No soy dueña de estos personajes.

5: Fuerte como una piedra.

El teléfono sonó y distrajo a Kim y a Shego de su lectura. Shego puso una expresión de molestia. Quería saber qué sucedió entre Sheshona y la doctora, ya que parecía que Sheshona acababa de golpear a un asistente. El diario aún no había explicado la razón por la cual su antepasado se había desquitado con el asistente y quería saber la razón. Era bueno saber que su familia se ocupaba de los negocios incluso en aquel entonces.

Kim también quería saber la razón detrás de la pelea, pero se levantó para contestar el teléfono. Sabía que eso irritaba a su invitada. Pero, pensó que podría deshacerse de la persona que llamaba rápidamente, ya que era muy probable que no fuera importante. Una llamada importante habría llegado a su Kimunicador, después de todo.

–Hola –Kim saludó a su interlocutor.

Shego observó que la pelirroja tuvo una breve llamada telefónica en la que principalmente se encogió de hombros, como si la persona que llamaba pudiera ver. También murmuró las palabras "está bien" varias veces de manera indiferente. Luego desconectó la llamada y volvió a colocar el teléfono en su base. Ella regresó al sofá.

–¿Quién era? –la mujer de piel verde preguntó. Era entrometida a veces. Un hábito que tenía desde que podía recordar. No ayudó que se relacionara con asuntos de sigilo, por lo que siempre le gustaba tener información.

–Novio –respondió Kim como si no fuera nada.

–Rompiendo contigo –bromeó Shego.

–Es lo que espero –admitió la esbelta aventurera como si no fuera nada. Había cancelado suficientes citas para ir por ese camino, por lo que solo esperaba que él llegara a la realización para que ambos pudieran dejar de perder el tiempo. Sin embargo, parecía estar andando por las ramas.

–¿Qué? –la mujer pálida preguntó mientras fallaba en ocultar su sorpresa y confusión. ¿Kim estaba esperando que su novio terminara con ella? ¿Quién hace eso? No podía ser lo que la estudiante universitaria quiso decir, se convenció a sí misma.

–Estoy esperando que termine conmigo –afirmó la pelirroja. Realmente quería que él dejara de perder su tiempo y solo terminara las cosas. Rompería con él, pero no tenía una excusa válida, así que esperó a que él explicara sus razones y se fuera. Podía adivinar cuáles eran, ya que apenas variaban de un novio a otro.

–¿Estás esperando que rompa contigo? ¿La misma Kim Possible que perdió el control cuando descubrió que su precioso Eric era un syntho-drone(1)? –Shego preguntó incrédula. Todavía tenía flashbacks de aquella repulsiva noche cuando vislumbró el lado oscuro de la señorita perfecta. No compartiría lo que pensaba de esa noche, pero no era lo que la mayoría de la gente esperaría de ella.

–Me gusta pensar que he madurado un poco en estos últimos cuatro años –replicó Kim. En retrospectiva estaba bastante avergonzada de la mayor parte de esa noche y deseó que su invitada ni siquiera se hubiera molestado en mencionarlo.

Shego se encogió de hombros. No lo había notado, pero en cuanto a actitud, su enemiga se había suavizado mucho. A Kim le gustaba pensar que había madurado. Es decir, todavía se tomaba en serio la lucha contra el crimen, ayudar a la gente y salvar el mundo como siempre lo había hecho, pero había dejado atrás el deseo de nunca equivocarse, la necesidad de ser perfecta, y el intento desesperado de tener un novio estable. Había disminuido su estrés. Por extraño que pareciera, tenía que agradecerle a Ron por eso.

Durante el breve momento que Ron había salido con Kim, la miró bajo una luz completamente nueva y se dio cuenta de que Kim iba más allá de tener problemas de control. Ni siquiera podía poner en palabras su comportamiento, incluso si le hubieran asignado la oportunidad de inventar las palabras. El hecho de que cada pequeña cosa tenía que hacerse a su manera había hecho que él rompiera con ella, lo que pensó que era gracioso ya que para ese entonces había tratado de atenuar las cosas con él.

Él afirmó que le había tomado toda su fuerza de voluntad no correr gritando a través de la noche una vez que su relación había terminado. Le gustaba ser su amigo mucho más que cualquier otra cosa ahora que había experimentado tenerla como novia y cuando le explicó por qué, ella había tomado en serio sus palabras. Tenía que ser cierto si su mejor amigo le decía que tenía problemas. Él la ayudó a calmarse, pero nunca volvieron a estar juntos como pareja. Las relaciones para ella todavía no iban tan bien como le hubiera gustado.

A veces, Kim consideraba que simplemente no estaba hecha para tener una relación real. No había tenido un novio estable durante más de dos meses en toda su vida y dos meses era presionar las cosas la mayor parte del tiempo. No creía que hubiera algo mal con ella debido a eso, pero ocasionalmente pensaba que las cosas siempre serían así porque lo habían sido hasta ahora.

–Entonces, ¿solo te sientas y esperas a que los chicos rompan contigo? –preguntó Shego incrédula. Nunca haría algo tan estúpido, pero, de nuevo, nunca entraría en una relación seria para que hubiera ruptura alguna.

–Sí –respondió Kim como si no hubiera nada malo en eso.

–¿Por qué no terminas tú con ellos?

Kim se encogió de hombros. –Porque generalmente no hay nada malo con ellos.

–Pero, ¿hay algo mal contigo? –preguntó Shego con una sonrisa burlona.

–No, por supuesto que no. Simplemente no creo que sea justo para mí romper con un chico cuando no hay nada malo. Por lo general, no tengo razones para querer romper, pero ellos sí. Así que, solo espero que lo hagan.

–Entonces no deben importarte mucho –comentó la ladrona de color musgo. Wow, parecía que ella y Kim eran más parecidas de lo que hubiera pensado. Ella trataba con chicos que no le importaban todo el tiempo.

–Difícilmente hacen algo para quedarse a mí alrededor. Están muy felices el primer par de semanas y entonces eventualmente el sentimiento desparece. Usualmente dicen algo sobre cómo no tengo suficiente tiempo para ellos o algo así. Aparentemente, debería dejar que el mundo sufra porque mi novio está en un concurso de surf o tocando en un bar del que nadie ha oído hablar. Finalmente me di cuenta de que no debería tener que esforzarme tanto por un chico o rogarle que se quede o algo así –explicó la pelirroja.

–Entonces, tienes un cerebro con pensamiento complejo –bromeó Shego. Estaba un poco feliz de que la artista marcial más joven descubriera que un chico no era tan importante. Un novio que se iba no era el fin del mundo. Demonios, la mayoría de las veces era lo mejor que le podía pasar a una chica en su opinión.

–Bueno, ¿y qué hay de ti, señorita Go? ¿Tienes novio? –la mujer más joven preguntó, buscando burlarse de su invitada.

–No –respondió Shego con facilidad. –Los hombres no son más que herramientas para mí, nada más –comentó con un gesto de su mano. Estaba hablando muy en serio ahí.

–Una forma bastante desapasionada de ver las cosas –murmuró Kim.

–Bueno, prefiero no terminar como cierta heroína adolescente una noche de lluvia en la que pudo matado a alguien por un chico –bromeó la mujer pálida en un tono ligeramente brusco.

–Sabía que eso no te mataría –argumentó la pelirroja con el ceño fruncido.

Shego alzó una ceja de ébano con incredulidad. –¿En serio? ¿Cómo lo sabías? –prácticamente exigió. Lo que había pasado esa noche habría matado a casi cualquier otra persona. Demonios, ella y Hego eran probablemente las únicas personas en la Tierra que podían sobrevivir a eso.

–Te conozco bastante bien, así que sé que eres más fuerte que eso –murmuró Kim. Después de luchar contra Shego durante tanto tiempo, sabía que la villana podía recibir mucho daño, mucho más que cualquier persona normal. También sabía que su archienemiga se contenía cuando peleaban, especialmente cuando se trataba de explosiones de plasma. El plasma podía atravesar el acero y, sin embargo, de alguna manera ni siquiera la hizo sangrar ni le dejó un hormigueo en la piel. La mayoría de las veces, ni siquiera quemó su ropa. No entendía por qué su enemiga se lo tomaba con calma, pero sabía que Shego lo hacía.

La pálida artista marcial asintió. –Es bueno saber –murmuró.

Era muy bueno saber que Kim no había estado tratando de asesinarla esa noche por un chico. Había perdido un poco de respeto por la pequeña heroína esa noche y después de cuatro años nunca había realmente regresado. Dejó un vació en ella, trató de ignorarlo e intentó volver a vivir su vida como solía hacerlo, pero la chispa que la atravesó cuando luchó contra Kim había cambiado. Solía sentirse emocionante, gratificante y jubilosa cuando iba en contra de la artista marcial más joven antes del incidente "Pequeño Diablo", pero después de eso, el sentimiento se había transformado en molestia, frustración, enojo y, a veces, incluso en el odio de que la chica se atreviera a luchar contra ella. Su carrera con Drakken en realidad fue categorizada en el antes y el después de ese incidente. Lo extraño era que no creía que tal categorización fuera muy significativa.

Con la admisión que Kim no había tratado de matarla... Shego se sintió un poco más ligera, un poco más completa. Había un aleteo en su estómago. ¿De qué demonios se trata?

–Hey, Shego –dijo Kim después de un momento de silencio.

–¿Qué? –la ladrona preguntó como si estuviera molesta.

–¿Por qué no me has matado todavía? –la heroína preguntó en un tono muy bajo con una mirada pensativa. –Quiero decir, sé que podrías haberme destrozado fácilmente con tu plasma básicamente en cualquier momento. Entonces, ¿por qué nunca lo hiciste?

–Lo retiro, no tienes cerebro con pensamiento complejo –comentó Shego con una sonrisa.

Kim frunció el ceño. –¿Por qué dices eso?

–¿Aún no te has dado cuenta? –preguntó Shego.

–¿Qué? –Obviamente, no se había dado cuenta sobre lo que estaba hablando su huésped.

–Nunca mato a nadie –señaló la asistente de piel verde. Oh, que terrible asesinato podía cometer su madre contra ella si alguna vez mataba a alguien, incluso por accidente. No había sido entrenada para matar. Era en contra de su código familiar. Había sido entrenada para ganar, pero nunca para matar. Fue entrenada para el combate civil, el sigilo y el deseo de ser mejor. Ella quería pelear como un atleta quería jugar su deporte. Era divertido, pero también un trabajo. No era solo un juego, sino su vida y quería ser la mejor. Matar no era parte de su vida.

–Sí, noté eso... –murmuró Kim, con los ojos vagando al suelo. Su pregunta parecía un poco estúpida ahora. Nunca había visto una orden de arresto contra Shego debido a homicidio y, a pesar de todo lo que Shego hacía, Kim solía ser la única que se lastimaba un poco. Los guardias en lugares donde Shego irrumpía casi siempre estaban inconscientes de alguna forma que no tenía nada que ver con un trauma de fuerza contundente.

–Volvamos al diario –sugirió Shego. Ella y Kim estaban tocando temas demasiado personales para su gusto ahora. Kim estuvo de acuerdo con eso por la misma razón. No eran amigas, por lo que no necesitaban conocerse personalmente.

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...Me estremezco al imaginar lo que estaba haciendo el asistente en la habitación de mi paciente con apariencia de haber sufrido abuso. Ha habido indicios de que se estaba comportando con desagrado, pero nadie ha hablado sobre eso. Las pacientes femeninas pueden llorar o quejarse mientras caminan con él, pero nunca dicen nada sobre por qué lo hacen. Algunas pacientes femeninas han llorado intensamente incluso si las tocaba de una manera que parecía inocente, pero aun así, no dirían por qué.

Por lo general, se les hace creer a las mujeres que tales ataques son su culpa de alguna manera, por lo que no hablan porque no quieren que las personas piensen mal de ellas. Muchas personas culpan a las mujeres cuando suceden esas cosas, incluso a veces llegando a afirmar que una mujer lo deseaba o lo merecía. A veces, incluso van tan lejos como para intentar justificar las acciones de los hombres, degradando a la mujer y alegando que es una prostituta.

Parece que Sheshona ni lo deseaba, ni lo merecía, ni lo permitió. Bueno, si mi suposición es correcta de todos modos. No me ha contado lo que pasó, como todas las demás. El asistente se niega a admitir cualquier cosa también, ni siquiera quiere explicar cómo se rompió las costillas. Sin embargo, gran parte de la evidencia apunta a mi sospecha. Mi mayor esperanza es que ella me hable al respecto, para que no repercuta en su mente. Sin embargo, antes que eso pudiera suceder, mi principal preocupación era obtenerle atención médica...

- * - (1855) - * -

Sheshona miró a Kimberly mientras entraba en la habitación de la mujer pálida. La mujer de cabello negro se preguntó qué pensaría su doctora mientras miraba entre Sheshona y el asistente inconsciente un par de veces. Había tantos problemas que podían surgir, pero el pensamiento principal que estaba en la mente de la mujer pálida era que nunca había sido golpeada frente a una conquista.

Sheshona siempre había tratado de nunca pelear frente mujeres, especialmente aquellas que le atraían. Las mujeres simplemente estaban impresionadas con ella, no por su poder o habilidades, lo cual le gustaba. Aunque, tuvo que admitir que en este momento, no parecía que tuviera mucho talento. Estaba sangrando, después de todo. Ahora, todo lo que podía hacer era pensar que su doctora compararía su comportamiento con el de un hombre para vincular todo con su supuesto problema. Solo estaba preocupada por eso.

Estaba el hecho de que podía estar en problemas por golpear al asistente, pero eso no entró en su mente. Era un empleado del hospital, después de todo. Nadie podría creer lo que intentó hacerle; incluso su encantadora doctora podía no creerlo. Aunque, cuando miró a la doctora, se dio cuenta de que Kimberly sabía exactamente lo que sucedió. Sin embargo, ¿Era algo bueno?

Podrían surgir varios problemas con su doctora si sabía lo que había pasado. Su doctora podría suponer que ella era débil o que de alguna manera había guiado al asistente antes de cambiar de opinión. Su doctora podría culparla por lo que sucedió.

La doctora Possible se acercó a su paciente casi de inmediato y le tendió la mano a la mujer de cabello negro. Sheshona miró la mano como si no supiera de qué se trataba. No tuvo la oportunidad de reflexionar porque Kimberly se inclinó y rodeó los hombros de Sheshona con su brazo. Ayudó a su paciente a ponerse de pie e incluso puso su chaqueta sobre los hombros de Sheshona para ocultar las roturas en la camisa de la mujer de ojos esmeralda.

Antes de llevar a Sheshona a la sala médica, Kimberly ordenó a algunos miembros del personal de la institución que sacaran a Barkin de la habitación y le dieran atención médica inmediata. Sheshona miró a la doctora mientras gritaba órdenes. Querido, dulce y misericordioso Dios en el cielo, era erótico, especialmente porque la gente seguía esas órdenes. Sheshona nunca se había dado cuenta de lo erótico que podía ser el poder. No tuvo la oportunidad de presenciar gran parte de la autoridad de la doctora porque Kimberly dio órdenes rápidamente y luego fue a la sala médica. Las órdenes continuaron en la sala médica, Kimberly le ordenó a Sheshona que tomara asiento y por un momento Sheshona dudó. Su cuerpo estaba en conflicto ya que no recibía órdenes de nadie.

–Siéntate –la pelirroja repitió en un tono severo y sin oportunidad a quejas lo que hizo que las piernas de su paciente se doblaran sin la orden de su cerebro y colocaran su trasero en un asiento.

Luego, la doctora procedió a sacar cosas para tratar los moretones que cubrían la cara de Sheshona y los cortes en su cuerpo dañado. La mujer de cabello negro estaba estupefacta mientras veía trabajar a la doctora. Kimberly era como una mujer en una misión. Y luego la pelirroja se sentó para tratar a su paciente.

–¿Qué crees que estás haciendo, Doc? –Exigió Sheshona.

–Déjame curarte –respondió Kimberly.

–Puedo hacerlo yo –insistió la mujer pálida.

–¿Con tus manos así? –la doctora señaló mientras apuntaba a las manos encadenadas de su paciente.

Sheshona levantó la boca como si la pregunta fuera una afrenta para ella. Puede que no le gustara mostrar su poder frente a otras mujeres, pero no le gusta mostrar debilidad frente a nadie. Debería ser capaz de cuidarse a sí misma sin importar qué, pero su padre la había puesto en esa situación gracias a sus malditas cadenas.

La malhumorada guerrera permitió a regañadientes que su doctora atendiera sus heridas, algo que nadie había hecho desde que tenía doce años. Se sorprendió no tener que sugerirle que usara un bálsamo para limpiar sus heridas porque Kimberly ya lo estaba haciendo. Y luego la maldita pelirroja la curó tan tiernamente que la molestó. ¿Cómo podía una mujer que ayer decidió no ayudarla, pensar en ayudarla ahora? Ella ni siquiera quería la ayuda.

–Te conseguiré una nueva camisa –dijo Kimberly cuando terminó de vendar todas las heridas de su paciente.

La mujer pálida protestó, pero la doctora no le hizo caso. Kimberly se alejó para recuperar una camisa nueva para su paciente malhumorada. Cuando regresó, se les presentó un nuevo desafío que no había cruzado por la mente de Kimberly hasta ese momento. ¿Cómo vamos a poder ponerle a Sheshona la camisa con esposas aún en sus manos? Y eso trajo algo más a la mente de Kimberly, lo cual fue que Sheshona probablemente había estado usando la misma camisa durante los dos meses que había estado en el manicomio. Podían tener que arrancarle la camisa.

–Sheshona, extiende tus manos –ordenó la pelirroja.

–¿Por qué? –la mujer pálida prácticamente resopló, levantando la boca.

–Solo hazlo –ordenó la doctora.

Sheshona frunció el ceño; tal mujer agresiva, era su hermosa doctora. Extendió las manos y Kimberly sacó una llave del bolsillo de la chamarra que antes había sido puesta sobre los hombros de Sheshona. ¿Realmente había estado usando su salvación? Kimberly abrió las esposas sin pensarlo y Sheshona simplemente no podía creerlo. Su libertad había estado en manos de esa mujer todo el tiempo. Podía haber robado esa pequeña llave en cualquier momento. Sus pensamientos se desvanecieron cuando la doctora le entregó la camisa nueva.

Sheshona prácticamente se arrancó la camisa vieja y se puso la nueva. Se sentía bien llevar una camisa nueva. Había estado atrapada en esa otra pieza de tela sucia durante tanto tiempo, lo que era un mal añadido a las cadenas de su padre. Sabía que odiaba estar sucia. A diferencia de la mayoría de la población, en realidad se bañaba regularmente, algo que había sido gravado en su cerebro gracias a su madre. Su padre había interrumpido su hábito gracias a sus cadenas. Todavía se limpiaba cada vez que podía, pero el hecho de que tenía que permanecer con el mismo atuendo repugnante era tortura pura.

La mujer pálida se frotó las muñecas liberadas después de ponerse su nueva camisa. Había impresiones en su piel debido a sus grilletes. Toda el área estaba adolorida y roja, por lo que ahora su piel estaba complacida de ser liberada. Giró las muñecas varias veces, solo para dejar que se movieran las articulaciones. Suspiró y luego volvió su atención a su doctora.

–Pónmelas de nuevo –le dijo Sheshona a Kimberly.

–¿Qué? –la pelirroja preguntó con incredulidad.

–Pónmelas nuevo. Si mi padre viene a verme y ve que no están, me pondrá unas aún peores –explicó Sheshona.

La mujer pálida solo decía la mitad de la verdad. Su padre casi nunca venía a verla porque nunca estuvo en un lugar el tiempo suficiente como para que él pensara en hacer algo así. Pero, existía la posibilidad de que él apareciera y si la veía libre, definitivamente le pondría otro par de ataduras sin considerar el hecho de que era libre y no había escapado. No era un hombre que pensara profundamente y siempre tenía que estar en lo cierto, por lo que ella tendría que ser encadenada.

Algo más para agregar a su verdad a medias, era el hecho de que sin sus cadenas, se sentía obligada a escapar y quería a su conquista antes de eso. Tendría a su doctora y tenía planes para esas esposas. Por lo tanto, sería mejor volver a ponérselas.

–¿Estás segura? –preguntó Kimberly. No estaba en contra de dejar las esposas fuera, especialmente a la luz de los recientes acontecimientos. No le importaba cuando había jurado el señor Go sobre lo horrible que era su hija. Todavía no creía que eso justificara encadenar a Sheshona.

–Lo estoy. Pónmelas de nuevo –respondió la mujer de piel verde.

Kimberly no discutió, a pesar de que le pareció una petición muy extraña. Colocó las cadenas de vuelta en las muñecas de Sheshona y las puso como estaban. Sheshona miró sus ataduras. Habían salvado la vida de Barkin. Habría matado a ese mono si hubiera podido luchar adecuadamente; arruinando el credo de su familia. Su sangre habría estado en sus manos y no habría perdido el sueño por ello.

–¿Has comido? –Kimberly le preguntó a Sheshona en un tono algo más suave de lo habitual.

–No –admitió Sheshona.

La pelirroja acompañó a Sheshona a la cafetería y, aunque ya había pasado el desayuno, le dieron la comida de la mañana sin problemas. Kimberly hizo exactamente lo que Sheshona quería que hiciera; dejó a la mujer pálida sola con sus pensamientos. Era como si la doctora supiera exactamente lo que su paciente quería y necesitaba por el momento. Ni siquiera se molestó con su sesión diaria, lo que Sheshona agradeció en silencio, a pesar de que las acciones de la doctora la desconcertaron un poco.

Kimberly pasó el día obteniendo la versión de Barkin sobre el evento, sentada con él en su oficina. Era bastante reacio a hablar sobre el asunto. Después de todo, una mujer lo ha dominado físicamente en una batalla. Su afirmación fue que al abrir la puerta para dejar que Sheshona saliera a cenar y ella lo golpeó en la cabeza con algún tipo de contrabando en el que había logrado poner en sus manos. No podía recordar qué era, pero lo había golpeado contra su cráneo y lo había dejado inconsciente, razón por la cual lo encontraron de la manera en que lo hicieron. No tenía explicación para sus otras heridas o las heridas de Sheshona.

Kimberly no se divirtió con el cuento y sacó a la luz las inconsistencias obvias en su historia, como los grandes hematomas de Sheshona y el hecho de que lo habían encontrado encerrado en la habitación con ella. No le había robado la llave para escapar, no había intentado lastimarlo más allá de dejarlo inconsciente, su ropa había estado desgarrada y no habían descubierto contrabando en su habitación. Él solo se puso nervioso y luego indignado, le gritó por dudar de su historia.

–Simplemente estoy exponiendo los hechos, señor Barkin –dijo Kimberly de manera uniforme, a pesar de que no apreciaba su indignación. Ella lo anotó en la documentación sobre el incidente.

–¡Estás del lado de esa loca criminal! –gritó, golpeando su escritorio con la mano. Debido a sus heridas, no pudo golpearlo demasiado fuerte.

–Señor Barkin, en primer lugar, esto iría mucho mejor si se calmara. No estoy tomando un lado. Estoy tratando de averiguar qué sucedió –respondió Kimberly, todavía tan tranquila como podía estar.

–Te dije lo que pasó –insistió.

–Entonces, ¿esa es tu declaración? –preguntó para estar segura.

–Sí lo es.

Kimberly asintió y lo aceptó, ya que afirmó que era su declaración. No tenía ningún problema con que él se apegara a esa historia. Le dijo que se fuera por el momento porque no había nada más para discutir.

Al día siguiente, Kimberly decidió obtener el lado de la historia de Sheshona. La mujer pálida fue por su cuenta a la oficina ese día, negándose a ser tocada por algún ayudante. Se sentó en la silla y miró alrededor de la oficina como lo hacía cada vez que entraba. Supuso que algún día la doctora podía darle una razón real para escanear la habitación cambiando algo o comprando una pintura. Las paredes estaban cubiertas de libros y estaba segura de que Kimberly los había leído todos.

–Sheshona, esperaba que pudieras decirme ¿Qué estaba haciendo el señor Barkin en tu habitación? –pidió Kimberly.

–Arreglando su rostro. Pero, por desgracia, parece que no hay forma de ayudar al mono –comentó Sheshona con una sonrisa divertida en su rostro, que forzó a salir. Quería parecer normal, incluso despreocupada, como si lo de ayer no la hubiera afectado. Hizo un buen trabajo, fingiendo que todo estaba bien.

–Puedes decirme, Sheshona. No es tu culpa –Kimberly comenzó a informar a su paciente, pero la interrumpió.

–Oh, sé que no es mi culpa –intervino Sheshona. No había hecho nada para justificar tal tentativa en su santuario y ningún alma viviente podía convencerla de lo contrario.

–Entonces dime, ¿el señor Barkin trató de forzar el coito contigo? –preguntó Kimberly.

Sheshona frunció el ceño, haciendo evidente que no quería discutir el asunto. Pero, su doctora continuó gentilmente presionándola por información. Sheshona fue hostil por un tiempo, pero finalmente sucumbió al tono suave y a las preguntas compasivas. Admitió las intenciones de Barkin y no se detuvo ahí.

–No es que incluso importe. No es que alguien vaya a hacer algo al respecto –insistió Sheshona –No importa. Hice lo suficiente golpeándolo de esa manera, así que no importa. A nadie le importa de todos modos, pero dudo que incluso él sea lo suficientemente estúpido como para retarme una vez más. Con suerte, siempre pensará en mí si intenta tocar a otra mujer. Por lo tanto, no importa lo que sucedió. Es muy probable que haya aprendido su lección.

La mujer pálida habló más y accidentalmente repitió que de todos modos no importaba porque no era como si alguien hiciera algo. Kimberly solo escuchó. La doctora le permitió a Sheshona descargar todo lo que había dentro de ella porque podía decir que su paciente lo necesitaba. Deseó poder ofrecerle más que una oreja a Sheshona. Pero parecía más que nada, que Sheshona necesitaba un hombro en el que apoyarse, alguien en quien confiar. Necesitaba a alguien a quien le importara lo que le sucediera.

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...Despedí a David Barkin. No me importa nada lo que tenga que decir el comité sobre mis acciones. Nunca volverá a lastimar a uno de mis pacientes.

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La próxima vez: Kim y Shego hacen la compra mientras Kimberly adopta un nuevo enfoque hacia Sheshona.

N/T: Gracias por leer y por sus comentarios, me da mucha felicidad que estén disfrutando esta historia. Disculpen la tardanza prometo actualizaciones más seguidas, ¡Permanezcan en casa!

(1) Cintoguardia: No me gusto la traducción y en otro fic son recurrentes, siento que llamarlos así hace que pierda el sentido, por lo tanto el nombre se quedará en inglés, si tiene comentarios o inconveniente háganmelo saber.