CAPÍTULO 4 – SECUNDARIA: ENCUENTROS CONFLICTIVOS
Una vez que Naruto la llamó, Tsunade salió rumbo al instituto para alcanzar a cierta pelirrosa y de ese modo llevar a una agotada adolescente a su casa. Ambas iban en el auto de la rubia sin decir una palabra. – ¿Qué sucedió hoy en el colegio Sakura? – finalmente se rompía ese maravilloso silencio.
– ¿Por qué tuvo que haber pasado algo? Solo estoy algo cansada.
– ¿Tengo que decir que te creo? ¡Vamos niña! no me engañes, sabes que puedes contar conmigo.
La joven meditó sus palabras por un momento. – Yo... – comenzó, con la mirada ahora en sus piernas, – en realidad no sé qué me sucedió. Al ver al chico nuevo perdí el control sobre mi misma. Me sentí aturdida, triste, furiosa, impotente. No digo que él lo haya provocado pero... me enojó mucho perder la serenidad con la que actúo. Sentí ganas de llorar. Yo... estoy harta de fingir, quiero encontrar a mi padre tía, quiero ayudarlos. Necesito intervenir, – finalizó con un brillo y determinación que pocas veces se había visto en su mirada.
– Todo a su debido tiempo, aún no es hora.
– Uff... – La chica bufó cruzándose de brazos, sabía que discutir con Tsunade no la llevaría a ningún lado, ya había pasado por eso antes. – Estoy bien – le dijo, al notar la mirada preocupada de ésta. – Solo necesito salir a correr y entrenar un poco, mañana todo será como siempre.
– ¿Amiga que pasó ayer? – Preguntaba una extrañada rubia con pelo largo atado en una coleta en la entrada de la secundaria.
– Es verdad. ¿Cómo te sientes Saku?
– Estoy bien chicas, gracias. Solo estaba de mal humor.
– Oh, ya veo... ¿Será que el nuevo bombom en verdad te quitó el aliento? – inquirió con malicia la primera que había indagado sobre su estado de ánimo, recibiendo como respuesta solo una mirada asesina.
– El pobre de Sasuke no entendía nada, – comenzó la morocha riéndose – es serio, pero suele hacer bromas, tontita.
"¿Es enserio? ¡Rayos!" Él solo quería ser lindo y ella se había comportado como una perfecta idiota. – Creo que... – suspiró, en verdad no quería hacerlo, – debo disculparme con tu primo.
– Bien, te dejamos entonces.
– Pe... pero qué? – Tarde, se habían ido. Se giró lentamente y ahí lo vio. Mirándola muy de cerca esperando su disculpa. "¿Cuánto hacía que estaba ahí escuchando? Esas dos, traidoras" pensó molesta.
– ¿Sí...? – dio pie el chico para que hablara.
"¡Ay! Este tipo me saca de quicio" – Sasuke... – comenzó, – lamento haberme comportado como una tonta ayer. – "Bien, lo estaba logrando. Iba bien" – Solo no tuve un buen día.
– Acepto tu disculpa – dijo arrogante, ante lo cual la chica entrecerró la mirada. – Pero no deberías tratar mal a quien no tiene la culpa de tus días malos.
"Sí, claro" pensó Sakura, recordando que en verdad la principal causa de su mal día había sido él; primero porque le provocó cosas que ella desconocía, haciendo que perdiera su autocontrol y eso la había enfurecido, y segundo por la escena que gracias a él le hizo Karin en el baño. – Hay veces en las que uno no controla su humor, – se excusó.
– Y las mujeres en esos días se ponen insoportables.
"Pero" – Pero qué... te piensas id... – Comenzaba a decir pero se tragó su insulto, simplemente era imposible entablar una conversación decente con él; mientras tanto el chico, con una hermosa sonrisa de lado, la veía debatirse entre tragarse su orgullo o mandarlo a la mismísima mierda, y eso lo divertía mucho. – Ok, piensa lo que quieras, me da igual. Ya me disculpé. – Dicho eso, se dio media vuelta para marcharse, dejando al pelinegro observándola irse. Definitivamente esa chica no era como las demás que titubeaban al hablarle. No era fácil para las féminas estar ante tal hombre, y menos si sabían su procedencia, obviamente no era el caso, pensó.
Sakura se dirigía hacia el salón donde se suponía que estaban sus amigas, cuando sintió que alguien le jalaba el cabello. – Te advertí chiclosa que no te le acercaras. – Evidentemente había visto la conversación.
– Suéltame Karin. – "O te romperé el cuello" le quería decir, pero no "Sakurita, tienes que aparentar ser una chica normal, en lo posible tímida para no llamar la atención, pero sobre todo frágil. No puedes mostrar tu carácter y tu fuerza en la escuela" Esas habían sido las palabras de su queridísima tía Tsunade y las estaba padeciendo. – Por favor – pidió. – Yo no estoy interesada en ese chico.
La pelirroja largó una carcajada y tiró más fuerte de sus pelos hasta dejar a la ojijade al lado de su cara. – Y aunque lo estuvieras, ¿crees que se fijaría en ti? - preguntó burlona.
– ¿Entonces por qué tan preocupada? – lanzó con malicia.
– Te lo advierto, la próxima vez te irá muy mal – amenazó para finalmente soltarla con brusquedad.
Sakura era consciente de que se había pasado de la raya en el episodio del baño y debía borrar esa imagen de chica fuerte que le había mostrado a Karin y sus compañeras el día anterior, y qué mejor forma que dejándose maltratar un poco por ella y hacerle creer que tenía todo bajo control, como siempre había sido. Por supuesto la disculpa con Sasuke le vino muy bien. Aunque sabía que la chica la buscaría para dejarle claro quien mandaba, no estaba de más provocarla un poco para asegurarse, y eso fue exactamente lo que hizo, sabía de sobra que los observaba cuando ella estaba hablando con él, no era tonta, al contrario, era sumamente inteligente y habilidosa para el engaño, algo que por cierto, en alguna que otra ocasión había "asustado" a sus tíos.
Ya habían pasado dos meses desde el comienzo de ese año y los nuevos estudiantes se habían adaptado rápidamente a aquella secundaria. Sasuke, se había integrado fácilmente al grupo de amigos donde estaba Naruto. Si bien ambos chicos eran polos opuestos en cuanto a su forma de ser, el pelinegro era serio, reservado y de poca paciencia a pesar de su aire misterioso y tremendamente seductor, mientras que el rubio era carismático y siempre llamaba la atención por sus escándalos, la verdad es que eran mejores amigos y confiaban ciegamente uno en el otro. Se habían conocido cuando este último se había mudado con sus padres luego de ser expulsado de la primaria donde estudiaba con Sakura. Al principio comenzaron siendo rivales en el dojo de artes marciales de su ciudad, pero no tardaron en percatarse de la pasión que compartían por los deportes extremos, encontraron al compañero perfecto para sus travesías y, aunque Sasuke no confiara fácilmente en la gente, tenía la seguridad de que Naruto era una persona transparente en la que podía creer ciegamente.
Por otro lado, Karin parecía no estar tan interesada en Sakura y eso lo agradecía. Sí la molestaba en cuanto tenía la oportunidad porque no la soportaba, pero ello era algo insignificante, pues no era a la única a quien buscaba incomodar.
Las clases de la mañana ya se habían terminado y era la hora del almuerzo. Las tres amigas se habían comprado algo para comer en la cafetería pero decidieron ir hacia el patio trasero donde se situaron bajo la sombra de un árbol.
– A ver... ¿Y qué opinan de Gaara? A mí me parece lindo. – decía la rubia.
– Sí, pero ¿no es algo arrogante? – preguntaba la morocha.
– Como tu primo. – Atacó cierta pelirrosa divertida, a lo que las tres comenzaron a reír.
– Aún así debes admitir que es lindo Saku.
– Mmm... Tiene lo suyo, eso no se puede negar. Pero es detestable.
– ¿Por qué tanto rencor? – inquirió su amiga otra amiga entrecerrando los ojos con mirada acosadora. "Y ahí estaba otra vez" – ¿No será que en realidad te gusta Sasuke?
– Claro que no – exclamó completamente a la defensiva. – Además, que sea lindo no le quita lo idiota y el hecho de que sea un patán en potencia.
– No es malo, tonta. Solo es algo... – Hinata meditó su respuesta – engreído. – Jajaja...
– Sí, pero debes admitir que tiene motivos para creerse tan irresistible. – Agregaba Ino. – Jajaja...
– ¿Y qué me dices tú Hina? Creo que hay cierto rubio de ojitos claros que te pone un poco nerviosa...
La chica abrió más los ojos de repente, sorprendida ante aquella acusación. – Este... yo... eh, bueno... en realidad... – a causa de los nervios no lograba formular una frase. – La verdad es que... – de pronto su determinación cambió – Naruto me gusta mucho – dijo apenada, bajando la mirada. A sus amigas las extrañó que se confesara, aún así, estaban contentas de que la tímida chica de ojos grises les confiara sus sentimientos; de sobra sabían además que el rubio era un buen chico, algo despistado pero nunca la lastimaría.
La hora de descanso se pasó rápidamente entre esas conversaciones divertidas que solo se podían tener entre amigas. Cuando se dieron cuenta, solo faltaban tres minutos para que el timbre que marcaba el comienzo de clases sonara. – ¡Cielos! Vamos chicas, dense prisa o llegaremos tarde. – Prorrumpió la ojijade mirando su reloj.
Las tres iban disparadas hacia el aula cuando en la entrada de las instalaciones unos chicos las detienen. – Vaya, vaya... ¿qué tenemos aquí? – Miraron extrañadas al que les había hablado.
– ¿Quién eres? – dijo Ino algo nerviosa y precavida, ese chico intimidaba bastante. Era alto, musculoso, demasiado, tenía cabello negro que le llegaba hasta abajo de los hombros y una mirada oscura que resultaba sumamente aterradora.
Él ignoró la pregunta que le había hecho mientras sus negros ojos recorrían con detenimiento a cada chica, posándose finalmente en la pelirrosa, que lo miraba atenta. – ¿Qué quieres? – preguntó ésta, incomoda por aquel acoso.
– Po... por favor... – tomaba valor Hinata. – Podrías dejarnos pasar, llegaremos tarde a clase si no vamos ya. – Esto provocó que el chico posara una mirada, sumamente molesta, en la persona que le había hablado.
– No me interesa, – dijo fríamente.
– Pues a nosotras sí – estalló Ino. – Muévete idiota, – le dijo con desprecio empujándolo para pasar por su lado. Para su sorpresa, aquel pelinegro no hizo nada. – Vamos chicas, ignórenlos, – agregó, alentándolas a que la siguieran. Mas cuando Sakura iba a pasar detrás de Hinata, el hombre nuevamente le cerró el paso. – Veo que me has olvidado florcita – expresó sádico, con una sonrisa en el rostro haciendo que se sobresaltara.
Sakura frunció el ceño, "¿quién era? No puede ser Ka..." – Kakuzu – pudo articular en un susurro.
– Oohh... Qué lindo de tu parte que me recuerdes... – dijo sarcástico – yo no te he olvidado ¿sabes? Últimamente vengo pensando mucho en ti durante las noches.
A las chicas que esperaban a la ojijade a espaldas de ese brabucón se les pusieron los pelos de punta al oír aquello, y bastó una simple mirada entre ambas para darse a entender que deberían ir por los chicos o algún profesor porque esa conversación estaba yéndose a un lugar verdaderamente malo. – No me importa – comenzaba a desesperarse. – Estoy llegando tarde a clases por tu culpa. Déjame pasar. – Necesitaba calmarse y no debía llamar la atención.
– ¿Qué están haciendo aquí niños? Vamos, rápido, vayan a sus aulas. – Una profesora regordeta, con el cabello violeta recogido en un moño y ojos color miel salía de la cafetería a grandes zancadas para ir a dar su clase. La pelirrosa agradeció aquella interrupción y no desaprovechó el momento para escabullirse rápidamente por al lado del pelinegro y comenzar a correr hacia su clase.
– Lamento llegar tarde – iba a decir que no se sentía muy bien pero a lo mejor sus amigas habían dado una excusa diferente.
– Saku nos tenías preocupada – susurró Hinata. – Vinimos para decirle a los chicos lo que sucedía para que fueran a ayudarte pero justo llegó el profesor y no nos dio oportunidad de hablar.
– Tranquila, ya todo está bien. Una profesora apareció y pude zafarme de esos tres. Además, no sería nada bueno que Naruto se cruzara con él. – Las chicas la miraron confusas – En cuanto acabe la clase les cuento – susurró.
El timbre que indicaba cambio de educador sonó y las dos chicas se abalanzaron hacia su amiga, provocando miradas algo extrañadas por parte de los chicos. – ¿Por qué dices que es mejor que Naruto no se entere? – preguntó por lo bajo la pelinegra. Sasuke, que alcanzó a escuchar el nombre de su amigo, paró la oreja, sin embargo, justo cuando estaba a punto de escuchar la respuesta una voz sumamente conocida y escandalosa lo interrumpió. – Oye teme, ¿qué haces? ¿Iremos a las carreras hoy? Me debes la revancha.
– Él es el motivo por el cual lo expulsaron de primaria. – Decía por lo bajo la pelirrosa.
– Hoy no puedo dobe – respondía molesto al no haber podido oír aquello. – Debo ir a la automotora de mi hermano, quiere que vea la mercadería nueva que entró anoche.
– ¡Genial! – gritó su amigo. – ¿Me llevas Sasuke? – preguntó con carita de cachorro triste.
– No tienes remedio… – sonrío ante lo infantil que era ese chico al que quería como a un hermano.
Un nuevo profesor, de tez mestiza, musculoso y con el pelo negro y parado ingresó sonriente al aula. – ¡Asuma-sensei! – gritó contenta la rubia al verlo. – ¡qué bueno que esté con nosotros otra vez!
– Para mí también es un placer tenerlas conmigo nuevamente señoritas. – Dijo sonriéndoles a las tres amigas que lo miraban con una enorme sonrisa.
– ¿Qué tiene este tipo? – preguntó el Uchiha con fastidio, pensando que podría tratarse de un pedófilo o algo por el estilo.
– Según me contaron el año pasado, era un muy buen profesor. No solo por sus clases que eran entretenidas y claras, sino porque siempre colaboraba con los alumnos en sus proyectos y realizaba actividades para integrarlos y demás. – le decía Shikamaru tranquilo.
– Ya veo...
– Buenas tarde estudiantes. Mi nombre es Asuma Sarutobi y soy su nuevo profesor de filosofía debido a que el efectivo que dictaría sus clases va a estar con licencia médica por un tiempo. A muchos ya los conozco pero espero que todos nos llevemos bien. Sobre fin de año realizaremos un proyecto que más adelante les voy a detallar. Y lo más importante, llámenme Asuma, no por mi apellido – terminó sonriente.
Aquella clase finalizó rápido. Todos salían por el pasillo rumbo a sus casas cuando se oye una explosión provocando sobresaltos por todos lados. – Ese tonto otra vez... – susurró Sasuke molesto.
– Aún no entiendo que tiene de divertido explotar cosas. – decía Nara que caminaba serenamente con las manos cruzadas detrás de su cabeza.
– Simplemente es un idiota – agregó Kiba.
– O tiene severos daños mentales – concluyó Gaara con su típica sonrisa de medio lado.
El grupo de amigos hablaban del maniático amante de poner bombas en los baños para que retumbaran más fuertes y de esa forma asustar a los que concurrían al instituto. Deidara, así se llamaba aquel chico rubio, de pelo algo largo que estaba en quinto año. Era, junto con dos compañeros más, de los más populares de ese año. Los envolvía un aire de misterio, eran los "chicos malos" con autos deportivos y grandes motocicletas y eso a las chicas las volvía locas.
Delante de ellos por el pasillo iban tres amigas, y según notaron estaban más calladas que de costumbre. – ¿Qué les pasará? – la voz de Choji hizo la pregunta que todos se formulaban en su cabeza.
– Hoy no están tan chillonas, eso es grave... – Agregó divertido Kiba.
– Ni siquiera se han despedido…
– Es verdad… – decía pensativo Naruto.
– Chicas – concluyó Sasuke restándole importancia.
En ese momento, los cinco imitaron a las tres féminas y pararon en seco, casi sin darse cuenta. – ¿Quiénes son? - preguntó un curioso pelirrojo.
– ¿Ustedes otra vez? – Preguntó la rubia molesta. – ¿Qué diablos les pasa? ¿Están locos? ¿Qué quieren?
– Tranquila muñeca – dijo con sorna el pelinegro que les cerraba el paso nuevamente. – La cosa es con la florcita – agregó mirando a la aludida divertido.
– ¿No creen estúpido montar un espectáculo donde hay tantos estudiantes? – Preguntó Hinata sin titubeos.
– Creo que hay alguien sensato entre nosotros. ¿Por qué no vienes conmigo un momento a un lugar donde estemos más tranquilos florcita? – dijo acercándose peligrosamente a la chica. Sakura no sabía cómo actuar, ¿por qué la intimidaba tanto? Desde niña había sido entrenada fuertemente en cada aspecto inimaginable, desde artes marciales, medicina, manejo de armas, deportes extremos, hasta entrenamiento de táctica, estrategia, comportamiento, simulación, incluso había sido sometida psicológicamente para poder enfrentar toda clase de escenarios posibles. Era una de las mejores agentes de su edad junto con Naruto y aún así había algo en este tipo que la incomodaba. En esos momentos debía seguir siendo una adolescente normal y lo que menos debía hacer era llamar la atención, no podía descubrirse por nada del mundo, debía actuar como cualquier chica de su edad lo hubiera hecho y hacer fuerza por evitar romperle los huesos a ese idiota que se pasaba de listo, sin embargo, el idiota se la estaba haciendo difícil. Estaba petrificada en su lugar, sopesando su mejor opción, tal vez lo mejor era esperar a ver qué pasaba… fue entonces cuando ocurrió. De pronto el contacto la hizo reaccionar, Kakuzu tomó un mechón de su cabello y comenzó a deslizar sus dedos hacia abajo como un maldito acosador pervertido saboreando su presa. Golpeó su mano con fuerza para zafarse de su agarre, pero cuando iba a propinarle una bofetada, el chico aferró su muñeca impidiéndoselo.
"¿Qué hace ese estúpido?" Pensó cierto pelinegro. "¿Está... las está molestando?" Estaba enojado, comenzó a caminar a grandes zancadas hacia ellos casi por impulso, pero no era el único, sus amigos se habían percatado de lo mismo e iban en la misma dirección hechos una furia. Con la cercanía de Sakura y Naruto y el parentesco que tenían Sasuke y Hinata no habían tardado en formar una linda amistad los ocho, aunque con ciertos roces porque la pelirrosa y Uchiha no podían estar mucho tiempo juntos, había una química entre ellos que los hacía repelerse.
– ¿Qué te crees maldito? – Y el puñetazo en la cara llegó. El impulsivo rubio había hecho su entrada en escena, sin embargo, para sorpresa de muchos, no le hizo mucho daño a aquel enorme chico. Iba a golpearlo nuevamente cuando una voz lo detuvo.
– ¡Naruto! ¡Basta! – Gritó Sakura intentando detenerlo mientras Kiba y Gaara la ayudaban. – Es... es Kakuzu. – dijo en voz baja.
La mirada del rubio se ensombreció al escuchar aquello. – No te acerques a ella – le dijo amenazante. Atrás suyo cierto pelinegro sentía que le ardían las venas de lo furioso que estaba; conocía a la perfección la historia de su amigo con aquel abusivo, de padre con puesto político que lo había hecho alejarse de su queridísima hermana del alma; conocía además a los tipos como él, y simplemente el hecho de que acosaran a una mujer y la intimaran como lo hacía le daba repugnancia, lo quería golpear hasta que no pudiera levantarse. Y Naruto, él simplemente lo quería matar, él había presenciado el miedo de Sakura al principio, le costó superar esa barrera que la libraba de ese perseguidor, claro que a la larga le hizo un favor, la había vuelto muy fuerte, ella no se dejaría asediar por nadie más; sin embargo no podía borrar de su memoria ese miedo que la había hacho sentir, ese despertarse entre pesadillas a mitad de la noche porque soñaba con él, odiaba lo que le había hecho a su "hermanita", sí, porque más que prima era una hermana para él y no dejaría que Kakuzu, ni nadie, se atreviera a atormentarla otra vez.
Los chicos nunca habían visto al sonriente rubio tan enfadado. No entendían su reacción pero sabían que debería ser realmente malo para que estuviera así. Ninguno apartaba la mirada de aquel arrogante y odioso brabucón, apoyaban a su amigo por más que en ese momento no supieran todo lo que había de fondo. Además, el simple hecho de que molestaran a sus amigas, hacía que todos se enfadaran, ninguno permitiría que las lastimaran.
– Veo que los amiguitos se han vuelto a reunir... ¿Siguen siendo unidos aunque hayan pasado tantos años separados?
– Veo que aprendiste a detener los golpes de una niña. – Lanzó la pelirrosa con veneno, ganándose una mirada asesina por parte de aquel pelinegro que los enfrentaba.
– No tientes a tu suerte, niña. – Puso énfasis en aquella palabra. – Como bien dijiste, ninguna niña como tú podría siquiera tocarme.
– ¡Vámonos chicos! Las moscas son ruidosas. – dijo Sakura para sacarlos de ahí antes de que se fueran a los puños.
– Es verdad, y suelen morir aplastadas fácilmente. – dijo Ino volviendo es sí. Ya que junto con Hinata habían quedado hechas piedra al ver todo ese espectáculo.
– Mucho cuidado rubia, – amenazó Kakuzu. – Que lo que dices no se vuelva en tu contra.
– ¿Amenazas a una mujer? – Inquirió Kiba molesto. – Eres patético. – Si las miradas mataran ese chico también estaría muerto ante tal burla.
– Vamos – volvió a repetir la chica tomando a su amigo por el brazo para llevárselo con ella.
– Serás mía florcita – le susurró cerca del oído cuando pasó por su lado haciendo que los pelos se le pusieran de punta. Sin embargo continuó su camino como si no hubiera sentido nada. Uchiha, que había atinado a tomar a su prima de la mano para pasar detrás de los otros dos, no pudo evitar escuchar aquello y lo pechó con el hombro al pasar mientras le dirigía una mirada fugaz y amenazante. Por su parte Ino se había prendido del brazo de Choji para seguir su camino, aquel chico le daba miedo.
– ¿Qué demonios? – expresaba el castaño enojado. – ¿Quién era ese tipo?
– Parecía sacado de una película de terror, ¿qué le hicieron chicas? – preguntaba Gaara.
– Solo es un idiota – expresó la rubia restándole importancia.
Todos, excepto Choji y Shikamaru, se habían quedado conversando amenamente como un grupo de amigos en una mesa afuera de la cafetería.
– ¿De qué creen que tratará el proyecto de Sarutobi?
– Mmm… No lo sé. – Respondió pensativa Hinata. – Cuando estábamos en primer año organizó la fiesta de los colores.
– Es verdad, – coincidió su amiga de ojos celestes. – Fue muy divertido.
– ¿Fiesta de los colores? – Preguntó Naruto. – ¿Qué clase de fiesta es esa?
– Mejor dicho… ¿qué clase de proyecto de fin de año puede ser una fiesta? – puntualizó Sasuke.
– Trabajamos con emociones, subconsciente y demás en primer año – explicaba Sakura. – Así que el profesor en la entrada de la fiesta nos hacía sacar una tela de un gran florero antiguo y atárnosla a la muñeca. Luego debíamos buscar a quienes tuvieran el mismo color, juntarnos en grupo y analizar estados de ánimo y los posibles significados que pudieran tener para nosotros, entre otras cosas.
– Jajaja… – comenzó a reír Ino. – Pobre Asuma, nada le salió como quiso. – Jajajaja...
Las otras dos chicas al igual que Kiba la acompañaron con las risas y el pelirrojo sonrió de lado mientras los demás los miraban confundidos. – Chicas – suspiró Gaara. – Nunca se sabe con qué te pueden salir.
– Jajaja… Es verdad – intentaba aclarar el amante de los perros como podía. – Dos de las chicas comenzaron a pelear por estar en el grupo de Gaara y todo terminó hecho un lío.
– ¿Y por qué tanta gracia? – preguntó el rubio intrigado.
– Es que… jaja… Terminaron cayendo encima de la mesa de postres que nos tenían preparada.
– Pobres chicas… Tendrías que haberlas visto llenas de merengue y chocolate. – Decía la rubia.
– Aquello parecía una lucha en lodo y todos los hombres comenzaron a alentarlas. – Contaba la pelinegra. – Cuando por fin las detuvieron… – Sakura hizo una pausa – comenzó la guerra de comida, estampándose el primer pedazo de pastel en el pobre Asuma. – Terminó, muy divertida de recordar aquello.
– La fiesta no le salió como quiso, pero no se puede negar que fue muy divertida – hablaba el pelirrojo.
– Lo único malo fue el informe detallado sobre esa experiencia que tuvimos que hacer después, – objetó su amigo.
Ya estaban todos mucho más calmados así que decidieron que era hora de regresar a casa. – Las acompañaremos. – dijo de pronto el pelinegro mirando a su mejor amigo, el cual asintió al entender. – Vamos Hina. Te llevo a casa le dijo.
– Ok. ¡Adiós chicos!
– Bien. Vamos – dijo el rubio. – ¿Dónde vives Ino?
– Si quieres yo la llevo – se ofreció Kiba en su motocicleta, tú vas para el otro lado.
– Es verdad. No se preocupen. Nos vemos mañana. – se despidió subiéndose a ésta mientras se ponía el casco. – Chau... – gritó agitando la mano cuando se iban.
– Hasta mañana chicos.
– Bien. Vayamos a casa. Hoy me quedaré con mis padrinos – dijo Naruto. – Tengo muchas ganas de comer de las galletas que hace la vieja.
– ¿Sucede algo? – Preguntó precavida.
– No lo sé. Tsunade dijo que necesitaba verme para hablar con ambos después de clase y presiento que la conversación se extenderá largo rato – acabó, con un suspiro.
– Vámonos, por hoy ya hemos estado mucho en esta secundaria.
