Free! Iwatobi Swim Club no me pertenece.
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¿Tienes miedo?
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Resumen:
Después de un par de años sin verse, Haru regresa a Iwatobi, donde se encontrará con aquel que llamó mejor amigo… Sin embargo, descubrirá que el miedo tuvo más fuerza que la posibilidad de una escena que nunca había visto.
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¿Tienes miedo?
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"—¿No piensas que nosotros somos como agua?
Dijo Makoto mientras seguía con la vista el vuelo de las golondrinas.
—Sin ninguna forma definida, el agua puede cambiar a la forma que quiera. Cuando el viento sopla, las olas se perturban y salpican. Pero mientras cada parte se mezcla y se enfrenta, el agua puede crear una sola forma".
High Speed 2. Capítulo 10 Feel
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Duodécimo Capítulo:
Un lugar donde él no esté
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El movimiento mañanero los despertó. Los gemelos no tardaron en informales de los planes para visitar el Templo, tradición de los Tachibana para despedir a Makoto.
—¿Haru, también vendrás?—preguntó Ren. Haru miró a Makoto que todavía no estaba del todo despierto.
—Por supuesto que nos acompañará—dijo Ran—. Rezaremos para que Makoto tenga un buen año y para que ya no le tenga miedo a estar solo.
Makoto levantó levemente la cabeza y les pidió que salieran de la habitación para que pudieran alistarse. Sin embargo, los niños no se movieron.
—Todo sería más rápido, si Ren y yo pudiéramos bañarnos juntos, como mi hermano y Haru.
—¿¡Ran!? ¡Haru… y yo! ¡No nos bañamos juntos! —exclamó Makoto, alarmado, incorporándose por completo.
Ran lo miró sin creerle. Ren también. Y Haru. Después, desentendida, la niña se alzó de hombros.
—¿Y por qué entran juntos al baño?—preguntó aunque no esperó ninguna respuesta—. Desde que estoy en el equipo de natación de niñas y Ren en el de niños, no nos dejan estar en el mismo vestidor. ¿Por qué nos separan en el club?
Makoto tardó unos segundos. Por un momento, deseó darse media vuelta y taparse con la sábana: así no tendría que lidiar ni con sus hermanos ni con Haru.
—Eso es porque los niños y las niñas…
—Ya sabemos eso—interrumpió Ren—. Pero nosotros pensábamos que podríamos seguir juntos todo el tiempo.
—Mako-chan y Haru-chan se pueden bañar juntos si quisieran ahorrar tiempo.
—Podemos desayunar de camino si tantas ganas tienen…—murmuró Makoto, acostumbrado a ofrecer soluciones alternativas a los problemas que no quería enfrentar.
—¡Oi! —se quejaron los dos niños, saltaron sobre Haru y lo zarandearon—. Makoto quiere que nos perdamos la macarela. Mamá está preparando macarela para el desayuno.
—No seas tonto, Makoto. No podemos apresurar el desayuno.
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Después de negociar con sus hermanos, y de llevárselos a caballito, Makoto logró sacarlos de la habitación, con el fin de permitir que Haru se alistara. Sin embargo, se percató de que Haru se había quedado con su celular desde la noche anterior y él tenía algunos pendientes que chequear con sus compañeros de universidad. Así que después de calcular el tiempo que usualmente Haru tardaba en alistarse, tocó a la puerta de su propia habitación.
Escuchó un adelante y entró.
—¡Haru!—exclamó al ver que Haru tenía solo el bañador puesto—. No me digas que entre, si no te has puesto ropa.
—No tengo ropa—murmuró Haru.
En una esquina de la cama, estaba la ropa que había usado el día anterior, así como la camisa de Makoto que usó para dormir, debidamente dobladas.
Makoto suspiró, e hizo un rápido chequeo mental para saber cuál maleta abrir. Le tendió una camisa azul a Haru, pero Haru lo ignoró, y sus manos fueron al borde de la camisa de pijama de Makoto. Makoto trató de ignorar, también, la mirada lacerante de Haru.
Está de más decir que Makoto solo pudo alzar los brazos, ni siquiera fue capaz de decirle que esa no era una camisa de uso diario y que si se la ponía, llamaría la atención de su madre. A Haru nada de eso le importaba, así que jaló la camisa hasta quitársela.
Makoto miró de reojo la puerta, que por suerte se había cerrado; no le hacía mucha gracia estar en su habitación sin camisa y con Haru en vestido de baño. Nervioso, trató de cubrirse el pecho, cruzando los brazos por delante. Sonaba ridículo, pero no quería que Haru le viera los pezones.
Haru, sin pizca de sentirse atormentado, acomodó la camisa para poder ponérsela.
—Makoto, no tengo pantalones—resaltó Haru, con seriedad, después de acomodarse un poco la camisa, pues el cuello era ancho.
Makoto no tardó ni medio segundo en comprender la implicación.
—Haru. No. No te puedo dar mis panta…—no pudo continuar porque se dio cuenta de que tenía las mejillas rojas y se sintió avergonzado—. ¡Haru!—gimió, azorado. Pero ya era tarde. Las hábiles manos de Haru ya estaban sobre él: con una gran facilidad le bajó el pantalón. Los bóxer naranja quedaron a la vista—. No te van a quedar. Soy más ancho. Más alto. ¡Haru!
Dos minutos después, Makoto estaba sentado en una esquina de su cama, vestido solo con los bóxers y las medias, sus manos sobre sus rodillas, mientras veía a Haru probarse su pantalón.
—Te lo dije—gruñó Makoto, cuando los pantalones se deslizaron fácilmente hacia abajo por las piernas de Haru. Haru dejó en el suelo los pantalones y rebuscó en una maleta hasta conseguir otros que parecían más ajustados—. ¿Por qué te estás probando mi ropa?
—No tengo ropa para hoy.
—Estás usando el mismo bañador.
—Es diferente.
—¿Cómo?
—Su ajuste…
Makoto gimió.
—Justamente por eso deberías usar tu pantalón. Los míos no te ajustan. Son más grandes.
—Eso es justo lo que necesito—murmuró Haru.
Y Makoto estuvo a punto de voltear los ojos, pero notó un bulto en la entrepierna de Haru.
Se levantó de golpe, seguramente por el repentino aumento de temperatura en su cuerpo, y caminó hacia la puerta. Necesitaba huir.
—Makoto—lo llamó Haru—. ¿Saldrás en ropa interior?
Makoto gimió, su mano quitándose del pomo.
—Me vas a volver loco, Haru.
Haru lo ignoró y le tendió unos pantalones y una camisa. A Makoto lo único que se le ocurrió pensar fue que el atuendo elegido combinaba bastante bien.
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Makoto quería salir de su habitación, ya que Haru colocándole la faja hacía que la atmósfera se volviera pesada, inaguantable. Sin embargo, la atmósfera de la casa no estaba especialmente liviana. Como era usual, cada vez que se acercaba una despedida de Makoto, los gemelos estaban más susceptibles e irritables.
Esta vez, la pelea era tan grande que la señora Tachibana debió dejar la cocina para tratar de controlar la situación.
Las mejillas de Makoto continuaron rojas cuando se dio cuenta de que la pelea era por un tema de ropa.
—Quiero ponerme la ropa de Ran/Ren—decían los niños—. Haru-chan usa la ropa de Mako-chan. ¡Quiero vestirme con el traje de policía de Ran/Ren!
—Tienen el mismo traje—suspiró la mujer—. Makoto, trae el disfraz de policía de Ren. Ah, Haru—lo miró con el ceño fruncido, para después agregar—, lo siento, ¿podrías encargarte del desayuno?
Los dos muchachos acataron órdenes y cinco minutos después, Makoto y su padre ponían la mesa, mientras los niños jugaban a policías, con los trajes intercambiados, y Haru y la señora Tachibana se encargaban del desayuno.
—Haru—murmuró la mujer, mientras alistaba las salsas para el pescado—. Creo que nunca te he dado las gracias por ser amigo de Makoto—le sonrió, y un segundo después soltó una suave risa—. No sé qué hubiéramos hecho sin ti—Haru no dijo nada, pero sus mejillas enrojecieron levemente—. Makoto puede llegar a ser…—¿un desastre?, ¿complicado?, ¿irresponsable?, ¿miedoso?, ¿entrometido? Haru no supo por qué imaginó que la señora Tachibana diría alguna de esas palabras—. Un poco dramático—fue lo que finalmente dijo—. Pero sé que has sido una constante en su vida y que gracias a ti se ha mantenido fuerte, y hasta ha podido enfrentar sus miedos.
La macarela estaba casi al punto.
—No hemos sido los mejores padres—continuó la señora Tachibana—. Desde que nacieron los gemelos, hemos cargado muchas responsabilidades en Makoto que no le correspondían. Por eso, también te agradezco que seas una especie de…—lo pensó por un momento—, oasis para él. Makoto realmente disfruta pasar tiempo contigo. Lejos de todo este…—los ojos de ambos se dirigieron al comedor, dado que la mesa ya estaba lista, el juego de policías de los gemelos ahora incluía un par de gigantescos ladrones.
—Gracias, señora Tachibana. Aprecio mucho sus palabras—murmuró Haru, con una sonrisa en el rostro. La mujer sonrió, más calmada.
Haru sabía el significado de aquella charla: era la conversación de una madre que sabía que su hijo había encontrado al amor de su vida y que pronto dejaría el nido.
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Hicieron con agradable calma el camino al templo. Aprovechando las esquinas y los escalones especialmente empinados, Haru dejaba que su cuerpo se balanceara hasta que su mano chocara con la de Makoto. Apenas los niños se alejaron corriendo, pues ya estaban cerca, Makoto cedió y movió la mano, cubriendo la de Haru…
—¡Nanase-san!—exclamó Hayato Shigino, cuando los vio. Su voz sonaba emocionada, y veía a Haru con admiración. Haru debió alzar la mano para saludarlo. Un segundo después, Makoto y Haruka estaban separados por Kisumi.
Mientras esperaban a los padres de Makoto, Haru descubrió que Makoto y Kisumi –a pesar de que Kisumi vivía lejos-, tenían la costumbre de regresar juntos a Tokio, así que se reunían en el Templo para pedir por un buen año antes de marcharse. Y los gemelos adoraban a Hayato, el cual era una bonita combinación de la apariencia de Kisumi y el carácter de Makoto. Haru frunció el ceño ante la revelación, en especial, cuando notó que Makoto y su familia se habían alejado y él se quedó solo con Kisumi.
Haru estaba listo para colocarse al lado de cualquiera de los miembros de la familia Tachibana, en especial si interrumpir el momento familiar lo salvaba de evitar a Kisumi; sin embargo, Kisumi no lo dejó alejarse, a pesar de que notó la intención de Haru de reunirse con Makoto.
—Fue muy noble lo que hiciste—dijo Kisumi, casi despistadamente, pero con la sagacidad en los ojos—. Tomaste la decisión correcta… Es mejor así—el rostro de Haru no mostró la confusión, en parte porque le importaba poco lo que Kisumi dijera. Kisumi relajó un poco su semblante, hasta formar una sonrisa melancólica—. Makoto no puede olvidarte. Créeme. He intentado liarlo con otros, pero no ha funcionado. En fin, no tienes por qué preocuparte. Nadie puede estar enamorado de alguien toda su vida y ya los dos tienen vidas separadas—Haru miró a Kisumi, casi horrorizado. Kisumi ajeno a los pensamientos de Haru, lo miró directo a los ojos y le sonrió, cálido—. Eres muy afortunado. Estás rodeado de personas que te aprecian.
Haru, por un instante, sintió culpa. Por no corresponder la amistad de Kisumi con tanta fidelidad y lealtad. Sin embargo, la frase sobre la decisión correcta, estar enamorado de alguien toda su vida, las vidas separadas…
—¿Cuál decisión?
Kisumi sonrió, levemente, casi con timidez.
—La de rechazarlo e irte con Rin a Australia. Fue muy noble hacerlo antes de entrar a la universidad, de esa forma el cambio de ambiente lo ayudaría a superarlo, ¿cierto?
—¿Rechazarlo?
Kisumi frunció el ceño.
—Makoto me contó que en su último año de colegio discutieron.
—¿Qué dijo él?
—Cuéntame tu versión, y te diré—exclamó, alegre, Kisumi. Le agradaba tener una conversación con Haru, a quien siempre había considerado un buen amigo. También el bienestar de Makoto le importaba y sabía el peso de Haru en la vida de Makoto.
—Tenía dificultades para decidir qué hacer con mi vida. No quería pensar en mi futuro. Makoto insistió en el tema, y le dije que era un entrometido. Al final, me dijo que se iría a estudiar a Tokio, y lo dejé hablando solo.
Kisumi alzó sus cejas. Haru fue monótono y directo, pero le pareció notar cierto destello de tristeza en sus ojos. Haru no mencionó que, en ese momento, se dio cuenta de que realmente él no conocía Makoto, y que eso lo asustó.
—Creí que fue diferente—murmuró Kisumi—. Cuando Makoto me contó la historia, creí que el tema de tomar una decisión sobre tu futuro se refería a si querías estar con Rin o con él. Elegir románticamente. Que por fin los dos tuvieron el valor de confesar sus sentimientos.
Haru no dijo nada.
Kisumi suspiró. Quiso decirle que Rin era un gran tipo, que valía la pena; pero pensó que era innecesario mencionar las cualidades de Rin. Haru debía conocerlas de sobra.
—Sé que todavía te preocupas por Makoto—murmuró Kisumi, después de un breve silencio—. Pero estuvo bien. Tomaste la decisión correcta—repitió—. Él tiene que hacer su propio camino, ¿no? A veces da la impresión de que hace las cosas solo para satisfacer a los demás, así que está bien obligarlo a forjar su propio camino… y no darle falsas esperanzas.
Haru cerró los ojos: solo para concentrarse en ciertos eventos de su pasado. Cuando, supuestamente, decidió quedarse con Rin y dejar a Makoto.
Tanto Rin como Haru habían recibido una beca para una temporada en el Instituto Australiano del Deporte. Rin ya había aceptado y trataba de convencer a Haru.
—Por supuesto que en Tokio hay posibilidades—solía decir Rin, cada tarde, mirando a Makoto, como si ya Haru hubiera decidido ir a Tokio y él debiera poner todo su empeño para defender a Australia—. Pero el Instituto Australiano del Deporte es sorprendente. Las piscinas poseen cámaras para capturar cada movimiento desde todos los ángulos. No se te escapará ningún detalle de tu técnica. Además, hay sensores en la salida y en las paredes para medir la fuerza y calcular los tiempos en los relevos. Pero, sin duda, lo mejor es el cuarto de Simulación de Altitud…
Y los beneficios de estudiar en Australia se multiplicaban. Precios más cómodos, una sociedad menos restrictiva, chicas bonitas, piscinas olímpicas, la oportunidad de descubrir vistas nuevas… y Rin.
—Además, te da un poco más de prestigio: la experiencia internacional, el roce con otros atletas y culturas, la posibilidad de ser conocido en el extranjero. La selección nacional de Japón tomará en cuenta esos detalles; y estoy seguro de que nos prestará más atención que a otros nadadores que decidieron quedarse aquí. Es importante demostrar adaptabilidad a diferentes escenarios, en especial cuando se compite profesionalmente.
Haru aceptó la beca en Australia hasta el último día de plazo. El representante no estuvo muy contento con la espera, pero Rin intercedió por él. Al final, fue Makoto quien hizo a Haru tomar la decisión.
Antes de que Haru enviara su confirmación, Rin se había aparecido en su casa, para hacer la rendición ante Makoto; pues él mismo había inventado una competencia cuyo ganador sería quien convenciera a Haru de decidir si entrenar en Japón o en Australia.
Makoto, en un primer momento, se preocupó de saber que Haru no había tomado aun la decisión. Rin murmuró algo de que le molestaba perder contra la jodida telepatía que había entre ellos, porque él de verdad se había esforzado para convencer a Haru de ir a Australia. También dijo que tenía curiosidad de saber cuál era el método de Makoto para controlar a Haru. —¡No dijiste ni una palabra, Makoto!
Haru murmuró que realmente Makoto no había hecho nada. Lo cual era cierto. Makoto no investigó nada sobre los complejos deportivos en Tokio, ni siquiera se fijó en lo que decían las cartas de invitación de universidades en Tokio que Haru recibió.
Rin se resintió por haber perdido contra alguien que ni siquiera se esforzó. Makoto, atribulado, trató de esforzarse para ofrecerle competencia a Rin, pero al final solo pudo mirar a los ojos a Haru y decirle que se esforzara por perseguir su sueño.
Y los tres sabían que el sueño de Haru nadaba al lado del sueño de Rin.
—Creo que lo ha asimilado—se dio cuenta Haru de que Kisumi siguió hablando, lo miró sin comprender. Kisumi soltó una risita y repitió—. Que no siempre estarán juntos—inevitablemente, la mirada de ambos se dirigió al horizonte, lejano—. Una vez pensé que perdería a mi hermano y que por mi culpa estaría condenado a vivir con miedo. Por eso me alegra que Makoto haya estado al lado de Hayato, como tú estuviste al lado de Makoto—la sonrisa que Kisumi le dirigió, hizo que Haru enrojeciera. Los dos desviaron las miradas, de nuevo—. Aunque no correspondas los sentimientos de Makoto, siempre has sido una persona muy importante para él—murmuró Kisumi, con el objetivo de remarcar esa idea.
Haru agradeció que el regreso de la familia Tachibana lo salvara de dar una respuesta. Los gemelos y Hayato les ofrecieron bolas de arroz, y Haru no se sintió mejor, cuando, descuidadamente, bajo la mesa, el muslo de Makoto se pegó al suyo.
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Al atardecer, decidieron bajar a la playa para encontrarse con Rei y Nagisa. Nagisa saltó sobre Kisumi apenas lo vio, y se quejó de las quejas de Rei, quien estaba estresado porque aun no terminaba de empacar.
—Iremos a visitarlos a Tokio, Mako-chan, Kiss-kiss. No importa que Rei-chan tenga exámenes—les aseguró Nagisa—. Así que preparen sus futones.
—Claro, pero no hay mucho espacio.
—Podemos dormir todos juntos. Y después probaremos la deliciosa comida de Makoto—planeó Nagisa. Kisumi soltó una risotada. Al fondo, Rei se quejaba de que no tenía suficiente tiempo para ir hasta Tokio.
—Usualmente, es sopa congelada—murmuró Makoto. Kisumi rio más—. Pero podemos visitar un Cat café. Conozco un par que son fantásticos, puedes acariciar hasta tres o cuatro gatos a la ve…
—O podemos ir a un bar gay, Mako-chan—exclamó emocionado Nagisa.
—¡Nagisa!—chilló apenado Rei, que de pronto se puso tan rojo como Makoto, que tan solo se quedó paralizado en su mímica de acariciar gatitos.
En términos generales, la conversación fluyó tranquilamente. Nagisa interrogó a todos para determinar la mejor fecha para visitar Tokio. Sería antes de que Haru tuviera que regresar a Australia, lo cual les daba apenas un par de semanas.
—También podemos ir a Australia. ¿Puedes recibirnos en tu casa, Haru-chan?
Haru frunció el ceño.
—El apartamento es de Rin.
—Creí que tenías un lugar propio—murmuró Nagisa, materializó en voz alta el pensamiento de los otros: ninguno sabía exactamente cómo vivía Haru en Australia—. ¿Así que Rin compró un apartamento? ¿Y vives con él? —Haru asintió a las dos preguntas—. ¿Te cobra alquiler?
Haru pestañeó.
—No.
—Oh, ¿cómo te ganas el techo, Haruka-kun? —exclamó Nagisa, alzando las cejas y con las manos hizo un gesto obsceno, que sus compañeros de fábrica hacían cuando se emborrachaban y que él aprovechaba cualquier ocasión para remedarlo delante de Rei.
—¡Nagisa!—chilló Rei apenado.
—Me encargo de la comida, las compras… y la casa—explicó Haru sin inmutarse.
—¡Wow! Es como un matrimonio. ¿Le preparas el desayuno, el almuerzo y la cena a Rin?—Haru asintió—. ¿Macarela?
Haru miró a Nagisa directamente, sus labios casi temblando. Negó con la cabeza, y todos soltaron una carcajada.
—Rin dice que la macarela es aburrida.
Rei se tomó la molestia –para disfrute de Haru- de explicar los atributos de la macarela. Un nadador profesional debería apreciar sus beneficios. Cualquier persona debería hacerlo, si le preguntaban a Haruka.
—Aww. Quisiera que Haru-chan cocinara para mí todos los días. Me gusta cuando los demás hacen cosas por mí. En especial, si es con cariño—exclamó Nagisa.
Rei se apuntó.
—A mí también me gustaría, porque la macarela me ayudaría a mejorar mi capacidad energética. Si Haruka-sempai cocinara para mí… sería fabuloso. Estoy seguro de que sería un gran chef, sus platillos realmente hermosos.
—Creo que macarela y un poco de aguacate suena como una comida deliciosa. En especial, si Haruka la prepara—agregó Kisumi—. No me molestaría comer así de vez en cuando.
—¿Mako-chan?
—Sería bueno—murmuró, y como tenía las miradas de todos fijas en él, agregó—. Es cansado y algo triste tener que comer solo. Me gustaría regresar a casa y encontrar a alguien.
Haru sintió una punzada de dolor en el pecho.
Si Makoto no nadaba, no había forma de conectar sus sentimientos. Si lo extrañaba, era porque lo perdía. Si Makoto se sentía solo, era porque Haru lo abandonó.
Pero agradecía descubrir que no vivía con Kisumi.
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Los preparativos del viaje de Makoto y Kisumi a Tokio no mortificaron a Haruka. Tan solo pensó que tenía un par de horas más con él. Y no las desperdiciaría, aunque esas horas transcurrieran en la tienda por departamentos por las compras de última hora.
Haru pasó sus dedos por el nuevo móvil de Makoto. Desde la noche anterior, no se lo había devuelto y Makoto no había hecho ningún intento serio por recuperarlo, a pesar de los varios mensajes que había recibido.
Por los golpes, no era un teléfono nuevo. Sin embargo, para su tacto sí lo era. Con el móvil viejo, Haru sabía cómo fueron causados todos los arañazos. Suponía que para este caso, también estaban causados por caídas y falta de cuidado, sin embargo: no podía imaginar ningún escenario para esos golpes.
No podía imaginar cómo era la vida de Makoto, ahora. No tenía ninguna idea de cómo lucía su cuarto, su universidad, su trabajo, los lugares que frecuentaba. Nada. No sabía nada. Porque en Tokio, donde estaba la vida de Makoto ahora, Haru no estaba.
Ojeó que sus amigos no hubiesen cambiado de posición, seguían por los estantes de cuadernos. Movió el dedo por las listas de reproducción. Mucha música. Muchas canciones las conocía. Las que no, sabía que le gustarían. Por razones desconocidas para él, siempre habían tenido el mismo gusto por la música. Así que lo que llamó su atención fue el ícono de radio: Makoto tenía audios de radio grabados. A los pocos segundos, la voz de Nagisa y su programa resonó en sus oídos.
Era un programa repetido. Aquella vez que estuvieron Rin y Makoto como invitados especiales: la competencia más significativa, y el "tú no cuentas, Haru-chan, porque dirás algo extraño como competir no me importa".
En aquel entonces, estuvo a punto de explicarle a Nagisa que sí le importaba competir, que aceptó su interés por competir cuando viajó a Australia por primera vez. Sin embargo, la voz de Rin aceptando los términos de Nagisa para la entrevista lo interrumpió, y al final no dijo nada. Pero debió decir que a quien no le importaban las competencias era a Makoto.
Mientras escuchaba a Makoto tartamudear sobre su competencia más significativa, se sintió dolido. Al igual que Rin, si Nagisa le hubiese preguntado, habría respondido que Sousuke. Recordaba cuando estaba aun en el Iwatobi Swim Club, tiempo después de que Rin se marchara a Australia, y compitió contra Sousuke. La misma energía, fuego, entusiasmo y deseo que sentía cuando nadaba contra Rin, se despertó en él. Quería ganarle a Sousuke, quería ganarles a todos. Y para eso debía competir.
La que Nagisa consideró la competencia más significativa de Makoto, era la que Haruka consideraría la más dolorosa. Ni siquiera ver a Rin llorar después de que él le ganara cuando estaban en secundaria baja se comparaba. Porque Makoto no fue ninguna competencia para él.
Haruka ahora entendía por qué Makoto quiso competir. Era su última oportunidad de experimentar una situación diferente, de crear un recuerdo, de fortalecer su amistad. Haru siempre le agradecería que Makoto convirtiera ese momento en un buen momento. Haru siempre le agradecería su sonrisa al terminar de nadar. Siempre le agradecería que le evitara el sufrimiento, que a pesar de haber perdido, se preocupara por Haru…
También, ahora era capaz de entender que Makoto y él no podían competir, porque Makoto no sabía nada de competencia.
Cuando estaban en la playa, durante el campamento, Makoto le había dicho que él no pudo transmitirle el sentimiento de nadar como lo hizo Rin. Pero ahora Haru entendía que si Makoto fue incapaz de volverle a mostrar de nuevo aquella vista; él fue incapaz de transmitirle el entusiasmo de una competencia.
De alguna forma, los dos fallaron en su comunicación.
Por muchos años, Haru quiso negar esa parte de él, la parte que amaba nadar en competencias. Pero un día, gracias a sus amigos, logró aceptar su gusto por la competencia y la adrenalina que despertaba en él. Desde niño, no le gustaba que hubiera una persona que pudiera estar por delante de él en el agua, que pudiera disfrutar aun más que él el agua. Por eso aquellas personas que parecían mejor que él en el agua despertaban su fuerza, su velocidad, su pasión.
Eso era el germen del espíritu competitivo. Y él –testarudo- tardó mucho en aceptarlo, en asimilar esa parte de él mismo.
Porque él sí sentía interés por competir. Era Makoto al que no le importaba. Era Makoto el que decía que solo quería nadar porque Haru también lo hacía, y cuando nadaban juntos, no competían. Haruka, quizá, solo quería parecerse a Makoto cuando decía que solo nadaba libre. Pero el estilo libre nació para ganar, para competir.
Makoto sabía algo más del agua. Desde hacía mucho tiempo pensaba que no pertenecía al agua. Cuando nadaba, a pesar de estar rodeado de agua, prefería pensar en el cielo, en las nubes, en las estrellas. Él quería nadar sin miedo. Y sabía hacerlo: logró nadar sin sentir miedo, con vigor, con fuerza, con entusiasmo, con deseos de ganar, también. Nadó tan bien que ayudó a otras personas a disfrutar del agua.
Porque eso era lo que Makoto hacía, desde niño, ayudar a otras personas a disfrutar del agua. Eso fue lo que hizo con Haru, cuando sugirió entrar al club de natación.
—¿Haru?—lo llamó Makoto—. El tren sale a las…
—Makoto—lo interrumpió Haru—. ¿Dejaste de nadar por mí?
Tanto Rei como Nagisa se tensaron al escuchar la pregunta tan directa.
Makoto sonrió, triste, y rendido se alzó de hombros.
—No tiene sentido, si no estás.
...
See you next water time!
Hola. Muchas gracias por leer :)
Si de aquí a la próxima actualización, no se me ocurre un título depresivo, prometo que el próximo será el último y para compensar habrá un beso (¿?). De Makoto y Rin. Es mentira xD.
Este capítulo toca un tema importante que es Sousuke. En algún capítulo de High Speed 2, Haru se emociona cuando nada contra Sousuke. Y esa es una de las escenas más importantes. Así que la idea era que no solo Rin enciende ese fuego, por ejemplo, también lo hizo aquel nadador australiano. En fin. Makoto también quiere competir, como también Haru se sintió bien cuando nadó en el relevo con Ikuya y Asahi, así que pido disculpas por ser extremista en ese sentido.
Muchas gracias a las personas que dejaron review en el capítulo anterior. Me emociona mucho leerlos, y espero que les guste este capítulo. Cualquier comentario que tengan, será esperado con mucho cariño. :)
Espero estén muy bien y nos vemos pronto.
Nos leemos
¡Gracias por leer!
No olviden el review
(▰˘◡˘▰)
