Capítulo 1

La casa del sol naciente

Mi primer pensamiento esa mañana era sobre cómo había excedido mi límite normal de consumo de alcohol, las punzadas de dolor en mis sienes, la molestia por el pequeño halo de luz que se filtraba por un agujero en las puertas corredizas de la sala de estar y el dolor lumbar por haber dormido en una posición extremadamente incómoda, eran apenas pequeños vestigios del exceso vivido la noche anterior.

—Dios, dime que no vomité en ninguna de ustedes. —su quejido había salido de forma rasposa, mientras trataba de acomodarse el vestido veraniego que tenía subido hasta los pechos, apartando desesperadamente los largos mechones pelirrojos.

—Maldición. —reprendió Temari. — ¿De quién fue la grandiosa idea de mezclar tragos?

—No me mires a mí, —comenzó Karui soltando un largo bostezo. —Todas queríamos iniciar a Sakura, por lo que fue un consenso entre todas.

La rubia puso los ojos en blanco, arrugando su frente provocando las risas de todas por su expresión.

—Diablos rosadita, ¿Dónde aprendiste a beber de ese modo? —cuestionó Tenten recostándose en la mesa de café en la que estaba atrapada. —Por tu apariencia, juraba que eras un peso ligero.

Reí, recordando las veces en las que me vi obligada a seguirle el ritmo a Tsunade-Sama cuando perdía en los juegos de azar.

—Crecer con mis guardianas tiene sus ventajas. —respondí con simpleza desenredando mis anteojos de mi coronilla. —Supongo tuve mucha práctica en mi juventud.

— ¿Acaso comenzaste a beber a los 4 años? —comentó alarmada la señora Koharu, provocando que todas riéramos. — ¿Probaban tu resistencia con Absenta?

Me encogí de hombros, sería algo tedioso explicarles que bebíamos cada vez que a alguna le daba ataques de angustia existencial y depresión, lo que generalmente era al menos una vez a la semana. Era sencillo sacar toda la basura dentro de ti cuando tus limitantes son aflojados por los efectos del alcohol.

—Bueno, ya basta… —comenzó aquella chica rubia con carácter. —Se supone somos mujeres inteligentes e independientes que pueden lidiar muy bien con una noche de salvaje beber.

—Ríndete Temari, —comentó Mei restándole importancia a lo dicho. —Esto solo es una clara señal de lo viejas que nos estamos volviendo, la lucha contra el tiempo es una batalla perdida… Es más, siento que hemos envejecido un par de años solo por habernos tirado a dormir en el primer lugar en el que caímos.

—Además, debes recordar que nuestro turno comienza en tan solo unos minutos. —apuntó la chica morena.

—Maldición, en serio las odio.

Karui y Temari tomaron una ducha rápida, se arreglaron y salieron rápidamente en dirección al hospital, apenas pasaban de las seis de la mañana. El ruido externo era un recordatorio de la vida que comenzaba a emerger en el pueblo, los autos, las personas, los animales y ajetreo común de un domingo en la mañana.

Las restantes nos dedicamos a levantar toda la basura de la celebración de la noche anterior, las botellas vacías de vino, sake, ron, tequila y vodka, los serpentines, las velas desechas, los empaques de las chuches y los adornos desechados con la palabra bienvenida y Sakura desquebrajados. Habían jugado, cantado y hablado toda la tarde, noche y parte de la madrugada.

Se había divertido en grande.

La señora Koharu prefirió preparar el desayuno mientras ellas arreglaban los restos de su reunión, escuchando la radio.

— ¿No sientes nostalgia al haber dejado la ciudad para estar en medio de la nada? —Mei era una mujer pasada de los treintas, madura y despampanante. Sus ojos eran de un verde intenso, su cabello naranja asemejaba al fuego y era tan largo que parecía que las brasas consumían su cuerpo curvilíneo y esbelto.

—Yo estaría gritando si no hubiera nacido en este lugar. —concordó Tenten abriendo de par en par las puertas Shoji.

—No realmente, al ser una chica de ciudad siempre añoré la tranquilidad del campo.

—Pero aun así, dejar el glamour de Tokyo, para vivir en un pueblo tan conservador y retrógrado como Konoha…

—Y trabajar en una casa de locos, no olvides eso querida. —cortó la señora Koharu desde la otra habitación.

Tenten negó con su cabeza. —Ciertamente Sakura-Chan, no sé si eres valiente o has perdido la cabeza.

Las miré a las dos y supe que era una batalla perdida, no entendían la razón por la que me alejé tanto de mi entorno, del bullicio, el mar de gente y los departamentos pequeños. Sequé mi frente con el dorso de mi mano, peinando los mechones rebeldes lejos de mi rostro, el ambiente realmente era húmedo en ese lugar.

Las chicas comentaron un par de cosas mientras yo me quedaba absorta en el paisaje, ver la naturaleza tan de cerca, el aire limpio de impurezas y el fresco olor proveniente de los bosques. Koharu-San tenía un pequeño huerto en el jardín trasero de la casa, en donde había una gran cantidad de especias y hortalizas cultivadas, junto a árboles de castañas y caquis.

La esencia de tranquilidad flotaba en el aire.

—Te pareces a mi madre la primera vez que vio una trasmisión en un televisor. —La anciana me sacó de mis pensamientos. —Pareces maravillada por el perfume de la vida, como si nunca hubieses visto tanta junta.

—Es un estado demasiado puro e innato al que no estoy acostumbrada.

—Lo harás con el tiempo, —mencionó cogiéndola del brazo, guiándola hacia la cocina para sentarse en el pequeño comedor. — ¿Mañana comienzas con tus turnos?

Asentí, tomando los palillos entre los dedos de mi mano derecha tratando de decidir qué comería primero.

— ¿Sabes dónde queda el lugar? ¿Sabes llegar?

—No debe porqué preocuparse Koharu-San, cuando tuve mi entrevista de trabajo aprendí el camino… Incluso pienso aventurarme e ir en mi bicicleta.

—Creo que la locura es tu veredicto, Sakura-Chan.

...

Mis piernas dolían con cada pedaleo que daba, realmente mi físico estaba fatal. Fue duro completar mí primer recorrido en bicicleta, mi trabajo quedaba al menos media hora de camino y mi paso era realmente lento, debí haber ejercitado más mientras me encontraba en la ciudad.

A medida que avanzaba notaba como la cantidad de viviendas iban disminuyendo, me adentraba más en los bosques, las granjas y cultivos eran notorios desde el caminillo desgastado por el que me guiaba. Muchos pobladores de esa zona trabajaban arduamente en sus tierras, cuando notaban mi presencia unos me dedicaban una mirada curiosa mientras otros sencillamente pasaban de mí.

Bufé cansada, no había sentido tan largo el trayecto la primera vez que fui a ese lugar.

El calor provocaba que me sudaran las manos y sentía que mi uniforme, pese a ser de un material ligero, se pegaba a mi cuerpo incómodamente, las medias veladas blancas molestaban la sensibilidad de la piel interna de mis muslos, al igual que una sensación de humedad albergaba mi cuerpo.

Sentía mis mejillas arder, mi frente perlada en sudor y mi moño deshacerse por la humedad, ¡qué gran primera impresión!

Tal vez podría considerar esta decisión.

Después de haber pasado una eternidad, finalmente vi el muro que circundaba el sanatorio mental, la única entrada era por el frente y consistía en un par de puertas robustas y altas con la inscripción del nombre del lugar en la parte superior. La primera vez que las crucé sentí escalofríos en mi espina dorsal, había algo en el ambiente y aura del lugar que me asustaba, era un ambiente tétrico que no lograba desvanecerse ni con la energía del verano.

El guardia de la entrada me observó con ojos amenazadores, su voz era rasposa y sonaba enfadada cuando preguntó por mi presencia.

—Carne fresca. —comentó mientras llamaba al edificio principal. —No sabía que habían contratado. —sonrió haciendo alarde de sus dientes chuecos.

Apreté el manubrio, tratando de comprender la situación sin que las alarmas de mi cerebro me bloquearan. Me mantuve sobre mi vehículo esperando que la adrenalina me diera la suficiente fuerza y resistencia para salir de ese lugar si era necesario. El hombre habló por unos minutos dentro de la caseta, era escuálido, bajo y apestaba a nicotina. Su rostro estaba demacrado, tenía poco cabello y sus ojos eran extremadamente pequeños.

El tiempo se alargó, las voces se distorsionaron. Me daba vueltas la cabeza, la sonrisa de aquel hombre se amplió, a la vez que un halo de malicia brillaba en sus ojos. Mi respiración se hizo más frenética y los latidos de mi corazón estallaron en un repentino ataque, me sentía extraña y no sabía la razón.

— no…san… ¿Haruno-San? —la voz se escucha lejana, ahogada en el agua. Parpadeé varias veces. — ¿Se encuentra bien, Señorita?

— ¿Dis-disculpe?

—Haruno-San, no debió haberse aventurado a venir en bicicleta con este calor. —reprendió sosteniéndome, su agarre era débil, pero no delicado. —Debe haber sufrido un golpe de calor, llama a Sakon.

—Estoy bien. —traté de zafarme de su agarre. —Solo me sobre exigí un poco.

La luz de sol me cegaba momentáneamente, pero debía hacer el esfuerzo de conocer a la persona que me sostenía. Su voz no sonaba masculina, por lo que no podía ser el doctor Orochimaru ni su asistente Kabuto, el nombre del auxiliar que ordenó llamar tampoco me sonaba, ¿quién era esta persona?

—No tema señorita, soy Anko Mitarazhi y la psiquiatra de turno.

...

Un fuerte estruendo me despertó, me hizo brincar y reconocer que había comenzado un nuevo día. Tomé el reloj que dejaba en la pequeña mesa al lado de mi litera para ubicarme en qué parte de la mañana me encontraba. Como siempre aquel sentimiento de vacío regresaba, metiéndose bajo mi piel, asfixiándome.

Los gritos se escuchaban lejanos, me preguntaba si se trataba de otro episodio violento de Juugo. Nunca había vuelto a ser el mismo desde que fue a consulta con Orochimaru y le practicaron terapia de electrochoques. La electricidad había anulado ciertos receptores, provocando que se volviera más violento, si era posible.

—Hey Sasuke. —mi puerta se abrió rápidamente mientras un peliblanco se introducía a mi habitación. —No creerás esto, hombre, la nueva enfermera tuvo un ataque de ansiedad en la entrada, con tan solo ver al horrorosa cara de sapo de Jirou. —explicó con una gran sonrisa surcando su rostro, permitiéndome ver sus dientes antinaturalmente afilados, cosa que había hecho el mismo cuando cambió de dentadura. —Pero eso no es todo, es ardiente como el fuego.

Rodé mis ojos, no era algo por lo que estuviera dispuesto a salir.

—Vamos, no seas así, hermano. —abucheó acercándose. —Sé que estás tan harto como yo de ver la horrorosa cara de Kim y Tayuya, son unas brujas desalmadas. —comenzó a forcejar, tratando de retirar los cobertores de encima de mío. —Solo quiero echarle un vistazo, rápido y sin que nadie lo note.

— ¿Piensas que la han contratado por ser un alma caritativa? —de inmediato noté como su sonrisa de transformaba en una mueca desilusionada. —No olvides el lugar en dónde te encuentras.

Suiguetsu dejó de forcejear y lentamente se reincorporó, soltó un resoplido que tenía todas las intenciones de ser una risa sarcástica –muy común en él– su paso a la salida fue lento y silencioso. Se tambaleaba de un lado a otro, con los brazos sueltos, cargándolos como un peso muerto.

—Tienes razón. —abrió la puerta con desgano, deteniéndose un leve segundo para pensar lo siguiente que diría. — No olvides que Mitarashi-Sensei te espera después del desayuno en su despacho. —anunció cerrando la puerta tras de sí.

La penitencia nuevamente comenzaba ese día.

Y solo quería perderme en la oscuridad de mi inconsciencia por unos segundos, unas horas o la eternidad.

...

—Nos has dado un buen susto, Haruno-San

Desperté unos minutos después en una camilla en la enfermería del pabellón de hombres del sanatorio. Tenía la bata abierta, además de que la Doctora Anko se encontraba revisando mis signos vitales.

Me ayudó a sentarme y separar un poco más las solapas de mi uniforme.

—Lamento haber causado este percance. —me sobresalté por el frío tacto del fonendoscopio en mi pecho. La piel de mis senos casi de inmediato se erizó. —Realmente no consideré que mi resistencia fuera tan mala, Mitarashi-San.

Ella guardó silencio mientras procesaba el sonido de mi respiración, para finalmente alejar la campana de mí.

—Por favor llámame Anko, Mitarashi-San era mi padre. —pidió dándose vuelta soltando una leve risa. —La próxima vez hidrátate más a menudo y ve a un ritmo más lento.

—Realmente lo siento.

—No te preocupes,… —habló aligerando el tono severo que surcaba su voz e imagino utilizaba con los pacientes. —Nos has dado un poco de emoción, además que ha sido una buena forma de conocer a todos tus compañeros. —afirmó mientras yo acomodaba mi uniforme. — ¿Lista para tu recorrido?

Asentí reincorporándome, sintiéndome levemente mareada.

Anko-San no esperó a que me recompusiera para comenzar con su guía por las instalaciones. Me contó levemente la historia del sanatorio y como antes solía ser un cuartel general de telecomunicaciones y logística en época de la gran guerra, luego de haber perdido contra los aliados se optó por desmontarla y las instalaciones fueron utilizadas por la iglesia católica como hospital de rehabilitación y descanso para heridos de guerra. Con el tiempo fueron destinando a los pacientes a clínicas especializadas, dejando así abandonado el lugar.

Era un lugar amplio, con grande bóvedas sostenidas por paneles, su estilo arquitectónico no parecía ser de tiempos de guerra. Era más parecido a las ilustraciones de los libros que Kakashi-San tenía sobre historia mundial, más específico a los escondrijos de sectas del renacimiento, nuevamente un escalofrío atravesó mi espina, realmente había una extraña atmósfera en el lugar.

Era un lugar amplio, según Anko-San, pese a que el lugar era amplio muy pocas habitaciones eran utilizadas, pese a ser el único hospital especializado en enfermedades mentales de la prefectura el índice de internos era pequeño en comparación con su capacidad total, incluso cuando había un pabellón exclusivo para mujeres y otro para hombres.

—La primera vez es tenebroso estar aquí, conocer los pasillos y ver que la mayoría de las compuertas se encuentran abiertas. —río ralentizando su andar hasta permitir que camináramos a la par. —Pero te puedo asegurar que no suceda nada fuera de lo común en esta clínica. —Me pareció extraño que hubiese echo esa aclaración, cuando realmente no había razón alguna por la que yo debiera sospechar –claro está, además del comentario de carne fresca– además de aquella mueca que pretendía ser una sonrisa encantadora.

...

Los auxiliares me sacaron a rastras de mi habitación al darse cuenta que no salía a cumplir mi cita con Anko-Sensei. Forcejeé y me retorcí, repartí manotazos y puños buscando hacer el mayor daño posible, mis golpes conectaron con mis captores pero mi fuerza no era la suficiente. Mi cuerpo era extremadamente delgado, nada inusual para el lugar en el que me encontraba, los golpes que repartía me hacían más daño a mí que a los gorilas, mis articulaciones se agarrotaron y mis nudillos estaban completamente rojos, en algunas partes con la piel rasgada.

El leve arranque de adrenalina fuer terminando, el estallido de fuerza fue mermando, pronto sentí como restringían libremente mis brazos, sometiéndome contra el frío piso de azulejos blancos. En verdad odiaba ese maldito color, ausente de todo, vacío, impoluto e inexpresivo. No tardó mucho el doloroso resultado del piquete en su trasero, sabía que no pretendían dormirme, solo doblegarlo para que en su sesión no ocurriera nada "extraño" con su psiquiatra.

Sakon y Ukon me tomaron cada uno de un brazo y arrastrándome por el corredor.

Dolía sentir la fricción sobre la delicada piel de sus pies, el sonido chirriante era más que bizarro.

El cuerpo pesaba, sentía como si en cualquier momento la parte superior se desprendería de la inferior, dejando un rastro de sangre y viseras, redecorando un poco ese inmundo lugar. Tal vez algunos internos reirían, algunos tratarían de comerlo, seguramente el director lo utilizaría en sus experimentos… pero sería libre, de sí mismo, de esa jaula.

No pude resistir gemir con esperanza.

— ¡Cállate!

El fuerte puño contactó con mi mentón, y fue en ese leve momento que la vi asomándose por la esquina.

Su expresión era de total sorpresa y miedo, nunca podría darme la libertad de olvidar aquel par de ojos.

— ¡No!

Después, un pitido anunció la oscuridad que me engullía.


Hola, hola, hola

Muchísimas gracias por darle una oportunidad al Fic, es el primero que publico en la página, agradezco los comentarios y el apoyo.

Antes que nada, hay ciertas cosas que aclarar. La primera: Sakura es mayor a Sasuke, jojojojo siempre quise escribir un fic con esta temática, lo pensaba más de época, tipo el periodo sengoku, pero no lograba desarrollar bien la idea -tal vez más adelante se me ocurra un mejor desarrollo-, anyways, en esta linea del tiempo Sakura tiene 24 años y Sasuke por otro lado tiene 16 años, ha estado atrapado por casi seis años. Las edades de los demás personajes que aparezcan aun no las he pensado, solo sé que las que se mantienen como en el Anime/Manga son la de Orochimaru, Anko, Mei, Koharu, Tsunade y Shizune.

Segundo: Por la temática que manejaré y facilidad de ocurrencia de ciertas situaciones, me pareció atractivo ambientar el fic en los años 80´s, a comienzos. Creo que me ha inspirado stranger things, super 8 y girl interrupted... siempre quise hacer algo con niños y los misterios que encuentran como grupo, aunque esto es un poco más oscuro aquí, pero bueno. Además de que últimamente estoy super enganchada con el disco y el fic surgió por una escena de baile entre las chicas. Es solo mi egoísmo actuando.

Tercera: No planeo que dure mucho, aún no tengo una cifra específica, pero no deseo que sea tan largo. Incluso ya sé qué final le daré...

Nuevamente gracias por darle una oportunidad, pasar y leerlo. Si tienen alguna crítica, comentario, sugerencia es bien recibida siempre y cuando haya respeto.

Sin más, nos leemos.

PD: Los títulos son canciones, por lo que si quieren entrar más en ambiente les sugiero buscar the house of the rising sun, a mi me gusta más la versión de The Animals pero ustedes pueden escuchar la versión que más les guste.