Hola!

Nuevo capítulo!

Ya sé que he tardado mucho en subir uno nuevo pero no creo que tarde menos de 15 días en subir cada capítulo porque ando estudiando y, aunque ahora estoy de vacaciones, subiré el próximo el día 15 de Agosto y otro el 30. A partir de ahora subiré los días 15 y 30 de cada mes. =D

Espreo que os guste el nuevo cap!

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POV Elisa

— Presten atención —dijo Mikel mientras nos introducían en una nueva sala de forma rectangular con taquillas de dos pisos, vestidores y ropas del siglo XVII, las mismas que vestían los tres hombres que nos esperaban en el interior. — Oscar les explicará qué deben hacer a partir de ahora y les aseguro que no se arrepentirán de haber decidido participar en este proyecto.

Mikel le dio una palmada en el hombro como si le estuviera pasando el relevo y salió de la sala con aire alegre, el hombre estaba disfrutando por habernos convencido. Y yo aún me estaba preguntando cómo mi hermana Blanca había logrado que me uniera a esa locura.

— Hay algunas cosas que debemos repasar antes de irnos —Oscar cogió una máquina de dentro de su taquilla y pulsó un botón rojo con el que se encendieron unas pequeñas luces de color azul — Sus datos vitales para el proceso de regreso.

El hombre se acercó a mí con el extraño aparato, era muy parecido al mando de la Wii pero, en lugar de un josting, tenía un hueco con la forma de un dedo en uno de sus extremos.

— Necesito que coloque el dedo gordo de su mano derecha justo aquí —me dijo señalando la pequeña deformidad del mando que cuadraba con el dedo de una persona. —Tiene que hacerlo como si le estuvieran tomando la huella para el carnet de identidad, sino el sensor no lo leerá.

De acuerdo.

No tenía miedo a la agujas, después de todo había aprendido a hacer patronaje con mi madre durante los cursos de verano porque era algo que me relaja, pero ser pinchado con algo tan fino como la punta de un alfiler no era nada agradable.

—¡Auch! —me quejé cuando sentí como me perforaba la piel para quedarse con parte de mi sangre. Agité la mano y me lamí el dedo de manera instintiva como si eso fuera a calmarme el dolor.

—Ahora usted, Blanca.

Desde donde estaba pude ver cómo la aguja que me había perforado el pulgar desaparecía en el interior del aparato para ser sustituida por otra nueva. Mi hermana colocó su pulgar y apenas hizo un pequeño gesto de dolor.

— ¿Para qué necesitan nuestra sangre? —preguntó el profesor de historia francés, André.

— Necesitamos una muestra de su sangre para poder introducirla en la máquina. Es la única forma de que pueda reconocer su código genético que es necesario para poder viajar de un momento del tiempo a otro –el hombre alzó la mirada y nos miró a mi hermana y a mí. —A quien le haya recogido la muestra puede irse quitando la ropa y poniéndose esa de ahí —añadió señalando una percha horizontal donde habían un montón de ropas del siglo al que íbamos a viajar.

— ¿Lo que sea? —pregunté tras ver la cantidad de prendas tan diferentes que había.

— Por supuesto.

Blanca agarró de mí mano y tiró con fuerza.

—¡Vamos!

Por lo visto a Blanca le entusiasmaba la idea de vernos vestidas con esos harapos.

—¡Mira! —gritó tras coger lo que parecía una cofia y un hábito de monja para después zarandearlo con delicadeza de un lado a otro— ¿Qué tal nos quedaría esto?

Ni loca pienso ponerme un traje de monja.

¿Por qué no? ¡Sería divertido!

¿Pero qué dices? —dije mientras buscaba algo que fuera aceptable.— ¿Quieres viajar al pasado para pasarte todo el día dentro de un convento?

Las telas eran muy suaves a pesar de ser de esa época, casi todas las ropas de mujer eran vestidos con corsé o hábitos de monja pero había uno que parecía cómodo, al menos más que el resto.

—¿Y éste? ¿Qué te parece?

—Así irás pidiendo que te arresten —dijo riéndose.

—¿Y eso por qué?

—Es ropa de pirata, llamarás la atención en las aldeas. Ninguna mujer viste con pantalones en esa época, siempre llevan vestidos.

—Menos las mujeres pirata.

—Exacto.

—Ya, pues lo prefiero a ir de monja —le contesté antes de ponerlo de nuevo en su sitio.

—Será mejor que vayamos de aldeanas —dijo cogiendo dos vestidos de la percha y acercándome el mío.— Así nadie se fijará en nostras.

Blanca se dio la vuelta con una leve sonrisa en los labios y entró en uno de los probadores de la izquierda.

Miré el vestido azul que tenía pequeñas flores de color blanco por todo el corsé, de hecho eran las flores preferidas de mi madre, las orquídeas, y entré en otro de los probadores.

— Ni monjas, ni piratas… —susurré al espejo mientras veía cómo le sentaba el azul del vestido a mi tono de piel.—solo aldeanas, pues nada.

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Estábamos todos vestidos con nuestras ropas y objetos personales en las manos, iba a preguntarles donde podíamos poner todo eso cuando Oscar mencionó donde teníamos que dejarlas.

— Dejen sus efectos personales en aquellas taquillas de allí —caminó hasta ponerse a la altura de sus dos compañeros y apoyo las manos en sus hombros.— Nos acompañarán Ángel y Jaime, sirvieron en los marines conmigo.

— ¿Por qué marines? —preguntó Antuan mientras se recolocaba las ropas, lo cierto es que parecía realmente incómodo.

— Por si algo saliera mal. Me gusta tenerlo todo controlado.

— Seis días y el reloj ya está en marcha —cortó Jaime tras acercarse a una pantalla y observar los datos en ella.

— Estos son sus marcadores personales se llevan alrededor del cuello pueden pedir su regreso en cualquier momento, un solo marcador los traerá a todos de vuelta. No los pierdan.— dijo el otro hombre mientras él y Oscar repartían colgantes y anillos con forma de lágrima.

Era un colgante precioso para ser un simple traslador, tenía una piedra azul en el centro parecido al lapislázuli, rodeada por un precioso adorno plateado con forma de nudos celtas.

— Bien, síganme —dijo Oscar saliendo del vestuario para volver a entrar al mismo sitio de antes, justo donde había una enorme jaula de metal y cristal.

— ¿Qué hay de la protección? —dijo el profesor de historia de mi hermana nada más entrar.

— No pueden llevar nada moderno y menos armas —contestó Oscar.— Entren de uno en uno. Los trasladores sirven para una cuenta atrás de 6 días –dijo subiendo unas escaleras que le permitían entrar en el interior de la máquina.

— ¿Y por qué seis días? —preguntó Alice antes de seguir al hombre.

— Porque esos marcadores se agotan después de seis días —escuché que decía mientras entraba yo y me colocaba justo al lado de mi hermana, quien había subido delante de mí.— No se preocupen, pronto estarán de vuelta.

— Debo informarles de que pueden sufrir cierto grado de dolor que pasará en un par de segundos —dijo el soldado de cabello castaño, estaba segura de que se llamaba Ángel.— Colóquense en su sitio del perímetro, respiren hondo y vayan relajándose.

— Bien, seis días y descontando. Aprovechen esta oportunidad —dijo Oscar.

Los cristales comenzaron a deslizarse por unas estrechas vías de metal hasta rodearnos por completo y dejarnos encerrados en el interior de la caja. El golpe sordo que dio nada más cerrarse me asustó, no me gustaban nada todas esas luces rojas que parpadeaban pero lo que menos me gustó fue sentir como me inundaba un dolor muy intenso. Primero empezó como un simple cosquilleo pero enseguida se convirtió en algo tan insoportable que fui incapaz de contener el grito desgarrador que salió de mi garganta y, por lo poco que pude escuchar, no era la única que estaba agonizando. Pensaba que iba a morir en ese instante y que había sido absurdo seguir los deseos de viajar en el tiempo de mi hermana. Hasta que, de repente, cesó.

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Cualquier comentario será bien recibido =D