Encrucijada Del Destino

Era una mañana como cualquier otra, el sol estaba en su máximo esplendor y los pájaros se paseaban libres por el cielo. Edward y Pinako estaban acomodando las cosechas del mes en el almacén para que se conservarán por un tiempo más. Mientras Edward llevaba de un lado a otro los sacos, Pinako estaba haciendo cuentas en su libreta, si tenía algún sobrante, le pedía a Edward que las pusiera en la carreta.

-Bien, con esto terminamos las cuentas. No pasaremos hambre en época de invierno.- dijo Pinako satisfecha de los cultivos. Pensó que con la ayuda de Edward no le iría muy bien, pero contrario a lo que ella pensó, le fue hasta mejor.- con esto seguro mi nieto y Winry comerán muy bien.

-¿Que haremos con lo que sobra?

-Llévalos al pueblo a vender o cambialos por otras cosas, en especial carne y leche.

-Está bien.- tomo la carreta y comenzó a caminar para salir del almacén.

Otra ventaja de tener a Edward era que usaba sus habilidades de negociación para conseguir buenas cosas a un precio razonable, por eso a Pinako le gustaba mandarlo.

Casi llegando al pueblo, algo llamó su atención. Podía distinguir ese uniforme donde quiera que él fuera. Eran dos soldados del ejército de Amestris, molestando a una chica. Indignado, Edward camino hacia la escena.

-¡Déjeme en paz!

-Vamos, ¿Acaso no sabes lo que significan estos uniformes? O ¿Quieres que te lo enseñemos?

-Yo si sé. Significa sacrificio, valor y lealtad hacia el pueblo al cual hay que servir y proteger hasta que la muerte nos aclame.

Ambos hombres voltearon a ver a Edward, sorprendidos de que supiera lo que significaba el uniforme, pocos civiles conocían ese código.

-¿Crees que es de buena educación meterse en donde no le llaman?

-Pues no, pero es peor que alguien de un rango más bajo le hable en ese tono a un superior.- dijo mostrando su reloj de plata. Los hombres quedaron boquiabiertos.- y por sí no lo saben, yo soy el Mayor Edward Elric, exijo sus nombres, rangos y el porque están aquí. Ah, y suelten a la señorita.

-Sí.- en cuanto la soltaron, la chica salió corriendo y se metió a una casa que no estaba tan lejos de ahí.

-¿Y bien?

-S-señor...

-Esta bien, no me digan sus nombres pero si el porque están aquí.

-Estamos buscando a Scar, creemos que esta en esta área.

-De acuerdo, ahora váyanse en el primer tren que salga, no quiero verlos merodeando por aquí. Yo me encargaré de este asunto.

-Sí, señor.- en cuanto esos hombres se fueron, Edward sintió un escalofrío en la espalda y no pudo evitar retorcerse.

En el pasado, Scar casi lo mataba. Tener que volver a enfrentarse a él era más difícil de lo que pensaba, ¿Habrá cambiado en algo Scar? Su aspecto musculoso, su gran altura, su mirada recia y la enorme cruz en su frente fue lo que primero se le pasó por la mente. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta que la chica a la que había salvado le estaba hablando.

-¿Se encuentra bien?

-Ah, perdona, si me encuentro bien.- poniendo un poco de atención, la chica era pelirroja con el cabello peinado en dos trenzas, ojos color verde y piel blanca, parecía tener la edad de Edward.

-Mis padres tienen una cremería y quieren agradecerte.- dijo con una sonrisa.

-Oh, gracias.- contestó y comenzo a seguir a la chica mientras cargaba su carreta.

-Veo que traes muchos costales.

-Son algunas verduras y frutas, mi abuela me dijo que los viniera a cambiar para conseguir otras cosas.

-Oh genial, mi padre quisiera expandir el negocio y vender algo de verdura y frutas, probablemente hagamos negocios.

-De seguro mi abuela estaría encantada si se puede.

Cuando entro a la tienda, los padres de la chica estaban inclinados sobre el piso, Edward se sorprendió por el gesto.

-¡Muchas gracias por salvar a nuestra hija! Te daremos todo lo que quieras, incluso compraremos todo lo que traes en tu careta.

-Gracias, a decir verdad necesito algunas cosas para mi esposa que esta embarazada.

-Oh, cielos ya esta casado.- susurro la joven mientras se marchaba junto a su padre para darle las cosas a Edward.

-Hace poco que llegamos a Resembool, por eso no conocemos a mucha gente.- dijo la señora muy tranquila, se parecía mucho a su hija.- espero que podamos llevarnos bien con todos. Veremos que te podremos dar para tu esposa, por mientras toma asiento.

-Gracias.- Edward se sento en las sillas a esperar mientras que las personas iban y venían con cosas, como leche, todo tipo de quesos y cremas. Tomo el periódico que estaba en una mesita.

-Buenos días, podría darme dos litros de leche, por favor.- Edward detuvo su lectura al escuchar la voz que se le hizo tan familiar. Trago saliva y bajo lentamente el periódico.

-¡SCAAAR!.- no pudo evitar gritar al verlo y por poco se caía de la silla.

-No vengo a cobrar venganza ni nada por el estilo. He cambiado desde que perdí contra ti, ahora me dedico a impartir la palabra de Dios.

-Eso es bueno... Pero... Ehmm...

-Mi pueblo quiere deshacerse de ese estereotipo que carga desde generaciones y yo soy uno de los promotores del cambio. Sin embargo, tu actitud hacia el futuro de este país es decepcionante.

-¿A que te refieres?

-Este país cada día está siendo atacado de forma insistente en sus fronteras y eso está generando un gran estrés entre la población. Incluso, he oído rumores de que habrá un golpe de estado contra tu hermano menor.

-Me has decepcionado y pensar que alguien tan débil me derrotó. Pero, te diré algo, si necesitas nuestra ayuda para defender este país, cuenta con nosotros.- le puso la mano en el hombro, se dio media vuelta y se marcho de la tienda.

Edward quedó boquiabierto, ¿Porque su padre no le había dicho nada? ¿Que estaban haciendo en estos momentos para detener los ataques?

-Aquí está lo que necesita su esposa para que pueda tener a un niño muy sano.- dijo la mujer mientras ponía un enorme saco sobre el mostrador.

-Vendré luego por el.- Edward se puso de pie y salió corriendo de la tienda.

-¿Ya se fue?.- dijo la chica mientras se asomaba por la puerta que daba hacia la parte trasera de la tienda.

-Si, llama al señor Kimblee y dile que será imposible retener a Edward aquí.

-Enseguida madre.

-Por cierto, llama a tu padre, tenemos que deshacernos de un ex-asesino, tu cuidarás la tienda.

Mientras tanto, en Xing, se podía escuchar risas y uno que otro regaño por parte de Mei, la hermana de Ling, quien le estaba enseñando un poco de retanjutsu a Alphonse.

-Bueno, al menos controlas el lanzamiento de los kunhais.

-Jejeje gracias, eres una gran maestra.

Aunque la mayoría de las cosas las tuve que descubrir por mi mismo..- dijo para sus adentros para no ofender a la chica que bailaba feliz frente a él.

-Vaya si que les gusta mucho esas cosas, definitivamente son tal para cual.- solto una carcajada Ling mientras los veía conversando.

-E-eh... Es-tttt.- Alphonse no podía hablar por la enorme vergüenza que tenía, volteo a ver a Mei.

-Jejeje.- ella comenzó a reírse ante el gesto tan tierno de Alphonse, se le notaba un ligero rubor en sus mejillas.

-Vaya, con ver divertirse a los jóvenes, los viejos nos sentimos rejuvenecidos.

-Cierto, verlos tan felices me hace recordar cuando tenía su edad.

Los chicos voltearon a ver a los recién llegados. Era Hohenheim y el padre de Ling, Iroh, un hombre un poco más viejo que Hohenheim, alto, delgado y con mirada serena.

-¿Que tal si dan un paseo por el pueblo? Hoy hay una celebración.- les ofreció amablemente Iroh.

-Sí, son pocas las oportunidades para divertirse cuando se asume una gran responsabilidad.- completo Hohenheim.

-Pero padre...

-Aun estas aprendiendo, así que solo por hoy te daré permiso, ya luego te informare sobre los acuerdos a los que llegamos.

-Esta bien padre.

Los tres chicos salieron corriendo emocionados por ir al pueblo.

-Definitivamente, después de lo que me has informado, es mejor que los chicos no se enteren.

-Sí, esos bastardos esperaron el mejor momento para intentar invadirnos.

-Y tu hijo Edward, ¿Ya sabe?

-No, aun no. Tengo miedo de decirlo, esta esperando a su primer hijo y quiero que él si disfrute de esa etapa.

-¿Sabes que le tienes que decir? Es muy bueno de tu parte que se lo ocultes para que disfrute a su hijo y a su esposa, pero no deja de ser uno de los hijos del Fuhrer.

-Apesar de eso, prefiero que no se enteré, por su bien...

-Señor.- un militar de mediana edad se acercó a él con un intercomunicador y se lo ofreció.- es de su hijo Edward.

-Hohenheim, nunca me he entrometido en tus asuntos, pero creo que es mejor que le digas a Edward. Entre más aliados tengas, será mejor para ti y Alphonse.

-...- tomo el auricular y suspiro.- hola hijo.

-¡Viejo! ¿Porque no me dijiste que estaban atacando las fronteras? Oye ¿¡Ya sabias que se está planeando un golpe de estado contra Alphonse!? Dime de que otra mierda me tengo que enterar.

-Hijo... Por favor perdóname, pero no quería amargar tu momento con una guerra. Ten por seguro que Alphonse y yo estaremos preparados para cualquier cosa.

-Dime cuando sea necesaria mi presencia. No quiero volver a enterarme por un tercero.- se escuchaba muy molesto cuando colgó sin despedirse de su padre.

-Te dije que tu hijo se molestaría contigo.- Iroh se sentó en el pasto y prendio el puro que le regalo Hohenheim. Su amigo se sentó a su lado e imito su gesto, prendio uno de sus puros y comenzó a fumar.

-A veces quisiera sustituir a mi hijo del cargo y enviarlo a vivir con su hermano. Pero se que algún día, cualquiera de ellos tendrá que lidiar con esta situación y prefiero que yo esté ahí para ayudarlos.

-Lamentablemente, no tenemos la vida comprada para poder cuidarlos para siempre.

¡Hola!

Espero que les este gustando la historia.

Por cierto, ¿alguien recuerda como se llamaba el padre de Ling? Creo que nunca lo mencionaron, por mientras le puse un nombre improvisado jajajajaja.

Bye Bye!