Capítulo 7
Sara, la Reina de los Demonios, estudiaba la vasta expansión del bosque, su extraordinaria mirada pasaba a través del denso follaje y de los montículos de tierra y rocas. Las llamas de las antorchas de su ejército crepitaban iluminando los alrededores de los árboles, lanzando sombras y luz en todas direcciones. El humo onduló hacia el estadio del cielo, un rizado y perfumado flujo de cenizas. La frustración la carcomía con la determinación y el frenesí de una bestia hambrienta.
El asesino humano no había sido visto en ninguna parte. Y lo que era más importante, su esclava favorita, tampoco había sido vista.
—Maldita sea. —gruñó con las manos apretadas en puños, las afiladas garras mordiéndole la piel.
Hacer un alto y ordenar a su ejército acampar aquí no había sido nada fácil. No cuando estaba desesperada porque le devolvieran la posesión de la chica. Sin embargo, con cada minuto que pasaba, perdía más y más el rastro de la chica. La mañana llegaría en cualquier momento, y aunque los duros rayos del alba no los matarían, su gente cazaba mejor en la oscuridad ya que sus ojos eran demasiado sensibles para la luz del día.
Ahora tendría que esperar, y saberlo le curvó los labios en una mueca. ¿Dónde estaba la esclava? ¿Dónde la tenía escondida el humano?
Humanos. Cómo los detestaba. Los dioses se divirtieron enviando unos cuantos a Konoha para ver el caos consiguiente. Pero un humano no debería haber sido capaz de robarle a su esclava.
¿Dónde estaban?
¿Ese par pediría protección a otra raza? se preguntó, pero descartó la idea casi al instante. Su esclava siempre alababa las ventajas de la libertad y no se arriesgaría a la esclavitud en otro reino. Fácilmente reconocida como lo que era, tendría que evitar las ciudades.
Y eso era por lo que Sara estaba tan lejos de la ciudad. Su mirada continuó buscando pero no vio nada fuera de lo normal. Pronunció un gruñido bajo con la parte de atrás de la garganta, el sonido reverberó a través de su cuerpo. ¿Dónde estaban?
Una apacible y metálica brisa le besó la parte de atrás del cuello y Sara miró a su alrededor, sabiendo que su soledad había sido interrumpida. Sus ojos se entrecerraron ante el hermoso intruso que estaba detrás de ella.
—Hola, Sara. —La sedosa voz masculina flotó a través de la corta distancia.
—¿Qué estás haciendo aquí, Neji? —la pregunta surgió con un gruñido enfadado.
Si hubiera sido uno de sus hombres, lo habría golpeado en lugar de exigir una respuesta.
El rey vampiro levantó sus cejas, dándoles un peligroso sesgo seductor.
—Esta no es manera de recibir a un viejo amigo.
¿Viejo amigo? Ja.
—No has respondido a mi pregunta. —mientras hablaba sus garras se alargaron, preparándose para atacar.
¿Por qué no lo había golpeado aún? Aunque los demonios y los vampiros no eran enemigos, no eran amigos, tampoco. Y ella había querido destruir a esta presumida y arrogante sanguijuela durante muchos años. Cada vez que le miraba, le recordaba todas las veces que le había suplicado su amor… y todas las veces que él se lo había denegado.
Los vampiros eran rápidos, sobrenaturalmente rápidos. Debía pillarlo por sorpresa. Se volvió lentamente hacia él, embebiéndolo con la mirada. Era alto y ágil, una criatura que irradiaba poder y sexo. Una combinación letal. Muchas reinas Konohakures, sin importar de qué raza eran, habían caído presa de sus mortales encantos.
Poseía una piel pálida, unos rasgos perfectamente esculpidos, y unos ojos aperlados que normalmente mostraban una diversión burlona. En ese momento, era tan silencioso como un cazador de la noche.
—No eres bienvenido aquí. —arrastró las palabras mientras se iba acercando otra pulgada más.
—Por supuesto que lo soy. —se rió entre dientes, un sonido rico y ronco en la noche. —Este es mi campo de caza.
Ella se calmó. Revaluó el ambiente con la mirada. Los árboles eran más altos que los de su propia tierra. Más verde. El dulce aroma de la ceniza y el azufre estaba presente en el aire, pero por debajo de él todavía quedaba el olor de la floración y la sal marina.
Esta era la tierra de él, lo que significaba que tenía un ejército oculto y armado cerca. Esperando.
Las garras de ella se retrajeron hasta convertirse nuevamente en uñas, y lo miró frunciendo el entrecejo. ¿Qué tenía que perder? Otro fallo por su parte, obviamente.
Su ceño se hizo más profundo. Podría matar a Neji en ese mismo instante, pero no viviría el tiempo suficiente como para regodearse; no, su ejército saldría de su escondrijo y se produciría una matanza.
—¿Y bien? —la incitó Neji, con los ojos entrecerrados. En vez de amenazador, la expresión le hizo parecer más sensual, más erótico.
—Estoy buscando a un humano. — dijo ella finalmente—. Un hombre. ¿Lo has visto?
Neji sonrió abiertamente.
—¿El humano que diezmó a la mitad de tu ejército y que decapitó a varios guardias?
Ella apretó los dientes ante el recuerdo. No entendía cómo un hombre, un mísero humano, había causado tal desolación. Lo único que sabía es que no descansaría hasta que los atrapara. Y cuando lo capturara, se daría un banquete con su cuerpo durante días, prolongando su sufrimiento y disfrutando de cada segundo.
—¿Cómo sabes lo que hizo? —exigió ella con una voz tan aguda que podría romper hasta los cristales tallados.
—Las noticias vuelan. Ya deberías saberlo.
Un movimiento a su derecha atrapó su atención, y Sara permaneció en silencio mientras uno de sus centinelas se deslizaba hasta llegar a su lado. El campamento demonio detrás de él vibraba en plena actividad. Levantando tiendas. Afilando armas. Cenando, se oía el maravilloso chillido de los cerdos.
El guardia, un macho guapo con una profusión de cuernos en los brazos y en las piernas, y con un largo cabello del color de un cuervo que caía en cascada por la espalda, sostenía una copa en cada mano.
Le ofreció primero a Sara, en segundo lugar se la presentó a Neji con una sonrisa seductora. La mandíbula de Sara se crispó. Incluso los machos eran susceptibles al vampiro.
—La vi aquí y pensé que podría tener sed. —dijo él, sus palabras eran para Sara pero seguía mirando a Neji.
—No lo hagas otra vez. —escupió ella—. Permanece en el campamento o serás el postre del ejército.
Con expresión de pánico, el demonio se precipitó a obedecer, con sus largas alas agitándose de manera irregular. Hojas y ramitas flotaron y danzaron sobre su estela antes de caer de nuevo a la suciedad.
A solas con el rey otra vez, sujetó la copa y lo miró por encima del borde, estudiándolo, considerándolo. Era tan pálido, tan exótico. Sorbió el rico líquido carmesí, deseando la sangre animal que era tan dulce y cálida.
— Sasuke de Uchiha tiene una nueva novia. —dijo ella, apoyándose contra la áspera corteza de un tronco de árbol. Las puntas de los cuernos perforaron la parte superior. Una idea comenzó a formarse en la mente de ella, eclipsando el deseo de destruir al rey.
Neji arqueó una oscura ceja.
—Lo sé. La vi.
—Entonces sabrás que es humana.
—Por supuesto. —Él apuró su copa, sin apartar nunca la mirada de la de ella, y sin contemplaciones dejó caer la copa. Lentamente salvó la pequeña distancia que había entre ellos, deslizándose sobre el sucio y despedazado camino. Cuando la tenía al alcance de la mano, se paró, con frío aliento acariciándole la mejilla a ella—. ¿Qué tiene que hacer ella con el macho humano? ¿Y por qué la has mencionado siquiera?
Una solitaria gota de sangre se escapó de los labios de él. Ella se inclinó y la atrapó con la punta del dedo. Llevó la gota a sus labios y la lamió con entusiasmo.
Quizás Neji y ella pudieran ayudarse el uno al otro. Por el momento.
Sí, pensó, una ola de vértigo destruyó su sentido del fracaso. Sí. Juntos serían omnipotentes. Juntos podrían destruir algo. Destruirían a alguien.
Ella dejó caer su copa al suelo, dejando que lo salpicara. En vez de responder a su pregunta, le hizo una propia.
—¿Sabes algo de un portal que lleva de Konoha al mundo de la superficie?
Él se rió, su diversión poco amable la irritó. Le miró con el ceño fruncido. Sara no era una mujer de la que se burlaran
—Los dioses no sería tan estúpidos como para decirnos la localización del portal a su precioso mundo de la superficie. —dijo—. Nos odian. Quieren que nos quedemos aquí. Olvidados.
—Por supuesto que tienen en pie un portal a la superficie. Si hay una manera de entrar, también hay una manera de salir.
—Cierto, pero un Portal colocaría al mundo humano en grave peligro, y... No, los dioses nunca harían tal cosa. —Sus palabras la desmintieron así como también lo hizo su tono.
—¿Entonces cómo trajo Sasuke a su novia humana aquí? Ella no fue enviada por los dioses. Mis espías me juraron que él dejó Konoha y que la trajo aquí.
Neji frunció el ceño y se acarició la mandíbula con dos dedos mientras consideraba lo que ella decía.
—El Portal no es para que lo uses tú, Sara.
Ella alzó el mentón.
—Entonces tú sabes dónde está. Sabes que existe y ¿aun así trataste de fingir que no lo hacías?
Él se encogió de hombros.
—Lo sé todo. Y sí.
—Tú no eres la joya de Byakugan, —dijo ella, cortándolo con los ojos—. Es imposible que puedas saberlo todo.
—Ah, Byakugan. —alargó las sílabas como si fueran una caricia para sus sentidos—. Una cosa que ya no está bajo tu dominio. —dijo él con una sonrisa satisfecha.
Ella rechinó los dientes con fuerza. Todos los soberanos de la tierra habían poseído la joya en algún momento u otro, y Sara la había tenido un tiempo demasiado corto.
—La recuperaré. Te lo aseguro.
Sus amplios hombros se levantaron en otro encogimiento.
—No tengo que ser Byakugan para saber que la entrada solo trae la muerte para los Konohakures. Si entras, los dioses te mataran.
— Sasuke sobrevivió. Además, a los dioses no les importa lo que hagamos. No me harán daño. Te lo aseguro. —se calló.
Un pesado silencio se extendió entre ambos mientras Neji se hacía eco de la advertencia que atravesaba la mente de ella. Incluso los sonidos del inactivo campamento demonio y la charla de los hombres se habían evaporado. Podía parecer segura, pero no se sentía de esa manera.
¿Qué pasaba si el vampiro estaba en lo cierto? Los dioses los habían ignorado durante mucho tiempo, habían preferido a los mortales claramente...
No. no. no podía dejar que la posibilidad de que ellos se enfadaran afectara a su decisión.
—No me gusta eso de que supieras lo del portal y nunca hayas pensado en contármelo. —dijo ella con engañosa calma, vagando su dedo por una de sus comisuras.
—Tal vez me divertía pensar en tu ignorancia.
—¿Te asustan los dioses, Neji? —sonrió ella lentamente. Inocentemente. Burlonamente. —¿Te da miedo su ira? Debe ser, pobre, pobre bebé. De lo contrario, ya habrías utilizado usado el portal para encontrar a otra novia humana.
Aunque su expresión se mantuvo neutral, impasible, sin revelar ni una pista sobre sus emociones, sus dientes se alargaron y se afilaron. Debe de estar furioso, pensó ella con una malvada sonrisa interior para el hombre que lo gustaba que le recordaran a la mujer que había amado y perdido.
—Será mejor que vigiles tu lengua, demonio. —dijo él suavemente—. Antes de que la pierdas.
Ella inclinó la cabeza hacia un lado alargando sus propios dientes.
—Será mejor que recuerdes a quién estás amenazando
En el perla de sus ojos se despertaron manchas rojas.
—No quiero una guerra entre nuestra gente, y tú estás malditamente cerca de empezar una.
Sara soltó un frustrado suspiro. Si no era cuidadosa, él la dejaría, y se vería obligada a buscar a su esclava por su cuenta. Obligada a luchar contra Sasuke y su ejército dragón sola, ya que ella quería el control del Portal. ¡Qué mal!
Si solo ella aún poseyera a Byakugan, no necesitaría a Neji ni a ningún otro.
Sabría exactamente qué estrategia de batalla seguir, sabría exactamente lo que su enemigo habría planificado.
¡Oh, cómo odiaba haber perdido la joya!
No le gustaba este sensación de desamparo. Y le gustaba todavía menos tener que recurrir a otra criatura – especialmente al seductor y enigmático Neji.
—Ambos sabemos que odias a Sasuke, —dijo dando unos pocos pasos hacia él. Su cercanía la ponía nerviosa. Vio cómo los árboles fluían con la brisa—. Él mató a tu amante y nunca obtuviste venganza.
Neji no contestó durante mucho tiempo. Cuando lo hizo, sus rasgos estaban en blanco, pero su voz era espesa con un seco acento de diversión.
—Tal sutileza me calienta el corazón. De verdad, lo hace.
—Tú no tienes corazón.
—Cierto. —dijo él aún más divertido—. Dime una cosa. ¿Por qué quieres viajar a la superficie? Eres una reina, posees todo lo que alguna vez has deseado.
—¿De verdad eres tan tonto que no lo sabes?
Como él no respondió, ella añadió.
—Piensa en ello. En la superficie, seremos dioses. No reyes y reinas, sino dioses venerados y reverenciados. Los humanos serán obligados a obedecer nuestras órdenes y beberemos de sus cuerpos siempre que queramos, ya no dependeremos de los animales para mantenernos.
—¿Te arriesgarías a la ira de los dioses por un postre? —él chasqueó la lengua—. Demonio tonto. ¿Realmente puedes ser tan tonta?
Mientras el sonido de la diversión de él se hizo eco en el bosque con lo que su irritación contra él creció. Bastardo. ¿Podría no ver la justicia de su sueño?
—Sabes tan bien como yo que no nada más dulce que la sangre humana.
—Y ha pasado tanto tiempo desde que la probé por última vez que apenas recuerdo su sabor.
Intentó otra línea de persuasión.
—¿Algunas veces has tenido tantas ganas de volar y no ver nada salvo el cielo? Aquí, no alcanzaremos nada más que cristal y agua. Ansío la libertad, Neji. La auténtica libertad. —No importaba que ella repitiera las mismas palabras que su esclava siempre le daba. Esto era diferente. Este era su deseo.
Durante un rato el silencio se arrastró entre ellos. A Neji le gustaba hacer eso, le gustaba hacerla esperar por su respuesta. La paciencia no era parte de su naturaleza, y la espera ahora, cuando el asusto era tan importante, resultó imposible.
—En la superficie, puedes seducir a miles de mujeres humanas si así lo deseas. Puedes encontrar a otra humana para amar. —añadió con un aliento susurrado.
Los labios de él se bajaron en un ceño melancólico, dando a sus facciones un clase letal de belleza. En ese momento, ella supo que lo tenía. Sabía que la ayudaría de cualquier manera que fuera necesaria.
Él asintió, una sola inclinación de su mentón.
—El fuego te mata. Mis demonios son inmunes a él. Y tus vampiros pueden hacer cosas que nosotros no podemos. Sasuke nunca podrá luchar contra nuestros ejércitos a la vez.
Un completo silencio reinó durante un largo momento.
Apretó los puños mientras esperaba la respuesta de él.
—Muy bien— dijo suavemente como si no la hubiera hecho esperar. —Te ayudaré.
—No te arrepentirás de esta decisión. — Eso era cierto porque un hombre muerto no podía lamentar nada. Una vez que Neji no la sirviera para nada... sonrió abiertamente. —A partir de hoy, los vampiros y los demonios somos aliados.
Los labios de él se curvaron pero no negó sus palabras.
—Mis espías me dijeron que vieron al macho humano y a tu hembra esclava dirigirse al palacio de Sarutobi.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho.
—El antiguo rey dragón está muerto. Su palacio vació. ¿Por qué van allí?
—Si hay una entrada al palacio de Sasuke, ¿no sería esa una razón para que fueran allí? El humano querrá atravesarla. Puedes matarlo y ocuparnos de la entrada primero y fácilmente y después preocuparnos por el otro.
Los ojos de ella se agrandaron.
—Tienes razón. Mataremos al humano, recuperaré a mi esclava, y poseeré uno de los portales. Perfecto. —Y mucho más fácil de lo que ella pudo imaginar.
—¿No querrás decir que los dos la poseeremos? —preguntó él con una ceja arqueada.
—Sí, por supuesto. —mintió ella convincentemente—. Nosotros.
—Voy por el resto de mi ejército y regresaré dentro una hora— sin ofrecer ninguna otra explicación, desapareció, moviéndose tan rápidamente que era como si nunca hubiera estado allí.
Sara finalmente permitió que una sonrisa de victoria emergiera. De repente, la vida le parecía mucho más dulce.
