(S/L) N/A: No soy dueña de estos personajes.

El diario continúa en letras cursivas y así será a través de toda la historia.

3: Habla conmigo.

No creo haber conocido a una persona como Sheshona Go, y mucho menos tener una paciente como ella. No actúa como cualquier otra mujer que haya tenido la gracia de conocer. Es un tipo de criatura completamente diferente a lo que estoy acostumbrada cuando se trata de personas en general. Dudo que el propio Darwin lo creyera si fuera testigo, pero probaría su punto lo suficientemente bien como para silenciar a los detractores. Es simplemente un tipo diferente de criatura en comparación con el resto de nosotros.

Me faltan ideas sobre qué hacer con ella hasta ahora. Nada funciona porque no desea hablarme sobre nada que pueda ayudarme a comprender por qué está enferma. Solo me mira con esos extraños ojos suyos; son probablemente lo más parecido que veré a un depredador que se alimenta de carne humana. No quiero decir que realmente coma humanos, pero tiene los ojos de un gato. Tengo miedo de saber que piensa, lo que significa que estoy fallando. He prometido curar a esta mujer y, sin embargo, se resiste a todos mis intentos. Ni siquiera se adhiere a la dieta que le he recetado.

Parece que le falta el deseo de curarse, a pesar de que todavía no ha dicho ninguna palabra hacía esa conclusión. En realidad no me ha dicho nada que valga la pena. He tenido algunos pacientes que al principio no les gusta mi tratamiento, condenándolo como una locura en sí mismo por un tiempo, pero se abrieron y dejaron el hospital mucho mejor después. No parece ser del tipo que se abre. ¿Cómo puedo tratar a una mujer que no me habla? Bueno, alguna vez me habla, pero solo dice cosas desagradables y groseras que no me atrevo a repetir, incluso en mi diario más privado. Pero, ¿qué se supone que debo hacer con ella?

-*-(Presente)-*-

–Wow, fuiste un imbécil incluso tu una vida pasada –comentó Kim mientras se alejaba del diario para hablar con su invitado no deseado.

–No lo llames vida pasada. Como si fuera a perder el tiempo coqueteando contigo en cualquier vida –replicó Shego en un tono algo ofendido, cruzando los brazos sobre el pecho.

–Solo estoy bromeando –respondió la pelirroja porque la mujer pálida estaba muy a la defensiva. No quería haber tenido una vida pasada con Shego, incluso si no pudiera recordarlo. Es demasiada Shego para una solo persona. Sería como un castigo por hacer algo muy, muy malo bad.

–Eres bastante mala en eso entonces, no deberías bromear más. Pero, si fue una vida pasada, eras quejumbrosa incluso en ese entonces. "Que debería hacer" "Que debería hacer" "Que debería hacer" Parece que debería ver a un psiquiatra –comentó la villana de cabello negro.

–Si Sheshona es como tú, deberían llamar a un sacerdote –respondió la pequeña heroína.

Shego hizo una mueca, pero mentalmente admitió que fue un buen insulto. Era divertido intercambiar insultos con Kim, especialmente porque la pelirroja entendía los insultos la mayor parte del tiempo. Hasta ahora, estar cerca de su enemiga resultó ser mucho mejor que estar cerca de su empleador, pero Drakken no era muy difícil de superar en ningún tipo de competencia.

–Como sea. ¿Tienes algo de comer por aquí? –la mujer de piel verde preguntó mientras se frotaba el estómago. Habían estado en el sofá durante unas horas y, en su opinión, era hora de cenar.

–¿Qué? –preguntó la aventurera porque la pregunta la tomó por sorpresa. Su frente se arrugó mientras su mente trataba de ponerse al día con el cambio en la conversación.

–Comida. Tengo hambre –explicó Shego en un tono lento como si Kim fuera un chimpancé.

La delgada pelirroja miró a su enemiga extrañamente; ahora era como si Shego fuera el chimpancé. Era bastante extraño que se sentaran en su departamento, leyendo un diario cuya autora llevaba su nombre, era doctora en el siglo XIX y que estaba tratando a una mujer llamada Sheshona Go, que compartía el mismo nombre con Shego. En realidad, todo era extraño en sí mismo y, además, no estaban luchando físicamente mientras compartían la misma área durante horas. Ahora, Shego pidió ser alimentada mientras estaba en su casa cuando Kim debería haber llamado a la policía para arrestar a la mujer súper poderosa. No había un nivel en el medidor de rarezas para medir lo que estaba sucediendo en la opinión de Kim.

–Hey, princesa, comida –repitió Shego. Vaya, la pequeña señorita perfecta es en realidad una miserable anfitriona, pensó.

–¿La pizza es lo suficientemente buena para ti? –preguntó Kim. ¿Dónde estaba el daño de alimentar a Shego después de no echarla del departamento? Además, ella también tenía hambre.

–Como sea. Solo diles que la tengan aquí en treinta minutos o menos sino quemaré al repartidor– respondió el ladrón de cabello negro.

–Shego –la pelirroja regañó a su invitada mientras agarraba el teléfono.

La mujer mayor simplemente puso en blanco los ojos mientras Kim pedía una pizza. Shego se masajeó la frente mientras trataba de comprender el hecho de que su antepasado, con la cual compartía nombre, había sido ingresada en un manicomio y en realidad fue tratada por un Possible. Parecía sentirse atraída por la doctora para empeorar las cosas. ¿Cuáles eran las probabilidades y... por qué había sido nombrada en honor a esa mujer? ¿De qué demonios se trata todo esto?

Tal vez haya algún tipo de explicación para todo, consideró Shego. Era plausible que su antepasado solo tratara de poner nerviosa a la doctora Kimberly Possible y por eso le dijo esas cosas a la doctora. Sabía que si se veía obligada a estar en algún lugar con Kim Possible, buscaría la manera de molestar a la pelirroja, como solía hacerlo. No notó el hecho de que había estado en su mejor comportamiento hasta ahora, solo se había burlado y bromeado verbalmente con Kim cada pocos minutos. No había hecho nada demasiado terrible durante su estancia en la casa de la heroína delgada.

Sin embargo, la mujer pálida no podía explicar por qué su antepasado podía haber sido encerrada en un asilo. Entendía que la homosexualidad era vista como un crimen o una enfermedad en ese entonces, pero no comprendía por qué la familia Go se molestaría en poner a un homosexual en la institución. Hasta donde sabía, su familia estaba llena de personas a las que simplemente no les importaba lo que otros pensaban, por lo que no les importaba cuando alguno de ellos eran homosexuales o cosas así. Tal vez las cosas eran diferentes en ese entonces, pensó. O tal vez Sheshona nació en la familia Go equivocada. Uno oveja negra en nuestra familia llena de ovejas negras.

–Shego, ¿de qué quieres la pizza? –Kim preguntó con el teléfono en la oreja.

–¿Eh? –preguntó Shego porque la pregunta la desconerto.

–¿De que quieras la pizza? –repitió la mujer más joven.

Shego todavía estaba un poco confundida por la pregunta por la simple razón de que no estaba acostumbrada en lo absoluto a que la gente le preguntara qué quería. Estaba acostumbrada a ordenarle a la gente que hiciera las cosas a su manera o simplemente hacía las cosas por sí misma. Incluso cosas simples como los ingredientes en la pizza, eran ignoradas a menos que se quejara. Finalmente respondió la pregunta después de unos segundos, quería pepperoni y Kim ordenó una pizza mitad pepperoni, mitad extra queso.

–¿Extra queso? Debes estar tratando de aumentar de peso –comentó la mujer de cabello negro.

–Siempre pido extra queso y no subo de peso ni nada. Entonces, después de comer, ¿podríamos dejar de leer hasta mañana?–la esbelta aventurera solicitó.

–¿Qué? ¿Por qué? –preguntó Shego. Quería llegar al fondo de por qué el diario de un Possible había estado en la casa Go tan pronto como pudiera porque no quería perder su tiempo libre alrededor de la pelirroja. Por lo tanto, quería llegar al final del diario rápidamente.

–Bueno, tengo un trabajo de investigación que necesito hacer –respondió la estudiante universitaria, señalando con la cabeza hacia su pila de libros. Sus libros todavía la esperaban junto a la puerta y necesitaba volver a ellos pronto si quería obtener la mejor calificación.

Shego hizo una mueca. –¿No puedes hacerlo en otro momento? –preguntó. Por supuesto para ella, llegar al final del diario era más importante que cualquier cosa que la heroína pudiera decir.

–Necesito comenzar –respondió Kim.

La estudiante de ojos oliva realmente necesitaba iniciar su proyecto de investigación mientras tenía tiempo. Había estado intentando comenzarlo desde que le habían asignado la tarea, pero siempre ocurría algo. Tenía la costumbre de hacer el trabajo escolar en el último momento, a veces incluso durante las misiones, y realmente no le gustaba eso, así que hacía todo lo posible para ponerse a trabajar cuando tuvo la oportunidad. Lo último que quería hacer era pedir otra extensión. Si bien sus profesores generalmente entendían, era vergonzoso tener que preguntar.

–¿No te importa cómo llegó esta estúpida cosa a mi casa? –preguntó la mujer mayor, agitando el viejo libro descuidadamente. Se molestaría si el diario se desmoronara en su mano, pero no pensó que pudiera pasar eso.

–Sí, me importa, pero también me importan mis calificaciones. Tengo tarea que hacer. ¿No puedes esperar hasta mañana? –preguntó Kim incrédula. Sabía que Shego era impaciente, pero no creía que Shego fuera tan impaciente.

–Bien –Shego resopló en derrota, con los hombros caídos. Shego fue realmente confundida por las preguntas y solicitudes de Kim. ¿Por qué Kim no podía simplemente comenzar una discusión? Sería mucho más fácil para la mujer pálida, mucho más normal para ellos. Sería capaz de quejarse si solo Kim discutiera con ella. Pero, en cambio, compartieron una pizza.

- * - (1855) - * -

Sheshona fue empujada a la espaciosa oficina de la doctora Possible por el ayudante del hospital. Se las arregló para mantenerse de pie, a pesar de sus grilletes. Se detuvo y miró al asistente David Barkin, con ira asesina en sus agudos ojos esmeraldas. Él le sonrió, sosteniendo su barbilla en alto. Realmente parece disfrutar mucho empujarme, observó en silencio. Había sido rudo con ella desde su llegada al hospital, siempre agarrándola, arrojándola, empujándola e intentando hacerse cargo de ella. Antes de que pudiera decirle algo grosero, la doctora habló.

–Señor Barkin, le he pedido repetidamente que no trate a mi paciente de esa manera –dijo la doctora Possible con calma desde su escritorio.

El asistente solo frunció el ceño. Odiaba escuchar a la doctora decir algo, especialmente a él. Parecía pensar que era importante solo porque era doctora, en su opinión de todos modos. Ella todavía era mujer, pensó que un hombre necesitaba enseñarle esa lección. Era solo una mujer, después de todo. No era nada especial. De hecho, a veces pensaba que ella necesitaba estar en el manicomio considerando el hecho de que había ido e intentado ingresar en la profesión de hombres. Ella en si era una desviada.

–Puede irse ahora, señor Barkin –le informó la doctora Possible en un tono cortés pero despectivo.

Barkin frunció el ceño aún más y luego Sheshona no pudo evitar agregar, –ya escuchaste a la mujer, gran mono. Sal de aquí.

El asistente gruñó por lo bajo, causando que Sheshona sonriera con un deleite diabólico. Hasta ahora, la mujer pálida realmente disfrutó del manicomio solo porque se le permitía tener la oportunidad de poner nervioso a ese hombre. Era tan fácil de molestar que solo podía ser divertido meterse con él. En realidad, le recordó a molestar a su hermano mayor, que era una de sus cosas favoritas de hacer cuando estaba en casa. Golpeó con fuerza la gruesa puerta, pero ninguna de las dos mujeres se estremeció ante el ruido.

La mujer de cabello negro no disfrutó el hecho de que el estúpido hospital había obedecido a su padre y no le había quitado los grilletes. Sus muñecas y tobillos estaban raspados, pero todavía no había descubierto cómo salir de las esposas. Su padre había pensado mucho en ello y había diseñado cadenas especiales para evitar que pudiera abrir las cerraduras de inmediato. Es un hombre despiadadamente astuto que se va a romper cuando salga de las esposas y de este hospital, pensó.

–Sheshona, toma asiento, por favor –dijo la doctora Possible, mirando a la silla frente a ella.

La mujer de cabello negro no respondió, pero se sentó. Eso era lo habitual desde que había llegado. Le hubiera gustado poder sentarse de alguna manera licenciosa para llamar su atención, pero se conformó con parecer aburrida. Era una buena forma de atraer la curiosidad.

Se dejó caer en la silla frente al escritorio de la doctora, que la estaba esperando. Extendió sus piernas hacia el exterior de cada pata delantera de la silla, tan lejos como le permitían sus grilletes. Llevaba pantalones en lugar de un vestido, su padre generalmente intentaba forzarla a usarlos cuando estaba afuera. Ella prefería los pantalones a las capas de ropa que se esperaba que las mujeres usaran encima. Por supuesto, definitivamente le gustaba sacar a las mujeres de esa ropa. Puso las manos entre las piernas para equilibrarse en la silla y esperó a que la doctora le prestara algo de atención.

La doctora Possible siempre estaba ocupada en su escritorio cuando entraba Sheshona. La mujer pálida no sabía lo que estaba haciendo su doctora y supuso que no le importaba, aunque preferiría que Kimberly le prestara atención y no al papeleo. Sin embargo, sabía que si la doctora le prestaba atención, comenzaría el tratamiento molesto. Del cual no era fanática.

Sheshona había sido "tratada" por muchos médicos desde que su padre descubrió lo que hacía con la mayor parte de su tiempo, es decir, meterse en la cama con mujeres hermosas y tener sexo lo más salvaje posible con ellas. Todos los médicos que visitó le asignaron una dieta, que nunca siguió y la doctora Posible no era diferente en ese sentido. Había otras cosas que variaban de un médico a otro, pero era más o menos el mismo tratamiento hasta que llegó a la pelirroja. Lo extraño con la doctora Posible fue que también trató de entender como su paciente y como pudo haber atrapado su "enfermedad". Quería discutir asuntos, como cuando fue la primera vez que Sheshona quiso estar con una mujer en lugar de un hombre y cosas de esa naturaleza.

La mujer de ojos esmeralda nunca respondió las preguntas. No le importaba compartir sus pensamientos privados con nadie, a menos que de alguna manera llevara a la conquista a su cama. No estaba segura de qué hizo que la doctora desarrollara tal tratamiento, pero en realidad tenía sentido para ella y ni siquiera creía que tuviera una enfermedad real. Parecía una buena idea tratar de entender a alguien con su "enfermedad" particular y eso podría ayudar a cambiar el su mentalidad, si era posible. Pero, parecía que Kimberly era el único médico en el planeta que había llegado a esa conclusión hasta ahora.

Sheshona miró a la pelirroja mientras trataba de terminar su papeleo. Había algo en la doctora, algo cautivador. Su paciente intentó descubrir qué era y porque siempre llamaba su atención. Dudaba que fuera la apariencia de la doctora. La pelirroja era atractiva, sí, pero había visto y tenido bastantes mujeres hermosas. Las apariencias casi nunca fueron algo que le llamó la atención. Lo resolvería tarde o temprano, solo para tranquilizar su mente, ya que veía a la doctora todos los días por sus extrañas sesiones.

La doctora Possible terminó de mirar los papeles frente a ella y luego dirigió su atención a su paciente descontento. Después de un par de semanas de tratamiento, no había llegado a ninguna parte con Sheshona. La mujer de cabello negro se negó a compartir nada con ella, lo que dificultó que su tratamiento funcionara ya que se basaba en obtener información de su paciente para ayudarla a comprender como pensaban sus pacientes. Una vez que entendía cómo pensaban sus pacientes, podía trabajar para cambiar esos patrones.

Al principio, la doctora estaba acostumbrada a que sus pacientes estuvieran aprensivos, lo que se debió a lo inusual de su tratamiento. Pero, a medida que pasaba el tiempo y les hablaba como si fueran personas normales, como creía que lo eran, tendían a abrirse y decirle lo que necesitaba saber para ayudarla a curarlos. Sin embargo, su paciente actual se negó a seguir ese camino.

Lo que Sheshona hizo principalmente durante las sesiones fue mirar a la doctora con lo que Kimberly pensó que era un brillo extraño en sus ojos esmeraldas, como si Sheshona estuviera tratando de hipnotizarla. Sheshona era una mujer franca y de alguna manera hacía saber lo que quería, por eso miró a su doctora de esa manera. Solo le estaba haciendo saber a la pelirroja que era deseada. También quería que Kimberly sintiera curiosidad y pensara en ella.

–Entonces, Sheshona, ¿vas a hablar hoy? –Kimberly preguntó con una sonrisa educada. Había tomado la decisión de hacer esa pregunta últimamente para evaluar el estado de ánimo de su paciente. Si no recibía una respuesta, Sheshona seguramente la miraría durante toda la sesión.

–Tal vez –respondió Sheshona con una sonrisa. No tuvo problemas para hablar sobre las cosas que quería, pero no iba a responder a ninguna de las preguntas de su doctora.

–Entonces ¿Qué te gustaría discutir? –la pelirroja preguntó mientras esperaba en silencio que su paciente finalmente se abriera. Tenía esa esperanza cada vez que su paciente pálida decidía hablar con ella.

–De ti–respondió Sheshona honestamente.

–¿De mí? –dijo la doctora en un tono perplejo, logrando mantener una cara seria.

–Sí, de ti –dijo la mujer de piel verde con una mirada soñolienta en sus ojos para mostrar aún más que estaba aburrida. Dejó que su sonrisa satisfecha se transformara en una sonrisa perezosa.

–¿Qué te gustaría discutir de mí? –Preguntó la doctora Possible, un poco asustada de escuchar la respuesta. Sheshona había desarrollado la horrible costumbre de decirle cosas bastante vulgares.

–Principalmente tu escritorio y cómo te quiero en él con tus piernas alrededor de mi cintura. Estoy seguro de que tienes unas piernas encantadoras. ¿Por qué no me las muestras? –pidió Sheshona con una pequeña sonrisa, pareciendo un poco demoníaca debido a la expresión.

La mujer de cabello negro dijo la franca verdad. Quería a la doctora en ese mismo escritorio. Era un gran escritorio de madera que le rogaba que tuviera a Kimberly encima. Incluso había tenido sueños al respecto. Las imágenes que flotaban en su mente eran ella en ese escritorio con la doctora debajo de ella, gimiendo, pidiendo, rogando por más y simplemente disfrutando de lo que todos querían que creyera que estaba tan mal. Tal vez lo que hizo estaba mal, tal vez sus motivos estaban mal, pero el placer en sí mismo era más que bueno en su opinión y nadie cambiaría su opinión al respecto.

–Sheshona, te he dicho una y otra vez que no digas esas cosas –dijo Kimberly mientras trataba de mantener la compostura.

Las palabras de Sheshona inquietaron a la doctora, pero logró ocultarlo bastante bien, lo cual siempre hacía. Sabía muy bien que su paciente hablaba en serio y que el brillo de sus ojos era atracción sexual, lo que esperaba curar a la mujer pálida. Parecía ser puramente una enfermedad mental con Sheshona, notó.

Cuando Sheshona llegó por primera vez, Kimberly había examinado físicamente a la mujer pálida lo mejor que pudo antes de que las palabras de Sheshona la obligaran a detenerse. Sheshona le había dicho casi todo impropio que pudo pensar de la doctora ese día. La mujer de color extraño era la mujer perfecta, físicamente hablando; estaba totalmente sana. Todo funcionaba internamente, sin embargo, Sheshona solo parecía querer la atención y el afecto de las mujeres.

–No puedo evitarlo, Doc. Siempre me enamoro de una cara bonita –comentó la mujer de piel verde y obtuvo el efecto deseado; la doctora Possible se sonrojó.

A Sheshona le gustaba cómo se veía la doctora cuando se sonrojaba, más de lo que disfrutaba cuando otras mujeres se sonrojaban. Le gustaban las mujeres tímidas y modestas en su mayoría, pero cuanto más veía a la doctora sonrojarse, más lo disfrutaba. Deseaba poder liberar sus manos porque ahora estaría provocando más rubor escarlata.

Tenía buenos planes, en su opinión, si tan solo tuviera las manos libres. Hubiera extendido la mano y acariciado la encantadora mejilla de la pelirroja, podía decir que era suave, solo para ver la reacción. Apostaba que la buena doctora se habría sonrojado aún más y luego seguramente la se habría alejado de su toque. Solo la excitaría más si la pelirroja se resistía. Le encantaba una buena persecución, especialmente porque sabía que ganaría al final. Siempre ganaba.

–Sheshona, estoy empezando a creer que no quieres curarte –comentó claramente Kimberly, cruzando las manos delante de ella.

–Estoy empezando a creer que te verías mejor desnuda –respondió Sheshona con otra sonrisa.

Los ojos verdes oliva de la doctora Possible se entrecerraron; ¡Su paciente la enfurecía! ¿Por qué no podía obtener una respuesta directa de Sheshona? ¿Por qué la mujer pálida siempre tenía que decir algo totalmente inapropiado? ¿Por qué no quería ninguna ayuda? ¿Sheshona no quiere ser normal? ¿Por qué está contenta de estar enferma? Kimberly simplemente no podía entenderlo y la molestaba porque si no comprendía a su paciente, entonces no podría hacer nada por ella. Por supuesto, así estaba cayendo directamente en el juego de Sheshona.

–Sheshona, ¿no quieres salir del hospital? –Preguntó la doctora Possible.

–Lo haré –respondió suavemente la mujer de ojos esmeralda. Saldría del manicomio, pero solo después de saciar su creciente deseo por la médica pelirroja. Quería su conquista antes que nada. Se le hacía agua la boca y se saldría con la suya. Eventualmente siempre se salía con la suya. A veces, solo tomó un poco más de tiempo.

–No lo harás si no empiezas a hablar conmigo –parecía prometerle la pelirroja o incluso amenazar a su paciente.

Sheshona no respondió, pero estaba un poco impresionada. La pequeña doctora no era tan mansa como a veces pensaba, se recordó Sheshona. Eso es todo, se dio cuenta. Acababa de descubrir porque la doctora llamaba su atención y qué fue lo que la hizo pensar en la mujer pelirroja más allá de ser una conquista. Kimberly era una hipócrita.

La doctora se sentó allí y estaba tratando de convertir a Sheshona en una mujer "normal", pero no era lo que estaba tratando de hacer. La doctora Possible no era una mujer normal por mucho y Sheshona no podía creer que le hubiera tomado tanto tiempo darse cuenta de eso. Bueno, bien podría dar a conocer el pensamiento. Al menos haría que la doctora pensara en cosas.

–Doc –dijo Sheshona.

–¿Si? –respondió la pelirroja, esperando que su paciente compartiera algo relevante.

–Deberías seguir tu propio consejo o deberías desnudarte ahora porque eventualmente voy a tenerte justo en ese escritorio –declaró Sheshona como si sus palabras fueran pura realidad.

–¿Tomar mi propio consejo? –Kimberly repitió con una expresión confundida. Eligió ignorar la segunda mitad de la declaración porque no le haría ningún bien reconocer esas palabras.

–Quieres que sea la mujer ideal, normal y que solo quiera acostarse con mi esposo solo porque él lo quiera. Desapasionada y pasivo. Desinteresado y de voz suave. ¿Cómo puedes sentarte allí siendo doctora y pensar tal cosa? Eres una doctora –respondió Sheshona.

¿Cómo podría una mujer que era doctora sentarse y tratar de normalizar a las mujeres? Probablemente era la única doctora en todo el hospital. Bueno, definitivamente en toda la región de cualquier manera. Sheshona pensó que ser doctora era aún más extraño que su comportamiento. Después de todo, se había encontrado con muchas mujeres dispuestas a acostarse con ella, pero Kim era la primera y única doctora que había visto. Obviamente era una mujer ambiciosa con sueños más allá de tener esposo e hijos y pasar el resto de sus días acostada debajo del hombre y criando sus mocosos.

–Sé que soy doctora, por eso estoy tratando de ayudarte –señaló Kimberly. Parecía que se estaba perdiendo la cuestión de su paciente.

–¿Quieres ayudarme cuando eres tan anormal como yo? Probablemente seas peor que yo. Eres doctora –repitió Sheshona casi como si fuera un insulto.

Kimberly se sentó allí y permitió que las palabras de su paciente se asimilaran. Muy bien, era doctora y mujer, era bastante anormal en ese sentido. Pero, todavía era una mujer normal, ¿verdad? Sí, estaba casada e incluso tenía un hijo. Estaba enamorada de su esposo y era muy amorosa hacia él y su hijo. Era una esposa solidaria y una madre amorosa. Era una mujer normal. Soy una mujer normal y Sheshona está enferma. No puedo dejar que me afecte. Como ella dijo, yo soy doctora.

-*-(Presente)-*-

–Está bien, princesa. Te veré mañana –anunció Shego después de tirar el plato de papel que usó para sus rebanadas de pizza.

Kim se sorprendió por esas palabras y fue evidente en sus grandes ojos color oliva. Había estado tan segura de que tendría que literalmente echar a Shego del apartamento. No pensó que la mujer súper poderosa se iría pacíficamente por quien era Shego, pero eso fue exactamente lo que sucedió.

Shego pensó que irse sin causar ningún problema era lo mínimo que podía hacer después de partir el pan con Kim o dividir la pizza como lo habían hecho. Kim fue cortés con ella y podía devolverle el favor, si quería y así lo hizo. Entonces, dejaría que Kim comenzara a su precioso proyecto de investigación.

Kim se quedó sola y un poco curiosa; bueno, tal vez algo curiosa. No podía creer que Shego había venido a compartir algo con ella, algo que podría haberse guardado fácilmente para sí misma. Parecía casi agradable. Aparentemente, había más en Shego de lo que había pensado, especialmente porque la mujer mayor había sido una compañía casi decente. Era un poco molesta por todos los insultos que salieron de su boca por lo que no estuvo completamente bien. Fue bastante raro.

–Pero bueno, toda la noche fue extraña –murmuró Kim, sacudiendo la cabeza.

La pelirroja nunca había esperado tener a Shego de invitada en su casa, ni siquiera tenerla como no invitada. Habría pensado que Shego actuaría desagradable, como solía hacerlo cuando peleaban, pero no fue nada de eso. Se habían llevado más como amigas que como enemigas. Fue muy raro.

–Mejor no pensar en eso. Es hora de comenzar a mi investigación –declaró Kim, dirigiéndose a sus libros.

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Sheshona es un acertijo que me aturde la mente y los engranajes mecánicos en mi cabeza no están seguros de qué dirección tomar cuando se trata de ella. El enigma de esa mujer llama mi atención porque deseo curarla desesperadamente, como lo haría cualquier buen médico. Sin embargo, me rechaza como si yo fuera la que intenta envenenar su mente, cuando es totalmente lo contrario. Entonces, ahora me encuentro reflexionando sobre ella más que otras cosas en mi vida para comprender lo que debería hacer. Mi único deseo es ayudarla, pero parece tan decidida a no aceptar la ayuda y su único deseo parece ser volverme más loca que una liebre en marzo.

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La próxima vez: Un capitulo mayormente de Sheshona y su doctora, Sheshona tiene un pequeño problema con cierto ayudante que lleva a un enfrentamiento en su habitación.