CAPÍTULO 3 – SECUNDARIA: PRIMER DÍA

Los años pasaron y los incondicionales amigos se tuvieron que separar. A un año de terminar primaria, Naruto fue cambiado de colegio por un grave problema que le provocó la expulsión. Si bien él no había sido culpable, no pudo evitar que el odioso alcalde usara sus medios para provocar que al chico lo sacaran del lugar por haber golpeado a su hijo que había intentado propasarse con Sakura en más de una ocasión. No es que la chica no supiera defenderse, de hecho se lo había sacado de encima en varias ocasiones, pero aquello era demasiado.

Ese día habían estado haciendo trabajos en grupo para la clase de biología y por eso salían juntos. La pelirrosa ya se había despedido de su "primo" en la puerta del colegio y se dirigía hacia su casa cuando alguien se interpuso en su camino. Miró contra quien había chocado y, dio un suspiro, esquivó a aquel brabucón, un joven fornido de cabello negro. Un nuevo chico apareció frente suyo, cerrándole el paso, dio media vuelta, hastiada y un poco asustada. – ¿Qué quieres Kakuzu? – Preguntó firme.

– ¿No me merezco un besito florcita? Hace mucho que te quiero, lo sabes. – Comenzó a acercarse a ella.

Asqueada retrocedió, casi sin darse cuenta. – Ni en tu sueños. Déjame en paz. – Agregó, dispuesta a volverse nuevamente para marcharse. Sin embargo en ese momento sintió como alguien más grande y alto la sujetaba por detrás haciendo que sus pies se despegaran del piso.

– Gracias hermano. – Dijo Kakuzu con un brillo aterrador en sus ojos.

– Eres un cerdo Kaku-tonto. – Expresó desafiante la chica, no se daría por vencida con esa horda de patanes. Si tenía que pelear lo haría a pesar de que se lo habían prohibido.

– Mmm… Me encantan las que tienen carácter hermanito. – Se baboseó el hermano mayor mientras el aludido se acercaba lentamente hacia ella…

– Lo siento tía – susurró la chica. En cuanto lo tuvo a su alcance le propinó una fuerte patada en su entrepierna. Si había algo que la caracterizaba era su fuerza. Momento seguido el amigo del agredido se acercó y le dio una bofetada. Este acto fue visto por cierto rubio que se disponía a alcanzarla para devolverle un cuaderno de ella con el que se había quedado. Abrió los ojos como platos al ver aquello y sintió cómo toda su sangre comenzaba a quemarle las venas, afiló su mirada, su cuerpo hervía de tan enojado que estaba. ¿Cómo unos idiotas podían golpear a una mujer? Más aún, ¿cómo se atrevían a tocar a su amiga? Los quería destrozar.

Sakura le dio un codazo al que la estaba sosteniendo para que la soltara, y de ese modo, apoyándose en el pie con el que cayó al suelo, girar y darle una patada en la cara al que la había golpeado. Mas lo único que quería era salir de ahí, estaba molesta porque la habían hecho pelear. Vio con pánico como Naruto se dirigía a toda prisa hacia ellos. Si él los agarraba de seguro no quedaría nada de esos chicos. Su amigo era el mejor cuando de artes marciales se trataba, su tío lo había entrenado prácticamente desde la cuna.

Tal y como supuso, no pudo detenerlo a la primera; tuvo que descargar un par de golpes en cada uno de los chicos antes de que pudiera ser detenido por ella y un profesor que en ese momento había terminado de trabajar y pasaba por allí.

Era obvio, debían culpar a su amigo por todo, era demasiado para que un trío de idiotas, donde además dos de ellos eran hijos de alguien con poder y sin escrúpulos, fuera golpeado en primera instancia por una chica.

Defendieron al rubio de todas las formas posibles, fundando sus argumentos siempre en la verdad. Pero al parecer la historia que creían todos era que el chico junto con un grupo de pandilleros de quién sabe dónde, habían acordado propinarles una golpiza a los hijos del alcalde.

– ¡Esto es ridículo! – Bufó Sakura molesta.

– ¡Es injusto! No quiero irme. – Se quejaba el chico.

Pero así era la cosa, el profesor que ayudó a separarlos tampoco pudo hacer mucho debido a que debía cuidar su trabajo. Solo dijo lo que vio, que no había nadie más que los cinco chicos en el altercado, pero no podía asegurar que no hubiera habido otros antes. Se notaba que era un hombre honesto, y ya conocía los problemas de conducta de Kakuzu, pero no pudo decir más en defensa de Naruto por las presiones que conllevaba.

Los "primos" ya no coincidían en el lugar de estudio y al momento de comenzar secundaria también lo hicieron en institutos separados debido a que después de la expulsión, los Namikaze tuvieron que mudarse más lejos por razones de trabajo.

Ahora estaban ambos en la secundaria de Konhoja, en cuarto año para ser precisos (equivalente a primer año de preparatoria), el rubio había comenzado a estudiar allí dos años más tarde y no desde primero como su amiga. Debían estudiar y sacarse buenas notas si querían ir a una universidad que valiera la pena. Sakura quería estudiar medicina, y estaba interesada en aprender algo de ingeniería química y farmacéutica, más que nada como complemento de su carrera. Era toda una intelectual y prácticamente se comportaba como la hermana mayor de Naruto, que era el capitán del equipo de karate. Este estaba más enfocado en los deportes extremos y en seguir los pasos de sus padres que en otra cosa.

Ambos tenían sus personalidades bien definidas. Mientras que ella era tranquila y observadora, él se pasaba como el chico popular de la secundaria, despistado y con el carisma y la alegría que tanto lo caracterizaban.

Sakura seguía viviendo con sus tíos. Pero por lo menos ahora conocía cuál era el motivo por el que su padre no estaba con ella y la tranquilizaba el hecho de saber que estaba vivo y que la amaba. Las actividades en el instituto, el diablillo rubio que adoraba como a un hermano y sus amigas Hinata e Ino mantenían su mente ocupada como para no estar tan pendiente de la situación de su padre, todo ello era lo que la ayudaba a dormir por las noches, pensando en que pronto lo volvería a ver.

Hinata Hyuga era hija de un importante empresario: Hiashi Hyuga, fundador, junto con Fugaku Uchiha su cuñado, de la más importante empresa farmacéutica y de estudios químicos y bioquímicos de todo Japón. Sin embargo ella era una chica tímida y amable que no hacía alardes de su poder ni de su situación económica. Además era muy bonita, medía un poco más que la pelirrosa, tenía cabello largo, de un negro algo azulado y unos ojos grises claros que resaltaban en su delicado rostro. Junto a ella y su padre vivían dos hermanos: Neji de 18 años, que ya estaba en tercer año de preparatoria y Hanabi de 8 que asistía a la primaria más grande de la ciudad.

En cuanto a belleza, Ino Yamanaka no se quedaba atrás, con su exuberante físico, su larga cabellera rubia y sus ojos celestes, era la extrovertida de ese grupo de tres, una chica de carácter fuerte que defendía a sus amigas (a la tímida y a la que siempre lograba ignorar lo que la molestara) de los abusos de chicas populares y creídas. Ino era esa amiga "loca" que siempre les robaba sonrisas. Era simple y carismática, tenía un muy buen corazón. Su familia era de clase media pero aún así, era desde pequeña la mejor amiga de Hinata.

Cuando comenzaron su amistad con Sakura, le contaron que se habían hecho amigas a partir del día en que la rubia la había salvado de un grupo de abusivas niñas. Algo similar a la forma en que habían conocido a la pelirrosa cuando entraron a la secundaria, desde ese momento las tres se volvieron mejores amigas, inseparables.

Cuando esta última entró a dicha institución y se dirigía al baño de damas luego del almuerzo, escuchó una voz chillona proveniente del pasillo, que al parecer sonaba bastante molesta y enojada.

– ¡Tonta! ¿En verdad crees que lo puedes mirar? – Decía una chica de pelo rojo con prominentes gafas arrojándole los libros a la pobre de Hinata, que estaba prácticamente inmóvil.

– Pues los ojos son para eso. – Respondió Sakura apareciendo de pronto, ayudando a la pelinegra a recoger sus cosas. Ya era demasiado tarde para detenerse a pensar si se metería en problemas al intervenir en aquella muy dispareja disputa.

– ¡¿Qué te metes pelo de chicle?! – dijo agresiva entrecerrando los ojos.

– ¿Te crees muy valiente estando rodeada de guardaespaldas no? – Siguió la ojijade señalando a sus amigas con un movimiento de cabeza. A ella no la intimidarían fácilmente.

– Está bien, no te preocupes, estoy bien. – Le dijo Hinata precavida.

Su defensora miraba desafiante a su atacante y ésta última reflejaba furia y algo de desconfianza en sus ojos. – Vámonos chicas – dijo al fin, altanera. Pero antes de marcharse dirigió una mirada asesina a Sakura. – Te arrepentirás.

– Sí, sí, como digas. – Dijo la aludida sonriendo y moviendo la mano demostrando que aquello no le importaba. Se volvió hacia su acompañante. – ¿Qué les pasa a esas chicas? – Expresó más para sí que para ojigris. – Eh… hola, soy Sakura – le extendió la mano mientras ambas se ponían en pie.

– Hinata. Gracias por defenderme de esas arpías.

– Ah… No fue nada. Estoy acostumbrada a tratar con gente como ellas. Y dime, ¿de dónde las conoces?

– Uff… Tuve la mala suerte de pasar casi toda la primaria con ellas. La chillona se llama Karin, la de cabello azul es Konan y la de cabello violeta es Natsuhi. Debes tener cuidado con ellas, son bastante malas si se ensañan contigo.

– Ya veo… – dijo pensativa. – Y… ¿a quién se supone que debes dejar de mirar? – Agregó cambiando de tema.

La chica enseguida se sorprendió y no pudo ocultar su sonrojo. Pero antes de que pudiera contestar… – ¡Hey! ¿Qué pasa? – Preguntó de repente otra voz femenina. Cuando la rubia, que iba hacia ellas a grandes zancadas se acercó lo suficiente y vio la cara de su amiga, enseguida increpó a Sakura. – ¿Qué le has hecho? – preguntó furiosa ante la diversión de ésta.

– N...nada Ino. Sakura – la señaló y ésta hizo una reverencia – me salvó de la trastocada de Karin y sus perras falderas.

– ¡Genial! Por fin alguien más que pone en su lugar a esa zorra.

– También es un placer conocerte Ino. Veo que la pobre remolacha ya tiene asignada una granja. – Dicho esto, las tres se miraron cómplices y comenzaron a reír a carcajadas. Se quedaron juntas a partir de ese momento y las dos amigas pusieron al tanto a la pelirrosa de cómo era Karin y de las experiencias que habían tenido con ella o las cosas que les había hecho a algunas chicas por celos, porque le gustaba algún chico, por diversión o simplemente porque no le gustaba la cara de la chica a la que molestaría.

Cuando llegó Naruto, Sakura ya iba a comenzar con su tercer año en aquel instituto. Entre todos habían acordado darle una sorpresa a la chica y no decirle nada hasta que éste comenzara las clases, de modo que cuando se reencontraba con sus amigas el primer día de clases fue cuando se enteró de que su inquieto y queridísimo amigo nuevamente estudiaría en el mismo lugar que ella.

En ese momento las tres chicas se encontraban conversando animadamente con otras compañeras del curso en el patio delantero de la institución antes de que se hiciera la hora para entrar a las aulas.

– ¡Buenos días chicas!

A las cinco chicas que estaban reunidas se les salieron los ojos de las órbitas. Un guapísimo rubio, alto, de ojos celestes y un cuerpo fuerte e increíblemente sexy había aparecido de la nada abrazando a Sakura por los hombros. Ninguna reaccionaba, incluida la pelirrosa; Hinata lo mirada profundamente, embelesada por aquellos ojos color cielo y esa sonrisa tan expresiva y sincera, enseguida sus mejillas adquirieron un color rosa intenso; Ino por su parte, al igual que una de las chicas que las acompañaban, tenía la mandíbula ligeramente desencajada, mientras la última de las chicas miraba a aquel adolescente con los ojos entrecerrados, como molesta por la interrupción o más bien por rencor porque abrazaba a la ojiverde. Solo sus amigas sabían de la amistad de aquellos dos chicos aunque no conocieran al rubio, así que esta última, al pensar que era un desconocido de todas sintió envidia por no haber sido ella la que estaba en su lugar en estos momentos, bajo el abrazo de semejante bombom.

– Na… ¡Naruto! – Reaccionó por fin, dándose vuelta para rodearlo con los brazos. – Tonto, me asustaste. – Golpeó su pecho con la mano mientras sonreía feliz de ver a aquel hiperactivo rubio. – ¿Qué haces aquí? – Pero antes de que pudiera contestar. – Aguarda, te presento a mis amigas. – Se giró hacia las chicas. – Naruto, ellas son Ino y Hinata, mis mejores amigas, – dijo señalando a cada una – y ellas son Sora y Tasuni, van en nuestro curso.

El joven las saludó con la mano. – Hola, es un placer conocerlas chicas. – Sakura sonrió internamente al ver la reacción de sus amigas, la pelinegra continuaba sonrojada y la rubia nunca había estado tantos minutos callada. Las cuatro le devolvieron el saludo. – A partir de hoy estudiaré con ustedes. – Agregó entusiasta, contestando con ello a la pregunta que le habían hecho.

– ¿De verdad? ¡Es una gran noticia Naru! – Pero pronto cayó en la cuenta y su mirada se tornó algo amenazante. – ¿Por qué no me dijeron nada? – Preguntó con ojos entrecerrados.

– Quisimos que fuera sorpresa. Sabemos que no te gustan pero…

– Está bien, está bien, por esta vez los perdono.

Sus otras dos compañeras se habían marchado cuando ellos cuatro aún no se habían percatado del timbre de entrada. Solo cuando dijeron "adiós, nos vemos en clase" Hinata logró salir de su trance. – De… deberíamos ir a clase. – Dijo tímidamente, cosa que hizo que todo pareciera volver a la normalidad.

– Es verdad – reaccionó la rubia. – Si llegamos tarde Kurenai nos matará.

El joven pareció no entender. – Es nuestra profesora de biología, tenemos clase con ella justo ahora. – Le aclaró su amiga.

Y de ese modo, los cuatro se encaminaron al salón.

Naruto se adaptó rápidamente a la secundaria de Konhoja, había formado su grupo de amigos y ni bien había entrado ya se había hecho notar. Entre sus camaradas se encontraban Gaara, un prominente y apuesto pelirrojo, un tanto serio y reservado pero aún así atento y agradable (era algo así como un antiguo caballero), Shikamaru, un chico vago y un tanto pesimista pero sincero y muy directo a la hora de expresar lo que pensaba, Choji, un chico fornido, con sobrepeso que se pasaba todo el día con hambre, y por último Kiba, un completo desfachatado, amante de los perros y mujeriego, mas sin embargo, a simple vista era el más parecido a Naruto, siempre sonriendo y haciendo bromas. Shikamaru había venido desde otra secundaria junto con el rubio, mientras que los otros tres siempre habían estudiado en ese lugar. Los cinco jóvenes terminaron uniéndose gracias a las formas de ser tan similares de los desfachatados de cada grupo, simplemente fue inevitable que terminaran juntos. De este modo, al momento de comenzar cuarto año, el rubio también tenía su lugar ganado en esa selva de adolescentes.

– Te ves bastante animada hoy Hina. – Le decía Ino.

– Es que este año comienza a estudiar aquí mi primo. ¡Tengo muchas ganas de verlo! – Exclamó. – Hace meses que no sé de él.

– Mmm… Ya veo... – Comentó Ino mientras caminaban hacia el aula. – ¿Y cómo es? ¿Es guapo? – preguntó curiosa.

Hinata sonrió divertida. – Oh sí, es todo un galán de novela.

– Muy bien entonces, habrá que conocerlo prima. – Expresó una exaltada rubia provocando que sus dos amigas rieran.

– ¿Qué es tan gracioso chicas? – Un sonriente chico zorruno aparecía por sorpresa detrás de aquel divertido trío, mientras abrazaba por los hombros a dos de sus integrantes, provocando estragos en la integridad mental y física de la chica morocha bajo su abrazo, cuya piel a nivel del rostro se volvía cada vez más roja.

– Solo decíamos… – comenzó la pelirrosa divertida y enternecida al ver a su amiga tan nerviosa, se notaba a leguas que aquel rubio le gustaba – que este año parece que también habrá mucha gente nueva.

– Es verdad. Uno de mis amigos de Uzushio estudiará aquí a partir de hoy.

– Hola chicas, ¿cómo están? – preguntaba un alegre castaño pasando por entre medio de Hinata y Naruto. Este último ya había liberado a sus dos víctimas y simplemente caminaba entre medio de sus compañeras.

– ¡Kiba! – Se quejó el rubio por lo torbellino que fue su amigo.

– ¡Buenos días Kiba! – Saludaron las tres.

– Hola chicas. – Saludaban el resto de los amigos del rubio apareciendo por detrás.

– ¿Qué tal sus vacaciones?

– ¡Oh! Muy bien. ¿Qué tal ustedes?

Los ocho iban conversando jovialmente mientras se dirigían al salón de clases por el pasillo atestado de estudiantes. Ese primer día, se respiraba reencuentro por todos lados en aquella institución; el ambiente era agradable y alegre.

La mañana pasó rápidamente, las chicas caminaban rumbo a la cafetería para el almuerzo luego de sus primeras clases – ¡Cielos Saku! Recuerdo que nunca nos dijiste que tu "primo" – hizo señas de comillas con sus dedos al pronunciar aquella palabra – fuera tan sexy. Ya hace un año viene aquí y aún no me creo que nunca hayas mencionado tal detalle.

Sakura sonrió ante el comentario, pero no le hizo mucho caso, a ojos de su amiga siempre habían muchos chicos sexys.

– Lástima que sea un tonto… – comentó algo decepcionada la rubia, más para ella misma que para sus amigas. – Hina, creo que tendrás que conformarte con su cara bonita… – agregó con teatrería de tragedia griega. La aludida no pudo evitar que se le subieran un poco los colores, sin embargo, se sumó a sus amigas que comenzaron a reír a carcajadas por su actuación. – Jajajaja…

– Jajaja… Eres una… jajaja… tonta Ino… – Le decía Sakura, justo cuando a lo lejos se escuchaba el escándalo de alguien muy conocido para las tres que pedía que hubiera ramen para el almuerzo. Se miraron y, ya no pudieron aguantar más; estallaron en risas nuevamente.

– Por favor, ya me duele la panza – decía Hinata agarrándose, casi sin poder parar.

– Está bien, está bien, comportémonos chicas. – Intervino la pelirrosa que se encontraba en la misma situación. – ¿Acaso no iba a empezar tu primo hoy con las clases? – Preguntó algo confundida.

– Es cierto. ¿Quién es tu primo? ¿Va en nuestro curso? – Ahora fue el turno de la rubia preguntar.

– Mmm… No sé qué pudo haber pasado, se supone que estaría en nuestra misma clase.

– Quien sabe…

– Buenos días, a sus lugares por favor. – Se escuchó la voz fuerte y varonil de un hombre que entraba al aula, Sakura se congeló al verlo, sin embargo fue lo suficientemente rápida para disimular que no lo conocía. – Mi nombre es Daichi Akiyama, seré su nuevo profesor de física.

"¿Daichi? ¿No se le pudo haber ocurrido un nombre mejor? Este hombre sí que no cambia más." Pensó la ojijade con una sonrisa de lado, mas sin embargo, enseguida su rostro se volvió serio. "Esto está mal. ¿Qué hace él aquí?"

– He visto que este año hay varias personas transferidas… – continuó mientras los estudiantes se terminaban de acomodar en sus asientos. Fue justo en ese momento cuando entraba corriendo un hiperactivo rubio, quien paró en seco al verlo, en estado de shock. – ¡Naruto! – gritó la pelirrosa para evitar un desastre. – ¿Por qué no te sientas de una vez? Llegas tarde, te has perdido la presentación del profesor de física, el señor Daichi Akiyama. – El rubio contuvo una carcajada ante la seria mirada del potente hombre de cabello gris y medio rostro cubierto por una tela negra, era evidente que había pensado algo similar a su amiga.

– Muchas gracias señorita... – hizo una pausa dando paso a que la joven pudiera responder.

– Haruno, Sakura Haruno – se presentó de pie haciendo una leve reverencia.

– Bien, Naruto, ve a tu lugar por favor. Uchiha, adelante – dijo volviéndose a la puerta.

El tiempo pareció detenerse para Sakura. No podía haber un hombre más perfecto que el que acababa de entrar al salón. – Puedes sentarte por ahí – dijo Kakashi señalándole un lugar, banco de por medio detrás de Hinata, la cual se encontraba al lado de la pelirrosa, que estaba a su vez al lado de la ventana delante de Ino. El chico obedeció, quedando además al lado de Kiba y Naruto, que estaban más hacia las filas del centro del salón.

Prácticamente en el lado opuesto, una pelirroja miraba indignada y resentida el lugar tan alejado que ocupaba el hermoso chico nuevo; qué para peor estaba tan cerca de ese trío de odiosas que ella tanto deseaba ver sufrir.

– ¡Sasuke! Pensé que ya no vendrías… – exclamaba un ruidoso chico de ojos celestes.

– Hmp. – Sasuke había entrado como todo un galán al aula. Despreocupado, con sus manos en los bolsillos y su sonrisa arrogante, mirando a todos con superioridad. De seguro sería uno de los nuevos chicos populares, inalcanzable para muchas. Sus ojos negros, al igual que su cabello, profundos como la noche, misteriosos, intrigantes, prometían emoción y peligro; simplemente Sakura había quedado hipnotizada y perdida en ellos, por un momento dejó de importarle el mundo. "Así que ese es el amigo de Naruto" pensó.

– De acuerdo… – comenzó la autoridad de la clase para llamar la atención de sus estudiantes. – Antes de explicarles la metodología de trabajo que utilizaremos durante el curso, me gustaría que se presentaran y nos contaran algo de ustedes, de donde vienen, si vienen de otra secundaria, familia, gustos, qué quieren seguir después, lo que sea que quieran compartir con los demás. – Ante los cuchicheos obtenidos como respuesta en señal de desaprobación continuó. – Muchos de ustedes ya se conocen, pero tengo entendido que este año ingresó bastante gente nueva en esta secundaria, incluyéndome. Por ende, me gustaría romper un poco el hielo en nuestra primer clase juntos. – Dicho esto esbozó una sonrisa que hizo suspirar a varias de las presentes. – Comencemos. – Empezó a pasar lista para que todos pudieran presentarse a medida que los nombrara. – Akazuna Gaara.

Un chico pelirrojo de ojos color verde agua se puso en pie. – No hace falta que repita mi nombre – aclaró con una sonrisa de lado – estoy aquí desde primer año, pero para los que no me conocen puedo decirles que me gustan las artes marciales, el futbol y las chicas; y no soporto los pelos de perro. – agregó mirando a su amigo Kiba, amante de dichas criaturas, quien profería insultos que no llegaban a sus oídos.

– Bien. Akimichi Choji.

El chico se puso de pie algo indeciso. – Estoy aquí desde segundo año, ya que por motivos de trabajo de mi padre tuvimos que mudarnos a Konhoja. Me gusta esta secundaria, en otros lados en los que estuve antes no había hecho muchos amigos, pero acá me siento muy bien. Me gusta la carne y la comida rápida, pero a pesar de mi condición física me gusta mucho jugar al futbol.

– Haruno Sakura.

– Yo estoy aquí desde primer año. Me gusta la literatura pero como hobbie, lo que quiero es estudiar medicina – dijo algo tímida.

– Hyuga Hinata.

– Mm… yo también he venido siempre a este instituto. Me gusta mucho la química y quisiera poder trabajar en un laboratorio algún día.

– Muy bien… Indora Karin.

– Yo soy capitana del equipo de porristas de esta secundaria desde primer año. Lo que más me gusta es bailar, alentar a los chicos y salir a divertirme – expresó entusiasta.

– Inuzuka Kiba.

– Bueno, yo también estudié siempre aquí, me gusta estar al aire libre y salir a correr con Akamaru, mi perro – dijo esta última palabra dirigiendo a su amigo pelirrojo una mirada asesina. – Aunque también me gustan los videojuegos.

– Nara Shikamaru.

– ¡Qué problemático! Siempre es lo mismo. – Expresó para sí. – Yo soy de Suna pero mis primeros años de secundaria los hice en la ciudad de Uzushio, donde conocí a Sasuke y a Naruto. Me gusta la lógica y los juegos mentales, principalmente aquellos que son un desafío; pero aún no tengo claro qué carrera seguir.

– Interesante. Es buena tu sinceridad Nara. Namikaze Naruto.

El nombrado se puso de pie. – Vengo de Uzushio, al igual que mis amigos, el serio Sasuke y el vago Shikamaru, aunque con él ya hace un año que venimos aquí. – Agregó señalando a cada uno, ganándose miradas asesinas de parte de esos chicos, provocando que su sonrisa se borrara rápidamente. Justo en el instante en que el profesor lo iba a reprender se disculpó. – De acuerdo, de acuerdo, lo siento, solo era una broma. Ni el te… Sasuke es serio, ni Shika es vago. – Dicho eso tuvo que apretarse el labio para no reír, pero en ese momento se escuchó una fuerte carcajada proveniente de su lado.

– ¡Seguro! – Exclamó Kiba haciendo que alguno que otro alumno riera.

– Señores… – expresó amenazante Kakashi. – Compórtense. Namikaze por favor limítese a su presentación.

– Sí señor, – dijo algo inseguro. – Como ya dije vengo de la secundaria de Uzushio; lo que más me gusta es comer ramen y practicar karate.

– Takahashi Sai.

– Vengo de Suna. Creo que soy el único de ahí en este curso – agregó. – Me gusta la historia y el arte. Me considero bueno dibujando y retratando personas, pero por lo general prefiero el paisajismo.

– Uchiha Sasuke.

– Ya saben de dónde vengo – dijo serio con voz grave. – Lo que más me gusta son los deportes extremos, principalmente las carreras de autos, y competir con cierta persona molesta. – Con una sonrisa de medio lado miró de reojo a su rubio amigo, que sabía perfectamente que ese adjetivo iba dirigido hacia él.

– Yamanaka Ino.

– También he estudiado aquí siempre. En realidad no me gusta mucho estudiar pero aún así me esfuerzo para sacar buenas notas. He salido un par de veces en una revista haciendo publicidad de un shamphoo para el cabello, pero el modelaje es más como un hobbie y estar a la moda un estilo de vida. Lo que me gustaría es poder ser trabajadora social y realizar compañas y actividades de concientización para mejorar las condiciones de vida de aquellos que más necesitan.

Los veintidós alumnos de ese curso hicieron sus presentaciones en esa primera clase de física que fue dedicada solamente a eso. Cuando quisieron acordar ya sonaba el timbre indicando la salida. – Bien jóvenes. Parece que el futuro del país está en buenas manos. – Expresó el peliplata cerrando la lista, refiriéndose a lo que todos anhelaban alcanzar a futuro. – Nos veremos mañana, me temo que ya no será tan entretenido para ustedes.

Las chicas se quedaron conversando en el aula, planeando qué hacer esa tarde. De pronto Sakura sintió que se le detenía el corazón un instante al ver al nuevo pelinegro a su lado hablándole seductoramente a Hinata y besándola en la mejilla. No logró mirar hacia otro lado pero supuso que Ino tendría la misma cara de asombro que ella con los ojos salidos de órbita. – ¡Sasuke! – Regañó la peliazul sonriendo. – ¡Eres un idiota! Jajaja... – continuó, abrazándolo. Cuando se terminó de saludar se volvió hacia sus amigas, que seguían tan inmóviles como al inicio de aquella situación. – Chicas, él es mi primo Sasuke; – dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Miró al chico, que observó fugazmente a la pelirrosa, y terminó con la presentación. – Sasuke, ellas son Ino Yamanaka y Sakura Haruno. – Señaló a cada una y el aludido les extendió la mano para estrechárselas.

– Es un placer chicas. Es bueno que esta pequeña tonta tenga quien la cuide. – Agregó despeinando a su prima.

– ¡Uchiha! – gritó ésta. – Ya verás… – agregó en tono amenazante pero en broma. – El tonto eres tú, idiota. – Era extraño ver a su tímida amiga actuar de esa forma, de seguro que tenía bastante confianza con su primo, de lo contrario nunca reaccionaría así. Era cierto que la ojiperla era sumamente tímida, sin embargo, cuando se encontraba en confianza con los que la rodeaban y tranquila entre seres que estimaba, podía apreciarse a una chica determinada, con fuerza de voluntad y muy simpática y divertida.

El destinatario de aquellos insultos soltó una carcajada. "Es tan lindo", pensó Sakura. – Eh… – reaccionó – los dejo un momento, ahora vuelvo chicas – dijo saliendo del salón, necesitaba aire, sentía que Sasuke le había robado todo el oxígeno del ambiente estando cerca.

Se dirigió a los tocadores de damas, hizo sus necesidades y se lavó la cara. Por un momento se quedó apoyada en el lavamanos mirándose al espejo. "Eres una tonta Sakura, has tenido el mejor entrenamiento para simulaciones y ha sido completamente en vano, esto no puede volver a repetirse. Aunque no me pueda acercar más a él, no puedo permitir quedar en evidencia. Ese idiota... si hasta parece haberse dado cuenta de mi reacción y disfrutarlo. Claro, debe estar acostumbrado a tenerlas a todas a sus pies. ¿Cómo es posible que me haya dejado embelesar por un tipo como él? Ni que fuera..."

– ¡Pelo de chicle! – una horrenda voz la sacó de sus pensamientos. No estaba de ánimos, así que decidió ignorarla y pasar por su lado, pero Karin y sus amigas le cerraron el paso.

– ¿Qué quieren? – Las miró molesta, nunca antes había perdido el control sobre sí misma como aquella mañana en que vio a Sasuke. Sentía furia consigo misma y si la pinchaban un poco se desquitaría con quien fuera que la molestara en esos momentos.

– Oh, aquí estabas. – Dijo Ino pasando entre las chicas populares, tomando del brazo a su amiga. Aunque la rubia fuera muy impetuosa y demostrativa, sabía de sobra que Karin odiaba que la ignoraran y hacerle eso simplemente le fascinaba.

– Un momento – ordenó la pelirroja estirando una mano hacia el frente con la palma abierta. – ¿A dónde creen que van? Aún no he terminado de hablar.

– No molestes – dijo la rubia intentando pasar. – Bien, ¿qué quieres? – agregó molesta, resignándose a escucharla. – Si no nos dejas pasar te voy a reventar a golpes.

– No se acerquen a Uchiha, ya vi cómo lo miraban. Él será mío. Es el hombre perfecto para mí. Valió la pena dejar ir a Naruto para esperar por el amor de mi vida – agregó dubitativa.

– Jajajaja... – Se sobresaltaron al escuchar la carcajada de Ino, Sakura sin embargo seguía inmóvil, una rabia imponente la dominaba, había estado aguantando mucho por mucho tiempo y esa chica la sacaba de quiso, quería descargarse con ella. Ya no tenía fuerzas para contenerse, si no salía de allí pronto, cometería una locura. – ¡Eres una perra! – continuó su amiga. – Si no estuviste con Naruto fue porque él no te registra, ni siquiera debe saber que existes; aunque si lo hace, de seguro no aguanta tu olor de dulce nauseabundo y tu voz de pito y por eso...

Pero no pudo continuar, todo ocurrió muy rápido. Karin se abalanzó sobre ella con el puño fuertemente cerrado dispuesta a golpearla en la cara, la rubia solo atinó a cerrar los ojos, pero el golpe nunca llegó. Cuando abrió los ojos, confusa, vio a su amiga delante de ella, sosteniendo fuertemente el puño de su atacante.

– ¡Suéltame! – Gritó la chica, Ino miraba aquella escena asombrada, ¿esa era su amiga? Parecía una asesina serial. – Sakura déjala, vamos. – Dijo intentando aflojar su agarre y calmarla.

– Ten cuidado Karin, ya te he aguantado muchas. Si vuelves a atentar contra alguna de mis amigas, no saldrás tan sana como ahora – Dicho esto, soltó su puño con rabia. – Sácame de aquí, necesito pensar en otra cosa.

– ¡Cielos Sakura! – exclamó su amiga. – Recuérdame nunca hacerte enojar. – Esto hizo que ambas sonrieran.

La pelirrosa se giró hacia ella y le dijo: – Gracias Ino, no sé qué habría pasado si no aparecías. Pero necesito que no le cuentes a nadie lo que pasó.

– Ay amiga... – suspiró la chica de ojos celestes – de eso se encargará Karin, aunque obviamente el cuento será en su conveniencia. Vayamos a tomar algo antes de irnos, Hina nos espera en el comedor.

Cuando llegaron vieron a su pelinegra amiga conversando animadamente con su primo. "Bien, supéralo" se dijo la ojijade a sí misma.

– Sentimos la demora – se disculpó su amiga por ambas con naturalidad, ella no se sentía capaz de pronunciar palabra y le agradeció aquello.

– Es normal la descompensación en las chicas después conocerme, muchas no soportan mi presencia...

– Ya veo por qué – dijo Sakura parándose de golpe para marcharse. – De seguro tampoco soportan tu arrogancia, creído. Lo siento chicas necesito tomar aire.

"¿Qué me pasa?" Se preguntó ya encontrándose en el jardín. Se quería ir, no aguantaría un minuto más allí.

– ¿Qué te sucede? – La interrumpió una voz familiar. Naruto se había arreglado para salir tras ella después de haberla visto salir despavorida del comedor. – Se supone que el impulsivo soy yo.

– Lo sé, es solo que estoy algo cansada. Intento ser fuerte a cada minuto pero creo que algo hoy me hizo caer. No soporto la idea de que mi padre haya estado sufriendo quién sabe qué todos estos años mientras yo tengo que fingir una vida normal. Quiero matarlos Naruto, quiero… destruirlos. – Y el inevitable llanto surgió... – ¿Qué me pasa? Yo no soy así. – Dijo más para sí misma que para su amigo que desde hacía unos momentos la abrazaba.

- Tranquila pequeña, te dije que yo te cuidaría. – Mientras le decía aquello, le daba unas palmaditas en la cabeza. Llamaré a Tsunade para que venga a recogerte. Vete a casa y descansa, todo estará bien.

- Gracias, mañana será otro día en esta selva de secundaria...