Capítulo 5.

Era un nuevo día en la clase 3-A. Estaban todos los veinte integrantes de esta en sus respectivos asientos. Aunque había algo muy peculiar.

El ambiente se notaba algo... Extraño. Por una parte, Jirou se notaba mucho más inexpresiva que de costumbre (Si es que eso era posible). Por otra parte estaban Kaminari y Ashido. Ambos no dejaban de molestar a la pelimorada con preguntas similares.

Era como si estuvieran preocupados en exageración por ella y al mismo tiempo Jirou les era lo suficientemente cortante cómo para no querer escucharlos.

—¿Estas bien? —Preguntó Kaminari.

—Si —respondió cortante.

—¿Estas segura? —Preguntó Ashido.

—Si.

—¿Y te sientes bien? —Preguntó el rubio.

—Ya te dije que si —respondió nuevamente, pero esta vez cerró sus ojos por la frustración.

—Pero... —Ashido se rascó la cabeza. Sentía que algo no andaba bien con su amiga pero no sabia que era. —¿Estas bien? —Preguntó nuevamente.

Jirou observó de forma cansada hacía la cuarta pared. No sabía por que pero hoy el maestro Aizawa se estaba tardando un poco más en llegar y ordenar que todos se sentarán en sus lugares.

Tal vez así se podría quitar de encima a estos dos.

—Chicos, ya les dije que estoy bien, no se preocupen —les dijo para que no se preocuparán. —Ya conseguí el dinero que perdí ayer, no se preocupen jeje. —Sonrió levemente para dejarles en claro que todo estaba bien.

Aunque...

Todo no estaba bien.

Por dentro lloraba y maldecía a cántaros por lo que le pasó ayer con su padre.


—¿¡Cómo que debo pagarte intereses del cien por ciento si me prestas ese dinero!? —Gritó molesta a su celular.

Así es jovencita, usted decidió entrar muy joven al mundo de los adultos, los deberes y de las responsabilidades por lo que así son las reglas —le dijo una voz masculina y muy mandona del otro lado de la línea.

Jirou apretó los dientes y miró a todos lados como si estuviera asustada. No sabía que hacer en ese momento, debería una cantidad exagerada de dinero si aceptaba.

—P-pero, ¡No es justo! ¡Soy tu hija! —Se quejó ella.

Se escuchó un suspiro cansado de su padre del otro lado de la línea, para después seguir con la charla o la negociación mejor dicho.

La vida no es justa, tampoco lo fue para tu madre y para mi cuándo nuestra única hija decidió irse de casa sin decirnos —el tono de su padre era muy frío y parecía que estaba molesto.

Jirou se llevó una mano a la nuca. No sabía si era una venganza de su padre o si su madre estaba detrás de todo esto. Pero lo único que sabía era que desde que se fue de casa, las charlas con sus padres la abrumaban más de lo que podía soportar.

Pero ese no era el punto, debía conseguir el dinero ya, puesto a que lo necesitaría dentro de un par de horas.

—Aceptó... —Murmuró por lo bajo.

¿Qué dijiste? —Habló su padre. —No te escuche dulzura.

—Dije que aceptó pagar tus intereses —dijo con enojo y los dientes apretados.

¿Aló? ¿Kyouka estas allí? —Preguntó su padre de forma un poco burlona.

Fue entonces que Jirou apretó los dientes y respondió con todas sus fuerzas.

—¡Dije, que acepto pagar tus putos intereses! —Gritó a todo pulmón.

Se tapó la boca y las lágrimas empezaron a salir de sus ojos. Los cerró con fuerza y espero a que él terminará la llamada de una vez por todas.

¡Muy bien! —Su padre exclamó feliz. —En unos minutos te depositare el dinero en tu cuenta. —Eso alegro un poco a la peli morada. —Pero luego hablaremos de tu lenguaje, jovencita. —Le dijo con tono serio.

Luego finalizó la llamada. Jirou se echó a su cama y se cubrió el rostro con su almohada. Hoy simplemente fue un día de perros para ella.

Pero no podía permanecer allí acostada lamentándose, debía esperar la llamada del banco en donde le confirmaban la acreditación del dinero a su cuenta.

Esta llegó veinte minutos después de que finalizará la llamada con su padre. Rápidamente fue a retirar el dinero al banco, con la precaución de llevar sus bocinas en los pies por si ocurría otro incidente y a algún otro maleante se le ocurría meterse con ella.

Afortunadamente no paso nada similar, pudo retirar el dinero sin problemas y más tarde pudo pagar el costo de su apartamento al dueño del edificio dónde vivía, para finalmente acostarse a dormir.

Con una deuda muy grande sobre sus hombros y conociendo a sus padres, la estarían molestando por eso a cada rato.

Pobre de ella.


—¿Segura que estas bien? —Ashido preguntó nuevamente sacándola de sus pensamientos.

Jirou la volteó a ver y no tuvo de otra que soltar un suspiro muy cansado.

Por otra parte estaba Uraraka, la chica de cabello castaño parecía muy nerviosa. No dejaba de temblar y sus ojos no dejaban de ver de un lado a otro.

Miró con miedo un extraño aparato que tenía en sus manos, era como un control remoto muy pequeño y no dejaba de presionar un botón de color rojo que tenía el aparato ese.

—Ay que me da, que me da, que me da... —Susurró con miedo. —¿Por que a mi?

Miró a su alrededor y no pudo evitar sentirse de lo peor al poner a sus compañeros en un peligro mortal. Observó a Deku-Kun y se preguntó, "¿Qué haría él?".

Aunque ella no podía pensar bien por el miedo que sentía al tener dicho aparato en sus manos.

—¿Por que a miiiiii? —Se lamentó por lo bajo.


Uraraka-San caminaba cabizbaja a su casa. No podía creer lo que le había dicho a Deku en el momento en que se despidió de él.

Nos vemos Deku-Kun, te quiero —se despidió de él, pero rápidamente se puso muy roja y se quedó atónita por lo que le dijo.

Hasta mañana Uraraka-san, yo también te quiero.

Afortunadamente para ella, el chico se lo tomó de forma amistosa y de igual manera se despidió de ella. Pero por algún motivo ella se encontraba en un dilema.

—Bah, solo es mi amigo y nada más —dijo molesta. Infló los cachetes y aceleró el paso hacia su apartamento.

No se dio cuenta de que alguien la seguía de cerca y no parecía que esa persona tuviera intensiones buenas con ella.

Paso un rato hasta que Ochaco se adentro en lo que parecía ser un callejón oscuro, el cuál usaba como atajo para llegar rápido a su hogar.

Pero fue muy mala idea...

—¡Uhhhmmm!

Se asustó en el momento en que la sujetaron por atrás, le taparon la boca y le pusieron una filosa cuchilla en su garganta.

—Tiempo sin verte, puta.

Desvío la mirada hacia atrás muy lentamente y se encontró con esa chica que tanto le disgustaba.

Frunció el ceño al ver que Himiko Toga le sonreía de forma repugnante.

—Descuida no te mataré —le dijo con una sonrisa. —Haré que te mates y también a los demás jajaja. —Rió ella.

Eso confundió mucho a Uraraka y se confundió mucho más cuándo la rubia le puso en sus manos un extraño control de color gris, haciéndola que presionará con su dedo un único botón que el aparato tenía.

Rápidamente le dio una patada en el trasero a la castaña para hacerla caminar hacia adelante.

—¡Aaah! ¡Ahora veras! —Dijo Ochaco muy molesta y cuándo iba a ir al ataque contra la rubia.

—No te recomiendo que te agites —negó ella con su cabeza. —Por que si dejas de presionar ese botón, entonces ¡Kabooooooom! —Extendió sus manos al aire cómo haciendo las señas de una explosión. —Volaras en mil pedazos.

Fue entonces que la castaña se quedó sin habla. Volteó a ver sin expresión el aparato en sus manos y su rostro adoptó una mueca de horror muy perturbadora.

—¿U-u-una bomba? —Titubeó con miedo.

Volteó a ver a la rubia y se dio cuenta de que esta se estaba alejando.

—Así es —le habló Himiko quién la había alcanzado a escuchar. —Procura matar a Midoriya cuándo explotes. —Fue lo último que le dijo antes de alejarse por completo.

Ella al ver que quedó sola con una bomba en sus manos no supo que hacer. Volteó a ver a todos lados, tenía miedo y mucho.

Debía hallar una manera de librarse de dicho aparato, por lo que no podía darse por vencida.

Llegó a casa al poco tiempo, estaba muy alarmada por que aun no había encontrado la forma de desahercerse de esa cosa. Tiró su mochila a un lado y se puso a buscar algo con lo que pudiera salir viva.

—¿Qué puedo hacer? —Preguntó levantando la vista al cielo esperando que le cayera una respuesta de allá arriba, la cuál jamás llego.

No pudo librarse de ese aparato por lo que no pudo ni quitarse su uniforme escolar, cenar o dormir en toda la noche por el miedo a soltar esa cosa y volar en mil pedazos.

Y lo peor de todo, es que ni se baño para ir a clases y ni tampoco desayuno, por lo que ahora estaba aterrada, con sueño y con muchísima hambre.


—Uraraka-san —La llamó Izuku.

—¡Aaaaah! —Se sobresaltó ella al escuchar una voz tan repentina.

Volteó a ver a su amigo y este parecía asustado también por el grito de la chica.

—¿Estas bien? —Preguntó preocupado.

Esta desvío la mirada a su mano, en donde tenía la bomba. Luego volteó a ver a Deku, luego a su mano, luego a Deku, su mano, Deku, a su mano y nuevamente al peli verde.

Esbozo una enorme sonrisa nerviosa y con toda la motivación del mundo dijo...

—¡Claro que noooooooo! —Sus ojos empezaron a lagrimear alertando al chico.

—¿¡E-esta llorando!? —Dijo él alarmado.

Rápidamente varios se acercaron a ella para ver que le pasaba. La castaña empezó a llorar mientras balbuceaba cosas que no se entendían mientras señalaba lo que estaba en su mano.

—¿Qué sucede Uraraka-San? —Preguntó Tooru preocupada.

—¿Qué le paso? —Kirishima le pregunto a Izuku quien fue él que hablaba con ella.

—¿Qué le hiciste Midoriya? —Lo interrogó Ashido con aires de enojo. —Habla.

—Yo, yo no le hice nada, ¿¡En serio!? —Gritó alarmado al ver que muchos lo observaban con seriedad.

—¡Todos tranquilos, hay que guardar la calma! —Iida se puso enfrente del pizarrón y solicitó orden mientras movía sus manos.

—Ya ya, todo estará bien —Momo consolaba a la castaña mientras la abrazaba contra su pecho para que se desahogara.

—N-n-no lo estará... —Susurró Ochaco con voz quebrada.

—¿Por que? —Preguntó la de largo cabello negro con tono maternal.

—Por que tengo una bomba e-en mi mano y-y-y si dejo d-de presionar el botón... T-todos explotaremos... —Confesó ella con tristeza, para después ocultar su rostro en el pecho de la chica más alta.

Por unos segundos el salón de clase estuvo en silencio cómo si todos tardarán en procesar lo que acababan de escuchar.

Hasta que...

¿¡UNA BOMBA!?

Gritaron al unísono diecinueve chicos de veinte.

—¡Oh por Dios, oh por Dios! —Gritaba Mina mientras abrazaba a Tooru.

—¡Vamos a morir, vamos a morir! —No dejaba de repetir la chica invisible.

—¡Es el fin, es el fin, es el fin! —Mineta no dejaba de repetir y en un acto de perversión tan digno de él, abrazo a Tsuyu del abdomen restregando su cabeza en los pechos de la chica.

—Kero...

Fue todo lo que dijo ella antes rodear el cuello del chico con su lengua y azotarlo de forma muy dura contra el suelo.

—¡Agh! —Se quejó él por el golpe.

Mientras tanto el salón era un caos.

—¡Déjenme, voy a destruir esa mierda con mis propias manos! —Bakugō estaba hecho un demonio, intentaba acercarse a la chica para quitarle la bomba de las manos y hacerla explotar con una de sus explosiones, pero era retenido por Sero y Kirishima.

—Detente, si haces eso nos vas a matar a todos —le intentó calmar el pelirrojo.

—Oye, pero tu no recibirás daño gracias a tu endurecimiento —le recordó Sero.

—Lo sé amigo, pero no creas que por eso quiero que mis amigos exploten —le comentó al chico sonriente.

Sero se limpió una lágrima que amenazaba con salir de su ojo, estaba enternecido por lo buena gente que era su amigo.

—Eres el mejor amigo que uno puede tener, Kirishima —le dijo Sero.

El pelirrojo le dedicó una sonrisa y así ambos se abrazaron sin importarles de que tenían de por medio a un rubio con la capacidad de explotar todo con sus propias manos, y que no estaba muy a gusto de estar en medio de un abrazo.

Algunos cómo Todoroki, Tokoyami y Midoriya intentaban remover el control de las manos de Uraraka sin tener que causar daños materiales o peor, que hubieran pérdidas humanas.

—Entonces, ¿Esa chica Himiko Toga te puso ese control en las manos? —La interrogó el hijo de Endeavor.

La castaña asintió rápidamente mientras se aferraba fuertemente al pecho de una pálida y muy aterrada Yaoyorozu.

—Ya veo... Entonces el plan de ella era utilizar a Uraraka-San para que pudiera eliminarnos de una vez por todas con ese extraño aparato de origen desconocido, aunque puede que lo haya conseguido en el laboratorio del profesor que trabajaba para la liga de villanos y así...

—No ayudas en nada —le dijo Tokoyami con gotas de sudor por todo el rostro al ver que el peliverde no dejaba de murmurar cosas.

De pronto el pánico en el salón aumento cuándo vieron como Kaminari le arrebataba el control de las manos a Uraraka.

—K-Kaminari, ¿Qué haces idiota? —Preguntó Jirou aterrada.

El rubio por su parte observaba el extraño aparato cómo si lo estuviera analizando con la vista. No parecía asustado en lo más mínimo, al contrario de todos los demás, quienes retrocedieron hasta chocar contra la pared por la imprudencia del chico con poderes eléctricos.

—¡Déjenme, yo voy a destruir a ese bastardo junto con esa bomba! —Se quejaba Bakugō quién era retenido por Sero, Shoji y Kirishima.

Pero algo extraño pasaba. La bomba no explotaba y lo más extraño de todo, era que Kaminari reía divertido.

—¿Qué es tan gracioso? —Preguntó Jirou confundida.

—Si, ¿Y por que no estas muerto aún? —Preguntó Ashido alarmada.

El rubio les sonrió a sus amigas y les mostró el control.

—Ya no tienen de que preocuparse —les tranquilizó él.

—¿A-a-a q-que te refieres? —Preguntó Uraraka con voz entre cortada.

—Pues me refiero a que este es un simple control para abrir y cerrar la puerta de un garaje —les explicó él.

Uno a uno se fueron acercando para estar seguros de lo que el chico rubio les decía.

Jirou fue la que tomó el control en sus manos y lo observó un tanto dudosa. Fue entonces que suspiro aliviada y soltó una ligera risa nerviosa.

Muchos de sus compañeros empezaron a reír de la misma forma. Bakugō por su parte desvío la mirada claramente molesto.

—Vaya Kaminari nunca creí que tuvieras futuro en el escuadrón anti bombas —lo alago Jirou.

Él rubio le dedicó una sonrisa para luego pasar uno de sus brazos por encima de los hombros de la chica y atraerla hacía él.

—Ese soy yo, alguien que quiere convertirse en héroe y que desde ahora se dedica a salvar vidas —presumió él haciendo que ella rodará los ojos.

Pero la verdad era que lo dejaría pasar, dejaría que él tuviera su momento.

—Entonces, señor experto, ¿Esto no explotará? —Preguntó de forma burlona.

Denki le arrebató el control de las manos y con toda la seguridad del mundo le dijo.

—Claro que no —dijo con total seguridad. —Y para que veas que puedes confiar en mi. —Presionó el único botón que tenía el control.

—Buenos días —saludo Aizawa-Sensei quién venía entrando por la puerta. —Lamento la demora, tenía que hacer unos papeleos y...

*KABOOOOOOOOOM*

No pudo continuar ya que una explosión lo hizo retroceder un par de pasos. Rápidamente ingreso al salón y vio que todos los alumnos estaban pintados de color morado gracias a que estaban cubiertos con lo que parecía ser una especie de pintura de ese color.

—¿Qué pasó aquí? —Preguntó de forma molesta mientras sus ojos brillaban con una luz roja observando a todos los integrantes de la clase 1-A.

Ninguno dijo nada, Jirou abrió sus ojos y observó con enojo al chico que estaba a su lado. Una parte de ella quería hacerlo polvo pero la otra le parecía muy lindo y gracioso verlo todo pintado de color morado.

—"Jeje tonto..." —Pensó ella con una pequeña sonrisa.


En el salón de castigos se encontraban todos los integrantes de la clase 3-A. Aizawa-Sensei no se lo tomó bien y los mando a todos a detención.

Uraraka por su parte estaba con la mirada al suelo, se sentía muy avergonzada y sumamente tonta al haber caído en una vil broma perpetrada por una villana.

Tampoco fue muy alentador para ella tener que explicarle al maestro cómo fue que trajo una posible bomba a la academia, fue muy tonta a decir verdad.

—Tsk... —Gruñó Bakugō muy molesto. Desvío la mirada a un lado.

Era él que estaba más molesto por lo ocurrido y lo mejor para todos era que no le hablarán por él momento, o cruzarán miradas con él o que hicieran un pequeño ruidito que pudiera hacer enojar al rubio tsundere.

—Soy todo un experto —se burló Jirou del rubio una vez más.

Kaminari estaba cabizbajo observando el suelo. Se encogía más y más en su asiento ya que sentía las miradas de sus molestos compañeros sobre su nuca, la mayoría de ellos estaban furiosos.

Todos tuvieron que ir a las duchas para quitarse la extraña sustancia pegajosa de color morada de encima para que después fueran castigados.

Jirou se empezaba a sentir mal al ver a su amigo así por lo que pensó en ayudarlo.

Esbozo una pequeña sonrisa y seguidamente de eso.

—Jaja...

Kaminari y varios otros voltearon a ver sorprendidos a la peli morada.

—Jajaja... Jajaja... Jajajajaja —empezó a reír con ganas al poco tiempo. Se colocó una mano sobre su frente y se recostó en su asiento mientras reía.

Muchos no sabían por que reía hasta que poco a poco la risa se iba contagiando.

—Jajaja... —Momo se cubrió su boca para evitar reír pero ni ella pudo contenerse.

Y así todo el salón de castigo se llenó de risas divertidas.

—Tsk... —Bakugō volvió a desviar la mirada con molestia. Ignorando las molestas risas de sus compañeros de clase.

Pero aún así las risas continuaron hasta que...

—¡Silencio! —Aizawa se molesto por el escándalo y los calló a todos.

De inmediato todos se enderezaron en su asiento con su vista al frente por el miedo que les provocaba el maestro Aizawa cuándo se enojaba.

Uraraka por su parte observó su asiento con enojo.

—Prometo que atrapare a esa loca y la haré pagar por todo lo malo que ha hecho —prometió ella en un susurró.

Parecía otra persona en ese momento.

Después del castigo, todos nos fuimos a casa. Uraraka-San se disculpó con todos a la salida al igual que Kaminari-Kun y al final todo quedó en el pasado.

Aunque con una chica loca acechando allí afuera, no podíamos darnos el lujo de bajar la guardia.

No sabíamos que planeaba pero haríamos todo lo posible para detenerla.


Se cuidan chicos :3.