DEATH NOTE
BY: EVITA HEAVEN
"Los cálidos ojos de la muerte"
Ojos
「❖•°✥°•❖」
CAPÍTULO 3
[❖°•✥•°❖]
—Si haces el trato de los ojos, tu vida se reducirá a la mitad otorgandome la mitad de ella, ¿Estás segura de esto?
La duda se impuso en mi corazón y desvié los ojos del Dios de la muerte a la televisión; cada día eran más muertes, todos ataques al corazón. Kira sentenciaba a muerte incluso a criminales con delitos menos graves, no daba el derecho de comprobar la inocencia… no perdonaba a nadie. Japón era un huracán de caos y muerte.
—¿Sería capaz de dar la mitad de mi vida solo para encontrar a Kira aunque eso signifique un rotundo fracaso?
No era ilusa, tuve en claro los pros y los contras de mi impulsiva decisión, lo arriesgado que era esto. Por una vez quise hacer algo por alguien, si Kira fue capaz de matar a Lind L Tailor antes de que supiera entonces que en realidad se trataba de un criminal, entonces tenía la certeza que también es capaz de matar a inocentes que pensaran diferente a Kira.
¡No puedo permitirlo sabiendo que probablemente sea la única que tiene una oportunidad de vencerle!
—¿Aiantze?—Volví mi mirada a Rem, ella se había percatado de mi vacilación.
—Lo haré Rem, después de todo soy la única que puede hacerlo.
Me estaría engañando si pensaba que no había un conflicto conmigo misma; me daba tanta satisfacción ver a asesinos y violadores caer como moscas, pero por otra parte estaba mi humanidad quien apenas había logrado ganar esta batalla.
—En cuyo caso si por alguna razón perdieras la Death Note o decides renunciar a ella, tus recuerdos sobre ella desaparecerá así también como el poder de los ojos y por lo tanto, la mitad de tu vida tampoco regresará. Preguntaré de nuevo, ¿Estás segura?—Monótona pero directa, ella me observaba penetrantemente. Yo sabía de antemano todo esto, quizás era su forma de persuadirme a mi decisión pero había fallado.
—Estoy completamente segura de mis palabras Rem, quiero que tomes la mitad de mi vida restante a cambio de tus ojos.
—Bien...—No insistió más—Como tú digas—Elevó la mano hacia mi cabeza y la colocó suavemente en ella, cerré mis ojos con fuerzas mientras sentía mi corazón bombardear con fuerza que lo percibía en mis propios oídos.
Rem retiró su mano sobre mi cabeza pero no me atreví a abrir los ojos.
—Puedes abrirlos—Dijo, y así lo hice lentamente. Me sentí normal, incluso dudé de que Rem hubiera hecho algo, hasta que ví a los noticiarios de la televisión. Grité con fuerza que caí de la silla, estaba tan asustada ver cómo sus nombres y números flotaban sobre sus cabezas. Sabía este gran detalle pero aún así me aterró.
Era sorprendente, ahora entiendo la facilidad que tiene los Shinigami a la hora de matar, tan sorprendente como aterrador. Esto me hacía más fuerte que Kira, mucho más poderosa y no era para jactarme sino estaba diciendo un hecho.
—Esto es increíble, puede ver sus nombres, yo...—Anonadada seguía observando la televisión, las palabras fueron innecesarias. Pero lo que más me sorprendía es que podía notar pequeños detalles a una gran distancia en todo su esplendor, como si lo estuviera observando a centímetros de él.
Asumido ahora mi nuevo poder, me apresure en ponerme el uniforme, tenía que ir a la universidad de Nagoya. Estudiaba biología forense, una carrera que desde pequeña me había llamado la atención pero sobre todo porque de alguna manera lo heredé de mis abuelos y tíos maternos quienes.
Justamente cuando iba a salir, Rem me siguió, me detuve y giré hacia ella.
—Rem, ya dije antes, no es necesario que me acompañes si no quieres.
Y como siempre solo obtuve su mutismo, pero no me persiguió. No es que me molestara su presencia, sé perfectamente que desde aquella vez, Rem jamás me dejaba sola. En ese entonces era una adolescente de 14 años cuando fuí abusada, la Shinigami estaba ausente y cuando se enteró sin siquiera haberlo mencionado, jamás se apartó de mi lado. Un gesto atesorado que lo interpreté en sus palabras; "Jamás me apartaré de tu lado, te protegeré". Al menos quería creer eso, Rem me había mencionado que los Shinigami deben estar atento al humano al que poseen.
El pasado me dolía aún pero ya era lo suficientemente fuerte para soportar dicho dolor y mantenerme de pie.
Llegué al ascensor, cuando este me permitió paso no vi nadie allí, algo totalmente bueno para mí. Llegué al piso del recepcionista y el primer nombre y números flotando sobre la cabeza de alguien (sin contar los noticiarios de la TV) que había visto, que me dejó totalmente pálida;
高橋 明
00476
Takahashi Akira
Era el que tomaba el turno a la mañana cuando Totomaru lo hacía a la tarde. Un joven de 24 años, alto y delgado, cabellos negro y alborotados, sus ojos eran un fuerte azul que me recordaron al cielo de Rusia en el verano. Llevaba puesto un elegante smoking sin la chaqueta simplemente un chaleco negro y un moño en el cuello.
No fuí capaz de apartar los ojos de él ni de su nombre y resto de vidas restantes, no sabía cómo pasarlo a términos humanos para saber exactamente cuando iba a morir, no obstante, algo me decía que no me quedaba mucho tiempo.
—Supongo que no haz pensado en las consecuencias de tener los ojos Shinigami; la angustia que te traería saber cuándo van morir, especialmente a aquellos que aprecias.
Volteo rápidamente la cabeza hacia mi izquierda; dónde había oído la voz. Rem estaba allí tan imponente como de costumbre y con su espalda encorvada, su mirada era menos intensa de lo normal. Bajo la mirada hacia el suelo, ensimismado en mis propios pensamientos. Ella tenía razón; no lo había visto en esa perspectiva.
—Tienes razón Rem, no lo pensé, sin embargo, mientras no me apegue con ningún humano no será un problema, no me importará.
Ambas sabíamos que eso era una mentira, me había apegado sin quererlo con Totomaru y Akira, durante estos tres meses desde que cambié de departamento.
—Pero ahora el problema no es eso; ¿Supongo que me acompañaras?
—¿Es un problema para tí?—Le sonrió y miró con la cabeza.
—No, de hecho, está bien.
—¡Buenos días, pequeña Yuri! ¿Cómo has dormido?—Alegó Akira, me mantuve inexpresiva a sus avances.
—Lo siento Akira, se me hace tarde—Retome mi camino susurrando"Idiota" en español pero lo suficientemente alto para que oyera.
—¡Oye! ¡Oí eso y se lo que significa!—Protestó a mis espaldas, yo solo reí algo divertida.
—¡Yuri, ven y dímelo en la cara!—Ya había salido del edificio. Akira era amable pero muy inmaduro para su edad.
La repentina ola de números y nombres sobre las cabezas de los transeúntes fue certero que detuve mi andar. No estaba acostumbrada, no aún. Tenía que hacerlo, simplemente ignorar. Tomé algunas bocanadas de aire y reanude mi camino.
°•▶°•
Era la hora de receso, los estudiantes descansaban de estrictas horas de clases. La mayoría prefería sentarse bajo un árbol junto a sus amigos y tener una animada charla mientras compartían algo para comer y beber. Otros simplemente preferían practicar algún deporte. El sol caluroso ya se había vuelto fastidioso pero ráfagas de brisa se extendió refrescando un poco. Un par de jóvenes estaban sentados cerca de un árbol rododendro y algunos arbustos florales.
—Muchisimas gracias Chika—dijo su compañía con una pequeña sonrisa, Chika Hamabe negó modesta.
—De nada Kaori—ella respondió sonriendo la cuál desaparecido cuando su compañera bajó la cabeza algo entristecida.
—Realmente me va pésimo en inglés y me molesta ser una carga para tí.
—¡Ánimo! No pienses así. Chika realmente está encantada de ayudarte—Un jóven apoyó pasando un brazo sobre el hombro de la muchacha—verás que si eres persistente, lograrás con lo que te propones, ¿No es así hermana?—le dirigió una mirada a su gemela.
—¡Claro que sí!, Futo tiene razón, no eres ninguna carga todo lo contrario, y lo otro, lo lograrás solo confía en tí.
Kaori más alentada y con los ánimos renovados levantó la cabeza exhibiendo sus orbes azules más brillantes y llena de vida con pequeñas lágrimas de alegría que se asomaban levemente.
—¡Muchísimas gracias!—Futo rió nervioso rascando su nuca.
Chika siguió dando lecciones de Inglés a su amiga por unos minutos, hasta que empezó a oír algunos murmullos, y de repente como si un ser oscuro se acercara trayendo desgracia con cada paso que daba, se presentó un denso silencio enervante. Chika levantó la mirada hacia su hermano, Futo tenía una expresión inexpresiva casi siniestra que le envió ráfagas de escalofríos. Todo a la calma inusual en el gran patio de la institución, Chika dirigió su mirada en la misma dirección que él y comprendió; aquella muchacho enigmático de nombre Yuri Mikhailov caminaba con las manos en los bolsillos, espalda erguida y mirada fija en frente ignorando por completo a su alrededor como si fueran insignificantes.
Chika por un momento quedó ensimismada mirándolo; era excéntrico, único. Él iba con esos ojos que eran difícil de saber si eran azules o grises, revelando fortaleza irrompible.
[❖•°✥°•❖]
Horas más tarde, los estudiantes estaban estresados y ajetreados, mañana sería un gran día que se festeja una vez al año, el tan famoso evento del Festival Benka No Hi. Mayormente se trata de coloridos desfiles en las calles y exposiciones de arte de todo tipo, aunque también muchas personas se unía con sus vestuario y maquillaje culturalmente habitual en estos tipos de festividades.
El profesor Aoyama Takashi dió por finalizada las clases, no antes de exigir a los jóvenes que hicieran acto de su presencia mañana en las recurridas calles de Ginza con sus proyectos ya hechos. Como la Universidad Nagoya en sí era prodigiosa, dependían de ello seguir manteniendo tal título.
—¿Quieres que te acompañe a tu casa para terminar los últimos detalles y retoques?—Preguntó Kaori a su amiga a su lado. Ambas se dirigían a la salida junto a los demás alumnos. Chika sonrió agradecida.
—Te lo agradezco pero Futo me ayudará. Tú ve y relájate, ya haz hecho mucho, tú creatividad nos salvó esa vez—Comentó recordando la otra vez en como Futo metió la pata y arruinó el proyecto. Nunca se enojó tanto como ese día. La chica negó algo sonrojada y con modestia dijo.
—No lo creo Chika, apuesto a que a tí te hubieran ocurridos ideas mejores que las mías.
Hamabe rió y tocó ligeramente su hombro.
—Vamos, no seas tan modesta conmigo y sé un poco más orgullosa por tu esfuerzo y creatividad. Después de todo, lo que digo es cierto.
Kaori se detuvo por un momento y contempló a su amiga con un gran tono arrebol pintado en sus mejillas y orejas.
—Muchísimas gracias—Dijo rápidamente mientras se inclinaba en una reverencia con admiración y respeto. Chika soltó alguna risitas encogiéndose de hombro y rascándose la nuca algo nerviosa.
—No hagas eso, somos amigas después de todo, ¿Verdad?
—¡Si!—Perpleja farfulló mientras se erguía. Las jóvenes salieron del instituto y esperaron a Futo por unos minutos como usualmente lo hacían.
—Es extraño, se está tardando demasiado—Murmuró Chika sin apartar sus ojos de la entrada del instituto.
—Tal vez se olvidó algo—Dijo Kaori. En ese instante ella creyó sentir el ambiente más frío y la anticipada tensidad de su compañera—¿Chika?—Recibiendo silencio de su parte, la vio momentáneamente y después dirigió sus ojos hacía el mismo lugar que ella.
Por semanas no lo había visto a pesar de que asistieran la misma universidad, obviamente ninguno de los dos faltaban a clases pero sus caminos no se cruzaban, o él parecía evitarla, llegó a pensarlo y se apenó por eso. Mientras él bajaba por la escalera Chika murmuró su nombre tan imperceptible, Yuri lo oyó pero no se atrevió a mirarla, pasó delante de ella y siguió su camino.
-—¡Espera Yuri!—A este punto fue tarde, el auto arrancó y se marchó a toda velocidad. Tras unos segundos de ensimismamiento observando cómo el auto desaparecía de su campo de visión, Chika llevó una mano a su pecho cabizbaja. Quería acercarse a él.
—¿Por qué lo llamas?—La voz siniestra de su hermano detrás de ella le provocó un escalofrío que la exaltó.
—¡Futo!, No te había visto.
—Te he preguntado algo, ¡Responde!—Ella guardó silencio y por un segundo pensó en ignorar y seguir su camino. No era la primera vez que tenían esta conversación y francamente ya la estaba hartando, sobre todo la manera tan hostil y burlona en que su hermano se dirigía a Yuri.
—Quiero ser su amiga, siempre es solitario y siempre lo juzgan—Confesó con un toque de vergüenza. Futo abrió desmesuradamente sus ojos y tan pronto borró toda sorpresa para ser albergado por la ira mientras Kaori era expectante de la riña de sus dos mejores amigos. La expresión tan sombría que ahora Futo hizo enviaría inclusive al mismo diablo al infierno, sus ojos ensombrecido por los flecos de su pelo y los colmillos que ostentaba lo hacía parecer a una bestia furiosa y hambrienta.
—Y no me detendré solo porque tú lo digas—Chika echó más leña al fuego. No sé callaría y diría la verdad de sus intenciones—Yuri me salvó la vida, ¡Debes estar agradecido por eso!.
Cerró con fuerzas sus puños, era tan ingenua, ¡Saldría lastimada!. Quería gritarle eso en la cara, pero teniendo en cuenta lo terca que era, le entraría por un oído y saldría por el otro.
—¡Tú no entiendes Chika!
—¿Entender que?—Elevó la voz, la amabilidad de sus ojos se esfumaron reemplazados por el disgusto—Siempre eres tan prejuicioso con la gente, principalmente con aquellas que nos brindan amabilidad—Tomó una bocanada de aire y más tranquila agregó—Él hizo mucho por mí; me salvó de esos chicos en dos ocasiones saliendo casi herido por eso.
Futo jadeó con los ojos en par en par, perplejo. La mención de aquellos tipos era casi surrealista en su hermana que por nada del mundo siquiera lo recordaría, que lo mencionara ahora y con ese desaire entendió que había sobrepasado el límite de su paciencia. Ambos estaban iguales y por el bien de cada uno era detener esto antes de hacer o decir algo que podrían arrepentirse.
En silencio caminaron a casa. Kaori que vivía unas cuadras antes se despidió de Chika prometiendo encontrarse el fin de semana. Ahora solos, el silencio era tenso e incómodo para los hermanos y ella, se perdía en sus pensamientos, principalmente cuando se trataba de Yuri.
Llegaron a casa, era de dos pisos, color blanco y rojo, con un dos balcones en las ventanas superiores. Wataru recibió a ambos hermanos con euforia y entusiasmo como un adorable cachorro.
—Hogar, dulce hogar—Suspiró Futo respirando pesadamente y tirando la mochila en el sofá del Living justo al entrar.
—Futo, Chika, ¡Miren lo que mamá me compró!—Mostró un vídeo juego—Es de zombie y esperé a que ustedes llegaran primero para jugar juntos.
—Vaya, pareces ansioso con probar la consola nueva que te compré—Chika sonrió débilmente mientras se quitaba el bolso y inhalando y exhalando con cansancio y liberando todo estrés y los estragos de las emociones negativas, eso y la universidad la dejaron agotada.
—Aún me pregunto de dónde sacaste todo ese dinero para comprar algo tan caro—Refutó el mayor, husmeando la heladera.
Chika suspiró con cansancio mientras acariciaba sus sienes buscando paciencia de dónde no la tenía para no estallar de cólera allí mismo.
—No empieces por favor, y mucho menos delante de Wataru.
Futo eligió una lata de bebida y tomó un sorbo, después, limpiando su boca con la manga de la camisa miró al infante que parecía algo aturdido y expectante por repentina pelea.
—Lo siento campeón pero hoy no podré jugar contigo. Solo quiero ir a dormir. Más tarde, ¿De acuerdo?—Y rápidamente volteó dirigiéndose por la escalera directo a su cuarto para no presenciar cómo el semblante infantil se expandía la desilusión y la tristeza.
El niño lo vio irse con los hombros bajo y conteniendo las lágrimas. Chika inmediatamente lo abrazó, besó su mejillas y empezó a hacerles cosquillas obteniendo varias risitas.
—No lo necesitamos, yo jugaré contigo, ¿De acuerdo?
—Bien, ¡Prepárate para perder!—Y con los ánimos estallando, la alegría volvió a él tan rápido como se había ido.
—¡Oh! ¿Enserio?, estoy segura que mataré más Zombies que tú, enano.
—¡Eso jamás!
Y así fue como los dos compitieron, a veces con enojo cuando perdían y alegres cuando salían victoriosos. Jugaron durante horas y realizando ruidos a propósito como objetivo de no dejar dormir al mayor. La venganza nunca supo tan bien para Chika.
