CAPÍTULO 9 - PRIMER BESO
Cierto pelinegro se encontraba sobre su cama con el volumen de su equipo de música demasiado alto como para escuchar cualquier otra cosa además del sonido proveniente de ese aparato y sus pensamientos. Mirando hacia el techo mientras lanzaba una y otra vez una pelota de tenis al aire, pensaba en cómo afrontar la situación con una linda pelirrosa. Se había comportado como un idiota, la pasaba molestando, es verdad, pero le encantaba ver sus cambios de humor, quería saber todo de ella, conocía sus gestos cuando se enojaba, se sonrosaba o incluso cuando estaba triste o preocupada. No solo la había observado demasiado, sino que había retenido en su cabeza cada información y detalle que Naruto le había contado, cada actitud frente a determinadas situaciones, cada miedo que había sentido, había intentado saberlo todo, hasta el punto de sentirse un enfermo posesivo. Escondía sus sentimientos lo mejor que podía, pero lo cierto era que estaba seguro de que su amigo sospechaba, y ni hablar de su hermano, él siempre había estado al tanto de lo que sentía por aquella chica. Pero la realidad lo golpeaba fuertemente haciéndole saber que era un completo idiota, comenzó a salir con Karin solo por distraerse del torbellino de sentimientos que Sakura le provocaba y posteriormente para darle celos, se sentía tan idiota. Le encantaba provocarla para acercarse a ella cada vez que tenía la oportunidad, pero le dolía demasiado el hecho de que la chica huyera de él cada vez que lo hacía. "¿Por qué Sakura? ¿Acaso no me perdonas? No te culpo" se dijo a sí mismo tomando la pelota y cubriéndose los ojos con el antebrazo, "yo… tampoco me perdono haber roto mi promesa".
– ¡Sasukito! ¿Sasukito estás ahí? ¿Por qué no fuiste a clase? – Una conocida pero molesta voz se hizo escuchar desde el contestador del teléfono a pesar del alto volumen de la música.
El chico suspiró, por si fuera poco se sentía un verdadero patán. Ahí estaba su "novia" preocupándose por él y él pensando en otra chica. No era justo, debía terminar con esta farsa para hacerle caso a su hermano y luchar por lo que quería, lo que siempre había querido desde aquel día. Nunca pensó que se la volvería a encontrar, era tan hermosa, más de lo que recordaba; y siempre la había amado. Se puso de pie antes de que la pelirroja pudiera colgar. – Karin.
– Mi amor, ¿por qué tardaste tanto en contestar?
– Tenemos que hablar, – sentenció sin rodeos. – Te espero en casa en una hora.
– ¿Qué descubrieron? – Preguntó un adolescente rubio lo suficientemente serio, entrando a la base de operaciones junto a su amiga que presentaba la misma actitud.
Cuando entraron vieron que varios agentes se encontraban reunidos en el lugar; entre ellos, Kakashi, recostado al lado opuesto a la puerta de entrada esperándolos, de brazos cruzados, sin la tela habitual que cubría su rostro en la secundaria. Hacia la izquierda de la mesa que había en el centro, se encontraba una inquieta Tsunade; que era observada por la atenta mirada de Hashirama Senju, uno de los superiores más destacados de la organización, aguardando en su lugar a que comenzara la reunión.
Detrás de los chicos, entró Yamato Kinoe, agente especialista en trabajar de encubierto y obtener información mediante espionaje. Los cinco que estaban de pie tomaron asiento. Senju, el morocho de más alto rango dentro de la sala, les entregó un expediente con información a los presentes. – Hiromu Fujiwara no existe – comenzó cuando los chicos abrieron las carpetas con las fotos e información de su compañero nerd. – Su nombre es Kabuto Yakushi, de veintinueve años de edad; es un médico que se encuentra relevado de su cargo, actualmente convicto por diversas desapariciones y sospechosas muertes bajo su supervisión en el Hospital Central de Tokio.
Las caras de asombro no se hicieron esperar. – ¡Maldición! – vociferó Naruto. – No puedo creerlo, estuvimos todo este tiempo conviviendo con el enemigo y nunca sospechamos siquiera. Me siento un completo idiota.
– ¿Qué haremos ahora? – preguntó Sakura. – ¿Lo atraparán para interrogarlo?
Hashirama negó con la cabeza, pero el que empezó a explicar lo que harían fue Yamato. – No debemos hacer nada en su contra, deben seguir actuando como si nada…
– ¡¿Es broma?! – casi gritó el rubio exaltado poniéndose de pié, pegando fuertemente en la mesa con la mano abierta. – Hinata y Sasuke corren peligro con él ahí. ¡Dios, quiso llevársela! ¡¿Acaso enloquecieron?!
– Naruto. – Le advirtió el Kakashi, entendiendo cual sería el plan, para que su compañero pudiera seguir explicando.
– No se trata de ninguna broma – continuó tranquilo el adulto de cabello castaño. – Si sacamos a Kabuto del camino, enviarán a otro. Es mejor que lo dejemos que piense que no sabemos de su identidad para poder controlar sus movimientos.
– Ya entiendo… – susurró pensativa la adolescente. – De este modo estaremos un paso adelante. Porque sabemos de quien cuidarnos, en cambio si lo sacáramos del medio, no conoceríamos al nuevo infiltrado que coloque Akatsuki en su lugar.
– Exacto. Es mejor conocer a nuestro enemigo para poder tenerlo vigilado. – Concluyó Kinoe.
– Sin embargo, no hay que descuidarse, Kabuto no trabaja solo y no es la única amenaza para sus custodiados. Aunque tenemos una ventaja sobre él, no debemos subestimarlo, es muy astuto – agregó el peliplata.
Los chicos asintieron comprendiendo la situación. – ¿Qué hay de Deidara? ¿Pudieron averiguar algo de él?
– Creo que es obvia su implicancia en A-K-T-K por la conversación que les comenté que había escuchado.
– Deidara Genji – suspiró su capitán, – fue dado por muerto cuando tenía diecinueve años luego de que la casa de sus padres explotara con todos los integrantes de la familia dentro. Evidentemente no fue así, de modo que ahora tiene veinticinco años.
– ¿Creen que…? – La rubia no pudo terminar su pregunta, horrorizada.
– Así es. El chico estaba bajo tratamiento psiquiátrico por esquizofrenia y episodios psicópatas. Por el desastre de la escena se concluyó que había colocado explosivos en los cuerpos de sus padres y hermanos, dos gemelos de cinco años. – Incluso a un hombre fuerte como Hatake, le había costado terminar aquella oración.
– Maldito… – expresó en un furioso rugido el rubio, apretando fuertemente los nudillos.
– Qué horror... ¿Cómo es posible que haya podido hacer…? – estaba muy afligida como para poder formular una frase completa.
– Está loco Sakura. Deben tener mucho cuidado con él, no es una persona que pueda controlarse fácil, es posible que hasta sea capaz de implosionarse a sí mismo.
– ¿Creen que haya sido el responsable del desastre en el autódromo?
Su tía asintió – es muy probable.
– Debe de tener a algún miembro de esa mafia encima todo el tiempo. Alguien que sea capaz de dominarlo, ¿se les ocurre quién puede ser?
Los chicos se miraron. – Sasori – dijeron al mismo tiempo volteando la vista hacia sus superiores. – Sasori Akazuna, es… her… mano de… la novia de Sasuke… – agregó el rubio apenas cayendo en la cuenta de lo que decía por el significado que podrían tener sus propias palabras. Era como si a medida que las exponía, la información le iba llegando también a él. ¿Acaso Karin y Sasori estaban implicados en algún plan para tener a su amigo justo donde querían?
– Bien, – Hashirama se puso de pie – excelente trabajo chicos – felicitó. – Yamato encárgate de hacerle llegar a Tenten la nueva información. Kakashi, dile a Aburame que investigue a este chico. Es todo por hoy, tómense un descanso por el resto del día, mandaré a alguien si alguno de sus custodiados llegara a salir de su casa, no se preocupen. – Los aludidos, junto con Tsunade, asintieron y se retiraron de la habitación.
Qué agradable resultaba darse un baño tan relajante como aquel; luego de quitarse la ropa se quedó cerca de cuarenta minutos en la bañera, tratando de eliminar la licuadora de pensamientos que tenía en su cabeza. Todo acerca de su misión y el peligro que corrían sus amigos, el miedo a fallar y que algo resultara mal la aterraba, sentía que la situación se le iba de las manos, debería ser lo suficientemente inteligente como para no descubrirse frente a Kabuto ni ninguno de los Akatsukis.
También estaba Ino, ella salía con un maldito psicópata y corría un enorme peligro. Pero ¿cómo la ayudaría? Se había enojado tanto cuando le advirtieron sobre su novio… Y Sasuke, Sasuke Uchiha ¿qué haría con él? Ahora que Hinata y Naruto eran novios estaba segura de que vigilarlo sería pura y exclusivamente su función, ya que el rubio se encargaría todo el tiempo de su amiga. ¿Pero cómo hacer cuando no quería acercársele? ¿Cuándo estar en su entorno le causaba estragos a su organismo? Su mirada tan penetrante y familiar, una que la hacía sentirse protegida, en calma, y a la vez provocaba que su cuerpo segregara altas dosis de adrenalina, la confundía. Quería estar con él pero al mismo tiempo la idea de perderlo la aterraba…
De pronto, como si de una señal del destino se tratase, algo se le vino a la mente, ¿acaso Akazuna no le había pedido ayuda? Aún estaría esperando su respuesta… y no sería mala idea buscar la forma de mantenerlo vigilado de cerca… Sería un riesgo que estaba dispuesta a correr si eso significaba el bienestar de Sasuke y Hinata.
Al día siguiente, tal y como había predicho, se encontraba en el comedor vigilando al pelinegro de ensueño. Se distrajo un momento al sentir una explosión en los baños, sobresaltada; después de la conversación de la tarde anterior las bombas de aquel chico tenían otra importancia para ella. Se asustó al darse vuelta y volver la vista hacia su objetivo. Sasuke ya no estaba, se puso de pie rápidamente y se dirigió hacia la salida de la cafetería. Cuando lo vio, el chico se dirigía hacia la parte trasera del edificio principal de la secundaria, por el costado de los vestidores que daban hacia las canchas. Odiaba tener que seguirlo a todas partes, más cuando suponía que la llevaría directo a un encuentro furtivo con su novia. "Maldito Uchiha", pensaba.
Por fin llegó al lugar al que él se había dirigido, teniendo mucho cuidado de que no la viera, se asomó hacia la esquina donde terminaban los vestidores para ver qué había ido a hacer ahí y procurar que se encontrara bien. Sin embargo, se sorprendió al perderlo de vista nuevamente. "¿En dónde estás Sasuke?" Preguntó para sí misma. "Vamos, sal" decía internamente.
– ¿Buscabas a alguien? – preguntó una voz varonil tan conocida que le hizo erizar los pelos de la nuca. Se volvió lentamente hacia su interlocutor que se encontraba mirándola cruzado de brazos detrás de ella con una sonrisa arrogante.
– Eso a ti no te importa – respondió a la defensiva.
– Sí me importa si me espiabas a mí. – Hizo una pausa. – ¿Acaso te gusto Haruno? – Preguntó acercándose a ella de una manera tan seductora como peligrosa, comparable a una pantera negra mirando ansiosa a su presa.
La pelirrosa no lo pudo evitar, ante su imponente imagen, dio un paso hacia atrás. Pero fue cautelosa ya que si retrocedía un poco más, quedaría contra la pared de los vestidores. – Te lo advierto Uchiha, no te me acerques.
Él sonrió, la imagen de Sakura acorralada le daba ternura, parecía un pequeño gatito asustado intentando ser amenazante. Siguió avanzando hasta que supo que su espalda se había pegado a la pared y colocó los brazos a ambos lados de la chica, a la altura de su cabeza. – No has respondido mi pregunta Haruno. – Su voz era grave y su aliento chocaba en la oreja de la chica, haciéndola cada vez más débil. – ¿Te gusto? – repitió. – Si no es así, ¿para qué seguirme?
– ¿Qué te crees? – dijo un poco molesta por la repentina invasión. – ¿Por qué no buscas a tu novia? Yo no soy cualquiera que se deja seducir por un patán como tú, no me importa en absoluto que seas popular, aunque fueras el mismísimo príncipe de Roma, no me importas y no estoy aquí por ti. – "Bien, eso debió haber sido convincente. Recuerdo que en una ocasión funcionó."
– No te creo. – Sakura abrió los ojos desmesuradamente. "¡¿Quéee?!" ¿Acaso había escuchado bien? ¿Qué pasaba con sus dotes de actuación? – Tus mejillas están un poco enrojecidas – continuó divertido – tu respiración y tu pulso están acelerados, tus ojos me dicen que me quieres y tus labios… – hizo una pausa y se relamió los labios mientras su mirada se dirigía a los de ella, lujuriosa – que te bese – terminó.
– Eres un cerdo, un idiota que no hace más que jugar con las mujeres. ¡Tienes novia Uchiha! – Agregó molesta antes de seguir insultándolo. Odiaba lo que él provocaba en ella, quería besarlo, se moría por probar esa boca tan sexy y varonil que expedía palabras tan fuertes y firmes, todo en él provocaba que se estremeciera, lo deseaba, lo quería suyo, pero tenía novia y además era un patán que se divertía jugando con mujeres, así que para escapar, lo único que se le ocurría era alimentar su enojo para evitar caer en sus redes. Comenzó a insultarlo, pero parecía que el chico estuviera en otro mundo, no reaccionaba como alguien normal; era como si le estuviera hablando en otro idioma, un idioma que la causaba gracia.
"Es tan linda, tan linda" pensaba Sasuke sin poder contenerse, completamente perdido en ella. Le
había encantado hacerla enojar. Era hermosa, única, transparente, dulce, buena, auténtica y una fiera cuando se enojaba, esa chica era un combo de sensaciones y despertaba en él sus más terribles deseos.
Tenía que ser suya, no soportaba que otro se acercara, ya sabía la relación que tenía con Naruto pero odiaba que Sasori le pidiera ayuda.
–... si no me dejas ir ahora te… – le decía ella, pero volver de sus pensamientos fue su perdición. Sakura solo fue capaz de abrir mucho los ojos cuando sintió los cálidos labios de Sasuke contra los suyos, el corazón se le quería escapar del pecho. Quiso apartarlo pero su cuerpo no respondía negativamente al beso, sino que por el contrario, de un momento a otro se encontró abriéndole paso a su lengua para subir la intensidad, incluso enredó sus dedos en el cabello azabache al tiempo que éste la tomaba por la nuca y la cintura apretándola contra sí ¿Qué pasaba con ella? Ese hombre le generaba cosas que nunca había sentido, tanto que se creía capaz de dejarse llevar a donde fuera por él.
Los jóvenes se besaban con pasión apretados uno con el otro contra la pared. Cuando finalmente se separaron, quedaron mirándose tranquilos, con amor y fascinación. – Me encantas – susurró él.
Sakura cayó rápidamente a tierra, dándose cuenta de que se había dejado llevar por los juegos del chico. – Eres un puerco – le dijo furiosa, abriéndose paso. En realidad estaba extasiada y el enojo fue alimentado por los celos que le hacía sentir el hecho de que el chico estuviera con otra, y le rompía el corazón pensar que solo estaba jugando con ella.
Sasuke la observó marcharse feliz por ser correspondido, pero con un deje de ansiedad, no quería que estuviera enojada con él ni que se apartara de su lado. Ellos tenían que estar juntos.
Se dispuso a alcanzarla antes de que llegara al tumulto de gente. La tomó por la muñeca y la giró hacia sí abrazándola fuertemente. – Te quiero – le susurró al oído. ¿Cómo resistirse ante tal confesión? La pelirrosa lo miró y se mordió el labio, deseando volver a fundirse con él pero a su vez dudando. – Terminé con Karin – le aclaró antes de que pudiera formular cualquier pregunta. – Quiero estar contigo, no aguanto más tus evasiones; por favor, no te alejes. He estado intentando olvidarme de que existes Sakura pero me es imposible, no quiero engañarme más, no puedo estar con alguien que no seas tú.
La chica no decía nada. Estaba impactada por las palabras del pelinegro; definitivamente Sasuke no era lo que aparentaba, parecía rogarle y dejar en su poder la fuerza para destruirlo si así lo quisiera, se mostraba tan sincero y frágil. "Debí haber escuchado a Hina y a Naruto, aunque pensándolo bien, creo que en el fondo siempre lo supe. Eres luz aparentando ser oscuridad" – Di que me quieres, yo sé que es así… – le susurró con la mano en su mejilla, mirando sus ojos jade.
– Te quiero Sasuke… – confesó, en un tono de voz apenas audible.
El chico acercó más su rostro al de ella y nuevamente se fundió en un cálido beso, ambos se quedaban sin aire y se estremecían al sentir el íntimo contacto con el otro. Era todo tan delicioso, tan dulce e irreal… – Se mía… sé mi novia. Te prometo que no habrá día en el que no te haga sentir especial.
La chica aún no caía en la cuenta de lo que estaba sucediendo. ¿Era ese el verdadero Sasuke Uchiha? ¿A ese lado tierno se referían su amiga y Naruto o Itachi? ¿En verdad había sido tan ciega como para no verlo? Sasuke era simplemente el hombre perfecto, nunca pensó que sería un apasionado "Romeo" con porte y todo, tan elegante y pícaro. ¿Cómo decirle que no? ¿Cómo no enamorarse?... Imposible. – Sí… – fue lo único que pudo salir de su boca. El pelinegro la miró algo confuso. – Yo… también quiero estar contigo, pero… – creyó haber sentido cómo se le detenía el corazón al haber escuchado aquella última palabra tan odiosa "¿pero?" "¿Por qué debía haber un "pero"?" – has cometido algo imperdonable… – La observaba serio, muerto de miedo, creyó que se le congelaba la sangre en esos momentos. Después de que finalmente sería feliz con la chica que siempre había amado, surgía algo que hacía que lo rechazara y aunque no la culpaba, no quería que así fuera. ¿Acaso ya lo había descubierto? – Sasuke Uchiha, – prosiguió, con fingida indignación. –… has… robado mi primer beso. – Su voz se suavizó al decir esas palabras, provocando sorpresa y haciendo que le estallara el corazón de felicidad a su ahora novio.
Era maravillosa la calidez que generaba en su corazón el hecho de ser el primero en su vida, una vez más; siempre sería el primero, y el único. – Gracias – le dijo tomándola nuevamente por la cintura y pasando una mano por su mejilla. – Gracias por esperarme y regalarme… – para él no había sido del todo un "robo" porque ella lo había correspondido – tu primer beso.
