DEATH NOTE

By: Evita Heaven

"LOS CÁLIDOS OJOS DE LA MUERTE"

Kira

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CAPÍTULO 2

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La joven había dado su gran esfuerzo para que cada rincón brillara de la limpieza. A parte de servir la orden a los clientes en Isetan del menú que escogieran, tenía el trabajo extra de limpiar la cocina y la sección del restaurante de la gran sucursal. A estas horas ya no había tanta clientela por lo tanto Aiantze se sintió más a gusto y relajada, pero más culpable por ignorar a la Shinigami. Guardó lo último que quedaba de los productos de limpieza en el pequeño almacén y suspiró de cansancio.

—Sabes Rem...—Le dirigió una mirada algo apenada—No tienes que seguirme todo el tiempo, puedes salir y volar un poco. Créeme, será más entretenido que verme trabajar.

Rem no le dió ninguna respuesta a parte de una mirada impasible.

La chica se mordió el labio ligeramente en un gesto de vergüenza. Siempre se sentía intimidada y avergonzada cuando solo prefería mirarla fijamente en silencio.

Se quitó el delantal y los guantes de goma guardandolo en un casillero y luego fue al baño femenino para acomodar un poco su apariencia. Lavó y seco su rostro, poniendo más atención a los detalles de su cara notó que debajo de sus ojos tenían ojeras, incluso sus grandes ojos esmeraldas perdían su esplendor. Aiantze no se consideraba atractiva o al menos no por completo; su cabello negro azabache seguía siendo tan revoltoso y ondulado un poco difícil de controlar por eso prefería tener un corte masculino. En sus mejillas se presenciaba pecas abundantes y lucía una piel ligeramente bronceada tan típico de una latina.

—Desde la última vez, me he puesto más delgada, eso no es bueno.

Y no lo era, tanto estrés de la universidad y el trabajo consumían todas sus energías. Estaba seriamente preocupada por su salud. Sus ropas holgadas; pantalón jeans color marrón y una gran sudadera negra lo hacía ver demacrada de lo que estaba.

Sin despedirse de sus compañeros de trabajo, Aiantze tomó el metro en dirección a Ueno. Afortunadamente estaba casi vacío.

Llegaron al edificio, fue recibida por el recepcionista Iragawa Totomaru, un joven adulto y de complexión alta y delgada. Saludó a Aiantze con vehemencia y amabilidad, la joven asintió suavemente antes de que pudiera entrar al ascensor. Llegó a su departamento también recibiendo la bienvenida de Inna. Aiantze lo tomó entre sus brazos mientras acariciaba su espalda, sonriendo alegremente.

—Sabes Inna, tu actitud no deja de sorprenderme, mayormente a los gatos se le conocen por su frialdad e independencia—Rió divertida y posteriormente la soltó, la gata regresó al sofá en donde yacía anteriormente.

Estaba cansada esa noche y decidió ir tomar una ducha antes de ir a dormir. Repitiendo la rutina de ponerse la pijama, ella entró a su habitación también terminando de secar su cabello. Se sentó en la orilla de la cama cerca de la mesita del velador y se quitó el delicado collar que consistía en una preciosa orquídea, un obsequio que había recibido de su fallecida madre. Miró con melancolía la fotografía en la mesita.

—Mamá estaba tan radiante, con la sonrisa más grande que conozco. Como si realmente hubiera sido feliz en su último día.

Aiantze sucumbió al igual que su frágil alma al sentimiento dulce que causó aquellos ojos de interminable oscuridad inefable, pero, tan expresivo al mismo tiempo. Esa sensación la envolvió como un vendaval torrido en cada fibra de su piel. Sus labios fueron apretados por sus dientes al no saber qué decir, las palabras se negaban a salir, enterrándose en su garganta. El amor incondicional que sentía por esa mujer, por su madre fue, es y será tan intenso que con solo el pensamiento de su partida a pesar de los años, seguís doliendole como el primer día. La cura tardía de un dolor expuesto en su mirada, se transformaría en su amargura con solo pensarlo y sin imaginarse, una lágrima cristalizó sus orbes esmeraldas en aquella noche. Quería gritar en lugar de llantos mudos, quería aliviar su alma de aquel vacío mutilante, pero siempre ahogaba sus debilidades. Ese dolor era más chocante y tajante que aquel infierno que William O'Neil le hizo vivir. Afortunadamente Rem no estaba allí con ella, no quería que nuevamente la viera llorar.

Después de unos minutos Aiantze se encontraba durmiendo gratamente debajo del calor de las cobijas y las suavidad de los cogines aspirando la frescura y fragancia de la noche de verano perforado de estrellas que se divisaba en aquella gran ventana de cristal. Su cuerpo abarcada por la tenue luz de la luna llena que aspiraba vida bajo el crepúsculo intenso, penetrando los doseles blancos y acariciando su piel como un manto de tranquilidad. Sus sentidos que antes se impreganaba de aromas grises prisionera de su sufrimiento, ahora se llenaba de complacencia, dibujando una diminuta sonrisa en sus tiernos y rosados labios y por primera vez en años después de cada lágrimas caídas logró aquel sueño atestado de paz. Tan ajena a la presencia del Dios de la muerte que había presenciado hasta la última gotas de sus lágrimas.

Rem acortó distancia entre ella y la joven humana y con sumo cuidado y delicadeza posó su grande mano huesuda y fría sobre sus suaves cabellos despeinados, asegurándose de que no despertara.

Si fueras débil como dices, nunca te vería sonreír genuinamente como lo haces. Eres más fuerte de lo que crees, Aiantze Isabey.

Los humanos siempre le parecieron seres respugnantes, tenía total aversión hacia ellos. Eso cambió cuando la había conocido y fué, es y siempre será... la única.

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Los días pasaron y más criminales morían alrededor del mundo, siendo su causa un ataque al corazón. Los policías estaban muy nerviosos al describir esta serie de muertes en Japón, ya no se sospechaba de algún tipo de enfermedad o virus, se llegó a la conclusión de que esto era homicidio. Aiantze estaba cada vez más atenta a las noticias y el temor inevitablemente la invadió, esto era una realidad. Había logrado conservar la calma y continuar con su vida y rutina, no permitiría que esto la afectase en gran manera.

Un día indagando en internet relacionado a los misteriosos asesinatos encontró un sitio web creado para "Kira" quién así desearon llamar al enigmático ser que realizaba estos asesinatos. Replegados de comentarios, entre ellos agradecimientos y víctimas que daban sugerencias para que el perpetrador matara a sus victimarios dándole sus nombres y fotografías.

—Mis temores se hicieron realidad, Rem, hay otra Death Note, solo tengo una duda...—Aiantze desvío su mirada de la laptop a la Shinigami—¿Cómo logró este Shinigami obtener otra Death Note? ¿Acaso se lo robó al Rey?

—Al Rey Shinigami no se le engaña tan fácilmente Aiantze, es probable que se lo haya quitado a otro Shinigami en un descuido.

—Ya veo.

Se levantó de la cama y se dirigió hacia una pared con un gran cuadro de lienzo, la obra de Henri Matisse "La musique" aunque era una copia, era exacta a la misma. Quitó el cuadro de la superficie exponiendo una fuerte caja fuerte y colocando el pin correspondiente esta se abrió. En su interior estaba su Death Note y con cuidado lo tomó entre sus manos.

Las páginas estaban en blanco de tinta pero no de las lágrimas que había derramado en ella, o al menos los recuerdos de aquellas lágrimas.

"¡No más, por favor! ¡Detente!"

Nunca se detuvo.

Sus hombros temblaban y su cabeza gacha, sollozando de la pena y la humillación. Sus cabellos se encargaban de ocultar sus ojos hinchados y rojos como la sangre que se escurría en su piel, sintiendo la punzada y el grotesco escozor de las heridas que provocó los golpes pero más intenso era el agudo dolor entre sus piernas. Su escasa ropa desgarrada, apenas tapaba su cuerpo y sus piernas apenas la sostenía.

Temblorosamente cogió la Death Note y un bolígrafo encima de su escritorio. Suprimió los sollozos que inevitablemente salían, sin sesar aquel líquido salado caían directamente hacía la hoja en blanco pulcro.

Solo debía escribir su nombre, ocasionarle la muerte más dolorosa y ella sentiría la satisfacción de la dulce venganza. Sus ojos estaban ahogados tristeza pero el rencor iba poco a poco consumiendo cada parte de su ser.

Nunca fue capaz de escribir su nombre.

Aiantze tomó asiento en el borde de la cama y se aferró a la libreta. Lo había pensado mucho, pero había decidido algo que quizás cambie su destino para siempre.

—Creo que voy a ser algo loco—Dijo repentinamente—Eso tal vez ponga en riesgo mi vida.

Esto había llamado su atención, algo le decía que la humana iba a hacer justamente lo que estaba pensando.

—¿Que estás planeando Aiantze?

—Detener a Kira.

—¿Estás segura de lo que estás diciendo?

Rem se interponía ante su decisión, pero sabía perfectamente que la chica estaba en todo su derecho de hacer lo que quisiera. Ella no podría intervenir en sus asuntos.

—Asumo confiadamente que Kira es alguien determinado, tiene un objetivo, es certero y sin vacilación, estas conductas me hacen asumir que es alguien inteligente pero sádico—Regresó el cuaderno a la caja fuerte y colocó el cuadro en su lugar. Volteó a Rem y sonrió ampliamente.

—Aunque también un poco infantil, no por nada estoy estudiando psicología por mí propia cuenta.

—¿Sabes que estás jugando con fuego, verdad?

—Lo sé Rem y sé también que no hay que tomarse nada a la ligera, pero debo detener a Kira.

Decirlo era más fácil que hacerlo—se dijo Aiantze—de pronto no pudo evitar sentirse la más idiota. Tenía en cuenta que los asesinatos de Kira era mayormente en Japón y partes de Asia, sabía sin dudas que Kira estaba en Japón pero ¿En que región exactamente? Había llegado a esta conclusión desde que empezó los asesinatos con Kurou Otoharada. Lo suerte se había puesto de su lado cuando una desconcertante transmisión detuvo las actividades de muchos japoneses quienes se detuvieron a ver.

"Ofrecemos una disculpa por la interrupción. A continuación verán una transmisión en vivo a nivel mundial desde la Interpol. Y ahora una transmisión en vivo de la ICPO"

La gente comenzaron a preguntarse que estaba pasando mientras contemplaban atentamente a la gran pantalla de publicidad exterior anido a gran un edificio. Era una pregunta que se hacian las personas en las calles centrales de Kanto. Las personas observaron con curiosidad, la imagen de pronto había cambiado a un hombre extranjero.

"Tengo una unidad policiaca internacional que incluye a todas las naciones... Soy Lind. L Tailor, también conocido como L"

Unos pasos se detuvieron en la vereda y una sonrisa surcó en sus labios que contenían el palillo de un chupetín recientemente acabado.

"Criminales alrededor del mundo son asesinados por un asesino serial. Considero este crimen como el más atroz homicidio, no descansaré hasta que la persona o personas responsables sean llevadas ante la justicia. Kira, voy a cazarte, te encontraré..."

—¡Oh Dios mío, está desafiando a Kira!—Murmuró un hombre, complemente incrédulo.

"Kira, tengo una muy buena idea de cuál es tu motivación y puedo adivinar de lo que tratas de conseguir, sin embargo, lo que estás haciendo ahora es malvado"

Hubo un silencio, hasta que el reportero comenzó a gritar y agitarse, tocándose con tanta fuerza el pecho justo en dónde estaba su corazón. Lind. L Tailor, cayó sobre la mesa, muerto por un ataque al corazón. Las personas alrededor de él comenzaron a entrar en pánico y otros en shock, tal conmoción causó que algunos corrieran despavoridos.

Quitaron el cuerpo de Lind de las cámaras, posteriormente la imagen cambio, todo en blanco con una gran letra L gótica en el centro. Esto llamó la atención de la joven, realmente Aiantze no pudo evitar sentirse satisfecha y alegre ante semejante hazaña que incluso empezó a admirar a este sujeto, L.

"Tenía que hacer la prueba pero nunca imaginé que en verdad sucedería. Kira, parece que puedes matar a una persona sin tener que estar presente, no lo creería de ser porque lo acabo de presenciar. Escúchame Kira, si en verdad mataste a Lind. L Tailor, el hombre a quién viste morir en televisión, debo decirte que era un prisionero cuya ejecución estaba programada para hoy, ese no era yo. La policía lo arrestó en absoluto secreto para que no supieras de él por la televisión o la internet, parece que ni siquiera tú tienes acceso a la información de esa clases de criminales. Pero una cosa te aseguro, L es real, yo existo, ahora trata de matarme, ¿Que sucede? ¡Date prisa!, vamos ¡Mátame!, ¿Qué te pasa, que estás esperando? será mejor que lo hagas de una vez, ¡Vamos, trata de matarme! ¿Que sucede, no puedes hacerlo?..."

Ella amplió su sonrisa, como si fuera una pequeña niña en una gran juguetería y como si esta transmisión fuera una especie de broma morbosa.

"Bien Kira, parece que después de todo no puedes matarme. Así que hay personas a las que no puedes matar, me diste una pista útil, te devolveré el favor, te diré algo que creo que encontrarás interesante; a pesar de que esta se anunció como una transmisión mundial la verdad es que solo estamos trasmitiendo en la Región de Kantō en Japón. Pensaba trasmitir este mensaje en cada región del mundo hasta encontrarte, pero parece que eso ya no será necesario, ahora se dónde estás. La policía trató tu primer asesinato como un accidente sin relación pero la primera de tus víctimas fue un sospechoso de Shinjuku. De todos los criminales que han muerto recientemente de un ataque al corazón, el crimen de este fue por mucho menos serio, además su crímen fue reportado en Japón, usé esa información para reducir esto; estás en Japón y tú primera víctima fue tan solo un experimento, lo que significa que no llevas matando mucho tiempo. Decidimos transmitirlo en Kanto por lo grande que es su población y por fortuna te encontramos"

Para serte completamente honesto nunca pensé que las cosas resultaran tan bien, pero no pasará mucho antes de que te pueda sentenciar a muerte"

Abrió suavemente sus labios y quitó el palillo vacío de su boca, para luego después reemplazarlo con otra golosina y volviendo a disfrutar del dulce sabor y el espectáculo.

"Obviamente estoy muy interesado en saber cómo logras cometer estos asesinatos sin estar presente, pero no me importa espera un poco más, podrás responder a todas mis preguntas cuando te atrape. Volveremos a vernos pronto, Kira"

La trasmisión llegó a su fin, quedando solo una imágen estática. Cubrió su cabeza aún más, cubriendo mayormente su rostro

—Bueno, al parecer L hizo ese trabajo por mí—Alegó irónica y con diversión—Ahora que se que Kira está en Kantō, viene la siguiente fase de mi plan.

La Shinigami por primera vez mostró una expresión de sorpresa y petrificación.

—¡Aiantze! ¿No estarás pensando en…?

—Exactamente Rem—Con severidad y determinación, Aiantze miró al Dios de la muerte—Quiero hacer contigo, el trato de los ojos.