CAPÍTULO 7 – UN SÁBADO PARA EL OLVIDO

Ya eran las dos de la tarde ese sábado, día en que Hinata había quedado de ir a la biblioteca con Hiromu Fujiwara, el nerd de la clase. Naruto se encontraba monitoreando junto a Shino en una camioneta blindada con vidrios polarizados cerca de la casa de los Hyuga para cuidar cuando ella saliera. Mientras que Sakura se encontraba en la base entrenando con uno de sus compañeros. Vestía un deportivo y musculosa negros y estaba descalza.

– Veo que estás algo estresada compañera. – Le decía con sorna esquivando uno de sus fuertes golpes para luego tomarle el brazo y llevárselo a la espalda. Le pateó la pierna por detrás y la dejó de rodillas contra el suelo.

Ella sentía la adrenalina, enseguida sonrió de lado. – No te confíes cariño – le dijo, apoyando su mano libre en el suelo y barriéndolo con una pierna hacia atrás. Ni bien logró que el chico perdiera la inestabilidad le lanzó una patada con la otra pierna pero éste logró esquivarla saltando hacia su retaguardia.

– Veo que vas enserio muñeca. – Le dijo disfrutando de aquel combate.

Su mirada era de desafío. – Yo siempre voy enserio – respondió.

– Lastima que no te sea suficiente. – En ese instante se abalanzó sobre ella y le dio a entender que le iba a pegar un piñazo, pero en vez de eso, se agachó en el último segundo, la barrió y se le puso arriba.

Ella resopló, – eres el mismo tramposo de siempre Itachi.

Él la ayudó a ponerse de pie. – No es trampa, siempre debes estudiar a tu enemigo y atacar con las herramientas que él te dé. No te limites solo a lo que sabes o a lo que te resulte más fácil, piensa a cada instante y estudia su forma de pelear, su mirada antes de cada golpe, un segundo puede ser la diferencia entre salvar o perder la vida.

– Eres asombroso ¿lo sabes?

– Lo sé – dijo con autosuficiencia, sonriente. – Ahora bien, ¿cómo van las cosas con mi estúpido hermanito?

– Es increíble que sean hermanos, si mi tía no me hubiera mencionado que "Itachi Uchiha, un agente de los nuestros", era su hermano, creo que no te habría relacionado. Son muy distintos…

– No es tan así, yo tampoco soy así de agradable con todo el mundo Saku. Recuerda que incluso te llegué a dar miedo cuando me conociste, o a otros niños de la academia.

– Es verdad – suspiró recordando. – Pero él es un idiota egocéntrico, que de seguro no tiene otra cosa en la cabeza que no sea sexo o carreras de autos… Mmm… Un momento, – dijo pensativa. – Sí, definitivamente son iguales. Jajajaja... ¡Ay! – Exclamó al recibir un golpe en la cabeza.

– Debes respetar a tus superiores niña. – Le señaló divertido mientras caminaban hacia la zona de vestuarios para darse una ducha y cambiarse.

– ¿Lo has visto? – preguntó de repente, cambiando su tono a uno triste.

Detuvieron su marcha; su amigo se puso serio, su mirada se volvió fría y asintió. – No te voy a mentir, de momento está bien, aunque solo piensa en que estés a salvo. – Sakura apretó fuertemente los nudillos, sentía mucha rabia, lo quería sacar de allí. – Pero está sobre una cuerda floja, él ha estado interfiriendo para que puedan realizar con éxito esas armas, y es solo cuestión de tiempo para que lo descubran. – La chica lo miró horrorizada, tenían que sacarlo ya de ese lugar. Pero antes de que pudiera articular palabra Itachi continuó. – Tranquila, eso no ocurrirá mientras no consigan a otro científico que conozca esos procedimientos.

– Como tu padre y tu tío – interrumpió.

– Así es, si bien desconocen el trabajo de Kizashi, ellos creen que son tan buenos que podrían llegar a terminar con lo que su jefe tanto desea. No te preocupes por tu padre, si entrara algún científico nuevo yo lo sabría de inmediato. – Dicho esto, se limitó a irse hacia los vestidores de hombres, sin darle oportunidad a que le preguntara más. Itachi había sido el primer maestro de Sakura cuando entró a la academia, y desde el momento en que la vio, la convirtió rápidamente en su amiga y protegida. Si bien era cuatro años mayor que Sasuke, parecía casi de su misma edad ante ella debido a la confianza y la jovialidad que le exponía. El mayor de los Uchihas también era muy apuesto, pero siempre había llevado el cabello más largo que su hermano, dándole un aire de abandono respecto a su imagen; claro, hasta ahora que se había hecho un cambio de look, cortándose el pelo, dejando tan solo un largo de uno o dos centímetros sobre la cabeza debido a que su queridísima amiga pelirrosa, a la que veía casi como a una hermana menor, le había mencionado que ya se estaba por parecer a una mujer, y se había burlado de él diciéndole que si salían a bailar los chicos intentarían acercársele primero.

– Está saliendo – dijo el experto en vigilancia y tecnología. – Irá en el taxi de la unidad que enviamos.

– Perfecto – dijo Naruto poniéndose sus guantes. Toda su vestimenta era de color negro, tenía puesto pantalón y botas estilo militar de dicho color y un canguro con capucha a juego. Llevaba además un minúsculo intercomunicador en su oreja.

Una vez que llegaron a destino la observaron bajarse y dirigirse hacia la biblioteca. – Bien, ya está adentro. Adelante. – Le indicó Shino al rubio dándole la señal para que se bajara de la camioneta.

– ¿Algo sospechoso en el perímetro Cejas? – preguntó Naruto a Rock Lee, su compañero, encargado de revisar todo el escenario a donde tendría que entrar con la chica.

– No hay moros en la costa.

– Debes entrar por la ventana del costado.

– Aún no entiendo por qué no me dejaron traer a devolver los libros de Jade. – se quejaba. Así es como se hacía llamar su amiga en las misiones.

– Eso nadie te lo creería casanova.

– Creo que lo que ojitos quiere es interrumpir una velada – agregó Lee divertido.

– Ya verás cejotas – amenazó en respuesta siguiéndole el juego.

– ¿La ves? – intervino Shino.

– Sí, la tengo, está ubicada en una mesa al final de las estanterías. ¿No hay cámaras aquí?

– Una, pero no logro verla.

– Ya llegó – dijo algo sombrío, no confiaba en él. Por alguna razón algo le decía que no era lo que aparentaba, y si había algo que no le fallaba, eso era la intuición.

– ¿Hina?

– Hola Hiromu.

– ¿Hace mucho estabas esperando?

– No, acabo de llegar, no te preocupes. ¿Pudiste encontrar algo?

– No, la verdad es que tengo a mi madre enferma y se me ha hecho bastante difícil buscar la información que pidió la profesora.

– ¿Qué se cree éste dando lástima? – susurró el rubio, indignado.

– Zorro. – Lo interrumpió el chico de la camioneta por su intercomunicador. – Ese nerd ya estaba adentro, la estaba esperando, en ningún momento lo vimos entrar luego de ella.

– Estate atento, aquí hay algo raro. – "Como si necesitara que me lo dijera" pensó. "¿Qué te traes Fujiwara?"

– Hace calor aquí ¿no crees? – le comentó el joven, provocando que el ojiceleste se pusiera en alerta.

– Estoy bien, gracias, solo tengo un poco de sed.

– Toma, yo traje algo de agua, – le dijo extendiéndole una botellita térmica de deportista. – Así que dime, ¿cómo es que fuiste a dar con este libro? Nunca se me hubiera ocurrido.

– Es que me gusta mucho la literatura, y cuando era pequeña mi madre siempre me leía una novela en la que narraban, desde la perspectiva del amor incondicional, la historia de Japón. Y buscando en qué se había basado el autor para escribirla fue que llegué a este libro.

– Es sorprendente. Tú… eres sorprendente Hina – expresó acercando su rostro peligrosamente al de ella. Naruto estaba que explotaba en su lugar, sin poder hacer nada. Incluso meditaba las consecuencias de abalanzarse contra el chico. De pronto un celular suena en la habitación. – Mm, lo siento. Dijo alejándose de la pelinegra, es mi hermana, a mamá la llevarán devuelta al hospital. Tengo que irme.

– No te preocupes Hiro, cualquier cosa mantenme informada. Yo te mandaré el resto por email más tarde. – Gracias, eres la mejor – respondió abrazándola antes de irse.

"¡Ay anteojitos! Juro que te quiero asesinar. Definitivamente voy a tener que confesarle mis sentimientos cuanto antes… ¿Acaso está…?" El chico se había sumido en sus pensamientos y no se había percatado de que su amada se había quedado dormida sobre los libros, juraría que segundos antes se encontraba escribiendo. De pronto sintió pasos y cuando quiso acordar una silueta se encontraba de pie al lado de la pelinegra acariciando su cabello. – No la toques. – Exclamó lleno de rabia lanzándose hacia esa persona con el puño en alto y la capucha puesta bajando su rostro para que no lo reconocieran. Por su físico juraría que el intruso era hombre. – ¿Quién eres?

– No deberías meterte donde no te llaman niño – dijo burlonamente, esquivando su ataque.

– ¿Qué quieres? – preguntó girando para darle una patada. Era un golpe tras otro, el encapuchado también le lanzaba piñazos y alguna que otra patada, pero el agente era rápido.

– Ya te lo dije. Eso a ti no te importa – respondió frío, sacando un cuchillo de su cinturón.

– No me subestimes, un cuchillo no cambiará nada. – La pelea continuaba, habían roto unas cuantas sillas y casi tiraban un estante de libros pero Hinata no se despertaba y extrañamente nadie acudía a ver qué estaba pasando allí. – ¿Acaso mataste a la bibliotecaria imbécil?

– ¿Y que si lo hice? – sonrió burlón.

Naruto estaba sumamente enojado, no podía más de la furia que sentía. Dirigió su puño hacia el estómago de aquel hombre dejándolo sin aire y lo tomó de la mano en la que tenía el arma cortante para sacársela. Enseguida su oponente le lanzo una patada, el rubio le cortó la pierna para intentar inmovilizarlo, pero saltó hacia atrás y se tiró por la ventana para escapar.

– ¿Cejas me oyes?

– Fuerte y claro señor.

– Síguelo, pero ten mucho cuidado. No hagas nada más que encontrar su ubicación y volver a la base ¿entendiste? – Así de torpe como parecía, en cuanto a misiones se tratara Naruto era el mejor, había encabezado varias veces tareas de menor riesgo y tenía vasta experiencia en trabajo de campo. Se acercó lentamente a la chica. – ¿Qué voy a hacer contigo princesa? Me tienes loquito, no permitiré que alguien te ponga las manos encima – susurró mientras colocaba un mechón de cabello detrás de su oreja. – Bicho – dijo ahora refiriéndose al compañero que lo guiaba desde la camioneta, – la durmieron. Yo la llevaré a su casa, manda un médico. Quiero que analicen qué le dieron y en qué momento ocurrió. – Terminó, tomando delicadamente a la chica en sus brazos, tal y como si fuera su princesa.

– Entendido. Ya les envié a alguien para que los lleve a la mansión. Sus hermanos se encuentran ahí, tendrás que darle explicaciones al mayor, ya le avisamos a su padre, va en camino.

– Buen trabajo – felicitó. – Nos vemos en la base.

– ¿Así que en una hora deberé ir a correr una carrera con el pequeño Uchiha? Esto se pondrá bueno.

– Sabía que te iba a gustar custodiar a mi hermanito en la pista. – Sonrió con autosuficiencia mientras observaban a Sasuke por cámaras de su casa desde la base de operaciones.

– Debo admitir que fue una buena idea para que no hiciera planes que lo pusieran en peligro sin que supiéramos a tiempo a donde podría ir.

– Soy Uchiha querida. – Sakura le dio un codazo por su arrogancia.

– Al ver tu ego no se puede negar. Jaja… – contestó divertida. – ¿Y bien? ¿En cuál me iré? – Preguntó mirando los autos.

– Lo dejo a tu elección preciosa. Solo por hoy están todos a tu disposición, pero te recomiendo éste – dijo señalando un Lamborghini murciélago color rojo. – Va con tu personalidad.

– Es perfecto – expresó con una mirada que parecía lujuriosa, ansiosa del placer de la adrenalina y el peligro que le daba la velocidad en un auto fantástico.

Las misiones de ambos chicos ocurrían casi en simultáneo, la carrera comenzaría a las cuatro de la tarde, pero la pelirrosa prefirió centrarse en su labor en vez de interrumpir la de su amigo para ver que estuviera todo bien. Si algo malo ocurría se enteraría al instante, pero en ningún momento hasta ahora habían solicitado apoyo, así que en cuanto terminara con lo suyo se pondría al tanto.

Cuando llegó con su equipo, vio que el autódromo estaba repleto de gente, aquello iba a ser muy emocionante. Se había puesto ropa de piloto y casco color rosa y lo primero que hizo fue buscar al chico que debía mantener a salvo. No le dio nada de trabajo encontrarlo, se encontraba con la ropa de piloto, de color azul, esperando a que sus mecánicos terminaran de verificar que todo estuviera en orden. Sasuke parecía ser una estrella en su territorio, había sido tan fácil encontrarlo gracias a su grupo de admiradoras que aparentaban querer tirarse de la barda hacia abajo. Sakura echó un vistazo al lugar y por último se quedó observándolo con detenimiento, esa ropa lo hacía ver tremendamente irresistible a sus ojos, ¿qué tenía ese hombre que todo lo que se pusiera le quedaba de ensueño? ¿Por qué la atraía tanto? Se sentía como una abeja en busca del dulce néctar de una flor. Lo único que deseó en ese instante fue que no estuviera la chica odiosa de la escuela, la garrapata roja que se le prendía al cuello al pelinegro cada vez que podía.

– ¿Yagura has visto algo sospechoso? – preguntó la chica al fin, tratando de despejar la cabeza de su apuesto compañero de secundaria. Yagura Isobu, un joven de aproximadamente un metro setenta de estatura, de cabello castaño y mirada violácea, estaba como apoyo de la pelirrosa en ese momento. El chico era experto en mecánica y podría darle la mejor velocidad a cualquier vehículo que tocara; era el encargado de diseñar, hacer funcionar y mejorar cada medio de transporte con los que contaba la base.

– Parece ser que todo estuviera en orden. – dijo tranquilo, como de costumbre.

– Bien, a la pista. – expresó la ojijade subiéndose al vehículo; ansiaba poder ganarle al Uchiha menor. Luego, apretó el intercomunicador en su oreja y preguntó: – ¿Han encontrado algo fuera de lugar con las cámaras?

– No hay señales de algún movimiento extraño.

– Entendido. Ya verás campeón – susurró para sí fijando la vista con mirada determinada y llena de desafío en la pista. – Hoy verás que no siempre puedes ganar.

La bandera dio la señal y ocho autos salieron de la línea de largada a toda velocidad. Sasuke no demoró en ponerse a la cabeza, pero su Koenigsegg Agera X azul era seguido de cerca por un espectacular Lamborgini rojo, ¿quién sería capaz de seguirlo tan de cerca? Definitivamente esta carrera sería divertida, además de Naruto que no había podido asistir hoy, no conocía a nadie competente para seguir su loca velocidad.

– Eres bueno niño bonito – decía Sakura más para sí misma que para alguno de sus compañeros que podían escucharla.

– No lo subestimes muñeca. Mi hermano ha corrido desde los doce años.

– Hmp – una sonrisa arrogante se reflejó en su rostro. Enseguida logró ponerse a su par, lo cual sorprendió demasiado al actual campeón; sin embargo en el instante en que se vio amenazado se movió ferozmente para bloquearle el camino. – ¡Maldición! – vociferó ella. Pero no se la dejaría tan fácil, apretó el acelerador a fondo a pesar de que se acercaban a una curva y lo rebasó fácilmente.

"¿Qué rayos..?" pensaba Sasuke. "¿Está loco? No… no lo hará ¿o sí?". En ese momento la chica clavaba los frenos con ferocidad para no salirse del camino. Sonrió triunfante al dejarlo atrás, pero en ese momento, con pánico se percató de que él estaba tan loco como ella y estaba decidido a imitarla.

– Si sigues así harás que mi hermano se mate, es muy terco el condenado.

– No es mi culpa que quiera ser tan bueno como yo – contestó arrogante.

– Hmp – fue todo lo que obtuvo por respuesta.

– Sakura, hay dispositivos explosivos dispersos en la pista. – exclamó una voz grave de pronto. La chica se sobresaltó, la diversión se había acabado, se había distraído de su objetivo por la emoción de competir con el pelinegro y ahora la situación se tornaba sumamente peligrosa.

– No me jodas Kakashi – expresó alterada. – ¿Qué hago?

– Debes desviarlo hacia afuera, intenta en un lugar que no haya gente.

– ¡Genial! – dijo sarcástica. – ¿Sabes cuántas vueltas nos quedan antes de que exploten?

– Parece que alguien tiene el detonador; no están determinadas por tiempo, por lo que vemos a distancia con la tecnología de Shino, tienen un chip de celular añadido.

– ¿Dónde están? – preguntó sin más, decidida a hacer su trabajo.

– Están todas sobre el borde interno de la pista, al parecer alguien ha estudiado bien la forma de correr de Uchiha.

– Entendido. – Su mirada se tornó sumamente seria. – Bien – respiró hondo. – Aquí vamos – y sin más, aceleró lo más que pudo y dio vuelta el auto, haciéndolo correr marcha atrás justo frente a Sasuke.

En la base miraban la escena por las cámaras con horror.

– ¡¿Qué haces?! ¿Estás loca?

– ¡Sakura vas a matarte! – Le gritaban.

La chica los ignoró, y ellos comprendieron que no les haría caso, no importaba lo que dijeran, estaba decidida. – Sé que en la zona que viene no hay gente, solo díganme cuando.

– ¡Ahora! – indicó más de una voz en la base. Sabía que si peinaba el auto del pelinegro del lado que daba hacia el centro de la pista donde estaban las bombas, éste saldría hacia el lado contrario, donde debería estar el público. Sabía que él se golpearía algo por los giros que tomara el auto, pero estaba segura de que el daño que tendría sería menor al que tendría si quedara atrapado entre los explosivos, si es que sobrevivía. Sin embargo, no había forma de que el auto donde estaba ella no se dirigiera hacia el centro del autódromo, justo donde se encontraban las bombas. Con suerte podría tomar el control de su vehículo y salir de allí, con suerte no le explotaban a ella… no podía pensar demasiado en eso, lo que importaba era cumplir su misión, salvarlo a él.

Sasuke abrió los ojos como platos cuando vio cómo se giraba el auto delante suyo. En un principio se sorprendió y quedó maravillado por tal destreza, pero eso duró poco, enseguida su admiración se convirtió en furia, "¿Acaso le estaba tomando el pelo?"

Cuando ambos autos se chocaron, pasó justo como había predicho Sakura; el auto de Sasuke salió despedido hacia el la parte exterior de la pista, mientras que el suyo iba directo hacia aquella trampa mortal que alguien había colocado. Sintió una explosión a su izquierda, había perdido el dominio del vehículo casi por completo, escuchó dos autos colisionar muy cerca a causa de la primera detonación. "Vamos, vamos, reacciona Sakura" se decía por el pánico que le había provocado aquel estruendo junto a ella, intentando tomar el dominio de su coche. Cuando por fin lo logró, se alejó rápidamente de la zona de peligro y averiguó cómo estaba su custodiado. – ¡Soy un desastre! – dijo furiosa e impotente cuando vio que lo ayudaban a salir del auto. – Casi lo mato. Soy un desastre en mi trabajo, deberían ponerme a limpiar pisos en la oficina. – Se retaba sola, no soportaba la idea de fallar. – ¿Cómo está? – preguntó al fin, por en intercomunicador saliendo de su auto.

– Vivo, gracias a ti – le dijo Itachi orgulloso y feliz.

– Por favor Itachi, mira el desastre que he hecho…

– ¿Hablas enserio? Si no fuera por tu loca cabeza probablemente en este momento sería hijo único.

– Hablo enserio, está herido, y es por mi culpa.

– ¡Cielos Sakura! – exclamó ya exasperado. – ¡Está vivo gracias a ti! Eres culpable únicamente de arriesgarte demasiado. No puedes poner en peligro tu vida de esa manera. – Estaba aturdida, no sabía qué decir, qué pensar, pero no quería verlo así, estaba herido y le dolía pensar que ella era la culpable.

– Haruno – dijo la seria voz de su capitán. – Te quiero ya en la base, vente enseguida con Yagura, quiero que te revise Shizune. – Shizune Kato era una de las doctoras de la unidad, la principal después de su tía, pero todos sabían que informarle a Tsunade en esos momentos del estado de su sobrina podría ser catastrófico. La chica no protestó. – Debemos hablar de tu comportamiento casi kamikaze, pero estoy muy orgulloso de ti. Buen trabajo.

La pelirrosa suspiró y detrás suyo apareció su compañero. – Vamos, ya nos cercioramos de que Sasuke esté seguro, su hermano lo encontrará en el hospital. Solo ha sido un sábado para el olvido – agregó.