Hola. Aquí les traigo otro capítulo. Necesito que por favor comenten si es que les gusta la historia para continuar subiéndola... :) Estaré muy agradecida.

CAPÍTULO 8 - TÓRTOLOS

Hinata abrió los ojos pesadamente, se sentía tan cansada, le parecía que había dormido durante horas. Observó lentamente el lugar en el que se encontraba, lo último que recordaba era que estaba en la biblioteca resumiendo el material para Hiromu. ¿Cómo había llegado a su casa? ¿Por qué no recordaba nada? Miró la hora, se sorprendió de que el reloj marcara las diez, eran las diez de la mañana del ¿domingo? Estaba muy confusa, se dirigió al baño para tomar una ducha y se dispuso a bajar a la cocina para desayunar algo. Sintió voces a medida que se acercaba a su destino. "¿Por qué tanto alboroto?" pensó.

– Ooohh... Veo que la bella durmiente despertó – expresó su padre con una sonrisa.

La pelinegra quedó estática y sus ojos se salieron de las órbitas al ver a cierto rubio de espaldas a la puerta sentado con su padre en el desayunador de la cocina. ¿Qué hacía él ahí? – Hinata – exclamó alegre, haciendo que ella diera un respingo. – ¿Cómo te sientes?

– Deberías comer algo, estás pálida hermanita – le dijo Hanabi enérgica.

La chica los observaba sospechosa, no entendía qué pasaba, el hecho de que Naruto estuviera en su casa le resultaba demasiado extraño. Lentamente bordeó la mesada para sentarse al costado del chico. – ¿Qué me pasó? – pudo articular al fin.

– Te desmayaste en la biblioteca – le dijo su padre. – Namikaze te encontró y te trajo a casa. – El chico le sonrió, ¡cielos! Sentía que se derretiría ante aquella sonrisa.

– ¿Naruto en la biblioteca? – se preguntó en voz alta, algo extrañada. El aludido hizo una mueca. Sin embargo, eso no aclaraba nada, ¿ella desmayada? ¿Cómo había ocurrido semejante cosa? Nunca le había pasado algo así...

Ante su mirada de confusión, su padre agregó: – el médico dijo que estabas bajo mucho estrés, probablemente por la secundaria.

– Eso es extraño, no me siento estresada – dijo, saliendo de toda precaución.

– Naruto se preocupó y vino a ver cómo estabas Hina – exclamó traviesa la menor de los Hyuga, haciéndole una guiñada. La aludida le envió una mirada fugaz al rubio, provocando que sus sonrojos aumentaran al cruzar sus miradas, él se rascó nervioso la nuca.

– Bueno, creo que es hora de irme, gracias por el desayuno señor Hyuga, estaba todo muy rico.

– Te acompaño hasta la puerta – le dijo la pelinegra poniéndose de pie.

– Hina... – comenzó el chico una vez que estaban en la entrada, antes de despedirse. Era ahora o nunca. Ella lo miró atenta, esperando a que le dijera lo que tenía para decirle. – Crees... mmm... – dudaba de si era el momento y lugar correctos – ¿crees que te pueda pasar a buscar mañana para ir al instituto? – preguntó al fin, decidiendo que esperaría hasta el día siguiente.

– ¿Cómo te encuentras?

– Estoy bien tía, son solo rasguños. Con algo de maquillaje los cubriré bien para que nadie sospeche y listo.

– Me preocupas Sakura, tu actitud de hoy fue algo suicida.

– No me pasó nada, solo hacía mi trabajo.

– Te prohíbo volver a poner en peligro tu vida de ese modo, debes pensar mejor las cosas antes de hacerlas.

– Basta Tsunade. Sabes cómo es esto, no me jodas.

– Solo prométeme que te cuidarás. Se lo debo a tu madre, nunca me perdonaría que algo te sucediese.

– Tía no seas trágica, estoy bien, no pasó nada. Te prometo que seré más cuidadosa.

En el hospital se encontraba un pelinegro bastante inquieto en observación, hablando con su hermano. – Te digo que era ella. Yo no alucino Itachi, averigua cómo está.

– Estás enfermo Sasuke, debe haber sido producto del choque. ¿Sakura corriendo como los dioses? Eso es simplemente ridículo.

– Sé lo que vi, no quieras hacerme pasar por loco.

– De acuerdo, de acuerdo, llamaré a Naruto – lo tranquilizó sacando su celular, pero su hermano menor se lo quitó de un tirón.

– Hola… – se escuchó del otro lado.

– Dobe, dime cómo está Sakura – ordenó sin importarle que su amigo descubriera su preocupación.

– Puesss… cómo siempre ¿debería estar mal por algo? – respondió precavido. – ¿Qué te sucede teme? ¿Te golpeaste la cabeza?

– Ash… olvídalo – expresó colgando bajo la atenta mirada de su hermano.

– ¿Lo ves? Te lo dije, deberías estar más tranquilo.

– Creo que me estoy volviendo loco. Ella me está volviendo loco.

– ¿Aún no se lo piensas decir?

– Tengo miedo Ita…

– Sabes que cuanto más tarde sea será peor ¿verdad?

– El menor de los Uchiha asintió. – Solo debo encontrar el momento, no quiero que me odie.

Hacia el lunes en la mañana todo parecía que volvería a la normalidad. El ajetreado fin de semana parecía haber sido solo una mal pesadilla, una muy real. Parecía parte de un pasado lejano, un recuerdo indefinido, solo eso. Esa mañana el rubio se levantó media hora antes que de costumbre, se metió a la ducha, se vistió, perfumó, y luego de un rápido desayuno emprendió viaje a buscar a la chica que quería tener como novia. Aparcó el coche en la entrada de la casa de los Hyuga, se acercó para tocar el timbre y esperó unos minutos para que la chica de su vida le abriera la puerta. – Hola, – dijo tímidamente.

– Ho… hola – saludó él, extrañamente nervioso y casi sin habla, algo verdaderamente sorprendente en el Namikaze extrovertido y carismático. – ¿Vamos? – preguntó extendiéndole la mano, ya que ambos se habían quedado hipnotizados viéndose el uno al otro sin saber con exactitud qué hacer.

La pelinegra accedió, y juntos fueron hacia el auto de su compañero para emprender camino al colegio. Iban atentos a la carretera, sin decir palabra alguna hasta que… – ¿Qué te hizo querer llevarme al colegio hoy? – preguntó de pronto Hinata rompiendo el silencio, sorprendiéndose incluso ella misma de su reacción. Pero lo cierto es que le encantaba estar así con Naruto y la entristecía pensar que fuera solo por su desmayo o que quizá tuviera que ver con su amiga. – ¿Acaso le pasó algo a Saku? – inquirió.

Su acompañante se extrañó, pero enseguida recordó la idea que se había formado la pelinegra en la cabeza. – Sí – dijo y la chica se preocupó sin darse cuenta de la expresión divertida del joven ni su tono de voz alegre – se le cayó un tornillo de pequeña, pero no te preocupes, ya ha aprendido a vivir sin él.

– Jajaja... – la joven comenzó a reír sin reparar en quien era el payaso que tenía a su lado, por primera vez sin sentirse intimidada por él, sino cómoda y segura con su compañía. No sabía qué había hecho un clic en ella, si fue verlo en su casa o saber que estaba destinado a una de sus mejores amigas, pero ya no se sentía tan nerviosa a su lado; aunque el chico le seguía provocando la infinita cantidad de sensaciones cálidas de siempre, no se le nublaba más la mente ni estaba tartamudeando como la mayoría de las veces frente a él.

El rubio paró el auto frente a un parque, – ¿por qué crees que tendría que haberle pasado algo a Sakura para que yo pasara a recogerte?

– No lo sé… – respondió dudosa y algo pensativa. – Aún no entiendo por qué quisiste pasar por mí.

– Todavía es temprano, ¿quieres tomar un poco de aire? – Su acompañante asintió, ambos necesitaban salir de ese vehículo donde sentían potenciados el olor del otro y sus alientos. Dieron unas vueltas por el lugar, donde había bancos, árboles y plantas por todos lados. Minutos más tarde, sin previo aviso, Naruto tomó coraje y giró hacia la chica. – Hinata yooo... – comenzó, tomando sus manos con las mejillas enrojecidas; no sabía cómo declarársele, por dónde empezar, se sentía tan tonto, ella lo hacía sentirse tan vulnerable; simplemente estaba a su merced, podría hacer lo que quisiera con él a partir de ese momento porque su corazón ya no le pertenecía. Ese ángel de cabellera negra y ojos grises, casi perlas, le había robado por completo el corazón. – Yo… no sé cómo decirlo – titubeaba. – Me dijo Sakura que pensabas que la relación de nosotros...

La joven se enojó con su amiga por delatarla con el chico que le gustaba, pero no pudo evitar bajar la cabeza, abatida. "¿Así que se trataba de eso?" pensó, "viene a dar la cara por su chica". El rubio se percató de lo que probablemente pensara la pelinegra y apretó su agarre, el cual era suave para no lastimarla pero lo suficientemente fuerte como para no dejar que se soltara. – Me gustas – lanzó sin más. – No, no solo eso. Yo… yo estoy sintiendo cosas por ti Hina. – La aludida abrió los ojos como platos. ¿Estaba oyendo bien? ¿Acaso aquello era una broma? No, Naruto no era así. Las manos del chico sostenían ahora su rostro, haciendo que lo mirara. – Quiero… estar contigo. Quiero que me quieras como yo a ti, te quiero… – Sus rostros estaban cada vez más cerca, el de ella estático y el de él acortando la distancia poco a poco, mirándola a los ojos en todo momento pidiendo de esa forma permiso; por más que no quisiera se detendría ante cualquier signo de negatividad que le diera. Pero de un momento a otro la chica cerró sus ojos, dándole a entender así, que era suya, ella lo amaba desde hacía mucho tiempo y él correspondería. Cuando su ángel cerró los ojos, no dudó en quitar esa distancia donde sus alientos chocaban tan provocativamente, y unió sus labios a los de la chica en un exquisito beso, suave y lleno de sentimiento, puro e inocente. Comenzaron a saborearse mutuamente, en un acto delicado y sutil mientras él bajaba un brazo para tomarla por la cintura y atraerá más a sí. – Estoy a tu merced princesa. – Le susurró sin aliento, apoyando su frente en la de ella. – ¿Quieres ser mi novia? – le preguntó tiernamente colocándole un mechón de pelo detrás de la oreja.

La joven sonrió. – Te... te quiero Naruto. – Confesó, roja como tomate mirándolo profundamente a los ojos. Aún no creía que le estuviera pasando aquello. – Sí quiero ser tu novia… – agregó feliz, aunque ya no hiciera falta la explicitud de sus palabras, rodeando su cuello y sellando el "sí" con un beso.

En respuesta, su ahora novio le devolvió feliz la sonrisa y la volvió a besar. – Juro que me quedaría todo el día aquí contigo, pero es mejor que nos demos prisa o llegaremos tarde.

La Hyuga se sobresaltó al oír aquello y volvió a la realidad. – ¡La escuela! – exclamó. – Lo había olvidado, vamos.

El chico rió ante lo cómica que era su novia y por la manera tan drástica en que cambiaba de actitud, prácticamente había sido arrastrado por ella hacia el auto. – Hina… – comenzó, encendiendo el vehículo.

– ¿Sí…?

– Quiero que te quede claro que entre Sakura y yo nunca podría haber nada, no quiero que tengas dudas de lo que siento por ti. Ella y yo crecimos juntos como hermanos, no podríamos vernos como otra cosa.

– Sí, ya lo entendí, no te preocupes – sonrió.

– Hiuug… sería asqueroso. – expresó el chico, provocando que su novia comenzara a reír.

Se encontraban en la segunda clase de la mañana y la pelirrosa estaba muy dispersa mirando por la ventana. Dos de sus mejores amigos estaban bastante animados mandándose miradas cómplices en la clase y sonrojándose en todo momento, así que supuso que sus sentimientos estarían aclarados, y eso significaba que tendría que ocuparse aún menos de Hinata, puesto a que conocía a su casi hermano y sabía que no querría despegársele. El Uchiha tenía permiso para faltar debido a que esa mañana sería cuando le darían el alta y su otra amiga aún no les dirigía la palabra así que no encontraba nada más interesante que el patio de la secundaria en esos momentos mientras divagaba "¿cómo se encontrará Sasuke? ¿En verdad lo querían matar o solo había sido una advertencia para hacer desistir a su padre? A Hina la habían querido secuestrar, la doctora analizó su sangre y le habían dado un potente somnífero mientras estaba en la biblioteca, pero ¿en qué momento? Akatsuki suele usar dardos casi invisibles a simple vista para inyectar sustancias, sin embargo Shizune no encontró marcas, pero dijo que si el dardo le había dado en la cabeza donde tiene el cabello sería imposible encontrarla. ¡Rayos! Esto de verdad se está poniendo mal… ¿Y si…? Nooo, sería demasiado pensar algo así… ¿O no? ¿Qué tal si Hiro…?". Algo en el exterior interrumpió sus pensamientos. Alzó la mano, – Azuma – el profesor se emocionó al ver que uno de sus estudiantes quería intervenir – ¿puedo ir al baño por favor?

Suspiró rendido – adelante Sakura, pero no demores.

La chica asintió y salió rápidamente hacia el patio delantero del instituto. Se colocó una gorra que llevaba escondida en un estuche debajo de la pollera por si algún momento como éste ocurría. Recogió todo su cabello rápidamente para que no descubrieran de quién se trataba en caso de que alguien la viera. Caminó rápida pero silenciosamente hacia los árboles al costado izquierdo del portón de entrada para cubrirse. Necesitaba ver quiénes eran esos dos que se habían reunido en una situación tan sospechosa, puesto a que cuando vio a uno desde la ventana yendo hacia ese lugar para encontrarse con otro aparente estudiante, cubría su rostro con la capucha del buzo deportivo del uniforme. Sacó su celular y escribió: "Cámaras patio delantero" y aguardó a que Shino le respondiera por su micro-intercomunicador que tenía en oreja.

– Veo a dos individuos a diez metros de ti.

"Descripción" volvió a mandar, dándole a entender a su compañero que ese era el motivo por el que lo había llamado.

– Ambos son hombres. Uno es rubio de cabello algo largo para ser un chico y ojos celestes; te voy a enviar una foto.

No creía que aquello fuera tan necesario, estaba casi segura de quien se trataba, pero no dijo nada y esperó a que llegara lo que confirmaría sus sospechas. Mientras tanto intentaría escuchar algo de lo que hablaran, con suerte el rubio solo planeaba buscar un cómplice para sus bromas con bombas y no para explotar a alguien… De pronto algo en su cabeza hizo un clic, sus teorías iban a mil. "¿Acaso sería posible que Deidara fuera…? No, pero… ¿por qué no?" ¿Acaso no le habían dicho en alguna ocasión que él diseñaba sus bombas, que buscaba arte en sus creaciones y explosiones? El maldito estaba loco y sabían que en la secundaria seguramente habrían miembros de Akatsuki infiltrados, de todos modos no creyó que uno de sus peligrosos miembros fuese tan idiota como para mostrarse tanto… "Pero, ¿y si él era el responsable de las bombas en el autódromo?" – El otro está de espaldas, mmm… dame un momento, estoy viendo de donde puedo obtener una imagen de su rostro por reflejo…

– Síi, será divertido… – expresó el rubio emocionado.

– Concéntrate, aún no es momento. Ten muy presente el uso adecuado de los gases. No sea cosa que metas la pata y terminemos todos muertos.

– Mira quien lo dice, alguien que no pudo con una niñita. – Sakura se sobresaltó al oír aquello, se había acercado unos metros más a ellos para poder escuchar mejor de qué hablaban.

– Cállate idiota, sabes que la están custodiando. Debemos actuar con más cuidado.

– ¿A quién le dices idio…?

– Listo, ahí te lo pasé. – Su compañero era ajeno a la conversación que estaba escuchando y a la calesita que se había encendido en su cabeza.

"Genio" escribió como despedida antes de recibir el mensaje del experto en tecnología. Debía salir de ese lugar rápidamente.

– Lo sé – respondió arrogante. – Cuando quieras.

"No puede ser…" pensó al abrir aquel archivo, no lo podía creer, qué estúpidos habían sido. Comenzó a alejarse entre los árboles procurando no ser vista. Si ellos eran de Akatsuki, que por lo que había escuchado ya era algo seguro, su vida corría peligro. Si la descubrían la podrían paralizar con algún dardo tranquilizante o algo por el estilo, ya estaba advertida de todas las armas que poseían, y algo certero era que tenían demasiados venenos bajo su poder. Además no ayudaba el hecho de que en ese momento se encontraba sola, todos estaban en sus clases y el patio estaba desierto. Una vez cerca del portón de entrada, comenzó a apartarse de los árboles y a caminar a toda velocidad hacia la puerta del instituto.

– ¿Bicho me oyes? – preguntó desesperada dentro del baño de chicas una vez que se hubo asegurado de que nadie la escuchaba. Aún no se sacaba el gorro, debía tener cuidado de que no vieran a una pelirrosa vagando por los pasillos.

– ¿Qué sucede Jade? – inquirió preocupado.

– ¿Dónde está lobo? – hizo caso omiso a su compañero.

– Está dando clase, la siguiente hora la tiene libre, lo podrás buscar en diez minutos en la sala de profesores.

– ¡Rayos! Debo ir a clase. Necesito que busques información sobre Hiromu Fujiwara y Deidara… ¡mierda! no sé el apellido. Busca lo que puedas sobre los dos chicos de recién, creo que son de A-K-T-K – (así abreviaban a la organización enemiga, era común que hablaran en clave).

– De acuerdo, ten cuidado. Puedes salir, tienes los pasillos hasta tu aula despejados.

– ¿Sabes algo de Hiromu? – le preguntó a su pelinegra amiga una vez que terminaron las clases de la mañana.

– Mmm… – caviló pensativa. – Ahora que lo dices, el sábado lo llamó su hermana diciéndole que su mamá estaba mal. Pobre Hiro – bajó la cabeza triste.

– No te preocupes Hina – le dijo tiernamente Naruto abrazándola, mirando serio a su prima. Él la entendía a la perfección, y sabía que había algo de lo que aún no estaba enterado y seguramente tendría que ver con el caso. Sakura asintió, dándole a entender que algo con ese chico no estaba bien. Deberían reunirse en la organización luego de clases. La chica escribió una única palabra a su rubio amigo por mensaje ("base") y una vez que leyó ambos asintieron.

– Y bien… – cambió rotundamente de actitud. – ¿Por qué no me cuentan…? – Sus amigos se separaron rápidamente mientras sus rostros adquirían unos tonos bastantes parecidos a los de una persona que se come diez ajíes picantes juntos.

– Saku yo… – comenzó algo apenada.

– No te disculpes, Naruto es el lento. Jajajaja... – Su amiga la acompañó en las carcajadas. – Así que… ¿ya son novios? – la parejita asintió.

– Qué mala eres prima – le dijo amenazante acercándose a ella con las manos extendidas moviendo los dedos.

– ¿Naruto…? – dijo dudosa, temiendo lo que planeaba mientras retrocedía alejándosele.

– Es verdad – coincidió la novia del chico, enviándole una mirada cómplice a éste. – Has sido una amiga muuuuy mala. – Sonrió y comenzó a imitarlo.

– ¿Chicos? ¿Qué…? Noo, basta, – la pelirrosa seguía retrocediendo. – ¡Juro que si se atreven no les volveré a hablar en la vida! Enserio, ya… Están juntos ¿no?

– Te mereces un castigo por no decirnos antes…

– Al diablo. Es solo su culpa por ser tan lentos, es más, yo ayudé a que hablaras cabeza hueca. – Dicho eso comenzó a correr por los pasillos como una niña hacia el comedor.

Sus amigos no daban más de la risa, no la habían seguido pero Sakura odiaba las cosquillas y Naruto siempre la torturaba con eso para conseguir lo que quisiera, y en ese momento no quería dar detalles de lo suyo con Hinata, solo quería estar junto a ella, disfrutándola. – ¿Ves? Te lo dije, siempre funciona.

– Qué malo eres, nunca me imaginé que Saku fuera tan vulnerable cuando se trata de cosquillas.

– Así fue como logré que me dijera sobre tus sentimientos, creo que sino no me hubiera atrevido a hablarte. – Dijo orgulloso pasando una mano por sus hombros.

– Y te aseguro que nunca te lo hubiera perdonado – golpeó su pecho fingiendo molestia. A lo que él sonrió y respondió con un dulce beso en los labios.

En ese momento sintieron gritos, abucheos y exclamaciones de sorpresa, todos con diversión…

– Uuuy… Menos mal que hoy no vino Uchihita – se carcajeaba un chico de cabello castaño, algo celoso, pero feliz por sus amigos.

– ¿Me pregunto qué dirá Sasuke? – decía Shikamaru tranquilo, haciendo que al rubio se le helara la piel.

– Es verdad, tengo entendido que es muy celoso con su pequeña primita. ¿Y Neji? – Choji siguió su juego. Esta vez fue Hinata la que tuvo un escalofrío.

– Basta chicos, ellos estarán de acuerdo. Yo mejor que nadie cuidaré de Hina.

– ¿Quién lo diría? Naruto enamorado… – suspiró Gaara, simulando haber perdido a uno de sus soldados. – Supongo que nos llega a todos. – La pareja estaba sumamente avergonzada, la chica incluso había visto cómo Ino al pasar había reparado en ellos. – Felicidades tórtolos.