DEATH NOTE

By: Evita Heaven

"LOS CÁLIDOS OJOS DE LA MUERTE"

Poder

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CAPÍTULO 1

El destino las unió a través de un dulce sonido de la flauta, tocada armoniosamente por una pequeña niña de siete años bajo un gran árbol de cerezos, tan inocente, tan mágica y dulce en aquel vasto campo de flores y suaves césped. La brisa acompañada con los pétalos de los cerezos, daba sus caricias con sutileza y ternura. La bella armonía al compás del cantos de las aves y la flauta traían el paraíso a la tierra, dejándola en un estado de ensimismamiento y relajación.

El planeta humano estaba tan lleno de vida, como la pequeña niña a diez metros de ellas. Sus ojos permanecían cerrados y el viento jugaba con su corto cabello lacio y azabache mientras que sus pequeños y regordetes dedos se movían en los orificios del instrumento musical.

Pasó treinta minutos más observando a la infante, ella seguía tocando tan tranquilamente, con su semblante relajado y con una sutil sonrisa en sus labios. Era una melodía suave y muy dulce, nostálgico y sosegante. Por un momento dudó en entrar en su vida, porque sabía que solo le deparaba desgracia e infortunio, una vez que la viera, no había vuelta atrás. Sin embargo, de todos modos lo hizo.

Absorta en su mundo, la pequeña se sobresaltó levemente cuando algo había caído a su lado. Abrió sus ojos, exponiendo unos bellos orbes verdes esmeraldas tan intensos y brillantes con una curiosidad tan infantil. Sus cejas se enarcaron en señal de confusión y parpadeó cuando sus ojos vieron un cuaderno negro con un escrito blanco en la portada, una escritura que no era usual y conocida en el lenguaje humano. Quitando la punta de la flauta de sus labios, ella siguió observando el cuaderno aún más aturdida cuando no halló a nadie a su alrededor que lo hubiera arrojado.

—¿Qué es eso?—Volvió a mirar su entorno verde y florido solo para encontrarse con la nada.

—¿Hola?... ¿Alguien?—Dijo elevando la voz con la esperanza de que alguien respondiera, sin embargo sólo oyó el tranquilo silbido del viento, los cantos de la aves y los insectos. Volviéndose al extraño cuaderno, se inclinó hasta él con cautela ignorando completamente las palabras de su padre repitiéndose en su mente al no recoger extraños objetos perdidos y mucho menos en lugares en dónde es inusual encontrarlos. Su dedo índice y pulgar tocaron el borde del cuaderno y cuando eso sucedió, una gigante sombra oscura cubrió su pequeña y débil figura. La niña desconcertada amplió sus ojos y levantó abruptamente la cabeza, encontrándose con un ser más grotesco y extravagante que jamás pudo siquiera imaginar en un su tierna vida y joven mente. Tenía una forma esquelética, con brazos largos y como la forma de una espina dorsal y piel similar a huesos. Sus rasgos, como su cabello y las marcas en su rostro, están detallados con un tono azul claro y su ojo izquierdo, le recordó los ojos de una serpiente que había visto en unos de sus tantos libros que su padre le había regalado; era rasgado, de color ámbar profundo y pupilas felinas, tan fina que apenas era visible.

Absolutamente petrificada, la infante gritó y se escondió detrás del tronco del árbol, su pecho subiendo y bajando mientras respiraba con agitación. Permaneció escondida allí por largo rato, hasta que tomando cierta valentía y firmeza, asomó su rostro fuera del árbol que la protegía con cautela, la criatura seguía allí mirándola fijamente, nuevamente se escondió, esperó y tomando una bocanada de aire y valentía, se asomó ligeramente. A diferencia de antes decidió contemplar tímidamente al ser con más tiempo. Aún estaba allí en silencio y sin moverse, y de pronto se sintió cohibida bajo su escritorio y agachó la cabeza.

—¿No me harás daño?—Su pregunta fue un murmullo, inaudible incluso, pero la criatura lo escuchó.

—No, no lo haré.

Su respuesta le había pillado desprevenida. Contrario a su apariencia, su voz era femenina e incluso agradable, eso la motivó a salir muy lentamente y parcialmente de su escondite.

—¿Quién eres?, ¿Qué eres?—La pequeña detalló cada rasgo y forma del ser, sabía que criaturas así existían en los libros y en los cuentos para aterrorizar a niños ingenuos como lo llamaba su estricto progenitor. Pero no permitió paso al prejuicio ni al temor, razonando que si le quisiera hacer daño ya lo hubiera hecho.

—Mi nombre es Rem y soy un Shinigami.

Y la vida de la pequeña, cambió para siempre cuando había comprendido el poder de aquella infame libreta.

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14 AÑOS DESPUÉS...

Días y noches, sol y luna, siempre vemos lo mismo, así también como las mismas falacias humanas en todas partes. Todo me parecía tan injusto, sentía que este mundo en el que vivimos poco a poco se deterioraba.

"Se reporta un brutal asesinato de una adolescente de 15 años después de ser brutalmente violada por tres hombres en las afueras de Osaka según dos testigos que se animaron a declarar contra los homicidas. La joven; conocida como Hamasaki Amaya salía de la escuela cuando fue vista por última vez tal como indican las cámaras de seguridad. La policía sigue investigando y por el momento el detective a cargo de la investigación no ha declarado nada por el momento. Seguiremos informando"

Siempre fue lo mismo… yo tenía el poder para cambiarlo, pero fuí incapaz.

Una tarde como cualquier otra me encontraba en una cafetería con un ambiente rústico, ventanas que permitían el ocaso anaranjado. Una zona poco frecuentada. Había ordenado café moka y algunos pastelillos mientras leía un libro "SE QUESTO È UN UOMO" de Primo Levi traducido al español "Si esto es un hombre".

La paz que tuve se esfumó cuando las notícias que reportaba en la televisión apenas con un volumen alto de pronto había captado mi interés.

"Kurou Otoharada de 42 años quien mantenía de rehén a niños y maestros en una guardería, fue hallado muerto"

No le había dado tanta importancia como se merecía, sin embargo una pizca de duda había estado inquietandome.

Decidí regresar al departamento después de haber pagado a la camarera y guardé el libro en mi mochila. Salí de la cafetería dirigiéndome a zonas más pobladas, especialmente a la estación de Ueno. Detrás de mí, una intimidante sombra alada me había cubierto por completo.

—¿Te estás aburriendo, Rem?—Susurré al Dios de la muerte o Shinigami, como los llaman los nipones. El ser invisible para todo ojo humano excepto para mí no había respondido a mi pregunta y solo siguió volando por detrás, y a pesar de mi intento de romper el hielo con ella en un principio, decidí apaciguar mis inquietudes.

—Dime una cosa, Rem.

—¿Qué es, Aiantze?—Ahora me miró con interés pero manteniendo su rostro monótono.

—¿Hay alguna regla de la Death Note que te impida decirme si hay otro Shinigami en el mundo humano?

Hubo un silencio, yo seguí caminando tratando de que los transeúntes no me escucharan Había tensión entre nosotras.

—¿Acaso preguntas por la reciente muerte de Kurou Otoharada, o me equivoco?—Yo sonreí, por supuesto que Rem lo sabía solo quería oírme decirlo.

—Si, así es.

—No hay ninguna regla específica que me prohíba decirle a cualquier humano la presencia de otro Shinigami.

—Vaya, eso varía según tu personalidad ¿No es así?. Dime Rem, ¿Me dirías si te encontraras con otro Shinigami?—Quedó en silencio, probablemente analizandome aunque yo no la mirara directamente a los ojos.

—Si así lo deseas, te lo diré.

Eso me alegro y calmó mis nervios, no pude evitar sonreír y reír.

—¡Está bien! Es todo lo que quería saber, ¿y Rem…?—Volteo a verla a sus ambarinos ojos gatunos, sonriéndole sinceramente en gratitud—Muchísimas gracias.

No sabía si fue imaginación mía o realmente pasó pero… noté que en su ojo descubierto hallé una pizca de sorpresa pero a la vez terneza. Sabiendo que no debía hacerme ilusiones, preferí la segunda opción, yo realmente apreciaba mucho a Rem, desde que nos conocimos que era casi prácticamente toda mi vida. Fuera Shinigami o no, quería que ella sintiera aunque sea un poco de cariño por mi, con eso me conformaría pero no era tan ingenua; sé perfectamente la apatía que los Dioses de la muerte tienen por lo humanos y la necesidad en que era eso para ellos, no debían enamorarse de un mortal o de lo contrario tendría un destino igual a Jealous.

Llegué a mi departamento Yushima Building situado en Tokio, a poca distancia de Matsuzakaya Ueno, el santuario Kamezumiinari y el Museo Shitamachi. era una construcción ligera y delicada, con diseños rústicos. La continuidad material, los techos altos y la abundancia de la luz natural crean un espacio acogedor que tiene una elegante estética además de sus funciones inteligentemente definidas. Una dinámica muy cómoda y funcional. Combinan dos tipos de colores de melamina, los muebles que contienen la estufa son de tono natural, sin embargo, la barra es de un blanco puro, el techo es de madera con las vigas expuestas.

Cuando llegué fui recibida por mi pequeña gata Inna; su pelaje era negro y sus ojos me recordaban a Rem, tan ambarinos brillantes. Dejé mi mochila sobre el sofá y fui a la cocina en busca de alguna bebida y alimento para Inna.

Esa noche decidí ir a dormir temprano, mañana debo ir trabajar muy temprano. Actualmente trabajo en Isetan una tienda situada en Shinjuku.

Esa noche había despertado bruscamente, con el pecho agitado, asustada y varias lágrimas en mis mejillas. Mi cuerpo temblaba y varios gemidos y sollozos salían de mi boca. Esa noche anhelé consuelo, tal vez un poco de tacto, realmente algo que me extrañó ya que usualmente no solía sentirme tan necesitada por el tacto humano.

Me siento tan cansada y pequeña, arde en el alma esa tragedia que quema cada centímetro colándose en mi recuerdo solamente para torturarme. No puedo superarlo, me siento vacía, y cada pesadilla es como si lo volviese a vivir. Pero también hay olas de rencor, ardiendo como un horno, socavando para dejar camino a los consejos de mi demonio que me susurra tentadoramente las soluciones, la paz y la satisfacción que provocaría ocasionar la muerte de mis enemigos.

Un gemido ahogado sale de mi boca, más lágrimas siguen cayendo de mis ojos. Todavía es tan vivido. Cubrí mis labios en un intento de sofocar cada llanto.

—Aiantze.

El repentino llamado me asustó, Rem estaba al otro extremo de la cama, mirándome sin emociones. Aunque no lo demostrara abiertamente descubrí que estaba un poco preocupada. Me removí entre las sábanas en busca de un lugar más cómodo y suspiré varias veces mientras secaba mis lágrimas.

—Son solo pesadillas, estoy bien Rem.

Oí sus fuertes pasos acercándose a mí y me encogí en mi lugar.

—No mientas, tú no estás bien, lo estarás cuando William O'Neil esté tres metros bajo tierra. Mientras él esté libre allá afuera nunca podrás estar tranquila.

Sabía lo que estaba insinuando y me sorprendió que dijera algo al respecto. Cada vez que tenía estos fuertes episodios (que usualmente eran rara vez) eran tan intenso que pasaba días sin poder dormir, esta noche solo fue muy leve pero supuse que la Shinigami ya se estaba hartando, decirme algo así era prueba de ello.

—¡Un maldito o no, sigue siendo humano Rem!—Esta vez mi dolor salió a flote. Esas palabras no eran dirigidas a ella sino a mí, para frenarme y no hacer algo de lo que pueda arrepentirme.

—Si yo lo matara me rebajaría a su nivel, sería una asesina, no quiero eso—Sollocé con fuerza, mi cuerpo tiritaba y me abrazaba en busca de consuelo. Nunca me sentí tan expuesta.

—Yo... yo no quiero, no debo, no soy un Dios, no soy...—Me cubrí con las sábanas, no deseaba que me viera así.
Sentí que mi dignidad estaba en juego.

Tenía el poder en mis manos, de hecho era tan ridículamente sencillo tomar un bolígrafo y escribir su nombre en la Death Note.

Su vida estaba a mi poder, la pregunta era... ¿Lo haría?