Fuego a Ciegas
-Así que esta es la estrategia que tomaremos a partir de aquí, tenemos que dar prioridad a la evacuación de los civiles que viven en el trayecto.- coloco con fuerza la última ficha en el tablero. Era cierto que Alphonse era muy joven, pero su padre y su maestro, el general Grumman, le enseñaron bastantes cosas. Los generales intercambiaron una mirada culpable entre ellos. Alphonse se dio cuenta, junto las manos frente a su cara y dijo con la voz más fuerte y varonil que pudo.
-¿Hay algún problema con la estrategia?
Todos los presentes tragaron saliva.
-¿Acaso les ha comido la lengua el ratón?.- completo Hohenheim.
Este chico... Desprende la misma vibra que su padre y su abuelo. Es probable que lo hayamos juzgado mal. Puede que sea apto para esto, inclusive más que Edward-dono.
Muchos no estaban de acuerdo en que él estuviera en un puesto tan alto y menos que Edward, por estar con la mujer de la que se había enamorado, haya dejado todo a un lado. Pero después de lo que acababan de ver, muchos estaban pensando de nuevo sus planes.
-¿Que opina Edward sobre esto?
-El desconoce de la situación aquí.- estuvo apunto de decir que Edward y Winry estaban esperando un niño, pero sabía que estaba frente a unos traidores.
En cuanto termine todo lo que está pasando, yo mismo me encargaré de hecharlos a todos.
Por cierto, en Reseembol, las cosas se estaban complicando con cada minuto que pasaba.
-¡Hola buenos días!.- saludo con entusiasmo la señora pelirroja con una sonrisa de oreja a oreja que llevaba entre sus manos un pastel.
-Buenos días... ¿Que desea?.- pregunto con cautela Pinako.
-¿Aquí vive Edward Elric, cierto?
-Así es.
-Mire, mi nombre es Sandra Diaz, y hace un tiempo Edward Elric salvo a mi hija de unos tipos malos. Así que le hice este pastel para agradecerle.- le entrego el pastel a Pinako.
Ella lo tomo pero algo en esa persona le hizo desconfiar de ella.
-Muchas gracias.
-Por cierto, soy un medico que vino de intercambio por el medico de aquí. Así que estaré por estos rumbos por mucho tiempo.- le entrego una tarjeta de presentación. Pinako la observo con detenimiento y parecía ser verídica.
-Oh, muchas gracias.
Sandra sonrió.
-El placer es mío.- se dio vuelta y comenzó a caminar rumbo a su hogar.
Pinako cerró la puerta y fue a la mesa. Estuvo a punto de tirarlo cuando llegó Winry.
-¡Abuelita que estas haciendo!
-Oh, solamente voy a tirar esto, me lo acaban de regalar.
-Luce delicioso, ¿Porque no lo probamos?. Si fue un regalo... ¡No hay que desperdiciarlo!
En los ojos de su nieta vio el gran antojo que solo se ve en los ojos de una mujer embarazada. Soltó un suspiro y fue por dos platos, cucharas y un poco de leche .
-Primero yo lo probaré. Ya después te diré si lo comes o no.
-Esta bien, aunque, ¿porque te lo regalaron?
-Realmente se lo dieron a Edward, porque salvo a una muchachita del pueblo.
-Con más razón no hay que desconfiar.- sonrió de oreja a oreja. Esperaba ansiosa a que su abuela le dijera que podía comer.
Pinako tomó un bocado, lo saboreo lentamente y asintió con la cabeza. Era un pastel de fresa, con un suave pan de tres leches sabor vainilla relleno de nuez y fresa y una cobertura del mismo sabor espolvoreado de nuez y chispitas de fresa. Miró a la joven que tenía enfrente y asintió. Winry comenzó a comer con desesperación.
-¡Es deliciosoo!.- dijo con la boca llena.
-Está esquisito. Dime, ¿Qué piensa Edward de todo lo que está pasando?
-Tiene planeado ir a Ciudad Central en la tarde. Quiere ayudar a Alphonse y a su padre. Según lo poco que sabe es que todo se está poniendo demasiado feo.
-Cielos, espero que pronto termine todo esto.
-Si...- sintió como la cabeza le dio vueltas.
-¿Winry? ¡Winry!- corrió para evitar que su nieta se cayera al suelo.- ¿Winry? ¿Qué te ocurre?
-S-ssólo fue un mareo. Un mareo...- dijo mientras se tomaba la cabeza con las manos.
-Vamos, te ayudare a ir a la cama.- con cuidado la levanto y la llevo a su cuarto.- ¿Aún sientes mareos?
-Si.
-Iré a buscar al doctor para que te venga a ver.
-Si, te espero.
Después de dejar a Winry en su cama, Pinako corrió al pueblo a buscar al doctor. Sin embargo, cuando llegó a su consultorio estaba vacío, cosa que se le hizo muy raro así que preguntó a los vecinos por él. Todos les respondieron que se había marchado y que una amable doctora junto a su familia había ido a reemplazarlo. Les pregunto si les había dado un pastel o algo por el estilo. Todos respondieron que si y a ninguno de ellos les había hecho daño, tampoco a una joven de la misma edad que Winry que también estaba embarazada.
No estaba muy segura de ir con esa mujer para pedirle que viera a su nieta, pero el siguiente pueblo con un médico estaba a un día en tren de ahí. Resignada, fue a buscar a la mujer.
-Buenas tardes, señorita Sandra.- grito mientras tocaba la puerta. La mujer salió al tercer toque.
-Oh, señora Rockbell, digame.
-Es mi nieta, de repente le dieron muchos mareos.
-Santo cielo. Vayamos a verla.- le dijo mientras sacaba su maletín y corrio con ella de regreso a su casa.
Winry se había quedado dormida. Sandra comenzó a trabajar con ella, tomándole la presión arterial, el pulso, la frecuencia respiratoria y con el uso de una "trompeta" de metal la uso para escuchar el latido del bebé.
-No parece tener algún problema. Seguramente sea un mareo típico del embarazo, ¿cuántos meses tiene?
-Un mes.
-Ya veo, ni siquiera pasa el primer trimestre. Es algo completamente normal para ella.
-O-oh ya veo.
Tal vez... Estaba siendo muy paranoica.
-Sin embargo, me gustaría quedarme con ella hasta que despierte para poder vigilarla.
-Está bien, no se preocupe. Mientras iré a buscar a su esposo.
-Esta bien, aquí la espero.
Una vez que Pinako se fue y se perdió de la vista de Sandra, tomó de los hombros a Winry y la sacudió con violencia.
-¡Ah!.- se despertó sobresaltada.
-Escucha niña. Necesito que cuando tu esposo venga, le digas que no se vaya a ningún lado.
-¿Quién es usted?.- forzó su mente a que se pusiera en contacto con la realidad.
-Soy la persona que puede terminar con tu vida y la vida de tu hijo si no sigues todas mis instrucciones.- Winry trago saliva y asintió con la cabeza.- Bien, verás, nuestro jefe necesita que tu esposo se quede aquí. Y tu eres la única capaz de lograr eso.
-¿Y si me niego?
-¿Recuerdas el pastel? Pues, se como hacer que consumas más y más cantidad de ese veneno sin que te des cuenta . Ese veneno, en poca cantidad no es peligroso para tu bebé y tu solo sentirás un poco de mareo y vómito. Pero si aumenta su concentración en tu sangre, aunque sea unos mililitros, puede que atraviese la placenta... ¿Si sabes que pasa... Si eso llega a suceder?.- Winry abrió los ojos como platos y se acarició el vientre.- vamos niña, ¡ni siquiera te debería de amenazar! Si decides desobedecer, tu primer hijo y quizás el último, morirá.
-Es una...
-Shh sin groserías. Si piensas que no tengo corazón, pues te equivocas, también tengo una adorable hija de tu edad y no quisiera que a mi futuro nieto le pase eso.
-No es para que tardes mucho en decidir...
-Esta bien.- contestó con determinación. Obviamente, no se dejaría manipular por esa mujer.
Cuando Pinako volvió con Edward, él fue corriendo a su cuarto y se sento a su lado.
-Dime ¿como te sientes?.- le dijo sosteniendo su mano.
-Bien, no te preocupes. Pero, necesito que no te vayas a ningún lado. Quiero estar contigo.- intento ser lo más convincente que pudo.
Edward tartamudeo un poco antes de contestar.
-Winry...
-Por favor, prometelo.
-Ed...
-Estaré todo el tiempo que me necesites.
-Sabía que dirías eso, mi amor.- le dio un beso en la boca. De reojo, volteo a ver a la mujer quien asintió discretamente con la cabeza. Intento continuar con toda naturalidad.- Sabes Ed, hoy recibí una carta de Riza y Roy, para contarme lo que les paso.
Edward se puso alerta. Ese era el código que significaba que necesitaba decirle algo ultra secreto pero no podía decirlo en voz alta.
-¿Que te dijeron? Seguramente alguna idiotez como la última vez.
-Me dijeron que en la casa de la tía de Riza llego una gata muy maliciosa.
El enemigo está en casa.- quería decirle.
-¿Maliciosa?
¿Sabes que es lo que quiere?
-Si, porque atrapa a los ratones que intentan escaparse con la comida de la alacena. Es muy ágil pero hace mucho desastre en el proceso.
Quiere retenerte aquí, por eso me esta envenenando con comida.
-¿Y eso es bueno no?
¿Que sugieres que hagamos?
-Pues, si y no, puede que eso sea bueno, pero la tía de Riza está convencida que con ayuda de un palo de escoba o algo así podía encargarse mejor de los ratones, porque la gata los deja medio muertos.
Ella no intenta matarme, solo quiere que te retenga aquí. Pero puedes darme un arma para que yo me encargue de ella.
-¿No sería mejor usar más gatos?
¿Tiene más secuaces?
-Uhmm no lo se, puede servir, porque la tía de Riza puede buscar algún gato que la ayude, solo falta que no haga lo mismo que esa gata.
Mi abuela puede investigar si hay más.
-Será peligroso si la muerde algún ratón... Tiene que ser muy precavida. Además, los gatos también puede ser un problema grave si no se tiene control de ellos.
Es muy peligroso para que ustedes lo hagan solas. Me quedaré.
-No creo, la tía es muy astuta, inclusive más que los gatos a pesar de ser anciana. Puede que necesite la ayuda de más personas, pero Riza puede ayudar.
No te preocupes, estaré bien, pero si quieres puedes enviarme a alguien más para que nos ayude.
-Si, Riza puede ayudarle.
-Por cierto, ¿No crees que Den necesite ayuda para esos asuntos?
Puedes irte a ayudar a Alphonse.
-No creo que lo necesite...
-Yo creo que sí. Puedo buscar al primer cachorro de gato que encuentre. Es urgente ya que Den no se da abasto para los ratones, después de todo hay muchos en esta época.
Vete en el primer tren, Alphonse esta en graves problemas.
-... Tienes razón, iré a buscar al gato.
-Gracias.
-¿¿??.- Sandra escuchaba confundída su conversación.
Edward se puso de pie y le dio un beso en la frente. Salió de la casa y enseguida fue a la estación de tren donde tomó el primer tren que salía, pero antes, llamo al cuartel general para que enviara a alguien.
