CAPÍTULO 3 – COMO HERMANOS

Sakura y Naruto estuvieron más tiempo del que esperaban con Tsunade y Jiraiya. La joven ya no se preguntaba tan seguido por su padre, simplemente había desaparecido, aparentemente ahora sumergido en su trabajo. Ella pensó que probablemente le doliera verla debido a que era la viva imagen de su madre Mebuki; tenía el mismo color de pelo que ella, incluso los rasgos de su cara eran parecidos, la diferencia más espectacular radicaba en sus ojos, puesto que los de su madre eran color miel como los de su tía.

Naruto, por otro lado, había comenzado a extrañar a sus padres, nunca habían estado tanto tiempo fuera, ya hacía más de dos meses que se habían marchado. Si bien llamaban a menudo para hablar con su pequeño y tener noticias de él, aquello no le era suficiente a su hijo para llenar el vacío que provocaba su falta.

Todos en la casa se percataban de los momentos de tristeza que tenía el chico, que por cierto eran cada vez más seguido. Era imposible no notar el cambio de humor y el deje de alegría de alguien con tanta luz como él. Pero por suerte, tenía una nueva distracción que lo sacaba rápidamente de los pozos en los que por momentos se hundía. Así es, si bien con su nueva amiga se peleaban todos los días, habían generado una conexión y lazos increíbles. Eran como hermanos, se peleaban pero al momento de defenderse uno al otro, no lo dudaban y, aunque no se dieran cuenta, ambos se protegían y apoyaban mutuamente en los instantes que estaban más tristes, asustados, compungidos o simplemente necesitaban ser escuchados.

Una noche en la que el chico estaba sumamente triste comenzó a hacer fiebre. Apenas había probado bocado en la cena cuando se fue a acostar, eso inquietó a todos porque el rubio no era de los que dejaba la comida sin terminar por más decaído que estuviera y mucho menos si esa comida era ramen, su menú favorito. Ni bien se levantó de la mesa, el resto de los comensales se dirigieron miradas preocupadas. – Iré a ver qué le sucede – dijo la pequeña levantándose para seguirlo. – Yo ya terminé, no tengo más hambre. Hasta mañana. – Se despidió dándoles un beso en la mejilla a sus tíos.

– Bien, dejemos que nuestra pequeña se ocupe. – Comentó Jiraiya una vez que la aludida se hubo perdido de vista.

– Creo que de todos modos iré a ver cómo está. Esto ha llevado más tiempo del que todos pensábamos. Y Naruto ya está sintiendo la falta de sus…

– Lo sé cariño, – la interrumpió su marido – pero es que…

– ¡Tíaaaaa! – Un grito desesperado los alertó. Se miraron asustados pero reaccionaron rápidamente y corrieron a la habitación donde estaban los niños. – No sé qué le pasa, tiembla mucho y está muy caliente, dice cosas raras… – Explicó lo más a prisa que pudo. El rubio estaba en su cama, hecho un pequeño ovillo, transpirando y diciendo incoherencias.

Tsunade se acercó y con sumo cuidado colocó una mano en su frente. – ¡Está hirviendo! – Exclamó alarmada. – Cielo, tráeme unas toallas con agua fría y hielo, iré por medicina y el termómetro. Está delirando, ¡esto es horrible!

– Tía… – comenzó dudosa Sakura muy preocupada por su amigo. – ¿Qué le sucede a Naru? ¿Se va a poner bien verdad?

– Claro pequeña. – Respondió tomándole la mano. – Ven, ¿quieres ayudarme? – La chica asintió tímidamente con la cabeza pero con una mirada completamente decidida. En ese momento llegaba su tío con lo que le habían encargado. – Mira, – comenzó a explicarle lo que debía hacer. Mojó la toalla en el agua helada, la escurrió y mojó las axilas del chico que se estremeció al sentir el contacto frío de aquel trapo. Acto seguido, repitió el proceso pero dobló la toallita y se la colocó en la frente. – Cuando sientas que pierde el frío, vuelve a meterla en el agua y has lo mismo. Yo iré a prepararle una sopa caliente con yuyos para la fiebre. Te lo encargo Saku, no me tardo.

Y ahí estaban los dos, la pelirrosa atendiendo al rubio, seguía las instrucciones que le había dejado su tía al pie de la letra. – Mamáa… – balbuceaba el niño entre sueños, – no te vayas… – Su acompañante lo miró con tristeza, sabía y entendía perfectamente lo que sentía su amigo. Ya eran las cuatro de la madrugada y las femeninas de la casa seguían junto a Naruto. Mas de un momento a otro la niña cayó rendida en un sueño profundo arrodillada en el suelo con los bracitos sobre la cama del chico. Su tía la subió a su cama y la acomodó para que pudiera dormir, le tomó nuevamente la fiebre al rubio, comprobando que finalmente estuviera bien y despidió a ambos con un tierno beso en la mejilla para dirigirse a su habitación y poder descansar un rato.

A la mañana siguiente el pequeño se encontraba bien. – ¿Cómo te encuentras? – Le preguntó Tsunade llevándole el desayuno a la cama seguida por su pequeña ayudante.

El chico abrió los ojos como platos y sonrió. – ¡Cielos vieja! Creo que tendré que enfermarme más seguido. Jajaja… – Rió agarrándose la panza.

– ¡Tonto! – Lo regañó Sakura golpeándole la cabeza con su puñito. – No es gracioso, nos preocupamos por ti anoche. El chico la miró sorprendido por su reacción y comenzó a sobarse la zona agredida. A lo que la pelirrosa y su tía se miraron cómplices y comenzaron a reír a carcajadas, ahora era su turno. Y obviamente alguien se les sumó – Jajaja….

La rubia los dejó solos para seguir con las labores del hogar, y ellos se quedaron con gusto desayunando juntos en el cuarto. – Oye Saku… – comenzó el niño.

– ¿Mm? – Expresó algo confundida con la boca llena a modo de pregunta.

– Quería decirte algo… – continuó algo dudoso. – Quiero que sepas que ahora te entiendo, sí me importan mis padres. Muchísimo, los amo y no soportaría perderlos.

– Naruto… – susurró sorprendida.

– A veces pienso en que hago travesuras y soy un niño malo, y tengo miedo de no volver a verlos. – Continuó algo triste – yo, de verdad siento haber sido tan tonto cuando nos conocimos. Finalmente lo he entendido.

– No te preocupes, no eres un niño malo, solo algo inquieto, pero para nada malo. Además… tu madre no te dejará libre fácilmente. – Quiso hacerlo reír, mientras ella se moría por dentro por remover un montón de emociones que compartía con su amigo. Aún así le sonrió, él lo necesitaba y también ella.

El rubio le correspondió el gesto. – Gracias Saku, eres genial.

– Lo sé, – dijo poniéndose de pie y sacando la mesita de desayunador de las piernas de su amigo, éste la miró desconfiado. – Pero aún no veo que tu sonrisa sea muy sincera. – Dicho esto, sin darle tiempo se lanzó hacia él y comenzó a hacerle cosquillas. Naruto no paraba de reír. – ¿Ves? ¡Esa sí es tu risa! Jajaja…

El rubio no se quedó atrás, la mejor defensa es un buen ataque dicen, así que ambos hacían un gran alboroto, lo que llamó la atención de los adultos. – ¡Guerra de cosquillas! – Gritó Jiraiya corriendo a la cama cuando entró a la habitación y los vio. Los niños lo miraron y de un salto salieron de la cama para evitar ser aplastados y atacar juntos a su tío/padrino. Arremetieron contra él tirándosele encima e intentando que cayera para poder ganarle.

Ese día los adultos decidieron quedarse en casa y dedicarse a los pequeños que tanto los necesitaban. Todo volvió a la normalidad, gritos y peleas, corridas y carcajadas se escuchaban por todos lados.

Ya habían pasado tres días desde aquella espantosa noche, ambos chicos se encontraban en el living de la casa, sentados en unos almohadones en la alfombra, armando un rompecabezas en la mesa ratona frente a los sillones, cuando sintieron que el timbre sonaba. Hicieron caso omiso a aquello, estaban acostumbrados a que compañeros de trabajo de sus tíos les llevaran recados o alguno que otro los fuera a visitar. Tsunade fue a abrir la puerta, ya que su marido estaba cómodamente en el sillón mirando televisión y a los niños jugar. – Narutooo… – se escuchó una voz dulce y cantarina. El aludido se congeló, abriendo los ojos por la sorpresa para luego voltear lentamente…

– ¡Mamáa! – Corrió hacia ésta, saltando a su abrazo. – ¡Papáaa! – saludó al hombre que entraba atrás de su madre, ahora llorando. – Los extrañé mucho…

– Lo sabemos pequeño – dijo el padre alborotándole el cabello.

– Mi niño… – sollozaba Kushina abrazándole fuertemente. – Nosotros también te extrañamos muchísimo.

– Solo mira que grande estás.

Los saludos entre padres e hijo demoraron unos minutos, y una pequeña niña los miraba desde el mismo lugar en donde estaba cuando aquellas personas entraron a la habitación. Le dio mucha alegría que por fin llegaran los padres de su amigo, estaba verdaderamente feliz por él que ahora tenía a sus padres. Mas eso, hizo que le diera un poco de nostalgia por su padre, ¿acaso el no vendría a abrazarla un día de la misma forma igual que aquel matrimonio? ¿cómo iba a saberlo? No quería pensar en ello, negó con la cabeza diciéndose a sí misma que aquello en este momento no era importante, lo bueno era que por fin su amigo podría irse con sus padres.

¿Qué? No. De pronto algo la sobresaltó. Irse. Naruto se iría a su casa. No lo vería más, otro amigo más que perdería. Un montón de pensamientos comenzaron a invadirla, no pudo evitarlo y salió a toda prisa disparada hacia su habitación.

– ¡Sakura! ¿Qué sucede? – Preguntó Jiraiya siguiéndola, ante lo cual todos dirigieron su mirada a ver qué era lo que estaba pasando con la niña. Cuando llegó a la habitación de los niños se sorprendió al ver a la aludida sentada con las piernas sobre su cama abrazando su muñeca, triste, pero sin llorar. Nuevamente la separarían de un ser querido. – Sakura… – Comenzó, pero fue interrumpido por la suave voz de su sobrina.

– Tío, estoy muy feliz por Naruto. No pienses que no es así...

– Lo sé pequeña, sé que no eres egoísta – dijo acariciándole la cabeza. – Ninguno de los dos lo es, y tú has pasado por mucho.

– Mn. Es solo que no quiero perderlo a él también tío. – Continuó. – No sé dónde está papá, y mis amigos quedaron muy lejos, tampoco a ellos los voy a volver a ver.

Esto último fue escuchado por los recién llegados y su hijo que estaban entrando a la habitación. Kushina se acercó a ella, se hincó y tomando sus manitos le dijo las mejores palabras que pudo haber escuchado en ese momento. – Saku, no vamos a vivir lejos. Por lo menos no durante los primeros años que estén en primaria. Así que… – dedicándole una amplia sonrisa – podrás ver a este pequeño demonio todas las veces que quieras porque los anotaremos en la misma escuela. – La niña abrió los ojos como platos ante la noticia y sus ojos brillaron de emoción y esperanza. Algo similar pasó con su amigo, que se había puesto un poco triste al pensar que no vería tan seguido a su amiga. – Además – prosiguió la mujer con más entusiasmo, poniéndose de pie. – Él va a seguir viniendo a casa de sus padrinos, incluso tú puedes ir a visitarnos ¿qué dices? Ah! Y con Minato seguiremos trabajando, que no se te olvide, tendrás que aguantarlo por temporadas cada tanto.

– ¡Mamáa! – Se quejó el aludido ofendido. Provocando que todos rieran.

– ¡Muchas gracias Kushina! – Dijo Sakura saltando a sus brazos, gracias por no separarme de mi amigo.

Ambas estaban maravilladas una con la otra. La imagen era muy tierna, estaban felices. La pelirroja pensaba que si hubiera tenido una hija hubiera querido sin dudas que fuera como ella.

Ya era tiempo de que comenzaran primaria y tal y como les habían dicho a los pequeños, ambos serían inscriptos en un centro educativo que quedaba relativamente cerca de sus casas para que pudieran verse todos los días.

Los jóvenes se habían adaptado bien. Naruto había hecho varios amigos, su gran carisma y personalidad hacía que le fuera muy fácil rodearse de gente todo el tiempo, además de que solía ser perseguido por niñas que admiraban a aquel rubio popular de ojos claros. En ese aspecto el chico era bastante inocente, no se daba cuenta en verdad por qué lo seguían, solo se escudaba con Sakura cuando se cansaba de ser acosado. Ésta se mantenía más tímida y calma, no socializaba demasiado y la hartaban un poco las escandalosas compañeras que se ponían celosas de su relación con su amigo; lo cual no era para menos claro.

– ¡Escuchame bien niñita! – Le decía una chica de pelo anaranjado con una amiga a cada lado, una de pelo un poco más claro que ella y otra rubia. – ¡Que sea la última vez que te acercas a mi novio! ¿Entendiste?

La aludida estaba sentada en el pasto, comiendo su merienda bajo un árbol tranquilamente cuando habían aparecido ese trío de detestables. Las miró, frunció el ceño un tanto molesta y continuó comiendo, tratando de ignorarlas. – ¡¿Qué no me oyes?! – Sonrió para sus adentros al ver cómo se desesperaba. Tal y como le había dicho su tía en alguna ocasión, "muchas veces el mejor ataque es la ignorancia, hace que te hierva la sangre que alguien te ignore cuando estás verdaderamente molesto". Con aquello lo confirmaba, de seguro la chica prefería un "lo siento" o un "me importa un pito que te moleste" a ser ignorada. La pelirrosa se puso en pie y pasó por su lado para ir camino a las aulas, pero un golpe en su cabeza hizo que detuviera la marcha. – ¡¿Quién te crees?! – Gritó furiosa después de haberle lanzado una piedra.

Estaba analizando qué hacer cuando una voz interrumpió la situación. – ¡Eh! ¡Chicas! – Se dirigía a ellas un rubio alegre agitando la mano. – ¿Qué sucede? – Preguntó en cuanto vio la tensión del lugar.

– Naruto… – comenzó Sakura entre dientes. Estaba furiosa, indignada, pero no perdería ante aquella chillona que la había agredido. Usaría su inteligencia para dejarla en evidencia, ya que estaba completamente segura de que su amigo no tenía ninguna novia. – ¿Podrías decirle a tu novia que deje de molestarme? – Dicho eso se cruzó de brazos y sonrió de lado, triunfante, al ver el sonrojo y cara de pánico de la chica y la cara de sorpresa de Naruto.

– ¿Eh? Espera Saku, ¿qué dices? ¿Qué novia? – Se atajó con sus manos por delante.

– ¡Wow! – exclamó. – ¿Acaso no me dijiste que eras su novia? Mmm… ¿No me digas que el novio no lo sabía? – Sakura estaba siendo algo cruel, lo sabía, pero estaba demasiado cansada de aquel tipo de ataques en su contra. Suspiró con cansancio al ver a su agresora, – lo siento – se disculpó al verla casi a punto de llorar y ver a su amigo sin entender nada. – Naruto y yo solo somos primos, no te preocupes por mí, tonta. – A la chica le brillaron los ojos, y el aludido cada vez entendía menos. Puso los ojos en blanco al ver sus expresiones y notar que habían quedado petrificados, bufó molesta y se dio media vuelta para seguir su camino.

– Sakura yo… lo siento – le gritó la niña. La mencionada la miró y asintió con la cabeza aceptando sus disculpas. En eso el chico reacciona y corre hacia su amiga.

– Con que primos eh! Jajaja… – dijo con expresión pícara abrazándola por los hombros.

– Tienes muchas admiradoras tonto, y yo soy quien más las sufre. – Respondió sonriéndole. Eran un dúo inseparable. Naruto, literalmente, había cambiado la vida de Sakura, la había sacado del pozo del que nunca hubiera podido sin su ayuda. Simplemente era él, luz.

A partir de ese momento el rubio comenzó a decir que eran primos, ambos estaban de acuerdo con ello, de ese modo ya no molestaban a la chica más que para preguntarle por él o mandarle algún mensaje. Alguna que otra intentó ser su amiga solo por interés en su primo, pero la ojijade no era tonta y sabía que no debía fiarse de aquellas que se acercaban por mera conveniencia. El nombre que le habían puesto a su relación había quedado tan instaurado que cuando se presentaban ambos decían que eran primos. Y ellos lo sentían así, más que eso, eran como hermanos.