron en el corredor del patio, a la espera de que Makoto cavara el hueco.

Con una pala de jardinería, Makoto hizo un nuevo agujero y Ren depositó el agua con pedacitos de pez. Makoto se sintió mal por haber obligado a sus hermanos menores a recoger los desperdicios que el gato no se había podido comer.

Perdón—murmuraron los dos niños cuando Makoto se sentó al lado de Haru.

Ustedes no tuvieron la culpa—dijo Haru. Makoto pasó la mano cariñosamente por la cabeza de Ren.

—Esa flor es bonita—murmuró Ran, mirando el jarroncito al final del patio. Aun cuando Makoto no estaba en casa, su madre siempre buscaba una flor para el jarrón.

Los gemelos se ofrecieron a desempacar la mochila de Makoto, y Haru comentó que lo justo era que Makoto le ayudara a desempacar la de él. Makoto juntó un poco las cejas, dudoso de las intenciones de Haru de querer que fueran a su casa, pero cuando su madre apareció con un par de tupperware con sobras de la cena para Haru, a Makoto no le quedó de otra más que subir las escaleras hacia la casa de su vecino para acompañarlo en la cena y ayudarle con la maleta.

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—¿Qué piensas cuando entierras a un pez? —preguntó Haru al abrir la puerta de su casa.

—En realidad, nada—quería mentirle, de verdad, pero era difícil: "Tuvieron una vida tan corta, así sin más"—. A veces pienso que quizá querían nadar un poco más.

Haru asintió. Probablemente, ese sería su último pensamiento antes de morir, y si bien, él consideraba a los peces como su principal fuente de alimentación, de repente, se sintió conectado con ellos. Ridículamente conectado con un pez. Haru era como un pez… y Makoto se había dado cuenta de eso hacía mucho tiempo. Pero…

Pero Makoto estaba acostumbrado a enterrar peces. A ver como la rabia de un gato los sacaba del agua, de su zona de confort, y los despedazaba.

Makoto miró de reojo a su anfitrión, quien se había quedado quieto, la mano semiextendida hacia el delantal azul, inmerso en sus propios pensamientos. No era usual que Haruka se ensimismara tanto cuando estaba a punto de comer macarela, pero Makoto reconocía que los dos tenían muchas cosas en qué pensar.

Con una sonrisa apenada, dejó a Haru con sus pensamientos y trató de desconcentrarse de los propios: se puso a hacer los preparativos para la cena, y notó algo fuera de lugar.

Había desorden en la pila. Un bento de su hermano, que probablemente le habían llevado antes y no había devuelto, y una macarela que, según recordaba, Haru había dejado descongelando para la cena hacía varios días: el día que regresaron tarde del balneario y Haru se quedó a dormir a su casa.

Con un cucharón largo, tocó el filete de macarela y fue hasta ese momento que notó el olor a putrefacción. Se preguntó cómo no lo había notado antes. Con la ayuda de un guante y del cucharón, arrojó la macarela a la basura y abrió el grifo para lavar el bento. Se sorprendió de ver que no había estofado de cerdo. Haru lo comió todo.

—¿Qué hiciste?

Haruka Nanase lo miraba con los ojos bastante abiertos y lucía, de pronto, atemorizante.

—Solo estoy lavando. Huele fatal—murmuró Makoto. Pero Haru no lo escuchó—. Esto no es normal. Siempre eres muy aseado. ¿Por qué tienes macarela descompuesta?

—¿Qué le hiciste a la macarela? —era una pregunta retórica, Makoto sabía—. Se podía arreglar. Solo debía ponerle algo de limón.

—Haru—Makoto frunció el ceño—. Tenía más de cinco días de estar ahí.

—Entonces, le pondría mayonesa.

—Era comida podrida.

Era macarela, Makoto.

—Haru. No vamos a tener esta conversación—murmuró Makoto, cerró el grifo y se alejó.

—¿Te vas a ir?—inquirió Haru, mirándolo felinamente. Pensando en las muchas conversaciones que nunca tuvieron y que nunca tendrían. ¿Tenía Makoto un sueño al cual perseguir? ¿Se habría sentido atraído alguna vez por una chica? ¿Qué hacía en Tokio? ¿Tenía amigos en el equipo de baloncesto? ¿Se sentía feliz al jugar baloncesto?

Makoto se estremeció.

—No. No me voy a ir.

Haru asintió, y continuó con la preparación de la cena, levemente molesto por la intromisión de Makoto en su cocina y por haber tirado a la basura la macarela, levemente afligido porque Makoto rechazaba todos sus intentos por conocerlo, por tenerlo. Makoto murmuró algo de preparar la mesa, y salió de la cocina.

Haru dejó la espátula y dejó que sus manos cayeran lánguidas. La ausencia de Makoto en la cocina se sentía, estaba acostumbrado a moverse en su cocina con Makoto atrás o al lado. Además, considerando que pasó dos días completos con él y sus otros amigos, ahora que una pared los separaba, le hizo falta. Haru se sintió solo.

El sonido de la macarela friéndose acompañó sus pensamientos sobre lo que hacía falta. Ya no le parecía que fuera algo pequeño e insignificante, que cualquiera podría pasar por alto. Ya no se trataba solo de la forma en que se servía la piña, de que no había un bañador, de que había un balón naranja. No: hacía falta algo crucial.

Haru hacía falta en la vida de Makoto. Eso era.

Hacía años, cuando Haru iba solo al Iwatobi Swim Club supo lo que era la soledad: en el agua donde ni Rin ni Makoto estaban, se sentía la soledad.

En el caso de Makoto ni siquiera había agua.

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—¡Haru-chan! Te prometo que estos días sin Makoto te dejaré saltar a todas las piscinas que quieras—exclamó Nagisa, el último viernes que Makoto estaría en Iwatobi. Haru no logró sonreír. Y Nagisa pestañeó, confundido—. Es una promesa de pingüino.

—Nunca he entendido qué quiere decir eso.

—Rei-chan, para ser una persona tan científica no sabes nada de la lealtad de los pingüinos. Los pingüinos son fieles a su pareja para toda la vida. Así que si digo que es una promesa de pingüino, es una que no romperé.

—Solo el pingüino emperador es fiel a su pareja. Creí que te gustaba el de penacho amarillo. El Rockhopper.

—Me gustan todos los pingüinos—murmuró Nagisa—. Oh, por fin llegó Kisumi.

Kisumi apenas estaba alzando una mano para saludarlos cuando ocurrió algo que ni siquiera los testigos podían creer: Haru lo abrazó. Kisumi tardó media hora en recuperar el habla y el sonrojo en sus mejillas no se fue. Makoto se mostró igual –o peor- de sorprendido. Por lo que Nagisa y Rei llegaron a la conclusión de que se lo soñaron.

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Haruka Nanase extendió su entrenamiento el sábado. Sasabe y algunos trabajadores se quedaron acompañándolo, impresionados por el entrenamiento de un nadador profesional. Tenía muchas cosas en qué pensar, y nadar lo hacía sentirse mejor. Al salir por la escalerilla algunas ideas se aclararon. Era el último fin de semana de Makoto en Iwatobi y de Rei con suficiente tiempo libre para vagabundear con ellos. Y Haru solo quería estar con Makoto.

Dejó aun más impresionados al staff del Iwatobi SC cuando desestimó el viaje en carro que alguien le ofreció y decidió trotar. Al pasar por el puente Mutsuki el viento renovó sus fuerzas.

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—¡Haru!—exclamaron los niños, tironearon hacia delante a Makoto, cuando vieron a Haru sentado en las gradas.

—Me acabo de despedir de Rei—le explicó Makoto, después de saludarlo—. Estuvimos horas en la tienda por departamentos y no logramos conseguir todos los útiles para el próximo semestre. Tendremos que volver...

—¿Estabas esperando a Mako-chan?—interrumpió Ran que al parecer era más intuitiva que su hermano mayor.

Haru asintió.

—Makoto, me quedaré a dormir.

Dos horas después, los cuatro estaban en la habitación de Ren inmersos en un videojuego. Cuando los bostezos de los gemelos se hicieron más frecuentes, empezaron a decir que también querían dormir en la habitación de Makoto.

—No hay suficiente espacio—murmuró Makoto, sin prestarles atención.

—¡Pero te extrañamos mucho!—lloriqueó Ren.

Haru se sintió conmovido. Makoto visitaba constantemente Iwatobi, pero para una familia tan unida como la Tachibana, la ausencia de Makoto debía ser difícil de soportar, en especial para los niños que eran tan cariñosos.

Y, entonces, cayó en cuenta de otro asunto.

Extrañar a Makoto.

Haru extrañaba a su abuela, a sus padres. La primera vez que fue a Australia, extrañó a Makoto… y pensar en volver a sentir esa angustia lo advirtió del peligro.

En esos cuatro años, en Australia, él nunca había extrañado a Makoto. Solía pensar en él, pero no le hacía falta. Porque tenía la extraña idea de que estaban construyendo las bases de sus sueños y que esas bases llegarían a unirse en el futuro.

Pero qué equivocado estaba. ¿Cómo pudo pensar que sus pensamientos tenían algo de lógica? Simplemente, no se había atrevido a admitir que extrañar a Makoto, era admitir que lo perdía.

—También te extraño—confesó Haru.

Aw—los niños dijeron al unísono, y abrazaron a Makoto con fuerza, mientras murmuraban que todos lo extrañaban y que querían que se hiciera súper inteligente pronto.

Al final, los niños ganaron: Makoto se quedó con ellos, hasta que se quedaran completamente dormidos, en la cama de Ren, mientras Haru fue a la habitación de Makoto a preparar el futón.

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Makoto entró sigiloso a su habitación, y trastabilló sobresaltado, cuando descubrió que Haru estaba despierto. Con ayuda de la linterna del celular de Makoto, leía algún libro que Makoto aun no había empacado. La entrada fue tan incómoda que Haru supo que Makoto esperaba encontrarlo dormido.

Yo…—murmuró Makoto. Fue obvio que trataba de idear una excusa que lo sacara de su propia habitación—, tomaré un baño. El día estuvo muy movido. Rei… Bueno, Rei busca que todo sea hermoso, y con Ran y Ren revoloteando… fue cansado. Además… es usual tomar un baño por las noches, ¿sabes?

Haru solo asintió y continuó con su lectura.

No era capaz de distinguir si había alguna línea en su relación, si él la había cruzado o qué tan lejos estaba. Sabía que había líneas, muchas que nunca habían cruzado, y que cada uno se encargó de remarcar en algún momento.

Por ejemplo, estaba la línea de ser vecinos, que Haru imaginaba más como unas escaleras. Estaba la línea que los separaba de ser hermanos: Haru era hijo único, Makoto era hermano mayor. Estaba la línea que los separaba de ser rivales: no había nada en lo que pudieran competir. Y Haru, ahora, suponía que existía una línea que los separaba de ser amantes, una línea que él imaginaba más como una cabezonada de Makoto de querer decirle que no.

Porque, quizá, Makoto se había acostumbrado a estar sin Haru.

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Makoto brincó asustado, cuando sintió algo que tocaba su pierna. Hizo tanto aspaviento que el agua de la tina se desbordó y abrió los ojos de pronto, asustado. . Sin embargo, al percatarse de qué fue realmente lo que lo tocó, se quedó paralizado. Muerto de miedo.

Haru lo observó, con el ceño levemente fruncido, y con una pierna ya dentro de la tina. Como Makoto solo lo miraba con la boca abierta, Haru plantó mejor el pie en la losa de la tina y se movió para meter la otra pierna. Suavemente, en un movimiento que le nacía tan natural, como respirar, se sentó en la bañera.

El cuarto de baño en casa de Makoto era grande. También la tina, porque tanto Makoto como su padre eran muy grandes.

Sin embargo, la bañera no era lo suficientemente grande para que Makoto, que ya de por sí abarcaba mucho espacio, la compartiera con Haru.

Makoto se enderezó, para poner más espacio entre ellos, sus rodillas se asomaron fuera del agua, y para mal del corazón de Makoto, Haru aprovechó que había más espacio para acomodarse mejor. Makoto apretó las manos en el borde y trató de pegar la espalda a la pared de la bañera, provocando que el charco en el suelo se hiciera más grande.

Makoto—lo llamó Haru. El alma de Makoto temblaba en sus ojos—. Deja de moverte.

Por supuesto, se movió: más atolondrado que otra cosa, porque necesitaba alejar sus piernas de las de Haru. Entonces, Haru le puso la mano en el empeine del pie, cubriéndolo, y todo movimiento y pensamiento coherente en Makoto se detuvieron.

Haru apretó un poco y acercó el pie, extendiéndolo, después se inclinó hacia delante y dejó que su mano subiera por la pierna de Makoto, quien abrió la boca, pero no pudo decir nada. Entonces, Haru continuó deslizando su mano, despacio, conociendo, buscando algo, se detuvo a medio muslo.

Makoto tenía los ojos entrecerrados, fijos en el cuello y hombros de Haru, incapaz de sostenerle la mirada, incapaz de dejar de observar el brazo extendido hacia él, que se perdía en la oscuridad del agua, en la sombra de sus cuerpos bajo el agua.

—No llevas tu traje de baño—apuntó Haru con seriedad, porque a diferencia del resto de personas, Haru siempre llevaba su traje de baño, y era un asunto importante para él. Quiso asegurarse, extendió un poco más la mano, abarcando más espacio, y después se alejó despacio, dejando que el dedo anular alargara el roce como una caricia.

—P… podemos ir al centro comercial… a comprar uno—dijo Makoto. Ahora que los pezones de Haru se asomaban fuera del agua, decidió observar sus propias rodillas.

—Sí—aceptó Haru, deslizó sus piernas hasta adquirir una posición más relajada, una en la que sus piernas se tocaban, una en la que el pie izquierdo de Haru se acomodó debajo del muslo trasero de Makoto, con los dedos bajo la nalga.

En algún momento, Makoto se atrevió a mirar a Haru, que tenía la cabeza apoyada en la pared, los ojos cerrados, la respiración acompasada. Extendió un poco el brazo para revisar su reloj y corroboró que era muy tarde. Muy tarde para que los dos estuvieran juntos en la bañera, también.

"Traes bañador, deberías salir primero" fue la frase que Makoto ideó, con diferentes variantes, para romper el silencio. Sin embargo, no pudo hablar. Además, sabía que Haru nunca sería el primero en salir.

Estaba tan quieto que, quizá, se quedó dormido. Makoto tomó una bocanada de aire y se movió despacio. Apenas se puso de pie, Haru abrió los ojos, y él le dio la espalda.

Concentrado en el temblor de sus piernas, para no concentrarse en la persistente mirada que sentía en su espalda, se puso la ropa de dormir, y después buscó la de Haru. El desconsiderado de Haruka –al que no le importaba desvestirse en la casa en la que vivían dos niños y un matrimonio de lo más normal- había dejado su ropa tirada por ahí, y Makoto debió recogerla.

Haru-chan, es hora de salir—le dijo, extendiéndole la mano. Al estrechar la mano fría y delgada de Haru, se dio cuenta de lo que había hecho. Simplemente, no podía evitarlo.

Makoto no tuvo tiempo de girarse o de dar si quiera un paso hacia atrás cuando Haru deslizó su pantaloneta y extendió una mano hacia Makoto. Makoto le tendió la toalla, que Haru colocó en sus hombros. Makoto le tendió el bóxer, y Haru se lo puso, sin importarle que se mojara. La camisa que Makoto le pasó, Haru la lanzó a la cesta de ropa, y sus manos sujetaron el borde de la camisa que llevaba Makoto.

Makoto dócilmente levantó los brazos para que Haru le pudiera quitar la camisa. Y por el breve instante que los dos estuvieron con el pecho descubierto se miraron, por fin, a los ojos. Después, Haru se puso la camisa de Makoto.

—Puedo resistirlo—murmuró Makoto—. Igual, ya lo he hecho.

Haru lanzó la toalla a la cesta y salió del baño. Le molestó que Makoto usara la misma expresión que él había usado para decir que lo había estado esperando. Solo que, probablemente, la espera de Haru no implicó ningún esfuerzo, y Makoto sí debió poner mucho empeño para resistir la tentación de la constante desnudez de Haru.

Con un manotazo, Haru apagó la luz de la habitación de Makoto y se metió entre las sábanas del futón. Treinta segundos después, Makoto entró a la habitación y encendió la luz para buscar una camisa –debió abrir una maleta-. Apagó la luz, con el celular alumbró el camino y saltó a su cama.

Haru se removió bajo las sábanas, incómodo por la dureza de su miembro. En vez de pavonearse desnudo y duro en frente de Makoto debió haberse quedado en la ducha atendiéndose. Makoto también giró incómodo en su cama. Si Haru se hubiera quedado en el baño, Makoto habría podido atender su propia erección en la habitación, y ninguno de los dos estaría lidiando con ellas.

O Makoto hubiera podido dejar de rechazar todos los avances de Haru y quizá los dos hubieran podido irse juntos a la cama, con erecciones no incómodas. Haru decidió cerrar los ojos y pensar en agua fría.

Recordó la única vez que Rin le insistió en que se metiera a la ducha y no saliera nunca. En aquella ocasión, Rin lo encontró con una erección, y casi lo había arrastrado hasta la ducha, mientras le gritaba que nunca más volviera a cocinar si estaba "aroused", había dicho para que Nitori, que estaba de visita, no entendiera. Ese día Nitori había confundido el azúcar con la sal… y Haru terminó pensando en Makoto más de lo que debía.

Haru suspiró: si bien, no extrañó a Makoto en esos cuatro años lejos; sí pensaba en él, constantemente.

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El día de compras en el centro comercial terminó con Haru, Makoto y Rei tomando té y comiendo onigiris en la habitación del último. Un torpe dependiente echó en la misma bolsa los tubos de ensayo de Makoto y de Rei, así que estaban muy ocupados determinando cuáles eran los hermosos y cuáles los prácticos.

Haru se entretenía leyendo un libro.

—Lo compré después del campamento, quería comprender un poco más a Makoto—le explicó Rei, en voz baja, cuando se percató del título: "Talasofobia", simplemente, pero la primera página explicaba que se trataba del miedo al mar.

—¿Y lograste comprenderlo?—preguntó Haru.

Rei se acomodó las gafas. Makoto desde el otro extremo de la mesa, alzó los ojos hacia él, casi tan expectante como Haru.

—Siempre he admirado la valentía de Makoto-sempai. No dudó en lanzarse al mar, para rescatarme, a pesar de su miedo. Además, fue muy valiente cuando nos contó. Sin embargo, encuentro muy interesante que Makoto le tema al agua, y a Haruka le guste tanto. Por lo que me han contado y por lo que he podido ver —Rei se llevó una mano a la barbilla—, Makoto-sempai fue la primera persona que notó la atracción de Haru hacia el agua. Pienso—señaló el libro que estaba aun entre las manos de Haru—, que esa sensibilidad de Makoto hacia lo que le gusta a Haru le permitió resistir su miedo al mar. A su lado, no sentía miedo.

Haru dejó pasar libremente las hojas del libro, y sus ojos se posaron en un párrafo cualquiera:

"La angustia interna causada por la imposibilidad de resolver un conflicto o de aceptar un aspecto propio, se proyecta en el exterior, de una forma que resulte más fácil de asimilar y no sea tan amenazante. La persona trata de controlar su angustia y la refleja en una situación específica, que la detona, porque esa angustia debe salir, y el miedo a algo tan específico como el mar (a pesar de su extensión) puede ser una forma más segura de manifestar la angustia".

Sin embargo, la estrategia de defensa de Makoto-sempai me parece muy ingenua—agregó Rei. Quizá las conversaciones sobre temas científicos que había tenido con Makoto, o la franqueza de Haru, lo hicieron hablar con tanta soltura—. El miedo de Makoto también incluye el miedo a las criaturas que pueden haber sumergidas en el mar. Es el miedo a lo desconocido, después de todo. Sin embargo, me sorprende que Makoto siendo una persona tan madura y racional—parecía que Rei había olvidado las confusiones de Makoto sobre Pangea—, se tranquilice al mirar el cielo cuando nada. Si hay una criatura en el agua, que es lo que realmente teme, en realidad, no importa si la puede ver o no. Si hay algo, acechando, lo acechará, de cualquier forma. El miedo al mar me parece comprensible y plausible: yo mismo he sentido miedo; sin embargo, es totalmente irracional pensar que solo porque está acompañado por alguien que sabe nadar y que solo porque está viendo el cielo al nadar, estará a salvo. Es una estrategia defensiva bastante imaginaria.

El mar nos puede arrebatar algo—dijo Haru.

Makoto fue la primera persona que notó el interés de Haru hacia el agua. Eso era cierto. Quizá la primera persona que entendió lo mucho que le gustaba nadar y que hizo el mayor esfuerzo, aun por encima de sus propios deseos, para lograr que Haru estuviera cerca del agua.

Por eso, Haru solo sintió miseria en el pecho por tardar tanto en descubrir el miedo de Makoto al mar. Él que se jactaba de conocer al agua, de aceptar su presencia, de ser aceptado por el agua, no pudo darse cuenta antes de que Makoto le temía al agua.

Rei asintió. Quiso agregar que dar también. Pero Makoto habló:

Yo no pertenezco al mar. Es solo eso. Pertenezco a la tierra.

Rei quiso apuntillar que nadie pertenecía al mar, quizá solo Haruka. Pero, entonces, recordó que Makoto había dicho que cuando el anciano pescador murió, en vez de sentir tristeza, sintió miedo. Makoto recordó cuando Haru cayó al río y pensó que lo perdería, como el miedo se apoderaba de él. Haru recordó cuando encontró a Makoto en la costa, con las olas casi alcanzándolo.

'—Te estaba buscando—le había dicho, casi sin aire, dado la carrera que había hecho para alcanzarlo.

—Me encontraste inesperadamente rápido—Con la expresión vacía, Makoto le había sonreído.

Y Haruka había pensado si acaso Makoto pretendía jugar escondido con él. Quería pensar que sí. Quería pensar que estaban en esa situación por algo tan ridículo como un juego.

—¿Qué estabas haciendo? —había dicho, aun sin suficiente aire para hablar claro.

—Pensaba ir a un lugar donde Haru no está.

Haru recordaba que su corazón se saltó un latido.

¿A dónde trataba de ir? ¿Qué estaba tratando de hacer? ¿Qué habría pasado si él hubiera sido un poco más lento en llegar?

—¿Por qué? —había sido único que le pudo preguntar.

Makoto había alzado las cejas, y había mostrado una sonrisa solitaria. Todo ese tiempo, Makoto había estado luchando. Todo ese tiempo, Makoto estaba sufriendo. De una forma que los pensamientos de Haru no eran capaces de comprender.

—¿Podrá estar Haru bien aunque yo no esté?

Él no podía seguir mintiendo, ni a sí mismo ni a Haru.

—No te habría buscado si estuviera bien.'

...

See you next water time!


Gracias por leer.

Les agradezco mucho su lectura y compañía. También mil gracias por sus reviews. Me hace feliz que la historia les guste y sus opiniones son muy importantes para mí (y todo sea para el bien de la historia).

Hice una traducción -un poquito libre- de la escena de High Speed que me rompe el corazón y que es la columna de este fic. Así que créditos a la autora de High Speed. Es una genio.

El próximo capítulo: No tiene sentido si tú no estás, vendrá muy pronto. Tengo la sensación de que si me entero de algún spoiler de la película de Starting Days, perderé la inspiración para este fic. Además, no puedo sacarme de la cabeza una idea de verlos como miembros de una tripulación de una aeronave de piratas. Que Haru diga que quiere volar libre. Que Rin quiera mostrarle lugares increíbles. Que Makoto sea la conexión con casa, con la tierra. Que sean piratas steampunk. En fin: creo que vine para quedarme (¿?).

Espero puedan contarme qué les pareció este capítulo. Un poco la idea es que Makoto se dé su lugar, Makoto le entregó todo a Haru, hace muchos años, y Haru no le prestó atención. ¿Por qué ahora es diferente? Bueno, algo así veremos en el próximo y último. Gracias por acompañarme.


Nos leemos

¡Gracias por leer!

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